Titulo: El destino.
Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.
Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.
Nota: Primero que nada como siempre quiero agradecer a todos los que dejan comentarios. Este capitulo no termina de convencerme, no se bien la razón pero bueno, por mas que lo reescribí e intente hacerle mas arreglos no pude hacer nada mejor. Una disculpa por el largo de este capitulo, como ya dije intente hacerle mejoras (entre ellas acortarlo un poquito) pero asi quedó finalmente. Espero que no les incomode :P
Espero que disfruten la lectura y nuevamente gracias por leer esta loca historia:
Capitulo 8: Cara a cara.
El niño de nueve años que respondía al nombre de Keitaro Ichijouji dio una patada contra el suelo molesto, no, más bien furioso. No entendía cómo es que había perdido aquel partido que era muy importante para él y aunque fue quien metió el único gol de su equipo después de que aquel par de niños metieran un gol cada quien las esperanzas de su equipo se fueron al caño.
-¡Ey!
Keitaro se giró sobre los talones encontrándose así a los dos niños que habían anotado los goles que lo llevaron a la derrota, los dos eran un poco más bajitos que él y se sorprendió de verlos pues ni siquiera había querido hablar con su equipo por lo que había salido de la cancha solo. ¿Se irían a burlar de él?
-¿Qué quieren? –preguntó confuso.
-Felicitarte. –dijo el primero, un niño de cabello castaño muy largo y alborotado.
-Sí, jugaste muy bien. Burlarte era muy difícil. –añadió el otro, de cabello marrón oscuro y ojos cafés que también tenía el cabello muy revuelto y en picos.
-Gracias. –dijo Keitaro apenado.
-Podríamos juntarnos a practicar algún día. –dijo Kazuo Motomiya muy animado.
-Sí…podríamos.
-¡Claro! Mi papá a veces me lleva al parque a jugar. –comentó Kai Yagami.
-El mío también. –secundó Kazu.
-Eh bueno sí… soy Keitaro Ichijouji.
-Kazu Motomiya y Kai Yagami. –presentó el primero.
-Oye. –llamó Kai al primogénito de Ken y Miyako. –Tú te me haces conocido… ¡Ah ya se! ¿No eres el primo de Asumi?
Keitaro se llevó una sorpresa al ver que conocían a su prima mayor pero de inmediato recordó aquel día en el que su prima lo había llevado a jugar a casa del niño al cual cuidaba.
-Si, tú eres el niño al que mi prima cuida ¿No?
-Sip. –respondió Kai.
-Wow, eres primo de Asumi. Oye ¿Tiene novio? –preguntó Kazu sonriendo.
-¿Eh?
-No le hagas caso. –pidió Kaichi mirando a su amigo rodando los ojos.
–Bueno Keitaro, vamos allá a buscar a nuestros padres ¿No vienes?
-Supongo. –accedió dando un suspiro desganado.
El trió se echó a correr hasta las gradas donde ya casi todos los padres se habían ido y solo quedaban algunos que bajaban para encontrarse con sus hijos.
-Hijo lo hiciste muy bien. –felicitó Ken a su vástago. –Lástima que perdieron, no te preocupes ya habrá más juegos. –intentó animarle.
-Sí papá. –dijo el niño desganado.
-Anímate hijito. –pidió Miyako. –Fuiste el mejor de tu equipo.
-En eso le doy la razón a tu madre. –agregó una tercera persona.
Ken le sonrió a su amigo de la infancia quien se acercó al grupo junto a su esposa.
-Este es Daisuke Motomiya, hijo. –presentó Miyako. –Un gran amigo nuestro.
-Mucho gusto Keitaro. –saludó el hombre. –Veo que juegas increíble, igual que tu padre. Sabes, él una vez me derrotó de niños.
-¿De verdad? –cuestionó Keitaro asombrado.
-Ah es verdad. –apoyó una mujer. –Ken era muy bueno y le ganó a Daisuke sin problemas.
-¡Oye Kari, tampoco lo digas así! –pidió el ofendido mientras su esposa reía.
-Debes contarme mas historias de mi esposo, Kari. –le rogó Akane aun con la sonrisa pegada en el rostro.
-Y ella es Hikari Yagami, otra muy gran amiga y su hija Kazumi. –habló el detective Ichijouji.
-Mucho gusto. –dijo el chiquillo un poco intimidado. –Hola. –añadió viendo a la hija de aquella mujer, una niña castaña de su misma estatura y con una mirada que le gusto mucho al primogénito de los Ichijouji.
Kazumi le sonrió apenada. No había podido despegar la vista de él en todo el partido y no entendía muy bien la razón, generalmente no le interesaba el futbol pero esta vez sin duda alguna no había podido dejar de observar a aquel niño de tez pálida y cabello negro que se desenvolvía tan bien en la cancha. Claro que también se había divertido al escuchar el comentario de Kimiko y Yuhi quienes eran muy agradables.
La primera se la pasaba analizando a los niños que jugaban y diciendo quien era el más lindo –cualidad heredada de su madre, para exasperación de Ken. –Aunque en el momento que había visto a Kazuo acercarse a ellos corriendo había decidido que ese niño era el ganador por bastante. Mientras que Yuhi sólo decía lo desagradable que le resultaba el soccer, y lo horrible que era terminar sudado y apestoso.
-Por Dios, Taichi. –exclamó Mimi. –Este niño eres tú. –alabó mirando a Kaichi con detenimiento.
-Eh no señora. –negó el aludido. –Yo soy Kai y él es papá.
Mimi se rió y Tai se avergonzó un poco por la respuesta de su hijo.
-Si no cabe duda… -masculló. –Igualitos.
-Tu hijo también se parece a ti bastante. –observó el castaño. –Muy guapo, el condenado.
-Uy eso quiere decir que me encuentras guapa ¿Eh? –preguntó riéndose, Tai también se rió.
-No cambias más, Mimi…
...
-Ay Yuhi, es que es tan lindo. –suspiró Kimiko mirando a Kazu fascinada. –Y su papá habla con el mío, parece que son amigos. Espero volverlo a ver.
Yuhi se burló del comportamiento de su mejor amiga.
-No seas ridícula, Kimi-chan. –exigió el castaño. –Él es más grande y aparte se ve todo apestoso.
-¡Eso es porque esta sudado porque es el mejor jugador! –defendió la peli lila a su nuevo amor platónico.
-Ajam.
-Ash. –la niña se indigno. –Eso es porque a ti no te gusta ninguna niña, pero cuando te guste una…
-Para que me guste una girl tiene que ser así muy, muy, muy bonita. –explicó Yuhi. –Y no estar loca como tú.
Kimiko resopló. Así no tenía ningún caso hablar de niños…
...
-Nosotras nos vamos. –se despidió Kari. –Mi hija va a casa de un amiguito. –informó mientras tomaba a Kazumi de la mano.
-Nos veremos pronto, Hikari. –aseguró Mimi.
-Sí claro. –dijo ella. –Por lo pronto el viernes estaré en tu casa, Miyako.
-¡Bingo!
-Adiós, Hikari fue un placer conocerte. –se despidió Akane con quien había congeniado muy bien. –Espero volverte a ver seguido.
Dicho esto la mujer de cabellera castaña canela se esfumó junto a su única hija dejando a los demás aun conversando amenamente.
-Eh creo que también tendríamos que irnos yendo. –opinó Mimi.
-Cierto. –le dio la razón Ken. –Los niños aun tienen un trabajo de clases que hacer.
-Y nosotros dejamos el restaurante con nuestro sobrino de nuevo. –recordó Daisuke. –Me encanta atenderlo yo mismo así que mejor nos vamos, cielo.
-Sí amor. –afirmó Akane.
-Esperen un segundo. –pidió Daisuke antes de partir. –No quise decirlo frente a Kari pues hace un rato le mencione y ella se puso…rara. –relató recordando. –Pero creo que si nos encontramos con Yamato él debe saber algo de Takeru y sería increíble verlo nuevamente. ¡En especial para mí, le tengo mucho aprecio!
-Es cierto. –dijo Miyako. –Yo también quiero verle y más desde que Ken y yo leímos su libro, es maravilloso.
-Sí. –secundó Mimi. –No cabe duda de que tiene mucho talento para la escritura, es sensacional.
Todos estuvieron de acuerdo con que querían que el rubio más joven asistiera a la reunión del viernes en casa de los Ichijouji y aunque Taichi entendía que Hikari se sorprendería muchísimo al verlo ahí tenía que admitir que las ganas de reencontrarle también eran muy grandes así que quedaron de pedirle a Matt que llevara a su hermano.
Ante estos pensamientos no pudo evitar recordar a dos personas más. La primera de ellas era ella que había sido tan especial en su vida como destructiva. Sora Takenouchi siempre había sido su primer y único amor, desde que tenía memoria… su recuerdo aun lo perseguía y le impedía hacer su vida pero aun así aquella obsesión que sentía por la pelirroja con los años se había convertido en el más hermoso recuerdo de su niñez y juventud. Tenía unas ganas increíbles de verla y más ahora que se había vuelto a ver con todos sus amigos. Inconscientemente recordó la fotografía vieja que guardaba bajo su cama donde aparecían ambos con doce años de edad y no pudo evitar sentirse más nostálgico.
El segundo era aquel que había sido la voz de la razón en su aventura en el Digimundo, el mayor de ellos y el más sensato y estudioso que respondía al nombre de Jou Kido. Quiso poder verlo también…
..
-Así que te mudaste aquí hace tanto –decía un hombre de cabello rubio y ojos azules dando un sorbo al té que tan amablemente le había ofrecido la señora de la casa. –Que bien.
-Así es Takeru. –respondió Iori Hida. –Me acabo de enterar de que Yamato vive aquí y me alegró muchísimo saber que tú también.
Los antiguos compañeros de Digievolución DNA se sonrieron mutuamente.
-TK y yo nos vinimos a vivir aquí hace muy poco. –comentó Patamon. –Es porque en la otra casa nos poníamos tristes, también Rei y Tokomon.
-Es verdad… -dijo Takeru.
-¿Por qué? –preguntó curioso Armadillomon.
-Pues porque me traía muchos recuerdos de Yoriho. –indicó el escritor. –Es mi esposa, Iori.
-Ah sí… la que murió de cáncer. De verdad lo lamento mucho, Takeru. –recordó tristemente el castaño.
-Sí.
-Me sorprende que ni tu ni Yamato se volvieran a casar o algo así. –comentó el abogado.
-Pues lo de Yori es muy reciente aun para mí. –respondió Takeru. –Cuatro años apenas. Y mi hermano pues tiene una novia aunque no es tan serio.
-Ya veo. –dijo Iori.
-Pero las mujeres siempre acosan a TK. –se burló Patamon. –Como la secretaria de la editorial que siempre te molesta ¿Verdad, TK?
Takeru se sonrojó mucho y Armadillomon y su compañero sólo rieron ante el comentario de Patamon quien sonreía alegre.
-Eh… no digas eso Patamon. –pidió apenado. –Además yo sólo he estado enamorado una sola vez y completamente. Mi corazón aun sigue roto.
-¿Por tu esposa? –preguntó Hida.
Takaishi bajó la mirada y negó con la cabeza lentamente, quería abrirse con alguien y alguien que le entendía tan bien como Iori era una posibilidad muy buena.
-Mi corazón aun seguía roto cuando yo estuve con Yoriho.
-¿Entonces? –indagó Iori.
-Siempre la he amado solo a ella... ¡Como me hace falta!
-¿Hablas de ella, verdad TK? –cuestionó Patamon. –La luz siempre nos ha hecho falta a los dos. La esperanza sin la luz está muy vacía…
Iori asintió con una ligera idea de sobre quien hablaban sus dos amigos.
-¿Hikari?
Takeru sólo atinó a murmurar un asentimiento mientras daba otro sorbo a su té.
-Después de tantos años, TK…
-Lo sé. –dijo él. –Pero no lo puedo evitar.
-Te entiendo. –dijo el abogado. –Si me separaran de Kenya tampoco podría olvidarla nunca…
En ese preciso momento entro la mujer de la que Iori hablaba seguida de su única hija, Rei Takaishi y los hermanos Ishida, todos los niños llevaban a sus Digimon en brazos, e iban comiendo galletas con una sonrisa en el rostro.
-Que ricas te quedaron, mamá. –comentó Natsuki muy animada.
-¡Sí señora Hida! –exclamó Rei. –Deliciosas, muchas gracias. –añadió mientras Tokomon le robaba la galleta de la mano ganándose una reprimenda de su compañero
-Sí, papá veces también nos hacia galletas pero no le quedaban ricas. –les contó Ay. –Mi hermanita y yo las tirábamos por la ventana.
-¡Ayako! –le reprendió Hanami sonrojada
Las risas no se hicieron esperar al escuchar aquella historia por parte del más joven de todos. Takeru se disculpó diciendo que ya tenía que irse porque Rei había invitado a una amiga suya a su casa y que Yamato querría preparar todo para su cena especial de esa noche. Así el escritor junto a su hijo, sus sobrinos y los Digimon se retiraron con el estomago lleno.
-Papá ¿Ya te dije que Kazi-chan es gran admiradora tuya y de tus libros? –preguntó Reiki cuando hubieron llegado a casa y se tiró en el sillón con Tokomon en su regazo.
-¿Enserio? –cuestionó TK acomodándose frente a su hijo. –Me alegro mucho hijo.
-Si lo sé, ella se moría por conocerte.
-¿Y por eso la invitaste? –quiso saber Takeru.
-Por eso y por otras cosas más. –alegó el niño con una sonrisa traviesa.
-¿No será que te gusta Rei-kun? –indagó Patamon sonriendo y colocándose sobre la cabeza del hijo de su compañero.
-¿Kazumi-chan gustarme? –tras esta pregunta retorica el rubio se echó a reír a carcajada limpia. –Buen chiste, Patamon.
-A Reiki no le gustan las niñas ¿Verdad?
-Claro que no, Tokomon. –contestó el chico. –Y menos Kazumi…es como…como si fuera una hermana o algo así.
-¿Hermana? –repitió TK incrédulo. –Si la conoces de muy poco.
-Ash papá pero si yo digo que es como mi hermana es porque lo es. –finalizó Rei firmemente y con un tono de que no aceptaría mas replicas en el asunto.
-Bueno. –aceptó el padre. -¿A qué hora llegará tu amiga?
-Dijo que después del partido de su primo. –respondió. –Espero no se tarde.
-Ni yo. Me gustaría echarle una mano a mi hermano. –comentó Takeru mientras se rascaba la cabeza. –Quizás podrías cuidarlos un rato Patamon ¿No?
-¿Yo? –pregunto el Digimon alado no muy conforme. –Pues supongo.
-Nosotros no necesitamos que nos cuiden. –alegaron Rei y Tokomon, ambos indignados.
-¿Dejarte a ti solo aquí y con una amiga? –habló Takeru. –No gracias, no quisiera que destrozaras la casa o peor.
-Que exagerado…
En ese momento TK escuchó como tocaban la puerta y se puso de pie aun con Patamon sobre su cabeza para abrir, quiso pedirle al Digimon que se bajara pero sabía que sería inútil, desde siempre ese era el lugar favorito de Patamon. Abrió con lentitud como si presintiera que lo que estaba tras la puerta iba a cambiar su vida para siempre.
Y no era para menos. Justo ahí en el umbral de la puerta de su departamento estaba una mujer de exactamente su misma edad con el cabello castaño que él le había conocido en su juventud un poco más largo y sujeto solo por dos pasadores, se veía mayor a como la recordaba, con un cuerpo más maduro pero igual de hermoso, esa mirada ensoñadora suya sin duda sí era la misma. Aquella que irradiaba tanta luz.
Por su parte lo que Hikari Yagami había visto ya era demasiado. Había llegado a un límite de sorpresas soportables para el resto de su vida pero esa sin duda era la mayor ¿Cómo iba a imaginarse que en el hogar que supuestamente era el del amigo de su hija iba a encontrarse con Takeru Takaishi? Le fue sencillo identificarlo, era idéntico a aquella fotografía que aparecía en el libro favorito de ella y de su hija junto a la palabra: autor.
-¿Hi-Hikari? –preguntó con la voz temblándole por la impresión.
-¡Pero si es Patamon! –Gatomon ya había corrido hasta dentro del departamento y mientras el aludido bajaba de la cabeza de su compañero para saludar a aquella Digimon que tanto había extrañado los dos humanos seguían en estado de shock.
-Takeru… -susurró ella despacio y suave como si estuviera soñando. –Takeru. –repitió del mismo modo.
-Soy yo, soy yo, Hikari. –dijo él.
-¿Mamá, estas bien? –preguntó Kazumi al ver como su madre miraba fijamente al frente y seguía repitiendo el nombre del rubio con lagrimas en los ojos.
-Si, Kari. –afirmó el rubio. –Soy yo. Dime ¿Te encuentras bien? Háblame, Kari… -rogó desesperado.
-Takeru… -dijo una vez más.
Cuando Rei se aproximó a ver que ocurría solo pudo ver a su padre sujetando el cuerpo de una mujer inconsciente y a Kazumi llamar a su madre preocupada mientras Gatomon gritaba con susto "¡Hikari!"
..
Yamato Ishida, ajeno a todo el revoltijo que tenía su hermano menor, preparaba su especialidad, la pasta que tantas veces había preparado a su aun esposa cuando estaba molesta para que le perdonara mientras sus hijos veían la televisión en el sofá con sus digimons.
-¿Ya dieron las séis, Hanami?
-Sí papi.
-Bueno, báñense y arréglense un poco porque ya casi llega Minami. –pidió el astronauta.
-Papi podemos ver la tele un ratito mas ¿Sí? –rogó Ay.
-Ándale papá. –le apoyó Hanami.
-Eh…-Yamato dudó. –Está bien, cuando llegue Gabumon de hacer la compra se meten a bañar. Iré a bañarme yo por mientras y dejaré que esto se cocine. –indicó mirando la pasta. –Yokomon, Tsunomon que los niños no se acerquen a la cocina.
-¡Sí Yamato! –afirmaron los dos sonriendo ante la posibilidad de cuidar a sus compañeros.
El rubio entró a ducharse un poco de los nervios pues la tarde se le venía encima y sabía que si algo era Minami eso era muy puntual.
-Eh hermana. –llamó Ay. –Iré a mi cuarto, ahorita vengo. –dijo retirándose con Tsunomon en brazos.
El más pequeño de la casa llegó hasta su habitación desde hace poco tiempo y puso a Tsunomon en la cama, del armario sacó dos bolsas que Kai Yagami le había entregado el día anterior. Sonrió maliciosamente.
-¿Qué vas a hacer, Ay? –preguntó Tsunomon con curiosidad.
-Mira. –dijo el niño esperando tener la atención de su Digimon y saco las cosas de la bolsa. –Esto es para espantar a la noviecita de papi.
-¿Espantarla? –se sorprendió Tsunomon.
-Sip. –afirmó el pelirrojo mostrándole su detallado plan.
-Vaya. –se asombro el Digimon. –Que inteligente eres, Ay. –comentó.
-Si. Bueno Ryota me ayudó a planearlo todo, el es muy inteligente también.
-¿Luego me lo presentas?
-¡Sip!
..
Mientras tanto en el mismo edificio un hombre rubio trataba de reanimar a la mujer que tantos años soñó con volver a ver, Patamon le echaba aire con sus alas y Gatomon la llamaba incansablemente.
-¿Takeru?
La voz de la castaña lo hizo mirarla profundamente, con tanta intensidad que parecía querer leerle el alma.
-Aquí estoy.
Hikari se incorporó con el rostro rojo y la mirada un poco extraviada, el hombre la ayudó a sentarse y su hija le preguntó sobre su estado.
-Estoy bien, Kazumi. –aseguró. –Han sido muchísimas impresiones en tan poco tiempo y… y esta fue la mayor.
-Perdónenos señora Yagami. –pidió Reiki.
Ambos adultos miraron al niño, muy asombrados de que estuviera pidiendo perdón.
-Nosotros planeábamos que se vieran. –explicó el rubio. –Supimos que eran amigos y quisimos juntarlos.
-Perdón si te hizo daño, mamá.
A Hikari le salieron las lágrimas y no tardo en ponerse a llorar a lágrima tendida.
-¿Por qué llora Kari? –preguntó Salamon a Kazumi.
-No sé. –confesó ella. –Tal vez está enojada.
-¡Claro que no hija! –negó esta. –Takeru. –luego miró al hombre y este no tard+o en tomarla entre sus brazos.
Ante un contacto como este que hace tantos años que Hikari no sentía y que venía anhelando solo pudo incrementar sus lágrimas a la vez que sentía su hombro mojarse por unas silenciosas lagrimas de su antiguo novio y amigo. Este la apretó con más fuerza e incluso la despegó del suelo.
-Mi Kari… -susurró en su oído. –Tantos años…
-Lo sé, Takeru. –asintió ella. –Yo siempre pensé en ti. Debí disculparme, te debo tanto. En especial te debo una disculpa.
-No hables de eso. Sólo abrázame.
Los niños veían la situación muy confundidos ya que no esperaban esa reacción por parte de sus progenitores, por su lado los que si entendían bien todo eran Patamon y Gatomon quienes se miraban intensamente como sabiendo lo que sentían en ese momento sus compañeros humanos y experimentando lo mismo.
..
-Hijos, ella es Minami Yamura. –presentó Yamato a una mujer de cabello negro y corto con una mirada azul. –Minami, ellos son mis hijos. Hanami y Ayako.
-Hola niños, que gusto conocerlos. –dijo Minami. –Su papá habla muy bien de ustedes.
-Hola. –dijeron secamente los infantes.
-¿Nos sentamos? Tengo la cena lista. –ofreció el hombre, todos asintieron.
-¡Yo en mi lugar! –Exclamó Ay sorprendiendo a su hermana y padre pues hasta ahora nunca había tenido "un lugar" –Tú acá hermana. –indicó. –Y tú acá papi.
Minami sonrió un poco y se sentó en el lugar libre cuando su trasero toco la silla solo fue consciente de un enorme, de verdad ENORME, dolor.
-¡Auch! –se quejó sacando de su silla una tachuela.
Ayako sonrió maliciosamente.
-Perdón. Se me quedó ahí ayer. –se excusó el pelirrojo, Hanami le sonrió a su hermano ampliamente.
-No hay cuidado. –dijo ella mirándole mal.
Yamato no se dio ni por enterado y empezó a servir la cena cuando Ay se paró a ayudar.
-¡Yo ayudo papi! –pidió el niño.
-Eh bueno, Ay. –aceptó Matt. –Trae ese plato de ahí.
El niño asintió con la cabeza y acto seguido vació todo el bote de la sal en el plato de pasta que le había sido encomendado, luego la mayoría de la salsa picante y un poco de limón. Corrió hacia la mesa y puso el plato delante de Minami.
-Provecho. –dijeron los cuatro y se llevaron el primer bocado a la boca.
El rostro de Hanami y Yamato era gustoso, se notaba que la pasta estaba deliciosa, Ayako por su parte ni siquiera había probado el suyo esperando ver la reacción de la mujer la cual había sido abrir mucho los ojos y llevarse todo el vaso de agua a los labios acabándose su contenido.
-Vaya, estás sedienta. –observó el rubio. –Te serviré más.
Minami ni siquiera pudo hablar solo asintió con la cabeza.
-¿Cuántos años tienes? –le preguntó Hana interesada. –Se ve que eres más chiquita que papá.
Esto provoco que las mejillas de Yamato, que volvía de la cocina, se tiñeran completamente de rojo al igual que las de su novia.
-Tengo veinticinco. –respondió Minami Yamura. -¿Tú cuantos tienes niña? –cuestionó fulminándole con la mirada.
-Ocho. –contestó sonriendo
Un extraño sonido vino del cuarto de Yamato, donde Gabumon intentaba hacer a los Digimon más jóvenes dormir. Ayako rogó internamente que hubiera sido Tsunomon pudiendo escapar de su "papa" Gabumon.
Minami miró la comida con asco mientras veía como todos se comían sus platos lentamente así que no le quedo más que imitarlos apretando el puño y aguantando el desagradable sabor.
-Minami trabaja como azafata en los vuelos internacionales. –comentó Matt.
-O sea que conoces muchos lugares. –dijo Hanami.
-¿Has estado en Hong Kong? Mamá nos llevó ahí hace un año ¿Verdad hermanita?
-Sip Ayako.
-Eh… -la mujer titubeó. –Si he ido. –incómoda se llevó una servilleta a la boca.
Al ver el rostro de la guapa mujer nuevamente Ay no pudo evitar reírse al igual que su hermana mayor que ya se venía imaginando que su hermanito haría algo como eso tarde o temprano, toda la boca y barbilla de Minami estaban pintadas con carboncillo negro. Incluso Yamato se tuvo que aguantar la risa.
Cuando la pelinegra vio su reflejo en el tenedor se ahogó un grito.
-¡Que rayos!
Se intentó limpiar con otra servilleta pero sólo empeoró la suciedad de su rostro.
-Eh, ven conmigo. –indicó el astronauta. –Te llevó al baño.
La pareja se paró de la mesa y se dirigió al baño del lugar, Minami iba frunciendo el ceño y muy enfadada, pero Matt iba más bien divertido.
-Esto es una locura… -masculló ella.
-Dije que sería mala idea. –se excusó él. –Conozco a mis hijos.
-¡No! –negó la mujer. –Yo puedo con esto, ya lo veras.
Con renovados ánimos Minami se volvió a sentar en la silla y su novio la imitó rogando porque ya no hubiera más sorpresitas preparadas.
-Mi tenedor. –se quejó Ay cuando lo vio caer al suelo. –Voy por él.
Los otros tres vieron al pequeño pelirrojo ir debajo de la mesa en busca del misterioso cubierto, Hanami estaba muy atenta para ver que planeaba ahora su hermanito. Este sacó de su bolsillo una pluma.
-¡Un ratón! –y exclamado esto, con la pluma acarició el pie de la invitada quien no tardó en ponerse de pie gritando como nunca en la vida.
-¡AH! –gritaba mientras pataleaba con fuerza. -¡Me ha pasado por el pie! ¡Ah!
Ante los gritos, Gabumon corrió para ver que ocurría y lo mismo hicieron Tsunomon y Yokomon, Ay le hizo la señal a su digimon quien entro al cuarto de su compañero humano y salió empujando un globo, Ay se aproximó a tomar este entre sus manos, y asegurandose de que papá no le miraba con un lanzamiento hizo que este se estrellara en la cabeza de Minami y la cubriera de pies a cabeza de pintura verde.
-¡YAMATO!
..
Al mismo tiempo en una casa no tan lejos de ahí una adolescente de trece años hojeaba una revista de modas donde le hacían varias entrevistas a la modelo japonesa Meyami Hanae, la niña siempre la había admirado mucho pues ella también soñaba con convertirse en una modelo famosa. En el suelo estaba un pequeño moreno castaño jugando con un Koromon y unos carritos de juguete. A lado de la muchacha su Digimon, un Gummymon que un día seria un Terriermon como el de su madre.
-Asumi-san ¿Por qué nuestros papás salieron juntos? –cuestionó la vocecilla curiosa de Kai Yagami.
-Eh no sé. –admitió la chica. –Supongo que porque se caen bien.
-¿No son novios? –preguntó el niño. –Es que mi papá nos dijo que el señor Yamato iba a cenar hoy con su novia y a lo menos nuestros papás también son novios.
-No lo creo Kaichi. –dijo ella.
-¿Por qué no Asumi-san?
-Porque aún no se conocen tanto. –explicó la muchacha. –Tal vez algún día.
-Es que a mí me gusta vivir nada más con papá. –dijo el niño. –No sé si quiero una mamá…
-No te preocupes por eso ahora, Kai. –pidió Asumi. –Aun es muy pronto.
-Bueno. –asintió suspirando. –Oye ¿Tú serías novia de Kazu?
Esto provocó que Asumi se girara hacia el niño al cual cuidaba desde hace meses y le mirara con los ojos bien abiertos aguantando la risa.
-¿Tu amiguito? –preguntó, el niño dijo que si con la cabeza haciéndola reír. –Es muy chico, Kai. Lo siento.
-Yo se lo dije. –comentó Yagami. –Me debe 5 estampitas.
…
Takeru y Hikari por fin había controlado sus emociones y se habían tranquilizado un poco ante la emoción inicial de haberse encontrado después de tanto tiempo. Ahora estaban ambos muy animados conversando.
-Señor Takaishi a mi me encanta su libro. –dijo Kazumi sonriendo. –Mamá siempre me lo lee pero ahora lo intento leer yo solita.
-Pues muchas gracias Kazumi. –respondió el hombre avergonzado. –Me alegra que te guste.
-Sí yo quiero algún día escribir algo como usted.
Takeru se emocionó mucho y sonrió ampliamente a la hija de la mujer que tanto quería.
-Kazumi ¿Por qué no vamos al cuarto de Reiki un rato? –preguntó Gatomon intentando dejar solos a los portadores de la Luz y Esperanza.
-Sí, enséñale tus juegos Reiki. –pidió Patamon adivinando las intenciones de su amiga digital.
Los aludidos obedecieron y corrieron hasta al cuarto del niño dejando a los adultos solos, apenados y un poco tímidos.
-No puedo creer que tu hija sea mi admiradora. –se asombro Takeru. –Es idéntica a ti, por cierto.
-Si, Reiki también es tu copia. –dijo Hikari. –Se nota que sus padres lo educaron muy bien, se ve que es un niño inteligente y encantador.
Takeru bajó la mirada.
-Su madre murió. –intervino Takeru sin saber muy bien el porqué. –Hace unos años.
-Oh es verdad. –recordó la castaña. –Matt me comentó algo, lo siento mucho Takeru.
-¿Matt? –indagó el rubio. -¿Viste a mi hermano?
Hikari supo que había dicho algo que no debería pues al parecer Yamato aun no le comentaba nada a su hermano menor y ésta se asombró mucho pues recordaba que los Ishida-Takaishi se confiaban absolutamente todo.
-Sí, hace poco, en casa de Taichi. –respondió ella.
-No me dijo nada… -dijo el rubio para sí mismo. -¿Por qué no lo habrá hecho?
-Quizás se le pasó. –intentó defender Kari.
-Puede ser. –concedió el hombre. –Olvidémoslo. Háblame de ti, quiero saberlo todo por favor. –rogó Takaishi. –Quiero sentir que nunca te perdí.
Hikari se sonrojó pero asintió un poco. No tenía ninguna intención de hablar de ella pero sólo por TK podía hacer una excepción y contarle…bueno lo esencial.
-Pues nunca me casé con el padre de Kazumi y él no está conmigo. –comentó ella. –Vivo en las afueras de Odaiba y había estado dando clases en un jardín de niños pero clausuró y me metí a trabajar en la escuela de Odaiba en el jardín de niños.
-Así que lograste tu sueño de ser educadora. –se asombró el hombre. –Me alegro por ti, siempre se te ha dado bien. Eres muy comprensiva…
-Muchas gracias. –se avergonzó ella. –Y tú un gran escritor. No me sorprende, desde niño siempre escribías lo que nos pasaba… recuerdo que no dejabas que nadie lo leyera…
-Nadie excepto tú. –recordó con nostalgia.
-Es verdad. Me sentía especial.
-Eras especial. –aseguró el. –No. Aún lo eres.
-TK…
-No digas nada, Kari. –pidió el. –El destino nos ha puesto aquí juntos no lo desaprovechemos con cosas tontas.
-Sí, tienes mucha razón. –concedió ella. –La verdad es que siempre pensé que te debía una larga explicación y claro una disculpa.
-Ya te dije que no me interesa tu disculpa, no tengo nada que perdonar. –dijo Takeru. –El tiempo me ha forzado a hacerlo. No te guardo ningún rencor ni mucho menos, aunque no te niego que me dolió y aun me duele.
-Hubiera dado todo por evitarte aquello. –dijo llorando nuevamente. –No sabes cómo me torturó saber que habías sufrido tanto pero yo me volví tan débil…más que nunca. Ni siquiera Taichi pudo salvarme de aquello.
-¿Taichi? –cuestionó el de ojos azules. -¿Qué tiene que ver?
-Quizás no lo sepas pero ni siquiera el pudo evitarme pasar por todo lo que pase. No pudo darme esa fuerza. –recordó con amargura. –El también, como tú se alejó de mí y… y yo me volví tan frágil sin mis dos pilares. Me alejé de todo, hasta de Gatomon.
-Me duele mucho escucharlo. –admitió el rubio. –Quizás yo también tuve mucho la culpa, cuando me dejaste yo estaba tan herido que no podía aceptar verte sólo como una amiga por lo que me alejé muchísimo de ti y te empecé a evitar. –recordó tristemente. -Tal vez fui muy inmaduro pero yo no podía concebir que tú ya no me quisieras. Por años me pregunté que había hecho mal.
-Perdóname, no fue tu culpa fue toda mía. –aseguró la castaña.
-Kari…
-No mi querido Takeru, está bien. –aseguró ella. –Ahora todo va mejorando y creo que está volviendo a salir el sol.
-Nunca estuve mas de acuerdo contigo. –secundó Takaishi. –La luz está volviendo.
-La esperanza también. Promete no irte nunca más.
-Lo prometo, ante nada eres mi mejor amiga y lo serás siempre y créeme que te quiero.
-Yo también te quiero. –dijo con un nudo en la garganta y lo volvió a abrazar con cariño.
-No sabes cuánto…
Nota Final: Final de este capitulo, muchas gracias por leer y llegar hasta el final, como ya mencioné no quede tan conforme con este capitulo pero ya no pude hacer nada mejor :P quizás porque es el reencuentro de mis queridos TK y Kari y aunque intenté hacerlo lo mejor posible nada me parecía lo suficientemente bueno.
Tampoco el asunto de la cenita me dejó satisfecha u.u pero bueee jaja Ayako me resulta demasiado genial con esa apariencia tierna pero mete diabolica. Bueno, creo que Asumi no piensa darle su oportunidad al pequeño Kazuo, lastima jeje pero a cambio Kimiko Ichijouji si parece encontrarlo lindo. Bueno, esta niña es muy parecida a su mamá en ese sentido, como ya dije enamoradiza para exasperación de Ken.
Muchos me han preguntado ¿Donde diantes esta Sora y cuando va a aparecer? ¡Muy pronto! Pero mas pronto vamos a ver a Jyou. :P Ya se les extraña mucho a ambos ¿No creen?
Bueno, de nuevo gracias por leer y aun mas si te tomas el tiempo de dejar un comentario para saber que te pareció el capitulo de hoy. Un beso!
