Libro 2 - Tierra
Trucos de Salón
Cap. 15
Katara era un público maravilloso. En el momento que Aang tuvo que explicar el encuentro con Koh, ella estaba sentada con sus rodillas dobladas hasta la barbilla y los ojos muy abiertos.
-¿Cómo te las has arreglado para no mostrar ningún miedo en absoluto?- preguntó en voz baja.
Él sonrió un poco.
-En realidad, tengo que darte las gracias por ello- admitió.
Ella inclinó la cabeza, un poco perpleja.
-¿Qué he hecho?
-Bueno... antes, cuando yo estaba hablando con Roku, me pareció oír que tarareabas- dijo pensativo -Así que esa canción estaba en mi cabeza cuando fui a buscar a Koh. En cierto modo me tranquilizó, supongo.
-Entonces, ¿me escuchaste?- preguntó ella, sonriendo -Ahora recuerdo que comenzaste a sonreír cuando estaba tarareando. No pensé que pudieras oírme desde el mundo de los espíritus.
-Yo tampoco, pero he estado pensando mucho acerca de esa conversación que tuve con Koh...
-¿Qué dijo?- Él sonrió ante la curiosidad genuina en la voz de la chica.
-Bueno... él dijo que una de mis vidas pasadas trató de matarlo- comenzó pensativo.
-¿Por qué?
Un gesto más oscuro de repente apareció en el rostro de Aang.
-Dijo que él le robó el rostro a alguien que yo amaba- respondió con voz apagada y monótona para luego mirar a Katara -Alguien que amaba…
Ella no dijo nada, insegura de que decir.
-¿Puedes creer eso?, aparentemente ya he estado enamorado antes... He estado casado, he tenido hijos, quiero decir... sólo tengo dieciséis años. No se supone que haya tenido que pasar por todo eso.
Katara centró su mirada en sus zapatos, llevando sus rodillas de vuelta hasta la barbilla.
-Nunca había pensado en eso- admitió -Da un poco de miedo, ¿eh?
-Un poco- consintió el chico en voz baja -Pero me da un poco de consuelo también.
-¿Consuelo porque?- Él sonrió un poco.
-Me hace sentir más humano, ¿sabes?- ella se mordió el labio pensativa, esperando a que continuara –Es decir… me he enamorado en el pasado, así que significa que puedo enamorarme ahora.
-¿Pensabas que no podías amar a alguien?- le preguntó confundida.
-Bueno... yo no sabía si al Avatar le estaba permitido casarse o tener hijos y todo eso- dijo simplemente -Esta cosa podría ser tan raro como eso… Pero ahora sé que puedo, y lo hace mucho más fácil.
Los dos cayeron en un cómodo silencio, pensativos.
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En el camino al apartamento de la chica, Iroh y Zuko aprendieron que su nombre era Song. Ella parecía disfrutar hablando, casi indiferente al silencio de Zuko. Cuando se les preguntó por sus nombres, Zuko entró en pánico. Ella reconocería cualquiera de ambos… pero siempre podían recurrir a nombres falsos.
-Um, soy Lee- dijo bruscamente -Y él es mi tío... Mushi- Iroh le frunció el ceño indignado.
-¡Ah claro!, pero Lee lleva el nombre de su padre así que todos le llaman Junior- dijo alegremente. Zuko le frunció el ceño de vuelta.
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Katara y Aang estuvieron sentados en el armario durante al menos cuatro horas, jugando todos los juegos que requerían mucho tiempo y que fueron capaces de pensar. Ellos trataron con piedra papel o tijera, jugaron a ver quien aguantaba más sin pestañear, jugaron veinte preguntas y muchos más hasta que finalmente… agotaron todos los juegos.
Optaron por enunciar cada palabra que terminara en la letra O, luego trataron de enumerar el nombre de una enfermedad o afección por orden alfabético. No pasó mucho tiempo antes de que ambos se quedaran sin ideas.
-¿Qué crees que sea el amor?- fue la pregunta que rompió el silencio.
Katara observó a su acompañante con sorpresa. Habían estado callados durante tanto tiempo, que no lo había esperado venir. Ella lo estudió un momento. Estaba sentado igual que antes, con las rodillas hasta la barbilla mientras se formaba en sus facciones una mirada realmente curiosa. Él, claramente había estado pensando en eso desde un tiempo atrás, así que Katara reflexionó al respecto por un largo momento, con intención de responder correcta y sinceramente.
-El amor es... estar completamente dispuesto a cambiar por alguien, aunque ese alguien no quiera, ni necesite que cambies nada- dijo al fin.
La expresión del chico no cambió.
-No entiendo- admitió y ella se tomó un minuto más para pensar.
-Para realmente amar a alguien, tienes que amar lo que es… no lo que podría ser. Tienes que estar seguro de que seguirías amando a esa persona, incluso si cambia y llega a ser todo lo que podría... -señaló lentamente, en susurros apenas aludibles -Suena un poco complicado, pero supongo que en realidad es la cosa más simple del mundo. Le das tu corazón a alguien y no deseas nada a cambio... Tal vez sólo su corazón... seria tu corazón a cambio del suyo- se detuvo, alarmada.
Ella no estaba enamorada de nadie así que, ¿Cómo podía saber eso?
-¿Entregas tu corazón a alguien?- preguntó dudoso.
-Cuando realmente te enamoras, creo que no tienes opción- respondió ella sin pensarlo siquiera -Tu corazón duele cuando está cerca, como... como si el pecho apenas pudiera retenerlo… porque ya no pertenece allí, le pertenece a quien amas y con él se va…
Hizo una pausa para mirarlo, él parecía estar memorizando cada palabra y ella suspiró.
-Ese es el problema con el amor no correspondido. Has entregado tu corazón... pero no conseguiste un corazón a cambio.
Aang no dijo nada y ella apartó la mirada de él. Tan absortos estaban en sus pensamientos, que el silencio se hizo presente otra vez.
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-Siento que debo informarle de que usted es una excelente chef- dijo Iroh mientras terminaba su tercera porción de pato asado.
-Muchas gracias, Mushi- dijo la madre de Song con una sonrisa.
Ella no dejaba de mirar a Zuko, pero el chico hizo caso omiso de esto. Cada pregunta disparada en su dirección era desviada con alguna respuesta monosilábica. Él había dado las gracias por la comida cuando terminó y se había quedado sentado en silencio desde entonces.
-Si me permitiera preguntar, ¿dónde está su marido?- preguntó Iroh cortésmente.
-Me temo que murió hace un par de meses- respondió la madre de Song, tristemente -Fue en una pelea con los Dragones, en la fábrica en la que trabajaba. Vinieron después a la casa y nos anunciaron que había muerto en el fuego.
-Lamento escuchar eso- dijo Iroh sinceramente.
-¿Y tú Junior?- preguntó Song de repente -¿Dónde está tu padre?
Iroh lanzó una mirada furtiva en dirección a su sobrino. Zuko mantenía la vista baja.
-Él está ahí afuera, luchando también- dijo sombríamente.
La mesa fue limpiada unos momentos después y Zuko salió a tomar un poco de aire. Song lo siguió en voz baja.
-No hablas mucho- ofreció.
-No- contestó secamente.
El sol estaba justo encima, dando a la ciudad la luz del mediodía.
-Te entiendo, sabes. Los Dragones pueden hacer bastante daño- después de unos momentos de silencio ella extendió la mano hacia el rostro del chico, pero él le cogió la muñeca y ella frunció el ceño.
-Duele.
Ella se inclinó y bajó uno de sus calcetines, revelando un tobillo gravemente quemado. Zuko no quiso mirarla.
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Aang y Katara habían recurrido a preguntarse cualquier duda acerca de sí mismos que pudieran imaginar.
-Color... ¿favorito?- sugirió el joven. Katara rió.
-Realmente nos estamos quedando sin ideas ¿no es cierto?- señaló -Pero la respuesta es azul.
-El mío también- susurró Aang, pensando en el color de sus ojos.
Su tiempo en ese armario estaba empezando a hacer mella en Katara. Ella sin duda disfrutaba el momento a solas para hablar con él, pero su proximidad estaba empezando a ponerla nerviosa. Estaba volviéndose más y más consciente de lo pequeño que era el armario, en el qué tan solos estaban... la forma en que él la miraba cuando pensaba que ella no estaba prestando atención.
-¿Estación favorita?- preguntó Katara.
-Verano.
-Invierno.
-Oh, tengo una verdadera duda- dijo, de pronto emocionado -¿Dónde aprendiste a bailar?
Katara sonrió, recordando su viaje a la tienda de Oyaji.
-Mi madre- dijo simplemente, encogiéndose de hombros.
Ella miró hacia abajo y empezó a juguetear con sus mangas.
-La extraño.
Aang parpadeo sorprendido. Katara no entraba en detalles sobre su madre nunca. Sabía algunas cosas que le había sacado sin intención, pero esto… era más de lo que le había dicho hasta entonces sobre ella. Había algo extraño en ese armario. Cuanto más esperaban en él, más inhibiciones parecían estar desapareciendo.
-Ya lo sé- respondió en voz baja y luego suspiró -Me he quedado sin preguntas.
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-Gracias por su hospitalidad- dijo Iroh cortésmente, mientras Zuko y él salían de la casa -Estuvo delicioso.
-Sí, gracias- dijo Zuko.
-Cada vez- dijo la madre de Song, sonriendo.
-Fue un placer conocerlos- dijo ésta última alegremente.
-Igual- murmuró Zuko, mirando a sus pies.
-Aún hay una esperanza, lo sabes- dijo Song abruptamente -La gente está diciendo que el Avatar está en la ciudad- Zuko la miró resentido.
-Ya lo sé- dijo sombríamente y les dio la espalda.
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-Pensé en una pregunta- dijo Katara después de otro largo silencio.
Ambos estaban cada vez más tímidos, con frecuencia capturaban al otro mirándole. Ella había caído en cuenta de que algo estaba naciendo entre ellos. No sabía qué exactamente, pero había surgido desde que se conocieron y en este espacio cerrado, estaba realmente cerca de descubrir que era.
-Dispara- la animó Aang.
-No dejas que nadie toque tu sombrero- señaló -Pero me lo permites a mí, ¿Por qué?
Él joven señaló su collar, apenas visible bajo el cuello de su camisa.
-Somos almas gemelas, tú y yo- dijo en voz baja y se inclinó hacia delante como si fuera a tocarlo, pero se detuvo y se concentró en el piso cabizbajo -Los dos estamos un poco perdidos. Un poco resentidos, un poco asustados, un poco... dañados… Cosas como esas, conectan a las personas de forma impredecible.
Ella lo miró, respirando con más dificultad de la habitual. Tal vez el armario se estaba quedando sin aire. O tal vez... él era quién le estaba haciendo esto. Estar tan cerca durante tanto tiempo, tal vez podría estar volviéndola loca.
-Sabes... no dejo que nadie toque este collar- empezó en voz baja, con cautela -Pero creo que puedo darte el mismo lujo que tú a mi.
Tomó la mano del chico que se había quedado suspendida a medio camino entre ellos y tiró de él hacia ella, sin romper nunca el contacto visual. De pronto, Aang podía sentir el delicado tallado bajo de sus dedos y sólo entonces, se percató de que estaba acercándose a ella. Desplazó la mano a través del complicado diseño, y ni siquiera notó que la mano de la chica se había retirado hasta la altura del corazón… o que ahora mismo trataba de encontrarle una explicación razonable a la repentina taquicardia.
Pero ella no tuvo tiempo de pensar en muchas posibilidades, porque justo entonces una cálida palma se encontró con la base de su cuello y se quedó ahí. Aang podía sentir el pulso de la joven a través de su piel. Lo que no se explicaba era el hecho de que su aliento, casi le rozaba la mejilla. Tardo un momento más en entender que se habían acercado demasiado los últimos segundos, y al buscar su mirada, decidió rendirse ante un estúpido impulso que podría salirle muy caro después pero que sin embargo… era inevitable.
-Katara- susurró, soltando el aire que había estado reteniendo y entrelazando los dedos en su cabello.
Ella se sonrojó pero cerró los ojos instintivamente. Iba a darle un beso, lo sabía con tanta certeza como que el sol era amarillo y la nieve blanca… lo que no se esperaba, era hallarse a sí misma aceptando eso tan de buena gana. Incluso podría decirse que lo deseaba, ¡Que diablos!... Por otro lado, Aang finalmente iba a saber si, después de siete años, sus labios eran todavía tan cálidos y dulces como los recordaba... estaba tan cerca, podía oler su pelo, degustar su aliento. No era un sueño esta vez y ella no lo estaba deteniendo. Iba a...
-¿Chicos? ¿Están aquí?- Aang abrió los ojos de golpe.
Los de Katara aún estaban cerrados y ella exhalaba lentamente. Casi estaba seguro de haber sentido un débil roce, y por un momento se vio asesinando al autor de aquella interrupción… pero unos segundos después volvió a ser el dueño absoluto de sí mismo. Sokka estaba justo afuera del armario.
-¡Esperen, voy a recoger las llaves!
Sus manos lentamente se alejaron de ella, la derecha abandonó su cabello y la izquierda (que inexplicablemente había ido a parar hasta la mano libre de la joven), deshizo el enlace de sus dedos. Aang suspiró abatido.
-Demasiado tarde- dijo en voz baja.
Ella asintió con la cabeza de modo casi imperceptible, alejándose de él y acomodando detrás de la oreja, el mechón castaño que aquella cálida mano había arrastrado brevemente tras la retirada. Su mirada nunca abandonó en suelo.
-¿Están ahí dentro?- la voz de Sokka voz sonaba algo lejos.
Katara se puso de pie, alejándose definitivamente de él.
-Estamos aquí Sokka- contestó al fin, con voz apagada.
La puerta se abrió. Sokka se congeló en la puerta, sorprendido por la forma en que se miraban el uno al otro.
-Whoa, ¿están bien?- preguntó confundido.
Katara se concentró de nuevo en sus pies.
-Sí, bien- murmuró -Gracias por venir.
Ella pasó de largo a Sokka, dejándolo solo con Aang, que seguía sentado en el suelo del armario. Appa se acercó a él después de haber saludado a Katara y dio un ladrido de satisfacción. Aang se inclinó para acariciarlo detrás de las orejas.
-¿Qué acaba de pasar?- le preguntó Sokka con genuina curiosidad y claro… sospecha.
-Nada, nosotros solo... hemos estado aquí durante mucho tiempo- murmuró Aang, poniéndose de pie lentamente y llamando a Appa.
Los chicos encontraron a Katara fuera, apoyada en la pared junto a la puerta, con los ojos cerrados. Ella estaba tomando respiraciones profundas y prolongadas. Sokka supuso que se debía a que habían estado en un espacio pequeño por tanto tiempo. Aang lo entendía mejor. Sabía lo que era perderse en ese mar azul que ocultaba la mirada de la chica.
-Entonces... ¿qué pasó?- preguntó Sokka cuando todos estaban al aire libre y comenzaban su camino a casa -Pensé que estaban en la destilería, pero de repente Appa no me dejaba en paz y me obligó a seguirlo hasta aquí.
-Dábamos un paseo- dijo Aang en voz baja cuando ella no ofreció ninguna respuesta -Algunos dragones nos llevaron a una trampa y nos dejaron atrapados ahí atrás.
-¿Eso es todo?- preguntó Sokka, pero nadie dijo nada -¿Cuánto tiempo estuvieron allí?
-Cerca de cuatro horas- suspiró Aang cuando, una vez más, Katara recurrió al silencio.
-¿Y qué hicieron allí?- les preguntó en tono asombrado al saber que habían sobrevivido a un aburrimiento garantizado, hecho ligeramente sospechoso.
-Hablamos- murmuró Aang.
Katara no estaba escuchando. Su mente volvía sin cesar a lo que acababa de suceder. Se habían besado, o casi, no estaba segura. Pero ella era positiva y suficientemente cobarde. No hubo forma de evitarlo y estaba bastante segura de que ella lo había iniciado. Pero eso la asustaba. Además habían sido interrumpidos… si Sokka no se hubiera presentado en ese momento... nada les hubiera detenido. Él la habría besado. O besado por completo, lo que sea. Pero habría sido un beso real, mutuamente consentido y con pinta de haber continuado por un largo periodo de tiempo sin detenerse a medir seriamente las consecuencias... momento MOMENTO... ¿Ella quería que él la besara?
Tal vez fue sólo por haber estado encerrados en ese armario durante horas. Ella estaba muy incómoda ahí, demasiado consciente de lo cerca que estaban… y por tanto tiempo. Él era un muchacho, ella una chica. Era natural que comenzara a notar ese tipo de cosas después de estar en un espacio tan pequeño. A solas. Con él. Durante tanto tiempo. Sin nada más que hacer. Tal vez... era sólo el aburrimiento. Tal vez estaba aburrida y curiosa del cómo reaccionaría él ante la situación... dejando que la besara.
Repentinamente Sokka se detuvo en una esquina de la calle ocupada por varias personas. Uno era un hombre alto con una guitarra y el estuche abierto a sus pies, también había un hombre bajo, cargando un conjunto de tambores y una mujer delgada con una flauta. Ellos estaban cantando una canción sobre una cueva, mismas que Katara no reconoció.
-Hey Chong, los encontré- anunció Sokka -Gracias por la ayuda.
-No hay problema hermano -respondió éste con una sonrisa en la cara -¡Y mira a tu alrededor!
Mientras los tres se alejaban, con Appa detrás, Chong y sus colegas comenzaron a tocar una canción diferente.
-Incluso cuando estás perdido, no se puede perder el amor, porque está en tu corazón...
-¿Quiénes son?- le preguntó Aang. Sokka se encogió de hombros.
-Les pregunté si los vieron pasar y me dijeron que hacer- contestó -A pesar de que sentían la irritante necesidad de decirme que tengo un destino ferviente.
Empezó a agitar sus manos alrededor, exagerando la voz arrastrada de Chong.
-Tienes que centrarte menos en el a dónde y más en el camino.
Aang se echó a reír. Incluso Katara sonrió un poco, pero sin dejar de mirar a sus pies. Cuando todos volvieron a la destilería y se fueron a sus respectivos dormitorios, Aang fue directamente al asiento de la ventana. Esperó unos minutos, y por supuesto, Katara caminó a través de su línea de visión en dirección del río. Ella iba a pensar.
Aang se puso de pie sin pensarlo, pero con determinación y fue tras ella. Se le ocurrió que probablemente ella quería un poco de tiempo a solas, teniendo en cuenta que había estado encerrada en un armario con él durante horas. Pero él también tenía que pensar y ella le dijo que podía ir allí cada vez que quisiera.
-¿Qué estás pensando?- Katara saltó asustada.
Aang se sentó a su lado en la orilla del río, mirando por encima de ella. Estaba igual a como lo había estado durante la mayor parte de su tiempo en el armario: con las rodillas hasta la barbilla, jugueteando con los dobladillos de las mangas.
-Oh, ya sabes- murmuró ella entre sus rodillas -De esto y aquello.
-Así que... ¿no vamos va a hablar de ello?- preguntó al fin y de manera casi casual.
-Yo... no sé realmente qué decir- admitió la chica en voz baja.
Él la miró por un rato.
-No me odies- pidió finalmente y ella lo miró entre sorprendida y culpable.
-Nada de lo que pudieras hacer, jamás, haría que te odiara- dijo sin dudarlo un instante.
Aang se quedó en silencio, pensativo.
-Está bien, entonces... voy a pedir disculpas- dijo lentamente y ella lo miró de nuevo.
-Estuvimos allí durante mucho tiempo... y... no estábamos pensando con claridad- razonó con la voz aún amortiguada en sus rodillas -Además, nada... realmente sucedió.
-De acuerdo- cedió el joven -E incluso si algo pasó, en realidad no significa nada...
-Debido a que estábamos encerrados en un armario y no estábamos pensando con claridad...
-Bien.
-Esto es extraño.
-Sí...
-No quiero que nada sea extraño entre nosotros- dijo Katara bruscamente, volviéndose y mirándolo plenamente por primera vez desde el armario -Tenerte así, cómo mi mejor amigo significa mucho más para mí.
-Estoy completamente de acuerdo- suspiró Aang con alivio -Así que vamos a... olvidarnos de esto, ¿Te parece?
Katara lo miró por un momento antes de asentir lentamente.
-Muy bien, seguro. Olvídalo- dijo en voz baja.
Miró a sus pies por un momento, tratando de entender el por qué no le gustaba del todo esa idea, pero de inmediato recordó sus prioridades.
-Así que... ¿estamos bien entonces?
-Por supuesto- respondió él sonriendo.
Katara le devolvió la sonrisa, un tanto resignada.
-Voy a dejarte pensar- Aang se puso de pie y se dirigió a la cerca, haciendo una pausa para ver si ella lo detenía, cosa que por supuesto, sucedió.
-¿Aang?
-¿Sí?
-Gracias por preocuparte por mí- el joven sonrió de nuevo y la miró de manera tan tierna que Katara se preguntó si no habría sido una idiota cobarde. ¿Era posible que existiera un mejor amigo?... ¿o un chico más lindo?. "¡Cállate!" se dijo… y regresó a la realidad a tiempo para verlo caminar de nuevo hacia la destilería mientras se despedía con un "Ni lo menciones"
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