Capítulo 2.
¿Palomitas? Listo.
¿Un refresco extra grande? Listo.
¿Maratón de películas de terror en la tele? Listo.
¿Casa sola? Listo.
Todo el plan perfecto para pasar un buen viernes por la noche. Ray trabajaba el turno de la noche y no llegaba hasta bien entrada la madrugada, el tiempo perfecto para pasar un buen rato en soledad.
Agarró el bol con las palomitas, el refresco y varios chocolates y golosinas y se encamina hasta el sofá. Todo estaba preparado, la película estaba por comenzar y el televisor estaba programado para no cambiar el canal durante varias horas. Dejó todo lo que llevaba en la mesa de centro y fue a sentar en el sillón, cuando sus ojos cantaron una mancha negra acomodada entre los cojines.
El gato de Ray lo miro desde su lugar soltado un molesto siseo de advertencia. Se froto contra los cojines mientras lo miraba fijamente. ¿Acaso el maldito gato le estaba diciendo que el puto sillón era suyo? Pensaba Zack mirando el comportamiento territorial del felino.
- Escucha maldita bola de pelos con pata. - Era tan raro estar hablando con un animal. - No estoy de humor para tu mierda justo ahora, quiero ver mi maratón de películas y pasar una noche tranquila, así que anda a joder para otro lado y sal del maldito sillón. - Le tiro un cojín para espantarlo pero el gato sólo lo esquivo y se preparó para atacar.
El gato soltó una serie de maullidos enojado y le dio un zarpazo cuando Zack intentó tomarlo por el pescuezo y tirarle lejos.
- ¡Mierda! - Grito cuando sintió el ligero ardor, las vendas de su mano comenzaron a mancharse de color rojo cuando la sangre comenzó a salir. - Es todo. De todas formas Ray no notara tu ausencia. - Se alejó para abrir un pequeño armario y sacar su preciada guadaña de dentro, luego se acercó dispuesto a cortar al gato por la mitad. - Ven aquí, vamos a jugar un rato.
Así comenzó un guerra en la sala; Zack arremetía cortando todo a su pasó en un intentó de atrapar al veloz felino, mientras el gato esquivaba y atacaba en los momentos más oportunos. En pocos segundos varios muebles fueron convertidos en simples trozos de madera, estantes rotos desperdigados por el suelo y muchas figuras de vidrio y cerámica convertidas en cenizas.
Zack y el gato no terminaron en mejores condiciones: Zack cantaba con múltiples arañazos por todo el cuerpo y la cara, la mayoría de sus vendas sueltas, el gato había perdido las vendas y la pequeña sudadera que le hizo Ray fue destruida hasta convertirse en un simple montón de hilos, también tenía varias partes sin pelo. A su alrededor todo estaba lleno de sangre y pelo, todo parecía salido de una escena del crimen.
Horas después y con el maratón de películas terminando, los dos se dejaron caer en el sillón agotados hasta la médula e intentando recuperar el aliento. Toda la sala era un desastre, Ray iba a estar muy molesta cuando viera todo lo que tendría que gastar para repararla, esperaba que está vez decidiera deshacerse del gato. Miro las últimas escenas de la película antes de que aparecerán los créditos. Suspiro frustrado rescostandose contra los cojines.
- Genial... En serio quería ver esa película. - Se cruzó de brazos enfurruñado y miro al gato con molestia y rencor. - Todo esto es tu culpa. - Le señaló resentido.
El gato dejó de lamerse las partes sin pelo de su lomo para mirarlo, abrió la boca enseñando todos sus dientes y luego se sacudió dejando salir un resoplido parecido a una risa. Genial, ahora el gato se estaba riendo de él. ¿Había algo más loco que eso?
Al final agarró un chocolate que se había salvado del desastre y terminaron viendo los dos un programa de vida salvaje en Animal Planet, con mordidas y muchos insultos de promedio. Al final terminaron pasando un rato agradable y tranquilo.
.-.-.
Era bien entrada la noche cuando Ray volvió a su hogar, su turno se había extendido demasiado y sólo esperaba llegar y tomar un merecido descanso.
Lo primero que noto al cerrar la puerta fue el peculiar silencio que había en el lugar, exceptuando por el murmullo del televisor, todo lo demás estaba tranquilo; no había gritos, ni insultos o cosas rompiéndose. Solo silencio.
Lo segundo que noto cuando puso un pie en la sala fue el completo desastre en el lugar; estantes caídos, muebles rotos y muchos trozos de vidrio en el suelo, lo único que al parecer se había salvado era el televisor y el sillón, todo lo demás era un completo desastre. Lo que más le alerto fueron los bollos de pelo que robaban por el suelo y las gotas de sangre seca por todo el lugar. ¿Acaso Zack...? No, el nunca haría eso, especialmente cuando le dijo que no lo hiciera. Bueno, tal vez sí era posible.
Escuchó un ruido proveniente del sillón y se acercó cautelosa al lugar temiendo lo peor.
Lo rodeo esperando encontrar sangre y un pequeño cuerpo destrozado, pero lo que encontró fue algo totalmente diferente y muy ¿tierno?
Zack dormía extendido a todo lo largo del pequeño lugar, con una mano tras su cuello y la otra sobre su estómago completamente relajado, roncaba levemente con la boca abierta. Pero lo que más le dio ternura fue el pequeño gatito que dormía sobre su pecho ronroneando a gusto.
El pequeño gatito se encontraba enrollado sobre sí mismo, con su pequeña cabecita oculta entre el hombro y cuello de Zack mientras ronroneaba de forma audible.
Ray no se resistió y término sacandoles varias fotos, esa sería una buena forma de molestar a Zack y obligarlo hacer todo lo que quisiera. Buscó una manta para taparlos y se fue a su habitación para dormir un largo rato, mañana limpiarían todo.
Zack se removió en sueños acercando su mano al cuerpo del gatito para acariciarlo acercándolo más a su pecho. El pequeño gatito se dejó hacer con gusto disfrutando del calor que desprendía ese molestó humano.
Ellos se odiaban. Se odiaban mucho, en realidad pero por ahora, sólo por ahora, dejarían pasar su odio y sólo se dedicarían a disfrutar el calor del otro.
