Titulo: El destino.

Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.

Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.

Nota: Hola lectores, muchas gracias por TODOS los comentarios del capitulo anterior, enserio me encanta que me digan lo que piensan de la historia. En este capitulo habra muchos encuentros y espero que no haya quedado muy incoherente, creo que ya había explicado que la razon de que el fic avance lentamente es para que no quede tan pesado y tan dificil de entender. En fin, aqui reaparecen tres personajes (Que sinceramente siempre me han encantado) y ya veran que la situacion se volvera un poco extraña. Jeje, bueno sin mas que decir... A leer!


Capitulo 7: Encuentros y desencuentros.

Ese domingo Kaichi Yagami se levantó con el corazón agitado y unos nervios que lo venían molestando desde la noche pasada. En unas horas jugaría el partido que los haría pasar a la liga o quedarse fuera una vez más observando cómo se llevaban a cabo todos los partidos sin que su equipo pudiera participar…

Kazu y él eran los más jóvenes del grupo y por eso también querían dar una buena impresión a los mayores para que no les echaran del equipo. Su padre había dicho que el también era muy bueno en el futbol cuando era un niño y que siempre fue su pasión, al igual que el señor Motomiya que el día de ayer los había llevado a ambos al parque a practicar un rato.

-Papá ¿Irás a mi partido? –cuestionó el pequeño Kai entusiasmado.

-Haré todo lo posible hijo.

-Pero hoy no trabajas. –se quejó el niño tirándose sobre el sofá.

-Lo sé pero hoy tengo que ir a firmar unos papeles importantes. –replicó Tai. –Aun así, te prometo que llegare.

Kaichi sonrió contento, su padre jamás lo había decepcionado.

-Tía Kari pasará a las tres y media. –dijo Taichi. –Espero que estés listo, te veré allá a las cuatro, hijo.

-De acuerdo, papá. –concluyó el castaño. -¿Hoy no verás a Daisuke, Iori y Koushiro-san? –preguntó el infante.

Su padre asintió con la cabeza.

-Veré a Daisuke en el partido, Iori estaba muy ocupado y Koushiro dijo que tenía que buscar unos papeles para hacer la inscripción de su hija.

-¿Y a Yamato-san?

-Él tiene algo que hacer.

Tai sonrió imaginándose por la que iba a pasar su amigo del alma mas tarde. Desde que él y sus amigos se habían reencontrado se habían reunido para ponerse más al día, sobre todo intentaron que Koushiro hablara sobre su vida incluyendo como creyó haberse enamorado de su vecina, Meyami una aspirante a modelo y de cómo poco a poco notaban que las pocas cosas que tenían en común no los hacía amarse así que tras años de monotonía ella le pidió el divorcio. Aun así seguían siendo muy buenos amigos…

El que Matt se hubiera encontrado con Iori también había sido una grata sorpresa así que el día anterior habían quedado de comer juntos esperando un relato detallado de la vida del más joven quien se había convertido en abogado y se había casado con una mujer dulce y amable de la misma profesión con la que trabajó hace años teniendo una única hija.

La única que no hablaba de su vida era Kari y nadie le preguntaba más de lo estrictamente necesario, como el hecho de saber que no estaba casada pero que si tenía una hija de nueve años. Taichi por su parte ya había conseguido el número de Miyako pero Hikari aun no había llamado. El hombre había invitado a Chizuru a cenar ese mismo día y ella había aceptado por lo que Tai estaba más que feliz.

Miyako se tendió a la cama cuando por fin tuvo un momento de paz en su casa. Su primogénito estaba todo alterado pues jugaría un partido que definiría si entraban o no a la liga escolar este año, jamás habían quedado eliminados pero su hijo era de los mejores y se sentía un poco presionado, su Minomon lo seguía como su sombra diciéndole lo bien que le iría y Hawkmon también lo intentaba ayudar a tranquilizarse. Su hija menor por su parte le había pedido que le consiguiera cartulinas y marcadores pues un amiguito vendría a hacer un proyecto a su casa y estaba entusiasmada, ella y Poromon se habían puesto a garabatear un par de hojas.

Para la mujer el hecho de trabajar toda la mañana, ocuparse del hogar toda la tarde, y atender a Ken cuando llegaba en la noche la dejaba agotada por lo que valoraba muchísimo los fines de semana que no tenía que presentarse en la empresa donde trabajaba como técnica computacional además de aquellos días que tenía que llevar a Keitaro a terapias y a sus revisiones mensuales con el doctor.

El hecho de que su hijo mayor hubiera nacido prematuramente y así provocado un falto desarrollo en sus pulmones les rompió el corazón ya que eso condicionaría su vida futura a inhaladores y medicinas, pero aun así sabían que Keitaro podría tener un vida normal si le daban los cuidados necesarios así que estaban siempre al pendiente de sus medicamentos y el ejercicio que le encantaba realizar pues era bueno en casi todos los deportes, también en los estudios y eso les daba un gran orgullo ya que su hijo había perdido un año de clases a los séis por haber contraído bronquitis; además él había insistido en entrar a un colegio privado igual que sus vecinos con los que jugaba al futbol.

-Mamá, ya estoy listo. –indicó Keitaro.

Miyako asintió, su hijo mayor tenía el cabello negro azulado y los ojos de su marido pero había heredado su necesidad de usar anteojos. Kimiko por otro lado tenía su color de cabello pero los ojos azules de Ken, su niña había sido siempre muy alegre y tierna.

-Si hijo, ahora come algo por favor. –pidió su madre. –Aún debemos esperar al amigo de tu hermana y a tu padre.

-¡Ya llegaron papá y Wormon, mamá! –informó la voz animada de Kimi-chan desde la sala.

La señora Ichijouji se encontró con su esposo al cual no tardó ni dos segundos en abrazar y plantarle un dulce beso en los labios.

-Iugh. –se quejaron sus dos hijos y sus Digimon mientras Hawkmon y Wormon reían acostumbrados a esas escenas.

Ken sonrió ante la visión de estar con su familia un rato. Su trabajo a veces lo tenía muy ocupado y apreciaba mucho esos momentos que podía ser solo esposo y padre. Su hija se lanzó a sus brazos. Kimiko era muy expresiva y cariñosa con todo el mundo aunque a veces sintiera que en su casa no tenía ninguna relevancia; sus padres se la vivían al pendiente de Keitaro, por su salud algo frágil, y eso no era suficiente, su hermano mayor además era un niño realmente inteligente y un excelente deportista a pesar de todo por lo que sus padres estaban más que orgullosos de él. Por esas razones a veces Kimi se sentía ligeramente opacada.

El timbre sonó indicando la llegada de alguien.

-Debe ser Yuhi y su mamá. –acotó Kimi. –Él me contó que trabaja en la tele papi. ¡Yo también quiero trabajar en la tele!

-Eh sí hija. –dijo Ken un poco asustado ante la perspectiva de que su pequeñita pensara en esas cosas.

Miyako no pudo evitar reír ante la cara de su esposo y la emoción de su hija mientras ordenaba la caja de colores de Kimi, se aproximó a la puerta para abrirle a las visitas y vio quienes estaban frente a ella. Era un niño de la edad de su hija con el cabello castaño bien peinado y los ojos color miel. Tras él una mujer con los mismos rasgos de su hijo sonreía. Era una persona muy guapa con el cabello no tan largo y ondulado color caramelo y ojos marrones. Yolei sólo pudo dejar caer al suelo la caja de colores y llevarse una mano a la boca.

Ahí frente a ella estaba la mujer a la que Miyako tanto admiró durante toda su niñez y adolescencia, Mimi Tachikawa. Pero había algo diferente en ella, seguía igual de bonita pero su mirada… sus ojos ya no resplandecían como antes.

-¿M-Mimi? –titubeó sorprendida.

Ken al escuchar aquel nombre que tan bien conocían ambos se aproximó a donde estaba su esposa y al ver a la mujer que estaba ahí solo pudo abrir los ojos con asombro.

-¿No serán…? ¡Miyako y Ken! –exclamó Mimi igual de sorprendida.

La castaña abrazó a su amiga de la infancia, aquella que tanto la había admirado y a la cual le tenía un cariño especial. Las dos mujeres no tardaron en ponerse a llorar en el hombro de la otra.

-¿Qué pasó? –preguntó Yuhi confuso.

-No sé. –respondió Kimiko. –Al parecer se conocen y se pusieron a llorar.

-Mamá siempre llora. –comentó el hijo de Mimi.

Cuando por fin deshicieron el abrazo ninguna podía creer que las casualidades fueran tan grandes como para haberlas reunido por aquel motivo en particular, un trabajo en equipo de la escuela…

-Pero que bonita su casa. –alagó Tachikawa.

-Muchísimas gracias, Mimi. –agradeció la mujer de la casa. –Me esfuerzo para tenerla limpia, con estos dos eso es un logro. –dijo señalando a sus hijos.

-Oh sí es verdad que niños tan guapos te salieron, Miya-chan. –comentó la mujer. –Déjenme verlos bien.

Keitaro y Kimiko, ambos apenados, se acercaron a la mujer con la que hablaba su madre quien de inmediato sonrió ampliamente.

-Igualitos a ustedes dos. Me alegra mucho saber que se casaron después de todo.

-Sí, el niño tiene nueve y ella siete. –comentó Ken.

-Claro que nos casamos, Mimi. –afirmó la mujer. –No iba dejar escapar a mi Ken tan fácilmente. ¿Y qué fue de ti? cuéntanos un poco. –pidió Miyako.

Keitaro, Kimi y Yuhi se fueron de inmediato al cuarto del primero, cuando los padres se ponían a platicar era mejor salir huyendo, Poromon y Minomon también fueron con ellos. Al ver que su hijo se iba Mimi supo que podía hablar con más tranquilidad. Como Ken supo que la plática de mujeres se demoraría un poco prefirió no molestar.

-Mi amor, iré a buscar el uniforme de Keitaro, ya pronto darán las cuatro, Hawkmon, Wormon ayúdenme.

-Sí Ken. –afirmaron los dos Digimon siguiendo al hombre

-Sí cielo, ve. –indicó la antigua Miyako Inoue, ahora Ichijouji y su esposo asintió. –Ahora habla Mimi.

-Mi vida no fue lo que imagine nunca, Miya. –suspiró. –Me hubiera encantado quedarme aquí en Odaiba y… tener aquello que soñé. –hizo una pequeña pausa. –Quizá con Koushiro… todo hubiera sido diferente ¿Sabes?

-¿Koushiro? –se asombró la peli lila. -¿Es que aun sigues pensando en él? Han pasado años...

-Oh sí es que a veces no puedo evitar dejar volar mi imaginación… -afirmó Mimi. –Aunque no hay nada que pueda hacer. Cuando terminé de estudiar repostería un productor televisivo insistió en contratarme, él era mi amigo de la infancia Michael, no tardamos en hacernos novios pero cuando me embaracé él no respondió y me dijo que estaba comprometido con otra desde hace tiempo.

Mimi se limpió una lágrima y Miyako se llevó la mano al corazón sintiendo el dolor de su amiga.

-Nos separamos y él se casó. A mí me tocó quedarme sola pues mis padres murieron poco después de que les anunciara mi embarazo en un accidente de auto. –relató la castaña. –La vida me trajo mucho dolor pues después casi pierdo a mi hijo y tuvo que nacer de urgencia.

-Oh Mimi nunca lo hubiera imaginado. Debiste llamarme alguna vez si te sentías sola y yo te hubiera ayudado.

Mimi bajó la mirada y siguió hablando.

-Cuando mi hijo nació lo llamé Yuhi porque eso era él para mí. El sol. Me apoyé en el completamente y logré salir poco a poco adelante. Cuando Yuhi cumplió tres años otro productor televisivo me dio la oportunidad pues yo había estado viviendo gracias a lo que mis padres me dejaron y mis ahorros y aunque no podía estar con mi hijo tanto como quisiera y lo tenía que dejar al cuidado de niñeras salí adelante. –sonrió un poco pero era más una sonrisa triste. –Claro que estuve y estoy muy sola.

-¿Pero porque no te casaste nuevamente? Con lo guapa que eres…

-No quiero saber nada de hombres, Miyako. Nunca más.

-Entiendo debió ser muy duro para ti. –comprendió la mujer. –No te desanimes amiga. ¿No te quedas a merendar?

-Me encantaría pero parece que tienen un partido al cual asistir. –le recordó Tachikawa.

-Ven con nosotros, así conversaremos otro rato.

Mimi se quedó pensándolo. ¿Debía aceptar?

-Eh… está bien.

Mientras tanto en una residencia bastante más alejada, más específicamente a las afueras de la ciudad se encontraba una mujer de cabello castaño corto que había estudiado la profesión de educadora, la mujer hojeaba una revista de modas que había encontrado mientras escuchaba el constante parloteo de su única hija.

-¡Vamos mamá, di que sí! –exclamaba Kazumi muy insistentemente. Hikari bufó ya un poco desesperada.

-Kazumi, ya te dije que no. –respondió. –Ya teníamos un compromiso de cuidar a Kaichi. Irás a casa de tu amiguito a jugar otro día.

-¡No quiero! –negó la niña desesperándose. –Ándale, mami. –agregó. –A Kai lo puede cuidar su niñera ¿Sí?

-Hija, otro día…

-Pero es que yo prometí que iría hoy. –replicó haciendo puchero y provocando que su madre suavizara su actitud un poco.

-Pero debiste consultarme primero. –dijo Kari. –Yo ya había quedado con tu tío.

Después de unos minutos más de insistencia Kazumi logró su cometido, Hikari cedió. La niña de cabello castaño y ojos rojizos corrió hacia el teléfono para llamar a su tío y pedirle que llamara a Asumi mientras Hikari terminaba de hojear su revista justo cuando algo llamó su atención, un rostro conocido de una mujer de cabello cobrizo y ojos grises. Ahora entendía de donde se le había hecho tan conocida la madre de la hija de Koushiro. Era una modelo.

-Mamá, dice el tío Tai que Asumi sí está libre. –se animaba Kazi Yagami.

Hikari le sonrió a su hija.

-Bueno, entonces pásame el teléfono de ese amigo tuyo para pedirle su dirección.

Kazumi tragó saliva un poco incómoda, ella quería darle una sorpresa a su mamá para reencontrarla con su gran amigo de la infancia y si su madre hablaba con él probablemente la sorpresa se arruinaría. Pero ni modo, no le quedaba de otra. Asintió con la cabeza y marcó el número de la casa de su amigo.

Le contestó la voz animada de Reiki a quien le explicó rápidamente la situación luego comunicaron a sus padres rezando porque su plan no se viniera abajo.

-Buenas tardes, soy la madre de Kazumi y sólo quería confirmar que hoy llevaré a mi hija a su casa. –explicaba Hikari con cordialidad.

-Sí, señora. –dijo la voz por el teléfono. –No hay ningún problema, le pasaré la dirección.

Pero Hikari sintió que sus piernas le temblaron. ¿Por qué esa simple voz la ponía así?

-Eh… -balbuceó. –S-Sí Claro, sé dónde es. –agregó apenada apuntando la dirección que le dictaba aquel hombre. –Ahí estaremos.

-De acuerdo, entonces nos vemos. Que pase buenas tardes.

-Igualmente.

Y aunque ninguno lo sabía con certeza en su corazón comenzaba a crecer la duda sobre si aquella cita concertada sería sólo eso. Una cita de juegos entre sus hijos, después de todo esa sensación en el estomago no se siente todos los días.

-¡A meter goles! ¡A meter goles! ¡A meter goles! –canturreaban dos personas totalmente entusiasmadas.

-¡A meter goles! –les apoyaba otro más desde la sala de estar.

Cuando Daisuke Motomiya vio a su esposa salir del cuarto con Kazu en sus brazos y cantando aquella melodía, sonrió como hace rato no lo hacía. Su familia sin duda era perfecta, Akane era lo que él siempre pidió de una mujer y su hijo había sido la bendición que había llevado su vida a la cima de la dicha. Claro que había sido muy afortunado de casarse con alguien como ella que era tan parecida a él en muchos aspectos.

-Ya estoy preparado para el partido, papá. ¡Seré el mejor goleador! –exclamó Kazu eufórico.

-Sí hijo, estoy seguro de ello. –le animó Daisuke.

-Serás el mejor, Kazu.

-Claro Chibimon, porque hemos estado entrando mucho.

-¡Serás tan bueno como tu padre! –añadió V-mon.

Así la familia Motomiya subió al auto del padre y se dirigió a la cancha infantil donde se celebraría el partido que tanto habían estado esperando, al llegar no tardaron en bajarse con prisas pues el niño tendría que estar ya en la cancha calentando para no sufrir algún calambre así que los tres, los esposos tomados de la mano, se dirigieron hacia el interior de la cancha.

-¡Daisuke!

El aludido se giró mirando a quien lo llamaba, era Hikari desde las gradas, el hombre sonrió al verla y no tard+o en encontrarse con ella.

-Kari ¿No viene Tai? –pregunto el hombre.

-Sí, ya no tardará en llegar. –respondió la maestra. –Ella es mi hija, Kazumi. –presentó mientras la aludida saludaba.

-Mucho gusto. –dijo educadamente.

-Está igualita a ti. –se sorprendió Daisuke al verla pues era cierto, la niña era una copia de aquella Kari que había viajado al Digimundo por primera vez con el cabello igual de corto y los ojos igual de brillantes. –Ella es Akane, mi esposa. –presentó Dai.

-Encantada. –sonrió Akane.

Hikari también la saludó con una sonrisa, la mujer de cabello muy largo y castaño y con los ojos color aceituna se sentó y Daisuke la imitó sentándose junto a Hikari.

-Por poco no venimos al partido. –relató el moreno.

-¿Por qué? –cuestionó Hika sorprendida.

-Es que me he estado sintiendo muy cansada estos días. –explicó Akane. –Y mi marido no quería que saliera. ¡Pero ni loca me lo pierdo! Es mi hijo y además adoro el futbol.

La Yagami no pudo evitar su alegría al escuchar aquello. Le parecía perfecto que Daisuke hubiera encontrado a alguien que además de ser guapa y agradable tuviera tanto en común con él.

-Vaya, me alegro muchísimo por ti Davis haber hallado con quien ver esos partidos que tanto amas.

-Así es Kari, mi Akane nunca me niega ver un partido. –contestó Daisuke. –Recuerdo cuando te invitaba a verme jugar. Siempre quise que me apoyaras como la hacías con Takeru.

La castaña se estremeció al escuchar aquel nombre. No había podido dejar de pensar en él desde que vio a su hermano y aquel recuerdo de un muchacho de diecisiete diciéndole adiós pareció más vivo que nunca. Se forzó a si misma a no cambiar el semblante por ningún motivo, Daisuke de inmediato supo que había cometido alguna indiscreción y es que para la Yagami ese era un tema que por más que quería no podía olvidar con el tiempo.

-Sí, a veces lo hacía para hacerte molestar. –se burló ella intentando forzar una sonrisa. –Eras divertido cuando te enojabas.

-Pero que graciosa, Hikari. –musitó el hombre con ironía entrecerrando los ojos.

-¡Creo que ya empieza! –notó Akane con la vista fija en la cancha donde llegaban los jugadores del equipo contrario.

-Y ahí viene tío Tai. –observó Kazumi mientras ella y Kari agitaban sus manos llamando al hombre quien se les unió de inmediato.

-Qué bueno que llegué a tiempo. –dijo aliviado. –Agumon insistía en venir pero le dije que no estaba permitido.

-Si, Chibimon y V-mon también querían venir. –comentó Dai. –Lástima que no pudieran.

-Es algo lógico, cielo. –aseguró su mujer. –No cabríamos.

-Ya quiero que empiece. –masculló Taichi impaciente.

-Tienes razón ya se están tardando ¿No mi amor?

-Sí cuando yo tenía su edad estas cosas empezaban antes. ¿Recuerdas Daisuke?

Los cinco, Daisuke, Taichi, Hikari, Kazumi y Akane se giraron para ver quiénes eran aquellos que tan groseramente se habían inmiscuido en su conversación sin embargo los tres primeros se quedaron de piedra cuando vieron a quienes tenían justo al lado suyo, nada más y nada menos que una mujer de cabello color lila y gafas, la que había hablado primero, luego estaba un hombre de cabello negro azulado y ojos azules que era la otra voz, tras ellos estaba una guapa castaña de ojos miel y abajo había dos niños de aproximadamente siete años.

-Debe ser una broma. –susurró Hikari sin más palabras.

-¿Mínimo un abrazo, no amiga? –preguntó Mimi con una sonrisa que no le cabía en el rostro.

Kari y Mimi se abrazaron y luego Miyako también se abrazó de la castaña mujer quien se había puesto a llorar de alegría, Ken y Daisuke también se habían abrazado y ambos hacían un esfuerzo para no imitar a las mujeres y llorar de felicidad pues era demasiado sorpresiva la situación. Mimi y Tai también se saludaron con otro abrazo, mientras que Akane y los tres infantes se hallaban perdidos en aquella situación.

-Otra vez lo mismo. –murmuró Kimiko dando un resoplido.

-¿Los adultos siempre se ponen así cuando ven a otros? –indagó Yuhi mirando la escena con los ojos abiertos. -En América no pasa esto.

-Si son como mi madre, sí. –contestó la mayor, o sea Kazumi invitándolos a sentarse a su lado.

-¡Es que no puedo creerlo! –exclamaba Hikari aun abrazada de su antigua mejor amiga. –En menos de una semana ha pasado tanto…

-Lo sé Hikari. –dijo Miyako. –Yo me acabo de encontrar con Mimi hace unos instantes y fue muy sorpresivo también pero…

-¡No! –negó ella. –Primero Koushiro, luego Daisuke y Yamato, luego Iori. ¡Ahora ustedes!

-¿Koushiro? –preguntó Mimi abriendo los ojos casi al doble.

-Si, Hikari se reunió con él hace poco por un asunto de su hija –respondió Daisuke después de presentar a su esposa con Ken.

-Tenemos que hablar muy tendidamente. –opinión Ken. –Es muy extraña toda esta situación…

-Demasiado extraña. –comentó Taichi. –Ken tiene razón, reunirnos sería lo mejor que podríamos hacer.

-¿Pero cuándo? –quiso saber Miyako. –Digo, mi trabajo es en la mañana pero creo que muchos trabajaran en la tarde entonces… -dejo la frase incompleta.

Los cinco se quedaron pensativos hasta que Mimi habló.

-Yo puedo en la noche, cuando no esté filmando. –comentó.

-Yo también. –dijeron al unisonó Kari, Tai, Miyako y Daisuke.

-Pues yo salgo de trabajar hasta muy tarde. –les dijo Ken. –Pero el viernes no tendré caso así que ese día estoy libre.

-Perfecto. –exclamó Taichi. –Yamato también tiene la noche libre y en cuanto a Koushiro creó que no se le hará difícil escaparse un rato.

-¿Qué hay de Iori? –cuestionó Hikari.

-Le diremos a Yamato que le avise y le pregunte si le va bien a esa hora. –concluyó Daisuke, todos asintieron.

-¡Oigan ya empieza! –los llamó Akane emocionada al ver que el partido iniciaba.

-Es verdad, ni siquiera nos dio tiempo de preguntarles a que venían. –recordó Taichi mirando a Ken y los demás.

-Nuestro hijo mayor juega en el equipo azul. –respondió el detective. –Y Mimi nos acompaña.

Esto dio por finalizada la charla y desde ese momento toda la concentración quedo fija en los niños que corrían tras la pelota de futbol.


Nota Final: Bueno, espero que les haya gustado este capitulo. Como ven ya reuní a otros tres elegidos...poco a poco se estan juntando todos:) Bueno, originalmente en este capitulo se encontraban TK y Kari pero sinceramente habia quedado muy incongruente y largo y tuve que editarlo de ultimo minuto. Ademas me parecia que la escena donde aparece Mimi y el encuentro en el partido ya eran suficiente y que con otro reencuentro estaria sobrecargando este capitulo.

Una aclaración. El nombre Yuhi significa puesta de sol o salida del Sol. Por eso Mimi dice lo que dice sobre que lo llamó asi porque fue el Sol para ella, creo que a esa mujer le puse una historia muy triste pero pues ya tendra su parte feliz pronto. Tambien parece que Koushiro ya esta arreglando todo para cambiar a su hijita de escuela, una suerte por ella.

Asi que en el proximo capitulo ya les juro que veran a TK y Kari, ademas de la cena de los Ishida y otras cositas mas. Espero que les haya gustado el capitulo, muchos saludos a todos y gracias por leer, mas aun por dejar comentarios.

Chao!