Trucos de Salón

Cap. 26

-Mierda- susurró frenéticamente Katara -Alguien viene.

-No hay donde esconderse- comentó Aang, lanzando una mirada de pánico en torno a la pequeña habitación -¿Y ahora qué?

La mente de Katara corrió a velocidad increíble.

-Uh... eh...

Los pasos eran cada vez más fuertes. Sus ojos cayeron sobre Aang y tras un segundo más de duda se dirigió a él con autoridad.

-Sujétame contra la pared- la boca de Aang cayó al suelo.

-¿Qué?

Ella tomó su corbata y tiró de él a través del cuarto. Aang se tambaleó tras ella. De repente, ella estaba pegada de espaladas a la pared y lo estaba presionando contra ella, sacudiendo la chaqueta de sus hombros.

-Katara, que...

-Es Kya- susurró ella, tirando de la camisa fuera de sus pantalones -No dejes que te escuchen llamarme Katara.

Sus ojos estaban pegados a sus dedos, que rápidamente se deshacían del primero de varios botones en la parte delantera de su vestido.

-Deja de estar conmocionado, tenemos sólo una oportunidad en esto.

-Oh- Aang por fin entendió lo que estaba pasando –De acuerdo.

Katara lanzó una mirada desesperada a la puerta. El que venía, estaba sólo a unos segundos de distancia. Soltó un jadeo y se agarró a la cintura de sus pantalones mientras él deslizaba una mano por su espalda y la apresaba contra la pared. Alguien estaba girando la perilla de la puerta y ambos compartieron un último vistazo de pánico. La puerta se abrió y dos oficiales de Prohibición caminaron dentro.

La luz fue encendida, revelando a un joven que besaba con ansiedad el cuello de una mujer de su misma edad, a la cual tenía clavada contra la pared. Las manos del muchacho estaban ocupadas, una bailando a un nivel peligrosamente bajo de la espalda y la otra deslizándose entre el pelo de la joven. Ella tenía los ojos cerrados, la boca ligeramente abierta para respirar y apretaba las manos sobre los hombros del sujeto, mientras los labios y lengua de éste viajaban delicadamente sobre la piel de su garganta. Un segundo después él aplastó su boca contra la de la chica brevemente y sembró un camino de besos desde su barbilla hasta la base del cuello.

-Oye, ¿qué diablos están haciendo aquí?- ladró uno de los oficiales. Los dos jóvenes saltaron genuinamente sorprendidos, mirando a la puerta -Esta zona está fuera de los límites.

El joven se echó a reír y arreglo un poco las ropas de su acompañante.

-Caray amigo, cálmate- dijo con facilidad -Estábamos buscando un poco de intimidad.

-Es evidente- agregó la joven, sonriendo.

-Busquen otro lugar- respondió el oficial, señalando la puerta.

El otro veía la escena más bien divertido, pero aun así ambos suspiraron y se alejaron. Aang la tomó de la mano y la llevó hacia el exterior de la habitación, cubriéndola con su cuerpo todo el tiempo. En cuanto estuvieron fuera la puerta se cerró de golpe detrás de ellos y un silencio se instaló entre ambos.

-Mierda- susurró Katara, apoyada en la pared y exhalando profundamente -Eso estuvo cerca.

-Muy cerca- consintió Aang también aturdido.

Katara rápidamente comenzó a abotonarse el vestido nuevamente y Aang siguió su ejemplo, arreglando su camisa y abrochando los pantalones.

-Realmente fuiste lejos, Cara de muñeca- rió nerviosamente, enderezando su corbata y tirando de la chaqueta de nuevo sobre sus hombros.

-Lo dice el chico cuyos labios parecían muy interesados en mi cuello- respondió ella con ironía. Ella sonreía en un intento de distraer la atención de lo mucho que eso la ruborizaba. Levantó la mano para arreglar su cabello y se sorprendió un poco, no recordaba cuando llegó a tan mal estado.

-Oye, fue tu idea- él se encogió de hombros y se limitó a ayudarla, alisando las arrugas de su vestido.

De repente, ambos se detuvieron y se miraron uno a otro con los ojos muy abiertos. La adrenalina parecía haber desaparecido y ambos se volvieron muy conscientes de lo que acababa de suceder. Katara tragó saliva y trató de tomar una respiración profunda, pero sus pulmones ya parecían estar llenos de aire.

-Uh...

Aang lentamente retiró las manos de su vestido, pero sus ojos nunca dejaron los de ella.

-¿He mencionado... lo hermosa que te ves esta noche?- balbuceó, sonrojándose.

Katara miró hacia abajo, humedeciéndose los labios.

-Um... Aang...

-Kya, Kuzon, ¡ahí están!

Ambos se dieron la vuelta, sorprendidos. Sokka y Toph estaban bajando las escaleras. Aang tomó varios pasos rápidos lejos de ella, limpiándose la boca con el dorso de su mano. Katara tomó un momento para fregar a toda prisa a su cuello con ambas manos, con suerte las pequeñas marcas serían invisibles. Ella no recordaba la sensación exacta pero estaba segura que sus besos no habían sido lo suficientemente ansiosos ni fuertes como para dejar huella.

-¿Ha habido suerte?- Sokka le preguntó. Aang y Katara se miraron con nerviosismo, mientras enrojecían furiosamente.

-Mesero

-Con comida

-Para perros- dijeron atropelladamente, señalando a la puerta detrás de ellos con el pulgar.

-Y un par de oficiales.

-Dijeron que estaba fuera de los límites- agregó Aang. Toph les frunció el ceño.

-¿Qué pasó?- preguntó con suspicacia.

-Nada- exclamaron al unísono.

-Mienten- respondió Toph con voz cantarina, golpeando con el pie en el suelo.

-Nada importante- se apresuró a corregir Katara -Eh mira, vamos… tenemos que seguir al mayordomo...

Ella se volvió hacia la puerta y se detuvo un momento. Aang la miró acongojado.

-Ustedes chicos primero.

Sokka frunció el ceño, pero sin decir una palabra, abrió la puerta y encendió la luz.

-Esto es extraño- dijo lentamente.

Aang y Katara evitaron cuidadosamente el contacto visual. Toph se acercó a una estantería inmediatamente, ignorando por completo las otras dos.

-Hay una puerta detrás de esta- señaló. Katara se apartó de la pared.

-Entonces, ¿cómo crees que se abre?- preguntó Sokka, inclinándose hacia delante para inspeccionar.

La estantería estaba llena de libros de todos tamaños y edades. No había un solo espacio libre. Estaban completamente libres de polvo, aunque no parecía como si los libros hubieran sido tocados en años. Sokka experimentalmente tiró de un volumen encuadernado en piel, sólo para encontrar que nada se movió.

-¿Libros falsos?- preguntó, más para sí mismo que los demás.

Toph puso los ojos y lo empujó fuera del camino.

-No tenemos tiempo para esto, Ronquidos.

Ella pegó los nudillos a la pared y empujó a un lado la estructura como si se tratase de pan. Aang y los hermanos intercambiaron una mirada orgullosa.

-Bueno, eso fue fácil- dijo Toph, paseando por la puerta recién revelada -Vamos, guardaespaldas.

Sokka puso los ojos y la siguió. Aang y Katara se miraron de nuevo, y él terminó aclarándose la garganta con nerviosismo.

-Um... las damas primero- murmuró.

-Eh... gracias- respondió ella, agachando la cabeza.

Los cuatro se detuvieron tan pronto como llegaron a otra entrada, era un pasillo lleno de más puertas y desviaciones. Los sonidos apagados de ladridos rebotaban en todo el espacio. Toph se dirigió a una dirección sin dudarlo.

-Están llenas de perros- dijo. Los otros tres se apresuraron tras ella -Hay cinco o seis en cada habitación, corriendo alrededor. Nada raro.

-¿Dónde está Appa?- pidió Aang con urgencia -¿Lo ves en cualquier lugar?

Toph se quedó en silencio durante unos segundos.

-No- dijo por fin, en voz muy baja. Aang tragó saliva y miró hacia abajo -Pero sé dónde está el coleccionista.

El chico miró hacia donde ella señalaba y corrió para ponerse al día.

-Hay un lugar al final del pasillo. Es una oficina. El mayordomo está en esa habitación que acabamos de pasar... alimentando a los perros.

-¿Qué hay de los dos oficiales?- le preguntó.

Los hermanos se estremecieron y fruncieron el ceño al mismo tiempo.

-¿Qué oficiales?- preguntó Sokka.

-Um que ¿eh?- balbuceó ella -Los vimos ir tras el mayordomo.

Sokka frunció el ceño aun más, pero no profundizó en el tema. Katara empezó a sentirse miserable. Aang no hizo comentarios, pero la parte de atrás de su cuello y las puntas de las orejas parecían estar bastante más rojas que de costumbre.

-Están en la oficina también.

Toph se encogió de hombros y sin decir una palabra más, los cuatro marcharon al final del pasillo y entraron por la puerta del fondo. La oficina era una pequeña habitación cuadrada con una alfombra de color rojo oscuro y las paredes con paneles de madera, al igual que la habitación con las estanterías. Un escritorio de caoba gigante ocupaba la mayor parte de ella, pero lo que de inmediato llamó la atención fue la elección inusual del decoro.

-¿Ag?- dijo Katara, arrugando la nariz completamente asqueada.

La habitación estaba llena de perros disecados, había en todo el piso, el escritorio y las estanterías en la pared posterior. Y en medio de toda la taxidermia, se encontraba los dos oficiales de la prohibición, uno a cada lado de la mesa.

-Ustedes dos otra vez- gruñó uno de los oficiales cuando sus ojos se posaron en Aang y Katara. Ambos se ruborizaron pero antes de que pudieran responder, una voz diferente habló.

-¿Quiénes son?

Los cuatro echaron un vistazo a la mesa. Allí estaba el coleccionista, un hombre alto y delgado con un bigote inusualmente limpio y un traje impecablemente. Él se puso de pie con los brazos cruzados sobre el pecho. Algo en su expresión les hizo saber que estaba claramente irritado, pero aun así Aang dio un paso adelante y encaró a los tres hombres con determinación.

-Soy el Avatar Aang- dijo con firmeza -Y usted tiene algo que me pertenece.

Los oficiales de la Prohibición dieron un paso adelante, pero el coleccionista levantó una mano para detenerlos.

-Supongo que te refieres al perro pastor- suspiró aburrido, luego negó con la cabeza -demasiado salvaje… muy mal entrenado.

Aang apretó los dientes con rabia.

-Los hombres que me lo vendieron dijeron que estabas muerto. Eso sólo demuestra que no puedes confiar en un dragón.

-No me importa- dijo Aang cabreado -¿Dónde está mi perro?

-Él no está aquí- dijo el coleccionista con un encogimiento de hombros –Lo vendí.

Aang se quedó muy quieto. Cerró los ojos y dio un largo suspiro. Katara puso una mano vacilante en su hombro pero él no parecía darse cuenta.

-¿Aang?- susurró.

-¿Qué quieres decir con que él no está aquí?

Katara escuchó el cambio en su voz antes que nadie. Él estaba demasiado enojado y demasiado rápido. Sabía lo que iba a pasar. Y efectivamente, mientras su respiración se aceleraba en la frustración, el aire a su alrededor comenzó a girar. Los tatuajes en el dorso de los puños cerrados empezaron a brillar, así que Katara actuó sólo por instinto, caminó hasta situarse enfrente de él. Ella aplastó una mano en su pecho y lo empujó contra la pared.

La acción no pareció afectarle en lo más mínimo. Sus ojos se mantuvieron pegados al coleccionista, destilando cólera. El hombre lo miró aterrorizado, mientras que Sokka y Toph se sorprendieron por lo que Katara había hecho.

-Aang, mírame- le dijo con firmeza, sosteniendo su cara entre las manos y atrayendo su mirada hasta ella. Él la miró, aún lleno de rabia, pero ella no vaciló.

-Aquí, Sparky... mírame.

Él se sintió débil cuando sus ojos se encontraron y el temblor en su voz. El viento repentinamente dejó de girar a su alrededor.

-Sólo concéntrate en mí.

El brillo retrocedió cuando el joven recuperó por completo el control. Aang finalmente dejó escapar un suspiro demacrado y ella suspiró aliviada.

-Ya está.

Aang respiraba con dificultad y aún mantenía los ojos cerrados. Vaciló al mantenerse de pie, pareciendo desorientado, pero Katara lo mantuvo erguido con las manos en su cara. Cuando él por fin abrió los ojos y se encontró con los de ella, se quedó congelado en la sorpresa; Aang se sonrojó y una repentina sensación de calor se disparó por debajo de las palmas de la chica. Sólo entonces ella se permitió darse cuenta de lo cerca que lo había traído. De lo mucho que estaba en contacto entre ellos. El cómo su aliento era cálido y sus ojos grises, brillaban con una mezcla de miedo y alivio.

-¿Estás bien?- balbuceó, sin moverse.

-Ajá- respondió él, aturdido pero sin romper nunca el contacto visual.

-Bien.

Katara tragó saliva y se apartó de él, lo que a él le permitió espacio para moverse lejos de la pared.

-¿Qué fue eso?- exigió uno de los oficiales, con la voz aun afectada por el pánico.

-¿Dónde esta el perro?- preguntó Toph rotundamente.

-Como he dicho, lo vendí- dijo el coleccionista, pareciendo conmovido -Al comisario de policía, Long Feng.

-Excelente, gracias- respondió Toph, tomando a Sokka del brazo y arrastrándolo fuera de la habitación.

-Hey, espera un...

Comenzó Sokka con indignación, pero Toph le dio un incómodo tirón y él opto por quedarse en silencio. Katara tomó la mano de Aang y tiró de él con mucha más suavidad.

-Vamos, Sparky- susurró -Es hora de irnos.

Aang la siguió, lanzando una mirada oscura hacia la habitación y cerrando la puerta detrás de ellos.

-Es tiempo para correr- dijo Toph tan pronto como todos estaban fuera.

Nadie la contradijo. Toph soltó el codo de Sokka, pero Aang siguió aferrado a la mano de Katara mientras emprendían la carrera. Tan pronto como llegaron al final del pasillo, la puerta de la oficina detrás de ellos se abrió y los oficiales fueron tras ellos.

-Biblioteca- gritó Sokka.

Aang se dio la vuelta en cuanto todos pasaron y puso la estantería en su lugar para bloquearles el paso a sus perseguidores, pero la entrada fue destruida un instante después por un gran desprendimiento de rocas.

-Uh, creo que están ganando terreno- mencionó, mientras tomaba la mano de Katara otra vez y corría junto a ella escaleras arriba.

-Hey, ¡deténganse allí!

-No los escuches, sigue corriendo- gritó Katara, sin mirar atrás.

Los cuatro atravesaron la sala de baile a toda prisa, dispersando a la multitud a su paso mediante un par de empujones. Muchas indignadas y enojadas miradas les siguieron en su camino hacia la puerta principal.

-Amigo, me alegro de verte de nuevo- rió Sokka cuando llegaron al lobby de la entrada –Eh… tú por casualidad no tienes nuestros abrigos por aquí, ¿verdad?

-No hay tiempo- gruñó Toph, arrastrándolo de nuevo a la salida.

-Gracias por la hospitalidad- mencionó Aang, cuando estaban a mitad de camino.

Ninguno dejó de funcionar por varias cuadras, hasta que estuvieron mínimamente seguros de que nadie los seguía. Llegaron a la pensión ya muy entrada la noche. No hace falta decir que tuvieron problemas para dormir, o por lo menos, dos de ellos no lo hicieron. Katara se mantuvo despierta en su cama durante horas, mirando al techo y tratando difícilmente de no pensar en lo que estaba pensando. Ahora que toda la adrenalina había terminado su mente empezó a trabajar en su lugar, reproduciendo sin cesar, ese minuto que había pasado apresada contra la pared. Apenas había pasado en una fracción pequeña de tiempo, pero sus sentidos lo habían grabado en su memoria a fuego y en cámara lenta. Fricción. Lo único que podía recordar era la fricción. La fricción deliciosamente cálida de sus dedos corriendo por su espalda, de sus labios y su lengua deslizándose en la piel de su cuello. Katara se levantó de la cama con un gemido frustrado y apoyó la frente en la ventana fría.

Poco sabía ella, que Aang estaba haciendo lo mismo en la ventana al otro lado del pasillo. El joven estaba en un predicamento similar, pero se sentía mucho más acalorado y mucho más incómodo, después de todo, ella había hecho todo el despojo de prendas y botones. En ningún momento prácticamente, sus propias manos le habían bajado los pantalones… sobre todo teniendo en cuenta que había estado en un vestido en ese momento; un vestido abotonado en la parte delantera, muy para su tortura. Aang dejó escapar un gemido de frustración y tiró de la ventana hasta abrirla. Estaban en el piso superior, por lo que basto con un salto rápido para llegar a la azotea, pero para su sorpresa el techo ya estaba ocupado.

-¿Billie?- preguntó consternado.

La mujer se dio la vuelta, sorprendida. Estaba sentada en el borde de la azotea que daba a la calle. Llevaba un vestido sencillo y una frazada encima de los hombros.

-Oh vaya- suspiró Billie, sonriendo -Me asustaste por un segundo- ella sonrió un poco -Lindo Pijama.

El aludido se miró a sí mismo y descubrió que estaba, en efecto, vestido con su pijama.

-Gracias- rió, un poco avergonzado.

-Tome asiento Avatar- ofreció. Él sonrió y se sentó a su lado.

-¿Podría... llamarme Aang?- pidió en voz baja. Billie lo miró un tanto divertida.

-No te simpatiza mucho esto del Avatar ¿verdad?- Aang se encogió de hombros.

-Simplemente me parece demasiado pronto- admitió -Todavía siento como si me estuviera hundiendo, supongo.

-Comprensible- asintió Billie con la cabeza, luego volvió la mirada hacia la calle. Aang siguió su ejemplo y echó un vistazo alrededor.

-Wow- susurró impresionado.

El edificio no era muy grande en comparación con los del resto de la ciudad, pero estaba en el centro de un gran lugar. La ciudad brillaba a su alrededor, tarareando con la vida nocturna.

-Buena vista.

Billie sonrió.

-Sí, siempre me ha gustado- suspiró –Entonces… ¿qué te trae a mi lugar de vista agradable, Aang?

Él se quedó en silencio por un tiempo.

-No puedo dormir- murmuró, mirando a sus pies desnudos..

-Mmmm...

Billie tarareaba pensativa.

-¿No puedes dormir porque no puedes conciliar el sueño o no puedes dormir porque tienes algo en mente?

Después de varios largos momentos de pesar sus opciones, Aang decidió decir la verdad.

-Mi mente está en algo.

-¿Algo con hermosos ojos muy azules y un látigo de agua?... ¿Y tal vez una sonrisa que siempre te hace sonreír?

Aang la miró sorprendido.

-Uh... tal vez- balbuceó.

Billie rió con ganas y una sonrisa tiró de los labios de Aang sin que él fuera consciente de eso. Unos momentos después se dio cuenta del por qué. Su risa le recordaba a Katara… así que dejó de sonreír.

-No puedo culparte- dijo la mujer, dándole una palmada en el hombro -Katara ha sido un golpe de gracia desde que era una niña, al igual que Kya.

Aang miró a Billie durante un buen rato.

-¿Usted era amiga de la madre de Katara cuando niñas?

Billie sonrió con cariño.

-Kya y yo nos conocimos cuando teníamos nueve años- ella asintió con la cabeza y luego rió -Pero eso fue hace mucho tiempo.

Una bocina resonó en la calle de abajo, entonces todo estaba en silencio otra vez.

-Pero vamos a centrarnos en el aquí y ahora, ¿de acuerdo?

-Quiere decir en mi, ¿no es cierto?- murmuró, sonriendo miserablemente.

Billie puso los ojos en blanco.

-¿Y ahora que pasa con ustedes, muchachos gánsters? Nunca hablan de sus sentimientos.

-No creo que ningún chico hable de sus sentimientos- señaló Aang.

-Al diablo con ese punto- dijo Billie alegremente.

Luego de un par de minutos de cómodo silencio, ella señaló un dedo contra él.

-Ahora dime, aquí y ahora… antes que nada más. ¿La amas?

Aang se extrañó por la pregunta y volvió la mirada hacia el panorama de la ciudad nocturna, pensando en ello detenidamente.

-¿Amo a Katara?- repitió en voz baja.

Él levantó la mano y se rascó la nuca con nerviosismo.

-No lo sé. Quiero decir... nunca he estado enamorado antes, así que no tengo ninguna comparación.

Billie le sonrió.

-¿Te preocupas por ella?

-Por supuesto.

-¿Te hace feliz, verla feliz… independientemente de si tú eres o no quien la hace feliz?

-Sí

Billie se volvió y lo estudió con atención, dándole una larga y difícil mirada directamente a los ojos.

-Si pudieras, ¿cambiarías algo de ella?

-No hay nada- confesó, sonriendo suavemente -Pero incluso si ella cambiara seguiría amándola tan…

Billie le sonrió satisfecha.

-Bien hecho Aang- dijo con una nota de orgullo -Acabas de admitir que amas a mi niña.

El joven parpadeó perplejo.

-Oh… creo que... creo que lo hice. Supongo... que la amo.

De repente, Billie lo agarró del hombro y lo encaró con determinación, señalando su cara con el dedo índice, a modo de advertencia.

-No rompas su corazón, Aang- dijo con firmeza -Esa chica ha tenido dolores de cabeza suficientes para una docena de vidas. Y sólo tiene diecisiete años… No romperás su corazón- finalizó con seguridad.

Y no era una pregunta, era un comunicado. Aang sonrió un poco, complacido de estar de acuerdo con ella. Sabía que sus amigos eran para Billie como sus propios hijos, y no tenía intención alguna de contradecirla.

-Yo nunca haría nada para lastimarla- le dijo con sinceridad -Literal o metafóricamente.

La mujer suspiró aliviada y le palmeó el hombro, al tiempo que su mirada regresaba a ser tan comprensiva y cálida como en un inicio.

-Bien, bien- afirmó ella, asintiendo con la cabeza.

Ambos se perdieron en sus pensamientos un rato más, antes de que ella rompiera el silencio con una sonrisa en la voz.

-Sabes… incluso si yo no la conociera, diría que tiene debilidad por ti.

-Creo que usted la conoce mejor que nadie- respondió Aang con alegría.

Billie rió suavemente y dio un último vistazo a la ciudad.

-Muchacho, vas a dar frutos.

Luego suspiró, se puso de pie y le ofreció una mano -Vamos, entremos.

El chico sonrió agradecido y antes de que ambos entraran a sus habitaciones, se detuvo un segundo para despedirse.

-Gracias Billie.

-De nada Aang. Duerme bien.

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A la mañana siguiente Katara se encontró totalmente agotada durante el desayuno en un restaurante. Aang estaba cansado, pero había logrado dormir un poco después de hablar con Billie. Ella en cambio estuvo despierta toda la noche.

-¿Qué te pasa, Cara de muñeca?- le preguntó él, después de terminar su pan tostado -¿Problemas para dormir?

-Sí- murmuró Katara, con la cabeza acomodada sobre la mesa.

-Katara, estás asustando a la camarera- suspiró su hermano, señalando con el pulgar en dirección a una señora de edad que caminaba hacia ellos con una jarra de café.

-Cansada- se quejó la aludida contra la tabla.

-¿Vas a comer eso?- preguntó Toph, señalando su plato de huevos revueltos sin tocar.

-Sírvete- murmuró la adormilada chica.

-Maravilloso.

-Entonces, ¿cuál es el plan?- le preguntó Sokka.

-Tenemos que encontrar a este tipo Long Feng... hasta donde yo sé, ese es el plan- respondió Toph, con la boca llena de huevos.

-¿No puedes simplemente utilizar la magia Bei Fong de nuevo y buscarlo en la estación de policía?- sugirió Sokka expectante.

-O podríamos entrar- murmuró Aang -Es una estación de policía, no necesitamos magia.

Katara suspiró con fuerza contra la mesa, luego se incorporó un poco con el ceño fruncido.

-Tendríamos que usar nuestros nombres falsos de nuevo. No creo que bailar un vals con el Avatar y declarar que somos los hijos de Hakoda fuera la mejor idea.

-Y hemos tenido algunas ideas bastante malas- ofreció Aang sonriendo.

Sokka rodó los ojos con fastidio.

-Bien, supongo que podríamos intentar- suspiró -Voy a buscar el camión.

Él se puso de pie y abandonó la mesa, dejando silencio tras su marcha. Aang regresó su atención al desayuno, Katara se estrelló contra la mesa de nuevo y Toph los estudió a ambos con descaro.

-Entonces- dijo en voz alta, subiendo los pies sobre la mesa -¿Van a ser sinceros conmigo o qué?

-¿Qué hablas?- se quejó Katara.

-¿Qué?- inquirió Aang.

-Demasiado-cansada-palabras-poner-oración...

-Oh- Aang hizo una pausa -Creo que ella quiso decir: ¿De qué estás hablando?.

La joven maestra se echó a reír.

-Oh por favor, yo sé que ustedes dos entraron en esa habitación de las estanterías antes que los dos oficiales de la prohibición.

Katara se tensó en la mesa y Aang derramó su jugo de naranja sobre la chaqueta.

-Interesante reacción- dijo Toph alegremente -¿Qué ocurrió exactamente en ese pequeño espacio, que les ha hecho perder el sueño?

-Toph- rió Aang nerviosamente -Creo que estás... leyendo demasiado en esto.

-Sí… estábamos en la habitación y ellos nos pillaron… y nos patearon fuera... es todo- balbuceó Katara.

-¿Ustedes dos realmente siguen olvidando que puedo decir cuando mienten?

-Uh...

Los dos chicos se salvaron de la conversación cuando alguien totalmente inesperado apareció junto a su mesa.

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