XVI Acto: Festín para demonios

Había sido su culpa, su maldita culpa.

Cuando había escuchado a uno de sus lobos ser heridos, se había lanzado hacía la espesura del bosque sin miramiento alguno más que la preocupación por su manada.

La flecha le atravesó el muslo haciéndolo caer entre unos matorrales, con un dolor paralizante en el cuerpo dejándolo tan aturdido que no supo que paso hasta los momentos después.

Había sentido como Sandrua le agarraba de un brazo jalándolo detrás de unos árboles mientras una lluvia de flechas se dispersaban a su alrededor.

Dos de sus lobos habían caído, con el corazón en un puño y los ojos lagrimosos había visto como caían sin poder protegerse.

Conocía a esos lobos de toda la vida. Escuchar el aullido de Brashka llamando a la manada que se había dispersado le puso los pelos de punta. Podía ahora sentir a los humanos sobre los árboles, en posiciones estratégicas, sus lobos no tendrían oportunidad alguna de escapar de un ataque aéreo. No podía dejar que le pasara nada a Brashka era su ultimo recuerdo de su familia, el ultimo lazo que lo unía a su padre.

Cuando Sandrua seguía protegiéndolo mientras una segunda tanda de saetas caían a su alrededor le quito la flecha atravesándole por completo la pierna. Un latigazo de blanca inconciencia le inundo mientras soltaba un grito parecido a un aullido que hizo que Brashka le respondiera preocupado.

— ¡Ordenadle que se retire, Woulf!- le siseo Jak más atrás.

El intento enfocarse mientras Sandrua le taponeaba la herida con una venda improvisada. Apretó los dientes y dejo que sus sentidos aún más sensibles que minutos antes se expandieran a su alrededor. Había media docena de arqueros en los árboles, pero otra docena más estaban ocultos en el interior. Podía sentir a los lobos reuniéndose. Podía sentir a Brashka ordenando el ataque.

Respiro profundo, el lobo vibro dentro de él con una burbujeante sensación de poder.

Fue ese ramalazo de poder, furia y descontrol. Era el entregarle su cuerpo al lobo que vivía con él. En un acto puramente instintivo tomo el brazo de Sandrua quien se lo tomo de vuelta con cariño. Y con el ancla de saber que Sandrua y sus hermanos estaban allí fue que pudo controlarlo.

Un aullido profundo salió de su garganta. Un aullido que hizo que los arqueros temblaran, que los atacantes se crisparan. Que Brashka le hiciera caso.

Él era un alfa, su padre fue un alfa, y su lobo lo era también. Pero él era un licano, era un purix de raza. Y el lobo a regañadientes le hizo caso.

No atacar, no acercarse, no ponerse en peligro. Esa fue su orden.

Y antes de ser neutralizados por el enemigo.

Solo espero salir vivo de esta.

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Llegó tan rápido al castillo que estaba seguro que algún ente celestial le había cuidado de no caerse y desnucarse del caballo.

Los guardias apenas pudieron abrir la puerta antes de que su caballo arrasara con todo cuando pasaba por delante. No necesito llamar a sus señores. Ellos estaban allí.

Fue su señor quien atrapo su caballo deteniéndolo y mirándole con aprensión.

— Fuimos atacados a medio camino.- informo mientras bajaba del caballo. Podía sentir a los soldados acercarse, noto por el rabillo del ojo como Taillo se quedaba con la vista fija en el horizonte.

— ¿Caídos?- pregunto su Lord mientras su rostro se endurecía. La batalla era inminente, todos ya lo sabían.

— Ninguno, mi lord.- soltó logrando que su señor le mirara sorprendido.

— ¿Dónde está Shayr, Jorking?- preguntó una voz proveniente de más atrás. Él sintió que se le desbocaba el corazón al recordar los ojos del hombre. No supo cómo responder y se movió nerviosamente para hablar con su señor.

— Un grupo de hombres de Shoys nos esperaba en el camino, Lord Shayr los mató antes de que hicieran algún daño…- hubo algunos murmullos cercanos de aprobación.- uno de los soldados hablo de un grupo de lobos que se dirigían a la frontera y que serían interceptados por los guardias que se han ido inmiscuyendo en las tierras por los bosques.

— ¡Maldita sea!- siseo Lord Witkim- creí que tendríamos unos días más.

— ¡Witkim!- grito Taillo mientras se subía a un acelerado caballo. Este le hizo una seña a su señor y antes de que alguien pudiera o hiciera alguna pregunta Taillo desapareció en la noche como una sombra.

Un escalofrió le paso por toda la espina. Siempre había sabido que Taillo tenía algo muy raro. En sus ojos, en sus insinuaciones, en sus actos y sentidos. Ahora con Shayr y el obvio recelo que se tenían ambos le estaba constando no volverse un paranoico.

— ¿Shayr?- pregunto ahora una voz trémula detrás de Lord Witkim, se hizo con toda la fuerza para mirar a su señora que parecía demasiado temerosa.

— Él partió ayudar a su amigo y los huérfanos, mi lady. No pude detenerle.- la mujer cerro los ojos y su lord le paso un brazo por los hombros cariñosamente.

— Prepara a los hombres, Jorking- susurró Witkim. Sus ojos verdes oscurecidos. Ojos que conocía muy bien.- partiremos en una hora más. Es hora de terminar esto.

Él asintió y se giró a sus hombros. Todos pendientes, todos dispuestos. Les hizo una venía y comenzaron a moverse inmediatamente.

Fue un momento en que miro hacía un lado y se fijó en el grupo. Los ex hombres de Shoys, con Janiel en la cabeza no se movían y le miraban a él y a Lord Witkim con unas ansias tan profundas, tan respetables en ese momento.

— ¡Lord Witkim!- llamó Janiel. Su Lord se giró para mirarlos, mientras uno a uno ponía su rodilla derecha sobre la húmeda superficie.- por favor…

No necesito decir más. Witkim se giró hacía él y cabeceo.

— Jorking envía un grupo en busca de Shayr y el grupo de Sandrua. En el momento en que los encuentre dispone a los hombres y pone a Shayr a la base de sus hombres. – Estos soltaron suspiros y murmullos agradecidos.

Él realmente no se sorprendió.

— Que luego se reúnan con Taillo. Que los guardias avancen a los límites, barran los bosques, saquen a esos invasores de mis tierras y llama a los vasallos que me deben su tributo de protección. Manda a llamar a mis hombres a batalla y los hombres de mis aliados. Terminaremos esto ahora.

Asintió mientras comenzaba a impartir órdenes. La guerra se acerca, no podía ser diferente.

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Dejo el caballo a medio camino. Habían complicaciones con el terreno por lo que bajo y comenzó a correr por el bosque.

Peligro. Su hijo y mejor amigo estaban en peligro.

Debía salvarlos a como dé lugar.

Pillo las huellas rápidamente, y los aullidos de los lobos le pusieron alerta.

Algo grave ya había pasado.

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La rapidez de su caballo solo le sirvió por lo que podía de camino, sus instintos y las pistas que habían le entregaban la información que necesitaba. Pero llegando a un punto comenzó a sentir la invasión de agentes externos.

Maldita sea, así que ese había sido su movimiento. Había intentado comprender los augurios de la naturaleza pero le había parecido demasiado disperso para tomarlos con atención.

No habían esperado los ataques con su contingente completo, si no que había enviado grupo de guerreros hacía lo frondoso del bosque. Sus soldados que difícilmente entraban al bosque por los peligros en las cuevas subterráneas habían dado paso las incursiones cada vez más adentro.

Azuzo más a su caballo mientras dejaba sus sentidos al aire, su vista en las señales del cielo y sus ojos a los movimientos de la tierra.

El cielo se despejaba, un mal augurio. Esperaba que no fuera para su causa.

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Lo sintió antes de llegar. Con el corazón a mil se detuvo a pocos metros del gran lobo de su hijo. No lo había sentido y comprendió lo que estaba pasando. Los demás lobos comenzaron a rodearle. Había sentido sus presencias pero no sus olores.

Los lobos utilizaban el mismo método que ella había utilizado hacía tan poco. Bayas de Isfo. Así que realmente el vampiro no se estaba volviendo un paranoico, realmente los lobos se habían acercado al reino utilizando un antiguo método de protección.

Estaba muy sorprendida.

Se erizo cuando el lobo se le acerco, no le estaba gruñendo que era algo bueno se imaginaba. Cuando este le puso el hocico bajo la mano el corazón se le destensó. Podía recordar ello, podía recordar a sus lobos en casa buscando una mano solidaria cuando estaban tristes, una petición cuando tenían hambre.

Puso una rodilla en el suelo y se quitó la máscara. El lobo se sentó y le dio un cabezazo aun lado de la mejilla.

Olor a lobo, olor a compañeros y amigos.

¿Dónde estaba su hijo?

Fue un grito de dolor allá a lo lejos que puso tenso su cuerpo de golpe. Los lobos se movieron nerviosamente, pero el lobo alfa se irguió y les ladro con rudeza. Luego se giró hacía ella y mordiéndole la ropa la levanto y la empujo hacía el grito.

Una orden, por eso estaban allí.

Su hijo les había ordenado no acercarse.

No demoro mucho en comprender que es lo que quería el lobo. Colocándose la máscara de golpe se alejó corriendo hacía el epicentro del grito.

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Amordazado como estaba no podía moverse mientras aquellos tipejos se entretenían con Sandrua golpeándolo sin misericordia alguna, los otros dos guardias yacían sobre sus estómagos muertos o inconscientes, no lo sabía. Había intentado levantarse y ayudar a su maestro cuando uno de aquellos tipos lo había lanzado al suelo pisándole el pecho y con la punta de una rama había jugueteado en su herida hasta que el dolor le entumeció los miembros.

Con la respiración quebrada por el dolor de la pierna, observó como Sandrua caía al suelo inconsciente. El humano que le tenía una pierna en el pecho comenzó a hacer más presión sobre su este impidiéndole el respirar bien.

Maldita sea, maldita sea.

Hubiera llamado a la manada pero aún habían arqueros sobres los árboles, además tenía una mordaza que apenas le dejaba respirar. Y había suficientes fogatas para que vieran los colores de sus lobos antes de que estos pudieran atacar.

Se movió con furia mientras veía como ponían en pie a Jarek, quien tenso y erguido con las manos amarradas y la boca tapada parecía medir más de lo que era, sus ojos furiosos. Lan y Drue intentaron alejar a los hombres pero fueron reducidos a patadas. El primer golpe hizo que Jarek se curvara hacía adelante, pero aunque ante sus ojos fue por el golpe, Jarek tomo ventaja de este e inclinándose aún más para tomar impulso le pego con tal fuerza con el hombro en el pecho a su atacante que lo lanzo varios metros más atrás. Fue reducido por un golpe en la cabeza y los ojos furiosos de sus atacantes le cayeron encima cual ave rapiña.

Intento ponerse en pie para que no tocaran a su hermano, pero una patada en la cara lo lanzo aun lado. Sus ojos se nublaron por el golpe y el dolor le atenazo la mitad de la cara perdiendo el oído derecho. Con la cabeza zumbando, el pitido en la cabeza y la sensación de que una parte de su cabeza se le caería fue cuando todo ruido se detuvo de golpe. En un momento de pánico creyó que había quedado sordo, pero el chisporrotear de la fogata estaba allí.

Alguien le agarro de una pierna y lo arrastraron por el suelo mientras alguien, más amable susurraba su nombre. Parecía ser Lan.

Su vista aun nublada no veía nada, veía destellos de colores y los ruidos iban y venían.

Un dolor de cabeza lo dejo respirando a espasmos. Cualquier movimiento le dolía. Abrir los ojos era un sufrimiento, respirar era como si acabaran de caerle cientos de kilos encima. No sentía la pierna. ¿Así iba a acabar todo? ¿Así concluiría su existencia?

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El dolor en las costillas era tan enloquecedor que no podía ni siquiera moverse.

Una costilla rota, es lo más seguro, tal vez perforado un pulmón y no le quedaría mucho de tiempo. No podía abrir los ojos más que una rendija. Le habían golpeado tanto que estaba seguro que su cara estaba deformada, la mandíbula quebrada lo más seguro.

Su boca sabía a sangre y su respiración dolía como el demonio. Pero no era lo que le preocupada.

Era Woulfbez. Lo veía tirado hacía un lado, su pierna no dejaba de sangrar, y apenas podía verle la cara donde había sido golpeado tan brutalmente. Quería tocarlo, saber que estaba vivo. No podía dejarlo morir, no podía permitirse vivir si algo le pasaba al chico.

Escucho el gruñido de Jarek cuando fue reducido.

Pudo abrir un ojo cuando los soldados emitieron ruidos de alerta.

Sintió un escalofrió por la espina, y estaba seguro a que se debía. Pero para haberse enterado y haber llegado tan rápido debería de haber venido sola. No podía ser. Eran casi una veintena de hombres.

Intento abrir más los ojos, ver una señal de que no estuviera sola. Era suicida y ella lo sabía. Había hombres ocultos y le habían visto.

Lo arrastraron hacía el centro y aquello le envió directamente hacía el nido de dolor más profundo que había sentido alguna vez, un grito se le escapó de los labios y se maldijo ya que por el movimiento de los soldados habían visto a Shayr.

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Podía oler la sangre de su hijo. Podía oler la sangre de Sandrua.

Saco la droga que le había dejado Maerys. Solo un poco le dejaría bien. Pero no podía estar solo bien. Hecho la mitad de esta sobre su palma y no pensó más.

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Lo volvieron a arrastrar pero tenía el cuerpo tan entumecido que estaba seguro que moriría esa noche. Veía todo oscuro, apenas si podía sentir el olor a barro y humo. Una daga bajo su cuello y las manos de los soldados sobre su cabello exponiendo aún más la piel.

— ¡Muéstrate!

Él quiso gritarle a Shayr que no se atreviera. Pero la vio antes si quiera de poder pronunciar una palabra. Venía con sus dagas en las manos, hacía arriba. Caminando con un andar tan extraño que estaba seguro que era demasiado peligro para cualquiera cerca de ellos. Un aura asesina tan intensa que estaba seguro que no era el único que empezó a sudar frio.

Bajo la máscara ya no había un humano, y lo sabía.

— Es el perro de la hermana- grito uno de ellos con júbilo- el señor pagara por su cabeza por diez. ¡Atrapadle!

— ¡Lanza tus armas!

Shayr hizo caso inmediatamente, las lanzó dejándolas enterrada en la tierra.

Se detuvo cuando el primer soldado se acercó. Cerró los ojos por un momento cuando supo que estaban bajo un verdadero licano enfurecido. El grito del humano fue callado por un segundo y tercero. Cayó al suelo incapaz de mantenerse aún erguido.

Escuchando los gritos de un montón de soldados siendo asesinados sin piedad alguna.

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La paliza lo había dejado aturdido, pero no lo suficiente para no darse cuenta de lo que ocurría.

Había vivido en un monasterio casi toda su vida. Se sabía las oraciones y las peticiones de piedad de su alma como si su nombre fuera pero jamás las había ocupado.

Había visto a Lord Shayr solo allí parado, y creía que algún conjunto más de humanos estaban ocultos en el bosque. Pero no parecía ser realmente ello.

Comenzó a rezar cuando el primer soldado cayó a tierra con la garganta cercenada. Sin armas por el licano, solo con sus manos.

Cerró los ojos aturdido cuando lord Shayr le hizo una llave a las piernas e hizo caer al segundo guerrero que se la había acercado. Golpeando tan fuerte su pecho que pudo escuchar como sus costillas se rompían. Solo con la fuerzas de sus manos, solo con la intensidad de su furia.

Lan le mordió la camisa hacía abajo para que se protegiera cuando el ataque de los arqueros paso por arriba de sus cabezas. Lord Shayr había atrapado al tercer incauto colocándolo como escudo personal mientras retrocedía hacía la oscuridad del bosque. Pero lo que vio a continuación fue como si acabaran de darle de comer a un demonio.

Lord Shayr subió a un árbol tan rápido y con sus manos sin armas como si se tratara de una acción de lo más simple. Moviéndose tan rápido entre rama y rama mientras las flechas intentaban tumbarlo. Se movía como una sombra de árbol en árbol, mientras uno a uno iban cayendo completamente muertos los arqueros.

Fue un momento de silencio en que no se atrevió si quiera a moverse.

Trece hombres quedaban en tierra con armas en manos observando hacía el punto donde el ultimo arquero había caído.

Pero el grito siguiente no fue de esa dirección, si no de atrás.

Los hombres se lanzaron con la furia de un batallón, pero los movimiento de aquel guerrero era sobrecogedor. No necesitaba sus dagas para matar a todo aquel que se le acercaba. Utilizaba saltos y llave, tumbado a los guerreros, quebrándoles el cuello con la fuerza de sus piernas. Atacaba con puñetazos en las tráqueas, en los pulmones destrozándoles los huesos.

Fue solo un guerrero que tuvo la mala fortuna de golpearle la máscara desencajándola de su lugar. A aquel le rompió el brazo en tres partes antes de tumbarlo y ahogarlo con la bota.

Dos escaparon, y sus dagas apenas sisearon por el espacio antes de que cayeran muertos.

El silencio del bosque fue tan profundo que hubiera jurado que hasta el fuego silencio.

Los rumores de aquel guerrero no eran nada comparado a la acción de sus movimientos.

Un asesino profesional.

Y el recordaba solo a un personaje que había hablado de asesinoprofesionales, y era el padre Woulfbez. Cuando le había hablado de la madre del chico.

Pego un respingo cuando el sujeto se acercó hacía ello.

Se quedó completamente mudo cuando lo vio quitarse la máscara y lanzarla hacía un lado.

Era Woulfbez…. En una mujer.

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No podía precisar exactamente sus movimientos. Estaba herida, lo sabía. Podía sentir los músculos tensos, rotos, sangrantes.

Todo el poder que había ocupado había hecho despertar al lobo de la peor forma, destrozándose por dentro para la intensidad de sus movimientos.

Estaba aún exaltada y no podía respirar con la máscara la cual tuvo que quitarse.

Sandrua estaba inconsciente pero respiraba, Woulfbez estaba inclinado hacia un lado y el olor a sangre provenía de su pierna y cabeza.

Se alzó contra los tres huérfanos que le miraban tan asombrados como asustados. Desato al mayor, aquel que se llamaba Jarek.

— Suelta a tus compañeros, encárguense de los soldados.- uno de ellos. Drue si mal no recuerda se inclinó contra Woulf, pero el chico, Jarek le agarro un brazo, jalándolo para alejarlo.

No sabía porque, pero aquel chico sabía más de lo que aparentaba.

El lobo quería aullar de malestar mientras se inclinaba contra Woulfbez.

Su cabello desparramado con la sangre que salía de su oreja, boca y nariz. Lo inclino levemente hacía un lado, colocándolo boca arriba, sin moverle demasiado la cabeza por la contusión.

Había deseado tanto tiempo tocarlo. Verlo, saber cómo era de suave su cabello, como era su piel. Era tan parecido a su padre, con el cabello indómito y esa mandíbula tensa. Tomo su rostro con las manos temblorosas. Un nudo en la garganta le hizo respirar con dificultad. Había deseado tanto tiempo… tanto.

Este gimió levemente y toco su rostro que se hinchaba cada vez más. Le hizo un reconocimiento rápido sabiendo lo mal que estaba. No podrían moverlo en días sin que todo volviera su lugar. Le hizo una venda improvisada en la pierna, la hemorragia ya se había detenido.

Respirando profundo mientras la droga aún estaba en su cuerpo. Intento tranquilizarse sabiendo que pronto la adrenalina culminaría y se desmayaría.

Jarek estaba toqueteando sus costillas con cuidado. Sandrua aún estaba inconsciente. Uno de los soldados que le habían acompañado estaba muerto y el otro desmayado.

— Chico- llamó al menor. Este le miro con sus grandes ojos sorprendidos.- busca leña, mantén una de las fogatas prendidas. Tú- le dijo al otro que se había inclinado contra Woulfbez- busca agua y paños limpios.

Se puso delante de Jarek quien le miraba ahora sorprendido, hacía mucho tiempo que nadie había mirado sus runas como él lo hacía. Sin miedo, sin curiosidad, como sabiendo que era, de donde venían. Ella inspecciono a Sandrua delante suyo.

— Tiene un par de costillas rotas- le informo el chico, ella cabeceo.

— No podremos moverlos hasta dentro de un par de horas- replico. Se inclinó hacía Sandrua tomándole levemente el cabello y jalándoselo con cariño hacia atrás.

— Wulfric, me hablo de usted- dijo de pronto el chico en voz baja y retenida. A ella se le escapo el corazón por la boca.- él hablaba demás cuando se embriagaba- sonrió con cariño y ella sintió una punzada en su corazón. No podía decirle nada, nunca había visto a Wulfric bebido.- él dijo que usted no iba con ellos, porque no podía. Que estaba retenida. Pero yo sé que usted no ha estado retenida, por lo menos no hace mucho- su voz se agravo y ella podía comprenderlo- ¿Por qué no volvió por él? ¿Por qué no lo hizo?

— ¡Jak!- gimió de pronto Sandrua, abriendo apenas si un ojo. Pero estaba serio.- eso no es de tu incumbencia.

— ¡Lo es!- siseo molesto.- lo fue cuando Woulfbez se quedó solo. Cuando iba a la tumba de su padre preguntando por su madre- la mirada asesina que le dirigió el chico le dejo sin respiración.- lo es cuando Wulfric bebía por la tristeza- la voz se le quebró y se levantó de un salto alejándose lo más rápido posible.

Cerró los ojos al sentir el dolor de las palabras de aquel chico, que al parecer había pasado tiempo con Wulfric. Respirando profundo se inclinó contra Sandrua.

— Lamento lo que paso. Debí haberlos llevado lo más lejos posible.

— Ya estás bien. Tienes que descansar.- susurró con la voz baja. Sus manos comenzaron a temblar, el primer síntoma de la inminente desintoxicación.

— Creo que voy a morir.

— Solo son unas costillas rotas.- respondió con una leve sonrisa por el tono lastimero.

— Duelen más que costillas rotas, creo que me perfore un pulmón.

— Ya estarías muerto, San- respondió ella con una leve sonrisa. Su amigo le sonrió quedamente para luego mirarle con apenas un ojo.

— ¿Cómo estás tú?

— En cualquier momento caeré fulminada.- el hombre le miro todo lo alarmado que podía en su condición.

— ¿Repror?- pregunto con la voz sofocada. Ella asintió.

— Maldita sea, Shayr- le gruño e hizo un breve intento de levantarse. Ella le pego en un hombro dándole una mirada de advertencia.

— Quédate quieto.

Se levantó y miro a los jóvenes. Dos de ellos estaban visiblemente bien, algo magullados pero enteros. Jarek estaba sentado con una mano en el costado, pero no olía a sangre y su respiración era todo lo normal que podía ser luego de la tunda que le dieron.

— ¿Dónde están vuestros caballos?- pregunto de pronto con una mala sensación. No había caballos, en ningún lado.

— Nos los quitaron poco después de darnos encerrona- respondió el más joven. Ella se crispo.

— Maldita sea, apagad la fogata.- susurró rápidamente mientras intentaba que sus sentidos fueran de alguna ayuda, pero no estaba funcionando. Pasando unos segundos, sus rodillas temblorosas no pudieron soportarla más, tomo una espada y le ayudo a soportarse por los pocos minutos que le quedaban de lucidez.

La oscuridad se cernió sobre ellos cuando las llamas se apagaron. El silencio espeso del bosque hizo llamativos los crujidos que provenían de lo que debía ser el camino.

Pasos.

— Maldita sea- susurró bajito. Uno de los jóvenes se le había acercado preocupado.- ustedes, dos.- siseo a los dos que estaban bien.- subid a los árboles con arcos. Tú, tiéndete.- le ordeno a Jarek quien le miro desafiante por unos breves segundos. Pero el ruido se hacía cada vez más cercano, y no era solo un soldado- ¡Ahora!- les gruño mientras tomaba una espada y la usaba de bastón.

El dolor. Un dolor muscular arrollador le tenía el cuerpo tembloroso. No era suficientemente doloroso – por ahora- para dejarla botada, pero era lo suficiente para no poder luchar como debía.

En su mano lo último que quedaba de Repror, un poco más y podría destruir a esta última tanda de guerreros. Y la sobredosis le mataría.

Pero no podía permitir que su hijo y amigo murieran no así. No en las manos de los soldado de Shoys.

Con el corazón a mil, con los ojos puestos en la oscuridad del bosque. Los pasos sigilosos….

Una nube paso oscureciendo aún más el bosque. Un viento helado broto de la tierra. El escalofrió le tensa hasta el dolor.

Y los gritos de miedo y dolor se alzaron sobre su cabeza. Chillidos, golpes, gritos lastimeros y suplicas de perdón.

Cuando la nube volvió a pasar y los breves rayos de una luna aparecieron. Poco más lejos de un par de metros estaba Taillo, con los ojos negros diamantinos mirándole con satisfacción. Boca y garras sangrantes. Y un soldado degollado a sus pies.

Un festín para el demonio.


¿Y? ¿Qué tal? les gusta como esta quedando. A mi sí XD
Con esto ya voy a dar paso a la trama principal, que espero que me quede bien.
Por favor comentad, de verdad. Siempre he querido tener de reviews lo que tengo de capítulos, sé es que difícil. ¿Pero me apoyan, por favor?