Trucos de Salón

Cap. 19.1

Cuando Aang apareció por fin... ya estaba atardeciendo. Sokka y Katara estaban terminando de comer sus respectivos alimentos mientras Toph y Appa jugaban con algunas de las cosas que ella había comprado. Al llegar a la mesa donde estaban, Katara le preguntó donde había estado; ante eso, recordó lo dicho por Sokka y en un pésimo intento por actuar indiferente, le respondió que ocupado con sus cosas. La respuesta pareció extrañarles a todos pero nadie quiso profundizar el tema.

-Es bueno que llegues Aang- comentó Sokka -Katara ha estado quejándose toda la tarde por su última predicción y Toph la ha convencido de ir a comprar papaya.

-¿Papaya eh?- comentó, continuando con esa mal actuada actitud.

-Si… ¿quieres una?- preguntó ella con voz resignada.

-No gracias.

-Bueno- respondió cabizbaja.

Toph compuso una expresión maliciosa y en cuanto los hermanos se levantaron para pagar, ella tomó a Katara del brazo y la arrastró rumbo a un puesto de fruta cercano. Katara lucía deprimida y eso le revolvió el estómago a Aang.

-Quizá la frialdad no es mi estilo- murmuró mientras Sokka pagaba la cuenta.

En ese momento el chico reconoció una cara entre la multitud, era esa chica, la amiga de May que había visto en casa de la Tía Wu… pero no estaba sola. Un joven de cabello color arena estaba a su lado, medio arrodillado y con una extraña flor en sus manos. El joven le dio la flor a Sian y ésta sonrió complacida mientras le echaba los brazos al cuello.

-¡Una azucena panda!, ¡es hermosa Jerum!

Sokka llegó a su lado y contempló la escena con expresión reprobatoria.

-¿Viste eso?- exclamó Aang emocionado, antes de salir corriendo e interrumpir a la pareja en pleno beso -¡Disculpen!, ¿donde puedo conseguir una de esas?

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-No puedo creer que me convencieras de venir hasta acá por una estúpida flor- gruñó Sokka, mientras ambos subían por las escaleras de emergencia de un edificio altísimo, a las afueras de la zona.

Katara y Toph habían decidido quedarse, extrañadas de que los chicos quisieran buscar un baño justo al inició del desfile. La pareja le había dicho a Aang, que la azucena panda era una flor rara, que sólo crecía cerca de la cima de algunos volcanes, pero que en ocasiones había algún vendedor aventurero, que traía unas pocas cada año. Esta vez, el valiente había traído una docena y las cuidaba en un invernadero clandestino que estaba ubicado en el ultimo piso de un edificio abandonado, justo en los límites del barrio. Después de recibir las indicaciones necesarias, los chicos se despidieron y buscaron una excusa para ausentarse unos minutos, misma que las chicas creyeron sin mucho esfuerzo.

-No es cualquier flor Sokka, es una azucena panda. La he visto en acción y sé que funciona- explicó Aang mientras llegaba a la cima de las escaleras.

Sokka enarcó una ceja escéptico y volvió al ataque.

-Las flores están bien para los casados... pero en esta etapa, es importante que mantengamos la máxima distancia.

-Mi corazón dice que busque la flor… y tía Wu dijo…

-¡¿Qué?! ¿No me digas que crees en esas cosas también?

-Yo… bueno- trató de excusarse -Ella aun no se ha equivocado... ¿por qué debería errar en el amor?

Justo entonces ambos llegaron al último piso del edificio. El interior estaba completamente vacío, lo cuál los extrañó.

-¿No se supone que el comerciante debía estar aquí cuidando las flores?- preguntó Sokka.

-Fue a ver el desfile, tal vez.

Ambos se encogieron de hombros y revisaron la habitación rápidamente, no había señales del invernadero así que salieron al pasillo y subieron las escaleras que conducían al techo del edificio. Por dentro, éste estaba menos desgastado que en el exterior, pero aun así caminaron con cuidado. Una vez que atravesaron la puerta, se quedaron asombrados con la pequeña reserva de vida... estaban rodeados de flores y plantas extravagantes; todas ellas acomodadas en hileras que a su vez formaban distintos pasillos. Había enredaderas, rosas, claveles, margaritas, girasoles, flores azules, moradas, rojas, naranjas y negras.

Había también plantas medicinales, venenosas... e incluso un par de jóvenes árboles de fruta. Ambos se separaron y después de un rato de búsqueda, Aang se encontró de frente con la única azucena panda del lugar. Era ciertamente hermosa. Sus pétalos eran largos y curvos, de color blanco pero de contornos negros, el tallo era de un verde fuerte y en el centro, protegido por los pétalos... había un pequeño pistilo color crema. Aang acababa de tomarla cuando Sokka lo llamó con voz alterada.

-Aang, tenemos que salir de aquí.

-De que hablas, no me iré sin pagar. Dejaré el dinero en la mesa justo donde estaba esta…

-No lo entiendes, debemos irnos... es en serio- susurró extrañamente inquieto.

-¿Por qué?

Sokka señaló hacia atrás, justo hacia el pasillo desde el cual había salido. Aang estaba a punto de preguntarle que diablos le pasaba cuando notó un hilo de sangre extendiéndose por el piso.

-¿Qué rayos paso?- exclamó, ahora también susurrando.

-No lo sé, pero esa sangre no llegó ahí sola... debe ser del comerciante. Alguien más ha estado aquí, hay rastros de pelea.

-¿Lo encontraste?

Sokka negó con la cabeza seriamente y señaló hacia la salida con intención. Aang entendió el mensaje y con pesar lo siguió hasta la puerta mientras Sokka desenfundaba su arma, sin embargo, un murmullo de voces los detuvo antes de llegar a la puerta. Había gente en la habitación del último piso y se dirigían hacia allí. Los chicos compartieron una mirada y retrocedieron para esconderse en el pasillo del extremo... detrás de una frondosa enredadera, que esperaban, fuera suficiente para protegerlos de la vista de aquellos intrusos. No tuvieron que esperar mucho tiempo para presenciar la llegada de cinco dragones. Todos estaban armados y dos de ellos eran maestros fuego, como evidenciaban sus puños envueltos en débiles llamas.

-Te juro que escuche algo- dijo uno de los dragones.

-Creo que todos estamos nerviosos.

-¡No!, escuche pasos aquí... daría mi mano derecha. ¡Ustedes!- gritó, señalando a los dos más jóvenes -Revisen allá.

Los aludidos se adentraron en el invernadero con cautela, mientras el resto se quedaba en la entrada observando y apuntando a todos lados con sus armas. Los dragones daban un vistazo a cada pasillo y los chicos se tensaron cuando uno de ellos se acercó peligrosamente a su escondite, pero el dragón paró en seco al ver la sangre y retrocedió hasta sus compañeros con lo que parecía ser... ¿vergüenza?

-El sujeto al que golpearon… ¿vivirá?

El dragón más viejo (y que parecía ser el líder) rió con desprecio, al igual que sus dos escoltas. El otro dragón joven detuvo su inspección y prestó especial atención a la respuesta, también pareciendo incómodo. Aang deseo salir a su encuentro e interrogarlos sobre el paradero de ese pobre hombre con la esperanza de que no fuera demasiado tarde, pero Sokka lo detuvo con un gesto. Abajo se escuchaba más ruido, así que seguramente había más dragones y no podían darse el lujo de ser superados en número.

-No seas estúpido Chan, si tenemos suerte no volverá a abrir los ojos…

-Oh… ¿no es esto encantador?... ¿te preocupa la vida de un miserable comerciante de flores? ¿novato?- dijo con malicia uno de los escoltas.

-No es eso- se apresuró a contestar el joven dragón -Pero pensé que tal vez…

-¡Silencio!- espetó el más viejo -Tenemos poco tiempo para salir de este apestoso barrio antes de que el capitán ordene detonar los explosivos y no vamos a perderlo hablando de la suerte de un pobre diablo… Kion eres un incompetente paranoico- remató con enfado, mientras el segundo escolta se encogía en su lugar.

-¡Ahora muévanse!- y con eso dio media vuelta, regresando a las escaleras.

Loa dos dragones más jóvenes se quedaron atrás y el primero le puso una mano al otro en el hombro, con una expresión comprensiva.

-No te preocupes demasiado, seguro que se salva… Zen lo llevó al hospital muy rápido.

-Y cuando vuelva será tratado como basura por ayudar a ese sujeto- comentó con acritud.

-Tal vez no regresa… puede que decida unirse a los desertores- comentó en voz baja el dragón.

Un alboroto se escucho a lo lejos y ambos jóvenes dieron un respingo, temerosos de que fueran castigados se apresuraron a alcanzar a su grupo. Una vez que se dejaron de escuchar sus pasos, Sokka y Aang salieron de su escondite y compartieron una mirada preocupada. Sokka se acercó con cautela a la puerta para asegurarse de que el peligro había pasado. Aang por otro lado, se acercó hasta donde estaba el charco de sangre y miro el suelo con una mezcla de tristeza y asco.

-Parece… que la tía Wu se equivoco- murmuró, al tiempo que dejaba caer la azucena panda de su mano y veía como ésta iba a parar contra el suelo. Los pétalos se tiñeron de rojo poco a poco.

-Toda esa gente cree que esta a salvo- dijo Sokka alterado, mientras miraba en dirección al desfile -Tenemos que ir a advertirles…

-No hay tiempo para caminar- sentenció Aang muy serio –Sujétate.

Sokka miró estupefacto como el chico rasgaba la lona que cubría el invernadero con un látigo de agua y se lanzaba al vacío sin ninguna precaución, oh... y además arrastrándolo con él. El edificio medía alrededor de unos veinte o veinticinco metros de altura, lo cual hizo que Sokka fuera muy consciente de todos los detalles a su alrededor mientras ambos caían a una velocidad vertiginosa, tanto que le provocó el mareo más desagradable de su vida y la sensación de que iban a estrellarse sin remedio contra el piso. Sin embargo, Aang convocó grandes cantidades de aire a su alrededor y con enorme esfuerzo, logró amortiguar el aterrizaje de modo que de un momento a otro, ambos estaban parados sobre sus pies y completamente ilesos.

Aang tenía una expresión cansada, pero antes de que Sokka pudiera preguntar si se encontraba bien, una lluvia de balas y bolas de fuego les hizo echar a correr. Algunos dragones habían visto a los chicos durante la caída y alertaron al resto de sus compañeros. Ahora, ambos se enfrentaban a los ataques que parecían venir de todos lados. Aang cubrió su retirada con un muro de piedra, pero no podía resistir los ataques por mucho más tiempo. Hubo un momento en el que las balas dejaron de caer y los chicos supusieron, que se debía a la necesidad de recargar sus armas, así que aprovecharon ese momento para correr hasta la calle más cercana y el ataque se reinició justo cuando doblaron la esquina, eso le permitió a Aang deshacerse del muro de piedra y concentrarse en la huida. Ninguno de los dos jovenes paro de correr hasta llegar a las calles donde ya estaba congregada la multitud. Los dragones no los habían seguido hasta ahí, lo cuál lejos de aliviarlos, les preocupo seriamente. Significaba que iban a alejarse lo suficiente para detonar los explosivos de los que hablaban.

La situación era terrible. Había un mar de gente que admiraba los carros alegóricos del desfile (que de hecho eran ostentosos y ciertamente impresionantes), además había decenas de personas más por ahí, disfrutando de las atracciones o perdiendo el tiempo… y todos ellos podían morir de un momento a otro. Los presentadores alentaban al público a vitorear y aplaudir, provocando un ruido ensordecedor que mezclado con la música, hacía imposible oír lo que decía el de a lado a menos que éste gritara. Ellos trataron de llamar la atención de las personas que les rodeaban, pero ninguna parecía interesada en oírlos, y quienes lo hacían, se burlaban de sus advertencias puesto que la predicción de la adivina había anunciado lo contrario. Luego de unos angustiantes minutos en los que experimentaron el rechazo y la indiferencia de la gente, encontraron a las chicas... Katara y Toph lucían muy animadas. O al menos así era hasta que se dieron cuenta de la actitud de sus compañeros, momento en que sus expresiones se llenaron de la más sincera preocupación.

-¿Qué ha pasado?- interrogó Katara.

-Todo esta mal, muy mal- exclamó Aang alterado.

Su semblante estaba inusualmente serio y había una chispa de miedo en su tormentosa mirada.

-Tenemos que sacar a la gente de aquí- añadió Sokka igual de inquieto.

-¿Por qué?, ¿qué esta pasando?- exigió Toph.

-El desfile está por convertirse en un genocidio... los dragones colocaron de alguna manera explosivos por toda la zona… ¡nos volarán en pedazos!

-¿Qué?... espera ¿de qué estas hablando?- preguntó Katara perpleja.

Una pareja de ancianos paso junto a ellos para acercarse más al desfile y al reconocer a los chicos, rieron por lo bajo y negaron con la cabeza ligeramente. Sokka explotó exasperado.

-¡Nadie nos cree!

-Has estado tratando de desacreditar las predicciones de la adivina local toda la tarde, ¿cómo esperas que…

-Hay otra cosa por la cual preocuparse justo ahora- interrumpió Aang -La tía Wu se equivocó con el desfile... No acabará bien.

-¿Sokka te ha contagiado eh?- comentó Toph. Katara miró acusadoramente a su hermano.

-Ya trataste de convencerme de que sus predicciones son falsas, te va costar mucho que…

Un pequeño temblor sacudió la tierra en ese momento seguido de un sonido como de cañón. A lo lejos, una columna de humo se elevó al cielo al sur del lugar, y la gente hizo una pausa durante un momento. Una sirena se escuchó cerca y la gente se hizo a un lado para dejar que el camión de bomberos atravesara la plaza, pero una vez que éste se hubo alejado, todos volvieron a sus actividades como si nada.

-Oh no... - susurró Katara.

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En un intento desesperado por captar la atención de todos, Aang ayudó a Sokka para invadir uno de los carros más grandes. Y mientras hacía que los ocupantes bajaran de la plataforma, Sokka intentó razonar con la multitud micrófono en mano, desde arriba de ese carro. Las chicas hacían lo posible con las personas de abajo.

-Escuchen, éste lugar esta apunto de explotar, ¡tienen que irse!. La tía Wu se equivoco con el desfile…

-Si sí… sabemos que no le crees a tía Wu señor amante de la ciencia y la razón- interfirió una mujer frente a él.

Muchos se mostraron de acuerdo, y entre murmullos y abucheos hicieron ademán de bajarlo. En ese momento, Katara fue en auxilio de su hermano y la multitud se detuvo de nuevo.

-Si no le creen a él, tal vez me escuchen a mi... quiero creer en ella tanto como ustedes, pero Aang y mi hermano vieron a los dragones con sus propios ojos y..

-Pues yo oí a la tía con mis propios oídos- espetó un hombre testarudamente.

-Si

-Yo también

Más y más exclamaciones de apoyo surgieron aquí y allá.

-Por favor escúchenme- intentó Aang con voz dura -Todos están en peligro. No pueden confiar ciegamente en las predicciones, deben tomar su destino en sus propias manos.

Una segunda columna de humo apareció en el horizonte, esta vez al este del barrio y otro temblor sacudió el suelo.

-¡Miren!- exclamó Sokka -Puede tía Wu explicar todo eso…

-¿Puede tu ciencia explicarlo?- cuestionó otro hombre con altanería.

-¡SI! ¡SI PUEDE!

Y a pesar de todos sus esfuerzos, las personas se alejaron y el desfile continúo. Aang consideró seriamente la posibilidad de confesar que era el avatar, pero sus amigos estuvieron de acuerdo que no era el mejor momento ni lugar para eso, podría ser peor.

-No van a escuchar- sentenció Toph con enfado.

-¿Qué vamos a hacer?- preguntó Katara -No nos escucharán.

-Pero si escucharan a la tía Wu- susurró Aang con tono extraño.

-¿Qué quieres decir?

-Qué esa es la solución. Tomaremos el destino en nuestras propias manos…

-Creo que ya te voy entendiendo- murmuró Toph con alegría.

Los dos hermanos los miraron sin entender por completo y Aang continuó.

-Bueno… primero tomare prestado el libro de lectura de nubes.

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En su camino a la casa de la adivina, los chicos se toparon con el anciano que Aang había conocido en la tienda de disfraces y éste saludó al chico con alegría, pero no venía solo. Un puñado de policías y una media docena de bomberos venía tras de él.

-Los escuché cuando advirtieron a la gente sobre el futuro ataque… ¿Le mencioné que mi hijo es el capitán de la policía de este barrio avatar Aang?

El chico rió complacido y le dio las gracias antes de escabullirse hasta el callejón próximo a la casa de la adivina. Sus amigos se encargarían de informar la situación y organizar a los voluntarios que lograran convencer. Mientras tanto, él trepó la barda trasera sin mucha dificultad y entró con sigilo hasta el interior de la casa. Una vez dentro, se dirigió hacia la habitación donde se llevaban a cabo las lecturas y comenzó a buscar el libro que había visto en una sola ocasión.

Buscó por todos lados, en los cajones, en el librero, bajo los colchones, entre los frascos, el escritorio… y nada. No aparecía por ningún lado. Estaba por darse por vencido y recurrir al uso de su identidad como respetado avatar, cuando una mano le dio unos golpecitos en el hombro, sobresaltándolo. No había notado la presencia de alguien más, ni el momento en que llegó... porque estaba seguro de que no había nadie en la habitación cuando él mismo entró… pero todo eso sólo resultaba ser más preocupante. Había sido un descuido imperdonable.

-Aang- murmuró la chica a su espalda.

Esa voz le era familiar. Y efectivamente, cuando volteó para hacerle frente, se encontró cara a cara con May.

-Aaa... uuu... no te había visto- se excusó con torpeza.

Estaba nervioso por haber sido descubierto en medio de lo que bien podría considerarse como delito.

-¿No te gusto verdad?

La pregunta de la chica le sacó de sus pensamientos, dejándolo anonadado.

-Claro que me gustas…

-Pero no como tú me gustas- insistió cabizbaja.

-Oh… creo que no- murmuró él con tristeza, y una disculpa grabada en su voz.

-Esta bien... es duro cuando te gusta alguien que no siente lo mismo por ti.

-Sé de que hablas.

-A propósito esa chica es linda.

-¿Ah?- balbuceó sorprendido, mientras sus mejillas se encendían ligeramente.

-Esa chica de la tribu del agua... ya veo por qué te gusta tanto. Es dulce, es maestra y su cabello es taaan dócil- suspiró resignada.

-No te preocupes... Conocerás un chico que se enamorara mucho de ti. Estoy seguro- le dijo con una sonrisa sincera.

-Gracias- murmuró ella sin convicción.

Aang se dirigió a la ventana para retirarse pero ella lo detuvo de inmediato, con una nueva emoción.

-¡Espera!... ¿no querías esto?- le preguntó mientras sacaba de entre sus ropas el desdichado libro de lecturas.

-¡Sí!... ¿cómo lo sabias?- se sorprendió después de haberlo recibido.

-Yo te… estaba siguiendo un poco- admitió la chica avergonzada.

-Uuu je...- intentó Aang nerviosamente, mientras se sonrojaba -Gracias… eso supongo.

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Cinco minutos después los chicos se habían reunido en la plaza. Ellos le informaron a Aang que el anciano y su gente habían ido movilizar a la multitud y que esa medida estaba funcionando, aunque relativamente. Las personas se resistían a ser evacuadas y avanzaban con lentitud hacia la ruta de escape que habían establecido los policías. Una tercera columna de humo se había levantado al oeste del barrio y el equipo sentía que cada vez estaban más cerca del caos.

-Las nubes están hechas de agua y aire- explicaba Aang -Por eso entre ambos podremos ser capaces de darle la forma que queramos...

Katara lo escuchaba impresionada, mientras ambos subían al más alto de los edificios de la zona. Era fácil admitir que era una idea brillante.

-Lo encontré- anunció ella, tres pisos más arriba -El símbolo para muerte por fuego.

Aang le sonrió al tiempo que llegaban al último piso y detenía la columna de piedra con que los había llevado hasta ahí. Ambos salieron al exterior del edificio y en el techo, ambos se colocaron uno frente al otro. Él se concentró al máximo en su poder... en las corrientes de aire cercanas... y después de un largo momento sus esfuerzos comenzaron a dar frutos. El cielo se oscureció y las nubes se arremolinaron sobre sus cabezas con rapidez sorprendente. Katara estaba cautivada con semejante demostración de poder, casi podría decirse que el chico frente a ella, se daba el lujo de controlar el clima para conseguirles a ambos algunas nubes.

Cuando Aang considero que era suficiente, hizo una pausa e intercambió una mirada cansada con ella. Y como si pudiera leer sus pensamientos, ella comenzó a doblar las microscópicas gotas de agua que podía sentir a su alrededor. El joven se unió a ella unos instantes después, ayudando a doblegar el aire y moldeando la dirección que debía tomar. En algún momento, ambos habían empezado a moverse en círculos alrededor del techo, tan sólo unos pasos de vez en cuando. Katara hacía movimientos elegantes con las muñecas y los brazos en una especie de danza estilizada, danza a la que se unió su compañero poco después. Los dos maestros doblaban sus elementos en perfecta sincronía, como dos piezas de música que se equilibrarán armónicamente. Y finalmente, lograron su objetivo.

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-Tía Wu, ¡mira!... algo esta ocurriendo en las nubes- exclamó un alterado Sokka.

-Eso es muy extraño, no debería... aaa ¡oh no!

Los presentes -incluyéndola- miraban con estupefacción el cielo, mismo que en apenas unos momentos, se había llenado de nubes de tormenta. Y éstas formaban la imagen de una aterradora calavera cuyos bordes estaban difusos.

-¡Esto es terrible!- informó la adivina –Todos debemos salir de aquí.

-Aun podemos evacuar si actuamos rápido- intervino Toph -Sokka tiene un plan…

Los civiles por fin prestaron atención a las indicaciones de los chicos, y se mostraron dispuestos a cooperar en la evacuación. La adivina apoyaba de manera peculiar, convenciendo a los que aún estuvieran reticentes o que no hubieran escuchado las últimas noticias.

-Creo que ya no hay tiempo para eso- anunció uno de los bomberos que había llegado con el anciano de la tienda de disfraces.

El bombero venía trotando hasta ellos, sudoroso y con una expresión oscura en el rostro.

-¿De qué hablas?- se escandalizó Sokka –Tenemos que sacarlos de aquí…

Justo entonces Aang y Katara llegaron junto a sus compañeros silenciosamente, nadie pareció notarlo además de ellos mismos.

-Hablo de que… el capitán descubrió a un grupo de dragones saliendo de la casa del señor Laog- de la multitud que se había detenido a escuchar, surgieron exclamaciones de asombro –Él es el principal promotor de este desfile, el hombre más rico del lugar y el dueño de la mayoría de los negocios y carros alegóricos.

-Ve al punto- exigió Sokka.

-Los dragones acababan de exigirle un precio para no detonar los explosivos hasta que él pudiera salir de la zona junto a su familia. Laog confesó que había aceptado, que los incendios en cada punto cardinal del barrio eran para indicarle cuanto tiempo le quedaba... y que estaba preparándose para salir cuando llegamos…

-Creo que te dijo que fueras al punto- se exasperó Toph.

-Es que… de ese grupo sólo se pudieron capturar a cinco de ellos, dos más escaparon y justo ahora... el resto de ellos debe saber que estamos enterados del ataque.

-Detonaran antes de que podamos escapar- concluyó un Sokka preocupado.

-Creemos que si- confirmó el hombre –Los dragones capturados están convencidos de que serán sacrificados pero se niegan a decir dónde están los explosivos.

-¡El que sea maestro tierra que venga conmigo!- gritó Aang a los civiles presentes, mismos que habían enmudecido y estaban paralizados en su lugar.

-Yo soy maestro tierra- afirmó un chico entre la multitud, al tiempo que se acercaba al avatar con expresión decidida.

-Yo no- dijo sonriente el que parecía ser su hermano gemelo –Pero a donde quiera que vaya yo voy.

Algunos voluntarios más se acercaron y siguieron a Aang, éste los condujo unas calles más al norte.

-Aang, ¿que haces?- preguntó Katara con preocupación, mientras ella y sus amigos lo seguían con expresiones similares.

-Recuerdo haber visto algo sospechoso antes, y creo saber… tengo una idea de donde pueden estar esos explosivos- murmuró con seriedad -Tú- le dijo al bombero que estaba más cerca de él –Vuelve con tus compañeros y dile al capitán que ya no traten de evacuar a la gente. Y que tampoco pierda el tiempo con los capturados porque estoy seguro que no dirán nada. Dile que lleve a la gente al edificio más grande y seguro de este lugar…

-¡Esa es la estación!- aseguró el hombre con energía renovada. Aang le sonrió levemente y asintió con la cabeza para indicarle que se apresurara.

El hombre salió corriendo y Sokka se le acercó con una expresión orgullosa en el rostro.

-Te he enseñado bien- dijo con alegría –Y ahora… ¿dónde dices que hay que buscar?

-En la fábrica- afirmó el joven con aplomo.

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Sokka había entendido el rumbo de pensamiento que seguía Aang y estaba seguro de que era el correcto, así que lo apoyó con la organización de la gente y trazó un nuevo plan. Cundo llegaron a un punto medio entre la estación de bomberos y la única fábrica del barrio (misma que era fuente de trabajo de todos los locales y propiedad del señor Laog), Sokka comenzó a darle instrucciones a los voluntarios que los habían seguido. Algunos eran maestros tierra y otros no, pero todos estaban dispuestos a evitar un desastre. Toph quedó a cargo de ese grupo para dirigir la creación de una zanja enorme a mitad de la calle, una que fuera capaz de rodear la fábrica. Pero eso tomaría algo de tiempo puesto que debían cavar grandes cantidades de tierra y abrirse paso a través del concreto y el estorbo que conformaban los puestos abandonados o los carros alegóricos que habían quedado varados cuando se desató el pánico. A pesar de ello estaban convencidos de que, si conseguían hacerla lo suficientemente profunda y gruesa, detendrían la propagación de los químicos y el fuego provenientes de la fábrica.

Mientras tanto, Aang había enviado a Katara a los lugares cercanos de la zona, junto con un pequeño grupo de bomberos y policías que habían llegado como apoyo, según las órdenes del capitán. Su misión consistiría en prevenir un daño mayor, llevando lejos las fuentes de peligro más preocupantes como los tanques de gas abandonados y los camiones que los transportaban. También tenían que mover, a modo de barricada, la mayor cantidad de autos y carros alegóricos detrás de la zanja. Era una medida extra de apoyo en caso de que esa última no funcionara. Katara, por supuesto había protestado, porque consideraba que sus habilidades estarían mejor invertidas con ellos...

-Que con un grupo dedicado a manejar autos, tan solo unos cuantos metros...

-Pensé que te gustaba manejar- comentó Sokka con intención.

-No cuando eso me deja fuera del juego- contratacó enfadada –Lo que pasa en verdad, es que no quieren que vaya con ustedes.

-Katara- llamó Aang con voz tranquila –Aprovechar tus poderes para sellar las posibles fuentes de reacción en cadena, no es de ninguna manera un pretexto.

Sokka lo miró como si lo viera por primera vez en su vida, pero Katara no tomó nota de ello porque miraba fijamente a su interlocutor.

-¿Y a que se supone que te refieres con eso?

-Hemos dicho que estas a cargo del grupo que se encargará de formar la barricada, no que tú tendrías que hacer lo mismo que ellos- la chica lo miró sin entender pero claramente con menor enfado –Nos referíamos a que te asegures que lo hagan bien mientras estés aislando las fuentes de combustible en los alrededores…

-Y más vale que lo hagas rápido hermanita- intervino Sokka -Hay muchos locales, edificios y casas con tanques de gas instalados por aquí y allá… incluso creo haber oído algo de una red conectada a la fábrica que debe ser congelada.

Katara los miraba desconfiada pero dio un vistazo preocupado a los lugares mencionados y con el ceño fruncido se marchó resignada en dirección a la casa más cercana.

-Bien pensado niño aire- dijo Sokka agradecido, mientras ambos atravesaban corriendo la entrada de la fábrica.

-No iba a dejar que viniera cuando hay una tonelada de artefactos explosivos en este lugar- contestó jadeando –Mucho menos cuando no sabemos el tiempo que resta para que detonen...

-Pues gracias por eso- comentó Sokka de buen humor.

En cuanto accedieron a la zona de trabajo y almacenamiento, se dieron cuenta que el lugar era muy grande como para revisarlo juntos, así que se separaron. Sokka se marcho apresurado hacia el piso de arriba, con su boomerang en la mano pues no estaban seguros de lo que encontrarían. Mientras tanto, Aang corría hacia el interior de la fábrica, esquivando en su carrera las enormes máquinas y contenedores, mismos que estaban llenos de químicos sospechosamente peligrosos. Cuando estuvo seguro de haber recorrido toda la planta baja y a punto de darse por vencido, descubrió una puerta en la pared del extremo que decía "prohibido el paso", así que lógicamente, corrió hacia ella.

Tuvo que usar su tierra control para abrirse una entrada, pues la puerta estaba cerrada con demasiado esmero y era ridículamente pesada. Una vez que se abrió pasó, descubrió que sólo conducía al sótano escaleras abajo y estuvo a punto de dar la vuelta, pero percibió un ruido extraño al fondo. Era como un pitido corto y pausado. La curiosidad lo llevó a bajar de un solo salto y en cuento sus pies tocaron el piso, su mente le informó el por qué le era familiar ese sonido. De inmediato se maldijo por tardar tanto en identificarlo.

-Tenemos problemas- murmuró consciente de que nadie lo escuchaba.

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Katara dio un vistazo en dirección a la fábrica, consciente de que, no por desviar la vista una y otra vez... los chicos iban a aparecer con la bomba desactivada en la mano. Era una misión estúpida, no tenía sentido. Pero nadie le había hecho caso. Ni si quiera Aang.

-¡Demonios Sparky!- exclamó frustrada.

Mientras arrojaba con furia, la masa de agua contra el último tanque de gas, congelándolo al instante.

¿Cómo pensaba desactivar esa cosa?... aun si llegaban y había tiempo de sobra para moverla, ¿cómo la desactivarían?... ninguno de ellos era experto en eso. Y si era demasiada carga como para arriesgarse, ¿a dónde la llevarían?... Aang le había dicho atropelladamente que si no era la gran cosa, bastaría con que él mismo la arrojara lo más alto que su aire control le permitiera, dejando que explotara donde nadie pudiera salir lastimado.

-Como fuegos artificiales dijiste…

¡Sí claro!, pensó con amargura antes de que otra idea se filtrara en su mente y amenazara con acabar con su cordura.

¿Y si no podían hallarla con el tiempo suficiente?... Si…

-¡No!- se dijo con voz quebrada –No…

Y antes de permitir que su juicio se nublase del todo, se marchó en dirección a la defensa metálica que preparaba su grupo.

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Pip, pip, pip…

El sonido de la cuenta regresiva lo estaba poniendo nervioso, mientras se abría paso por entre los barriles que antes había creído llenos de licor y que ahora sabía, estaban repletos de pólvora, gasolina y paquetes rectangulares que seguramente también eran propensos a incendiar todo lo que tocaran.

Cuando al fin dio con el cronómetro que emitía el infernal pitido, enterrado entre una montañita de paquetes y cables... se le cayó el alma a los pies. Los números brillaban en la pantalla con el tono más rojo que recordaba haber visto nunca. Parecían burlarse de él mientras seguían cambiando a un ritmo insobornable.

1:09, 1:08, 1:07…

-¡SOKKA!- gritó mientras emprendía una carrera desesperada.

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Katara se había encargado de congelar, con abundantes cantidades de agua... cada tanque de gas, contenedor de combustible o fuente incendiaria que encontró en su camino alrededor de los límites de la fábrica. El grupo liderado por Toph había creado una zanja enorme (esperaba que lo suficientemente profunda también)... y ahora, la mayoría de sus subordinados estaba ayudando a su propio grupo a terminar de formar la barricada ya fuera movien do o volcando las últimas unidades. Ella no había tenido que corregir muchas cosas. Después de todo, los hombres a su cargo estaban bien capacitados... así que había dedicado la mayor parte de su tiempo a asegurarse de sellar casi todas las fuentes explosivas.

Habían pasado unos veinte minutos desde que Aang y su hermano habían desaparecido en el interior de la fábrica y ella estaba empezando a preocuparse. Justo en el momento en que decidió que ya nadie la necesitaba, una cuarta columna de humo se irguió justo detrás de la fábrica y el silenció de los presentes se instaló de inmediato. Silencio que fue roto por una serie de leves detonaciones que retumbaron en el aire, llevándose tras de sí la parte superior de la fábrica y dando lugar después, a una nube de fuego y humo negro, todo ello seguido de una lluvia de escombros. A pesar de eso, un grito se escuchó claramente desde la zona de desastre y ese fue el grito de Sokka.

-¡CORRAN!

Fue entonces que finalmente, todos reaccionaron como conejos asustados... Los integrantes de cada grupo corrieron a ponerse a salvo tras la barricada y cuando llegaban ahí, aun así seguían corriendo. Katara (que estaba detrás de la línea defensiva cuando eso pasó) trepó encima de uno de los camiones y dirigió una mirada ansiosa a la fábrica, buscando a su hermano y a Aang. Toph dio un poderoso salto desde el fondo de la zanja, e impulsada por su tierra control, aterrizó encima de uno de los camiones de la última línea. Terminó justo a lado de Katara y ambas intercambiaron una mirada angustiada puesto que habían escuchado las detonaciones, pero únicamente Sokka había llegado a los límites de las defensas.

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Sokka bajaba los últimos escalones que conectaban con la planta baja. Había hallado una pequeña cantidad de explosivos en una lujosa oficina. Tan pequeña... que en el peor de los casos, sólo causaría daños en el piso de arriba. Pero cuando estaba a punto de respirar aliviado, se dio cuenta que había cables conectados a esa mini bomba. Cables conectados bajo la alfombra y la madera del piso, aquí y allá... como una telaraña. Luego miró el tiempo restante.

29…28…27…

Muchas pequeñas explosiones podían formar una explosión más grande.

-Así que ese era el truco…

Salió corriendo dispuesto a buscar a su amigo y salir de ahí, cuando un gritó proveniente de más abajo lo paralizó al final de la escalera.

-¡Sokka!

A lo lejos, Aang gritaba su nombre. No era un grito de ayuda pero en definitiva alertó a Sokka de que algo malo pasaba. Dio unos pasos hacia adelante pero en ese momento Aang apareció desde atrás de un contenedor enorme, derrapando en su prisa por llegar hasta ahí. Y Sokka estaba apunto de preguntarle al chico que pasaba cuando, sin detener su carrera, Aang lo tomó con fuerza del brazo y lo arrastro consigo en dirección a la salida, obligándolo a correr también.

-¡¿Qué paso?!- preguntó, al tiempo que llegaban a las puertas de la recepción.

-¡Encontré la bomba!... la cuenta… ¡sigue corriendo!

-Yo también halle una, muchas la verdad.

-¡No como esta, créeme! ¡Corre más rápido!

Pero justo antes de llegar a la salida, hubo una serie de leves detonaciones por encima de sus cabezas.

BUM, BUM, BUM.

El edificio tembló y Aang aminoró el paso, girándose al tiempo que enviaba una ráfaga de aire hacia atrás, que de inmediato se estrelló contra la onda expansiva de fuego y polvo proveniente del piso de arriba.

-¡No te detengas!- ordenó Aang.

Y Sokka no discutió porque su amigo parecía tener todo bajo control. Además si no lo hacía, Aang perdería tiempo en arrojarlo fuera, con una ráfaga a él también. Así que siguió corriendo y en el instante que salió al aire libre, gritó a los demás que hicieran lo mismo.

-¡CORRAN!

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Esos pobres diablos iban a explotar en pocos segundos y los dragones y el señor del fuego estarían orgullosos de la muestra de poderío y audacia que habían demostrado al atacar el miserable barrio diecisiete. ¡Y coincidiendo con el festival de los "Tejones Topo" además!...

Era sencillamente perfecto. Nada mejor que arruinar el festival dedicado al espíritu Tierra para dejar claro que el elemento dominante, era el suyo. No importaban las recientes deserciones. Ya se encargaría de los traidores después. Ahora solo importaba él... en el aquí y el ahora... cuando el destino llamaba a su puerta.

El capitán degustaba el éxito con gran placer. Estaba dispuesto a tomar el lugar de Zhao y dejarlo como un aficionado ante la organización entera. Él sería el nuevo héroe... el mejor dragón del oeste, y sólo faltaban…

El capitán miró su reloj de bolsillo y sonrió con malicia.

48, 47, 46…

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Katara sintió un vuelco en el estómago y el corazón, cuando Sokka... apenas aterrizando a su lado (y de manera dolorosa gracias al impulso terrestre, cortesía de Toph)... les informó que Aang se había quedado a contener la onda expansiva. Todos estaban parados justo en el borde del camión. Abajo... a un par de metros... la zanja cavada por el grupo de Toph esperaba con paciencia la amenaza próxima. Ella sintió un leve mareo y clavó su mirada en la semi destruida fábrica. Pero Aang no estaba ahí. En su lugar, un líquido espeso y turbulento se deslizaba desde el interior del edificio con rapidez escandalosa.

-Hace mucho calor- se quejo Toph.

-Son los químicos de la fábrica- le informó Sokka –Sus contenedores debieron volcarse con las explosiones y al mezclarse se volvieron corrosivos.

Y no se equivocaba. La ola espesa seguía extendiéndose, y a su paso... las cosas se quemaban y esfumaban cual si fueran tocadas por lava. Incluyendo las paredes del edificio, mismo que empezó a derrumbarse sin remedio.

-¡Aang!- gritaron al unísono los dos hermanos.

...

-Estoy bien- anunció una voz detrás de ellos.

Toph tenía una sonrisa entre aliviada y burlona en el rostro mientras Aang era apresado en un abrazo de oso. Cuando Sokka y Katara los soltaron, la bandida le dio un golpe en el brazo (que el chico aguantó sin lamentarse en voz alta).

-Habrá tiempo después- dijo seriamente -Ahora manténganse a salvo.

Y con eso, los cuatro miraron al frente con expresiones preocupadas.

La masa líquida había llegado a la zanja y ésta parecía funcionar, pero unos segundos después estaba por llegar al límite de su capacidad.

-¡Es demasiado!- exclamó Katara.

-¡Se va a desbordar!- añadió Sokka, al tiempo que tomaba a Toph y emprendía una veloz retirada al igual que Katara.

Cuando el trío saltó del camión y sus pies tocaron el suelo detrás de la barricada, se giraron, sólo para confirmar que Aang no los había seguido.

-¡Aang!

Pero él seguía parado al borde del deslave ardiente, esperando... Sabía lo que estaba por ocurrir y sólo tenía una oportunidad. El avatar cerró los ojos y justo en el instante que su cuenta mental llegó a cero, corrió al encuentro de la última explosión. Esa que estaba seguro, sería diez veces más potente debido al líquido inflamable que ni la zanja ni la barricada, podrían detener durante mucho más.

-¡AAAANG!

El sonido de su nombre fue amortiguado por el estruendo de una explosión, que efectivamente fue mucho más potente. El joven maestro había saltado justo a tiempo, mientras convocaba al viento con ambos brazos y, con ayuda de su control sobre dicho elemento, permaneció suspendido en el aire. Quedando directamente encima de la catástrofe... Aang usó el viento convocado por sus brazos para crear, con gran dificultad, un pequeño ciclón; con el detuvo una buena parte de la onda expansiva, a la vez que contratacaba el fuego. Las llamas se retorcían a su alrededor mientras eran disipadas por el aire y la poca humedad que, inconscientemente, el chico usaba a su favor.

Después de un momento preocupante en el que se encontró a sí mismo envuelto en la colisión de fuego y aire (y estando a escasos centímetros de ser quemado vivo), Aang hizo un movimiento con los brazos similar a las aves cuando despliegan las alas, luego inhalo fuertemente por la boca... e instantes después, dejo escapar un grito que en algún momento se convirtió en el inconfundible sonido de un vendaval. El efecto fue similar al que había planeado. Había hecho una especie de soplido a gran escala y apoyándose del viento que había podido convocar con los brazos, arrojó una poderosa ráfaga que se estrelló contra el ardiente infierno... y mantendría esa técnica por todo el tiempo que fuera capaz. En algun punto, sus brazos comenzaron a temblar por el esfuerzo que le provocaba el choque de energías, pero no abandonó... Sometía bajo su voluntad el aire a su alrededor, para que éste viajará en la dirección que necesitaba, con la fuerza que necesitaba y sin interrupción alguna... Pero estaba sintiéndose cada vez más agotado. El viento que doblaba desde todos lados y que luchaba contra la columna de fuego, estaba consumiendo sus energías con alarmante rapidez, y justo cuando pensó que no lo lograría... la fuerza contraria empezó a ceder.

El fuego comenzó a extinguirse con la misma rapidez con la que se encendió... y en un último esfuerzo, Aang empujó los brazos hacia adelante, esta vez por completo. El resultado, fue igual que ver como la espuma choca contra las rocas y la arena. Todos escucharon el sonido y vieron brevemente, como la onda expansiva que había creado Aang, vencía por fin a la de la explosión. El vendaval avanzó, ya sin resistencia, hacia adelante y barriendo toda el área. Luego éste se disipo y se llevo todo rastro de fuego consigo. El avatar relajó su postura y terminó inmóvil. Agotado pero de pie, frente a lo que ahora era una gruesa capa de químicos solidificados. Pocos podrían reconocer, en el joven parado a mitad de tan peculiar escena, la postura antigua de los nómadas aire que era usada al terminar un duelo especialmente difícil.

Sokka, Katara, Toph, y los civiles que se habían quedado atrás... miraban estupefactos en dirección a lo que antes parecía ser el fin de su historia. Semejante demostración de poder los había dejado total y genuinamente impresionados. Tardaron varios segundos más en reaccionar.

-Vaya- comentó Sokka después de unos momentos -A veces olvido el poderoso maestro que es este chico.

Toph y Katara asintieron con la cabeza levemente mientras Appa llegaba trotando desde el refugio donde lo habían dejado.

-Espera, ¿qué acabas de decir?... - soltó una Katara estupefacta.

Pero Sokka no la miraba. Estaba (como los demás), contemplando la figura solitaria que seguía de pie en la cima de la rugosa capa de químicos. Mientras el sol se ocultaba por completo en el horizonte, el polvo y ceniza se arremolinaban a su alrededor... pero se disipaban lentamente. La escena tenía un aspecto increíble. Era como ver el cuadro de alguna antigua leyenda...

-Nada- respondió Sokka sin darle importancia -Solo digo que Aang es un poderoso maestro.

Hubo una pausa extraña donde algo hizo clic en los recuerdos de la chica y mientras Sokka y Toph avanzaban al encuentro de su amigo... ella permaneció en su lugar. Ausente e ignorante del mundo que la rodeaba. Y miles de ideas y emociones revolotearon en su mente.

-Supongo... que si es él…

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El festival había quedado en el olvido con el festejo de la nueva gran hazaña del avatar. Aang y sus amigos estaban sin embargo, cómodos con las atenciones y mimos, de los agradecidos habitantes del barrio diecisiete. Después de todo, ya era bien entrada la noche y les habían ofrecido un hospedaje de lujo. El relato del ataque frustrado de los dragones se contaba a viva voz por todos lados y se esparcía como la espuma…

Sólo un grupo de hombres se hallaba en esos momentos embriagados de ira, mientras eran castigados por su incompetencia.

La Tía Wu y el señor Laog (que era viudo)... se habían conocido de algún modo. Ahora parecían ser pareja, lo cuál, a todos los locales les parecía cosa buena. Ambos habían anunciado a los chicos como héroes del barrio, a partir de ese día... y arriba de un escenario, frente a toda la multitud, habían decretado que a partir de ahora, en cada festival de los Tejones Topo que financiaría un carro alegórico especial para recordar sus hazañas.

-Oyeron eso- comentó una Toph sonriente –Cada año podemos venir a disfrutar de algo de fama.

-A propósito- confesó un Aang sonrojado de vergüenza -Tome prestado tu libro…

Y mientras la adivina tomaba el libro que Aang le ofrecía, Sokka señaló acusadoramente a Katara.

-Así que ustedes cambiaron las nubes eh- siseó con miada severa, pero luego rió suavemente junto a su recién estrenado novio -Eres realmente listo- lo felicitó.

-Sin ofender- interrumpió Sokka -Pero espero que esto les haya enseñado la lección, de que no deben confiar demasiado en las predicciones...

-Pero la tía Wu predijo que el barrio estaría a salvo- dijo alguien -Y así fue.

-Es cierto- comentó alguien más –¡El festival tampoco fue arruinado!... lo continuaremos y repararemos después los daños…

-¡Y ahora hay dos cosas que celebrar!

-De todas formas tuvo mucha razón- terminó por decir, (curiosamente) el mismo hombre al que habían salvado de ser atacado por un perro.

-AAggrrr- gruño Sokka furibundo -Te odio...

-Esta bien Sokka- lo tranquilizo su hermana, sonriendo con pesar -Todo estará bien...

Y mientras todos volvían al festejo nocturno, Aang se quedo atrás con la tía Wu. Ella lo miro atentamente mientras los demás chicos se despedían de los locales, ya que saldrían temprano por la mañana.

-¿Puedo preguntarle algo?

-Desde luego- respondió la adivina con voz enternecida.

-En realidad, ¿no viste amor en mi destino verdad?- preguntó con una ligera mueca -Sólo me dijiste lo que quería escuchar…

-Te diré un secreto joven maestro- le sonrió ella -Así como diste forma a esas nubes, tienes el poder para hacerlo con tu propio destino...

Él sonrió un poco con esa revelación y dirigió la vista hacia sus amigos. Luego, sonrió de vuelta a la mujer y con un asentimiento respetuoso de cabeza se alejó... En seguida los chicos abordaron la camioneta que el capitán de policía y el señor Laog, habían destinado para ellos.

-Adiós a todos- saludó Katara -Cuídate May- añadió, cuando la susodicha se acercó para ver a cierto muchacho por última vez (con pesar se había enterado que él era el avatar).

-Tú también- saludó de vuelta con una sonrisa.

Pero cuando la camioneta se perdió entre la muchedumbre, rumbo al hotel donde los héroes pasarían la noche, su cara cambió hasta adoptar una expresión de fastidio.

-Te odio…

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Al día siguiente y apesar de la hora, sus planes de salir rumbo a la destilería se vieron frustrados. La gente del barrio los invitaba a quedarse por todos lados, y luego de rechazar muchas ofertas... no pudieron hacer lo mismo con la del anciano dueño de la tienda de disfraces, y su hijo, el capitán de policía (lo cual para ellos era irónico.) Pasaron entonces, un buen rato disfrutando de un desayuno ejemplar (que los dejó casi tan llenos como el de Mickey) y una charla memorable. Pero al medio día, decidieron que era mejor volver antes de que Hakoda creyera que los habían capturado e iniciará alguna especie de cacería masiva de dragones.

En cuanto se despidieron de los amables anfitriones, emprendieron una marcha discreta hacía el sur de la ciudad...

Dos horas después, Toph se detuvo en seco mientras el equipo caminaba en dirección a la destilería. Appa dibujó un amplio círculo a su alrededor y ladró nervioso.

-¿Qué esta mal?- preguntó Aang rápidamente, mientras cambiaba a una postura defensiva, pues reconocía la señal de peligro en el ladrido de su compañero.

-Nos están siguiendo- dijo Toph en voz baja, cambiando la postura de sus pies ligeramente -Tres personas han estado a la misma distancia de nosotros desde que pasamos los límites del barrio doce.

-¿Tres?- le preguntó Sokka, mientras fruncía el ceño.

-¿Niñas?- añadió su hermana con inquietud.

Toph asintió con la cabeza. Sokka la agarró por el brazo con brusquedad.

-Tenemos que irnos. ¡Ahora!

Él empezó una carrera, arrastrando a Toph hasta que ella misma echó a correr con él. Aang y Katara salieron disparados tras ellos, con Appa pisándoles los talones.

-¡Fuera del camino!

Cortó una voz, a través de la multitud detrás de ellos. Era una voz fría, una voz que no podía ser ni equivocada ni confundida. Definitivamente era la voz de Azula. Aang, un corredor natural, no lo estaba haciendo muy bien. Todavía le dolían los músculos desde su primera lección de Tierra control, no se había repuesto totalmente de la pérdida de energía de la noche anterior… y apresurar un desayuno, fueran las hamburguesas con huevo de Mickey o no, lo alentaba aún más.

Por primera vez envidió a Katara y Sokka, ellos estaban acostumbrados a eso… incluso después de haber probado grandes cantidades del vino añejo que les había ofrecido el capitán de policía del barrio 17. Ambos tenían prácticamente una recuperación total y ella parecía sentirse un poco culpable con ello porque se giró y le cogió la mano.

-Vamos, Sparky- gruñó -No se los pongas fácil.

Él lanzó una mirada ojerosa en su dirección y ella dejó escapar un suspiro de frustración.

-¡Sokka!... tienes un plan… ¿más allá de correr?

-Trabajo en ello- gritó por encima del hombro.

Katara casi perdió el equilibrio y se envío a sí misma y a Aang fuera de la calle cuando Sokka dobló una esquina sin previo aviso, pero se las arregló para mantenerse en la acera.

-¿Dónde?- lo buscó frenéticamente cuando dio la vuelta a la esquina y notando que los había perdido de vista entre una ola de gente que se apresuraba a cruzar.

De repente, Aang estaba siendo arrastrado lejos de ella, y antes de poder reaccionar, sintió una mano cerrarse alrededor de su cuello y otra más inmovilizándole el brazo por detrás.

-Katara- trató de gritar, viéndose con la guardia baja.

Ella miró atrás y quedó sin aliento.

-Zuko- gruñó.

El desterrado Dragón le había cogido y lo arrastraba sin ningún cuidado.

-Sólo entrégalo y no voy a tener que hacerte daño- gritó Zuko, dando un tirón especialmente brusco que le desgarró la chaqueta y lo alejo definitivamente de ella. Luego el semáforo había cambiado y una multitud de autos se interpuso entre ellos.

-¡Suéltalo!- gritó la chica, mientras se disponía a ir tras él, pero alguien la agarró por la cintura, tirando de ella hacia atrás.

-¡Katara vamos!- dijo Sokka en voz baja, trayéndola hasta la acera llena de gente.

-¿Qué estás haciendo? ¡Tenemos que ayudarlo!- dijo entre dientes mientras se retorcía inútilmente para salir de su control.

-No creo que haya mucho que podamos hacer por él ahora mismo- dijo Sokka con los dientes apretados -Perdí a Toph… además Azula y sus chicas están detrás de nosotros.

-Sokka… ¡no!- gritó, pero él no cedió tirando de ella hasta un callejón.

-¡Katara!- escucho que Aang gritaba desde el otro lado de la calle -¡Voy a encargarme de ellos!... ¡Vete!

-¿Qué…?- comenzó, sin poder hacer nada más. Entonces Sokka la agarró por el brazo y comenzó a correr de nuevo, arrastrándola con él.

-Azula- dijo simplemente.

Katara se dio la vuelta y vio a las tres chicas luchando por llegar hasta ellos a través de la transitada calle. Appa llamaba a Katara y Sokka desde su lugar, nervioso y trotando a su alrededor.

-¡Maldición!- espetó con enfado -¿Dónde está Toph?

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-¿Sokka?- llamó Toph.

Había tanta gente paseando y coches… la calle vibraba y se volvía difícil ver. Había perdido Sokka hace unos momentos entre la multitud. Oyó gritar a Katara en algún lugar por la calle y trató de seguir su voz, pero se encontró con alguien que no era ella.

-Oh, disculpe señorita- el anciano le sonrió, frotándose el estómago pues Toph había tropezado con él.

-Yo lo siento- murmuró Toph -Sólo estoy... en un pequeño problema.

-¿Hay alguna forma en que pueda ayudar?- preguntó él, realmente interesado.

Toph lo fulminó con la mirada.

-¿Así que cree que necesito ayuda sólo porque soy ciega?- gruñó ella, señalándolo con un dedo acusador.

Él echó a reír, levantando las manos en un gesto conciliador.

-No, no… me habría ofrecido ayudar aunque no lo fueras- dijo simplemente -Eso es sólo… lo que yo hago.

Toph no pudo evitar sonreír un poco.

-Mm... pues bien- empezó, no acostumbrada a tanta amabilidad -¿Gracias por la oferta?- él se rió de nuevo.

-De nada- dijo con una sonrisa -Sabes... me recuerdas a mi sobrino. Se fue por su cuenta hace unas semanas. No le gustó que le ofreciera ayuda tampoco.

Toph no estaba segura de qué decir, pero Iroh continuó.

-Sólo recuerda… no tienes que hacer todo por ti misma. Todo el mundo necesita un poco de ayuda a veces, y eso no significa que no sean capaces de hacerlo ellos mismos.

Él hizo un pequeño gesto amigable y metió las manos en los bolsillos, de vuelta vagando entre la multitud. Toph sonrió después de él.

-Gracias- dijo en voz baja.

-¡Toph!- ella saltó.

Sokka estaba gritando su nombre en algún lugar cercano.

-¡Sokka!... ¡Ya voy!

Y con eso ella empezó a correr de nuevo.

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Aang también corría, pero descubrió que estaba enfermo de huir. Había logrado escapar de Zuko unas pocas cuadras atrás, pero ahora Zuko y Azula lo perseguían, luchando entre sí durante todo el camino. Podía oír los gritos, escuchar las explosiones de fuego que golpeaban el pavimento y las tiendas a lo largo del camino. Él se quejó. Era pleno día en medio de una calle llena de gente. ¿Eran tan estúpidos o algo así?

-Tierra- murmuró para sí mismo -Sé un maestro tierra.

Dobló una esquina en un callejón que lo llevó a una cerrada y se detuvo bruscamente.

-Es hora de dejar de correr.

De pronto, el tranquilo callejón se convirtió en un campo de batalla. Había fuego por todas partes y todo lo que Aang pudo hacer… era esquivar. Los hermanos seguían gritándose uno al otro.

-¡Atrás Azula!- rugió Zuko, arrojando puñados de fuego sobre ella y Aang -Este no es tu asunto.

-Te equivocas- gritó Azula de vuelta, con una sonrisa permanente en su cara -Es mi negocio el deshacerme de ti y es mi negocio entregarle el Avatar a papá.

Más fuego entró rugiendo en dirección de Aang, quién corrió hasta una pared para evitarlo.

-Esto es ridículo- gruñó Aang.

-¡Cállate!- le gritaron, echando más fuego en su dirección.

Él uso un escudo de aire para desviar el ataque, pero no fue lo suficientemente rápido ni poderoso. La colisión lo arrojó contra la pared de ladrillo y de repente estaba mareado. Aang sintió la tensión de los músculos en estado de pánico. Su cabeza todavía palpitaba y estaba teniendo problemas para concentrarse. Había demasiado humo. Humo en el aire y en sus pulmones… y fuego. Fuego que venía desde todos lados, envolviéndolo en un infierno rojo y azul. Suspiró con cansancio.

-¡Muévete Sparky!

Lo siguiente que supo es que estaba cayendo al suelo. Alguien le había empujado fuera del camino. Alguien que había arrojado un escudo de agua frente a ambos. Ella se volvió y le frunció el ceño.

-Sólo porque seas un maestro tierra ahora, no significa que puedas quedarte allí cuando una carga de fuego viene a estrellarse contra ti- le gruñó, ofreciéndole una mano. Él la tomó con una sonrisa tímida.

-Es bueno verte- suspiró, despertándose.

Toph y Sokka llegaron patinando, con un apresurado Appa detrás.

-¿Dónde han estado?

-Haciendo frente a unos matones- dijo Katara con un encogimiento de hombros.

-La de rosa estaba coqueteándome- murmuró Sokka incómodo y Toph se echó a reír.

-Todo esto es muy conmovedor, pero un poco fuera de lugar, ¿no les parece?- dijo Azula de pronto.

Hizo algunos movimientos rápidos que ellos nunca habían visto. Zuko se tensó y abrió los ojos sorprendido. Azula le apuntaba a su hermano con la técnica del rayo.

-¡No!

Todo el mundo miró con sorpresa mientras Iroh aparecía de la nada, colocándose entre su sobrina y sobrino. Azula no se detuvo y un rayo azul salió disparado desde la punta de sus dedos. Iroh extendió una mano y el rayo pasó a través de él. Iroh conducía el ataque con sus manos… y éste salió disparado desde sus dedos hacia otro lado en medio de un estruendo. El ruido fue ensordecedor y al instante siguiente vieron los restos de la pared destrozada.

Aang, Katara, Sokka, Toph, Zuko y Iroh, rodearon a Azula. Todos en posturas firmes, preparados para atacar. Ella suspiró dramáticamente.

-Sé admitir una derrota- dijo a la ligera -No puedo con todos.

Iroh miró con sorpresa a la niña que acompañaba al grupo. Era con quién había hablado y estaba… ¿con el Avatar? No hubo ninguna advertencia. Ni el menor atisbo de movimiento antes de que un disparo de llamas azules fuera a chocar contra el pecho de Iroh. Cinco ataques se lanzaron de inmediato sobre ella, pero Azula tiró una pared de llamas delante y desapareció en medio del humo. Segundos después Zuko cayó de rodillas frente a un Iroh caído.

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