Trucos de Salón

Cap. 19

Aang resopló con fuerza en su sueño, despertando a Katara. Ella gimió.

-Owww

Lo primero que notó fue el dolor de cabeza. Abrió los ojos y los cerró de inmediato. El mundo no se supone que debía a girar de esa forma. La segunda cosa que notó, fue una respiración. Alguien estaba respirando en su nuca. Esta misma persona había envuelto sus brazos alrededor de su cintura con tanta fuerza, que le sorprendió no haberse asfixiado. Aang. Por supuesto que era Aang. ¿Quién más iba a estar dormido con ella?... ¿Detrás de la barra?

-Ay...

-¿Ay?

Ella saltó y miró hacia arriba. Su padre estaba de pie junto a la mesa de billar más cercana.

-Dios-mío- suspiró. Lo único que atinó a hacer fue a agacharse y fruncirle el ceño al piso.

-Dios mío, ¿eh?- preguntó desapasionadamente -¿Qué ocurrió exactamente esta vez?

Katara se desenredado a sí misma del cálido abrazo de Aang y se sentó, casi golpeando su cabeza en la parte inferior de la tabla.

-Bueno... él ya es un maestro Agua, terminé de entrenarlo ayer- comenzó lentamente, frotándose la cabeza -Así que tomamos una copa de celebración y... otra… y unas pocas más...

Su padre sólo arqueó una ceja y ella frunció el ceño.

-Oh vamos, Sokka se emborracha todo el tiempo.

-Sí, pero después yo no lo encuentro dormido con una chica bajo una mesa de billar- dijo, todavía con el ceño fruncido.

-Sólo porque no lo encuentres no significa que no suceda- señaló ella con amargura.

-¿Cuánto de anoche recuerdas?- preguntó, haciendo caso omiso de ella.

Katara se mordió el labio.

-Um... después de la tercera copa... no mucho- admitió, luego sus ojos se abrieron un poco.

¿Qué ocurrió entre los dos?... ¿Y si hubiera ocurrido algo?... Ella miró a Aang, todavía dormido en el piso. No sentía como si algo hubiera pasado.

-Yo estoy bien, papá. Nada... paso- Hakoda suspiró.

-Está bien, pero estén preparados para que Sokka y Toph les den una surra- le advirtió en voz baja -Sokka los vio esta mañana y en mi opinión, él muchacho tiene suerte de seguir intacto- Katara suspiró de nuevo.

-Oh Dios.

-No hay café en la cocina- señaló Hakoda después de un rato, volviendo hacia la puerta y ajusto sus pantalones -Manténgase hidratados, coman algo, deberán sentirse mejor en un par de horas.

-Sí, gracias- murmuró.

Hakoda salió del lugar y Katara se quejó de nuevo.

-Owww... mi cabeza...

-Deja de gritar -se quejó Aang.

Katara se volvió y lo miró. Tenía el ceño fruncido, los ojos rojos… y toda la pinta de haber salido de una pelea.

-No estoy gritando- dijo en voz baja, acercándose y lo ayudó a sentarse.

-¿Entonces por qué se oye tan fuerte?- preguntó enfadado -Mi cabeza... aaay...

-Si, sé de que hablas- suspiró ella -Vamos... regresemos a la casa. Hay café.

-El café suena bien- respondió vagamente, lo que le permitió a ella ayudarlo a levantarse.

Por desgracia, no llegaron a la casa inmediatamente. Lo siguiente que Aang sabía, es que él estaba de rodillas detrás de la barra, vomitando en un cubo. Pero por muy desagradable que fue, le hizo bien disfrutar de la sensación de la cálida mano de Katara en su espalda. Y el beso en la mejilla de camino de regreso a casa le gustó aún más. El sol ya estaba alto en el cielo cuando por fin llegaron a casa. Sokka y Toph por desgracia, los estaban esperando en la cocina.

-Así que, ¿durmieron bien?- preguntó Sokka con una sonrisa satisfecha.

Katara lo miró pero Aang no le hizo caso. Sokka le entregó una taza a cada uno, llena de café humeante. Aang le arrebató la taza a Sokka con pereza y se retiró de la sala. Katara se sentó a la mesa y tomó un largo trago.

-¿Qué hiciste con él?- Toph se echó a reír, con un tazón de cereal vacío a su lado.

-Tomamos un par de copas- dijo Katara con firmeza -Tuvimos una pequeña charla…

Toph soltó una risita.

-Y luego se quedó dormido debajo de una mesa de billar.

-Por favor, eres una maldita vampira- Toph se echó a reír otra vez -no tienes que emborracharlo Reina de azúcar. Se está cayendo por ti de todos modos.

-Calla- estalló encolerizada -Deja de hablar de él de esa manera... deja de hablar así de mí. Nuestra relación no es de tu problema. Él es mi mejor amigo, así que deja de hablar de él como si fuera sólo un premio con el que jugar después.

Se detuvo un momento, poniéndose de pie. Sokka y Toph la miraron un poco sorprendidos.

-No actúes como si fuera la misma historia de siempre… como si ya lo has visto todo antes. Porque no somos como los demás. Nunca vamos a ser un cliché, así que deja de pretender que lo somos.

Y con eso ella salió de la cocina, café en mano.

-Así que ella tiene su temperamento- dijo Toph después de un largo silencio.

Ella miró en dirección a Sokka.

-Gracias por avisarme.

-Oh sí, ten cuidado con eso- dijo encogiéndose de hombros -Probablemente no ayuda que ella tenga resaca.

Él lo pensó por un momento.

-Vamos a salir a la ciudad pronto, sospecho.

-¿Por qué?

-Katara y yo conocemos los mejores lugares para comer durante una resaca- se encogió de hombros de nuevo -Como este... restaurante de la Tía Wu, en el lado oeste. Ya sabes, ¿el que está en el viejo vagón de ferrocarril?... Él encargado hace hamburguesas con huevos revueltos incluidos y la mejor comida picante.

-¿Chilaquiles?

-Lo mejor en comida anti-resaca en la ciudad.

-Interesante.

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-¿Katara?

La joven maestra agua se detuvo en su camino a su habitación. Aang se encontraba en el marco de la ventana con su taza, mirando con curiosidad hacia fuera. Ella se apoyó en el marco de la puerta y tomó un sorbo de café. Éste quemó el fondo de su garganta en su camino abajo, misma que sentía un poco extraña de todas formas debido las copas la noche anterior.

-¿Sí?

-¿Tú... recuerdas todo lo que pasó anoche?- preguntó con cautela.

Katara tomó otro trago.

-Em... en realidad no- murmuró.

Aang se sonrojó y bajó la vista.

-Ah... yo tampoco.

Ella frunció el ceño.

-Estás mintiendo- dijo lentamente, los ojos del chico se abrieron -Nosotros no...

-No, no, no- dijo Aang a toda prisa.

Estaba tan nervioso que casi derramó su café y algunas gotas le quemaron un poco al caer en su regazo.

-Yo sólo... yo... pude tratar... de besarte.

-Oh... pudiste tratar.

-Los detalles son un poco difusos- ella se rió un poco, incrédula.

-Mentiroso- dijo, sacudiendo la cabeza -Dime lo que pasó.

-Bien- gruñó, mirando por la ventana -Decidí que quería besarte. Y tu decidiste que querías que yo te besara.

Katara se sonrojó.

-Oh, bien...- murmuró, recuperando algunos detalles y fragmentos -Te lo perdiste.

Él ardió en vergüenza, levantando la taza un poco.

-Por los besos y lo no perdido- dijo riendo nerviosamente.

Ella levantó la taza en su dirección y se pasó una mano por el cabello despeinado, riendo ligeramente en una especie de desconcierto.

-Oh, hombre- suspiró -¿Sabías... que caíste del asiento?

-Lo hice- admitió sin pudor -Y subiste sobre el mostrador para asegurarte de que estaba bien.

-Así es como terminamos bajo la mesa, frente a la barra.

-Eso creo. Y creo que podría haber tenido una conmoción cerebral en la caída. No recuerdo nada después de eso.

-Oh por supuesto, culpa a la caída… no a los cuarenta galones de Luz de Luna que bebiste.

Aang se echó a reír pero se detuvo en breve pues eso hizo que le doliera la cabeza.

-Vamos a tener... la próxima vez más cuidado- sugirió con una sonrisa dolorida.

-De acuerdo- suspiró Katara, sonriendo mientras se volvía de nuevo al pasillo.

Llegó hasta su cuarto, se sentó en su cama y poco a poco tomó su café. La cabeza estaba golpeteando y su estómago se revolvía, pero se sentía extrañamente tranquila. Así que había decidido darle un beso... y ella había decidido que quería que la besara… Recordaba vagamente la conversación, si es que podría llamársele conversación. Sin embargo, era obvio que eso había sido fácilmente decidido porque era el alcohol quien estaba hablando. Él no tenía que saber que en realidad si quería que la besara... Hizo una pausa, casi dejando caer la taza. Fue todo por culpa de ese estúpido armario… De ese estúpido y completamente sobrio casi-beso. Él era todo en lo que podía pensar y eso la estaba volviendo loca. Suspiró profundamente y tomó otro trago. Definitivamente era tiempo para algo de comida anti-resaca.

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-¿Realmente nunca has estado en Mickeys?- preguntó Sokka con incredulidad mientras los cuatro se dirigían hacia el oeste del distrito, justo a un lado de los grandes almacenes. Appa trotaba junto a ellos.

-Hola… mis padres me mantuvieron en secreto- resopló Toph -No salía mucho exactamente durante el día.

-Cierto.

Aang y Katara caminaban detrás de ellos, todavía se estaban acostumbrando a la luz del sol. Aang había tirado del sombrero sobre sus ojos, tanto, que apenas podía ver por dónde iba, así que Katara le tomaba del brazo para impedirle entrar en el tráfico. En una esquina de la calle ancha, estaba levantado un vagón comedor enorme, sacado literalmente de un viejo tren de pasajeros. Era un lugar bastante apacible, había sido remodelado muchas veces y en consecuencia lucía casi elegante. Pero eso no importaba. El lugar se había convertido en un restaurante hacía casi diez años… Katara y Sokka lo encontraron como el mejor lugar para comer después de una cruda durante sus muchas aventuras.

El propietario, Mickey, era un viejo conocido… un hombre bonachón y enorme con una espesa barba de candado. Mickey se echó a reír en cuento los vio, mientras ellos caminaban hasta una de las mesas.

-Me preguntaba cuándo estaría viéndolos venir- se rió de nuevo, saliendo detrás del mostrador y llevando una mano al hombro de Sokka -Pasaste la noche en el Unagi otra vez, ¿eh?

-No- respondió Sokka con una sonrisa -Yo estoy bien. Katara, sin embargo… digamos que pasó la noche debajo de una mesa de billar.

Mickey parecía muy sorprendido, se volvió hacia Katara y ésta se ruborizó avergonzada. Aang tiró del sombrero aún más abajo en su rostro y Mickey se echó a reír.

-Nunca pensé que vería el día- bramó -Mi inocente y pequeña Katara se encontró un compañero de bebida.

Katara se sonrojó.

-Es un amigo Mickey- murmuró.

El aludido puso los ojos en blanco.

-Claro, claro...

Se rió entre dientes mientras se movía detrás del mostrador con expresión divertida.

-Dos huevos revueltos, hamburguesas… y mucho picante vienen en camino.

-Que sean cuatro, Mickey- agregó Sokka mientras se acomodaba en la silla -Toph probara con una.

-¿Dos compañeros de bebida nuevos?- Mickey preguntó mientras desaparecía en la cocina -Interesante.

-No. Sólo dos nuevos amigos- le respondió Sokka en voz alta y encogiéndose de hombros.

Toph sonrió un poco. Minutos más tarde, Mickey fue a colocar cuatro hamburguesas en la mesa junto a dos platos repletos de huevo revuelto con chilaquiles, y un pocillo lleno de café de cortesía. Katara sonrió agradecida. Él regresó momentos después y colocó un plato de hamburguesa cruda debajo de la mesa para Appa.

-Entonces, ¿por qué estamos comiendo esto?- preguntó Aang, levantando la parte superior fuera de su hamburguesa para cerciorarse de que estaba cubierta, de hecho, con más picante.

-Alimento contra resacas, Sparky- respondió Katara, que ya había comenzado con la suya -Estas cosas te traerán de vuelta más rápido de lo que crees.

Toph masticaba su propia hamburguesa pensativa, tratando de ignorar lo fuerte que Sokka estaba masticado.

-Sabes… estas cosas no son ni la mitad de malo de lo que imaginé- admitió finalmente -Supongo que puedo confiar en el juicio de un par de mocosos de destilería cuando se trata de comida.

-¿Mocosos de destilería?- Sokka repitió resoplando -Claro.

-Bueno... me siento mejor- comentó Aang aliviado, después de un rato.

Katara le sonrió con satisfacción.

-Te lo dije.

-Nunca había dudado de ti- señaló con diligencia.

-No en voz alta- se burló ella -Pero lo hiciste.

Ella suspiró dramáticamente.

-Supongo que esto sólo muestra que yo siempre tengo la razón.

-Ahora lo sé…

Toph tomó otro bocado de su hamburguesa.

-Esto va a ser molesto- dijo.

-Molesto fue hace un mes- respondió Sokka -Ahora simplemente es ridículo.

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Mientras los chicos terminaban con sus respectivos alimentos, una pareja entro al establecimiento y en cuanto encontraron una mesa Mickey les atendió amablemente. Se trataba de una joven pareja de recién casados que portaba con orgullo las argollas matrimoniales. Los chicos no les prestaron más atención hasta que Mickey regresó con su pedido y le oyeron intercambiar unas pocas palabras con los visitantes, en tono preocupado.

-Así que continúan los problemas con la fábrica ¿eh?

-Temo que si, es por eso que Layn y yo nos mudamos al norte... las cosas parecen un poco más tranquilas allá.

-No estoy seguro de eso, pero les deseo un buen viaje- anunció con una sonrisa afable.

La pareja le dio las gracias y con una sonrisa resignada se apresuró a encargarse de sus platillos. Sokka aguardó pacientemente a que Mickey se desocupara y vio en ese momento la oportunidad perfecta para pedir la cuenta. Hizo señas suavemente con la mano, para indicarle al hombre el mensaje y éste le dirigió un leve asentimiento con la cabeza antes de caminar hasta detrás de la barra y volver con una libreta de cuero negro en la mano. Cuando llegó a su mesa, Sokka tenía ya listo el pago en efectivo que incluía una alegre propina. Mickey les sonrió complacido y antes de dejarlos partir les habló en tono confidencial.

-Escuchen un momento… esa pareja de allá viene del barrio 17. Ha habido problemas últimamente en su fábrica, saboteos, chantajes y dragones detrás de todo… saben de qué hablo. En fin, acaban de decirme que se mudarán por esa razón y me confiaron que no es buen momento para que nadie se pasee por los alrededores ¿entienden?... bueno chicos... no los detengo más, vuelvan pronto.

Sokka lo miró extrañado y los demás tenían expresiones serias en el rostro.

-Gracias por la información Mickey... saludaremos a papá de tu parte.

-Por favor.

Los despidió con una sonrisa bonachona y murmuró algo sobre nuevos compañeros de bebida mientras reía entre dientes, antes de volver su atención al negocio. Cuando los cuatro estuvieron a unos metros del establecimiento, Toph fue quien rompió el silencio.

-¿No es extraño que haya disturbios en ese barrio?... no veo por qué los dragones tendrían interés en él, ahí no hay nada.

-Nada… excepto una vez al año- la interrumpió Sokka.

-¿De que hablas?

Appa siguió alegremente a los chicos y puso especial atención a Katara. Los demás le enarcaron la ceja, pero ella sólo se encogió de hombros con inocencia y se dedicó a hacerle cariños en la oreja. Cuando remprendieron la marcha, la chica saco del bolsillo unos pedazos de carne envueltos en papel y se los proporcionó al can con discreción mientras caminaban.

-Tienen un curioso desfile cada año... tributo a los espíritus o algo así- seguía diciendo Sokka.

-¿Y qué con eso?

-Asisten muchas personas importantes, incluyendo a los ricos empresarios que acostumbran financiar algún carro para sus retoños. Al final del día hay cientos de puestos ambulantes con importantes ganancias, costosos carros alegóricos que presumen el dinero de los participantes... y un jugoso premio para el ganador.

-Eso suena a una buena oportunidad para dragones novatos e impacientes- comentó con seriedad.

Aang y Katara, que hasta entonces se habían mantenido silenciosos, compartieron una mirada preocupada mientras seguían a sus amigos. Era un desastre potencial si los dragones decidían intervenir. Gente, dinero, negocios y más gente para extorsionar…

-Y supongo que tenemos la enorme fortuna de estar a tiempo para la ocasión- comentó la bandida ciega con sorna.

-¿Alguna vez tenemos mejor suerte?

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No habían andado ni la mitad de camino, cuando vieron a lo lejos un espectáculo peculiar. Un hombre mayor sostenía una extraña danza con un perro enorme, casi tanto como Appa. No obstante, les tomó pocos segundos darse cuenta que ese perro no era ni de cerca amigable y que en realidad, estaba en proceso de dañar al anciano. Los cuatro se apresuraron a ir en su ayuda mientras le gritaban que se mantuviera lejos, corriera, esquivara e incluso subiera al contenedor de basura que estaba más cerca. A pesar de ello, el hombre seguía manteniendo una distancia imprudente y se limitó a evadir el hocico de su atacante, mientras les dedicaba una sonrisa amable y un saludo. Aquella actitud los dejo atónitos pero no detuvieron su carrera.

Aang usó el viento para ganar velocidad y fue el primero, en estar lo suficientemente cerca para lanzar un ataque. No quería dañar al animal pero si quería asustarlo lo suficiente para que se fuera o al menos que desviara su atención a otro lado, así que le envió una ráfaga de viento lo suficientemente poderosa para empujarlo lejos del anciano. El perro le dirigió una fiera mirada... estaba claramente ofendido y en prueba de ello, se lanzó en su dirección momentos después. Aang fue más rápido. El chico salió a su encuentro y en el momento indicado dio un salto, salvándose apenas de una mordida lanzada inesperadamente.

Una vez que sus dos pies tocaron el suelo, se interpuso entre el anciano y el perro, adoptando una postura defensiva. El furioso animal hizo lo propio, agazapándose ligeramente mientras mostraba los filosos colmillos. Sus ojos negros nunca rompieron el contacto visual y el pelo de su lomo estaba erizado. Aang dobló una parte del aire alrededor de ellos, haciendo que se levantara desde el suelo y se estrellara contra el cuerpo de su oponente, pero el viento sólo le desordenó el pelo. Justo entonces, los demás llegaron derrapando. Appa rodeo al otro perro y se colocó a lado de Aang firmemente, mientras le soltaba un ladrido. Unos momentos después (y al ver su objetivo más que frustrado), el huraño animal retrocedió gruñendo y pronto se perdió de vista, sólo entonces los chicos relajaron sus posturas.

-Tuviste suerte de que llegáramos- comentó un Sokka altivo –Ese perro pudo haberte hecho trizas.

-Gracias, pero no estaba preocupado- respondió el anciano con alegría –La tía Wu dijo que tendría una jornada a salvo.

-¿La tía Wu?- se interesó Katara -¿Quién es ella?

-Una respetada adivina que vive en el barrio 17… ella es quien predice el futuro de la gente en toda la zona suroeste.

-Pero la adivina estaba equivocada- gruño Sokka -No tuviste un día a salvo, ¡por poco te matan!

-¿Pero no fue así verdad?... bueno, les agradezco pero ahora debo irme. ¡El desfile es en pocas horas!- hizo una pausa -Oh, lo olvidaba. Tía Wu dijo que si encontraba viajeros… les diera esto.

Les entrego un paquete largo y grueso y se fue alegremente. Katara compuso una expresión emocionada y pensó en el asunto. Una adivina. Podría acabar con las dudas que la atormentaban e incluso saber… ¡si podrían detener a los dragones!. Definitivamente la idea de ver el futuro... era más que tentadora.

Aang mientras tanto se dedicaba a desenvolver el paquete sin ningún cuidado y Toph tenía una mueca burlona en la cara.

-¡Son sombrillas!- anunció el chico con sorpresa, abriendo una y jugando con ésta. Toph tomó la segunda, aunque bastante más dudosa.

-¿No sería interesante ir a ver a Tía Wu?- empezó Katara.

-No puede ser que también creas en eso… ¡No existen las adivinas!

Un trueno partió el cielo con un estruendo ensordecedor y oscuras nubes se aglomeraron sobre sus cabezas al tiempo que la bandida ciega y su pupilo, sostenían en alto los artefactos con similares expresiones de asombro. Al instante siguiente una fuerte llovizna azotaba las calles. Katara sonrió triunfante y levantó un brazo para doblar el agua lejos de ella, mientras se acercaba a un sonriente maestro aire que la esperaba sombrilla en mano. Sokka sostenía una expresión de fastidio en el rostro.

-Eso lo prueba- canturreo su hermana.

-No prueba nada. Es imposible predecir el futuro.

-Supongo que tampoco te estas mojando- rió mientras rodaba los ojos.

-Es absurdo, todos sabíamos que llovería… ha estado nublado todo el día- se negó a cubrirse mientras refunfuñaba y se cruzaba de brazos.

-Como sea- intervino Toph –Teníamos que ir al desfile de todos modos.

-Ese es el espíritu- respondió Katara satisfecha.

Los cuatro empezaron la marcha bajo la lluvia mientras Appa los seguía muy de cerca, caminaba a lado de Toph y ella procuraba protegerlo lo más posible con la sombrilla. Sokka seguía con el ceño fruncido y murmurando por lo bajo.

-¡Si claro!… yo también soy adivino… y digo que seguirá lloviendo todo el día.

Sin embargo el viento soplo con fuerza desde el norte y las nubes se disiparon con rapidez inesperada. La lluvia ceso casi por completo y unos tímidos rayos de sol se colaron por entre las nubes.

-No todo el mundo tiene el don Sokka- sentenció Aang con burla.

Las dos chicas rieron y Appa ladró contento.

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A medida que se internaban en las calles de los barrios bajos, los chicos se percataron del gran ajetreo que provocaba el desfile. Había enormes carros cubiertos por tela, gente disfrazada o maquillada con motivos distintos, largas filas de puestos de comida y máscaras… incluso había pequeños espectáculos dispersos por ahí. No tuvieron que preguntar mucho para dar con la casa de la Tía Wu, todos parecían haber ido con ella alguna vez, y el lugar era fácilmente identificable. La fachada estaba bien cuidada, como pocas en la zona. En su mayoría estaba pintada de blanco y tenía algunos complejos diseños de color negro repartidos por aquí y por allá. Hasta cierto punto, el lugar estaba adornado con un aura de misterio y aparentemente, el ambiente parecía haber sido pensado para homenajear a los osos panda o algo así.

Un hombre joven de cabellos blancos los recibió fuera de la puerta y les hizo pasar amablemente. Dentro, el aire olía a incienso y hierbas aromáticas. Había varios cojines enormes repartidos en el salón, además de jarrones y extraños objetos de diferentes tamaños y formas. Al otro extremo del salón, vieron unas largas y coloridas cortinas que ocultaban de la vista lo que seguramente, era el acceso al resto de la casa. Una menuda figura atravesó esas cortinas e hizo una reverencia a los chicos mientras les daba la bienvenida. Era una chica cuya edad oscilaba entre los 13 o 14 años. Le faltaba un diente, era delgada, de sonrojadas mejillas, usaba largos ropajes color rosa y tenía el cabello más rebelde que hubieran visto en su vida.

-Bienvenidos, Tía Wu los está esperando. Yo soy…

La chica se interrumpió tras posar su mirada en Aang. Había quedado momentáneamente muda y lo observaba de manera extraña, sin embargo él no se había dado cuenta puesto que estaba contemplando los adornos en la pared. Los hermanos la saludaron amablemente y Toph compuso una sonrisa burlona. La chica caminó sonriendo directamente hacia Aang, que estaba sentado en uno de los cojines, él le sonrió distraídamente.

-Hola, soy May… ¿Puedo ofrecerles galletas o té?

-Yo aceptaré las galletas- apresuró Sokka con entusiasmo.

-Espera un momento- lo interrumpió -¿Y tú como te llamas?- le preguntó al chico, completamente absorta.

-Aang

Ella hizo una expresión graciosa y exclamó.

-¡Woau!, eso rima con May…

Aang se sonrojo y sonrió confundido.

-Supongo…

-Y tienes lindas orejas grandes.

-Amm… ¿tú crees?- murmuró avergonzado, mientras llevaba sus manos hasta las mismas.

-¡No seas humilde!- intervino Sokka alegremente -¡Son enormes!

Toph estalló en carcajadas mientras Aang le lanzaba a Sokka una mirada molesta y Katara lo reprendía suavemente. May aprovecho ese momento para escabullirse del salón y dirigirse a la cocina de la casa, pero en su camino de vuelta al salón se encontró con Sian, una joven amiga suya que acababa de consultar a la tía Wu. Ambas se quedaron hablando unos momentos detrás de las cortinas mientras Sian le contaba sobre lo que vieron en su futuro.

-¡Y será él quien me regalará una azucena panda!, son muy raras…

-Aaah, me preguntó si mi amor me regalará una extraña flor- murmuró con ensoñación.

En ese momento se escucharon nuevas carcajadas desde el otro lado de la delgada barrera y Sian se esforzó por distinguir las figuras detrás la tela; sin embargo, May le obstruyó la vista y la condujo bruscamente hasta una salida secundaria para que no tuviera que pasar por donde estaban los chicos. Cuando la dejó frente a ésta, se despidió torpemente y se apresuró a volver.

May entró en el salón con una charola de té y galletas. Su mirada se cruzó con la de Aang unos segundos mientras caminaba hacia ellos, pero esa distracción le valió un pequeño tropiezo y estuvo a punto de vaciar el contenido de la charola. Ella cerró los ojos esperando el desenlace pero Aang ya se había adelantado y tomado ambas manos de la chica entre las suyas, sosteniendo la charola en su lugar y ayudando de paso a que ella recuperara el equilibrio. Ambos fijaron la vista en el otro y May se apartó, sonrojándose furiosamente.

Katara solo atinó a enarcar una ceja pues estaba completamente perpleja, mientras que Sokka y Toph dieron unos suaves chiflidos haciendo enrojecer a su amigo (quién se había quedado con la charola en las manos). Afortunadamente para él, en ese momento apareció una mujer mayor, elegantemente vestida y con un aire misterioso. No podía ser otra que la tía Wu.

-Bienvenidos jóvenes viajeros. ¿Quién sigue?... vamos, no sean tímidos.

Se hizo un silencio incómodo mientras los chicos se hacían los desentendidos. Toph tenía una expresión de aburrimiento de nuevo... May se había escabullido... la Tía Wu observaba pacientemente a sus visitantes... y Katara rodó los ojos mientras se levantaba para acercarse a la adivina con decisión.

-Supongo que yo- anunció alegremente.

La adivina le sonrió y la condujo hasta otra habitación más allá de las cortinas. Apenas se habían perdido de vista, Sokka le quitó la charola a Aang y se apresuró a devorar las galletas. Toph le lanzó una roca pequeña y éste le tendió la charola con una sonrisa de disculpa en el rostro, ella tomó una de las tazas de té y comenzó a beberla con mucha más pulcritud que él. Aang les enarcó una ceja y cuando Sokka le ofreció galletas con la boca llena, él rechazó la oferta con aire compungido.

Al otro lado de las cortinas, May los espiaba con expresión concentrada... especialmente al chico de ojos grises que se había presentado como Aang. Estaba tan absorta en su análisis, que no se dio cuenta que alguien había llegado a su lado y observaba en la misma dirección.

-¿Ese es el chico de orejas grandes con quien tía Wu dijo q te casarías?

May se sobresaltó y dirigió una mirada culpable hacia su acompañante... pero resultó ser Sian. Ella no había salido del lugar, alertada por la extraña actitud de su amiga. May se sonrojo y le hizo una señal con los dedos para que se callara. Ambas rieron suavemente y Sian le dedicó una sonrisa pícara mientras seguían espiando, en silencio, a los visitantes tras la cortina. A pesar de ello el intercambio no paso desapercibido para cierta maestra tierra, que en ese momento sonreía diabólicamente. Sian salió del lugar un rato después, esta vez por la entrada principal y saludando de pasada a los chicos en el salón. May se ofreció a acompañarla y se fueron conversando entre ellas.

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Apenas habían pasado unos diez minutos, cuando Aang se encontró a si mismo en un estado que bien podría calificarse como ansioso. Toph se había recostado en dos cojines y parecía haberse quedado dormida, Sokka estaba también recostado, pero él ocupada sólo uno y se limpiaba los dientes con un palillo.

-¿Y de que crees que estén hablando?- se atrevió a preguntar por fin.

-Cosas aburridas de seguro- contestó Sokka indiferente –Fortuna, amor, con quien se casara, cuantos hijos tendrá…

-Eww... si... cosas tontas como esa... ¡necesito ir al baño!- anunció mientras corría en busca de la adivina.

Caminó con sigilo por el pasillo que conectaba el salón con el resto de la casa. Había tres puertas a su espalda además del acceso al salón, éste se distinguía porque era el único, que en vez de puerta usaba cortinas. Aang esperaba que, justo en esos momentos, a nadie más se le ocurriera ir al baño también.

Siguió andando por el pasillo y dejó atrás la cocina (que pudo ver de reojo puesto que no había ninguna puerta de por medio). Paso de largo algunas puertas cerradas que no se atrevió a inspeccionar e incluso paso delante del baño (mismo que ignoró olímpicamente). Casi estaba por darse por vencido, cuando distinguió algo de luz saliendo por debajo de la última puerta del pasillo. Estaba cerrada, así que pegó la oreja a la puerta y de inmediato escuchó la conversación que ese estaba llevando a cabo entre la adivina y Katara.

-¿Y ves algo interesante en la línea del amor?

-Veo un gran romance en tu vida… si. Con el hombre con el que te casarás...

-¡Dime más!- exclamó la chica emocionada.

-Puedo ver... que es un poderoso maestro.

No era necesario escuchar más. Aang se alejó de la puerta sorprendido. Luego de unos segundos, compuso un gesto bastante gracioso que rayaba en lo seductor... y saltó silenciosamente en su lugar, embriagado de felicidad. Cuando alcanzó unos pocos metros en el aire, escuchó movimiento al otro lado de la puerta y decidió que era momento de salir sigilosamente de ahí. Aang regresó a donde estaban los otros luciendo más que satisfecho. Sokka lo miró burlón y Toph se incorporó somnolienta.

-Parece que alguien tuvo un buen recreo en el baño- comentó Sokka.

-Eee... si- murmuró nervioso -Cuando estaba ahí...

-¡No sigas por favor!

En ese momento llegaron Katara y la tía Wu, ambas luciendo satisfechas. Katara se sentó en el lugar que antes había ocupado, luego les dirigió una sonrisa a los demás para animarlos a pasar. Incluso la adivina parecía interesada en saber quién sería el siguiente... pero Toph no tenía interés alguno en pasar, Sokka tenía una expresión de fastidio y Aang parecía querer pasar desapercibido.

-Bien ¿quién sigue?- preguntó tía Wu después de un largo momento.

-Ag terminemos con esto de una vez- gruño Sokka, mientras se levantaba y hacía ademán de acompañar a la adivina.

Sin embargo, ella lo detuvo con un gesto después de haberlo estudiado unos segundos. La tía Wu compuso una mueca aburrida y declaró que su futuro estaría lleno de peleas y angustia. La mayoría... provocadas por él mismo. Al instante Sokka saltó indignado.

-Pero… ¡no has leído mis palmas ni nada!

-No es necesario. Está escrito en todo tu rostro- le aseguró la adivina con solemnidad - Tú entonces.

Le dedicó una mirada amable a Aang y éste no pudo hacer otra cosa que acceder. La siguió exactamente por el mismo recorrido que él había hecho cuando las buscaba y se encogió apenado; sin embargo, su atención fue desviada inmediatamente cuando vio el interior de la habitación que la adivina usaba como consultorio.

Lo primero que él notó al entrar, fue el penetrante aroma a incienso y leña quemada... todo el lugar estaba repleto de aromas indescifrables y la luz era muy tenue. La estancia sólo era iluminada por velas y una pequeña fogata cuyo fuego agonizaba en el centro del lugar, en un espacio que parecía estar hundido en el suelo con respecto al resto de la casa. Había además una bandeja llena de huesos de diferentes tamaños y formas, encima de una mesilla diminuta, muy cerca del hueco ardiente.

-Siéntate joven maestro, te mostraré el método mas confiable para leer la suerte- anunció la adivina con tranquilidad -Los huesos nunca mienten...

Ella también se sentó y avivó las llamas un poco, luego lo miró con atención mientras hacía un ademán hacia la bandeja llena de huesos.

-Anda, escoge uno… bien, ahora... lánzalo al fuego.

El hueso en cuestión era de tamaño promedio, ni el más grande ni el más chico. Aang lo arrojó un tanto emocionado, y de inmediato las llamas lo envolvieron en su totalidad. No se produjo casi nada de humo durante el proceso pero una gran grieta apareció a mitad del hueso, fracturándolo desde la punta hasta la mitad de su extensión.

-Woa… esa es una gran grieta- murmuró Aang.

Una grieta más profunda apareció momentos después, luego otra, y otra más…

-¡No puede ser!- exclamó la tía Wu preocupada –Esto es increíble…

Unas cuentas grietas más aparecieron y el hueso terminó por partirse en cientos de pedazos.

-¡Nunca había visto algo así!- exclamó la adivina impresionada -¡tu destino!... esto es increíble... tú estarás involucrado en una gran batalla... un impresionante conflicto entre las fuerzas del bien y el mal- decía mientras agitaba enérgicamente las manos -¡Una batalla cuyo resultado definirá el destino del mundo entero!...

Aang tenía una expresión de fastidio grabada en el rostro.

-Si, si, eso ya lo sabia... pero, ¡¿no hay nada sobre una chica?!

-¿Una chica?- murmuró la adivina, perpleja -¿Quieres saber sobre el amor?

-¡Si!

-Lo siento, no vi nada- confesó con franqueza.

La expresión del chico se ensombreció y ella decidió que no era necesario negar lo que tal vez no había visto por concentrarse en lo más impresionante.

-¡Oh mira!, ahí hay algo… q no vi- mintió con soltura, mientras recogía de entre las cenizas un diminuto trozo de hueso chamuscado –Aquí dice… No olvides creer en tu corazón.

Aang la miró esperanzado y después de darle las gracias, regresó junto a sus amigos con renovado entusiasmo.

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-Ahora verán por ustedes mismos que leer la suerte es una gran estupidez- decía Sokka exasperado.

-Solo dices eso porque harás de ti alguien infeliz toda tu vida- replicó Katara.

-¡Esa mujer esta loca!- siguió Sokka -Mi vida será calmada… y muy feliz… ¡y alegre!- exclamó con desespero, al tiempo que pateaba furiosamente una roca del piso.

Dicha roca fue a parar al lomo de un pato (que por algún indescifrable y extraño motivo estaba cerca) y éste, con toda legitimidad... se volvió contra Sokka para acribillarlo a picotazos. Una vez satisfecho, el pato se fue graznando.

–ESO, no prueba nada.

-Me gusto lo que predijo de mi- comentó su hermana, ignorándolo –Algunas cosas saldrán muy bien…

-Ya lo creo- murmuró Aang.

-¿Por qué?- cuestionó la chica con alegría -¿Qué te dijo a ti?

-Eww… cosas… ya lo sabrás- balbuceó.

Katara no insistió, en cambió se acercó a su joven amiga y le interrogó sobre su predicción. Toph anunció que sería la mejor maestra tierra del mundo y revolucionaría la forma de hacer tierra control.

-Nada que no supiera ya- soltó con simpleza.

Katara enarcó una ceja con suspicacia y estaba a punto de volver al ataque cuando la bandida ciega la despachó con un solo comentario.

-¿Por qué hay una multitud allá adelante?, ¿una pelea?- sugirió con entusiasmo.

Los chicos desviaron su atención hacia donde ella había dicho y mientras se acercaban a investigar, ella dejó escapar una sonrisa complacida.

-No hay nada- comentó Aang –Pero están todos…

-¿Qué hay en el cielo?- le preguntó Sokka a uno de los ciudadanos del montón.

Todos estaban reunidos frente a una especie de atrio y tenían la vista clavada, efectivamente, en el cielo.

-Esperamos que venga Tia Wu y lea las nubes para predecir el destino del barrio- contestó el hombre con una sonrisa.

-La lectura nos dirá si el festival se llevará a cabo exitosamente este año o si la desgracia nos persigue- comentó una mujer a su lado.

-¡¿Qué?!... no pueden confiar sus vidas a las predicciones de esta mujer- se exasperó Sokka.

Katara lo tomó del brazo y lo apartó de las personas, con una sonrisa apenada mientras murmuraba disculpas. Y mientras ella le decía que no debía faltarle al respeto a las costumbres del barrio, Tía Wu llegó al lugar y subió al atrio en compañía de su asistente, quién llevaba un libro enorme en sus brazos y se preparaba a sostenerlo para la lectura.

-Oye Aang- murmuró May (que de alguna manera había aparecido a su lado) -¿No crees que esa nube parece una flor?

-¿Eh?... supongo… que si- balbuceó confuso mientras Tía Wu iniciaba su lectura, lo cuál lo hizo callar.

May bajó la mirada, decepcionada, y después se alejó de ahí sin que el chico se diera cuenta.

-Nube de flecha inclinada… hará un clima agradable este año- su voz era suave, pero firme y pausada, manteniendo la atención de todos con sus breves silencios al estudiar el cielo -Nube de cinco cúmulos… buen año para las ventas y para negocios locales... Nube en forma de trébol... el barrio estará a salvo- la multitud emitió exclamaciones de alivio -Y una nube ondulada como luna... les anuncio… que el desfile no será arruinado éste año.

El festejo de la multitud fue elocuente. De un momento a otro todos celebraban a viva voz, animandose mutuamente, pero luego se dispersaron en las calles, de vuelta a sus actividades. Los cuatro chicos se miraron indecisos y acto seguido, una sonrisa se instaló en sus rostros.

-¡Comida-Juegos-Lectura-Compras!

Habían hablado al mismo tiempo... pero se dieron cuenta que ninguno estaba pensando en lo mismo. Sokka tenía hambre (como siempre), Aang deseaba ir a probar suerte en alguno de los muchos juegos mecánicos o de azar, Katara quería regresar con la Tía Wu por otra lectura y Toph ansiaba conseguir cosas útiles (para usar contra los dos chicos).

-¡¿Es en serio?!- exclamó Sokka -¡¿De verdad quieres oír más patrañas?!

Katara lo miró indignada y se marchó en dirección a la casa de la adivina. Los sorprendidos chicos la miraron alejarse. Appa ladró nervioso, pero después de echarle un vistazo a Aang y recibir un gesto de aprobación, echó a correr tras la chica. Cuando también Appa se perdió de vista, los chicos salieron de su sorpresa.

-Voy a comprobar que sus predicciones son tonterías- refunfuño Sokka.

Eligió una víctima de entre la multitud, y se dirigió a su encuentro ante la mirada perpleja de sus acompañantes.

-¡Oye amigo!… lindos zapatos... ¿Rojos verdad?, ¡Apuesto a que Tía Wu te dijo que los usaras!- el hombre le sonrió y asintió, confundido.

-Ella dijo que estaría usando zapatos rojos cuando conociera a mi verdadero amor- le confió sonriente.

-Claro. Desde hace mucho supongo... porque están algo gastados- el hombre asintió -¿y has estado usándolos desde entonces?

-Todos los días- confirmó. Sokka lo miró entre incrédulo e iracundo.

-¡Entonces por supuesto que se cumplirá!

-¿De verdad? ¿Tu crees?... ¡estoy tan emocionado!- dijo el hombre mientras se marchaba con todo y sus ensoñaciones.

Sokka estalló desesperado y trató de abordar a más personas. Los otros dos chicos se alejaron discretamente y se perdieron en la multitud, dispuestos a sacarle provecho al día.

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Media hora después Sokka se hallaba gritándole a otro civil, completamente fuera de sí.

-¡NO ME IMPORTA LO QUE TE DIJO LA TIA WU, TIENES QUE BAÑARTE DE VEZ EN CUANDO!

-Ya cálmate cola de caballo. Harás que te arresten por disturbios en la vía pública- comentó una voz detrás de él.

-¿En dónde se habían metido?- preguntó molesto.

-Fuimos a probar un par de juegos típicos del lugar, compramos un par de baratijas y comimos de todas las muestras gratis que había por ahí- afirmó Aang con alegría.

Sokka los miró claramente ofendido.

-No puedo creer que…

-No teníamos por qué esperar a que terminaras de fastidiar a toda esta gente para ir a divertirnos cola de caballo, si no hubieras estado ensimismado en tu insoportable obsesión con las predicciones, tal vez podrías habernos acompañado- sentenció Toph con aplomo.

Ni Sokka ni Aang tuvieron argumentos para eso, así que el mayor de los chicos bajo la cabeza y el otro le entregó, discretamente, una bolsa con algunas muestras de comida que le había guardado. Appa llegó ladrando en ese momento con una cabizbaja Katara detrás.

-¿Cómo te fue?- preguntó Aang, aliviado de verla llegar.

-Horrible- musitó ella –Tengo que comer papaya en el desayuno, cada mañana durante un mes...

Toph soltó una carcajada, consiente de lo mucho que Katara odiaba la papaya. Aang le miró comprensivo y Sokka bufó nuevamente enfadado.

-¿Te gustaría ir a comer algo?- sugirió Aang -Encontramos un par de lugares que te encantarían…

-Y podríamos encontrar a alguien interesante también- comentó Toph misteriosamente.

Los chicos enarcaron una ceja, desconfiados. No era que el conocer gente interesante figurará precisamente entre su lista de actividades favoritas. Claro que ella no iba a decirles el motivo por el que, rodearse de chicos y chicas de su edad, le parecía divertido en ese momento.

-¿Se quedan o que?- dijo mientras tomaba a Aang del brazo y lo conducía por entre la gente de nuevo.

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-Oye Sokka… ¿sabes algo de mujeres?- murmuró Aang, mientras ambos esperaban a que las chicas regresarán de comprar (quien sabe que chucherías).

Sokka lo miró sorprendido y cuando comprobó que no había oído mal, su expresión se tornó divertida y algo altanera.

-Algo… has venido al lugar indicado- le aseguró, dándose importancia -¿Qué puedo hacer por ti?

-Bueno- dudó Aang temeroso -Hay una chica…

Sokka desvió la mirada hasta uno de los puestos de comida cercanos, donde May (la chica que trabajaba en casa de la adivina), pretendía pasar desapercibida. Tanto él como Toph se habían percatado de que ella, estaba siguiéndolos de algún modo... siempre se encontraban con ella de maneras misteriosas, así que la conclusión era obvia. La chica estaba buscando excusas para hablar con su joven amigo a solas. Seguro de ello, Sokka sonrió orgulloso y adoptó un tono de complicidad, que Aang por supuesto, no entendió. May rió tontamente desde lejos cuando los vio... y mantuvo una sonrisa afable mientras se acercaba, así que Sokka decidió intervenir de inmediato.

-Creo que se a quien te refieres- le dijo en voz baja.

-¿De veras?- se extraño Aang -¿Y que te parece?- preguntó intranquilo.

-Por supuesto que si- dijo Sokka condescendiente -Y para ser sincero… tengo la leve impresión de que le gustas también.

-¿Tú crees?- se alegró el más joven.

-Oh si, esta loca por ti… ahora lo que debes hacer es no estropear todo. Todos los chicos como tú, cometen errores... ser-demasiado-amables.

-¿Ew?

-Como escuchaste. Si quieres mantenerla interesada… debes actuar indiferente, como si ella no te importara nada.

Aang tenía una expresión pensativa en el rostro cuando May llegó hasta ellos.

-Hola Aang, me preguntaba…

-Entiendo... ¡Bueno, nos vemos!- anunció Aang, perdido en sus pensamientos.

Él no había prestado atención a la llegada de la chica y tampoco la había escuchado, así que realmente no fue su intención ignorarla... pero la mandíbula de Sokka cayó al piso de todos modos. Estaba genuinamente sorprendido.

-Woa este chico es bueno.

May se quedó ahí, cabizbaja y triste... pero no hizo ademán de seguirlo nuevamente. Sokka lo vio a lo lejos, caminando entre la multitud y sonrió un poco. Estaba complacido de haber hallado a tan buen discípulo.

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Cuando las chicas volvieron... May ya se había ido y Sokka estaba murmurándole algo a Appa, éste sin embargo, parecía mucho más interesado en recibirlas al llegar. Ambas notaron de inmediato la ausencia del otro miembro del grupo, pero al cuestionar a Sokka sobre él, éste se limitó a decir que los alcanzaría en los puestos de comida. Katara no quedó completamente satisfecha, pero se limitó a marchar junto a los demás, hasta el lugar convenido.

Aang había dado vueltas por los alrededores, convencido de que debía hacerle caso a Sokka. Sin embargo, le parecía ridículo andar por ahí solo cuando lo único que deseaba era pasar el rato con sus amigos, así que decidió volver con ellos. En el camino no vio nada de interés... los mismos puestos de máscaras y otras baratijas, los mismos espectáculos con un creciente público… un hombre chocó con él y aunque Aang trató de disculparse, el hombre no le prestó la menor atención y se marcho junto a su grupo de amigos. Ellos arrastraban un carrito lleno de barriles, que seguramente estaban llenos de algún licor. Era extraño. Juraría haber visto más de esos carritos... empujados por sujetos diferentes... y sin embargo no recordaba haber visto, en todo lo largo de la zona comercial, un sólo vendedor de cerveza o algo así. Aang decidió no darle importancia y siguió caminando...

Un poco más adelante, encontró un local de disfraces y se detuvo frente a la entrada, decidiendo que un vistazo no le quitaría nada más que su curiosidad. Dentro encontró un par de atuendos interesantes. Había ropa de todas las pandillas, ¡incluso de la suya!... miró con tristeza el traje típico de los extintos Ases y siguió andando derecho, dispuesto a salir de la tienda. Sin embargo, antes de salir, el dueño se acercó hasta él y lo observó con simpatía. Resultó que era el abuelo de un par de Riversiders de la destilería norte, y habiéndolo reconocido, quería regalarle un traje especial. En conclusión se trataba de un muy agradecido abuelo.

-He oído hablar mucho de ti Avatar Aang.

El chico sonrió más tranquilo mientras el hombre le entregaba un paquete, mismo que le tendió con una sonrisa.

-Este es el traje que usaban los maestros Ases, tu eres el único que hay ahora y no puedes andar por ahí sin el.

Aang se miró de arriba abajo. Era cierto... él había sido nombrado maestro, pero el ataque de los dragones ocurrió antes de que Gyatso pudiera oficializarlo en una ceremonia. Sonrió cabizbajo y aceptó el regalo con una reverencia.

-Gracias.

-Gracias a usted- contestó el hombre con sinceridad.

Se despidió de él y antes de regresar a atender su negocio, le dijo que también debía cuidarse de sus admiradoras porque todo indicaba, que los clubs de fans iban multiplicándose como la fiebre. Aang partió en busca de sus amigos con una mezcla de nostalgia y alegría, pero cuando dio con ellos apartó cualquier pensamiento trágico y se regresaron a su mente las prometedoras predicciones de la adivina.

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