Trucos de Salón

Cap. 29

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-Bueno, eso es todo.

Sokka y Toph estaban cogidos del brazo justo al frente del Hotel Laogai. Junto a ellos, Jet, Longshot, y Smellerbee estaba enfundados en ropa mucho más agradable que las que habían estado usando horas antes. Detrás de todos ellos estaban Aang y Katara, ella con su vestido y él con su traje a juego. Las manos de Aang se encontraban en sus bolsillos y los brazos de Katara se hallaban cruzados con firmeza sobre su pecho. Ambos estaban de pie con seis pies de espacio entre ellos y compartiendo un silencio ensordecedor.

-Otra de esas fiestas de fantasía- suspiró Sokka.

-Sí, pero a esta vez es una corta función- comentó Toph -Las mujeres mayores de edad y sus esposos pretenden ser caritativos, pero en realidad están tratando de casar a sus nietos.

Todo el mundo la miró con el ceño fruncido.

-Parece como si hablaras por experiencia- señaló Jet.

Toph suspiró de nuevo.

-Andando.

Sin embargo, después de unos pasos ella se detuvo un poco y haciendo una mueca, llamó por encima de su hombro.

-Hey, airado Kuzon... en este punto eres básicamente, el peor escolta de la historia.

Aang dejó escapar un suspiro y cerró el espacio entre él y Katara, ofreciéndole su brazo. Ella lo tomó sin mirarlo y los siete entraron al hotel. Ben todavía estaba en la recepción; la chica le sonrió y envió un guiño, por lo que su acompañante empezó a caminar más rápido y ella tuvo que acelerar el paso también. Aang sonrió inocentemente, pero ella frunció el ceño y le pisoteó el pie.

El salón de recepciones del Hotel Laogai era grande y lujoso. Había una zona en un extremo donde la banda estaba tocando, también una pista de baile en el centro. Alrededor, los invitados hablaban o bailaban en pequeños grupos, todos rodeados de mesas y mayordomos vestidos con trajes negros que transportaban las bebidas en pequeñas charolas de plata.

-Wow- dijo Jet, impresionado.

-Ven escolta- dijo Toph imperiosamente, arrastrando a Sokka hasta una mesa cercana.

Los demás les siguieron en silencio. Cada mesa redonda era para ocho personas y Toph había encontrado una de varias que estaban vacías. Había letreros para cada uno de los asientos, pero ocho de ellos fueron hábilmente eliminados.

-Muy bien, ¿cuál es el plan?- preguntó Toph, una vez que todos se sentaron.

-Pensé que tenías un plan- le recriminó Sokka.

Toph se encogió de hombros, resistiendo el impulso para poner los pies sobre la mesa.

-Mi trabajo era meternos- dijo desinteresadamente -Estamos dentro, el resto depende de ti.

Sokka suspiró profundamente.

-Bueno... supongo que debemos mezclarnos y ver si podemos encontrar algo fuera de lugar. Toph y yo iremos a ver el sótano, les daremos una señal si es seguro bajar, ¿de acuerdo?

Toph no esperó respuesta. En cambio, agarró a Sokka por el codo y ambos se perdieron de vista entre la multitud.

-¿Siempre son así?- preguntó Jet humildemente.

-Sí- respondieron Aang y Katara al unísono.

Smellerbee sonrió desinteresadamente.

-Bueno, es tiempo de mezclarse- dijo a la ligera.

Ella, Jet y Longshot se apartaron de la mesa. Pasaron casi diez minutos antes de que Katara finalmente se dignara a mirar a su acompañante.

-¿Y bien?

-¿Qué?

-¿Vamos a ayudar?

-No tengo ganas realmente.

Katara bufó, molesta.

-Eres un idiota- le gruñó en voz baja.

Aang se volvió y le frunció el ceño.

-Ah, sí… ¿Me bajas al mismo nivel que Jet, otra vez?

Él la tomó de la muñeca y tiró de ella hasta ponerla en sus pies. Katara se sorprendió demasiado como para ofrecer resistencia.

-¿Y él sabe bailar bien?

-¿Qué?- susurró atónita.

Aang no respondió, simplemente sonrió y la arrastró con él hasta un lugar aproximadamente neutro de la pista de baile, con baja densidad de población. Entonces se volvió y la atrajo hacia él, deslizando una mano por su espalda y sosteniendo la otra con firmeza.

-¿Y bien?- susurró, tirando de su mano y llevándola a través de los primeros pasos de un tango.

Katara recuperó su ingenio casi al instante, manteniéndole el paso con una facilidad que ambos encontraron irritante.

-¿Y bien qué?- dijo entre dientes.

Pasaron unos minutos sin que ella fallara un paso, ni siquiera cuando la giró hacia fuera en una vuelta brusca y la atrajo hacia su pecho lo suficiente para noquearla con su propio aliento. Katara le sonrió con altivez.

-Estoy a la espera de ser impresionada.

Aang bufó exasperado y se inclinó hacia ella repentinamente. Sus rostros quedaron a una peligrosa distancia, y él se sintió salvajemente encantado, al ver como los ojos de la joven se ensanchaban y un rubor se extendía por sus mejillas.

-Me vuelves loco- susurró, al tiempo que sus labios cosquilleaban a la joven en la oreja.

Antes de que Katara pudiera formar una respuesta ingeniosa, él se volvió y la cargó, por lo que tuvo que poner una mano sobre su boca para no gritar. Él apenas le permitía rozar un pie en el piso y sabía que estaba completamente a su merced. Era un hecho que tenía la intención de abuso. Pero justo cuando se disponía a protestar sus palabras fueron acalladas por los labios del joven, que sin previo aviso, habían encontrado su cuello. Ella jadeó y tragó saliva cuando lo sintió atrapar tanto el olor como el sabor de la piel sensible bajo su mandíbula, luego, él levantó la vista y le sonrió con descaro.

-Imagina que eso no sucedió- siseó, al tiempo que la ponía de vuelta sobre sus pies.

Katara se sonrojó, pero una peligrosa chispa sombría se instaló en sus ojos. La mano que Aang sostenía, repentinamente enlazó los dedos con los suyos. Él parpadeó sorprendido. La otra mano de la chica, que hasta entonces se había mantenido pasiva sobre su hombro, le apretó dolorosamente hasta el punto en que las uñas parecían estarse cavando en su piel… y en esta ocasión, fue ella la que se inclinó hacia delante, contoneándose y cepillado los labios sobre su mejilla.

-Dos pueden jugar este juego, Sparky- murmuró contra su piel.

Ella sonrió y empezó a torturarlo cruelmente en una nueva danza. Para cualquiera fuera de su círculo, parecían (en cada aspecto) los típicos adolescentes enamorados. Nada más alejado de la realidad.

-Yo te vuelvo loco, ¿eh?- continuó ella, todavía con una sonrisa falsa que le hizo estremecer -Lo siento, pero no puedo hacer nada contra mi código de no sentir remordimiento por gente como tú.

-¿Cómo yo?- preguntó él con los dientes apretados, nervioso por culpa de esos labios que le quedaban tan cerca.

-Por favor- sus uñas se le clavaron en el hombro de nuevo y él hizo una mueca -Me apuñalaste por la espalda- siseó dolida.

Al mencionar su espalda, Aang deslizó una mano en esa zona un poco más. Ella entrecerró los ojos y le envió una mirada cargada de reproche.

-Yo no te apuñalé de ninguna manera, Cara de muñeca.

-Ah... y eres un mentiroso también.

Katara arrastró su mano desde el hombro hasta el pecho del joven y le encajó los dedos con furia. Él se quejó pero se negó a soltarla.

-Y por cierto, todavía no estoy impresionada.

Aang sintió su enfado crecer a niveles peligrosos. Gruño y la hizo girar de nuevo, pero esta vez pegó la espalda de la joven contra su pecho, estableciendo las manos firmemente sobre sus caderas. Katara finalmente falló un paso. Ella recordaba un cierto sueño que había tenido recientemente…

-¿Qué pasa, Cara de muñeca?- le susurró al oído.

Él la recorrió con los labios, desde el lóbulo de su oreja hasta el inicio del hombro, apenas rozaba su piel pero aun así se las arregló para hacerlo tan despacio como para desestabilizarla. Aang inhaló su aroma y suspiró profundamente, haciendo que su aliento revoloteara contra su cuello.

-¿Rocé algún punto sensible?

Aang clavó los dedos en la suave piel de sus caderas un poco más, y ella saltó mientras él se echaba a reír.

-Parece que lo hice.

Fue hasta entonces que Katara reaccionó, se irguió en toda su altura apretando los dientes y girándose de vuelta frente a él, enseguida su mano escaló hasta encontrar lo que estaba buscando. La corbata. Ella sonrió y tomó un firme control sobre la prenda, tirando de él bruscamente hacia abajo. Las manos del joven fueron inmediatamente desalojadas de sus caderas, y Aang sintió como si su pecho se estuviera estrellando contra los omóplatos a causa de la asfixiante correa en su cuello.

-¿Tengo tu atención?- le susurró ella al oído.

Él no pudo responder, amordazado como se encontraba.

–Bien. No creas ni por un segundo que has tocado nada dentro de mí. Ni mi cordura, ni mis nervios, ni mi...

Katara hizo una pausa, reteniendo el aliento. Luego de ver la expresión en su rostro ella lo soltó y dio un paso lejos de él, al tiempo que respiraba profundo para controlarse. Aang enderezó su corbata, ahora irremediablemente estropeada, y se concentro en recuperar el aliento para disimular el temor que le provocaba seguir escuchando.

-Ni mi corazón- terminó ella en un débil susurro, antes de irrumpir en la pista de baile.

No creía que Aang la hubiera escuchado. Pero él lo hizo.

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Toph soltó un bufido.

-Bueno, al menos todo el mundo está distraído.

-¿Por qué?- le preguntó Sokka con curiosidad.

-Por nada- dijo inocentemente. Sokka se encogió de hombros.

-Bueno, debemos avisar a los demás. Los guardias no están aquí y puedes derribar la puerta.

-Tienes demasiada razón.

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-Hey, Kya

Katara levantó la vista de donde la tenía clavada, pareciendo miserable. Smellerbee y Longshot llegaban a su lado.

-Sai acaba de encontrar a Jin, ella dice que está todo listo.

Katara asintió con aire ausente y se puso de pie. Aang ya estaba con Jet en la recepción cuando ellos llegaron. Ella se sonrojó y apartó la mirada de él. Ben miró entre los dos con aire indeciso.

-Uh...

Smellerbee le lanzó una mirada y él se calló.

-Vamos- dijo Jet, señalando al otro lado de la mesa.

Todos lo siguieron a una puerta al final de un pasillo tranquilo; por lo menos hubiera sido tranquilo, si Toph no hubiera arrancado la puerta fuera de sus bisagras.

-Appa- dijo Aang de pronto, corriendo con desespero a través de la puerta y en dirección al final de la sala.

-¿Qué dijo?- pidió Sokka.

-Shh- susurró Katara.

Todos ellos quedaron en silencio. En algún lugar del pasillo oscuro, un perro ladraba.

-Es Appa- jadeó ella, y salió corriendo detrás de Aang.

Los demás se apresuraron a seguirla y recorrieron un gran tramo en línea recta antes de empezar a descender, pero de ahí en adelante, la luz se volvía tenue y apenas podían verse unos a otros estando cerca.

-¡Appa!- gritó Aang en algún lugar más al frente de su posición -Appa, ¿dónde estás?

El joven corría a toda velocidad por el largo pasillo, cuyas puertas forradas de grueso metal le daban un aspecto poco confiable. El sonido resonaba por el lugar en una especie de eco siniestro. El perro empezó a ladrar más fuerte y Aang aceleró.

-Aang- le llamó Katara -¡Aang, ten cuidado!

Los chicos lo alcanzaron al fin, después de unos minutos. Estaba recargado contra una puerta cercana al final del pasillo, golpeando la superficie del metal con fuerza mientras una penosa expresión se grababa en su rostro.

-Toph… ¡Toph tienes que ayudarme!- gritó con desespero.

La aludida lo empujó fuera del camino, aunque con mucha más suavidad de la que cualquiera esperaría.

-Cálmate- le reprendió con tono tranquilo.

La puerta era de metal. Seguro. Pero la pared a su alrededor era de piedra... Ella enterró los dedos a cada lado de la pared, y con un crujido fuerte, la puerta se levantó de inmediato. Toph ni siquiera había arrojado la enorme masa a un lado, cuando un perro pastor gigante llegó saltando fuera de la célula y derribó a Aang en el suelo.

-¡Appa!, ¡amigo!- se echó a reír él, con lágrimas en los ojos -Estoy tan contento de que estés bien.

El perro ladró con entusiasmo, lamiendo la cara de Aang mientras él se reía. Y Katara no pudo evitarlo. Ella cayó inmediatamente sobre sus rodillas, a su lado, mientras que sus manos jugueteaban con el pelo de Appa y una sonrisa sincera se le instalaba en el rostro.

-Es bueno verte de nuevo- coincidió con voz afectada.

Appa se volvió y le lamió la cara también. Todos rieron alegremente, incluso Aang se mostró conforme, cosa que la sorprendió. Pero antes de que ella pudiera seguir formulando teorías al respecto, la mano del chico estaba en su espalda, manteniéndose ahí de un modo que resultaba inoportunamente reconfortante. Ella lo miró mientras se sentaban uno junto al otro en el suelo, frotándole el estómago peludo a Appa, pero él no parecía darse cuenta de lo que había hecho.

-Hey chicos- dijo Jet en voz baja -Tal vez este no es el mejor sitio para una reunión.

-Tienes toda la razón.

Todos se volvieron sorprendidos. Un hombre delgado, con bigote negro y un traje impecable de color verde oscuro estaba de pie detrás de ellos, flanqueado por funcionarios de la Prohibición.

-Creo que estabas buscándome, Avatar- dijo, su voz baja y suave.

-¿Long Feng?- Aang le preguntó con recelo.

-Correcto- Aang se puso de pie rápidamente.

Katara lentamente siguió su ejemplo y Appa se puso frente a ella con el pelo del lomo erizado.

-¿Por qué tuviste a mi perro secuestrado?- exigió airadamente. Long Feng se encogió de hombros.

-Para mantenerte ocupado. Yo no podría tenerte corriendo alrededor sin un propósito, arruinando el delicado equilibrio de mi ciudad, ¿Verdad?

Aang apretó los puños y los dientes con rabia. Normalmente, Katara le habría puesto la mano en el hombro para mantenerlo tranquilo; pero ella estaba detrás de él, dirigiendo una mirada cargada de ira a Long Feng. Appa gruñó.

-¿Por qué haces esto?- gritó Sokka de repente -Si la gente supiera lo que esta pasando en Omashu, tal vez podrían ayudar.

-Pero si la gente no lo sabe, están en paz- razonó Long Feng.

-¡Esa decisión le corresponde a la gente!- explotó Toph.

Todos asintieron con firmeza, en completo acuerdo, y adoptaron posturas de combate. Appa gruñó más fuerte.

-No es relevante la opinión de un puñado de jóvenes gánsters en asuntos tan importantes… ahora… creo tienes algo que es de mi propiedad. Pagué por ese perro.

-¡Él fue robado!- estalló Katara -La compra de bienes robados en realidad no cuenta.

-Es verdad- suspiró Long Feng -Pero se han rebelado, por lo que puedo arrestarlos de todos modos.

La Mesa detrás de él saltó hacia adelante, y de repente, el pasillo se convirtió en un campo de batalla. Por el rabillo del ojo, Katara vio a Long Feng huyendo en dirección al otro extremo del pasillo. Aang y Jet estaban persiguiéndolo.

-¡Aang!-gritó, pero ella se distrajo de inmediato por culpa de varios dedos de piedra que pasaron frente a su cara por centímetros.

-Mierda.

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Long Feng aminoró su carrera al final del pasillo y tomó una pequeña desviación que estaba semioculta en la pared, cruzó lentamente la cueva a la que había llegado, y se detuvo delante de la puerta que aparentemente llevaba a la comisaría. El lugar era amplio, estaba poco iluminado y estaba fuera de la vista de los demás. Aun así, esperó pacientemente a que los dos jóvenes le dieran alcance. No tuvo que esperar tanto.

-Ríndete- gruñó Jet, sacando sus pistolas gemelas y apuntando a Long Feng -Estás en inferioridad numérica.

Long Feng sonrió de una manera extraña, como si estuviera disfrutando un chiste secreto, eso hizo que ambos chicos se estremecieran.

-Uno pensaría eso- dijo al fin -Jet, el gobernador te ha invitado al Hotel Laogai.

Jet se congeló y Aang lo miró confundido. Jet se dejó caer un poco hacia adelante, pero luego levantó la vista y la mantuvo al frente. Sus pupilas estaban dilatadas.

-Me siento honrado de aceptar su invitación- dijo rotundamente.

De repente, Jet se volvió y disparó seis tiros hacia Aang en rápida sucesión. Él apenas pudo evitarlos.

-Jet, ¿qué estás haciendo?- le gritó, pero tuvo que saltar para evitar más balas.

-Me temo que no te escucha o reconoce, ni lo hará en un tiempo- dijo Long Feng con una sonrisa.

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Katara y los demás se encargaron finalmente de todos los Dai Lee. Estaban tomándose un momento para recuperar el aliento, cuando varios disparos resonaron por el pasillo. Katara se dio vuelta, sorprendida.

-¡Aang!- gritó llena de pánico, antes de salir corriendo con los demás pisándole los talones.

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-Jet, ¿por qué diablos estás escuchando a este tipo?- gritó Aang, mientras se esforzaba por esquivar la mayoría de los ataques. Jet no respondió y siguió disparándole.

-Cumple con tu deber, Jet.

Él gruñó y se buscó otra oportunidad.

-Él no puede obligarte a hacer esto- rugió Aang -Tú no eres una marioneta, eres un libertador, ¡un corredor como el resto de nosotros!- protestó, al tiempo que tropezaba y quedaba a merced de una de sus pistolas.

Jet detuvo un momento, pero las armas todavía le apuntaban a Aang en la cara.

-¡Hazlo!- le gritó Long Feng -¡Hazlo ya!

Jet sonrió, dio media vuelta y disparo contra Long Feng. Aang respiró aliviado pero en ese momento, Long Feng levantó un par de pilares frente a él y las balas se hundieron allí. Antes de que cualquiera pudiera reaccionar, el primer pilar se disparó directo hacia Jet y se estrelló en una lluvia de polvo. Cuando la nube se aclaró, Aang vio a Jet tumbado e inmóvil en el suelo.

-Niño tonto- se burló Long Feng -Decidió su propia destrucción.

Dicho eso, dio media vuelta y antes de huir por la puerta creada detrás de él, disparó un par de tiros que Aang no esperaba, él apenas logró levantar un muro de piedra y aun así, uno de los proyectiles dio contra su brazo. Aang ignoró el dolor y se deslizó hasta el suelo al lado de Jet, sintiéndose completamente horrorizado. Jet tosió y parpadeó con dificultad, tratando de enfocarlo.

-Lo siento Aang- dijo débilmente. Él negó con la cabeza con los ojos cristalinos.

-Yo también- dijo en voz baja.

-¡Aang!- gritó Katara cuando el grupo entró en escena -Aang estás...

Ella se detuvo abruptamente y los demás se detuvieron a unos cuantos pasos.

-¿Jet?

Smellerbee jadeó y cayó de rodillas junto a él.

-¡Jet!

Katara se arrodilló junto a Aang con una extraña mirada en su rostro. Ella no tenía la bolsa de piel con agua, por lo que condensó el aire como lo había hecho en batalla contra los Dai Lee antes, y alcanzó el pecho Jet. La joven exhaló lentamente y cerró los ojos. El agua empezó a brillar y Jet se estremeció, pero por lo demás nada parecía suceder. Katara abrió los ojos y dejó caer el agua en el suelo.

-No está nada bien- dijo en voz baja, con un tono frágil en su voz. Smellerbee la miró, acongojada.

-Ustedes sigan adelante- dijo con firmeza -Saquen a Appa de aquí.

-No podemos- comenzó Sokka.

-Nosotros nos encargaremos de él- intervino Longshot, en voz baja.

Todo el mundo se volvió y lo miró fijamente.

-Sigan. Es nuestro líder y nuestra responsabilidad. Nosotros nos encargaremos de él.

Jet miró a Katara, sonriendo un poco.

-Voy a estar bien- dijo –Adelante.

Katara lo miró pensativa por varios segundos antes de asentir con la cabeza lentamente.

-Está bien- dijo en voz baja. Luego frunció el ceño, se inclinó y besó su mejilla -Yo te perdono- le susurró y Jet cerró los ojos, sonriendo.

Katara se puso de pie, Aang detrás de ella. Y los dos siguieron a Long Feng por la puerta, Sokka y Toph les pisaban los talones y Appa saltaba a lado de Aang.

-Está mintiendo- susurró Toph, pero Katara no respondió.

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Los cuatro jóvenes salieron a la superficie y se encontraron en los sótanos de la comisaría. Se veía bastante similar al pasillo que acababa de dejar, lleno de puertas con celdas de metal, por lo que todos se detuvieron junto a la puerta.

-¿Qué hacemos ahora?- se preguntó Aang en voz baja.

Katara permaneció en silencio, pero le rascó las orejas a Appa cuando su mojada nariz chocó contra su mano.

-Debemos hacer algo con Long Feng- dijo Toph oscura.

Sokka suspiró.

-Debemos ir a la alcaldía.

Katara lo miró de manera extraña.

-¿El alcalde?- preguntó dubitativa -Sokka, sabes que no puede ayudarnos.

Aang los miró enarcando una ceja.

-¿Por qué no?

Katara miró a sus pies.

-El alcalde de Ba Sing Se ha sido poco más que una figura pública desde hace años. Si Long Feng controla a los Dail Lee, controla el resto de la cuidad, incluyéndolo a él... además es un completo recluso, nadie excepto Long Feng, lo ha visto en meses.

Sokka asintió con la cabeza.

-Pero todavía tenemos que intentarlo.

Ella se encogió de hombros, pareciendo avergonzada.

-Está bien, pero primero tenemos que salir de aquí con vida- murmuró Toph, al tiempo que apretaba los nudillos -Quédense detrás de mí- dijo con una sonrisa.

Y con eso, echó a correr hacia el final del pasillo. No estaban del todo seguros de cuál era el plan de Toph, pero se hizo muy claro cuando se encontraron con el primer grupo de Oficiales.

-Hey, ¡deténganse!- gritó uno de ellos, pero Toph sólo se preparó y rodó hacia él, doblando un traje de tierra sobre sí misma.

Cuando estuvo en sus pies de nuevo, estaba envuelta en una amenazadora armadura de piedra. Ella golpeó a los oficiales con los puños y el efecto fue inevitable, uno tras otro caían al suelo inconscientes.

-Traten de mantener el ritmo- dijo a sus compañeros.

Su voz sonaba baja y misteriosa a través de la piedra, ellos ni siquiera podían ver sus ojos, pero no dudaron en asentir con la cabeza. Ella pareció entender el mensaje, pues corrió por el pasillo de nuevo, enviando un temblor a través del suelo a cada paso.

-Tienen que admitir- dijo Sokka, sonriendo a medida que corría tras ella -Que esa niña tiene estilo.

-Voy a dejar pasar el comentario de "niña"- espetó Toph, rápidamente eliminando a tres oficiales más -Pero sólo por esta vez.

Sokka rió entre dientes.

-Bueno, ¿preferirías "señorita"?

-Pues sí.

Los tres chicos tuvieron que agacharse cuando dos guardias más, volaron por encima de sus cabezas y se estrellaron contra el suelo.

-Hey Appa- rió Aang, mirando a su perro -¡Una carrera!

El perro ladró alegremente y ambos comenzaron a dejar lejos a los hermanos. Katara sonrió, un poco miserablemente.

-¿Estás bien?- le preguntó Sokka, jadeando en medio de su carrera.

Ellos cuidadosamente esquivaban a los agentes esparcidos por el suelo.

-Sí- mintió Katara, mirando al frente.

Sokka esperó. Ella parecía punto de decir algo más, pero la voz de Toph volvió a llamarles la atención.

-La puerta por delante.

Con otro fuerte golpe, la puerta del sótano estaba aplastada en el suelo y los cuatro corrieron hasta las escaleras. Salieron detrás de la mesa, en el vestíbulo principal de la estación de policía. Pero el lugar estaba lleno de agentes, y por supuesto, Long Feng estaba en la delantera.

-Es bueno verte de nuevo- dijo con calma -¿Cómo va ese brazo, poderoso Avatar?

Toph apretó los nudillos, sonando aún más intimidante por el hecho de que estaba blindada en roca sólida. Sokka parpadeó confundido y Katara le lanzó una rápida mirada a Aang, cuya manga comenzaba a empaparse con sangre. Él se cubrió la zona inconscientemente, pero compuso una mueca que lo delató. Todos se volvieron hacia Long Feng y le fruncieron el ceño con diferentes dosis de furia.

-Yo le sugeriría amablemente que se moviera- gruñó Toph -Pero es mucho más divertido así.

Y con eso, ella se disparó hacia ellos en un ataque feroz. Sokka sacó su pistola y la siguió. Aang por su parte, tomó una respiración profunda y se lanzó en la ayuda, sus poderosas ráfagas de aire lanzaban a grupos de agentes fuera del camino e incluso del edificio, pero aun así, sus movimientos eran más lentos de lo usual. Katara se tomó un momento más largo, primero, para apartar la ira que ese hecho le provocaba, y luego, para acumular con éxito una gran cantidad de agua a partir del aire a su alrededor. Cuando lo consiguió, ella también saltó a la lucha. Appa, por el contrario, no perdió ni un segundo y se fue directo contra Long Feng, hundiendo sus dientes en la pierna del hombre.

-¡Los quiero a todos fuera!- pidió Aang desde algún lugar entre el mar de agentes.

Sus compañeros le hicieron caso en pocos segundos y salieron corriendo rumbo al camión de Sokka. Toph se desprendió de su armadura de roca en el camino y saltó a la cabina junto a Katara y Appa, justo a tiempo para escuchar como todos los vidrios de la comisaria se hacían añicos simultáneamente. Los pedazos caían al suelo desde todas direcciones, acompañados por un puñado de funcionarios que habían sido arrojados desde dentro del edificio debido al poderoso vendaval que Aang había creado. El joven avatar, salió de las instalaciones un instante después y Sokka arrancó de inmediato, deteniéndose solo lo suficiente para que Aang pudiera abordar el asiento del copiloto. El camión rugió a través de la calle, llevándolos lejos del lugar.

-Bueno- suspiró Sokka -No se puede decir que nuestras vidas son aburridas.

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