Trucos de Salón

Cap. 30

.

Los cuatro entraron a la casa de huéspedes cerca de la medianoche, completamente agotados. Toph, por supuesto, se había quedado dormida a lo largo del paseo y Sokka la llevaba en brazos a su habitación.

-Iremos por el alcalde en unas pocas horas- anunció Sokka cuando llegaron al pasillo delante de sus habitaciones -Long Feng nos estará esperando mañana, así que podríamos emboscarlos.

Toph murmuró en su sueño y la boca de Sokka se torció hacia arriba en una pequeña sonrisa. Aang se limitó a asentir y sin decir una palabra más, se dirigió a su habitación seguido de Appa. Katara lo detuvo a medio camino y cuidadosamente lo hizo girarse frente a ella.

-Estás herido- murmuró, luchando consigo misma.

-Sólo es un rasguño.

-Has perdido sangre.

-Estoy bien.

-Por favor, sólo déjame curarte.

Aang apartó la vista y suspiro resignado.

-Eso te cansará.

Pero ella lo ignoró y cubrió la herida con agua, ésta brilló durante unos segundos para después evaporarse y llevarse la herida consigo.

-Gracias- susurró él con un tono extraño -Iré a cambiarme.

Katara suspiró mientras lo miraba marcharse.

-¿Qué pasó allí?- le preguntó Sokka a la ligera, dejando a Katara frente a su habitación.

-Nada- murmuró ella, estrellándose en la cama.

Sokka colocó a Toph cuidadosamente en la suya y le echo la cobija encima, luego le dirigió a su hermana una mirada escéptica. Katara le frunció el ceño.

-Sólo... nada

Sokka negó con la cabeza, resignado.

-Claro, está bien… Nos vemos en un par de horas.

-Sí- dijo Katara sin comprometerse.

Sokka salió de la habitación, pero Katara, independientemente de su agotamiento, no durmió aquella mañana.

.

00000000000

.

La ciudad todavía estaba tranquila a esa hora, antes del amanecer, y el equipo se hallaba de pie en la acera frente a la mansión del alcalde. La propiedad mostraba signos del comportamiento solitario de su ocupante. La pared de piedra estaba cubierta de hiedra, la puerta de hierro se oxidaba sobre sus goznes y el periódico se acumulaba en un descuidado montón, debajo de un buzón lleno.

-Éste debe ser realmente fiestero- murmuró Toph, con las manos en las caderas.

Katara suspiró y miró a sus pies.

-Entonces, ¿cuál es el plan Sokka?- preguntó ella, con la voz cansada y plana.

-Derribar la puerta, tocar el timbre y esperar lo mejor- recitó, mientras levantaba la mano y se enderezaba su sombrero de fieltro -A partir de ahí, todo llegará sobre la marcha.

-Deben saber, que no va a ser tan fácil- comentó Toph.

Los cuatro se tomaron un largo momento, sabían que no sería sencillo. Katara y Toph ya no llevaban puestos los vestidos, si no sus trajes de trabajo. Toph estaba descalza y Katara llevaba sus bolsas de piel llenas de agua, colgadas en la cadera. Sokka y Aang estaban de vuelta en sus trajes y viejos sombreros, el mayor con su arma y el más joven, con su antiguo planeador. Una niebla matutina rodeaba la ciudad.

-Bueno, vamos- dijo Sokka.

Aang tomó su planeador y envió una ráfaga de aire hacia la puerta. Con un ruido sonoro, el viento rompió la cerradura y la puerta se abrió. Los cuatro comenzaron a correr por el largo y brumoso corredor, pero apenas habían pasado a través de la puerta, cuando se hizo evidente que Long Feng no había perdido el tiempo. Al parecer, todos los funcionarios de la prohibición habían sido invitados a una fiesta secreta de los oficiales más rudos o algo así.

-Oh... oh- musitó Katara mientras los cuatro eran detenidos en el jardín.

El jardín era amplio y rico en flora, pero el pasto estaba descuidado y una desordenada fila de manzanos se arremolinaba a uno y otro lado del que se suponía, debería ser el camino hacia la entrada de la mansión. Había rosales en todo lo largo de la parte interior del muro del jardín, la mayoría de los cuales estaban siendo cubiertos de enredaderas o de hiedra enmarañada, y de pie detrás de los árboles de manzana, había varias decenas de oficiales de la Prohibición. Toph se aclaró la garganta.

-Como dije- murmuró en voz baja -No será tan fácil como esperabas.

-¿No crees que pudiste habernos advertido acerca de esto?- siseó Sokka.

Toph levantó las manos, un tanto a la defensiva.

-Pensé que podías verlo.

-¿A través de la pared?

-Había una puerta, ¿no?

-Entonces, ¡¿por qué crees que no mencioné nada sobre una lucha contra un ejército en mi plan?!

-Pensé que estabas siendo sarcástico, ¡Eso es lo que haces!

-Es el peor momento para esto chicos- dijo Katara entre dientes, sonriendo inocentemente al oficial más cercano y dando un paso atrás.

-Bueno, plan B- gruñó Sokka.

Él avanzó hacia adelante con decisión, sacando su arma y disparando a tres de los oficiales que apenas tuvieron tiempo de reaccionar.

-Me gusta el plan B- gritó Toph, corriendo hacia el oficial más cercano y lanzando su cuerpo contra un rosal.

Katara y Aang compartieron una mirada, frunciéndole el ceño al otro, pero aun así entraron al mismo tiempo en acción. Aang giró su planeador y Katara formó gruesos látigos de agua, cada uno arrojaba a media docena de oficiales en diferentes direcciones.

-Manténganse en movimiento- gritó Sokka a sus compañeros, golpeando a un oficial en la cara.

-¿Y qué crees que estamos haciendo?- musitó Toph sarcásticamente, mientras lanzaba varios pilares de tierra contra un grupo de oficiales que pronto quedaron fuera de combate.

Los otros dos jóvenes habían terminado, de alguna manera, espalda con espalda y acorralados por varios Dai Lee, mismos que dudaban en atacarlos pero no abandonaban sus posturas defensivas. Katara estaba acostumbrada a luchar de esta manera (pues tanto ella como Sokka, habían funcionado como refuerzo del otro cientos de veces), de modo que ella pudo relajarse lo suficiente como para ser consciente de otras cosas. Detalles. Por ejemplo, lo cerca que estaban… de cómo a pesar de ello, su corazón estaba roto por la increíble distancia que sentía.

En cambio Aang, no estaba tan familiarizado con este tipo de situaciones, por lo que su atención se centró en los agentes. Completamente. No estaba pensando en Katara en absoluto. No, en absoluto. No estaba pensando en su cálida espalda presionada contra la suya. No estaba pensando en lo suave y frágil que la sentía, incluso su respiración. Él no pensaba en sus suaves cabellos que le hacían cosquillas en el cuello. No, señor. Eso sería ridículo.

-Katara- dijo en voz baja.

-¿Sí?- su respuesta fue instantánea y tranquila.

Pero Aang no tenía a dónde ir desde allí. Él había dicho su nombre por casualidad. Por un impulso.

-Um... yo- balbuceó, con las orejas rojas -Quédate detrás de mí.

-Está bien.

Con un movimiento de barrido grande, Aang maniobró su planeador en torno al círculo de agentes, Katara se agachó un poco y se movió con él, permaneciendo fuera del camino de su ataque. En cuestión de segundos, los consejeros fueron arrojados a sus pies y ella no perdió el tiempo, se alejó inmediatamente y fue detrás de Toph y Sokka. Aang la siguió miserablemente.

Los cuatro jóvenes siguieron así un buen rato. Aang se las arreglaba mejor con su planeador, derribando agentes y dejándolos fuera de combate como motas de polvo. Toph optaba por lanzar la mayor cantidad de piedras al aire mientras que Katara dejaba un ejército de estatuas congeladas detrás de ella. Sokka por su parte, disparaba con gran precisión (y refunfuñando para sí mismo todo el tiempo).

Katara fue la primera en llegar a la puerta principal, la congeló en cuestión de segundos y luego la derribó con facilidad mientras llamaba a todos dentro.

-De prisa- les gritó, mientras llegaba patinando al interior y se detenía a mitad del vestíbulo oscuro -¿Señor Alcalde?- llamó, mirando a su alrededor.

Pero no obtuvo respuesta. Había una sola puerta a su derecha y una escalera justo en frente. Ella frunció el ceño y asomó la cabeza por la puerta principal.

-Chicos…

Ella se agachó unos segundos más tarde, al tiempo que unas manos de piedra se estrellaban contra el revestimiento. Sokka llegó derrapando, seguido de Aang. Toph cerraba la marcha y sello la estancia con una gran losa de piedra. La sala quedó en silencio y oscuridad. Todo el mundo se detuvo para recuperar el aliento.

-¿Por qué destruiste la puerta pequeña demente?- le exigió Sokka, tan pronto como recuperó un patrón de respiración normal. Katara lo miró enfadada.

-Era la forma más rápida- le espetó, sacudiendo sus bolsas para comprobar la cantidad de agua que quedaba.

-Cuando termine con ustedes, chicos de destilería, estaré en la mejor forma de mi vida- comentó Toph de mal humor.

Aang se mantuvo en silencio, quitándose el sombrero y cepillando un poco de polvo residual.

-Está bien- suspiró Sokka -Vamos a buscar al alcalde.

Una fuerte explosión resonó en la sala al tiempo que algo golpeaba la puerta improvisada.

-Y Rápido.

-Nadie está en esta planta- dijo Toph, estirando los hombros -Tenemos que subir.

Sin otra palabra, los cuatro se deslizaron escaleras arriba. No había luces encendidas en la casa, sólo la aburrida luz matinal que se colaba por las ventanas. Todos se volvieron hacia Toph cuando llegaron al ático.

-Creo que esta es su oficina- dijo señalando la puerta más cercana.

Había una luz polvorienta que salía de debajo de la puerta. Sokka asintió con la cabeza y la abrió sin preámbulos.

-Señor Alcalde- dijo con una reverencia respetuosa de cabeza.

Los otros tres hicieron lo mismo. Cuando todos levantaron la vista, cuatro bocas se abrieron, frunciendo el ceño. Tras una mesa amplia de roble pulido estaba el alcalde de Ba Sing Se, que llevaba un traje verde de tres piezas, unas gafas moradas pequeñas y redondas, y un gorro de lo más peculiar. De pie a su izquierda estaba Long Feng.

-Es bueno verlos de nuevo, niños- dijo Long Feng.

Su voz aceitosa hizo que Sokka rechinara los dientes.

-¡No haga caso a lo que diga!- gritó Toph, señalando con un dedo amenazante a Long Feng -Él es un ladrón.

-Y un mentiroso- agregó Katara.

-Sí- concluyó Aang -Él es un ladrón mentiroso.

Todo el mundo lo miró. Él se aclaró la garganta y sintió un repentino interés por sus zapatos.

-Que casi me mata por cierto.

El alcalde frunció el ceño y su semblante se tornó serio.

-Lo siento... ¿Quiénes son todos ustedes?

Long Feng puso los ojos en blanco.

-Yo soy el Avatar- espetó Aang -Y acuso a Long Feng de robar a mi perro para mantenernos quietos y no decir nada sobre lo que realmente está sucediendo en Omashu y el resto de las ciudades.

El alcalde parpadeó como lechuza.

-¿Qué está pasando en Omashu?- preguntó, realmente intrigado.

Los cuatro se miraron con diferentes dosis de sorpresa.

-¿De verdad? ¿Realmente no lo sabe?- dijo Katara con escepticismo.

-¿Saber qué?

-No los escuche Alteza- dijo Long Feng -Estos son los anarquistas de los que estaba hablando. No son nada más que un puñado de gánsters y contrabandistas.

-Tal vez sea así- respondió Sokka en voz alta -Pero somos los mejores malditos gángsters contrabandistas que el mundo haya conocido.

-Eso no ayuda- suspiró Katara.

-Sí, lo siento. Señor Alcalde, Long Feng le está mintiendo. No somos anarquistas, acabamos de venir aquí en busca del perro de Aang. Y resultó que Long Feng se lo compró a los dragones, quiénes lo robaron con la intención de mantenernos fuera de aquí y no decirle nada acerca de Omashu.

-¿En verdad?, ¿Y qué está sucediendo en Omashu?- exigió un irritado alcalde.

-Es la banda del Dragón- respondió Katara al instante -Se han apoderado de la ciudad y lo están destruyendo todo. Cada día más personas desaparecen, más casas se incendian, más familias se ven obligadas a huir para salvar sus vidas... Nosotros somos la única fuerza que queda en pie, lo único que se interpone entre el jefe Ozai y la población inocente. La ciudad está sufriendo.

Sokka y los demás asintieron con determinación.

-Y necesitamos ayuda.

El alcalde no respondió durante bastante tiempo, tanto que los cuatro se removieron incómodos. Por último, él miró a Katara.

-No entiendo- dijo lentamente -¿Por qué lo mantendrían en secreto?

-Es muy sencillo- respondió Sokka, dirigiendo una mirada de piedra a Long Feng.

-Él está cooperando con los dragones.

Aang, Toph y su hermana, parpadearon sorprendidos, el alcalde parecía perplejo y Long Feng se burlaba en silencio.

-¿Qué pruebas tienen para apoyar esa afirmación?- preguntó este último, con un tono decididamente condescendiente.

-Yo no las llamaría exactamente pruebas- continuó Sokka serio.

Katara puso los ojos y Aang dejó escapar un profundo suspiro.

-Pero es lo único que tiene sentido.

-Buen punto- murmuró Toph con sarcasmo.

Sokka frunció el ceño y el alcalde se encogió de hombros.

-Lo siento, pero no puedo tomar la palabra de ustedes sobre la de mi consejero de mayor confianza sólo porque tiene sentido.

-Señor Alcalde- dijo Aang rápidamente -Si viene con nosotros, podemos presentarle a una familia que tuvo que huir de su hogar a causa de los Dragones.

-¿Ir con ustedes?

-Eso es absurdo- replicó Long Feng.

-Vamos, ¿qué tienes que perder?- exigió Toph.

El alcalde pareció pensar en ello durante mucho tiempo.

-Bien, creo que no he estado fuera desde hace un buen tiempo.

Sokka y Katara intercambiaron una mirada esperanzada.

-Señor, debo informarle… - comenzó Long Feng.

-Está bien, lo haré- el alcalde lo interrumpió con una sonrisa emocionada -Ni siquiera puedo recordar la última vez que estuve en la ciudad.

Él se puso de pie y se alisó la chaqueta. Long Feng no parecía saber qué hacer.

-Entonces, ¿a dónde vamos?

Aang le dio una sonrisa tenue.

-Al hospital.

.

00000000

.

-Muchachos, hay un montón de gente aquí.

Sokka miró el alcalde, quien estaba sentado en el asiento del copiloto y gritaba con entusiasmo por cada aspecto perfectamente normal en la vida de la ciudad. Aang, Katara y Toph estaban todos en la parte de atrás, hablando de su situación.

-Han pasado ya unos días- suspiró Aang -¿Qué pasará si Than y su familia ya se fueron?

-Vamos a pedir a alguien información sobre a dónde fueron- dijo Toph simplemente -No te preocupes tanto.

Katara no dijo nada y Aang la miró con recelo.

-¿No tienes nada que agregar?- preguntó, un poco más fríamente de lo que pretendía.

Ella ni siquiera lo miró, aunque su mirada se enfrió y endureció su tono.

-No- respondió al fin.

El resto del viaje se mantuvo el silencio.

.

0000000000000

.