Trucos de Salón

Cap. 25

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-¿Katara?

-¡Dah!- gritó ella, sorprendida. Al tiempo que se llevaba una mano sobre la boca.

Tan solo acababa de bajar por las escaleras, pero todavía estaba un poco nerviosa. Aang frunció el ceño.

-Um... ¿estás bien?- preguntó con cautela. Katara se sonrojó inevitablemente.

-Por supuesto que estoy bien- rió nerviosa, alejándose de él.

-Katara, ¿qué diablos te pasa?- Sokka le preguntó con voz apagada -Tú nunca duermes tan tarde.

-Yo sólo estaba... teniendo un sueño- murmuró.

-¿Qué clase de sueño?- preguntó Aang con curiosidad.

-Un buen sueño- dijo, sonriendo perezosamente -Um quiero decir... sólo un sueño... raro...

-Tengo noticias- dijo Toph en voz alta, mientras caminaba hacia el interior de la casa de huéspedes.

-Que bien- dijo Katara a toda prisa, feliz por la distracción.

-Estaba mirando la Casa Chatter y escuché a un par de personas hablando de una gran fiesta esta noche- continuó la joven maestra, sentándose en la escalera junto a Sokka -Hay algún partido de lujo cocinándose en una mansión de la zona alta.

Aang y Sokka se miraron perplejos.

-¿Y?- gruñó Sokka. No le gustaban las fiestas de lujo, era obvio.

-Y… la mansión es propiedad de un rico coleccionista de perros- respondió Toph con seriedad.

Aang se quedó muy quieto y permaneció en silencio, Katara miró a sus pies con un gesto de enfado y la mirada de Sokka se tornó oscura.

-Tenemos que entrar en ese lugar- dijo pensativo -¿Pero cómo?

Toph soltó un bufido y se levantó triunfante.

-Soy una Bei Fong, ¿recuerdas?- anunció señalándose a sí misma -Puedo conseguir colarlos….

Ella frunció el ceño y adoptó un gesto pensativo.

-Pero todos tenemos que lucir para el papel- Aang sonrió.

-¿Eso significa que tenemos que ir de compras?- preguntó entusiasmado.

-¿Podrías ser más femenino, Cabeza de aire?

Toph rodó los ojos con fastidio, pero Sokka negó con la cabeza.

-No es eso. Katara tiene una forma tonta de probar la ropa que Aang parece disfrutar un poco... demasiado- murmuró.

Aang y Katara se ruborizaron y miraron hacia otro lado.

-Lo que sea. Vamos a encontrar un buen taller de disfraces- declaró Toph, poniéndose de pie y llevando a todos hacia la ciudad.

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-Zuko, siéntate y relájate- dijo Iroh contento, tomando un largo trago de su taza de té.

Zuko le frunció el ceño. Estaba apoyado contra la pared, al lado de su tío, quién estaba sentado en una mesa pequeña en el centro de una pequeña tienda.

-No quiero sentarme- respondió Zuko de mal humor -No me gusta esta ciudad.

-¿Estás bromeando?, ¡Esta ciudad es grandiosa!- exclamó Iroh -¿Puedes creer que tengan una tienda de té?... No tenemos esos gustos en casa.

-¡Qué amable de su parte decir eso!- dijo el dueño de la tienda con una sonrisa mientras caminaba junto a su mesa con una bandeja de teteras en las manos.

-¿Ves? Ya estamos haciendo amigos por todo el lugar- señaló Iroh.

Zuko frunció el ceño y fuera de la tienda, Jet cruzó los brazos sobre el pecho y se apoyó en la tienda de enfrente… Esperaría el tiempo que fuera necesario.

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-¿Qué están haciendo?- preguntó Toph inexpresivamente, golpeando el suelo con el pie para asegurarse de que no estaba viendo mal las cosas.

-Bailando- suspiró Sokka, aburrido.

Katara y Aang estaban, de hecho, siguiendo un vals alrededor de la pequeña tienda de ropa que habían encontrado una media hora antes. El dueño de la tienda estaba de pie junto a Sokka y Toph en el mostrador, mirándolos con una sonrisa divertida.

-¿Siempre hacen esto?- preguntó ella.

-Sí- suspiró Sokka de nuevo -es la forma en que comprueban si la ropa es exacta.

-Qué estúpido- murmuró Toph.

-Encantador- respondió el dueño de la tienda.

Sokka suspiró por tercera vez.

-¿Qué te parece?- preguntó Katara con una sonrisa.

Ella se encontró con la novedad de que, el estar cerca de él, de alguna manera la ponía menos nerviosa.

-Creo que me gusta- respondió Aang, ofreciendo su sonrisa más encantadora. Luego la hizo girar bajo el brazo y se detuvo -Oh, espera... eso fue un poco incómodo.

-Bueno, vamos a probar con otro- se encogió Katara.

-¿Y tú? ¿Cómo está el vestido?- preguntó, mientras la evaluaba con la mirada.

Era un vestido bastante sencillo. Azul como de costumbre. La falda colgaba junto a sus rodillas y el cuello estaba un poco bajo para la comodidad de Aang, no era muy escotado pero si lo suficiente para ponerlo nervioso.

-Oh… se ajusta- dijo suavemente, mirándose a sí misma -Simplemente que yo no soy realmente buena para este tipo de vestimenta.

Cuando trabajaban, Katara llevaba un traje igual que el resto de los contrabandistas (para que su ropa no se interpusiera en la entrega), cuando daba vueltas por la destilería en cambio, solía llevar una falda como el resto de las chicas de su edad. Pero Aang nunca la había visto con un vestido… y era simplemente maravilloso.

-Te ves hermosa- dijo anonadado, sin mostrar un rastro de vergüenza.

Katara por el contrario, se sonrojó y sonrió con recato.

-¿Necesitan otro conjunto?- preguntó el tendero desde la parte posterior de la tienda.

Los dos se miraron con sorpresa, al tiempo que Katara soltaba las manos de Aang.

-Sí- dijo, asintiendo con la cabeza -pero creo que nos estamos acercando.

-Estoy de acuerdo- agregó Aang, sonriendo.

Katara se sonrojó una vez más y Sokka suspiró profundamente.

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-¿Cómo diablos sucedió esto?- gruñó Zuko con la cabeza entre las manos.

-¿Qué?- le preguntó Iroh, como un delantal atado alrededor de su estómago.

-Conseguiste trabajo en esta tienda- le espetó Zuko -Sólo por estar aquí durante tres horas y querer mejorar el té.

-Es un mercado pequeño- se encogió de hombros Iroh -No hay una gran cantidad de tiendas de té con talento, que puedan competir con todos esos Riversiders y su luz de luna- la cabeza de Zuko cayó sobre la mesa.

-No puedo creer esto…

En el exterior, Jet estaba dormido, había caído desde hace horas, completamente aburrido.

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-Me siento incómodo- se quejó Sokka mientras los cuatro caminaban por la calle con sus ropas nuevas y elegantes.

Era la puesta del sol y el clima era bueno, así que optaron por caminar hasta la zona residencial más alta.

-¿Con qué?, ¿la ropa o nuestro cuento de entrada?- preguntó su hermana, rodando los ojos.

-Ambos,

Habían decidido que Toph fuese su anfitriona, era una Bei Fong después de todo, así que ella sería la protagonista. Katara sería su mejor amiga, hija de un comisario rico de la policía del sur. Aang y Sokka estaban jugando a ser sus guardaespaldas. Toph declaró que Sokka sería el suyo.

-¿Por qué?- había objetado él, tirando de las mangas de su traje nuevo.

-Soy una Bei Fong- dijo Toph -Necesito al hombre más alto. Nadie lo creería al revés.

Y ese había sido el final de la discusión.

-Bueno... supongo que al menos mi traje combina con tu vestido- ofreció Aang, Katara le sonrió de manera cómplice.

De ese modo, Katara y Toph entraron en la casa solariega lado a lado, Aang detrás del hombro de Katara y Sokka haciendo lo suyo con Toph. Era una coincidencia (o quizá no lo fuera completamente), que la corbata de Aang y su traje oscuro convivieran perfectamente con el color del vestido de Katara. Ella incluso le sugirió comprar un nuevo sombrero para la ocasión. El suyo era muy reconocible y el nuevo le ajustaría mejor; pero al final, ambos decidieron que era demasiado y optaron por una banda en la cabeza. Era formal y al mismo tiempo se ajustaba a su supuesto estatus de guardaespaldas. Cuando llegaron a su destino un estoico mayordomo les dio la bienvenida en la puerta.

-Bienvenidos- dijo haciendo una reverencia -¿Me puede dar su nombre?

-Sai Bei Fong- dijo Toph en voz alta -Esta es mi dama de compañía, Kya Dao- Katara sonrió -Mi escolta, Lee- Sokka asintió con la cabeza -Y el escolta de Kya, Kuzon.

Aang saludó. Toph se quitó el abrigo y se lo entregó al hombre sin más preámbulos.

-Cuidado con mi abrigo- dijo rotundamente, pasándolo de largo -Apúrate, Lee.

Sokka suspiró y tiró de su chaqueta, entregándosela al mayordomo y corriendo tras la Bandida Ciega. Katara iba tomar su abrigo, pero Aang se movió detrás de ella y lo deslizó fuera de sus hombros. Ella se paralizo un poco sorprendida, pero después de poner ambos abrigos en manos del mayordomo (quién por cierto se veía descontento), él le sonrió. Y fue como si le inyectara una dosis inesperada de tranquilidad. De repente, ella era Kya… él era Kuzon… y podía ver en esa sonrisa frente a ella, que no era una mala idea en absoluto.

-Gracias Kuzon- dijo, sonriéndole de vuelta.

-Un placer mi señora- murmuró él, ofreciéndole su brazo.

Ella lo tomó sin pensarlo dos veces y caminaron juntos en el salón de baile.

-Wow- exclamó Sokka, deteniéndose en el umbral.

La casa era enorme y se hallaba decorada profusamente, llena de música, comida... y de alta sociedad. El salón parecía estar brillando con la luz dorada, proveniente de dos lámparas en forma de arañas gigantes. La sala estaba repleta del barbullo de las conversaciones y algo de jazz lento en una esquina.

-Vaya que es correcto- murmuró Kya.

-El lugar es increíble- acordó Kuzon

-Ni tan grandioso- comentó Toph encogiéndose de hombros -Ahora vamos, tenemos que mezclarnos y encontrar a ese perro.

-¿Mezclarnos?- preguntó su escolta, sin comprender.

Toph lo agarró por el codo y desapareció entre la multitud.

-¿No están ustedes metidos con personas de éste mundo todo el tiempo?- preguntó Kuzon, mientras él y su dama caminaban tomados del brazo entre la multitud.

-Bueno, no exactamente como esto- dijo pensativa -En casa las celebraciones son mucho más... relajadas, supongo.

Ella hizo una pausa para echar un vistazo a los invitados, entre los que ya estaban mezclados.

-Lee y yo… socializamos desde la clandestinidad, no dentro de las mansiones. Es mucho más divertido, por decir lo menos.

-¿Y conoce a un montón de chicos en esas socializaciones suyas?- le preguntó Kuzon con una indiferencia poco creíble, a lo que Kya sonrió.

-Pero Kuzon... ¿por qué mi guardaespaldas estaría interesado en una cosa así?

El aludido se sonrojó y carraspeó avergonzado.

-Oh, sí- dijo inexpresivo -Yo... quiero decir, por supuesto estaba bromeando.

-Mentiroso- murmuró Kya, riendo.

-Sabes que no soy bueno mintiendo.

-No es mentira- dijo ella con delicadeza -Es omitir parte de la verdad.

-Esa es la misma cosa.

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-Rápido Lee- ladró Toph cada cierto tiempo -La niña ciega no debería estar dirigiendo.

-Sí, lo siento- murmuró Sokka, por la que parecía ser la millonésima vez.

-¿Algo en esta insulsa fiesta te parece raro?

-¿Qué parte?, ¿el hecho de que no estén sirviendo bebidas o el hecho de que el lugar está plagado de funcionarios de la prohibición?- respondió el chico en voz baja.

-Ambos- dijo Toph, sorprendida -Realmente estás prestando atención, Ronquidos.

-De hecho si- suspiró Sokka -El que no estén cumpliendo no quiere decir que no tengan con qué- hizo una pausa para después añadir -Con todo su dinero, no creo ni por un segundo, que estos holgazanes pomposos no tengan su propia reserva privada.

-¿Qué clase de idiota invita a un bufet en su casa cuando tiene una carga de alcohol ilegal escondido en alguna parte?- soltó ella con un bufido.

-El tipo que sabe que no será descubierto.

-Complicidad- murmuró Toph con sorna -La palabra me viene a la mente.

-Entonces... vamos a conseguir algo de información, oh poderosa Sai Bei Fong.

Y con eso, Sokka hizo una reverencia y le ofreció el brazo con cautela. Ella rodó los ojos y se dejó llevar.

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-Así que Kuzon... ¿es tu guardaespaldas?-

Kya y Kuzon, habían conseguido entablar una conversación con la esposa del rico propietario de un restaurante exclusivo (en un intento de obtener información), pero ella parecía mucho más interesada en sus vidas personales. La dama y su joven hijastra, parecían muy sorprendidas cuando Kya presentó al chico como su guardaespaldas. Y no dejaban de mirar sus brazos enlazados.

-Um... es mi escolta.

-Oh- dijo la mujer -¿Así que ustedes dos son...?

-No- exclamaron al unísono, compartiendo una mirada ruborizada.

-Él ha sido mi guardaespaldas y mi... escolta desde hace mucho tiempo- mintió Kya nerviosamente -Somos buenos amigos.

-Ah, ya veo...

-Entonces es usted soltero- señaló la menor de sus interlocutoras con descarado entusiasmo.

-¡Meiling!

-¿Qué?... lo es- señaló con satisfacción.

Un momento después, ella encaró al chico y le guiñó un ojo con coquetería, provocando que él le ofreciera una mirada perpleja y una leve sonrisa. Ninguno notó la mirada encolerizada de Kya.

-Si bueno... fue un placer conocerles.

Y con eso, la mujer desapareció entre la multitud, arrastrando a su hijastra consigo antes de que la chica tuviera oportunidad de mencionar su edad casadera. Los dos jóvenes no se movieron de su lugar.

-¿Crees que no deberíamos caminar de esta manera?- preguntó Kuzon en voz baja, con el ceño fruncido.

-No- dijo Katara simplemente, ocultando su repentina posesividad -Tú eres mi escolta. Es inapropiado para una dama quedarse sin su escolta.

Ella le sonrió y se acercó más.

-Tendrás que aferrarte a mí, Sparky.

Kuzon se sonrojó y sonrió, un tanto burlón.

-No hay problema, Cara de muñeca.

Así que se alejaron de nuevo, sin separarse ni un poco.

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-Tío.

-¿Qué pasa, Zuko?, estoy trabajando.

-Jet ha estado fuera de la tienda durante horas- señaló oscuro.

Iroh había, de alguna manera, terminado de trabajar en la tienda en cuestión de minutos, y había conseguido ofertas de un par de empresarios de la alta zona de la ciudad.

-Tal vez todo el día, sólo que no lo noté- refunfuñaba el chico de la cicatriz.

-Ese muchacho parecía bastante extraño- admitió Iroh -Fue un poco sospechoso durante el viaje en barco aquí- hizo una pausa -Smellerbee y Longshot fueron muy agradables sin embargo…

Zuko suspiró y rodó los ojos, llevando una bandeja vacía de nuevo en la cocina.

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-Espíritus, estas personas son tan aburridas.

Suspiró Kya, mientras ella y su acompañante se despedían de otra conversación inútil.

-Sin duda- bostezó él.

De repente, la mano de Katara le apretó el brazo.

-¿Qué tienes?

Él la miró preocupado y se dio cuenta de que, ella se sostenía de él con tanta fuerza para mantenerse en equilibrio mientras se levantaba de puntillas.

-¿Qué estás mirando?- preguntó con curiosidad, estirando el cuello para tratar de ver lo mismo que ella.

-Un mesero con una bandeja… de comida para perros- dijo la joven a toda prisa.

Y sin decir una palabra más, se escurrió a través de la multitud, arrastrándolo con ella.

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-Espera un segundo- dijo Sokka de repente, parando en seco.

Toph frunció el ceño.

-Se me acaba de ocurrir algo.

-Wow, buen trabajo- suspiró ella con ironía, pero. Sokka no le hizo caso.

-Este tipo es un coleccionista de perros- dijo humilde -Entonces, ¿dónde están todos sus perros?

Toph parpadeó varias veces, sorprendida.

-No puedo creer que no pensara en ello- dijo incrédula.

-¿Dónde están? ¿Puedes ver el resto de la casa?- Toph negó con la cabeza.

-No es fácil con toda esta gente dando vueltas. Espera…

Ella se aclaró la garganta y compuso una expresión de falsa tragedia.

-¡Dios mío!- dijo en voz alta, sorprendiendo a Sokka -¡Me parece que han roto mi zapato!... guardaespaldas, arréglalo- entonces agarró con fuerza a Sokka y se inclinó, arrastrándolo hacia abajo con ella.

-¿Qué estás haciendo?- siseó él.

-Pretender arreglar mi zapato- murmuró en respuesta.

Los zapatos estaban, de hecho rotos, pero sólo porque Toph había arrancado las suelas para poder ver. La verdadera razón por la que se había inclinado, se hizo evidente para Sokka momentos después, cuando aplanó las dos manos en el suelo y cerró los ojos con gesto concentrado.

-¿Ves algo?- preguntó Sokka en voz baja después de un largo momento.

-Es la planta baja- fue la respuesta -Hay una habitación grande, llena de perros. Tres personas están bajando las escaleras… y apuesto a que conocemos a dos de ellos…

Hizo una pausa y su mueca cambio de divertida a preocupada.

-Oh oh, habrá cinco personas… dos más se dirigen hacia allí también.

Sokka asintió con la cabeza, la tomo del brazo y ambos se irguieron discretamente.

-Creo que podemos ser de ayuda- dijo, mientras ambos comenzaban a hacer su camino hacia las escaleras.

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Kuzon y Kya siguieron en silencio al mayordomo por un tramo de escaleras, estaban ocultas por un espejo en el pasillo, justo a lado del salón de bailes. Sólo había una puerta en la parte inferior y era la misma por la que había desaparecido el mayordomo. El joven presionó su oído contra el muro, escuchando.

-Creo que se ha ido- dijo confundido.

-Eso fue rápido- se extraño Kya.

Él abrió la puerta unos centímetros y se asomó dentro, luego se adentró por completo y encaró la vacía habitación con el ceño fruncido.

-¿Qué?- le preguntó ella entre susurros, inclinándose más cerca para tratar de ver.

Aang tragó saliva por la proximidad y abrió la puerta totalmente para que ambos pudieran entrar. Los dos se acercaron al otro con nerviosismo, mientras estudiaban todo a su alrededor.

-Esto es extraño- dijo Kuzon a la ligera.

Era sólo un pequeño cuarto con paredes de madera y una alfombra de color rojo oscuro. La pared del fondo estaba ocupada por estantes repletos, hasta el borde de buena literatura, y había una sola silla de madera en la esquina. No había nada más que un interruptor de luz, y éste no se había encendido. Kuzon cerró la puerta detrás de ellos, mientras se acostumbraban a la escasa luz.

-¿Tiene esto algún sentido para ti?- preguntó la chica -Porque francamente, estoy desconcertada.

Aang rió y ella lo miró enarcando una ceja.

-Desconcertada- dijo él a modo de explicación. Ella mantuvo la misma expresión -Es una palabra eh... divertida.

Kya lo miró fijamente mientras él se encogía de hombros, y una ligera sonrisa jugueteó en las comisuras de su boca.

-Ajá- declaró él triunfante -Una sonrisa… No puedes evitarlo.

La joven rodó los ojos y le dio un empujón juguetón lejos de ella.

-Como sea- dijo, cuando dejó de reír -Es evidente que hay una puerta detrás de una de estas librerías.

-Es evidente- afirmó Aang, asintiendo con la cabeza.

Kya lo miró de nuevo y él se encogió de hombros. Ella negó con la cabeza, exasperada.

-¿Podrías concentrarte?- le recriminó, trató de sonar grave.

-Estoy concentrado- argumentó él a la ligera -Estoy muy centrado en esta... realmente emocionante... librería.

-Sabes que eres un mentiroso terrible- se rió ella.

-No es mentira- señaló -Es una parte de la verdad.

Kya lo empujó de nuevo y estaba a punto de discutir el tema, cuando un sonido proveniente del exterior los dejo paralizados. Ambos se congelaron en sus lugares y se volvieron hacia la puerta. Alguien bajaba las escaleras.

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