XIII Asalto: Primer contacto

Un día antes…

Despertó ahogado. Una mano en su pecho le obligo a quedarse en su estado actual mientras los sentidos volvían a él. El sol en su cara le estaba quemando. Estaba muy adolorido, tal vez más adolorido que nunca. No podía ver bien, pero sentía a Jarek a su lado quien le mantenía en el suelo. El suave olor a Lan y Drue le advirtió que estaba con sus compañeros.

¿Qué? Recordaba haberlos dejado.

Hombres.

Ataque.

Una licana le protegía de aquellos humanos.

Recibió un sablazo en su lugar.

La escucho marcharse herida, pero él estaba sintiendo los síntomas de la des transformación.

¿Quién era? ¿Quién era?

Una figura oscura se cernió sobre él. Unos ojos negros, un olor a muerto. La inconciencia.

Intento levantarse una vez más. Pero Jarek lo presiono contra el suelo.

Podía escuchar ruido. Mucho ruido a hombres hablando, a armas siendo afiladas, risas.

— Jak- jadeó para que le dejara ponerse en pie.

— ¡Quédate quieto!- le ordeno su amigo. Las sombras se pusieron en su lugar. Habían cabañas, bodegas. Hombres le miraban encerrados en un círculo por guardias, más atrás las murallas de un castillo.

— ¿Dónde estamos?- le pregunto en la lengua madre de este. Jarek le soltó.

— En el feudo de Lord Freedor. Genio.- le replico.

— ¿Fue culpa mía?- pregunto angustiado.

— Hemos venido a buscarte. Alguien fue muy agradecido de arrastrarse por el bosque y traerte.

— ¡Así que ya ha despertado el bello durmiente!- replica una voz molesta. Es uno de los guardias y parece muy cabreado.- llamad a Jorking.

El tal Jorking era un hombre que no parecía muy contento.

— Te han traído desde el lugar donde anoche, fueron encontrados los hombres de Shoys. Díganme, chicos. ¿Qué tan buenos amigos son de ellos?

— No conocemos a ningún Shoys- le respondió diplomáticamente Jarek.- solo hemos venido por nuestro amigo.

— Vuestro amigo no se irá de aquí, hasta que responda algunas preguntas… y sabremos sonsacarlas a la buena o a la mala.

En aquel momento una joven mujer salió del castillo apresuradamente. Encandilado por la hermosura de esta, no logro enfocarse bien mientras esta corría por el camino principal hacía los brazos de un hombre que recién llegaba con una guardia. Varios hombres más depositaban en los caballerizos sus riendas.

El hombre, que no parecía mayor que el tal Jorking desprendía una nobleza muy extraña, una sonrisa baja y muy íntima asomo sus facciones mientras hablaba en susurros con la bella mujer, cuando esta hizo un mohín apenado él movió sus ojos hacía ellos. Esos ojos le pusieron las pieles de gallina, verdes, verdes como las luciérnagas.

— Estará bien.- le susurró a la mujer mientras se acercaba a ellos- ¿Quiénes son esto, Jorking?

— Lord Taillo trajo al chiquillo golpeado esta mañana. Nos ordenó no dejarlo ir ya que estaba en el lugar de la masacre de los hombres de Shoys.- había una nota muy censurada en su tono, el mohín desagradable del que podía adivinar era Lord Freedor no era muy distinto.

— ¿Y los otros?

— Han llegado poco después en busca de su "compañero".

— No los dejéis marchar hasta que Taillo hable con ellos.

— Pero…-gimió Lan.

En aquel momento mientras los hombres se llevaban a los caballos pudo ver detrás de Lord Jorking a dos hombres hablando cabeza con cabeza más atrás y completamente envueltos en la ignorancia. Reconoció de inmediato ese porte y ese pelo. El corazón se le destensó de felicidad al saber que estaba vivo.

— Sandrua…- su voz se contrajo por la emoción. Sus amigos miraron en la misma dirección- ¡Sandrua!- grito, y aunque quiso ponerse en pie, una rodilla cedió bajo su peso. No estaba herido de gravedad, no más que algunos raspones y laceraciones. Pero su cuerpo estaba adolorido y flojo, no hacía caso de él.

El hombre se erizo sobre si mientras se giraba para mirarlos. Sus ojos se abrieron de golpes mientras se acercaba a tropezones.

— ¡Ho Por los dioses!- gruño mientras se acercaba corriendo hacia él. Sus rasgos preocupados mientras le agarraban la cara y le miraba de un lado a otro buscando heridas o algo.

Nunca había extrañado tanto un abrazo como él que este hombre le dio en ese momento. Sus amigos se movieron a su lado como si tampoco podían haber soportado el peso de saber que podía haber estado muerto. Sandrua había sido un maestro para todos, cuando Jarek ya no podía haberles enseñado nada más… él lo había hecho, se había convertido en un mentor, amigo y casi padre de ellos cuatro.

— ¿Qué hacen aquí? ¡Ho Dios!.

— ¿Sandrua conoces a estos chicos?- pregunto Lord Freedor acercándose junto con su suponía, "esposa". Esta última no podía sacarle los ojos de encima y se sintió un poco abochornado mientras intentaba ocultarse de su penetrante mirada.

— Claro. Claro que los conozco. Son huérfanos de un monasterio en las colinas del suroeste.

— ¿Huérfanos?- pregunto la mujer y de pronto se puso muy pálida mientras su ojos le recorrían por completo.- ¡Ho Dios mío! ¡Maerys!- llamo de un grito. Una hermosa mujer bajo de unos carros que estaban más allá. Una mujer preciosa que hizo que se sintiera aún más abochornado cuando sus ojos se clavaron en él.- ¡Esta herido!

— Solo… solo un poco magullado, mi lady- comentó encogiéndose sobre sí. Jarek, Drue y Lan parecían a punto de quemarse por la atención que se había cernido sobre ellos a un montón de mujeres que miraban ahora por los carros.

— Sandrua- le llama Lord Freedor mientras le pone una mano en los hombros a la rubia mujer que no deja de mirarlo y parecer asombrada y conmocionada.

— ¿Si señor?

— Serán tú responsabilidad hasta que hable con Taillo.

— Sí, mi lord.- Sandrua le ayudo a ponerse en pie mientras la mujer, aquella Maerys le hacía señas para que se acercaran a su carro.

Mientras era desvestido sin consideración alguna. Sandrua en la entrada los miraba ahora muy enojado. Y no es que no lo hubieran visto enojado, porque en todos los años que le conocía en sus breves visitas siempre parecía feliz de regañarlos por algo. Aunque ahora estaba demasiado nervioso.

— Me alegro verte vivo.- le dijo para que este no siguiera mirándole como si fuera un gran error.

— ¿Por qué habéis venido?- pregunto ahora secamente. Maerys al fin le quito lo último que podía hacerse llamar prenda, mientras los chicos, sentados más atrás hacían ruidos entre ahogados y risas mal cubierta.

Él se puso tensó mientras los recuerdos volvían a él. Dun enfermo, delirando en fiebre. Creía que iba a morir, aun lado de su cama el sujeto había empezado a balbucear… su padre, Sandrua... su madre.

— Dun enfermo…

— ¿Qué ocurrió?- pregunto ahora preocupado y atento.

— Una breve epidemia llego con unos pueblerinos. Dun enfermo pero no fue nada grave… creíamos que iba a morir.- recordó esos tensos momentos- Él hablo…

— ¿Hablo? ¿Hablo de qué?- pregunto ahora un poco más agresivo. Cuando él le miro intensamente este soltó un bufido.- sea lo que sea que haya hablado. No debieron de haber salido del monasterio. A penas si son unos chiquillos.

— Pero que chiquillos- hizo un comentario la mujer mientras le quitaba las manos que intentaban cubrir sus partes. Él se pudo haber ahogado hay mismo.

— Maerys.- le cortó Sandrua enfadado. La mujer hizo un ruidito disgustado mientras salía del carro en busca de algo que él no pudo entender mientras se quedaba observando las caderas de esta. Sandrua envió un golpe para que le prestaran atención.

— No debían salir del Monasterio. Tú especialmente no debías. ¿Qué acaso Dun os dejo?- pregunto enojado. Él miro nerviosamente hacía otro lado- así que os habéis escapado. Escapado. Dios, chicos- gruño el hombre moviéndose nerviosamente por la puerta.

— Cuando supimos que el feudo de los Sions había sido invadido nos preocupamos- dijo Lan.- queríamos saber si estabas bien.

— Ya estoy bien, y en el primer momento en que ustedes dejen de ser vistos como hombres de Shoys se marcharan de vuelta al monasterio.

— Pero….-comenzó Jarek.

— Nada de peros. Estamos en una jodida guerra y habéis venido a meteros donde no debías. En el primer segundo que os dejéis de ser acusados de cualquier cosa os marcháis, aunque sea yo mismo quien os amarre en el monasterio.- y soltándoles eso. Cerró la puerta de un golpe dejándolos a los cuatro en un silencio profundo.

— A mí me huele a secreto- susurró al rato después Drue mientras el buscaba algo con que taparse. Cuando tomo una manta y el olor se expandieron en sus sentidos, la piel se le puso los pelos de punta.

— No es secreto- susurró ahora oliendo profundo. En el cuarto había un olor a licano, un olor que le puso los nervios de punta- aquí hay un licano, un vampiro y Sandrua ocultándonos algo. Y no me iré hasta saber que es.

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Soltó un taco bastante feo. Algunas mujeres que estaban por allí le miraron sorprendidas, pero para suerte no tenía ninguna gana de intentar parecer cortés. Janiel quien estaba más allá con algunos hombres se acercó en cuanto le vio.

— ¿Esos son los chicos a los que vas a ver?- preguntó.

— Sí, lo son.- un dolor de cabeza desproporcionado comenzó a invadirle.

Shayr estaba desaparecida. Algo o alguien habían matado a una avanzada de humanos de Shoys. El chico herido y habían visto huellas ensangrentadas antes de perderse por el bosque. Lord Witkim no quiso seguir adelante ya que no estaban en condiciones de entrar sin las protecciones necesarias, en especial con una manada de lobos cerca.

— Necesito que me hagas un favor, Jan- el chico asintió.- necesito que les pongas un ojo. Que no salgan de la carroza, mantenlos juntos.

— Bien.

— Gracias.

Quería ir a buscar a Jorking para que le diera autorización para salir en la búsqueda de Shayr, cuando estaba pasando por la puerta, mi lady Asha le hablo.

— ¡Sandrua!

— Mi lady- respondió haciendo una breve reverencia.

— Ven.

Él hizo caso, usualmente ninguno de ellos aún tenía permiso para entrar en las instalaciones, pero solían entrar cuando se les pedía algo. Asha le llevó hacía uno de los fogones.

Miro de un lado a otro antes de preguntar. Estaba tensa y sabía a lo que se debía.

— ¿Son ellos, no?- pregunto la mujer bajito. Él se lo esperaba, después de todo Shayr pasaba sol y sombra con su señora.

— Sí, lo son.

— ¿El chico? ¿El que estaba dañado?- pregunto con los ojos abierto y levemente lagrimosos.

— Me temo que sí, mi señora.

— ¿Ellos a que han venido? ¿Saben de ella?

— No lo creo, creo que Dun les ha dicho algo pero no podía estar seguro. Él nunca supo el nombre de Shayr.

— Pobre Shayr- susurró apretando sus manos nerviosamente.- ¿No has sabido nada de ella?

— No mi señora, quería hablar con Jorking para acercarme al bosque.

— No creo que os deje. Acaban de llegar otra ronda de guardias diciendo que habían visto a lobos demasiada cerca del castillo. No están dejando salir a nadie.

— ¡Asha!- llamo alguien, lord Witkim se acercó a ellos mirándole amenazadoramente.

Era un buen lord feudal, pero terriblemente territorial y celoso con su esposa.

— Mi señor- saludo.

— ¿Cómo están los chicos?

— Los están curando.

— ¿Los dejaste solos con Maerys?- pregunto Asha media asustada. Él le sonrió de lado.

— Son huérfanos, mi lady- sonrió solo un poco despiadadamente.- me siento implicado en todos los aspectos de su educación, y son bastante mayores. De seguro aprenderán algo más que escapar de casa.

Lord Witkim estallo en risas, y el no pudo no hacer lo mismo aunque su señora le haya mirado azorada y bastante retraída.

— Ellos estarán bien.

— Eso espero, Sandrua. Ella no te permitirá otra cosa.- y se marchó muy dignamente. Lord Witkim le sonrió y se marchó detrás de esta.

Él salió del castillo para buscar a Jorking, necesitaba encontrar e informar a Shayr.

Desde una de las esquinas, Taillo sonrió.

Ahora sabía a lo que se enfrentaba.

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Luego de pasar una vergüenza digna de ponerse un saco en la cabeza y escaparse a vivir en los bosques. Madame Maerys al fin le dejo ponerse una túnica que le había pedido a su guardia de momento.

Sus léase, llamados amigos parecían a punto de morir por sofocación, y no por lo que uno podía esperar, si no de pura brutal risa.

— Maldita sea- respondió cuando Lan hizo un extraño ruidito. Él le lanzó una almohada que este logro esquivar.

Tocaron la puerta y por allí apareció el joven guardia con un pedazo de pan, queso y un odre de vino.

— Acercaos, esto les manda Sandrua.

— Por lo menos no esta tan enojado como para dejarnos morir de hambre- comentó Drue mientras ellos se ponían más o menos cerca de la puerta. El chico les repartió y luego les quedo mirando con curiosidad.

— Sois muy jóvenes, ¿Es la primera vez que salís de vuestro pueblo?

— Vivimos en un monasterio, allí no hay mucho que hacer.- respondió Jak bebiendo del odre.

— Debieron quedarse en su hogar, las cosas están medias difíciles por aquí.

— ¿Están en guerra, no?

— Así es.- El sujeto miro hacia atrás unos momentos, soltó un suspiro y se acomodó contra el dintel de la puerta.- Pero eso no es lo mantiene tensos a los hombres.

— ¿Qué es, entonces?

— Nuestro excomandante salió anoche…. No ha regresado y se cree que los lobos que nos están rodeando podían haberle atacado.

Él se tensó hacía las palabras de este sujeto. ¿Comandante? ¿Desaparecido? sus lobos no han podido haber sido, ellos cazan por lo menos una vez a la semana y solo hacía pocos día habían cazado un siervo, además de ello no son bueno asesinos de humanos por lo que sabía.

— ¿Comandante?

— Bueno, ex comandante. Lord Shayr.

A él le paso un escalofrió por la espina.

— ¿Es aquel del que hablan todos los feudos, el guerrero que enseño a una centuria a atacar sin armas?- pregunto Jak emocionado.

— No sé de donde habrás sacado esa idea, chico- respondió este con una risa- nos enseñó muchas cosas, pero lamentablemente sus habilidades de ataque sin armas son innatas, lo intento, debo decirlo. Cuando uno de los nuestro casi se quiebra el pescuezo dejo que siguiéramos simplemente con las armas como cualquier otro. Aunque si nos enseñó un poco de defensa cuerpo a cuerpo.

— Debe ser enorme, ¿No?, un gran, gran guerrero- anunció emocionado Lan. -Hemos escuchado mucho de él. Sandrua no gusta de hablar mucho pero no es el único que llega a las colinas del monasterio.

— ¿Grande?... la verdad, es que es más menudo y bastante delgado.- respondió como si estuviera sacando proporciones con él mismo.- aunque no se dejen llevar por la vista, ha derribado a hombre el triple de ancho, se mueve cual leopardo y es obviamente un gran guerrero. No sería quien es, si no lo vieran ustedes mismos en acción.

— Nos gustaría conocerlos.

— Bueno, aquí él pasa mucho tiempo, la verdad- respondió con una mueca burlona.

— Agghhh- respondió Drue y Lan saliendo de las pieles. El sujeto se retorció de la risa.

— Si bueno- soltó cuando se calmó- tenemos que esperar que los caminos vuelvan a estar libres. No podemos salir con los lobos allí afuera asechando.

— Los lobos no harán nada- respondió él un poco perturbado. No quería que le hicieran daño a Brashka.

— Eso, chico. No podemos estar seguro.- le sonrió un poco, se despidió con una venia y les cerró la puerta. Ellos se acomodaron en las pieles con más o menos sospecha. Tomo una, con la que se había tapado momentos antes y se la llevó al olfato.

— ¿Qué haces, pervertido?- pregunto Drue molestándole. Él le dio un golpe en el brazo.

— Huele a licano. Pero no un olor normal.

— Bueno, chico. Sabemos que tu "religión" no te permite andar acostándote con mujeres como cualquier pasatiempo normal, pero ese olor usualmente sale de esa unión.- Jarek aunque lo había dicho serio, al final de la oración se le arranco una risa.

— Eres un asqueroso- le respondió.

— Eres tú el que está olisqueando eso.

— No es eso, tú, tonto- respondió sonrojado- es un olor a licano… pero suave. No es… no es como el mío o de mi padre.

— Bueno, tú eres eso, ¿no? Un ¿Alfa?... tu padre lo era. Además no sabes cómo huelen otros de tu raza.- en eso Lan tenía razón. Dejo la tela aun lado frustrado.

— Venga, descansad un poco, me parece que tendremos una larga noche por delante.

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— Apúrate. Sale de allí, debemos volver al castillo.

— ¿Qué ha ocurrido?

— Preguntaras, ¿Qué no ha ocurrido? Bueno, lo primero… es que tengo a tu hijo. Y no lo niegues… es pegadito a ti

Presente.

Miro al vampiro sin entender lo que acaba de decir.

— ¿Qué?- pregunto mientras el pulso se le aceleraba. Las manos comenzaron a temblarle. Se le debilitaron las piernas por un segundo.

— ¿No recuerdas lo que paso anoche?- pregunto el vampiro saltando hacía una roca y acuclillándose para mirarle con esos negros ojos tan desconcertantes.

Sangre… gritos… un licano joven golpeado a punto de ser herido por uno de los hombres.

Las imagines y los ruidos vinieron a ella. Se ahogó en ella mientras se medió tropezaba dentro del agua. El licano que había ayudado… por quien había recibido la herida… era Woulfbez.

— No, imposible- replico enojada. Sintió que se le escapaban las fuerzas del cuerpo.

No su hijo. ¿Qué hacía allí? ¿Qué hacía? Imposible. Su hijo estaba en el Monasterio y había pedido explícitamente que se le cuidara y se le protegiera hasta que cumpliera su edad adulta, y siendo eso ella iba enviarlo a las ciudades puerto del Norte, donde había licanos en los puertos, donde no había vampiros ni reales peligros. Imposible que estuviera allí.

— No puede ser, imposible- le replico al vampiro que le sonrió de lado.

— No lo es. El mocoso ha venido del Monasterio que las colinas de oeste. Vino con tres huérfanos más… vienen a ver a Sandrua.

Se le escapa el aire de los pulmones. Un sudor frío le baja por la columna.

— ¿Él sabe…?

— ¿Qué si estás tú aquí?- ella asiente, asustada. El vampiro suelta un suspiro casi cansado- no lo creo. Creo que sabe que hay un licano en estas tierras, pero por la forma en que me peleo cuando lo pille antes del amanecer me dice que estaba más asustado que lo tuviera como mi próximo alimento.

Siente que se le eriza la espina y lo miro detenidamente. Todo nerviosismo y miedo es sustituido por un aura de protección, se alza hacía adelante, agarrando al vampiro del cuello de la camisa y jalándolo hacía sí. Este no se inmuta, sus ojos negros cual pozo brillan brevemente, una nota de maldad.

— Si le haces algo…

— ¿Qué harás?- le corta en un siseo. Le agarra de la nuca y la levanta hacía él. Ella le gruñe molesta.

— Te mata…

— No le hare nada a tu cachorro- sisea cortándole casi como si le hubiera ofendido- no tengo ninguna tendencia a comer de niños y mucho menos de niños varones. Ahora sal de allí, tenemos que volver al castillo. Quiero a tu chiquillo lejos de aquí… no me apetece tener dos mascotas en mis terrenos.

Ella iba a replicar por eso último, cuando él la libera con brusquedad y salta hacía la orilla donde la espera. Sale a duras penas por el dolor en sí de todo su cuerpo. El vampiro no le mira hasta que ella está en el suelo seco, de pronto algo le cae encima y ve que es una capa con capucha. Larga, gruesa y con olor a Witkim. Ella no dice nada mientras se arropa en esta. Tendiendo esta podría darle dos vueltas perfectamente por lo que se aferra mientras camina detrás del caballo que está varios metros más adentro del bosque.

Su herida necesita curación, duele y quema como nunca. No cree que se pueda abrir pero eso no significa que duela o esté libre de infecciones.

El vampiro se sube de un salto al inmutable corcel. Ella se encamina por un lado para seguirlo cuando ha dado varios pasos más adelante algo le agarra de un brazo y con una facilidad enorme la suben detrás del vampiro.

Sufre una pequeña conmoción por el movimiento. El vampiro está más raro que nunca, pero mientras se aferra a la silla y este parte cuando demonio no tiene tiempo de alegar solo de apretar los dientes por el dolor invasivo que le asalto de pronto.

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No está siendo un buen día… para nada. En su habitación mientras camina de un lado a otro, tiene un nudo en la garganta y está a punto de ponerse a llorar. Salta varias veces y se tira en la cama mientras la ansiedad empieza a hacerse presa de ella.

¿Por qué tenía que tener tan mala suerte? O sea… no es que no quisiera, siempre había querido. Pero ¿Por qué tan pronto?... había tenido a amigas casadas por mucho tiempos y luego de meses. ¡Meses! Habían… habían…

Ho Dios mío, estaba embarazada.

La simple revelación de la realidad la dejo aletargada en la cama.

Un bebe…

Un niño o una niña.

Iba a tener un niño o una niña.

Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras llevaba sus manos a su estómago.

Ho Dios Mío, Witkim se iba a volver loco…

No es que… nunca habían hablado de ello. Ella ahora realmente no se quejaba demasiado de su muy bruto esposo. Había aprendido a quererlo… un poquito. Más que nada porque aunque era un bruto descomunal, esos pequeños detalles que tenía con ella le habían conquistado del todo.

El hecho de que le desmenuzara sus comidas. Que ordenara a los sirvientes sabanas limpias todos los días y un ladrillo caliente a sus pies cuando hacía frio. Que no la despertara en las mañanas cuando hacía mucho frío o el simple hecho de pillarle mirando con esos enormes ojos verdes como si fuera realmente importante para él.

El corazón se le aceleraba solo de pensarlo. Pero un niño… nunca había hablado de un niño. ¿El querría un bebe? La angustia le abrumo. Y se convertía en el ya aprensivo hombre que era aún más. Tenía miedo de ello, eso no lo negaba. Tenía miedo de que su relación, ya de por si espinosa se le fuera de las manos.

¡Y Shayr! Necesitaba a Shayr, por lo menos ella… bueno, la realidad le golpe de pronto. Esa sería, ¿Quién sabe? La primera vez que no podría pedirle consejo a su amiga, no porque está realmente se negara, sino porque ella no podía ser lo suficientemente egoísta para preguntarle algo cuando su amiga, en estos momentos, no era un tema idóneo para nada.

Alguien golpe la puerta y ella pego un brinco. Alterada como estaba se quedó tiesa sin saber que hacer o decir.

— ¿Lady Asha?- pregunto Annex desde el otro lado de la puerta- ¿Se encuentra bien?

— S..Sí- tartamudeo un poco- problemas, ya, ya lo soluciones- respondió mordiéndose la punta de los dedos.

— Ho, está bien. La cena está servida.

— Bajare de inmediato.- respondió rápidamente.

Se sienta de nuevo en la cama…. ¿Cómo se lo diría a Witkim?...

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Con los dientes apretados y los músculos tensos apenas si respira mientras un sudor frío le baja por la espina. El dolor del estómago le está matando pero no piensa decirle nada al vampiro. No, cuando este simplemente le ignoraría. Aun ahora, su mente está tratando de recrear algún plan.

No podía enfrentarse a su hijo. No podía. El simple hecho le da nauseas. ¿Con que cara? ¿Con que cara realmente podría presentarse ante él?

Antes de poder seguir divagando, el olor le puso los pelos de punta y Taillo detuvo un poco el corcel.

Lobo… el espeso olor animal era de lobos.

— La manada que trajo tu hijo- le dijo el vampiro mientras hacía trotar al caballo.

¿Una manada de lobos acompañaba a Woulfbez? Pero eso no fue lo que le llamo la atención mientras sus ojos perforaban la noche. Fue un pequeño arbusto a algunos metros más adelante.

— ¡Detente!- le pidió, y no alcanzo a sufrir demasiada sorpresa cuando el vampiro realmente le hizo caso. Ella ya se había bajado de un salto mal logrado, jadeando ante el dolor que se extendió por toda su extremidad por la brutalidad del acto. Cojeando y jadeando por lo bajo se acercó al pequeño arbusto de negras bayas.

Las tomo en sus manos y sonrió por el pequeño milagro que se le tendía. ¡Ho Gracias, los astros lunares realmente le tendían una mano! Eran bayas de Isfo… unas bayas que sus compañeros asesinos utilizaban para reducir su olor. La mezcla de su olor corporal con estas sufría una reacción química que inmunizaba su rastro. No había visto estas bayas en muchos años, pero no dudo mucho en hacerse con ellas y comenzar a frotarlas rápidamente por su cuerpo.

— ¿Qué haces?- le pregunto Taillo con una mueca molesta.

Ella no respondió hasta que sintió que su propio olor disminuía. Un ligero perfume dulzón. Su corazón latió un poco más calmado. Una oportunidad, si lograba sacar a su hijo de aquí… si lo lograba sin que supiera quien era ella, las cosas serían mucho mejor. Mucho mejor.

— ¿Qué es eso? ¿Qué has hecho?- pregunta de pronto el vampiro con el caballo a pocos metros. Cuando lo miro este tenía el entrecejo tan pronunciado que hasta ganas de reír le dieron. El alivio de un terrible encuentro tranquilizaba su espíritu.

Cuando le iba a responder, un ruido les puso alerta. Ambos se giraron hacía el ruido. A pocos metros estaba un lobo, el lobo más grande que hubiera visto alguna vez. No se hubieran sorprendido más si le hubiera aparecido un ejército de Shoys detrás, pero aquel lobo no parecía dispuesto a la batalla, de hecho, solo les miro, les miro largo rato como si intentara comunicarse de alguna manera. Los ojos de la bestia fueron a ella por un rato más mientras ambos aún no se movían. Cuando el lobo se marchó. Ella no podía estar más sorprendida.

— Era un alfa- susurró un poco conmocionada- un lobo alfa, los lobos alfas no se acercan a nadie. Siempre mandan a los súbditos.

— Es el lobo de tú hijo- responde el vampiro molesto. Se le notaba en los músculos tensos.- ¡Vamos si no quieres que te deje botada aquí!

Ella sisea un poco. Y se sube con un salto tambaleante al caballo que parte nuevamente a buen ritmo. Se pone la capucha y se aferra aún más a la capa.

El catillo no está demasiado lejos… el corazón en la boca y el sabor amargo de un reencuentro le rompe todo por dentro.

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La alarma de que alguien llegaba hizo que todos pegaran un saltó. Medio adormilado como estaba se acercó a la puerta para ver porque tanta conmoción, solo para que la puerta a poco de unos centímetros abierta se abriera de golpe y Sandrua se interponía en su camino.

— ¿Qué crees que haces?- le pregunto en un siseo nervioso y bastante agresivo. Él no se lo espera, por lo que sentándose envarado le mira sin saber que decir exactamente.

Sandrua está demasiado nervioso… y puede comprenderlo, un poco. Pero la agresividad esta demás, eso lo sabe.

— Sandrua- habla Jak con voz tranquila, el sujeto les mira detenidamente y se destensa un poco.

— ¿Janiel, quién es?- pregunta en un medio grito hacía el joven que ellos no alcanzan a ver.

— Es Lord Taillo- responde alguien alejado- con un encapuchado… creo que es Lord Shayr, San- responde.

A él se le sube el estómago a la boca. El corazón tan rápido que se siente un poco mareado.

Lord Shayr es un licano, o licana. Eso lo puede comprender, de verdad que sí. Pero junto a un vampiro ¿Qué hacía junto a un vampiro? Su padre toda la vida le había enseñado a mantenerse alejado de esos seres, si no así, de asesinarlos porque no había vampiro decente en ninguna tierra. Eran seres egoístas, asesinos por nacimientos y habían asesinado a su madre… le habían quitado la vida a su padre y marchitado a su madre.

De pronto una figura pasa tan rápido por su lado golpeándole levemente el hombro que no es capaz de decir nada mientras Lan se lanza fuera de la carroza. Sandrua lanza una maldición y se lanza detrás del chico que le saca sus buenos metros cuando se ve atrapado entre dos carromato. Él no entiende nada hasta que Drue le pega una patada en la espalda casi lanzándolo de boca fuera de la carroza.

— ¡Vete!- le gruñe Jarek mientras él entiende. Mientras Sandrua pesca de un brazo a un nada arrepentido Lan que se desase en disculpas cuando él se desliza fuera de la carroza y se pierde entre el gentío que se mueve hacía los recién llegados.

El corazón en la boca. Su mente perturbada…

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Atrapa al chiquillo que queda arrinconado. Cansado mentalmente le agarra de un brazo mientras este se retuerce en disculpas nada creíbles. Demasiado cansado para siquiera discutir se gira hacía el carro… donde dos sonrientes humanos le esperan los más lejos posible de la puerta. Se gira hacía Lan que parece levemente avergonzado.

— Jodidos sean- les replico mientras de un ala metía a Lan dentro. Agarra a uno de los guardias y lo ponían fuera del carro amenazándolo con castrarlo si uno de esos chiquillos si quiera ponía una nariz fuera.

Woulfbez… ¡Ho chiquillo! si lo pescaba se iba a enterar.

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Siente que le ponen los pelos de punta mientras se encamina entre el gentío. Nadie parece interesado en él por lo que se mueve rápidamente para acercarse a los recién llegados.

Los ve antes de que pueda si quiera moverse más cerca.

Un corcel dócil y levemente cansado. Sobre él, aquel sujeto. Imágenes difusas llegan a su mente. Tiene la elegancia de un gato, ojos asesinos levemente delineados con negro por nacimiento o por ego, ojos negros cual carbón. El pelo negro y la piel pálida, el rostro tensó y molesto. Pero para su incomodidad no es el vampiro mata licanos que tiene delante el que le llama la atención, si no la figura agazapada detrás.

Respira profundo pero nada más que el olor a humanos y el del vampiro le golpean. ¡¿Qué?!

— ¡Shayr!- grita alguien de pronto. La hermosa mujer, Lady Asha sale del salón corriendo mientras su esposo malhumorado y rodando los ojos va detrás de ella con paso cansado, como si de pronto su muy feliz mujer no fuera una bendición.

Intenta moverse entre la gente que habla de milagros y de lo feliz que están de verlo. Algunos otros hombres hablan de lo bajito y enfermo que se ve, aunque la capucha le tapa entero y es imposible verle la cara.

Lady Asha habla emocionadamente mientras con la capucha que asiente mientras camina adoloridamente mientras Lord Witkim llegaba cerca de ellos.

Quiere verle… solo un segundo, quiere verle. Se mueve por alrededor.

Solo un momento.

Quiere verle solo un momento.

Está a solo cinco metros cuando alguien le pone una garra en el hombro. Se eriza al sentir a Sandrua. Se gira para mirarlo cuando un leve destello le llama la atención. Se gira y la ve.

Unos ojos azules como la media noche, manchas en sus sienes y el cabello negro pegado a su adolorido rostro.

Asombrado ni siquiera puede hacer algo cuando Sandrua lo jala hacía atrás, haciéndole daño. Cuando se quiere girar para mirar de nuevo a la licana de extraños y familiares ojos. El olor a flores de cementerio le ponen los pelos de punta. Un brazo fuerte le agarra del codo. No alcanzo a hacer nada cuando es girado sobre si y lo medio estampan contra uno de las paredes de alguna bodega.

Esos ojos negros, endiablados le miran como si fuera su próxima comida.

Y solo en ese momento. En ese instante de pánico que le inundo ante el vampiro. Cualquier cosa se le escapó de la mente y sobrevivir fue lo único que inundo su mente.

Los vampiros son nuestros enemigos naturales, Woulf. Nunca te pongas a manos de unos de ellos, mejor morir que ser su juguete.

Las palabras de su padre le llegaron de pronto. Una sensación tibia le inunda por dentro, las manos le pican y el lobo toma posesión de él por unos segundos y cuando en una reacción bruta lo aleja de un golpe. No espera, sinceramente que el vampiro sonría… una sonrisa blanca, maldita y siniestra. Como si esa reacción le complaciera enormemente.

— Llévatelo Sandrua- susurra el vampiro, al muy tenso humano que con la mano en su espada mira a ambos antes de agarrarlo de un brazo y jalarlo fuera de allí.

— Maldita sea, chico- susurra el hombre mientras lo lleva casi a rastras al carro. Despide de un movimiento al guardia que enfurruñado se aleja maldiciendo. Sandrua abre la puerta cuando él la cierra de la misma forma.

Mira al humano detenidamente.

— ¿Qué le paso a mi madre, Sandrua? ¡Quiero saberlo!


Un cap largo, por navidad, año nuevo, el atraso y porque tal vez no pueda subir este 15, si no hasta el otro mes XD

Lo siento, pero tengo muchas cosas encima -.-

Gracía a todos ustedes, mis buenos lectores anónimos, pero… bueno, ¿Un review? :D

YuePrice: Me alegra un montón que te haya gustado este Fic. :D me hace ilusión sus comentarios en general, asi que espero que te siga gustado. El reencuentro ya se nos viene encima… chan chan channnnn,… y no sé que hare, nha mentira, si se XDD… Bueno. Espero que te siga gustado, nos leemos :D.