VIX: Rutina

Luego de que ambos sujetos se marcharan, la tensión se cernió sobre ellos. Ella estaba sentada en la cama mirando con ojos afilados todo cuando el sujeto hacía en el cuarto.

Se lavo la cara, las manos y se quito un pañuelo del cuello. Cuando se giro a mirarle a ella le temblaron las manos. Dios, era tan guapo, tan arrogante… tan bruto.

— Una licántropa- murmuro el sujeto mientras se giraba una vez más y servía dos copas de vino.- ¿Cómo consiguieron una licana para vuestro hogar?

— Lo mismo como usted consiguió un impuro vampiro- comentó tratando de sonar lo más lejana posible.

— Sos mi esposa, Lady Asha, creo que puedes llamarme por mi nombre. Y no creo que hayamos conseguido nada como tal. Taillo no es mio, no me pertenece y no le ordeno nada que él no quiera, en cambio, tú licana es tuya. Encadenada me imagino por promesas muy fuertes.

Ella se sorprendió por ello, así que el vampiro no era "su sirviente". Asha si lo era, por legado.

— ¿No es vuestro hombre?- pregunto preocupada.

— Él rige conmigo, él gobierna, ordena y hace y desase como gusta.

— ¡¿Por qué?!- pregunto extrañada. El sujeto se acercó y le tendió un vaso de vino. Ella se petrifico por su cercanía, pero quería respuestas… quería tiempo.

— ¿Haz intentado combatir contra un vampiro? Son veloces, sangrientos, poderosos. Taillo esta aquí porque el cuida mis tierras porque son de una muy extraña forma, suyas.

— ¿Qué?- pregunto ahora no entendiendo nada.

— Es muy complicado para hablar de ello, y es lo de menos que quiero hacer- susurró y ella se le fue la sangre a la cabeza cuando vio esos ojos verdes en ella.

Se levantó rápidamente colocando una barrera entre ellos. Necesitaba tiempo, tal vez si lograba emborracharlo lo suficiente.

— Sí se puede matar a vampiros- comentó recordando ellos. Miró al sujeto que le miraba con el ceño fruncido.

— ¿De que hablas?- pregunto con la voz ronca y una mirada inquisitiva. ¿Esperanza? Tal vez el sujeto quería deshacerse de su sombra.

— Mi padre mató uno una vez.- comentó recordando esa conversación siendo ella tan pequeña.

— No hay muchos vampiros, y no sé de ninguno que haya sido asesinado.- había algo en su manera de mirar hacía un lado y otro que le hizo dudar sobre su respuesta.

— Fue un lord, allá en el noroeste cerca de las montañas. Su nombre era…

— ¡Se de quien hablas!- gruño el hombre y ella pego un respingo.- y me parece un tema de conversación irreverente. No es tú asunto y yo no quiero deshacerme de mí mejor hombre.

Ella se enojo por que ya estaba gritando otra vez. ¿Por qué tenía que gritar?

Tomo su copa y se lanzó en un acto puramente estúpido, porque lo sabía y no podía entender lo que hacía, quiso salir corriendo hacía su vía de escape, pero llegando a la puerta Witkim le agarro por la cintura, la giro y la aplastó contra la pared mientras su boca de apoderaba de la suya.

Se mareo y perdió levemente el aliento cuando esa boca, suave, fiera y cálida. Dulce con el vino que caía por sus facciones. Empujando con una lengua maestra mientras ella intentaba separarse cada vez más débil. Cada vez más exánime.

Enojada y molesta consigo misma porque le picaban los labios, el corazón lo tenía por la garganta y ese calor abrazador en el estomago comenzaba a extender de manera extraña y provocadora. Se sentía mal porque quería saber que más conllevaba esto. Quería saber porque tenía las piernas tan flojas y el estomago tan cálido. No quería esto, pero algo en ella lo deseaba mucho.

Witkim le tomo la mejilla y se separo brevemente de ella. Besando levemente sus labios, sus mejillas. Su cálido aliento le abrasaba la piel.

— No te hare daño, lo prometo- susurró bajito tomándole la barbilla para que le mirara a la cara.

Ella se quedo prendida de aquellos ojos, no sabía que había hecho o si había asentido o negado, pero cuando el sujeto sonrió. Ella solo cerró los ojos dejándose llevar.

.

La mitad de sus hombres no estaban celebrando, yacían allí en aquella esquina donde los muros de piedra le protegían y la pared de los establos le escudaban del helado viento que se habría paso. Sus hombres estaban allí, frente al fuego mirando este mismo, hablando en susurros y bebiendo cerveza y vino que se les traía de vez en cuando. Sandrua y Janiel estaban allí, y le miraron sorprendidos cuando se acercó.

Ella había tenido la astucia de ponerse una venda alrededor de la cara, ya que su mascara estaba rota. La mejilla no le dolía demasiado, pero aun tenía medio resentido dentro de esta.

Sus hombres le miraron cuando ella llegó, Janiel le hizo un lado para sentarse. Y ella dejo caer su cuerpo mirando de vez en cuando hacía la ventana donde la luz se había apagado. Tenía un nudo en el estomago.

— Mi señor…- le llamó alguien. Uno de los hombres que había sido atrapado en la primera redada, los que habían sido puestos para trabajar en el foso.

— Ya no soy vuestro señor, Alcaid- contestó mientras Sandrua le pasaba un vaso de vino, aunque luego se lo quito cuando ella le miro con una ceja alzada.

— Para mi, será siguiendo siendo mi señor.

— ¡Es eso lo que nos metió en problemas, Alcaid!- contestó un poco bruscamente.- lamento demasiado lo que paso, esto no debía de haber pasado si yo hubiera puesto más mano en ello. Ustedes fueron – y aquello le dolió tremendamente- fueron soldados de la familia Sion, cuando Bakhu subió al poder deberíamos haber sido menos orgullosos. Lo sé, fue mi error, lo sé, porque ahora lamente demasiadas bajas de mis hombres. Y lo pagare, y pagare por las vidas de nuestros compañeros. Ahora Sir Taillo es vuestro general, Sir Jorking vuestro comandante y senescal, y Lord Witkim vuestro señor. Yo no soy nadie ahora. Jamás tuve un titulo, y que Lord Sion quien descanse en paz, me dio el poder de comandarlos jamás fue con un titulo. No soy nada… ni nadie….

El silencio se hizo en el lugar. Sintió una punzada en el estomago y se levantó de golpe. Salió de aquel lugar caminando por los alrededores. Sandrua le alcanzo a medio camino. Se sentía débil, aunque su sangre estaba a tope, pero sus emociones, aquellas de las que siempre se había sentido orgullosa esa noche parecían descarriadas.

— Siempre vas a hacer alguien, Shayr- comentó este suavemente, mientras miraba de un lado a otro y le tomaba la mano.- lo sabes.

— Estoy muy cansada, San.- susurró por lo bajo, no le molestaba mostrarse débil con su fiel amigo, porque era de los pocos que sabía quien era, que hacía y porque vivía.- a veces… a veces solo espero que Wolfbenz encuentre a su pareja y yo poder marcharme en paz, sabiendo que él estará bien. Que tú seguirás velando por él y que crecerá con orgullo.

— ¿Y lady Asha?- pregunto bajito. A Sandrua no le gustaba hablar de su dimisión.

— Ella ahora… ella ahora tiene quien le proteja.- sonrió detrás de las vendas.- yo solo me volveré un mal necesario hasta que todo acabe y pueda vengarme de nuestros hombres.

.

Quedaba más o menos medio hora de noche. Los últimos borrachos habían sido replegados en sus camastros y las hogueras habían sido extintas. Mañana seria un día cansador para los sirvientes. Pero ese no era su problema ahora.

Su problema es que había dejado sin vigilancia a la licana por media hora, media hora y ni Jorking, ni ninguno de los hombres que estaban asegurando el castillo le habían visto. Había ido a por los ex hombres de esta, pero la mitad estaba inconsciente de ebrios y la otra mitad desprendidos por los alrededores sin saber nada.

Uno de ellos, Sandrua, le había dicho que la licana volvería, que solo se tomo unas horas para descansar. Cosa que a él le enojaba tremendamente. Era su prisionero, y como tal no podía tomarse esos deslices.

En aquel momento llego una de las guardias, bajando de sus caballos para dejar salir a la otra ronda.

— ¡Hey!- llamó.- ¿Habéis visto a mí prisionero?- preguntó molesto por hacer aquella pregunta. Los hombres abrieron los ojos de golpe.

— Sí, mí lord- comentó uno de los soldados jóvenes.- esta por el camino central. En el sector de los grandes arboles. Le hemos escuchado, estaba bebido y aunque quisimos que bajara se negó rotundamente. Teníamos miedo de que se rompiera el cuello con su estado.

Él no dijo nada mientras tomaba uno de los cansados caballos y salía a galope. Claro que sí, su olor estaba en el camino.

No demoro en llegar. Los sauces eran un lugar largamente conocido. Estaban en un pequeño monte que le daba una pequeña vista a los alrededores. Un pasto verde y brillante crecía en aquel sector. Los padres de Witkim siempre solían venir a hacer una que otra fiesta por aquí.

Lo escucho, y sintió el olor a alcohol. Había vino derramado por las ramas del árbol, y el cuerpo bien podía ser un estropajo. Subió rápidamente y con elegancia se paro frente a este. No le sorprendió ver que de hecho la licana estaba bastante bien, apoyada allí sin las vendas y el cuerpo flojo. Tenía una serie de pergamino a un costado.

— No tienes permiso para salir del castillo.- le informo ácidamente. Los ojos de la mujer fueron hacía él y pudo al fin ver, detalladamente cada runa inscrita en su cara.

¿Cómo una asesina de un clan de asesinos con gran prestigio como lo eran esta, habían ido a parar a este nuevo mundo y bajo el vasallaje de unos simples humanos?. Ellos los vampiros no soportaban más allá a los humanos que como una buena comida, a veces una buena conversación o simplemente para pasar el rato. O como un buen amigo, como lamentablemente Witkim había caído ya en ese grupo.

Pero los licanos eran muy territoriales, vivían en pueblos que bien podría ser llamado manadas. Eran muy extraños los licanos que no vivían en comunidad. Y conocía el pueblo de esta chiquilla. Eran salvajes y sabía que no permitían ser mangoneados por humanos y menos una cursor.

— ¿Has terminado de inspeccionarme?- pregunta esta y bebe del vino, obviamente no le queda porque mira realmente mal la bota.

— Te inspeccionare cuanto tiempo se me de la gana- respondió mordaz.- ¡Ahora responde! ¿Pensando en escapar?- la licana sonrió de lado, mostrado brevemente los colmillos. Se sentó bien y le lanzó los pergaminos. Eran tres, y estaban atados.

— Es mejor que comiences a correr, sanguijuela- le soltó. Él miro alrededor porque sabía a lo que se refería. ¡Maldita sea!, la luz celestina ya se apreciaba alrededor.

— ¡Te quiero detrás de mÍ, en diez minutos! ¡No me hagas mandar a buscaros!

Y saltando hacía el suelo, tomo el caballo y se apuró hacía el hogar. ¡Lo ultimo que le faltaba es que se incinerara allí mismo!.

.

Llegó caminando lentamente. El sol le pegaba en la espalda y no estaba ni un poco alcoholizada. A veces, solo a veces odiaba poseer una resistencia tan abrumadora con el alcohol.

Los guardias de turno le miraron sorprendidos, como si no entendieran de a donde había salido, pero no le hicieron drama al entrar.

Los sirvientes, aquellos que aun no dormían por la noche pasada. Estaban limpiando cuanto podían. Los juglares y aldeanos eran inspeccionados por los guardias por si se llevaban algo de valor y los soldados, aquellos que no estaban pasando la borrachera se levantaban perezosamente. Vio a Sandrua y a algunos de sus hombres listos y en pie. Preparados para entrenar como lo habían hecho toda la vida.

Ella se dirigió al comedor con una creciente necesidad. Pero al llegar, los sirvientes limpiaban a fondo el piso y aun no era tiempo del desayuno. Su ama Asha no se veía por ningún lado.

Vio a Jorking quien le miraba desde la entrada a aquella espaciosa habitación detrás de la tarima de los señores del castillo y se acercó. El hombre tampoco le dijo nada cuando le dejo pasar.

El vampiro estaba sobre sus tres pergaminos.

Los mapas que había prometido. Todos ellos con la precisión digna. Con las entradas y salidas. Con las trampas, desniveles y lugares más desprotegidos. Ella había sido testigo como el castillo Sions crecía prospero, como el señor del lugar creaba las mejores barreras, como hacía túneles para escapar si poseían un sitio.

— Es una barrera contra asedios- comentó el vampiro mirando el mapa- si es que no me haz mentido.

— Fue erigidos por los mejores constructores del otro lado del mar. Mi señor pago mucho por ellos.

— Pero hay una falla ¿No es cierto?- ella espero que el vampiro hablara- justo aquí, donde el foso es más hondo pero la estructura es débil.- ella no lo pudo negar. Eso era verdad. Shoys debía de haberlo arreglado, porque era algo que todos los soldados sabían. Era el lugar más protegido de todos por la poca resistencia de sus murallas.

— ¿Pensáis sitiar el lugar?- preguntó. El vampiro le miro con esos ojos negros como dos pozos.

— Claro que no.- cerró los planos de golpe.- ve fuera y entrena con los hombres. Aquí no te necesito.

Ella se mordió la lengua y se marcho gruñendo para si.

.

Despertó al sentir un poco de movimiento a su alrededor, pero aun así no quiso abrir los ojos. Sintió la respiración cálida tocando su mejilla y luego unos cálidos labios en su mejilla y sien.

Tenía tanta vergüenza… tanta.

Los recuerdos de la noche pasada le hacían sentirse tan débil, tan avergonzada por su conducta. ¡Ho Dios… recordó a Maerys, una antigua conocida y esos obscenos ruidos que hacía! Tan avergonzada.

Escucho una suave risa y abrió un ojo nebuloso que se enfoco en el hombre a su lado. Al estar contra luz no lo veía muy bien, pero algo en su cuerpo destensado y en sus movimientos fluidos cuando se movió un poco para quitarle los cabellos del rostro le hicieron ovillarse aun más debajo de las mantas tan avergonzada.

Witkim le quito las sabanas y ella le miro con el corazón por la boca cuando este le sonrió, le tomo la barbilla y le dio un suave y cálido beso.

Los escalofrió le subieron por la espina al recordar la noche. Su conducta desvergonzada y su incapacidad de mantenerse entera.

Se sentía tan…

— Puedes quedaros todo lo quieras en la cama, milady. Pero debo recordarte que Annex querrá darte a conocer todos los preparativos como nueva dueña.

Ella asintió debajo de las mantas mientras este se deslizaba fuera de estas. Lo escucho moverse por la habitación, cuando lo escucho deslizando su espada en el cinto se retiro un poco y le miro.

Se sonrojo una vez más al verlo allí de pie tan normal, ella sentía toda una revolución dentro de su propio cuerpo.

— Tengo que ver a Shayr- le soltó. El sujeto se giro y con un poco de entrecejo se acercó a la cama.

— Eso no esta en mis manos. Si quieres hablar o no hablar con él, tendrás que pedírselo a Taillo.

— Pero tú eres su señor- murmuro molesta por tener que hablar con el sujeto.

— Lamentablemente querida, el día en que decidiste por la vida de tu licana lo pusiste en las manos de Taillo…

— Pero….

— Y aunque así sea, creo que es mejor que no hables con él.

— ¿Qué? ¿Porque?

— Estarás dándole motivos a tus nombres para darle poder, cosa que no tiene.

— Eso es una estupidez, mis hombres saben a quienes le deben lealtad ahora.

— ¿Tus hombres?- pregunto el sujeto mirándole con el entrecejo aun más fruncido. - Son míos, nuestro en un caso diplomático, Asha. Que no se te olvide.

Y se marcho.

Todo lo bonito que había sido aquella noche se rompió en miles de pedazos. Obviamente, este no iba a ser un matrimonio muy agradable después de todo.

.

Era obviamente algo sumamente raro. Nunca había entrado en aquella bodega, pero se notaba que había sido creada para retener a un montón de soldados. Había varios círculos bordeados por fardos de pasto. Y los que llegaban se iban preparando para obviamente tener batallas de rutina.

Sus hombres, aquellos que habían logrado ponerse en pie estaba cerca de él mirando más o menos igual de intrigados aquellos lugares.

— Mi señ… -comenzó Sandrua pero ella le miro feo detrás de su mascara.- Shayr.- termino con un mohín incomodo.- ¿Seguirán algún tipo de entrenamiento especial?- pregunto. Ella miro a Jorking quien hablaba con otros sujetos. Y un par de soldados entraron en uno de los círculos para comenzar a darse de golpes. Ella miro un poco sorprendida ello.

— Creo que no- y se levanto de hombros para alejarse a un sector donde solo había fardos de heno. Se sentó allí y dejo su respiración tranquila, segundos después sintió a sus hombres alrededor.

Ella no había creado a un montón de soldados de elite a golpazos. Ella les había enseñado parte de sus instrucciones como asesina, y sabía que eso causaría un poco de caos.

Sintió como los hombres del vampiro iban llegando, como algunos se burlaban de ellos, otros se mantenían alrededor de los círculos apostando y riéndose a su cuesta.

Podía leer la incomodidad de sus hombres.

La bodega se lleno y eran la burla. Podía sentir a Sandrua mascullando aun lado suyo.

— Yo creo que no son más que estupideces- escucho decir uno.

— Sí, Sir Jorking, porque no les pones a trabajar en lo que deberían.

— Silencio, seguid con lo vuestro- ordeno Jorking. Pasaron unos pocos segundos, los murmullos seguían, sus hombres se estaban enojando.

— No creo que hayan sido tan buenos, no así por lo menos…

— Me encantaría borrarle las sonrisas de la cara- murmuro Sandrua.

— ¿Qué dices, chico? No he logrado escucharte con tanta femineidad alrededor tuyo.

— Yo te…- le agarro el brazo a Sandrua cuando este se iba a poner en pie.

— Sentado- le ordeno molesta.

— ¡Tú ya no tienes poder sobre ellos! Chico de la mascara. ¿Qué eres? Algo así como deforme. Tal vez tienes alguna fea cosa que esconder allí abajo ¿no?

— ¡Fer, silencio!- le ordeno Jorking. Ella se puso en pie y camino hacía uno de los círculos. Miro detenidamente al sujeto que había estado molestando con su grupo de molestos humanos. Este sonrió y se encamino detrás de ella mientras salteaba a uno de los espacios.

— Se me ha negado daros un arma.- le notifico Jorking con algo de vergüenza. Ella no esperaba tener una.

— No importa, no necesito una.

— Yo creo que podríamos hacer esto más especial. Yo os gano y tú te quitas la fea mascara. ¿Qué me dices?

— Que hablas mucho, pero no haces nada.

El hombre bufo y levanto su espada entre la aclamación de sus compañeros. No duro demasiado.

Se abalanzo corriendo por un costado, tan rápido que el sujeto no alcanzo a hacer nada cuando paso una pierna alrededor de su cabeza, trabando la otra al otro costado de su cuello, dejo caer su cuerpo cual péndulo hacía adelante. Llevándoselo por la fuerza hacía el frente, hizo girar el cuerpo de este sobre el suyo mientras apoyaba las manos en el suelo logrando la estabilidad necesaria.

El cuerpo cayó cual saco de patatas. Sentada como había caído levanto una pierna y la dejo caer con fuerza sobre su pecho.

El sujeto soltó un fuerte gruñido ahogado mientras ella se levantaba en pleno silencio. Se arregló un poco la mascara y salió del circulo.

Sus hombres que pocas veces le habían visto hacer una que otra llave especial, le sonrieron orgullosos. Los hombres del vampiro le miraron con grandes ojos y le dejaron pasar en silencio. Ella le dio una breve orden a Janiel para que controlara a sus hombres por si había algún problema.

Pero ella necesitaba salir de allí. Movimiento como ese eran increíblemente buenos para alguien con un cuerpo atlético, no como el suyo, que aún pasado el tiempo habían huesos que no querían arreglarse del todo.

Al salir vio como el castillo volvía a la vida, su mirada fue directa a la segunda planta del castillo donde debería estar su señora. Un retorcijón le hizo encaminarse en busca de algo de beber. No quería pensar en lo que allí debería de haber pasado… solo esperaba no tener que ser desagradable con el tal Witkim.

Caminando para despejarse un olor en especial le hizo detenerse, olisqueando brevemente el aire ante tan peculiar olor. Un olor grueso, espeso que ya había olido con anterioridad.

Hasta que llego cerca de las cocinas, atado a un poste bajo un precario techo. Estaba amarrado el sujeto que los había atacado ayer. Uno de los salvajes.

Sus ojos azules enfermos le miraron desenfocados. Se acercó y se acuclillo brevemente al lado de este. Era un joven, no debía o no podía tener más de 18 o 19 años. Le toco la frente y noto lo caliente que estaba.

El sujeto no estaba siendo resguardado por nadie. Seguramente esperaban que muriera por la fiebre, cosa muy típica la verdad.

Se levanto cuidadosamente y se acercó allí donde estaba la entrada a las cocinas. Había varias hierbas colgado. Tomo algunas y algo de agua. Las apretó entre sus manos notando que nadie le mirara. Recordaba mucho las pociones que en su tierra era tan preciadas. Una asesina con fiebre era una asesina muerta.

Se acercó al sujeto, le abrió la boca y vertió el líquido en su temblorosa boca. El sujeto quiso alejarse, pero no lo logro. No con ella agarrándole la mandíbula.

— Lycan- susurró este, desmayándose por la fiebre. Ella le miro sin preocuparse. Era bien sabido que los salvajes sabían mucho de ellos. Tal vez demasiado.

Siempre pensó que Wulfric había sido criado por algunos así. Dejando al chico se alejó de allí.

.

Mientras Annex le daba un largo, largo y muy largo recorrido por las instalaciones, ella intentaba mantenerse concentrada. Pero se estaba haciendo dificultoso en su búsqueda de Shayr y las constantes encuentros con su "esposo" en que más que ella parecía enfadada era él quien se marchaba gruñendo por lo bajo.

—… hay más o menos unos quinientos soldados, pero solo aquí esta la mitad de ellos. Los señores mantienen bastante movimiento en los límites del feudo. De seguro que por eso hubo una fuga de salvajes el día de ayer- soltó Annex.- usualmente no llegan tan lejos y tan poco en desventaja numérica. Así que seguramente se acercaban a dañar o robar a las casas aisladas.

— ¿Y el pueblo?- preguntó.

— Esta de aquí a caballo unos diez minutos por el camino. Es un pueblo realmente pequeño- comentó la mujer y la invito a pasar a la cocina.- el pueblo suministrador esta de aquí a dos horas a caballo. Allí yace también parte de la guardia.

— ¿Por qué tan lejos del castillo?- pregunto extrañada. Usualmente los pueblos estaban en las lindes del castillo.

— Esta es una fortaleza natural señora. Un lugar que no puede ser penetrado si no por los caminos y aquellos que se meten en el bosque necesita gran astucia para pasar los fosos naturales que, en la gran medida, están llenos de agua y barro. Además es casi pura roca, es imposible cultivar algo aquí a gran escala la verdad. Y los asentamientos del pueblo tienen buena tierra y asoleamiento.

— Ho- soltó ella entendiendo.

Dos grandes mujeres se acercaron para preguntarle el menú de hoy, un poco dubitativa miro a Annex.

— Yo me encargare de eso por usted por ahora, hasta que se acostumbre a dar ordenes- ella le sonrió a la mujer quien dio rápidas ordenes.

— Muchas gracias, no quiero meter la pata a primeras. Mí madre decía que a un hombre se le conquista por el estomago, y realmente no se como son los gusto de mí…mí esposo- anunció dejando salir lo ultimo con un leve suspiro.

— Una buena decisión. Mi hermano come lo que le pongas por delante y que este medianamente cocido. A vuestro esposo le gusta mucho el cerdo y el pollo, especialmente ensalzado con frutas acidas, algo extraño, lo sé. Pero cuando se marcha en un largo viaje, para complacerlos le damos esa receta.- ella no quiso parecer interesada en ello. Maldito ese.- y Lord Taillo solo bebe infusiones de unas plantas que mandamos a pedir fuera de la región. Y come de vez en cuando en su habitación, siempre esta en la mesa o a sus alrededores pero nunca come realmente. Es por eso que creemos que esta tan pálido la verdad. Su enfermedad es verdaderamente complicada.

Ella se mordió el labio para no hacer un comentario sobre su "extrañeza" o esa "enfermedad".

— ¿Y los animales de granja?

La mujer comenzó con la explicación. Ella solo se limito a intentar concentrarse.

.

Los caballos se movieron nerviosamente mientras sus ojos recorrían el valle y el pueblo temeroso. En los pocos minutos que llevaban resguardado en los arbustos había visto los abusivos soldados con impotencia. Unos jadeos y gruñidos le llamaron la atención desde su costado. Sus dos acompañantes de momento se levantaron instantáneamente, el tercero un chico de su edad con extraño cabello rojo oscuro llegó con una sonrisa enorme arrastrando a un desagradable guardia. Venía magullado, pero su atrapante no. De seguro jugo un rato con él.

— Libéralo- gruño y saco una de las dagas, mientras de un saltó bajaba de la rama donde había estado haciendo guardia.

El hombre, obviamente no era de la casa Sions. Llevaba ropas del este. Sus ojos negros le miraron con odio y temor.

— ¿Conoces a Sandrua?- preguntó mientras colocaba la daga bajo su cuello.

— No, forastero, no lo conozco. – le gruño observando el filo.

— ¿De donde eres?

— Del este, del antiguo feudo de la costa, liberadme forastero y os diré todo lo que queráis, yo no diré nada.

— ¿No eres muy leal, no?

— Somos hombres comprados, forasteros. Nosotros no le debemos lealtad al señor de Sions, solo protegemos y hacemos lo que él quiere hasta que la paga del mes comienza una vez más.

— Dime, hombre comprado del este. ¿Qué sucedió con los hombres de Sions? ¿Acaso alguien ha asediado esta tierra y ha tomado posesión del feudo?

— No. Los hombres que eran libres de Sions, fueron asesinados por el señor del feudo.

Un escalofrió que le puso los pelos de punta. Apretó la daga con más fuerza, sintiendo la ira hervir.

— ¿Qué?- pregunto en un gruñido animal, agarrando el cabello del prisionero y levantándolo hacía atrás.

— Pero algunos escaparon, algunos lo hicieron- chilló- fueron hacía el sur. A las tierras bárbaras de Lord Witkim Freedor.

Libero al sujeto y le soltó las cuerdas de los tobillos y manos. Hizo un gesto para que se marchara. Unos pocos segundos después una flecha hizo silencio en el bosque.

— ¿Qué haremos Woul?- le preguntó Lan dejando el arco hacía un lado.

— Viajaremos hacía las tierras de Lord Witkim Freedor. Sandrua tiene mucho que hablar.

Los grandes caballos de las tierras altas se dirigieron mansamente hacía los cuatro jinetes. Un lobo aulló en la oscura luna, él se dirigió hacía el aullido.

.

Hacía mucho tiempo que no tenía que hacer demasiada fuerza para algo más allá de mover un barril o una barricada para un encuentro. Pero hoy, ciertamente, Witkim les había jodido la vida. Viéndose sin gente para ayudar en una de las protecciones en el lateral del muro, los había mandado a todos como mano de obra.

Estaba tan cansada que le dolía hasta respirar. Tirada en su jergón aun lado del fuego donde Janiel hacía un pequeño estofado para su grupo, escucha a Sandrua con Josfe hablar sobre lo que habían descubierto hoy. Sobre los hombres, las siembras y que uno de sus hombres había logrado ir al pueblo por un recado contando lo bien cuidado y ordenado que era el lugar. Aquello había animado increíblemente a sus hombres.

Cuando se estaba quedando dormida observando el cielo oscurecer por completo, fue cuando sintió que Sandrua le removía un poco. Jorking le estaba hablando.

— Lord Witkim os espera en la sala de guerra.

Gruñendo más para si, ya que tenía la esperanza de no ver a la sanguijuela ese día, se levantó.

La gran sala estaba siendo atendida para la cena. Su ama no estaba cerca así que no pudo ver si se hallaba bien o no. Un poco desilusionada entro en la habitación, donde el vampiro estaba escribiendo algo en unos pergaminos. Lord Witkim hablaba en voz baja. Al acercarse noto que estaban trazando esquemas sobre el pergamino que ella había entregado hacía poco.

— Mi Lord- habló Jorking. El sujeto levantó la cabeza y le sonrió a su hombre.

— Jork, envía una doble guardia para las carretas de sustento. No quiero sorpresa.

— Sí, mi lord- y se marcho. Ella se enderezo y miro al vampiro. Las sombras del fuego en el hogar sobre el cuerpo largo, macabro y esa extraña pose que todos ellos llevaban encima le hicieron sufrir una breve alucinación.

Como una sombra contra luz, siempre contra la luz. Un escalofrió le paso por la espina. Las cadenas. La sangre. El dolor.

Fue tan inesperado que dio un paso hacía atrás. Se llevó las manos a la cintura. Pero se mordió los labios para tranquilizarse. Cuando logro enfocar la mirada una vez más, noto que los dos hombres le miraban extrañados.

— ¿Para que me han llamado?- pregunto en un gruñido que lamentablemente sonó más animal de lo que quería. El humano le miro haciendo un desdeñoso movimiento con la nariz.

— Hay que agrandar el puerto del lago. Sobrara madera, quiero que tomes lo que necesites y tus hombres hagan sus hogares en las lindes del bosque cerca del pueblo. Acá dentro solo viven los guardias sin familia.

— Mis hombres tampoco tiene familia aquí.

— Pero estoy seguro que aquí tampoco encontraran mucho- comentó con un bufido de risa. Ella se azoro un poco.

.

Había visto a Shayr entrar en la Sala de Guerra, por lo que escabulléndose de una de las sirvientas a la cual estaba dándole ordenes para ordenar algunas habitaciones, se metió en la antigua habitación donde había estado durmiendo las semanas anteriores. Allí estaba su canasto de hierbas y debajo de unas tablas, las laminas de acero de Shayr. Sabía, casi por intuición que se le habían arrebatado las dagas a su amiga, y estaba sin armas. La licana siempre había demostrado una capacidad innata para enfrentarse cuerpo a cuerpo contra hombres sin problema alguno, pero, era una tranquilidad para ella misma darle sus armas de repuesto por si las necesitaba, o por lo menos, algunas de ellas.

Bajo las escaleras rápidamente. Shayr iba cruzando la habitación, tranquilamente. Al parecer no le habían molestado demasiado. Emitió un breve silbido, mínimo pero la chica detuvo un poco el paso y miro en su dirección. Ella sonrió oculta en el pasillo de la escalera y levanto el bolso haciéndole un movimiento con la mano hacía la ventana por donde, estaba segura, había entrado el día anterior.

La licana siguió su camino y ella subió presurosa antes de que la buscaran.

Observó por la ventana dos veces antes de inclinarse y verla allá afuera, medio oculta bajo el techo de uno de las bodegas. Miro de nuevo un lado a otro antes de lanzarle el paquete con todas sus fuerzas. La licana lo agarro sin problema algunos y quitándose brevemente la mascara le sonrió y le hizo una reverencia ocultando el paquete debajo de las ropas. Ella sonrió contenta por su acción. Cuando alguien le agarro la cintura y la jalo hacía adentro casi sufre un desmayo por el susto.

— ¡Hey!- chilló. Mientras Witkim la dejaba en el descanso sin quitarle las manos de la cintura. Ella se sonrojo profundamente.

— Lo siento, no quería asustarte. Pero no te balancees así contra las ventanas.- medio regaño. Ella intento alejarse, pero este dio otro paso en su dirección.

— Estaba tomando algo de aire- murmuro ocultando un mecho bajo el tocado. El sujeto volvió a acercarse aún más. Se petrifico por su cercanía. Le puso las manos sobre los lazos y los desarmo.

— Hey- regaño, cuando le quito el tocado. No es que le gustara usarlo, pero creía que era lo normal después de todo su madre siempre lo usaba "porque una mujer no debe dejar que otro vean su cabello, solo su esposo"

— Me gusta ver tú pelo libre- tomo un mecho y los acaricio con la punta de los dedos. Ella debía recordar que estaba enojada con él, pero no dijo nada porque su cercanía estaba haciendo estragos.- bajemos a la cenar.

Tomándole de la mano, la arrastro. No quería parecer que realmente quería ir con él. Ya era bastante malo ser un tomate andante mientras entraban en la habitación y se dirigían a la tarima. Los soldados le saludaron con reverencias y Jorking se puso en pie cuando Witkim le ayudo a sentarse. Mientras las mismas damas que el día anterior le habían ayudado con el vestido y todo, su corazón se tranquilizo ya que su esposo no siguió observándola.

La comida fue servida. Lo mismo que el día anterior, grandes cantidades en fuentes para el alcance de todos.

Cuando ella iba a tomar un poco de carne para desmenuzarla. Witkim le quito el plato sin decir palabra alguna y deposito delante de ella, el mismo plato que el día anterior, carnes desmenuzadas, las partes de adentro de pan tibio, fruta troceada y miel para acompañar la carne. Ella no dijo nada, asombrada por esto mientras las dos damas que se habían dado cuenta le sonreían de oreja a oreja y cuchichearon algo. Ella mientras se llevaba un pedazo de carne a la boca no pudo no sonreír como una boba.

Maldito detallista salvaje.


¿Reviews? Galadriel Numenesse gracias por el comentario. :D En los proximos capitulos iré soltando más información. ¡Y! espero... poder subir dos veces por mes, pero no prometo nada.