Trucos de Salón
Cap. 23
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-No puedes dormir, ¿eh?- Sokka se volvió sorprendido.
Estaba sentado en el toldo de su camión, mirando el cielo. Era poco después de la medianoche y no creía que nadie más estuviera despierto… hasta que vio a Suki vagando en su dirección.
-Oh- murmuró -No, no podía.
Ella saltó sobre el carro y se sentó junto a él sin esperar invitación, recostándose contra el parabrisas.
-¿Qué pasó?- preguntó sin rodeos después de varios minutos en silencio.
-¿Qué quieres decir?- Sokka preguntó distraídamente, con los ojos puestos en la luna.
-Algo ha cambiado desde la última vez que te vi- dijo simplemente.
Sokka suspiró profundamente.
-He perdido a alguien- señalo en voz baja -No pude salvarla y nunca tuve la oportunidad de decirle lo que sentía.
Suki se sorprendió visiblemente. Claro que ellos nunca habían sido exclusivos, pero saber que se había preocupado tanto por alguien más, la dejó un poco agitada.
-Lo siento- dijo Sokka de repente, saltando fuera del camión -Creo que estoy muy cansado y con suerte lo suficiente para dormir.
Ella sólo asintió con la cabeza y ambos se dirigieron a sus habitaciones. Cuando Sokka se tumbo en el suelo junto a Toph, no se dio cuenta de que las camas de Aang y Katara estaban vacías.
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En el exterior, Aang se había alejado hasta la playa y estaba de pie en al otro lado de la desierta carretera. Estaba vestido sólo con su pijama, una chaqueta y su sombrero. Miraba hacia el cielo con el ceño fruncido.
-¿Aang?...
El aludido miró por encima del hombro, y de alguna manera, no se sorprendió al ver a Katara parada justo de lado contrario de la carretera. Ella tenía un abrigo, pero no se había molestado en abotonarlo, revelando que estaba enfundada tan solo en su camisón.
-¿No puedes dormir?- le preguntó, permaneciendo en su lugar.
Al chico le tentaron unas ganas terribles de acercarse más, pero se recordó que era mejor así.
-¿Por qué piensas eso?- preguntó distante.
-Estás despierto- respondió ella, frunciendo el ceño.
-Oh, cierto.
Se quedaron en silencio durante un rato y él apartó la mirada de ella, devolviéndola al cielo. Casi podía sentir el torrente de cosas, que ella quería decirle, luchando por salir; su silencio era ensordecedor. Aang la vio hacer un movimiento desde su visión periférica y pensó que se iba, pero ella solo estaba cambiando su peso. El joven se atrevió a mirarla y ella le devolvía la mirada con el ceño fruncido.
-Yo no soy esa chica- dijo de pronto.
Él la miró fijamente, pareciendo confundido.
-Yo no soy la chica que sólo se retira cuando un hombre se enfada. Yo soy fuerte, soy una guerrera, soy una maestra agua y soy la mejor contrabandista de la ciudad… No soy esa chica.
Él no sabía qué decir. Katara sólo miraba sus pies descalzos y luego se soltó a reír amargamente.
-Y sin embargo estoy aquí… De pie en este lado de la calle, porque me preocupa que me rechaces si me acerco más- su voz fue ganando volumen -¿Y sabes qué?... ¡hace frío aquí afuera!, y yo estoy en mi estúpido camisón, descalza sobre esta molesta grava…. Podría estar en la habitación, durmiendo en una cama cómoda pero estoy aquí contigo...
Katara se rió de nuevo sonando un poco histérica, mientras agitaba los brazos en el aire claramente exasperada.
-Y ni siquiera estoy contigo… ¡estoy de pie al otro lado de la maldita calle!
Aang exhalo en gran medida, tratando de mantener la compostura. Ella lo estaba haciendo a propósito. En realidad no estaba perdiendo la calma. Ella sólo estaba tratando de obtener una reacción suya. Y él no entendía… cómo es que ella, podía conocerlo ya tan bien.
-Está bien que lo extrañes, lo sabes.
Él la miró con tanta rapidez que se lesionó el cuello. Estaba cambiando de táctica… sabía que su primer intento no estaba funcionando. Ella ya no estaba con el ceño fruncido o riendo o gritándole. Sólo lo observaba. Con una intensidad tan abrasante, que él tuvo que mirar hacia otro lado.
-Me puse furioso, anoche- dijo humilde -Nunca había estado tan enojado antes… Me convertí en algo que no quiero ser. Algo con tanta ira… que casi te hace daño.
-Eso no significa que debas dejar de sentir- dijo ella con seriedad.
Aang la vio temblar y cruzar los brazos sobre su pecho en busca de calor. Era demasiado. Quiso dar un paso hacia ella, envolverla en sus brazos y darle calor… pero él era peligroso y se detuvo después del primer paso. Apretó los puños a los costados y apartó la mirada de ella.
-Todo el mundo estará mejor si lo hago- murmuró.
-¡Yo no lo estoy!- dijo al instante. Y él la miró con sorpresa -¡¿Crees que estoy mejor así?!
Hizo una pausa señalándose a si misma con la mano izquierda, mientras le lanzaba a él una mirada cargada de reproche.
-¡Tengo frío!... y quiero estar allí, contigo. Porque el Aang que conozco me mantendría caliente. Me abrazaría toda la noche si estuviera aquí.
Él la miró fijamente, pero ella no lo miró de vuelta. Entonces se acercó a él con sencillez y le susurró al oído.
-Prométeme que no vas a dejar de sentir- el atormentado chico miró hacia abajo.
Parecía como si ella fuera a avanzar más hacia él, pero se contuvo.
–Prométemelo.
Aang suspiró un poco.
-Katara...
-¿Necesitas un abrazo?- preguntó ella, con un toque de desesperación arrastrando su voz (aunque no lo admitiría ni en un millón de años) -Parece que hay un montón de pasta de dientes emocional que necesita ser expulsada.
Él vaciló cuando la oyó utilizar "pasta de dientes emocional" en una frase completamente coherente, pero al final no se rompió. En cambio, inclinó la cabeza respetuosamente.
-Gracias por preocuparte- dijo con más frialdad de la que quería, haciendo una reverencia respetuosa.
Luego, se limitó a quitarse la chaqueta, poniéndola sobre los hombros de la chica mientras se dirigía al hotel. Y de verdad que intentó con todas sus fuerzas no mirarla, pero no podía evitarlo. Su presencia lo atraía como un imán…
Pero lamentó haber echado ese último vistazo. Nada lo había hecho sentir tan miserable como ahora que, mientras pasaba de largo a Katara, era testigo de la mirada devastada en el rostro de la chica… Misma expresión que él adoptó en respuesta, aunque ella no lo vio. Y cuando regresó al interior, como mal actor que era, se mantuvo despierto en la cama durante casi una hora, estando cada vez más y más preocupado. Su condena terminó hasta que finalmente, ella regresó. Y aun así, la sintió más lejana que nunca.
Katara sabía que estaba todavía despierto. Podía saberlo. Pero no dijo una palabra mientras se metía en la cama y rápidamente se quedaba dormida. Aang por otro lado, no durmió el resto de la noche.
…
No hubiera hecho mucha diferencia de todos modos, porque todo el mundo se despertó al amanecer a causa de un grito. Aang saltó sorprendido y cayó de la cama. Katara se incorporó igual de sobresaltada, maldiciendo en voz alta.
-¿Por qué diablos son los gritos?- gruñó, sumamente descontenta.
Sokka ya estaba en pie con su arma lista y apuntando a la pared.
-Oh, cállense todos ustedes- se quejó Toph desde el suelo.
Otro grito llegó hasta sus oídos y Katara se congeló.
-Esa es Ying- dijo en voz baja.
Y aunque las palabras acababan de salir de su boca, ella ya salía disparada por la puerta.
-¡Katara, espera!- dijo Sokka, frotándose el sueño de los ojos y corriendo detrás de ella.
Aang apareció por el otro lado de la cama y miró a Toph.
-¿Vas a ir?- le preguntó. Toph se encogió de hombros.
-¿Por qué no?
Segundos después, ambos se levantaron y siguieron a los hermanos lentamente. Sin embargo se congelaron al instante en que entraron en la habitación donde descansaba Ying. Sokka, Katara y Suki estaban ocupados con la aparente llegada del bebé. Aang (sentado en el suelo y apoyado contra la pared exterior de la puerta), se dio cuenta que Sokka parecía un poco pálido y comentó al respecto.
-Yo podría haberme desmayado un poco cuando entre en la habitación- murmuró.
Toph se echó a reír pero no comentó al respecto, y casi una hora más tarde, la puerta se abrió y dos chicas se asomaron desde la habitación, sonriendo.
-¡Soy padre!- dijo Than con entusiasmo, agarrando a Sokka por los hombros y sacudiéndolo -Tengo una hija, ¡soy papá!
-Felicidades- dijo Sokka incómodo.
Él y Toph fueron persuadidos a entrar en la habitación. Aang no se movió, pero varios minutos después que la puerta se abrió de nuevo. Una mano suave se posó en su hombro, un calor familiar lo envolvió desde ese punto de contacto y una voz tranquila le habló al oído.
-Aang, tienes que entrar y ver esto.
El chico no tenía el valor para resistirse de nuevo a esa voz, así que entró en la habitación y se congeló en cuanto vio la escena que se llevaba a cabo. Ying estaba acostada en la cama, sosteniendo un paquete diminuto en sus brazos. Than estaba de pie a su lado, con las manos en sus hombros e inclinándose sobre la pequeña bola de mantas.
-Se ve tan... pequeñita- dijo Sokka débilmente. Toph sonrió con él.
-¿Estás bien, Ronquidos?... ¿O te vas a desmayar como una vieja otra vez?
Sokka no le hizo caso y Katara rodo los ojos. Pero Aang ni siquiera escuchaba. Sus ojos estaban fijos en el rostro diminuto que asomaba de las mantas.
-¿Cómo la llamaremos?- preguntó Than en voz baja. La recién estrenada madre sonrió suavemente, sin apartar los ojos de su hija.
-Quiero que su nombre sea especial… que signifique algo diferente.
-¿Aang?- susurró Katara.
El aludido saltó un poco, pues había olvidado que estaba tan cerca, a su lado.
-¿Estás bien?
Él le sonrió y ella parpadeó sorprendida. Le tomó un momento darse cuenta de que todo el mundo lo miraba.
-He estado pasándola mal últimamente- dijo en voz baja -Pero al ver a esta familia junta...
Él sonrió de nuevo y Katara sonrió de vuelta, instantáneamente.
-Me ha devuelto la esperanza.
Ying y Than se miraron justo entonces y sonrieron al mismo tiempo.
-Así vamos a llamarla- dijo Ying en voz baja –Esperanza…
Katara estaba un poco sorprendida (el nudo en su pecho comenzaba a ceder pero no quería hacerse ilusiones precipitadamente)… y lo estuvo aún más, cuando Aang tiró de su mano con delicadeza.
-¿Puedo hablar contigo afuera un minuto?... ¿Por favor?
Ella asintió y lo siguió, todavía un poco patidifusa. Estaban solos en el estacionamiento cuando él se volvió para verla directamente a los ojos.
-Lo siento- fue lo primero que salió de su boca. Eran palabras profundas, firmes y entintadas con una nota de dolor.
-Aang no tienes que… - comenzó ella de inmediato.
Pero Aang se limitó a sacudir la cabeza y la detuvo con un gesto.
-Pensé que estaba siendo fuerte- suspiró cansado -Pero en realidad estaba huyendo de mis sentimientos... Siento haberte convertido en "esa chica" que odias tanto. Lo siento con toda el alma.
Ella sonrió suavemente y él se sintió sonreír un poco.
-Al ver a esta familia feliz… junta- hizo una pausa mientras disimulaba lo quebradizo de su voz -Me recordó lo que siento por Appa…
Mientras hablaba miraba hacia abajo con nostalgia, pero luego respiró hondo y cruzó su mirada con la de ella de nuevo, sonriendo con cierta timidez.
-Y lo que siento por ti.
Katara lo miró un momento, antes de limpiarse los ojos con la manga. Aang estaba a punto de preguntarle qué le pasaba justo cuando ella le echó los brazos alrededor del cuello en un abrazo feroz. Él sólo sonrió y la estrechó con fuerza, tratando de transmitirle todo el arrepentimiento y las disculpas que fue capaz.
-Muchas gracias Sparky- murmuró Katara en su hombro -Vas y me haces llorar.
-¿Qué?- dijo él bruscamente, tirando de ella hacia atrás y estudiándola plenamente con la mirada.
Ella se secaba los ojos de nuevo.
-No, no, ¡no llores!
Ella se rió un poco ante ese rostro lleno de pánico.
-Lo siento mucho… me prometí que nunca te haría llorar y yo... soy un completo imbécil.
La mano de la chica encontró la parte posterior de su cuello y se apretó contra él. Fue un largo tiempo en el que ambos, se perdieron en el más suave abrazo. Él sintió sus dedos deslizarse hacia arriba entre su cabello… igual que dos noches atrás, cuando él había perdido el control del Estado Avatar y la joven logró sosegarlo. Katara respiró hondo y suspiró. Su cálido aliento hizo estragos contra su cuello.
-No creo que las lágrimas de felicidad cuenten- susurró contra su piel.
Él se relajó y estableció sus manos en la cintura de la joven, tirando de ella un poco más cerca.
-Me alegro que estés feliz- murmuró.
-Es por ti, ya lo sabes- suspiró ella.
Él la sintió tiritar en su abrazo, y la estrecho con más fuerza. Al tiempo que frotaba su espalda para darle calor.
-La próxima vez que decidas que sería mejor no sentir nada... sólo recuerda lo feliz que me haces…
Aang se quedó sin habla. Katara se acurrucó un poco más cerca de su pecho, haciéndolo sonrojar. Sentía como si estuvieran en ese armario de nuevo. Algo había cambiado entre ellos... y él respiró hondo.
-Katara- empezó el chico en voz baja.
Ella se apartó de él, y estaba a punto de secarse los ojos otra vez, pero él la detuvo y acarició las lágrimas de sus mejillas con los pulgares. Ella lo miró nuevamente sorprendida y Aang sonrió encantado de ver un rubor arrastrándose a través de sus pómulos. Katara le sonrió, un poco confundida.
-¿Sí?- preguntó en voz baja.
Él miró a sus zapatos y respiró profundamente.
-Hay algo que...
-¡Hey chicos!... es hora de hacer las maletas- dijo Sokka.
Él joven guerrero caminaba en su dirección junto a Than y Ying, seguidos de cerca por Toph y Suki. Los chicos lo miraron sorprendidos y luego Aang suspiró.
-Bueno… vamos a estar allí en un segundo- dijo Katara, antes de volverse para mirar a Aang de nuevo, mordiéndose el labio -¿Qué estabas diciendo?
Él negó con la cabeza, levemente resignado.
-Ah... no es nada- dijo, obligándose a sonar alegre -Te lo diré más tarde...
Katara no le creyó, pero sonrió de todos modos.
-Muy bien, seguro- dijo a la ligera, mientras asentía con la cabeza.
Aang estaba a punto de caminar de regreso a su habitación, pero se detuvo cuando sintió la mano de la chica deslizándose en la suya. Se volvió y la miró con sorpresa.
-Hey- dijo ella, sonriendo con cierta timidez -Me alegro que hayas vuelto- Él le sonrió genuinamente.
-Gracias.
No les tomó mucho tiempo terminar de empacar. Katara ayudó a Ying a subir de nuevo en el asiento del pasajero, con Esperanza envuelta cuidadosamente en sus brazos. Todos los demás se metieron en la cabina, pero Sokka se detuvo un momento para hablar con Suki.
-Vas a volver a casa ¿verdad?- le preguntó en voz baja. Suki le sonrió.
-Por supuesto, no te preocupes por mí- respondió ella a la ligera. Entonces miró hacia abajo -Mira, Sokka lo siento... la chica que perdiste...
-Yue- dijo Sokka al instante. Suki lo miró -Ella era la hija del jefe, en la destilería del Norte.
-¿Hablas de Arnook?
-Sí. Yo… la amaba- Suki lo miró de nuevo, dejando escapar un suspiro tembloroso.
-¿Por qué me dices esto?- preguntó ella miserablemente -sabes lo que siento por ti.
Sokka sonrió y la tomó de la barbilla, inclinando la cabeza para mirarla. Ella arrancó su mano para no tener que mantener contacto visual, pero él tomó su rostro entre las manos obstinadamente.
-Te lo digo porque no habrá secretos entre nosotros- respondió con firmeza -no quiero que siempre te estés preguntando por ella- sus ojos se abrieron un poco -¿Alguna pregunta más?...
Ella negó con la cabeza en silencio y con los ojos fijos en él. Sokka dejó escapar un resoplido de risa.
-Hablas demasiado- murmuró burlonamente, inclinándose hacia adelante y presionando su boca contra la de ella en un ardiente beso. Suki envolvió sus brazos alrededor de su cuello y respondió con entusiasmo. Cuando él se alejó, fue con una sonrisa en su rostro.
-Nos vemos de nuevo en la ciudad- dijo en voz baja.
-Es un trato- respondió ella, sonriendo.
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Llegaron al hospital de Ba Sing Se casi al final del mediodía, donde dejaron a la recién ampliada familia. Luego les tomó otra media hora llegar al centro de la ciudad. Había una vieja casa de huéspedes cerca de City Hall que era propiedad de una Riversider amiga suya, una mujer de mediana edad llamada Billie, que tenía un segundo empleo como cantante en el club de jazz. Billie había sido amiga de la madre de Katara y siempre que se quedaban con ella, les obligaba a hacerlo de forma gratuita. Sokka abrió la puerta y se apartó para permitir a todos que entraran en el pasillo delantero.
-¿Billie?- llamó -Billie, ¿dónde estás?
-¿Sokka?- una voz llamó desde algún lugar dentro del edificio.
-Sí, ¡somos nosotros!
Desde una puerta al final del pasillo apareció Billie, quien parecía una versión más adulta de Katara. El mismo tono de piel y cabello, ojos azules, aunque más oscuros. Ella sólo tenía un aspecto más cansado. Parecía agotada, demacrada, pero aun singularmente hermosa. Katara corrió hacia ella de forma inmediata y Billie la envolvió en un abrazo. Aang las miró con tristeza. Esta mujer, Billie… que veía a Katara sólo una vez al año, era una de las últimas conexiones con su madre.
-Katara, has crecido mucho- dijo Billie con una sonrisa en su voz -Eres igual a tu madre.
-Te he echado de menos- murmuró Katara.
Billie miró hacia enfrente y saludó a Sokka.
-Venga para acá también joven- dijo con firmeza.
Sokka rodó los ojos, pero se unió al abrazo de todos modos. Sólo entonces, la mujer vio a Aang y a Toph por encima del hombro de Sokka.
-Ahora, ¿quién podrían ser estas caras frescas?- preguntó con una sonrisa.
-Mi nombre es Aang- ofreció después de un momento -Y ella es Toph.
-Hola- dijo Toph sin cuidado.
-Somos eh... - Aang empezó vacilante.
-Refugiados- explicó Toph -Vivimos en la destilería.
-Sí- agregó Aang -Nosotros... ayudamos a la familia de Hakoda.
Sokka rió divertido.
-Está bien. Podemos confiar en ella- dijo sacudiendo la cabeza.
Aang suspiro de alivio.
-Oh bueno, entonces soy el Avatar- dijo sonriendo e hizo un gesto hacia Toph -ella es mi maestra de Tierra Control.
-Hey- dijo Toph, con otro gesto descuidado.
-¿El Avatar?- repitió Billie mientras sus cejas se disparaban en sorpresa.
-Es verdad- dijo Katara, sonriendo cálidamente a Aang.
Él se ruborizó un poco y miró hacia abajo, también sonriendo.
-Yo soy su maestra Agua.
-Oh, ¿"Su" maestra agua?... interesante. ¿Y eso es todo?- le preguntó Billie, con una sonrisa pícara. Katara rodó los ojos, pero no pudo evitar sonrojarse.
-No, también es mi mejor amigo- rió un poco.
-Está bien. Y supongo que eso es todo- continuó Billie sarcásticamente. Toph se echó a reír.
-Muy bien. Claro. No te he visto en un año y todo lo que haces ahora, es burlarte de mí- suspiró Katara dramáticamente.
-Bien, bien, que haya paz- respondió la anciana, abrazándola de nuevo -Así que es su semana, ¿eh?
-Sí, lo es- Sokka respondió en voz alta, sonriendo.
-Pero en realidad no estamos aquí sólo de visita- agregó Katara en voz baja.
Aang cambió su expresión pero Katara no lo miró.
-Algo le fue robado a Aang.
-Estamos aquí para recuperarlo- dijo él, oscuro. Billie frunció el ceño.
-¿Dragones?- Todos asintieron y ella suspiró -¿Qué tan mal está?- preguntó humildemente.
Katara y Sokka miraron a sus pies sin decir una palabra. Toph desvió la mirada y Aang suspiró clavando la mirada hacia el techo.
-¿Así de mal, eh?- Billie suspiró.
Luego le dio unas palmaditas en el hombro a Sokka y recuperó su entusiasmo.
-Bueno, las cosas no están tan bien aquí tampoco- hizo un gesto para que la siguieran hasta la estrecha escalera del segundo piso, y continuaron hasta el tercero.
-¿Qué quieres decir?- le preguntó Sokka, visiblemente preocupado.
-Es la prohibición oficial- murmuró Billie -El Comisionado nos tiene al acecho. Toda la ciudad está en el borde y nadie puede siquiera mencionar a la Banda del Dragón o a los Riversiders sin ser arrestado- Sokka y Katara se sorprendieron mucho por esta noticia -Los refugiados están desapareciendo a diestra y siniestra. No se puede confiar en nadie…
Todos llegaron a las dos últimas habitaciones en la planta superior. Billie le entregó a Sokka una llave maestra de bronce y le pasó otra a Katara, luego puso una mano en el hombro de Aang.
-Lo que estás buscando, puede ser difícil de encontrar- dijo en voz baja -Pero yo voy a darte toda la ayuda que pueda.
Aang le sonrió acongojado y un gracias fue todo lo que pudo decir.
-Está bien, niños descansen un poco, ha sido un largo viaje- dijo Billie rápidamente, agitando una mano en el aire mientras caminaba junto a ellos -Voy a estar en la Casa Chatter toda la noche, así que nos vemos en la mañana- ella hizo un gesto por última vez y desapareció por la escalera.
-¿Cuál es la Casa de Chatter?- le preguntó Aang a Sokka, desbloqueado una de las puertas y tirando sus maletas en la habitación.
-Un club de jazz clandestino- respondió Katara, abriendo la otra puerta.
Toph entró en la habitación sin preámbulo y se estrelló en una de las camas.
-Billie ha estado cantando allí por años.
-¿Podemos ir a verla?- preguntó Aang desde el interior de su habitación, mientras Sokka guardaba su maleta. Katara sonrió. Aang estaba volviendo a ser Aang, ella lo sabía.
-Claro, será de fábula.
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