Trucos de Salón
Cap. 22
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Apenas una hora después, el nuevo camión de Sokka estaba lleno y todos estaban camino a la ciudad. Como él había dicho, era un viaje de dos días hasta Ba Sing Se. Sokka estaba conduciendo, Toph iba de copiloto, mientras que Aang y Katara se encontraban en la parte de atrás con las bolsas. Katara había elegido sentarse ahí en un vano intento de animar a Aang. Pero él estaba renuente incluso a hablar con ella. Katara dejó de intentarlo después de la primera hora, recurriendo a mirar el paisaje que destellaba con la luz del atardecer. Estaban fuera de la ciudad, y por la noche ya rozaban nuevamente algunos suburbios. No habían planeando salir hasta la mañana siguiente, por lo que no llegaron muy lejos.
-Hey chicos, pararemos en un hotel en la ciudad que viene- gritó Sokka por la ventana trasera.
-Muy bien, gracias- dijo Katara de vuelta.
Habían pasado ya las tierras de cultivo que se extendían en todo el valle, a las orillas del río. Ese camino en particular se había fijado hasta hace poco, ya que los hoteles fueron apareciendo cada diez millas más o menos. Al que se dirigían, se llamaba Luna Llena, pero aun así estaba a un par de millas más. Katara miró a Aang. Apenas se había movido en todas las horas que llevaban conduciendo, con los brazos cruzados sobre el pecho y un sombrero cerniéndose sobre sus ojos. Ella estaba siendo superada por un repentino deseo de tocarlo, de ponerle una mano en el hombro o en la mejilla, de arrastrarlo cerca y sentir sus brazos alrededor de ella. Katara frunció el ceño mientras sus mejillas obtenían un tono ligeramente rosado. Él debió haber sentido sus ojos encima, porque la miró y sostuvo esa dura mirada.
-¿Qué?- preguntó secamente. Katara suspiró y miró hacia otro lado.
-Nada- murmuró.
-Si algo te molesta, sólo dime lo que es- continúo él con firmeza.
-Estoy preocupada por ti- dijo en voz baja, mirando sus manos.
-No hay nada de qué preocuparse- respondió sin cuidado -Sólo quiero llegar a Ba Sing Se tan pronto como sea posible- Katara asintió con la cabeza lentamente, mordiéndose el labio.
-Bueno... eso es bueno- suspiró de nuevo.
Aang se dio cuenta de que no le estaba diciendo todo, pero él no estaba de humor para hablar. La miró de nuevo y sintió que su estómago se contraía de modo muy culpable. Ella seguía mirando a sus manos, apretadas juntas en su regazo. Tenía las mejillas un poco rosadas y la mirada gacha. Fue entonces cuando exhaló pesadamente y miró hacia otro lado, haciendo caso omiso de sus entrañas. A pesar de todo, no podía ignorar lo hermosa que era así.
Sokka estacionó su camión frente a una habitación del Luna Llena. Los cuatro iban a compartir una habitación, por lo que huelga decir, Sokka pretendía observar a Aang y su hermana como un halcón. Pero... pensó la chica mientras saltaba fuera de la parte trasera del camión de Sokka (y viendo a Aang pasar a su lado sin mirarla)… Sokka no tenía nada de qué preocuparse. Estaban a pocos metros de la puerta de su habitación cuando algo ocurrió. Fuera del estacionamiento, justo a lado de ellos, surgieron dos caras conocidas… Aang levantó la vista y dio un respingo.
Dos de los Rinos habían elegido permanecer en el hotel, mientras los demás los dejaban atrás. Ambos se detuvieron y vieron a Aang al mismo tiempo. Los seis se quedaron inmóviles, mirándose fijamente los unos a los otros. Katara sabía que los rinocerontes no eran ninguna amenaza para ellos. No. La verdadera amenaza estaba justo a su lado.
-Aang- susurró.
Pero ya era demasiado tarde. Aang no estaba ya, de pie a su lado, en su lugar estaba el Avatar con sus ojos brillantes y aterradoramente coléricos.
-¡Aang no!- gritó Katara, pero el Avatar ya se había lanzado hacia adelante con una poderosa ráfaga de viento.
Katara y Sokka tuvieron que proteger sus ojos de la oleada de polvo mientras Toph no podía creer lo que estaba pasando. Sokka dio un paso protector frente a ella y en el momento en que el polvo se había despejado, pudieron ver como Aang había levantado a ambos rinocerontes de la tierra y los sujetaba por el cuello de sus camisas, flotando dentro de una esfera de viento.
-¿Dónde está?- rugió, con un centenar de voces bajas, duras y poderosas -¿Dónde está Appa? ¿Dónde llevaron a mi perro?
Uno de los rinocerontes habló, con voz chillona debido al miedo.
-El jefe lo llevó a Ba Sing Se- balbuceó -Hay un tipo ahí… que recoge perros de raza pura… ¡pagaría con su nariz por el perro del Avatar!
Pero el Avatar no respondió. El frenesí del viento acababa de volverse más salvaje.
-¿Qué hacemos?- gritó Toph, sin haberse enfrentado al Estado Avatar antes. Sokka negó con la cabeza.
-Correr- gritó de vuelta, los dos se volvieron y se retiraron hacia el camión. Sokka se detuvo y miró hacia atrás por un momento -¡Katara, rápido!
Pero Katara no lo escuchaba. Ya estaba luchando por abrirse camino hacia adelante, a través del ciclón. No había nada más en su mente, su único pensamiento era llegar a él… y cuando por fin lo logró y consiguió apresar su muñeca para tirar de él hacia abajo… el Avatar volvió una mirada ardiente sobre ella. Una persona más valiente que Katara, se habría acobardado bajo esa mirada furiosa, pero ella sólo se apeno un poco. El Avatar dejó caer sin contemplaciones a los dos hombres, cual si fueran insignificantes muñecos de trapo, y ellos tuvieron la cordura suficiente para apresurarse a correr hacia sus motos tan rápido como sus piernas se los permitieron.
Ahora toda la atención estaba centrada en ella, incluyendo su ira y sus despliegues de poder. Pero ella no vaciló. Katara cerró los ojos y dio un tirón suave a su muñeca, arrastrándolo cerca hasta quedar cara a cara y así poder apoderarse con la otra mano de su mejilla. Finalmente, el iracundo espíritu fue obligado a apartar la mirada lejos de ella y Aang se resignó a regresar a tierra, pero la chica podía ver las lágrimas que luchaban por salir de esos brillantes ojos grises.
-¿Qué está pasando?- susurró Toph acurrucada detrás del carro de Sokka, quién por casualidad echaba una mirada cuidadosa por encima del cofre al tiempo que suspiraba profundamente.
-Están bien- respondió -Katara lo tiene.
Su hermana envolvió sus brazos alrededor del cuello del Avatar y lo atrajo hacia sí. Fue imprudente, pero a ella no le importaba. Su único pensamiento era hacer regresar a Aang y ella no sabía de qué otra manera hacerlo. Así que sólo lo abrazó y cerró los ojos. Podrían haber sido minutos, podrían haber sido segundos, pero después de una pequeña cantidad de tiempo pudo sentir como el viento perdía su violencia inicial, para después desaparecer con un ruido suave. Ella se apartó de él y lo miró a la cara, notando con alivio que el resplandor había cesado. Se quedaron mirándose el uno al otro durante un buen rato, ambos con respiraciones irregulares. El polvo se asentó a su alrededor y el estacionamiento se quedó en silencio. De repente Aang cerró los ojos y se inclinó hacia ella, enterrando el rostro en su hombro para rendirse ante un sollozo. Sokka y Toph lo miraron con sorpresa. Katara cerró los ojos y dejó escapar un suspiro tembloroso, atrayéndolo todo lo cerca que pudo y haciendo caso omiso de las lágrimas que empapaban la tela de su camisa.
-Katara...
Le oyó suplicar contra su hombro. El sonido la hizo temblar y lo estrechó con más fuerza. Una de sus manos recorría suavemente la parte de atrás de su cuello y la otra le frotaba la espalda.
-Él... es todo lo que me han dejado…
La joven maestra agua sintió que las lágrimas pugnaban por salir de sus propios ojos, así que se limitó a estrecharlo más entre sus brazos.
-¿Katara?- dijo Sokka en voz baja, pero ella no se volvió para mirarlo.
-Vamos a estar bien- respondió -pueden llevar las cosas a la habitación, yo me quedo con él.
Sokka asintió con la cabeza y él y Toph descargaron el camión. Ni Katara ni Aang se movieron durante todo ese tiempo, con excepción de la mano de Katara, misma que se deslizaba a través del cabello del joven en un gesto tranquilizador. Y tan pronto como Sokka y Toph se fueron, dejándolos solos, ella le empezó a susurrar al oído.
-Shh, Aang... - él dejó escapar otro sollozo seco y ella cerró los ojos con fuerza -Por favor... aún me tienes a mí. ¿Estoy contigo, está bien?
Los brazos del joven apretaron el agarre alrededor de su cintura y él asintió con la cabeza aún enterrada en el hombro de la chica.
-Yo siempre voy a estar aquí, Sparky. Justo a lado de ti…
Se quedaron en silencio durante algún tiempo, Katara acalló su dolor mientras él recuperaba la compostura. Luego Aang se apartó de ella bruscamente, sorprendiéndola. Sin dudarlo un momento ella trató de recuperar esa distancia, tomó su cara entre las manos y cepilló la única lágrima que aún se negaba a abandonar sus mejillas.
-¿Estás bien?- preguntó suavemente, mirando sus ojos. Él bajó el ala de su sombrero para cubrirse y se apartó de ella otra vez, limpiándose los ojos con la manga.
-Estoy bien- dijo sombríamente, alejándose más -Yo sólo necesito tiempo... solo.
-Aang...- dijo en voz baja, dando un paso hacia él por impulso.
-Katara- le cortó con firmeza, componiendo una mirada dura que aunque no iba dirigida a ella, la hizo detenerse en seco -Estoy bien, sólo dame un minuto, ¿sí?
Ella miró hacia abajo rápidamente, pues no quería que él viera el triunfo de las lágrimas en sus ojos.
-Si, claro- murmuró, alejándose y entrando en la habitación del hotel sin decir una palabra más.
Aang se mordió el labio, con el estómago retorciéndose culpable de nuevo.
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-Sólo hay dos camas.
-Gracias Sokka, no te oí decirlo las primeras doce mil veces.
Sokka miró a Toph sentido pero ella no se dio cuenta. Katara estaba sentada en una de las dos camas de la habitación. Ya se había cambiado la camisa de dormir y dejó que el cabello le cayera suelto sobre los hombros. Se apoyaba en la cabecera de la cama con las rodillas pegadas al mentón. Ella no había dicho una palabra desde su entrada hace casi una hora, salvo para decirle a los otros dos que Aang quería un tiempo a solas.
-No seas capullo, Ronquidos- continuó Toph, recostándose en el suelo con las manos cruzadas detrás de la cabeza -Si debes dejar que las niñas pequeñas tomen esas, los verdaderos hombres pueden dormir en el suelo- ella se rió para sus adentros -Estoy hablando de mí misma y de Katara, por cierto.
-Voy a dormir en el suelo- dijo Katara repente.
Sokka y Toph la miraron ceñudos.
-Así... Aang puede tener una cama.
-No seas ridícula- respondió Sokka al instante -Toph y yo vamos a dormir en el suelo porque nos gusta más y... él no permitiría que durmieses en el suelo de todos modos, así que no hay discusión.
Toph se encogió de hombros conforme y se acomodó de modo envidiable sobre las colchas que habían puesto a modo de colchón. Ella también se había cambiado ya a su camisón, que era similar al de Katara (aunque no tan impresionante). Sokka le tiró una manta encima, pero ésta fue arrojada de vuelta a él. Entonces, él suspiró y tomó su pijama con dirección al cuarto de baño. La sala quedó en silencio durante un rato.
-¿Katara?- preguntó Toph finalmente.
-¿Eh?
-¿Estás bien?- Katara la miró brevemente.
-Yo- empezó, con la voz apagada en sus rodillas, luego ella miró hacia abajo -Sí.
-Puedo decir que estás mintiendo- Katara no respondió y Toph suspiró.
-Bueno, bueno... sólo pensé en hacerte saber que Aang está afuera de la puerta…
Entonces ella se incorporó un poco.
-¿Qué?
-Él solo ha estado parado fuera a la puerta durante unos diez minutos- dijo Toph, encogiéndose de hombros.
A Katara le tomó apenas un momento llegar hasta ahí, pero cuando llegó se detuvo, con la mano pegada a la perilla de la puerta.
-¿Algo está mal?- preguntó Toph con cautela.
Katara se mordió el labio y dio un paso atrás, mirando sus pies descalzos.
-Él... él no... no quiere hablar conmigo- murmuró.
-Sólo tienes que abrir la estúpida puerta, Reina Dulzuras- suspiró Toph.
Katara frunció el ceño y tiró del pomo hasta abrirla. Efectivamente, Aang estaba allí de pie, con la mano a punto de abrirla por sí mismo.
-Oh- dijo simplemente. Ella no esperaba que estuviera tan cerca -Um...
-Lo siento- dijo él rotundamente.
Ella vio como sus mejillas se tornaban un poco rosas al darse cuenta de lo que llevaba puesto. Por alguna razón, ella se sonrojó también y se apresuró a hacerse a un lado, dejando que él entrara a la habitación. Él hizo una pausa para que ella pasara, dejándolos frente a frente por un momento. Katara agachó la mirada y cerró la puerta suavemente. Aang suspiró y dio un paso más en la habitación.
-¿Querrían cortar con esto?- se quejó Toph -me dan náuseas.
Katara se limitó a sacudir la cabeza y se retiró a su cama, colocándose de nuevo en la misma posición en la que estaba antes.
-La otra cama es suya- dijo en voz baja, apenas perceptible a través de sus rodillas.
Aang se limitó a asentir y se sentó en la cama vacía. Miró brevemente a Katara. Ella estaba sin hacer otra cosa que retorcer un mechón de su cabello entre los dedos, mirando sus pies descalzos. Sintió otra culpable sacudida de su estómago al tiempo que Sokka salía del baño en pijama.
-Oh, Aang estás de vuelta- dijo simplemente.
-Sí- respondió sin ninguna emoción.
-Bueno... el cuarto de baño es todo tuyo para que puedas cambiarte- dijo Sokka con un encogimiento de hombros, agarrando una almohada de la cama de Katara y tomando un lugar en el suelo junto a Toph.
-Gracias- dijo Aang, tomando su pijama y encerrándose en el baño. Katara enterró su rostro entre las rodillas.
-Vamos, Katara- dijo Sokka en susurros, ya recostado en el suelo -Estará bien en el mañana- Katara sólo suspiró y se deslizó bajo las sábanas.
-Buenas noches- dijo en voz baja.
-Buenas noches- respondieron ambos y Sokka apagó la luz.
Aang salió del cuarto de baño poco después, sólo para encontrar durmiendo a todo el mundo. Suspiró y se sentó en el borde de su cama mirando hacia Katara. Incluso en su sueño se veía triste. Él le hizo eso, lo sabía. Y ella estaba allí para él, era la única que vino a ayudarlo a pesar del Estado Avatar… se había aferrado a él mientras lloraba… y lloraba en realidad. Él no había llorado en más de un año, no desde que había perdido todo... todo menos Appa. Antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, él estaba de rodillas junto a la cama de Katara, poniéndole una mano en la cálida mejilla. Ella suspiró, pero no se despertó.
Había perdido todo. Todo menos un viejo bar clandestino y a su perro. Pero justo cuando pensaba que las cosas estaban mejorando, éste había sido separado de él. Appa había sido un regalo de Gyatso, su mentor, su tutor. Su padre. Tal vez no valía la pena esperar el final... tal vez cuando las cosas mejoran, es sólo una señal de que algo malo va a suceder. Aang frunció el ceño y apartó la mano de su mejilla. Luego se metió en su cama, mirando al techo. Tal vez la esperanza era sólo una distracción. A partir de ahora, sería sólo él contra la Banda del Dragón.
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A la mañana siguiente, cuando el camión estuvo listo para partir de nuevo, otro camión rodó en el aparcamiento con humo saliendo del cofre. Dos personas salieron de la cabina, un hombre alto que fue directamente hacia la cabina y la abrió, permitiendo la salida del humo en una nube gigante de grasa. La otra persona era una mujer muy embarazada que bajo del asiento de copiloto con dificultad, tenía una expresión dulce mientras miraba a su marido llenarse de grasa la cara, pero segundos después, puso una mano sobre su estómago e hizo una mueca incómoda, apoyándose a un lado de la camioneta.
-¿Está bien?- le preguntó Katara, abandonando su asiento y provocando que Toph rodara los ojos.
-Oh, yo estoy bien, gracias- respondió la mujer, sonriendo.
-Hola, ¿necesitan ayuda?- agregó Sokka al hombre mientras se inclinaba sobre el motor. Toph rodo los ojos de nuevo.
-Ustedes Riversiders, son una pandilla de santurrones- murmuró ella, trabajando por bajar a través del equipaje.
Sólo tomó unos minutos para que Sokka arreglara lo del humo y anunciara la irremediable y trágica muerte del motor.
-Eso no es bueno- suspiró el hombre, sacudiendo la cabeza.
-Tenemos que llegar al hospital en Ba Sing Se- agregó la mujer.
-Vamos a llevarlos- dijo Sokka con decisión.
Los desconocidos se le quedaron viendo, claramente sorprendidos. Toph también lo parecía.
-¿Sólo de esa manera?- preguntó sorprendida -¿No vamos a exigirles una prueba de que no son dragones?- Sokka se encogió de hombros.
-Ella está a punto de tener un bebé- señaló con sencillez.
-Caramba gracias, no tenía ni idea- murmuró la chica sarcásticamente, saltando a la parte trasera del camión.
Katara ayudó a la mujer a subirse en el asiento del pasajero, todos los demás se montaron en la parte de carga y con Sokka al volante, remprendieron la marcha. A medida que se acercaban a la ciudad, los chicos se enteraron que el nombre del futuro padre era Than y que su esposa, Ying, estaba peligrosamente cerca de su fecha de alumbramiento. También les contaron que habían planeado esperar la llegada de su bebe en la ciudad natal de ambos, pero se vieron obligados a huir hacia Ba Sing Se porque la Banda del Dragón había atacado una taberna cerca de su casa y planeaban destruir todo el resto del barrio en el proceso.
-Eso es terrible- dijo Katara en voz baja.
El hombre sonrió agradecido.
-No todo es malo- respondió -Todavía tenemos esperanza.
Aang negó con la cabeza, pero no dijo nada. Katara lo vio y frunció el ceño un poco.
-¿Aang?- preguntó ella con cuidado.
El aludido la miró muy brevemente.
-La esperanza... es sólo una distracción- murmuró -Estamos mejor sin ella.
Katara se echó hacia atrás como si en vez de responderle, la hubiera golpeado.
-¿De qué estás hablando?- preguntó incrédula.
Aang no se atrevió a mirarla, pero a pesar de tener la vista clavada en el suelo le respondió con voz firme.
-La esperanza no nos va a llevar a Ba Sing Se... y no va a encontrar Appa- dijo oscuro -Sólo tenemos que centrarnos en lo que estamos haciendo ahora, y eso, es llegar allí en una sola pieza…
Katara miró sombríamente a sus pies.
-Está bien- acordó en voz baja -Si tú lo dices…
Toph le frunció el ceño a Aang pero él no se dio cuenta, él sólo siguió cabizbajo y se quedó en silencio el resto del camino…
Condujeron durante todo el día, en camino recto a través de campos, fábricas y pantanos durante varios kilómetros. Pasaron por alguna ciudad ocasionalmente, pero era evidente que las tierras rurales, eran lo que más abundaba entre Omashu y Ba Sing Se. Sokka finalmente salió del camino en dirección a otro hotel y cuando al fin aparcaron ya era bien entrada la noche. Sokka calculaba que si se iban temprano, estarían a sólo un día y medio de Ba Sing Se, así que sin más preámbulos, Toph, Than y él se pusieron a trabajar con las maletas, mientras que Katara ayudaba a Ying. La joven se sentía un poco mejor después de hablar con Ying acerca de su bebé, después de todo, ella amaba a los niños. Y aunque ella no sabía muy bien por qué... sospechaba que probablemente... tenía que ver con la pérdida de su madre cuando era niña. Mientras Katara hablaba con Ying, Aang pasó junto a ellas y Katara se detuvo a mitad de la frase, mirándolo atentamente. Ying sonrió.
-Ese muchacho- dijo la mujer en voz baja -¿Su nombre es Aang?
-Sí- murmuró Katara, con los ojos todavía puestos en él.
-¿Están ustedes juntos?- Katara jadeó con sorpresa.
-¿Qué?, No… ¿Qué?... ¿Yo y Aang?- balbuceó a toda prisa. Ying se limitó a sonreír.
-No importa, olvida que lo mencione- dijo a la ligera.
Katara se sonrojó pero no respondió. Mientras tanto, Sokka, Toph, Aang, y Than había terminado de llevar las maletas a la habitación. Todos decidieron ir a descansar excepto Sokka, quien vagó un rato antes de ir a revisar el camión por última vez, y para su gran sorpresa… alguien estaba apoyado en la puerta del lado del conductor.
-¿Suki?
La joven guardián del Unagi se volvió y sonrió al verlo.
-Sabía que conocía este camión- dijo a la ligera.
Los dos se reunieron en un amistoso abrazo y ella colocó un beso en su mejilla antes de retroceder.
-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó. Sokka frunció el ceño.
-Bueno...
Los dos se sentaron en la parte trasera del camión de Sokka y pasaron los siguientes minutos charlando sobre la historia del perro robado de Aang. Ella negó con la cabeza, enfadada.
-Dragones- suspiró con rencor -No se detienen ante nada- Sokka simplemente asintió con la cabeza.
-¿Y tú? ¿Por qué estás aquí?
-Mucha gente se ha ido de Omashu con rumbo a Ba Sing Se- suspiró ella -¿Puedes creerlo?... refugiados de nuestra propia ciudad…
Ella negó con la cabeza de nuevo, algo ausente.
–Y bueno... el negocio se ha ralentizado en el Unagi con Azula rondando las calles, así que tomé otro trabajo como guardaespaldas de los migrantes.
-¿Guardaespaldas?- Suki asintió con la cabeza.
-Sí. He estado escoltando a la gente de Omashu aquí- respondió -Pero parece que he perdido a mi cliente.
Sokka no pudo evitar una pequeña sonrisa en su rostro.
-¿Qué?- cuestionó incrédulo.
-Yo acompañaba a una familia… y nos detuvimos aquí al anochecer- explicó con impaciencia -Pero cuando me desperté, ya no estaban. Algo debe haberlos asustado- Sokka frunció el ceño, divertido.
-¿Has oído hablar de los Rinos cazadores?
-Son dragones, ¿no?
-Sí… los enviamos a correr ayer por la noche- sonrió orgulloso -Lo siento- añadió humildemente.
Suki se encogió de hombros.
-Me pagaron por adelantado- dijo con una sonrisa.
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