Titulo: El destino.

Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.

Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.

Nota: Gracias a todos por sus comentarios, enserio me alegro mucho que les guste:) Bueno este capitulo es donde empieza todo el eje del fic, osea reencontrar a nuestros queridos Elegidos. Una cosa mas, este cap me quedo muy largo pero es que ya no sabia como acortarlo mas, si les molesta haganmelo saber por favor. Y esto no es todo porque este capitulo tiene una segunda parte. En fin, a leer!


Capitulo 6: Los giros inesperados de la vida.

Los Niños Elegidos siempre habían sido muy unidos, todos ellos sin importar las diferencias de edades, personalidades, gustos o pasatiempos siempre encontraron un momento para estar juntos simplemente disfrutando de lo que los unía mas que cualquier lazo, sus amigos digitales y un amor incondicional hacia el Digimundo que los vio crece, madurar y convertirse en los hombres y mujeres que son hoy en día.

Lamentablemente desde que los mayores entraron a la universidad el grupo comenzó a fraccionarse poco a poco Jyou siempre sumergido en los estudios de medicina y haciendo frecuentes viajes al Digimundo para poder especializarse como medico de ambos mundos, aún así la distancia no se hizo obvia hasta después, primero Yamato que se fue junto con Sora a Nakano a estudiar en la universidad donde ambos terminarían sus estudios, luego se casaron y sin quererlo dejaron de frecuentar a sus amigos, exceptuando a TK claro.

Luego fue Taichi quien se vio absorbido por la política y no tuvo tiempo para nada, después se vio en una mala racha, tratando de superar la tristeza de tener lejos a sus dos mejores amigos –Y también a la mujer que siempre amó. –Y por sus asuntos con Hikari.

Mimi y Koushiro no tardaron en terminar la corta relación que tuvieron cuando ella regresó a Estados Unidos para estudiar su carrera y Koushiro obtuvo una beca en Kyoto y más tarde ingresando a trabajar con el padre de Sora y el hermano de Jyou. Está de sobra decir que se enfrascó tanto en sus estudios que sus amigos pasaron a segundo plano, claro que fue una suerte poder encontrar una amiga como Meyami.

El grupo más joven seguía unido para ese entonces, sin embargo al ingresar Miyako a la universidad y hacerse novia de Ken el tiempo le fue tan escaso que dejó de frecuentarlos tanto. Al cumplir los dieciséis Kari y TK se distanciaron tanto que era difícil pensar que alguna vez fueron amigos. A los diecisiete Takeru se mudó a Francia por tres años y el distanciamiento fue definitivo.

Por su parte Daisuke había tenido que emprender un viaje por distintos lugares buscando su objetivo principal, una cadena de restaurantes por todo el mundo y después de estudiar gastronomía y de ahorrar mucho lo logró.

Ken continuó en contacto con Iori ya que sus estudios estuvieron muy relacionados, sin embargo el tiempo y las ocupaciones del mayor, compartidas con su noviazgo feliz con Miyako lo volvía un hombre demasiado ocupado en todo momento.

Pero ahora por azares del destino lentamente todo se había alineado para que volvieran a reunirse y por medio de quienes menos esperaban pues todas estas conexiones eran por nada menos que por sus hijos.

..

Cuando Yamato llegó a la escuela iba en exceso alterado, primero porque las constantes llamadas de Minami no habían cesado en ningún momento y esto lo ponía de los nervios, segundo porque había abandonado su trabajo y aunque confiaba en Gabumon para dejarlo a cargo sabia que eso que había hecho era incorrecto, tercero porque su hija Hanami se estaba rebelado y esto no estaba en sus planes cuando los invitó a vivir con él una temporada, él siempre había visto a su primogénita como una chica testadura pero muy madura y ni siquiera llevaba dos semana en la escuela y ya había sido citado, y la cuarta razón era aquel extraño presentimiento en el pecho.

Sentía como si algo se avecinara. Buscó el despacho de la directora y se sorprendió al ver que era el primero en llegar, según él iba tarde.

-¿El señor Ishida? –cuestionó la directora Masude.

-Así es. Mucho gusto directora. –se presentó el rubio. –Eh ¿Soy el primero?

-Sí. Los demás padres llegaran en cualquier momento y sus hijos vendrán a la hora de la salida.

-¿Me podría explicar cómo fue el incidente? –pidió Matt. –Es que mi hija no suele hacer estas cosas…

-Oh se lo contaré todo cuando lleguen los demás. –aseguró la mujer. –Pero si me permite decirlo, esos niños no son una buena influencia para su hija, señor Ishida. Se meten constantemente en problemas y parece que solo son buenos para ir tras la pelota.

-¿Futbol?

-Exactamente.

Yamato se extrañó aun más. ¿Su hija juntándose con malas influencias? ¿Desde cuándo los padres se preocupaban por eso cuando su hija tenía ocho? Generalmente las verdaderas malas influencias llegaban en la adolescencia. Entonces ¿Serian de verdad perjudícales para su hija ese par de futbolistas? Al pensar en eso no pudo evitar recordar a Taichi. Su gran amigo. Claro, los futbolistas siempre tienen la culpa…

Varios minutos antes un hombre claramente furioso se dirigía al mismo lugar, la escuela de Odaiba. Estaba tan molesto que no se dio cuenta cuando chocó con alguien.

-¡Fíjate!

-¡Fíjate tú, inepto!

Cuando se vieron a los ojos cualquier enfado desapareció de repente.

-¿Taichi?

-¡Daisuke!

Ambos ex portadores del valor se abrazaron afectuosamente mientras se miraban con los ojos bien abiertos por la sorpresa.

-¿Qué haces aquí? –preguntó Daisuke Motomiya estupefacto.

-Pues me citaron porque al parecer mi hijo se portó mal. ¡Vaya lata que me hayan sacado del trabajo por eso! Estaba bastante ocupado. –explicó en embajador.

-Pues ya somos dos, amigo. –aseguró Daisuke. –Estoy exactamente igual que tu. Fui sacado de mi trabajo justo cuando firmaba con los proveedores y tuve que dejar a mi sobrino a cargo…

-Así que tu hijo se mete en problemas eh…

-Como el tuyo parece.

-Pues sí. Kaichi suele meterse en aprietos pero generalmente me mandan reportes informándomelo. No me habían citado nunca. –dijo el mayor.

-Ni a mí. ¡Pero qué gusto me da que lo hicieran! Me pone muy feliz verte, Tai. Enserio. –dijo Motomiya sonriente.

-Si a mí también me pone feliz verte, no te veía desde que tenías dieciocho. –recordó Tai. –Como pasan los años, amigo mío.

-Lo sé. Si que has cambiado. –admiró su eterno admirador. -¿Cabello corto? Quien lo diría, Yagami…

-Jeje si bueno así como hay cosas que cambian. –admitió el hombre apenado.

-Bueno cuando termine esta dichosa junta podremos conversar más a gusto sobre nuestras vidas ¿Te va bien? –preguntó el dueño de los restaurantes Motomiya.

-Perfecto. Te invito a comer en casa. –invitó Taichi son una radiante sonrisa.

-Me parece muy bien, Tai. –aceptó Daisuke. –Eh… y tal vez podrías contarme de… tu sabes… Kari.

Ante el sonrojo de Daisuke el hermano de la aludida solo pudo echarse a reír.

-Si la suerte esta de tu lado, Daisuke creo que la veras antes de lo esperado. –aseguró Tai antes de entras a la escuela donde su hermana daba clases.

Dos golpes a la puerta, un "Pase" de la directora y los dos padres faltantes entraron a la oficina sonriendo como niños pequeños, Yamato ni siquiera se giró para verlos.

-Disculpen la tardanza. –se disculpó la primera voz, una que al rubio le provoco vagos recuerdos. –Pero es que nos encontramos afuera y nos pusimos a conversar.

-Resulta que somos viejos conocidos. –dijo otra voz que a Ishida también se le hizo demasiado familiar.

-Yo diría más bien viejos amigos, ¿Eh Motomiya?

¿Motomiya? ¿Que acaso ese no era el apellido de…?

-Señor Yagami tome asiento. –pidió la directora. –Usted igual señor Motomiya…

¿Yagami? No podía ser ¿O sí? El rubio por fin se animó a mirar a los dos padres restantes a los ojos. Casi se va de espaldas cuando se giró. Uno tenía el cabello castaño aun alborotado pero más corto que como lo recordaba por última vez y los ojos color chocolate, era ligeramente más alto que el segundo el cual se parecía un poco al primero. Cabello marrón más corto y despeinado y ojos un poco más oscuros. Ambos portadores del valor…

-No…lo…puedo…creer. –balbuceó Yamato paralizado.

-Un segundo… -hablo Taichi. -¿Qué ese rubio de ahí no es…?

-¿Yamato?

-¿Sobrino? –preguntó Hikari mirándolo extrañada cuando se dio la vuelta y se lo encontró escondido tras unos botes de basura con un niño y una niña. -¿Qué haces aquí? Ya es la hora de la salida y tu niñera pronto llegará por ti.

-Hoy no viene ella por mí. –informó Kai. –La directora citó a papá.

-Y al mío.

-Y al mío también…

-Por eso nos escondemos.

Hikari se sorprendió mucho y los dirigió a unas bancas para conversar con ellos.

-¿Qué hiciste sobrino? –indagó la profesora.

Entonces Hikari se fijó en sus otros dos compañeros de castigo. Una niña rubia que miraba a Kai con malos ojos pero no fue ella quien le sorprendió, fue el otro pequeño que le recordaba tanto a su amigo de la niñez Daisuke Motomiya. Parecía su clon aún incluso entre esas manchas de pintura azul.

-Nada, solo nos peleamos con unas pinturas.

-¿Y porque se pelearon?

-¡No, profesora! –exclamó Kazuo pero ya era demasiado tarde.

Esa simple pregunta provocó que Hanami y Kaichi comenzaran su largo relato sobre como el otro había tenido absolutamente toda la culpa de lo que había pasado provocando que Kazu se exasperaba al haber escuchado esa historia más de diez veces.

-Así que aquí está mi hermano… -reflexionó Hikari pensativa, después de casi veinte minutos de discusión entre la rubia y el castaño.

-Si tía Kari. –afirmó Kai. –Tú me ayudaras a que no me regañe tanto ¿Verdad?

-Haré lo que pueda, Kaichi pero ten en cuenta que lo que hiciste estuvo mal. –contestó la castaña.

-Entonces también ayúdeme a mí, maestra Yagami. –le rogó Kazuo.

-Y a mí, por favor. –suplicó la pobre Hanami.

-Eh…pues intentaré pero…

-¡Sí! –exclamaron los dos amigos al unisonó provocando que Kari se estremeciera.

¿Por qué siempre tenía que estar prometiendo ayuda a los niños frente a sus padres?

-Pero niños si la directora le pidió que llegaran a la salida deberían obedecer. –comentó la mujer adulta.

-Pero tenemos miedo. –sinceró la rubia.

-¿Miedo?

-Sí… -dijo ella. –Es que a penas comencé a vivir con mi papá y se enojará muchísimo.

-Y el mío trabaja muy duro y seguro se enojará de que lo sacaron del trabajo para que viniera…

-Y mi padre ya sabes, tía Kari. Lo mismo que el de Kazu. –dijo Kai.

-Lo entiendo niños pero no se agobien, sus padres entenderán. –aseguró la educadora. –Miren ¿Qué les parece si van yendo a la dirección y yo los alcanzó en un ratito? Sólo debo esperar un poco a que terminen de irse los demás niños.

-Está bien… -respondió Motomiya.

-Eh profesora. ¿Podría decirle a mi hermano que papá está aquí? –pidió Hana. –Está en su clase es Ay Ishida.

-Oh claro, yo le avisaré…

Pero la castaña no era estúpida y claro que relacionar a esa niña con Ayako Ishida significaba que ella también era una Ishida. Sus rasgos… cabello rubio… ojos azules. Solo se podía tratar de una persona y ella estaba muy insegura sobre preguntarle a la amiguita de Kaichi sobre sus padres. Ahora que lo pensaba Ay también tenía los rasgos de alguien conocido para ella, su querida Sora.

Sólo había una forma de saberlo…

Flash Back…

-¿No han pensado como será cuando tengan hijos? –preguntaba una ilusionada Mimi mientras miraba al infinito con ojos soñadores, en ese entonces la muchacha acababa de cumplir los dieciocho. –Koushiro y yo no hemos hablado de boda ni nada. No quisiera asustarlo.

-Yamato y yo sí que lo hemos hecho. –comentó Sora sonrojada. –Después de todo ahora nos vamos juntos y estaremos más unidos que nunca.

-¿Y se quieren casar? –cuestionó la Hikari de dieciséis años.

-Sí. Yo creo que es con lo que toda mujer sueña. –respondió la pelirroja. –Y claro con hijos.

-Aw que suerte, Sora-chan. –se ilusionó Miyako. –Ken y yo apenas iniciamos nuestra relación, aun falta para que lleguemos a eso.

-Ni hablar de Koushiro y yo. –recordó Mimi. –Creo que si yo tuviera una hija la llamaría como yo. Mimi.

-Yo no. Siempre me han gustado los nombres que tengan algo que ver con flores, me recuerdan a aquellos días que hacia ikebana con mama y estábamos tan contentas, o también como Yamato me llevaba al parque en marzo y abril a ver las flores de cerezo. Pienso en algo como Hanako o Hanami. –comentó la más grande con aire soñador.

-Oh que lindo Sora. –le dijo Miyako.

Fin Flash Back.

Solo había una forma de estar segura de esas suposiciones que la venían asechando.

-Oye. –Kari llamó a la rubia antes de que se fuera. -¿Cuál es tu nombre?

-Hanami, profesora. Hanami Ishida. –respondió con una pequeña sonrisita, Kazuo la llamó y ella corrió tras él.

Hikari ya no tenía ninguna duda de quién era esa niña.

..

La directora había visto muchísimas cosas extrañas a sus casi sesenta y cinco años de vida, niños precoces, niñas demasiado masculinas, peleas de comida, padres excéntricos pero eso que estaba frente a sus ojos era demasiado. Ese día había sido especialmente… raro.

Primero le encarga a su nueva adquisición, la maestra Yagami, hablar con un hombre que al parecer era demasiado estricto con su hija y cuando la directora se asoma por la ventana para ver cómo iba la junta –después de todo era su oficina y estaba en su derecho, claro. –Los ve abrazados. Eso había sido extraño…

Después llegan a su oficina ese par de desastres andantes de apellido Yagami y Motomiya cubiertos de pies a cabeza por pintura de diferentes colores y para acabarla traían consigo a una víctima más y esta vez era una niña que tenía cara de no romper un plato.

Ahora había frente a sus ojos tres "adultos" que resultaban ser los padres de los delincuentes de la pintura que para sorpresa de la mujer se conocían desde niños y justo ahora venían a rencontrarse. Sobra decir que se abrazaron como locos y que casi se ponían a llorar de emoción y ahora estaban bromeando cual niños de la edad de sus hijos, se golpeaban con frecuencia, hablaban de cosas que ella no entendía y sobre todo la ignoraban monumentalmente.

Un carraspeo. Nada por parte de los padres de familia, en especial ese Yagami y ese Ishida que parecían enfrascados en su mundo. Otro carraspeo, Motomiya alardeaba de algo y Yagami le hacía bromas haciendo que Ishida se riera hasta por los codos. Un carraspeo más y su paciencia se escapó por la ventana al ver a Ishida burlarse del corte de cabello del señor Yagami y a Motomiya acabarse las galletas que había en su escritorio.

-¡Señores! –exclamó reclamando la atención que le había sido arrebatada hace bastante. –Me alegra mucho que se hayan encontrado pero estamos aquí por un problema con sus hijos.

Yamato se sonrojó hasta las orejas, había estado tan emocionado de reencontrarse con su mejor amigo y también con Daisuke que se olvidó del motivo que los había llevado ahí. Taichi asintió respetuosamente con la cabeza y Daisuke por su lado ni se vio afectado.

-Perdone, directora. –se disculpó el embajador. –Pero estos dos de aquí siempre fueron de mis mejores amigos y volverlos a ver en una situación tan sorprendente me emocionó mucho.

-¡Más de diez años, directora! Diez años sin vernos y los tres venimos a encontrarnos justo ahora. –alegó Daisuke.

-Sí bueno, la vida está llena de casualidades.

-Eh directora. –Habló el rubio. -¿Nos podría explicar que fue lo que pasó? –pidió.

-Por supuesto señor Ishida, siéntense por favor.

Los tres obedecieron de inmediato, ya habían importunado demasiado a la pobre mujer.

-Su hijo señor Yagami y el suyo señor Motomiya como ustedes sabrán no tienen una conducta muy ejemplar que digamos. –Tai y Davis asintieron. –Pues esta vez se excedieron.

-¿Qué pasó? –repitió Yamato.

-Pues el joven Yagami comenzó una pelea de pintura con la señorita Ishida. Y el joven Motomiya terminó en medio de ambos y al final participó también. –relató la mujer.

-¿Y mi hijo no comenzó? –preguntó Daisuke muy sorprendido. -¡Vaya! Eso sí es extraño.

-En realidad la señorita Ishida comenzó. –dijo la directora Masude, a Yamato casi se le va la mandíbula hasta el piso. –Pero el joven Yagami la provocó antes.

-Pues eso no es extraño. –aceptó Taichi.

-Y Kazu Motomiya junto con la profesora Zara nos ha informado que no es la primera vez que estos dos tienen problemas.

-Bueno ya hablaremos con ellos. –aseguró Tai. –Cosas de críos. ¿No Yama?

-Eh… supongo.

-En ese caso solo me queda decirles que sus hijos tendrán castigo lunes y martes.

-Perfecto. –dijeron los tres hombres. -¿Pero podrá jugar en el partido del domingo, verdad? –indagó Daisuke preocupado.

-¡Oh no me digas que tu hijo también juega! –exclamó Taichi sorprendido.

-Claro, mi Kazu heredo mis habilidades deportivas.

-Ejem. –tosió el rubio. –Bueno si nos permite yo creo que ya nos vamos.

La directora Masude los despidió y rogó no volver a tener que tratar nuevamente con ese trió de padres tan extraño. Los tres hombres a penas salieron de la oficina sonrieron nuevamente y vieron a sus tres vástagos correr hacia ellos.

-Papá yo…

Pero ninguno de los tres reprendió a sus hijos, es más les sonrieron con alegría y se dedicaron a ignorarlos para seguir en su feliz plática.

-¿Parece que se hicieron amigos, no? –preguntó Hanami sorprendida.

-Si. Al menos no me regañaran. –dijo Kaichi sonriente al ver como su padre disfrutaba de la conversación.

-Que raro… -reflexionó Kazu. –Parecen amigos de toda la vida.

-Muy raro diría yo. –secundó Hanami.

-¡Papi! –la vocecita de Ay por fin logró que Matt prestara atención a algo más que no fueran sus amigos.

Lo tomó en brazos.

-Hola Ay. –saludó el astronauta. –Mira ellos son mis amigos, el señor Daisuke y Taichi.

-¿Señor Daisuke? –se jactó el aludido. –Suena bien.

-Mucho gusto. –dijo el pelirrojo tímidamente.

-Pero que niño tan lindo, Yamato. –alagó Tai. –Al igual que tu hija. Se nota que no salieron a ti.

-Oiga señor pero si mi papá es muy guapo. –replicó Ay con una mirada inocente, Yamato se sonrojo pero los dos morenos rieron.

-Que bien entrenadito lo tienes, Matt. –rió Daisuke divertido.

-Lamento darles la razón pero la verdad salieron igual de guapos que su madre. –decía maravillado el hombre.

-Su madre… ¿Sora verdad? Aun recuerdo tu boda. Fue la última vez que te vi. Y a ella también…

-Así es Tai. Ella no ha cambiado mucho.

-¡Mi mami es muy guapa!

-Sí… bueno aunque llevo meses sin verla, yo…

-¿Meses sin verla? –intervino Motomiya muy sorprendido. –Qué relación tan liberal llevan ustedes dos…

-Eh no es exactamente relación, Daisuke. –alegó sonrosado.

-¿No quieres decir que…?

-Luego hablaremos de ello. –prefirió cortar Yamato. No le gustaba hablar de eso y menos frente a Ay.

-Había invitado a este idiota a comer a casa. –comentó Tai. –Vente también así nos cuentas todo de tu vida. –sugirió el compañero de Agumon.

Yamato no tardó en aceptar pero antes dijo que tendría que recoger a Gabumon y pasar a hacer unas compras así que los tres hombres se despidieron en la escuela y el rubio se llevó consigo a sus dos hijos. Mientras conducía no podía evitar sonreír con alegría. Definitivamente no había sido tan malo como él creyó en un principio

-Iremos a comer a casa de Taichi, niños. –le informó el hombre a sus hijos.

Ayako no emitió ningún comentario, no tenía nada que decir. Sin embargo Hanami sí que lo tenía y no pensaba quedarse callada por nada.

-¡Ni hablar! –se quejó la rubia. –Si eso significa que tendré que volverle a ver la cara a Yagami, me niego completamente. –dijo firmemente.

-Pero hija…

-Ya dije lo que pienso. Pásanos a dejar a casa o nos quedaremos con tío TK.

-Hablaremos de esto en la noche, Hanami. –aseguró el astronauta con su mirada seria, por ningún motivo iba a dejar que su hija le dominara.

-¿Estás molesto con Hana-chan, papi? –preguntó curioso el pelirrojo.

-No hijo.

-Y de ser así, a mí ya no me importa. –concluyó la niña cruzándose de brazos.

Yamato suspiró. No quería que por su culpa Hanami adquiriera ese comportamiento, los años con su madre solo habían servido para volverla una niña madura y dulce que se preocupa por los demás, no quería que cuando Sora volviera a verla se encontrara con una pequeña huraña y rebelde así como solía ser el de niño. Tenía que hacer algo para que ella volviera a ser la de antes, en eso venía pensando en el trayecto después de recoger a Gabumon.

Llegaron a casa y Hanami ni siquiera dijo nada. Ayako, Tsunomon y Yokomon estaban intrigados por el comportamiento de la rubia pero Matt entendía su actuar. A Hanami no le gustaba ser la causante de problemas y debía de sentirse culpable de haber ocasionado aquel incidente en la escuela, ya tendría que hablar con ella seriamente. Cuando el astronauta entró al cuarto de su hija para preguntarle una vez más si no quería ir con ella a casa de Taichi la vio prendida al teléfono. Eso le sorprendió en exceso pues solo había alguien con quien pudiera estar hablando…

-Sora. –susurró el hombre lastimosamente.

Hasta ese momento la primogénita del disuelto matrimonio Ishida-Takenouchi se dio cuenta que había sido descubierta por su padre.

-Si un segundo. –pidió a la persona del otro lado de la línea. –No es mamá.

Yamato suspiró un poco más tranquilo…

-¿Quién es?

-Es el primo Reiki, le marque a su móvil y dice que esta de compras con su padre y que irán al cine. –contestó la muchachita luego volvió a hablar por teléfono y segundos más tarde cortó.

-No los voy a dejar aquí solos, Hana.

-Puedes llevarte a Ay por mí no hay problema. –aludió ella. –Yo me quedo con Yokomon.

-No seas tonta, algo te puede pasar. –replicó Matt. –Además tú no tienes derecho a exigirme nada, señorita. Yo debería ser el que está furioso ¿Iniciar una pelea de pintura?

-Dijiste que hablaríamos en la noche. –le recordó la niña, aun molesta.

Hanami se tiró a la cama y Yokomon no tardó en preguntarle que le pasaba, ella negó con la cabeza y escondió su cara en la almohada. Yamato quiso poder entender que sentía su hija. Lo que él no sabía era que sabía exactamente como se sentía Hanami en ese momento. Su molestia no se debía a otra cosa que no fuera la separación de sus padres y la nueva novia de Yamato…

Se sentía traicionada, abandonada, sola y responsable de ver por el bien de su hermano menor.

-Hija… -susurró el hombre acariciando su cabello, tan igual al de él.

-Estoy bien. Vete y hablaremos en la noche. –dijo ella.

-Pero no te voy a dejar sola, Hanami.

-¡Yo la cuidaré! –exclamó Yokomon.

-Tengo una idea papá. –masculló la pequeña.

..

Taichi trataba de arreglar un poco su morada, definitivamente hacía falta un toque femenino ahí, aunque fuera el de su hermana Kari. Lamentablemente Tai no tenía a nadie que pudiera darle ese toque tan necesario –en otras palabras, limpieza y combinación muebles/cortinas. –Así que hacia lo que podía entre el trabajo, cuidar a Kaichi y algunos labores domésticos de los que no se salvaba. Su celular sonó y el castaño atendió apurado.

-Hola hermano. –saludó Hikari por la otra línea.

-Hikari. –Taichi sonrió inconscientemente. –Hola hermana ¿A qué debo tu llamada?

-Oh me preguntaba si tenías mucho trabajo hoy –preguntó la castaña.

-La verdad es que me dieron el día por un problema con Kai y tendré unas visitas en la comida. –Tai se divertía al saber quiénes irían a comer a casa y Kari no tenía esa ventaja.

-Oh que lástima… -soltó ella. –Yo que me había auto invitado a tu casa un rato. –admitió. –Y no sólo eso, si no también te iba a llevar una sorpresita que seguro amarías.

-Pues ni tanta lástima. –replicó. –Estás invitada.

-¿De verdad, no es alguna comida formal? –indagó la mujer.

-Claro que no. –negó el hombre. –Así que te espero en un rato y con tu sorpresa.

-Interesado. –se burló su hermana. –Iré mas tarde, después de comer, Kazumi irá a su clase de ballet y de ahí una compañera suya me hará el favor de cuidarla un rato para que podamos conversar.

-Entonces te espero en la tarde.

Cortó con su hermana e inconscientemente bajó la mirada recordando su vida. Claro todo hubiera sido más simple si hubiera podido contar plenamente con Hikari pero había muchos baches en su relación que no se arreglaban fácilmente. Más que nada porque Taichi estaba enfadado no con ella si no consigo mismo. Estaba muy resentido con el mismo por no haber apoyado a su hermanita menor cuando lo necesitó y ahora se sentía sucio y un maldito al volver a hablarle como si nada. No se sentía digno de su compañía.

Pero todo eso había sido hace tantos años. Aproximadamente 16 años atrás. Todo fue tan gris en esos días que él se sentía un maldito impotente al no haber podido hacer nada por ella, por su dulce Kari… todo había sido por la culpa de ese sujeto despreciable. Todo por culpa de ese imbécil del que solo de recordarlo Taichi tenía unas ganas inmensas de asesinar, si tan solo él no se hubiera acercado a Hikari… El sonido del timbre lo sacó de sus cavilaciones y recordó la razón por la cual había estado maldiciéndose tener la casa tan sucia.

-Daisuke, veo que con el tiempo esa maña de llegar tarde se ha ido acabando. –le alagó el embajador.

-Oye los años no pasan en balde.

-Hola señor Yagami, ¿Esta Kai?

-Oh claro, está en su habitación. Pasa. –indicó el hombre con una sonrisa.

El vástago de Daisuke salió corriendo hacia la indicada habitación sin siquiera decir pio.

-¡Kazu, espérame! –le llamó su Chibimon mientras corría –O saltaba. –tras él con rapidez.

Daisuke sonrió ante la emoción de su único hijo. Su vida había estado colmada de felicidad y agradecía muchísimo por eso. Tai tampoco pudo reprimir su sonrisa por mucho tiempo, Agumon no tardó en saludar a V-mon y a su compañero humano, los Digimon se fueron de prisa a la habitación que había sido adecuada para Agumon y Koromon, no sin antes robarse todas las galletas que Daisuke había traído.

-Al parecer se llevan muy bien. –comentó el primer líder de los elegidos.

-No me sorprende. –admitió Dai.

-Tu hijo es igualito a ti. –comentó Taichi. –Parece tu copia a carbón.

-Hey que Kaichi no se queda atrás. –murmuró el dueño de la cadena de restaurantes más famosa. –Son idénticos.

-Bueno sí, la verdad es que mi hijo salió caladito a mí. –se jactó el compañero de Agumon.

-¿Qué hay de Yamato?

-Ya no debe tardar. –respondió Yagami.

Y como si hubiera sido invocado el timbre sonó. Daisuke corrió para abrir y vio al rubio astronauta junto a un niño pequeño y pelirrojo que tenia la carita confusa y su mirada tiernamente enfocada solo a su padre. (Si alguien supiera el diablillo que es la realidad este chico aunque creo que hasta ahora solo yo lo sé)

-Hola Yamato. –saludó sonriente Motomiya. –Hola mini-Sora.

Ayako rió ante el comentario del amigo de su padre y su timidez disminuyó, Tai le invitó a jugar con su hijo y el amigo de éste, Ay no se negó y corrió hacia la habitación indicada.

-¿No ha venido Gabumon? –quiso saber el dueño de la casa.

-No, le encargue echarle un ojo a Tsunomon y Yokomon.

-¿Es verdad y tu adorable hija rubia, Matt donde la dejaste? –cuestionó Taichi.

-Hanami se quedó en casa de una amiga suya que vive en el mismo edificio. Pasaré por ella más tarde.

-Entonces yo creo que ya podemos comer ¿No? –indagó el glotón de Motomiya.

-Claro, además los niños también tendrán hambre.

-Entonces comamos.


Nota Final: Final de este capitulo, muchas gracias por leer. Jaja esos tres parecen mas niños que sus propios hijos haciendo enojar a la pobre directora. Tambien vemos que Hikari ya esta haciendo mas descubrimientos y esto no acaba aqui pues ya le tocara tener su propio reencuentro:)

Beso, chao chao.