Trucos de Salón
Cap. 16
Aang se despertó de repente, sintiendo como si estuviera siendo observado. Se sentó y miró alrededor de su cuarto, apenas iluminado por la escasa luz que se colaba por la ventana. Katara estaba de pie en su puerta, enfundada ese maldito camisón de dormir y él por supuesto se le quedó mirando como un completo idiota.
-Hey- dijo al fin, sonrojándose.
Ella lo miró por un momento en silencio, apoyada en el marco de la puerta. Pero había algo oscuro en su expresión... su mirada era algo altanera y con un deje de insatisfacción, o tal vez era sólo la luz de la luna reflejada en sus ojos.
-¿No estás tentado?- preguntó de repente. Su voz era baja y curiosa.
-¿Por... qué?- preguntó con cautela, mientras aguardaba desesperadamente que alguna milagrosa distracción lo obligara a apartar la mirada de sus piernas.
Ella sonrió, viéndolo más bien divertida, y antes de que supiera lo que estaba pasando, ella ya estaba sentada en su cama con el pelo cayendo sobre los hombros y las mejillas un poco rosadas por el frío nocturno. Su mano se posó a un costado de su cara y ella lo obligó a mirarla plenamente, enseguida inclinó la cabeza un poco, sonriéndole.
-Estoy aquí- señaló en voz baja -¿No me quieres?
Él la miró fijamente. Esto no podía estar pasando.
-Yo… mucho... no sabes cuánto- se oyó decir.
Ella volvió a sonreír y de pronto, estaba sobre él reduciendo la distancia entre sus labios. Sus manos la recibieron al instante, tirando de ella más cerca. Parecía demasiado bueno para ser verdad...
-¡Aang, levántate, tenemos una entrega!
Aang saltó de su cama con un grito de sorpresa, golpeándose la cabeza contra el suelo. Se incorporó, frotándose las mallugaduras y murmurando para sí mismo. ¿Por qué Sokka siempre tenía que interrumpir los mejores sueños?
Él estaba en la cocina unos minutos más tarde, bostezando. Katara se apartó de lo que parecía una olla de avena y le lanzó una mirada escrutadora. Debió tener una pinta terrible puesto que una vez terminado el examen, ella rió un poco. Claro que se veía de lo más gracioso, ella no recordaba haberlo visto en un estado similar (excepto cuando recién lo conoció y esto era harto diferente)…
El joven lucía unas pequeñas ojeras. La cara sin lavar. Un peinado que presumiblemente era producto de una batalla con la almohada… y tenía la fuerte sospecha de que llevaba puesto el primer traje que había encontrado en el suelo de su habitación. Ella suspiró y se acercó a él, revolviendo su rebelde cabello en un intento infructuoso de domarlo, luego enderezó su camisa.
-Bueno… Sokka me despertó también- dijo suavemente, con una sonrisa en su voz.
-Pero pareces mucho mejor- señaló malhumorado.
Ella se rió de nuevo. Una luz. Un sonido musical para los oídos cansados del chico. Ella estaba detrás suyo ahora, tirando del chaleco a lo largo de sus hombros y acomodando un gorro del que él no había sido consiente hasta entonces.
-Supongo que soy de clase diurna- dijo pensativa -¿Dónde está tu otro zapato?
Aang levantó la pieza solicitada, que colgaba de su mano izquierda. La chaqueta y el sombrero aun permanecían en su derecha, pero no parecía capaz de sostenerlas más tiempo así que ella se las quitó y las colocó detrás de su silla. A continuación se trasladó nuevamente frente a él, enderezando su corbata y peleándose con el cuello por un momento. El joven parecía a punto de quedarse dormido así que ella puso una mano en cada uno de sus hombros resueltamente.
-Despierta Sparky- dijo con firmeza, dándole una leve sacudida. Él bostezó.
-Aprecio el intento, pero todavía estoy atrapado en el perfecto sueño- suspiró, apoyándose en la pared más cercana.
-Sokka tiene una extraña habilidad para interrumpir el mejor de los sueños- confirmó ella, suspirando también.
-No es menos triste si vas por ahí recordándomelo Cara de muñeca- murmuró, permitiéndole empujarlo hasta la mesa. Él se sentó pesadamente y se puso el otro zapato. Cuando salió de debajo de la mesa, un plato de avena se materializó frente a él.
-¿Te he dicho alguna vez lo maravillosa que eres?- preguntó el chico, sonriendo por primera vez.
-¿Estás hablando conmigo o con la avena?- inquirió Katara en respuesta. Sonriendo también mientras se sentaba frente a él.
-Qué pregunta más absurda- resopló él -Estoy hablando con la avena.
Ella rió entre dientes, luego le lanzó una mirada afectada que casi podría pasar por real.
-¿Por qué Sparky? ¿Tomarías una taza de avena en vez de mí?- preguntó con simulada angustia y empujando teatralmente su propio tazón lejos de ella. Aang se echó a reír.
-No creo que comerte a ti me de la misma cantidad de proteína- señaló.
-¿Quien dijo nada sobre comerme?- preguntó una sonriente Katara.
Aang la miró aturdido. Ella tenía los codos sobre la mesa, apoyaba la barbilla sobre sus dedos entrelazados y le lanzaba una mirada evaluadora. La llegada de Sokka, por una vez fue muy útil cuando Aang sintió el calor coloreando su rostro.
-Avena, muy bien- saludó, sirviéndose un plato.
-Sokka no aprecia la complejidad de mi avena- dijo Katara con franqueza.
-No puedo ni imaginarme semejante indiferencia- respondió el chico con altivez.
Katara se echo a reír y Sokka apenas rodó los ojos.
-Así que... ¿dónde será la entrega?- preguntó su hermana al fin.
-Es para los Bei Fong- dijo Sokka, encogiéndose de hombros.
Katara arrugó la nariz con disgusto.
-Genial- bufó con resignación.
-¿Quiénes son los Bei Fong?- le preguntó Aang con la boca llena de avena.
-¿Nunca has oído hablar de ellos?- inquirió sorprendida -Um... pero habrás oído de las cartas Gaolin, ¿verdad?
-Por supuesto, son de las mejores tarjetas de control que se pueden conseguir. En algunas aparecen técnicas genuinas- respondió buscando su sombrero.
Sacó la vieja tarjeta y le dio la vuelta, revelando la imagen dorada de un jabalí alado.
-La primera de Gyatso fue una Gaolin- Katara sonrió.
-Los Bei Fong… son los herederos de la fortuna de la compañía Gaolin- explicó a la ligera -El hijo de Tenaji, que aún está a cargo, vive aquí con su esposa. En esa gran mansión del lado este, mientras espera que su padre a estire la pata.
-Cada año, más o menos, el asno nos compra toda la reserva añeja, con el luz de luna encabezando su lista... y no es secreto que es lo más caro- continuó Sokka, mientras terminaba con su jugo -¡Y me refiero a toda la reserva!... así que estamos trabajando en esa cosecha al menos seis meses antes que para las demás, puesto que tampoco tiene la delicadeza de anunciarnos cuando querrá la próxima entrega.
-Bueno, eso es de mala educación- comentó Aang.
-Sí- suspiró Sokka. Poniéndose de pie y estirándose -Bueno, vamos a movernos.
No pasó mucho tiempo antes de que el camión de Sokka saliera de la destilería. Iba cargado de tantas cajas y barriles, que los chicos estaban compartiendo el asiento de nuevo y Appa tuvo que quedarse. La mañana era soleada y tranquila cuando llegaron a la entrada de la finca Bei Fong. Algo digno de recordar es que lo habían hecho sin incidentes. En la puerta principal había un solo maestro tierra, un fornido guardia que los miraba con recelo desde la puerta. Sokka se asomó por la ventana para hablar con él.
-Somos los niños de Hakoda- dijo simplemente.
El guardia abrió la puerta y el camión retumbó mientras se adentraba a los terrenos de la finca. Ninguno de los tres había realmente visto o hablado con el señor Lao, ni su esposa si quiera. La rutina era la misma, traían el cargamento hasta la puerta de servicio, descargaban personalmente las cajas más valiosas, dejando el resto para el personal de servicio. Luego eran pagados por el mayordomo e inmediatamente les invitaban a la salida.
-Gente agradable- comentó Aang, una vez de vuelta en el camión.
-Es más o menos como deben ser los de su clase- suspiró Sokka.
Al pasar de nuevo por la puerta, se dieron cuenta de que el guardia estaba hablando con alguien. Todos se quedaron en silencio mientras se disponían a cruzar e irse.
-¿Han oído eso?- dijo Sokka, emocionado cuando el camión volvió a la calle -¡El estruendo Tierra 6 será esta noche!
Su hermana se limitó a poner los ojos en blanco.
-Que bien- suspiró ella -Justo lo que necesitaba. Más testosterona.
-Nunca he estado en el Estruendo Tierra- admitió Aang -Tenía muchas ganas de ir cuando era chico… pero Gyatso nunca me dejó.
-Bueno, tal vez podríamos ir- dijo Katara pensativa y Sokka la miró ofendido.
-Odias el estruendo Tierra- señaló -nunca has querido ir cuando te lo pido.
-Lo sé, pero Aang probablemente podría aprender algo de Tierra Control- dijo encogiéndose de hombros.
-Oh sí- murmuró Aang -Soy un maestro tierra...
-Te lo compro- dijo Sokka sonriendo.
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Horas más tarde… mucho después de que el sol se hubiera puesto, Katara se vio lamentando su decisión. Sokka, como siempre hacía cuando el estruendo Tierra comenzaba, se perdía por completo. Gritaba, abucheaba, vitoreaba y maldecía tanto como el resto de la multitud. Katara se sentó a su lado, con el codo en la rodilla y el mentón en la mano. Aang estaba viendo el espectáculo con más curiosidad y entusiasmo que otra cosa. De vez en cuando colocaba una mano en la espalda de Katara y señalaba diciendo "¿Viste eso? ¡Quiero aprender a hacer eso!", por encima del rugido de la multitud.
Katara terminaba rodando los ojos, sonriendo un poco divertida por su actitud. Parecía un niño pequeño frente a un desfile de juguetes. No era hosco y burdo como el resto de la multitud que se regocijaba ante el despliegue de testosterona, él más bien estaba impaciente por aprender lo que le parecía cool, dejando de lado lo demás. Ni siquiera abucheaba o saltaba en su lugar como tantos otros, era tan diferente de Sokka… que ella simplemente no podía evitar sonreír.
-¡La piedra es el mejor!- gritó Sokka salvajemente, mientras uno de los concursantes… una montaña de hombre que se hacía llamar La piedra, manipulaba a su oponente hasta arrojarlo al otro extremo del cuarto con facilidad.
Las reglas eran sencillas: utilizar Tierra Control para golpear al otro fuera del ring. En la opinión de Katara, era crudo y brutal. Nada que ver con el arte que exigía el Agua Control… Pero si apreciaba la fuerza y el enfoque necesarios para la Tierra Control, por lo que guardo sus opiniones para sí misma. En la pausa entre los partidos, Aang miraba a la multitud. No había un solo Dragón entre ellos.
-Así que estas cosas se mantienen en secreto de los Dragones de ahora, ¿eh?- preguntó pensativo.
-Cuando dicen, torneos de Tierra Control subterráneos, no sólo significa literalmente bajo tierra- dijo Katara con una sonrisa.
Estaban, en efecto, bajo las calles de la ciudad en una de las más grandes cuevas naturales de la zona.
-Y ahora, señoras y señores, ¡el actual campeón!- el anfitrión del torneo, Xin Fu, gritaba a todo pulmón para ser escuchado y la multitud comenzó a rugir -¡La Bandida Ciega!
En el anillo entró una joven, ni un día más vieja que Aang y casi una cabeza más baja que Katara. La chica estaba descalza, al igual que el resto de los Maestros Tierra en el torneo. Llevaba pantalones verdes y un traje laminado hasta las rodillas, su camisa blanca la llevaba doblada hasta los codos. Llevaba el pelo recogido en una especie de cola de caballo desordenado, pero era lo suficientemente corta, como para parecerse más a la cola de lobo guerrera de Sokka. Su largo flequillo le caía sobre los ojos, que parecían estar eclipsados por un velo blanco.
-¿Crees que sea realmente ciega?- preguntó Katara en voz baja.
Los tres la miraban con cantidades variables de curiosidad. La joven sonrió, sosteniendo el cinturón de campeón sobre su cabeza.
-Publicidad- desestimó Sokka -Es sólo una parte de su carácter.
-No... creo que realmente lo es- dijo Aang pensativo, con los ojos pegados a ella.
Parecía demasiado frágil para ser una maestra tierra, por no hablar de una campeona. Pero Aang miró un poco más y vio los músculos ligeramente definidos en sus brazos y piernas delgadas. Ella como Katara, era más peligrosa de lo que parecía.
-La pierda siente conflicto acerca de luchar contra una niña ciega- anunció con torpeza.
Katara rodó los ojos de nuevo y la niña se echó a reír.
-A mí me parece que tienes miedo piedra- gritó.
El aludido le frunció el ceño.
-La piedra ha superado su desagrado- decidió.
-¡A-lu-char!- gritó de nuevo Xin Fu.
El estadio quedó en silencio. Los dos Maestros Tierra estaban uno frente al otro. La piedra se movió rápido pero la Bandida Ciega ya lo esperaba. Y de repente, Piedra era lanzado fuera del ring.
-¿Qué pasó?- preguntó Sokka, demasiado sorprendido.
-Ella esperó... y escuchó- dijo Aang emocionado -Apuesto a que sería una gran maestra Tierra.
Xin Fu llegó al centro del anillo de nuevo.
-Y el ganador es...
-Por orden del señor del fuego Ozai- un voz sonó por encima de la suya -Este torneo ilegal ha terminado.
Confundidos susurros estallaron en todo el campo. Una mujer joven, probablemente de la edad de Sokka, se paseo hasta el centro del ring. Otras dos muchachas caminaron detrás de ella, pareciendo más bien aburridas. Una de ellas estaba vestida toda de negro, la otra era sin lugar a dudas una cirquera, sus ropas eran de un chillón color rosa y llevaba el cabello recogido en una larga y compleja trenza. La joven que encabezaba el grupo llevaba un traje rojo y negro.
-¿Y quién eres tú para interrumpir mi torneo?- preguntó Xin Fu con frialdad.
-Soy Azula, hija de Ozai y pronto, la alcalde de esta patética ciudad- dijo descuidadamente, escrutando sus uñas –Por cierto… esta es la parte en la que salen corriendo.
-Oye, ¿qué pasa con mis ganancias?- replicó él, señalando con el dedo amenazador a Azula.
-Voy a tomarlas- respondió Azula beligerante.
-Respuesta incorrecta.
Xin Fu pisó el suelo y los compinches de Azula salieron volando. La chica de circo aterrizó sin problemas en el borde del ring. La otra chica se disparó en un camino casi idéntico al de la Pierda, probablemente aterrizándole encima.
-¿Azula?- pronunció Sokka completamente sorprendido -¿Esa es la hermana de Zuko?
-Tenemos que ayudarla- dijo Aang como si no hubiera oído Sokka.
Se puso en pie, pero la mano de alguien aferró su muñeca.
-¡Aang, espera!- siseó Katara trayéndolo de vuelta -¿No has escuchado nada acerca de Azula?
-En realidad, no mucho...
-Ella es cruel- dijo rotundamente, echando un vistazo a la plaza.
En ella, Xin Fu y la bandida se encontraban en una batalla total contra Azula y la chica de circo.
-No tiene sentido de la misericordia o de... bueno, es discutible su humanidad.
-Esa chica es una gran maestra tierra, podría ayudarme- respondió Aang con urgencia -Sin mencionar que es una chica en peligro de extinción y que tenemos que ayudarla en atención a nuestro honor.
-Katara tiene razón- dijo Sokka bruscamente -Deberíamos sacar nuestras narices de aquí si no queremos morir.
Katara paseó la vista entre Aang, el ring y su hermano pero finalmente suspiró.
-Muy bien, vamos a ayudarla.
-¿Qué?- exclamó Sokka ofendido -¡estaba dándote la razón!
-Sokka, ¡muévete!- llamó Aang por encima del hombro mientras ambos corrían hacia el anillo.
Sokka suspiró y sacó su arma. Al llegar, rápidamente se dieron cuenta que no eran los únicos en unirse a la refriega. Una gran parte de la multitud, principalmente Maestros Tierra y una horda de dragones de Azula, estaban enzarzados en combate por todo el campo.
-¿La ves por alguna parte?- Katara gritó por encima del ruido.
-Voy a ver- respondió Aang, y estaba a punto de saltar en el aire pero ambos hermanos lo tomaron por un codo.
-Probablemente no es la mejor ocasión para revelar el hecho de que eres el Avatar- señaló Sokka con los dientes apretados.
-Oh... bien- suspiró Aang, molesto con ese detalle.
-Probablemente están en el centro, en alguna parte- sugirió la chica, agachándose cuando una bola de fuego perdió su objetivo y pasó volando sobre su cabeza.
-Debemos encontrarla pronto.
-De acuerdo- sonrió Aang y tomó su mano, arrastrándola cerca durante su camino entre la multitud. Sokka se quejó y pisoteó después de ellos.
El enzarzarse durante una lucha que venía por todos los lados era algo a lo que Katara y Sokka estaban acostumbrados. Combates a pequeña escala en los callejones y a menudo en sitios como la Destilería del Norte. En eso los niños Hakoda eran veteranos. Así que no les era difícil hacerlo a través de la multitud. Aang, en cambio, prefirió amplios espacios y terminó aplastado entre dos maestros fuego. Antes de que se hubiera percatado de ello, sin embargo, alguien lo agarró por la camisa y tiró de él bruscamente.
-¿Qué diablos te pasa?- vociferó alguien con quién acababa de chocar -¡fíjate por donde vas o acabarás muerto!
Aang miró a su salvador con sorpresa. No era otro que la Bandida Ciega.
-Parece que alguien tiene pies muy ligeros- se quejó ella, empujándolo fuera de su camino y deshaciéndose de los dragones de una manera poco sutil.
-¡Te estaba buscando!- exclamó Aang cuando recobró la perspectiva, mirando a su alrededor de forma rápida y tratando de detectar Katara y Sokka entre la multitud.
-¿Lo estabas?- respondió la niña de forma desinteresada.
Un mayor número de personas salió huyendo fuera del ring. Xin Fu y Azula estaban cerca, pero Aang no podía verlos.
-Necesito un maestro de Tierra Control y tú eres la mejor que he visto nunca- continuó con optimismo.
Mientras tanto buscaba a los chicos con discreción.
-Tienes razón- respondió ella -Pero no me interesa la vacante.
-Pero tengo que aprender, soy el Avatar.
-Tengo mis propios problemas amigo- señaló tajante.
-¿Hay alguna manera de hacerte cambiar de opinión?
La Bandida Ciega dio la vuelta y lo miró. Por lo menos, parecía estar mirándolo.
-Regrésame lo que la princesa dragón de allí me quitó… y hablaremos- dijo al fin.
-Hecho- respondió Aang al instante, desapareciendo entre la multitud.
Cuando se las arregló para encontrar a Azula, se sorprendió de encontrar que Sokka y Katara ya participaban en una pelea con ella. Al parecer, reconoció a los Niños de Hakoda y aprovechaba la oportunidad para deshacerse de ellos. Katara y Xin Fu arremetieron contra Azula, mientras que Sokka bloqueaba el ataque de la cirquera, cosa con la que él, evidentemente, no estaba feliz.
-Eres lindo- le oyó decir a la chica, mientras esquivaba a Sokka y dirigía un golpe a la parte posterior de su cabeza.
-¿Soy el único que se percata de que estamos en una lucha?- exigió, antes de apuntar con su arma indignado, mientras se frotaba las mallugaduras.
Aang se deslizó detrás de ambos, abriéndose paso cuidadosamente hacia Azula. Vio que Katara estaba teniendo problemas con su Agua Control, dejándole la mayor parte del trabajo a Xin Fu. Fue entonces que se debatió entre alejarla de inmediato o tratar de tomar el botín de la bandida ciega. Finalmente se decidió. Dio un rodeo inhumanamente rápido y tomó a la joven por el brazo, llevándola fuera de la lucha.
-Aang, ¡ahí estás!- dijo sin aliento, frotándose el hombro.
-¿Qué te paso?- preguntó preocupado -parecías tener problemas con el Agua.
-Fue esa chica de circo- murmuró con ira -me golpeó en el brazo y... no sé, ella me quitó la flexión de alguna manera.
-¿Estás bien?
-Sí, estoy bien... ¿a dónde vas?
-Encontré a la bandida- respondió Aang, tirando de ella de nuevo al tiempo que una brillante bola de fuego azul, explotaba justo donde habían estado un segundo antes -Ella dijo que me podría enseñar si consigo sus ganancias de vuelta.
Katara asintió con la cabeza, señalando a la princesa.
-Es la bolsa colgando de la parte trasera de su cinturón.
Aang miró hacia ella y efectivamente, una bolsita de cuero estaba atada a la correa de la chica.
-Voy a distraerla- Aang quiso discutir pero ella le mando una mirada severa y el término asintiendo con la cabeza.
Katara recuperó su lugar al lado de Xin Fu, manteniendo los ojos de Azula en ella. Aang se perdió entre la multitud, rodeándolos y llegando justo atrás. Extendió la mano, compuso una expresión graciosa con la lengua entre los dientes debido al esfuerzo de mantenerse ligeramente lejos del suelo. Su mano se había cerrado alrededor de la bolsa justo cuando una bala pasó zumbando sobre su oreja izquierda. La chica del vestido negro estaba cubriendo la retaguardia de Azula en el anillo. Aang tragó saliva y escuchó a Katara tratando de mantener la atención de Azula.
La recién llegada estaba apuntando a Aang nuevamente con un par de cañones y el decidió que no tenía tiempo de ser sutil, tiró de la bolsa y Azula se giro bruscamente, sorprendida. Aang pronto sintió como si ese pudiera ser el último momento de su vida. Miró a Katara y se le cayó el alma a los pies, ella parecía dispuesta a hacerle frente a Azula si tuviera que hacerlo… pero la oportunidad nunca llegó. Azula y sus dos compinches fueron lanzadas por el aire cuando la bandida ciega llegó patinando a la pista, golpeando el suelo con los puños. Ella le frunció el ceño a Aang.
-Cuida tu espalda, pies ligeros- le espetó con rudeza y Aang, silenciosamente avergonzado le entregó la bolsa.
Ella la tomo y suspiró.
-Bueno, vamos a hablar- y con eso, se dirigió derecho a través de la multitud que aun luchaba y saltó fuera del borde del anillo, desapareciendo de la vista.
Aang y Katara corrieron tras ella, arrastrando a Sokka en su camino. Siguieron por una calzada estrecha que conducía a una escalera y hacia fuera de las cuevas. Los tres siguieron a la Bandida Ciega y salieron al aire libre antes del amanecer. No fueron los únicos que huyeron de la escena, pero por suerte, estaban entre los afortunados que no tuvieron que huir a través de una rejilla de alcantarillado cuando más dragones llegaron y se desataba el pánico.
-Así que necesitas un maestro de Tierra Control- dijo ella con calma, paseando fuera de la esquina de la calle, donde varios coches de policía se estaban acumulando.
Todos adoptaron la misma impasibilidad que la bandida pero sorpresivamente, Katara se abalanzo sobre Aang y lo apreso en un extraño abrazo mientras un par de policías pasaban junto a ellos. Él se sonrojo ligeramente y antes de que pudiera hacer o decir algo ella se separó y lo jaló del brazo hasta quedar lo suficientemente lejos del alboroto. La otra chica ya les llevaba buena ventaja y Sokka, que no se había dado cuenta del atraso de sus compañeros, se detuvo hasta que notó como la bandida ciega hacia una pausa y "miraba" impacientemente hacia atrás.
-¿Que los detiene?- preguntó, al verlos llegar nerviosos.
-No me sorprende que no lo hayas notado- dijo su hermana molesta.
-¿El qué?- replicó intimidado por su tono, pero ella en vez de responderle, atrajo a Aang a su lado y lo señalo con una mezcla de preocupación e irritación.
Él aludido parecía tan confundido como Sokka, pero este último terminó por notar el hilillo de sangre que provenía de su oreja izquierda y que comenzaba a manchar su camisa.
-¡Rayos!... ¿quién te hizo eso?
-¿Qué? -dijo el joven aún más confundido.
-Te han lastimado el oído- espetó Katara sombríamente- la chica que te disparó mientras te las arreglabas con Azula…
No estaban seguros de con quien estaba enojada pero su tono de voz estaba más que afilado.
-Mmm...
Aang se palpó la zona con cuidado y se percato de la verdad de sus palabras.
-Supongo que si... pero no es grave, sólo fue un rozón y no me duele...
-No digas "sólo" como si fuera una buena noticia- le reprochó ella, ya más tranquila -no deberías estar herido.
-Estoy bien Katara -dijo sinceramente- no te preocupes.
-No te hagas el valiente. Tal vez aún no te duela pero cuando se te pase la adrenalina, no estarás tan campante... no puedo creer que no lo hubieras notado antes. Ya tienes manchada toda la camisa y esos policías pudieron haberte detenido...
-Oh, la reina del drama... si ya acabaste, también quiero decirle algo.
Katara le lanzó una fría mirada pero se apartó un poco y dejó de limpiarle la cara. Aang maldijo la intervención mientras sentía la retirada de esas manos. Todos fijaron su atención en la chica que estaba pesando la bolsita de cuero en sus manos.
-Bueno, hiciste lo que te pedí... y muestras algo de valor. Esa tal Azula es una loca.
-No me digas- murmuró Katara.
La bandida los guio hasta una callejuela oscura.
-Bueno y a todo esto… ¿quiénes son ustedes?- preguntó altanera.
-Soy Aang...- dijo el chico con alegría -ellos son Katara y...
-Mi hermano Sokka- agregó Katara -somos los hijos de Hakoda.
-Ah, he oído hablar de ustedes- dijo complacida -mi nombre es Toph.
-Entonces, ¿me enseñarás?- preguntó Aang entusiasmado.
Toph se encogió de hombros.
-¿Por qué no?
-¡Bien! ¿Dónde vives?
-¿Por qué me lo preguntas? -espetó Toph. Los tres se miraron desconcertados.
-Um... para, poder ir… ¿a aprender de ti?- sugirió inseguro.
-Mmm... no- dijo ella bruscamente -Eso no va funcionar para mí. ¿Dónde viven?
-En la destilería del Sur- respondió el chico, y echó un vistazo a Katara -¿Crees que estaría bien si yo aprendiera allí?
-Vamos a tener que preguntarle a papá- dijo ella con franqueza.
-Bueno... ¿puedo buscarte mañana en Zona Zero?- sugirió Aang -En... espera, ya es mañana. ¿Esta tarde, entonces?
-¿Quieres decir, en la cafetería del lado sur?
Ellos asintieron. La chica tardo un momento en contestar pero cuando lo hizo su respuesta fue positiva.
-Seguro. Voy a estar allí.
Ellos se separaron y caminaron rumbo al sur.
-Esperen...
Los detuvo Sokka alterado. Sus compañeros lo miraron levantando una ceja.
-Ella hizo una pregunta, todos asentimos con la cabeza, pero no dijimos nada... ¿Cómo podía saberlo si es ciega?
-No sé- respondió Aang, dándose cuenta de lo mismo -Tal vez, ¿no es totalmente ciega?
-Vamos a pensar en ello luego. Estoy agotada- bostezó Katara, restándole importancia -Aún hay tiempo para una mañana de sueño… después de curarte esa oreja- le lanzó a Aang una mirada severa y el aludido se rasco la cabeza avergonzado.
-¿Puedes por favor no despertarme?- le preguntó finalmente a Sokka, mientras los tres llegaban a casa -Me gustaría terminar por lo menos, un buen sueño.
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