Capitulo rating M, están informados. Violación y sus cosas raras por allí. Según yo, nada muy fuerte. Dejad comentarios por favor. Si esta un poco enredado es que no he dormido :/…
XI Asalto: Quebrado
Había despertado en un lugar oscuro y poco ventilado. Un aire pesado a humo y suciedad. Le había dolido la cabeza y sus miembros entumecidos por la droga le mantenían a flote entre la realidad y la inconciencia. Había visto sombras moviéndose a su alrededor. Había olido a humano y a algo que le había puesto los pelos de punta. Había saboreado comida y bebido agua, pero no recordaba nada más de ello.
Imágenes de los días u horas anteriores le invadían.
El herrero a donde debía buscar más información. La prestigiosa cena para un aldeano tan pobre. La mirada de pena y dolor cuando las primeras sensaciones comenzaron a invadirle. La última vez que vio el disco dorado en el cielo.
Sus sentidos empezaron a perderse una vez más. Su visión se fue apagando y el miedo en todo ese momento comenzó a invadirle.
Tenía las manos amarradas sobre la cabeza. Yacía sobre un suave lecho. Ninguna de sus armas estaba donde debía estar.
Sus sentidos volvieron a ella y dejo de tironear sus manos. Había algo allí con ella. La oscuridad no era que su visión se estuviera perdiendo, mientras su mente se aclaraba podía apreciar sombras. Era de noche.
Había algo con ella. Todos los pelos de su cuerpo se erizaron en peligro, había algo acechando, mirando, inspeccionando. Con el corazón desbocado y la boca seca intentaba ver algo, pero no había nada… empezó a tironear aún más fuerte las amarras. Fue en el momento en que unas gotas de su sangre se desparramaron por su brazos que escucho el siseo.
— ¿Quién esta allí?- pregunto con la voz contraída.
— Tienes unos ojos preciosos, lastima que hayan corrompido tú hermosa piel con esas horribles runas.
La voz vino de su lado. Pego un saltó asustada cuando una mano fría y suave le choco y le agarro la mejilla. Comenzó a ahogarse mientras iba logrando enfocar la mirada en aquel extraño.
Olía pesado, oscuro. Era alto, en su pálida cara lo único que podía ver eran esos ojos. Ojos grises cual astro nocturno. Ojos de plata, ojos asesinos. Su lobo se alteró, intento alejarse, tironeo sus muñecas. Peligro. Dolor.
— Suéltame- gimoteo paralizada por esos ojos- suéltame…
El sujeto se inclino sobre ella, le tomo la barbilla con fuerza.
— Eres mía.- susurró mientras sonreía mostrado dos pares de colmillo blancos como la cal.
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No podía estar más alterado. El olor de la licana estaba impregnado en el pasillo, no que fuera algo extraño. Pero además de aquello, había un aura tan pesada, tan triste, tan corrompida desde aquella habitación que a estado en guardia todo el día.
Ni siquiera Anexx quien es la que se mete donde no debe le había ido a molestar.
— Taillo- susurró Witkim llegando a su lado. Miro al humano y se destensó un poco.- no haz salido en toda la noche.
— Me pone los pelos de punta- comentó sin quitar la mirada de la puerta.
— Aun delira.
— ¿Tú esposa te ha dicho algo?
— ¿Además de gruñirme dices tú?- pregunto malhumorado el humano. Que este estuviera así por lo menos le ponía de buen humor a él.- poco o nada. Murmura cosas pero cuando le pregunto se va. ¿Qué sé yo lo que ha ocurrido? Además, ¿Qué tipo de enfermedad es esa?- le pregunto a él- ¿Lo haz visto antes?
Él se sintió solo un poco incomodo con ello. Porque podía reconocerlo… o al menos eso creía.
Él es o había sido, depende del punto de vista. Convertido por un vampiro bastante mayor que más allá de lo que uno espera de seres tan enfermos, lo había tenido como su maldito sirviente por casi 50 años. Cuando había sido enviado a los vampiros reyes como "tributo" de parte de su "creador" había esperado algo mejor, había esperado ser libre. Pero no, su jodido creado lo había regalado cuando él entro en estado cataléptico. Incapaz de hacer algo, había sido puesto como guardián de las comidas preferidas de sus señores. Los licanos encerrados en las mazmorras y sí, había visto esa enfermedad. Ningún licano de la edad que sea que haya estado encerrado no había sido ultrajado de todas las maneras posibles. Eran jóvenes, ninguno mayor a los treinta años. Morían jóvenes… aquella fiebre les corrompía. Sus lobos entraban en un estado de depresión tan fuerte, que sus cascaras humanas se desmoronaban… y morían. A veces, cuando un licano había sido apreciado se le daba una pequeña ceremonia que consistía en enviarlo a donde sea que hayan sido raptados. Casi siempre a los pueblos del sur. Allí donde existían las colonias más grandes de licanos. Había estado allí viendo morir licanos como por veinte años hasta que había logrado pagarse un pase hacía estas tierras como "embajador". El como nonpurix, o sea, no nacido vampiro jamás hubiera tenido una oportunidad de no ser más que un sirviente si no hubiera logrado salvarle el pellejo a uno de los reyes cuando había sido arrastrado contra el sol por un muy entusiasta licano. Había sido el único licano que no había parecido corrompido por aquella fiebre, le había tenido en estima porque sabía lo que le hacían. Había lamentado matarlo. Pero con matarlo se le habían otorgado otros cien años de vasallaje… en estas tierras, y luego la libertad.
— Puede que si- respondió al rato después.- pero todos ellos morían la primera vez.
— Asha dijo que le pasaba esto todos los años con mayor o menor frecuencia.
— Tal vez debería dejar que muriera.
En aquel momento salió de la habitación, aquel humano que no se alejaba de su lado. El tal Sandrua. Cuando lo había visto por primera vez, perfectamente le había podrido haber dado como cincuenta años muy bien llevados. Con lo que llevaba aquí y las ropas más enteras, no debía tener más allá de treinta cinco años humanos. Cabello corto oscuro, una pequeña barba, ojos sagaces. Más parecía un padre que un guerrero, pero lo había visto combatir y no era malo.
— Mis señores- saludo acercándose para pasar por su lado. Estaba cansado se le veía en sus hombros decaídos.
— Sandrua- le llamo su señor. Este se paro a pocos metros para mirarles más activo.
— ¿Hace cuanto conoces a Shayr?- preguntó este. Él se mostro un poco interesado. El hombre les miro a los dos con ojos entrecerrados hasta que soltó un suspiro. Rumio otro poco.
— Estuve presente el día en que le sacaron del castillo de ese bastardo Vishous de las Montañas. Debía tener unos quince o dieciséis años. Yo tenía poco más que ella.
El aire se heló a su alrededor. Witkim le miró tan estupefacto como él.
— ¡Mi señor!- grito alguien poniéndoles en alerta a los tres. Era Jorking.- Tenemos una avanzada sobre los pueblos, creemos que es Shoys.
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Cuanto había pasado…
No lo recordaba, o por lo menos no lo quería saber.
Sentada sobre aquel jergón podía apreciar como en aquella alta ventana entraba poco o nada de sol. Aquel que le mantenía viva… lamentablemente.
La puerta se abrió y ella pegó un respingo, la única tranquilidad que le daba es que aún el sol yacía alto. Él solo venía de noche.
Una mano cálida, muy diferente a aquella que le obliga todas las noches le toco la mejilla.
A aquella mano le había suplicado muchas veces, a aquella mano le había pedido auxilió o una vía de escape… nunca le había hecho caso.
¿Por qué? ¿Por qué ella? ¿Por qué?... lagrimas caían de su cara mientras el paño frio se extendía por su cuerpo, con especial cuidado sobre los moretones. Quería destrozarse la piel con las uñas, quería quitarse las sensaciones de su cuerpo.
— No llores- susurraba la voz- no llores…
— ¿Por qué no?- preguntaba ella y se hacía ovillo en el jergón. Adolorida como estaba su cadera enviaba latigazos de dolor.
¿Por qué no llorar? Estaba muerta. Estaba vacía. Aquel sujeto le había robado más allá de lo único que le regalaban a su pareja, su inocencia, le había quitado todo. Le había quitado su alma, su orgullo, la mancillaba si no es que noche a noche. La mordía, la violaba, bebía de ella. Le quitaba todo. Todo.
Tenía trece años, tenía toda una vida delante. Había sido el orgullo de su familia. Había sido elegida para viajar a estas tierras y ayudar a su pueblo a establecerse. Había sido todo lo que había querido. ¿Por qué? ¿Por qué?
La noche se cernía en ella. Y lo veía entrar. Su lobo se destruía. Le temía, le odiaba. Quería verlo muerto.
Con una sonrisa placida en la cara, con un cáliz en la mano. Con la ropa a medio poner. Siempre pálido, siempre frio. Con una charla amena sobre lo que había hecho aquel día, sus ansias de poder, de lo que le hacía su sangre, de lo preciosa que era para él.
Él le ponía la mano encima y ella gemía y suplicaba que la dejara.
— Ya ha pasado tanto, cachorra- susurraba sentado a su lado. Ella no podía alejarse, las amarras no se lo permitían.- hoy es un día muy especial.- le agarraba la cara y le obligaba a beber.
La droga le invadía de golpe. Le aletargaba los miembros. Y toda fortaleza que podía haber guardado para aquel momento se perdía. Le suplicaba que la matara, le suplicaba que le dejara, él sonreía, él le acariciaba. La desnudaba, la mordía en la cadera, bebía de ella y le violaba.
Siempre así… cada vez moría, moría y no quería detenerlo.
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Ocultos en el bosque podía ver el pueblo asediado.
La sangre les bullía en las venas. Podía sentir la sangre derramándose en la tierra, podía escuchar a mujeres y niños chillando, a los pobres aldeanos intentando cuidar sus hogares.
— Maldición- jadeo llevándose una mano a las costillas.
Jarek llegó a su lado y le obligo a quedarse quieto.
— No es nuestra guerra, Woul. –Le ordeno.- además poco o nada puedes hacer así como estas.
Los otros dos chicos se movían aun más nerviosos.
— ¡La guardia ya viene!- les avisó Drue.
— Llama a la manada, Woul. Movámonos al bosque.
Él se levantó como pudo y dejo salir a su lobo. Braska apareció entre de los árboles. Más grande que un lobo normal unió sus ojos a los suyos y le dio sus intenciones. El lobo soltó un aullido, uno de esos que hacía despertarse hasta los muertos. Las patas se alejaron hacía el bosque espeso y oscuro.
Lan y Drue le pasaron los brazos sobre los cuellos y le levantaron, entraron en la parte frondosa dejando atrás al pueblo. Su cuerpo ardía en llamas, no es que le doliera, pero sus músculos tenían la mala tendencia de no soportarlo y dejarlo cual estropajo sobre el suelo.
Fue un latigazo de malestar. Se soltó de ambos chicos y les dio una orden para ocultarse. Pocos segundos después apareció una alta figura en un caballo en el mismo claro donde habían estado momentos antes. Una sombra oscura, un mal augurio.
Reconoció a aquel sujeto. Alto, vestido con ropas de combate, un casco de batalla y los ojos negros como la noche en su piel blanca. El vampiro. Sus ojos negros se movían a los alrededores buscando algo que le diera su paradero. Había pistas de su lugar, pero al parecer no los vio porque haciendo un extraño movimiento con la cabeza se alejó.
— ¿Quién es ese?- susurró Drue con su cabello rojo oculto bajo una pañoleta oscura.
— El vampiro- susurró, sus amigos pegaron respingos y le miraron pálidos.- y es un inútil o esta medio ciego. Sea como sea, hay que agradecerlo.
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Vengarse. Matarlo. Vengarse, matarlo.
El vampiro le agarro ambas manos y se introdujo en ella con fuerza, jadeando extasiado. Separándole aún más las piernas
Matarlo.
Sus jadeos en su oreja, sus manos sobre sus pechos. Sus labios sobre los suyos.
Mutilarlo.
Sus manos sobre la asquerosa unión.
Desmembrarlo.
Cerró los ojos cuando el latigazo de placer le invadió. Pero lo odio, lo odio con tanta fuerza que gruño e intento morderlo pero este solo rio. Rio y le mordió.
Caparlo.
Cerró los ojos de asco cuando este termino. Con un jadeo sobre su oreja.
Podía sentir su cuerpo yendo hacía la deriva. Pero aquel día, como muchos anteriores, no se dejo desmayarse para noquearse.
Había aprendido que a la mala solo se dañaba más.
— Eres maravillosa.- murmuro y le agarro la cara para besarla.- estas de un humor exquisito. Lo haz sentido, ¿No?
Ella no respondió, porque sabía a lo que se refería. Lo tenía impregnado en la ropa. Olor cálido, a bosque, a humedad, el olor típico de licano. Pero este olor era más oscuro, más envolvente, mayor. Era el olor típico de un alfa.
— Si, mi cachorra. Mi caza ha dado los frutos que esperaba. Tengo otro como tú. Un malhumorado chico, pero solo hay saber domarlo, ¿No? Te daré una tranquilidad especial. Me iré unos días. Una gran fuente de poder me espera y debo estar preparado, ¿No lo crees?
Lanzándole las tapas por encima, le dejo allí.
Había otro licano en sus tierras. Lo había sabido, por ello luchaba, por ello lo hacía. Si lo mantenía entretenido no le haría daño a nadie más, ¿No? No iría contra aquel licano si la tenía a ella ¿No? Era lo único que le mantenía viva. Saber que le estaba dando la oportunidad de libertar a otro.
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Limpio su espada sobre la capa de uno de los hombres caído. Estaba rabioso y si no fuera porque habían un montón de hombres a su alrededor habría de tomar al primer moribundo y matarlo por completo.
Había dejado de comer por culpa de la licana, su sangre le había ayudado un montón, habría creído que le daría la fuerza necesaria para mantenerse por más de un mes, pero veía que no. La sangre le había ayudado bastante, pero llegando a un punto, que sería entre esos días. Habían disminuido drásticamente. Su ceguera había sido lo primero que le ataco. Durante el día era más preciso, aunque nunca lo necesitaba realmente. Pero durante la noche era su punto blando. Debía comer ese día, o estaría jodido.
Había sentido a los lobos de nuevo, pero su olfato jamás había sido excelente por si. Ser un Non-purix era un asco.
Witkim estaba con Jorking y algunos sobrevivientes.
— Hombres del este- le dijo Jorking.
— Atadlos y llevadlos al castillo.- ordeno Witkim.- Jorking encárgate.- se giro hacía sus hombres. -Ayudad a los sobrevivientes e erigid las casas que sean necesarias.
Los más cercanos a él asintieron y se pusieron manos a la obra. Witkim se acercó a él.
— ¿Lobos? ¿De nuevo?- preguntó. El hizo un mohín.
— Necesito comer- anunció. El hombre abrió los ojos de golpe y luego hizo un movimiento con la nariz.
— Tomad a cualquiera de ellos.
Witkim no era exactamente fan de sus comidas y mucho menos le había dado "autorización" para cazar en sus tierras. Esto estaba abriendo caminos inesperados.
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Habían pasado tres días/noches desde que el sujeto no volvía. Y no podía estarse tranquila, situaciones como esta no le daban ningún respiro. Siempre volvía, más hambriento, más lujurioso.
Había sido liberada de la cama, lo que dejaba que sus músculos en sus piernas no se atrofiaran, pero los guantes de sus manos eran el problema. Eran mitones amarrados a sus muñecas con una cadena. No podía mover los dedos y no podía agarrar nada con ellos. Impedían cualquier movimiento de su parte.
Aprovechando los pocos rayos de sol que se perdían se dejo caer aún lado del pequeño brasero que le depositaban en noches como aquellas. El calor era lo único que le mantenía viva.
Se quedo dormida aun lado de este.
Aquella noche… aquella noche fue la especial de su vida.
Había despertado cuando algo había hecho ruido en la habitación. Como un jadeo al hacer un esfuerzo.
El olor impregno la habitación de golpe. Cálido, bosque, humedad.
El corazón se le desboco loco mientras intentaba ver algo en la oscuridad y en el adormilamiento de sus ojos. Veía una figura parada más allá. Una figura enorme, dos cabezas más grande que ella. Mucho más ancho. Se movió lentamente, pero llamo la atención de este en el momento.
Un poco de luz de la luna entro en la habitación.
Era un chico. Un hombre. Ojos azules claros como cielos. De rostro rudo y cabello ondulado y desparramado por facciones serias y duras.
Sintió miedo. Mucho miedo. Aquel sujeto desprendía rudeza. Era un licano, pero no lo conocía. Era el olor que se impregnaba en las ropas del vampiro.
Este se acercó hacía ella. Con pasos firmes y rápidos, fue incapaz de hacer algo más que pegarse a la pared cuando este a penas un metro lejos de ella se paro.
— ¿Quién eres?- pregunto con la voz ronca, cálida. No había ese tono siseante como la voz de Vishous, si no cálida, agradable, ronca como si no la ocupara demasiado.
— No me hagas daño.
El sujeto le agarro la cara. Cuando puso su dedo sobre las runas y las movió de un lado a otro como si quisiera saber si estaban marcadas en su cara o solo fueran pintura. El tacto, tan extraño le puso los pelos de punta. Había algo hipnotizante en sus dedos, en su cercanía. Su corazón se tranquilizo.
— ¿Hace cuanto estas aquí?- le pregunto dejando caer su mano. Ella hecho de menos el tacto, el calor.
— No lo recuerdo.
El licano se alejó un poco y le miro de arriba abajo. Se sonrojo y sintió que le apuñalaban el pecho cuando este dirigió su cara hacía las notorias marcas de dientes en sus caderas. Vishous solo le entregaba una falda y algo parecido a un peto de cuero. A él le gustaba ver las marcas de sus dientes en su cintura. Cuando este extendió una mano para tocar estas. Ella se ovillo, temblorosa.
No quería ver la vergüenza en sus rasgos. No quería ver la condena. Esto era un deshonor para su pueblo. Nada podía ser peor que haber sido mancillada de tal manera, no para ellos que protegían a sus parejas hasta la muerte.
— Vete- jadeo suavecito. Las lagrimas acumulada en sus ojos.
Lo sintió moverse por alrededor. Podía ver su figura moverse por la cama, tocado allí donde colgaban sus cadenas. Los paños ensangrentados y las ropas destrozadas. Ovillada lo veía, con lagrimas empañando su figura. Los pocos rayos de luz cayeron sobre sus facciones cuando este se coloco cerca de la ventana.
Podía ver su cara destrozada. No sabía porque, pero parecía más dolido cuando de un saltó desapareció por la ventana.
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Maerys soltó un suspiro mientras dejaba el paño de lado. La fiebre disminuía. Se giro hacía Asha que miraba por la ventana.
Había amanecido hacía poco, pero por lo poco que había logrado escuchar, solo Sir Taillo había vuelto con unos cuantos hombres, cuando Asha había vuelto luego de enterarse del ataque no había salido de la ventana.
— Shayr ya esta más tranquila, Lady Asha, ¿Por qué no vas a esperar a tu señor esposo abajo?
— Aquí estoy más tranquila- susurró la mujer. Y se llevó una mano al estomago. Ese pequeño movimiento le puso en alerta.
— ¿Esta embaraza?- pregunto ella asombrada. La mujer se giro de un saltó.
— No yo no… solo, preocupada.
Maerys solo le miro mientras volvía su atención a Shayr, quien parecía haber abierto los ojos de pronto solo para desmayarse una vez más.
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Dormía sobre el jergón cuando algo destello a su lado. Pego un brinco mientras veía en la noche como una figura metía carbón sobre las brazas casi extintas, y la habitación se ilumino un poco. Era el licano, una vez más.
Algo traía entre sus manos.
Estaba amarrada por lo que no pudo moverse demasiado cuando el sujeto se sentó aún lado de ella. Este estiro las manos para ver las cadenas pero cuando las toco siseo. Era plata. Si ella no tuviera los guantes en sus manos ya sus muñecas estarían cercenadas.
— ¿Qué haces?- preguntó preocupada cuando este dejo aún lado caer varías hierbas. Se hecho algunas a la boca y comenzó a masticar.
Le agarro las caderas, cuando ella se retorció para que no le tocara ni mirara, este envió una orden con un gruñido. Sus ojos azules estaban más intensos que nunca.
Su lobo se calmo en el acto. Sumida cual lobo beta su rango ante un alfa. Con el corazón desbocado le miro mientras este desparramaba las hierbas curativas ante los piquetes que ya habían hecho mella en su cintura. Habían unos rojizos que se imaginaban estaban infectados, dolieron un poco. Este le quito las hierbas y planto otras encima. Las limpio luego de haberlas frotado.
Este saco algunas otras cosas de su manta y un pedazo de pan.
¿De donde había sacado eso? ¿Como subía hasta allí? Ella sabía que estaba en una torre. Era un licano, sabía que el vampiro debía tenerlo sumamente protegido.
— ¿Por qué lo haces?- pregunto compungida.
— Silencio- le ordeno y le tendió un pedazo de pan. Ella demoro un poco en aceptarlo. Estaba cálido y sabroso, lo saboreo encantada- estas aquí hacía poco más de un año- le contó mientras cortaba otro trozo de pan. Ella se trapico.
— ¿Tanto?- susurró. Lagrimas empezaron a caer de sus ojos. Este se las quito despacio.- mátame.- susurró bajito. Este detuvo el movimiento de sus manos y le miro serio- por favor.
— No.
Y la beso. Un beso cálido, tentativo. Algo dentro de ella exploto de emoción. Cerró los ojos por un acto tan viejo pero a la vez tan nuevo.
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— ¿Seguro que estas bien?- pregunto Lan mientras dejaba caer en los brazos de Drue un par de conejos.
— Seguro- gruño.- es la maldita pregunta de todos los meses, Lan.
— Si bueno, es que cada mes esa horrenda cara tuya es más horrenda.
En aquel momento una sombra apareció en el claro. Los tres humanos se tensaron y luego soltaron un suspiro cuando entro medio trotando Braska, dejo caer aún lado de Drue lo que debía ser el pedazo de un ciervo y se acomodó a su lado. Dejando su pesada cabeza sobre su estomago. El levantó la mano para acariciarle detrás de las oscuras orejas.
— Mira tú, si hasta el lobo sabe a quien le toca envenenarnos esta noche.- se burló Lan dejando el arco de lado.
Desde uno de los árboles cayo Jarek. El más grande todos, con el cabello oscuro detrás de las orejas. Una cicatriz que le pasaba por la mejilla y sus ojos bicolores. Jarek había sido el que los organizaba y les había enseñado a la mala, todo lo que habían aprendido luego de sus ocho años y siete de Drue.
— Descansen. Los lobos han hecho un perímetro y estamos en la mitad de la nada.
El soltó un suspiro y cerró los ojos.
Esos humanos sabían lo que era él, lo sabían y aun así no hacían nada porque eran una panda de estúpidos. Pero lamentablemente esta panda de estúpidos eran sus hermanos. Mañana seria luna llena, usualmente su raza al hallarse en contacto con humanos eran muy agresivos, a veces asesinos sin control. Pero él, no. Su padre le había dado más regalos de los esperados y este era uno de ellos. El poder de controlar a su lobo en las noches de luna llena. Una habilidad de pocos y él estaba sumamente orgulloso de ello.
Estaba amaneciendo cuando empezaron los turnos. Braska se marcho dejando un extraño vacío a su lado. Su lobo, era su mejor compañía y que mejor cobija con todo ese pelo de sobra.
— Woulfbez- susurró Jarek quien estaba haciendo el turno. Sus otros dos amigos dormían cual estropajos.
— ¿Si?- preguntó.
— Ese vampiro…
— Jak- le cortó él.
— Recuerdo a los monjes hablando de ello, Woul. Recuerdo a tú padre…
— ¡Lo sé!- susurró con la voz quebrada.- lo sé….
— Solo… solo ten cuidado, hermanito. ¿Ok? Tu padre saldría de la tumba solo para golpearme.
— Y a mí para revivirme y matarme el mismo.
Jarek le sonrió mientras se alejaba a hacer guardia.
Su padre le mataría simplemente por haber salido del santuario. ¿Pero ya era mayor, no? Y quería respuestas. Y solo un humano las tenía. Sandrua.
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Mientras dejaba a sus antiguos hombres más tranquilos ante la recuperación de Shayr se dejo caer cerca de Janiel quien le tendió un odre con vino.
La verdad es que más que preocupado por la enfermedad lo estaba por esa noche. Era luna llena. Y Shayr no debía estar cerca de nadie. Alguna vez le había contado que en su pueblo podían controlar a la bestia, pero luego de su paso con ese bastardo de las montañas era completamente descontrolado.
Cuando vivían en el catillo Sions, él siempre había sido puesto a dormir cerca de la chica. Según su señor, era su responsabilidad cuidarla y con el tiempo se lo había hecho algo casi normal estar a su lado, ayudarle y calmarle. Había desaparecido algunas noches y esas noches luego se hicieron notorias, por lo menos para él. Cada luna llena se iba, se iba pero no sola. Siempre se llevaba consigo una fuente del vino mezclado con agua ardiente. Un odre de esa podía desvalijar a cualquiera. Ella a veces bebía tres para colapsarse.
Cuando se entero de lo que era le había pillado poco antes de que saliera la luna llena. Estaba ebria y asustada le había estado gruñendo para que se marchara. Cuando la luna llena le impacto y se transformo se había quedado congelado. Esa vez ella no le hizo nada, con los ojos nublados por el alcohol se había desparramado cerca de un árbol.
Incapaz de ayudarle le había esperado al día siguiente en su pequeña habitación. Le había contado todo y le había entregado su daga para que le decidiera su suerte.
Él no pudo hacerlo… ella era, su hermana. Y siempre lo fue. El mismo mataría a ese vampiro por todo lo que le hizo. Por haberla roto a alguien tan admirable, por haberle robado una familia.
Por los Dioses, el mismo mataría por darle a ella, la tranquilidad de una vida normal.
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Cuando el sujeto se retiro muy despacio, ella le miro cohibida. Le gustaría haber tocado sus labios, porque estaban cálidos y le picaban un poco, un suave hormigueo. Inconscientemente se los lamio para sentirlo un poco más; el sujeto soltó un gruñido gutural que le hizo observarlo.
Su mirada había cambiado, ya no era fría ni metódica, si no cálida, con los ojos bajos, el rostro sereno y los labios semiabiertos. A ella se le escapo el corazón por la boca al verlo tan diferente.
— ¿Cómo te llamas?
— Wulfric.
Le tomo el rostro entre las dos manos, se sentó más cerca y la beso una nueva vez.
Un beso largo, cálido. Cuando su lengua dio unos golpecitos sobre sus labios ella se derritió allí mismo al sentirlo dentro, su sabor era intoxicarte. Se ahogo en sensaciones que hasta el momento jamás había sentido. Cuando la mano de este acaricio levemente su cuello se inclino hacía él en busca de más sensaciones, de caricias cálidas.
Vishous era frio, sus caricias eran frías e inclinadas a sensaciones baratas. Cuando la besaba ella se retorcía hasta que este le sujetaba la cara, cuando la acariciaban era brusco y su calidez, solo era cálido cuando el acto sexual estaba a punto de empezar.
Cuando el beso termino, ella estaba satisfecha. Satisfecha como jamás lo había estado. Un agradable mareo, y el cálido efluvio del licano la tenían atiborrada de bienestar.
El sujeto se marcho dándole un breve beso.
Despierta adolorida. Le duelen los ojos y el cuerpo, peor aún la mente.
Otra vez… lo sabía. Los recuerdos están vividos en su mente.
Hay olores fuertes a su alrededor, pócimas, medicamente, hierbas. Ella misma huele como el demonio.
Se queda tiesa al notar el cambio.
Ho por todos los Dioses… es luna llena.
Se levanta cuanto puede. Debe llevar algunos días de fiebre porque su cuerpo esta débil. No hay nadie en la habitación por lo que se imagina que eso cambiaria pronto. Hay aun una fuerte luz por lo que le quedan algunas horas para salir de allí y alejarse. Se le distorsiona un poco la vista e intenta callar las voces en su cabeza.
Siempre era así, siempre recuerda ello.
Vishous había estado marchándose por grandes cantidades de días. La mujer que le daba de comer o ayudaba un poco con la limpieza hablaba de invasiones en el sur.
Había sido una de esas noches, en que le habían dejado libre cuando Wulfric apareció una vez más.
Estaba un poco tenso, había recibido ya visitas de él. Siempre le traía algo, ungüento, un pedazo de dulce o algo especial.
Cada vez le daba más asco ser tomada por el vampiro, cada vez peleaba más. Cada vez él era más bruto, más urgente, más rudo. Le había hecho una herida grave en la piel que Wulfric había visto días después. Era ya una vergüenza que el supiera lo que hacía con ella, ver su rostro roto y enfurecido le apenaba aún más.
Fue unos días antes de la luna llena. Había estado con malestares desde el amanecer del día anterior. Algo caliente se retorcía en su estomago y más que un malestar era una sensación desagradable.
Estaba recién anocheciendo, aun había un poco de luz en la habitación cuando Wulfric apareció.
Se asusto un poco porque era un horario en que aún lo podían ver. Pero cuando se acercó a él un poco se quedo quieta.
— ¿Wulfric?
Cuando pregunto no lo sintió. Fue un efluvio, algo extraño en el ambiente.
Esa cálida sensación en su estomago pareció burbujear, un calor extraño se expandió por su cuerpo. El lobo gruño algo y dio un paso hacía atrás atolondrado mientras chocaba contra la pared. Se llevó una mano al cuello y jadeo algo.
Ella se retorció un poco porque la sensación no se quitaba. Se acercó a Wulfric preocupada por el leve temblor que le estaba invadiendo. ¿Estaría herido? ¿Le habían hecho algo?.
— Aléjate- le dijo levantando una mano temblorosa. Ella no le hizo caso. Tomo su mano y se acercó a él. Cuando lo miro soltó un jadeo.
No alcanzó a alejarse cuando la mano se aferro a sus dedos. Le empujo hacía si, le tomo desde la cintura y la planto contra la pared. Su cuerpo caliente, su mirada, todo él desprendía tanto calor. Se mareo por las sensaciones.
— Lo siento- susurró y antes de que ella pudiera o decidiera hacer algo. Le beso, un beso caliente como nunca, posesivo, abrasivo. Pronto la cabeza le dio vueltas. Se asusto al sentirlo excitado contra su estomago. Pero no pudo hacer nada cuando sus manos se movieron con cariño por sus caderas, cuando la levanto contra la pared y ella mecánicamente puso sus piernas alrededor de él. Sus sexos se encontraron y ella exploto… no había recuerdos, no había humillación, eran ellos dos.
El solo recuerdo de esa noche hacía que se le acalorara. Wulfric le había hecho el amor como jamás lo había sentido. Había conocido el cuerpo de un licano mayor a ella y el placer de la unión. Se había aferrado a él por las sensaciones devastadoras. Había llorado al llegar al clímax. Cuando este le había soltado estaba a punto de amanecer. La beso y le obligo a acurrucarse a su lado. Había entendido todo en los días siguientes.
Wulfric era su pareja… y aquella sensación burbujeante era cuando encontrabas a tu pareja y estabas lista para crear una familia.
Asustada como había estado días después se había enterado de la realidad.
Había quedado embarazada.
