Trucos de Salón

Cap. 17

Katara se había mantenido despierta en la mañana durante mucho tiempo. Esa chica, Toph… la inquietaba. Aunque no era el tipo de inquietud que sentía rodeada de personas poco fiables. Era una especie de inquietud que nunca había experimentado y no podía entender. Aang la había aceptado demasiado rápido... La joven maestra agua se sentó bruscamente en la cama. ¿Era eso lo que la estaba poniendo nerviosa?... ¿La forma en que Aang estaba actuando con ella?... Ellos ni siquiera conocían a la chica. Acababan de verla derrotar a un tipo enorme y él decidió que tenía que acercarse a ella. Katara frunció el ceño. Tal vez él pensaba que era más bonita. Katara gimió y hundió la cara entre las manos. Ella no tenía celos de esta chica. Con la que había hablado durante diez minutos. No. Ella no estaba... enamorada de Aang.

Katara empujó bruscamente las piernas fuera de la cama y posó los pies descalzos sobre el frío suelo de madera. Se deslizó fuera de su habitación, tiritando bajo su camisón mientras cruzaba el pasillo. La puerta de Aang estaba abierta, como siempre. Sólo un poquito. Ella la abrió lo suficiente para poder entrar y se arrodilló al lado de su cama. Lo estudió con cuidado, tomando nota de cada detalle en su manera de dormir. Miró con furia la herida que recién le había curado, y se relajó gradualmente mientras seguía observándolo. Se asombro de la cantidad de detalles que descubría en la forma en que su pecho se movía al respirar, la forma en que los cobertores se enredaban alrededor suyo, producto de sus incesantes vueltas en la cama. La manera en que su cabello se esparcía al contacto con la almohada, la forma en que sus labios se abrían ligeramente para respirar.

De pronto, ella se echó hacia atrás sobre sus talones con el ceño fruncido. Esos labios de alguna manera se habían convertido en el centro de su atención... desde aquella vez en ese estúpido armario. Ella inclinó la cabeza un poco cuando Aang frunció el ceño, mientras tomaba una profunda respiración. Estaba teniendo un sueño intranquilo, tal vez incluso una pesadilla. Katara suspiró y llegó hasta él, posando suavemente una mano en la mejilla del chico, cuya expresión se relajó visiblemente.

-¡Oh Sparky!- susurró -¿Qué estás haciendo conmigo?

Suspiró pesadamente, dirigiendo más arriba su tacto.

-No te preocupes, tengo tu espalda cubierta.

-Tienes más que eso, Cara de muñeca…

Katara sonrió. De alguna manera, no estaba sorprendida de verlo repentinamente despierto. Hizo ademán de retirar la mano, pero él puso la suya encima y la sostuvo en su lugar.

-¿Qué estás haciendo aquí Cara de muñeca?- preguntó en voz baja -¿No puedes dormir?

Ella sacudió la cabeza.

-No lo sé... mi habitación se sentía vacía por alguna razón- suspiró y luego ella lanzó una mirada calculadora en su dirección -¿te importaría si me quedara aquí esta noche?

Los ojos del chico se abrieron sorprendidos y se sentó, ahora completamente despierto.

-Um... tu hermano...- comenzó él.

Muy consciente del hecho de que Sokka se acostaba con la pistola debajo de su cama.

-Me voy antes de que despierte- trató ella con calma -¿Por favor?

Aang lo pensó por un momento antes de asentir lentamente.

-Está bien, no hay problema- volvió a bostezar -Tú toma la cama, dormiré en la alfombra.

Él comenzó a salir de ella, pero Katara lo detuvo poniendo una mano en su brazo.

-No voy a patearte fuera de tu propia cama Sparky- dijo con una sonrisa.

-Bueno, yo no voy a dejarte dormir en otro sitio que no sea esta cama- respondió a la defensiva -Quiero decir... difícilmente puedes mantener calor en otro lado.

Ella le sonrió, notando cómo su mirada se detenía en su camisón y sus ojos se volvían más bien fuera de foco, pero no tuvo tiempo de sonrojarse o sentirse satisfecha porque inmediatamente… él desvió la mirada, claramente molesto consigo mismo y eso la divirtió. Él se sonrojó y fijó los ojos de nuevo en su cara.

-Está bien... voy a dormir contigo entonces- le soltó encogiéndose de hombros.

Aang se quedó con la boca abierta y varias veces intentó hablar, pero parecía más allá de sus capacidades inmediatas. Ella se deslizó bajo las sábanas a su lado antes de que otra palabra fuera dicha, alejándose de él y apropiándose con su cabeza de la almohada. Se sentía un poco culpable por hacer esto con él. Y un poco ridícula por pensarlo inicialmente. Pero en ese momento se sentía muy posesiva por alguna razón. Necesitaba estar cerca de él, sólo por ahora. Finalmente, Aang se estableció junto a ella, dándole la espalda.

-Gracias- susurró ella.

-De nada- murmuró el chico en respuesta.

-Buenas noches.

-¿Puedes realmente decir buenas noches si ya es mañana?

-Buenas noches Aang.

A pesar de su cercanía, ella todavía no podía dejar de pensar. O tal vez era porque estaba tan cerca. Aang... ella podía verse a sí misma y a él, convertirse en algo más. No era un pensamiento difícil de tragar. Ellos ya pasaban bastante tiempo, juntos, como una pareja en el sentido romántico. Ahora que lo pensaba… sólo tendrían que empezar a besarse... Ella sonrió un poco al llegar a la conclusión, de que eso no sería tan malo.

Con cualquier otro chico, si ella quisiera, daría la vuelta y le daría un beso en el acto. Pero con Aang... ella no podía tener una relación repentina y casual con él. No como si lo considero con Jet. Ella ya le era muy cercana y se preocupaba demasiado por él. Una relación con él sería del tipo "a largo plazo", del tipo... amor, matrimonio, niños y envejecer juntos o esa clase de cosas. Pero a pesar de que suponía que Aang sería un marido maravilloso, un padre excelente y un hombre mayor atractivo, había algo en él... algo grande y aterrador que partía del Espíritu dentro suyo.

No era justo que usara eso en su contra, lo sabía. Pero no podía sacarse de la mente esa imagen de su amigo… mirándola con unos ojos tan diferentes a los suyos en la Destilería del Norte. Y luego estaba el asunto de su padre y hermano. Si algo sucedía... si no funcionaba entre ellos… él no tenía a dónde ir. Estaba segura que volvería al vacío As de Espadas. Katara sabía que él sentía algo parecido por ella, pero no podía decir si era un flechazo o simplemente atracción física... o si se trataba de algo más. Algo confuso, como lo que ella sentía por él. Estarían bien juntos, se protegerían mutuamente y cuidarían de los demás... sería perfecto. Demasiado perfecto. Demasiado.

Suspiró. Por ahora… sería suficiente con dormir justo a su lado. Con la certeza de que esa chica Toph, o cualquier otra… nunca podrían hacerlo sentir tan nervioso como ella lo estaba haciendo ahora.

-Cálmate Sparky- suspiró Katara -Puedo sentir los latidos de tu corazón desde aquí.

-Lo siento, es sólo...

Comenzó él, pero se detuvo y ella casi podía sentirlo sonreír.

-También puedo sentir los tuyos, Cara de muñeca.

Katara se sonrojó y se mudó de nuevo lejos de él, quien se echó a reír nerviosamente.

-Esta fue tu idea, ¿sabes?- señaló en voz baja.

Katara frunció el ceño y se volvió hacia él. Aang hizo lo mismo por lo que casi estaban nariz con nariz. Ella empujó con firmeza el centro de su pecho con el dedo índice.

-Y usted aceptó amigo- añadió.

Se pusieron mala cara el uno al otro y un momento después, ambos se echaron a reír. Katara apoyó la cabeza sobre su pecho mientras trabajaba en su risa.

-Hacemos un buen par, ¿o no?- se rió Aang.

-Sí... Supongo que si- murmuró Katara.

Su mente saltó de inmediato al tren de pensamiento anterior, más de repente, se quedó inmóvil cuando Aang se inclinó y la besó en la frente.

-Buenas noches Katara -murmuró, volviéndose hacia su lado de la cama.

Katara finalmente hizo lo mismo. Todavía ruborizada. Y se durmió mucho más rápido de lo que pensaba.

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-Joven… le sugiero que le quite las manos de encima a mi hija.

Aang y Katara pegaron un respingo simultáneamente. Al parecer, se habían movido durante la noche. O por la mañana, ya que ahora parecía ser tarde. Katara se puso de un rojo brillante por la pena y el pánico. Aang tenía los brazos envueltos alrededor de su abdomen, tirando de la espalda contra el ras de su pecho. Se sentó erguida y Aang se cayó de la cama. Ella se volvió hacia la puerta para encontrar a su padre de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho. Aang se sentó en el suelo, con los ojos desenfocados y un rubor arrastrándose hasta sus orejas.

-Papá, puedo explicarlo- dijo Katara a la carrera, luchando por salir de la cama de Aang y poniéndose firme entre él y su padre.

-Estoy esperando- dijo Hakoda lentamente, sus ojos sin embargo no dejaban a Aang.

Katara alzó las manos en un gesto conciliador.

-No pasó nada- dijo a toda prisa -Pensé que no podía dormir después del estruendo Tierra, así que vine a hablar con Aang y terminamos por quedarnos dormidos.

Él no se movió.

-Te lo juro.

-No pasó nada- repitió Hakoda, con voz inexpresivamente escalofriante. Katara asintió con la cabeza vigorosamente -Define nada.

-Nada- suspiró Katara, ya un poco desesperada -Hablamos, nos quedamos dormidos, eso es todo.

Hakoda se inclinó a su izquierda para poder ver mejor al chico que seguía inmóvil en el suelo.

-¿Es cierto esto?- preguntó oscuro.

-Sí, señor- dijo Aang inmediatamente, asintiendo con la cabeza tan fuerte que se lesionó el cuello -Yo nunca... quiero decir... no tengo nada más que respeto para su hija, se lo juro, yo... jamás haría algo que le hiciera daño- Hakoda suspiró.

-Está bien, te creo- dijo al fin.

Ella dejó escapar un suspiro de alivio y Aang cayó de espaldas en el suelo. Katara miró hacia atrás sorprendida, sin saber si estaba o no consciente.

-Pero es mejor que salgas de aquí antes de que Sokka despierte- Katara asintió con la cabeza -Y probablemente sería mejor si no me dieran oportunidad de capturarlos así otra vez. Jamás.

El jefe de la Destilería Sur hizo una pausa, poniéndose firme en ambos pies de manera imponente. Le enarco una ceja al joven tendido en el suelo, y satisfecho se dispuso a abandonar la habitación.

-Tengo trabajo que hacer, así que buen día y cuidado con que nada de esto pase de nuevo.

Cuando finalmente se fue, Katara se volvió y miró a Aang. Él estaba de hecho consciente, a pesar de que parecía estar al borde del desmayo.

-¿Estás bien, Sparky?- preguntó en voz baja pero él gimió por toda respuesta.

La chica suspiró y se agachó junto a él.

-Lo siento- se acercó más y cepillo algunos cabellos de su frente para poder verlo correctamente.

Aang abrió los ojos y frunció el ceño.

-Yo no quería meterte en problemas... especialmente con mi padre- él murmuró incoherencias en un intento de restarle importancia -Aw Sparky, lo siento mucho- suspiró ella, ofreciéndole una mano que él tomó gustoso.

-Por lo menos no fue Sokka- dijo, cuando finalmente estuvo de pie.

-Ese es el espíritu- rió la chica suavemente.

Él le sonrió y comenzó a tirar de los cobertores de nuevo sobre la cama.

-Voy a preparar el desayuno y luego revisamos esa oreja- dicho eso, salió de la habitación con reticencia para volver a la suya, y mirando furtivamente la puerta cerrada de Sokka.

Habían tenido suerte, supuso mientras se vestía. Si hubiera sido Sokka... ella hizo una mueca ante la idea. Aang ciertamente no podría tener hijos en el futuro.

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-¿Así que vas a comer avena aquí, pero te quejas de la mía?- Katara le frunció el ceño a Sokka por encima de su plato.

-Obviamente- afirmó él.

Katara se limitó a rodar los ojos. Los tres habían estado comiendo el almuerzo durante diez minutos más o menos en Zona Zero, esperando que la Bandida Ciega apareciera. Sokka, por suerte, no se dio cuenta de que Katara y Aang se ruborizaban cada vez que sus ojos se encontraban directamente.

-Oh, ella está aquí- dijo Katara repente, con los ojos pegados a la puerta, por la que Toph estaba caminando -Por lo menos... creo que es ella.

La chica no se parecía en nada a la imponente peleadora de la noche anterior. En es estruendo, había estado usando ropa gánster y una cola de caballo apretada… ahora parecía demasiado formal y correcta vistiendo una falda y un pulcro saquito verde. Ella llevaba un par de zapatos y calcetines hechos ovillo en la mano, dejando sus pies sucios familiarmente desnudos. Se sentó junto a Sokka sin una palabra y agarró su avena.

-¡Genial!... el almuerzo, gracias- dijo, cogiendo la cuchara de su mano.

-¡Hey!- exclamó Sokka indignado.

Aang y Katara ahogaron la risa detrás de sus manos.

-¿Toph?- preguntó Aang, al fin.

-¿Síp?- contestó ella con la boca llena de avena.

-Oh, así que si eres tú- dijo Katara, sonriendo un poco.

-Burlarte de mi ropa y estarás muerta, Reina de Azúcar- respondió Toph, levantando la cuchara amenazadoramente hacia la maestra agua -No tuve tiempo de cambiarme antes de escapar.

-¿Escapar?- repitió Aang sorprendido -¿tus padres no saben que estás aquí?

-Mis padres no saben que soy una maestra- bufó ella, volviendo su atención a la avena -Están convencidos de que sólo soy una frágil niña ciega con necesidad de protección. Ni siquiera le han dicho a la gente que existo.

-Bueno, eso es horrible- comentó Katara.

-Dímelo a mí. Bueno… eso es lo que te pasa por ser ciego de nacimiento en la familia Bei Fong.

Los tres se miraron sorprendidos, Toph se dio cuenta y miró en sus respectivas direcciones.

-¿Qué?

-¿Tú eres una Bei Fong?- preguntó Sokka con la boca abierta.

-¿Es importante para ti?

-Acabamos de entregar en su casa ayer- agregó su hermana al fin.

-Sí… los vi- respondió con indiferencia, eructando cuando acabó el almuerzo Sokka. Todos la miraron de nuevo.

-Espera un minuto- dijo Sokka -No pudiste habernos visto... Eres ciega.

Toph se recostó en la silla y subió los pies sobre la mesa, cruzando los tobillos y moviendo los dedos de los pies. Llevaba un par de correas de cuero en los tobillos.

-Veo con mis pies- dijo simplemente -Es por eso que voy descalza.

-Está claro- murmuró Katara, arrugando la nariz ante la visión de los ennegrecidos pies de Toph.

Aang se rió un poco y Toph rodo sus ojos vacíos.

-¿Son siempre así?- preguntó ella.

-Bastante peor a veces- dijo Sokka, encogiéndose de hombros -Me decías...

-Correcto- dijo Toph doblado las manos detrás de la cabeza antes de continuar.

-Cada vez que algo se mueve, hace vibrar el aire y el suelo. Puedo sentir con mis pies esas vibraciones… y puedo escuchar muy bien. Es por eso que soy la más grande maestra tierra en el mundo.

-¿En serio?- preguntó Aang emocionado. Sokka rodó los ojos.

-Pff... lo dudo- resopló -tienes ¿que?, ¿trece años?

-Quince, gracias- respondió Toph, perforando el hombro del chico con más fuerza de la que parecía poseer, y enviándolo contra la pared.

-¿Cuántos tienes tú entonces abuelo?, ¿Noventa y seis?

-Diecinueve- murmuró con rudeza, frotándose el brazo.

-Como sea. Entonces… necesitas un maestro, ¿eh?- le preguntó a Aang directamente, haciendo caso omiso de Sokka.

Él asintió con la cabeza y la chica entrecerró los ojos, estudiándolo al tiempo que posaba sus pies en el suelo.

-No pareces tener la constitución de un maestro tierra, pies ligeros.

-Bueno… técnicamente no lo soy- dijo Aang lentamente, mirando a lo lejos.

Toph le frunció el ceño.

-Explícate- exigió con simpleza.

Aang y Katara compartieron un vistazo.

-Bueno... yo soy un maestro aire- empezó con delicadeza -Y Katara me enseña agua control... ella es la mejor maestra agua que hay.

Toph se quedó en silencio por un tiempo. Apoyó los codos sobre la mesa y apretó las puntas de los dedos. Sus ojos blanquecinos lo miraban acusadores a través del enlace de sus dedos.

-Así que tengo que enseñar a un Avatar principiante- dijo lentamente.

Aang, Katara y Sokka se miraron, asintiendo con la cabeza.

-Sí… esa es básicamente la idea- dijo Aang, encogiéndose de hombros.

-¿Qué gano yo?- preguntó ella al instante.

-¿Qué quieres?- preguntó curioso. Toph lo pensó por un momento.

-Dinero ya tengo- comenzó poco a poco -Y mis padres tienen un montón más por ahí…- guardó silencio de nuevo -Lo que realmente quiero... es no volver a casa.

Los tres compartieron una mirada de asombro.

-¿Qué quieres decir?- preguntó Katara en voz baja.

-Mis padres fingen que no existo- dijo Toph con firmeza -Ellos no me entienden en absoluto y estoy harta de eso. Quiero ser libre, al igual que ustedes... Quiero quedarme con ustedes en la destilería.

Aang miró a Sokka.

-Sokka... ¿por favor?- Sokka suspiró y se cruzó de brazos.

-No me corresponde a mí, depende de papá- comenzó, luego miró a Toph -Pero hay algunas cosas que debemos establecer en primer lugar.

Toph sonrió un poco, sorprendiendo a todos.

-Dispara.

-No puedes permanecer de forma gratuita- comenzó lentamente -Así que tendrás que ayudarnos con las entregas, así como enseñarle a Aang- Toph se encogió de hombros.

-Será mejor eso, a que ustedes me dejen allí todo el tiempo- razonó ella.

-Y necesitas dejar que tus padres sepan de alguna manera, que no te hemos secuestrado- continuó serio -No podemos tener a la policía husmeando con la ciudad al borde como ahora.

-Voy a enviar una carta o algo- se encogió de hombros de nuevo.

-Tú y Katara podrían tener que compartir la habitación...

-No me gusta estar a cubierto de todos modos- lo interrumpió -Dormiré a la intemperie.

-¿De verdad?

-No hay problema- Sokka arqueó las cejas con escepticismo.

-Eres sorprendentemente poco exigente para ser una Bei Fong- afirmó.

-¿Existe algo más sobre mi parecido a los Bei Fong?

-Supongo que no.

-Entonces, está decidido- dijo ella, poniéndose de pie -Vamos a conocer a su papá.

Los tres la siguieron un poco desconcertados.

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-Yo no iría allí si fuera tú.

Ty Lee se volvió sorprendida, sólo para ver a Mai sentada en la escalinata que conducía a la puerta del apartamento de Azula. Ty Lee, revestida en su habitual color de rosa, se volvió y se sentó al lado de ella, que estaba inspeccionando descuidadamente sus uñas.

-¿Por qué no?- preguntó Ty Lee, sentándose sobre sus manos y disfrutando de la luz del sol. Mai la miró ausente.

-Ella todavía está enojada por lo de anoche- dijo en su tono aburrido de siempre.

-Ya veo… Eran los hijos de Hakoda quienes estaban ahí, y no obtuvo a ninguno de los dos.

-Ella estará loca por lo menos una semana más… Por no hablar de aquel muchacho que le quitó las ganancias del torneo- suspiró con fastidio.

-Es un milagro que no haya quemado el lugar todavía, ¿Qué está haciendo ahí dentro?

-Ella está en el teléfono con papi- dijo Mai oscura. Ty Lee se estremeció un poco.

-Me asusta cuando le llamas de ese modo- admitió.

-Bueno, el jefe Ozai es un tipo raro- respondió, cepillando un poco de polvo de su pantalón negro.

-Aún estas resentida con él, ¿por lo que le hizo a Zuko?- preguntó la chica con una sonrisa intencionada.

Mai no respondió. Ty Lee suspiró y ambas decayeron en un silencio incómodo.

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