Trucos de Salón
Cap. 31
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-¡Aang! ¿Qué estás haciendo aquí?
El joven sonrió cuando él y los otros entraron en la pequeña habitación del hospital.
-Hola Than- dijo alegremente, estrechando la mano del hombre mayor -Estoy tan contento de que todavía estén aquí. Pero...
Tanto su voz como el brillo de su mirada se apagaron un poco mientras miraba a Ying, quien dormía en una camilla junto a la ventana.
-Estoy un poco sorprendido. ¿Es normal que mantengan a los recién nacidos tanto tiempo?
Than miró hacia sus pies, moviendo la cabeza con pesar.
-Esperanza fue prematura- dijo en voz baja -Es muy pequeña y están preocupados de que algunos de sus órganos internos no hayan tenido tiempo suficiente para desarrollarse, así que quieren mantenerla aquí por un tiempo.
Aang agachó la cabeza, sintiéndose abatido. Katara colocó una mano en el hombro de Than y los demás le enviaron un asentimiento de cabeza a modo de apoyo.
-Ella va a estar bien- dijo la chica en voz baja, ofreciéndole una sonrisa reconfortante -Estoy segura de ello.
Than suspiró, sonriendo con cansancio.
-Gracias Katara.
El hombre sacudió la cabeza con fuerza y trató de mirarse un poco más alegre.
-Entonces, ¿qué les trae a todos aquí?
Le echó una mirada al alcalde, más no lo reconoció. Aang se rascó la nuca con nerviosismo.
-Bueno... - suspiró -Esto puede tardar un poco. ¿Hay algún lugar donde podemos sentarnos y hablar? No quiero molestar a Ying.
Una suave sonrisa jugueteo en los labios de Katara, sólo un poco. Nadie se dio cuenta.
-Claro, te llevaré a la cafetería.
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Mientras Aang, Sokka, Than y el alcalde hablaban en voz baja en el pasillo, Katara se puso delante de un gran ventanal, mirando con ternura los cuneros. Toph estaba recostada desinteresadamente en una silla que ella misma había creado, enviándole a su compañera una sonrisa burlona, pero Katara no podía apartar los ojos de las filas de vida diminutas al otro lado del cristal.
-Son preciosos- susurró.
Toph se encogió de hombros.
-Todos parecen más o menos iguales para mí- murmuró.
Katara le envió una curiosa mirada.
-¿Alguna vez deseas... poder ver?- preguntó en voz baja.
Toph sonrió divertida.
-Que directa te has vuelto, Reina del Azúcar.
Katara se sonrojó de vergüenza, pero Toph sonrió con ganas.
-No me importa, estoy impresionada es todo. Para responder a tu pregunta, no, nunca lo he deseado realmente.
-¿Ni siquiera antes de aprender Tierra control?
-No. Me las arreglo muy bien como soy. Mejor que un montón de gente que si puede ver. Si no hay nada roto, no lo arreglas ¿verdad?
Katara sonrió maravillada y asintió con la cabeza, pues sabía que Toph podía "ver" ese gesto. Luego volvió la mirada hacia los recién nacidos.
-¿Cuántos años tienes Katara?- preguntó Toph de repente.
Katara frunció el ceño mientras calculaba.
-Diecisiete. ¿No te lo había dicho nunca?
-No. Me lo preguntaba, porque pareces un poco joven para ya desear niños.
Katara se sonrojó de nuevo y su acompañante estalló en carcajadas.
-No quiero niños todavía- balbuceó -Quiero decir... algún día sí, pero no ahora.
-Te das cuenta de se requiere de un "él" en alguna parte.
Katara frunció el ceño.
-Gracias Toph- suspiró ella.
La aludida se encogió de hombros.
-Oye, ¿qué clase de bandida sería yo si realmente permitiera que pasara un momento agradable y perfecto entre nosotras?- ella soltó una risita y Katara sonrió con ella.
-Correcto, esa es buena.
-Dios mío, ¡no puede ser!
Katara y Toph miraron hacia atrás, con sorpresa. Than acababa de relatarle al alcalde su historia, y éste se paseaba escandalizado por el pasillo, haciendo ademanes descuidados con las manos.
-¡Un refugiado!... ¡En tiempos de paz!... Por… simplemente... ¡alucinante!
Toph frunció el ceño.
-Él habla gracioso- dijo rotundamente.
Katara la hizo callar.
-Long Feng ha estado mintiéndole- dijo Sokka -Ha tomado el control de toda la ciudad desde que lo convenció de recluirse en ese agujero.
-De acuerdo- estalló el alcalde, llegando a su fin e irguiéndose en toda su estatura.
-Haré que mi guardia personal lo arreste ¡en este momento!
Y con eso, cargó fuera del hospital. Aang se quedó mirándolo, completamente atónito.
-Uh oh... será mejor que lo sigamos…
Se despidió de Than con un golpecito y corrió tras el alcalde con Sokka sobre sus talones. Katara rodó los ojos.
-Fue agradable volver a verte Than- dijo a toda prisa, mientras ella y Toph salían.
-También para mí- gritó, divertido.
Los cuatro se subieron al camión de Sokka y persiguieron al alcalde, que estaba pisando fuerte sobre la acera. Cundo lo alcanzaron, tuvieron que convencerlo de subir al asiento del pasajero pues estaba bastante cabreado. Aun así, él debía admitir que lo hicieron llegar al ayuntamiento un poco más rápido de lo que hubiera hecho por su cuenta.
El arresto duró unos pocos minutos. El alcalde irrumpió en el ayuntamiento y el orden se estableció por efecto tipo "fichas de domino", uno a uno los funcionarios iban retomando sus tareas normales, Long Feng estuvo, en cuestión de segundos, con gruesas esposas ajustadas a su piel.
-¡Esto es absurdo!- gritaba Long Feng -Todo lo que estos niños han dicho es una mentira.
-Entonces explica lo que he oído en el hospital- espetó el alcalde, cruzando los brazos sobre el pecho.
Long Feng negó con la cabeza y suspiró.
-¿Le tiene más fe a la palabra de un plebeyo sobre la mía, su consejero de más confianza?- preguntó, tratando de sonar decepcionado.
El problema para él, fue que terminó sonando bastante falso. No obstante, el alcalde pareció pensar en ello por un momento, por lo que Aang y Sokka intercambiaron una mirada alarmada. Long Feng sintió una repentina su ventaja.
-Y esa historia tonta sobre mí robando a su perro- resopló -Es ridículo. Nunca he estado cerca de su perro.
-¡Claro que sí!- espetó Aang -Y puedo probarlo…
Todas las miradas se volvieron hacia él. Aang subió hasta el estrado donde se hallaba Long Feng, se agachó y tiró de uno de los pliegues de sus pantalones. Todo el mundo lo miraba estupefacto, pero Aang mantenía su sonrisa altiva.
-¿Ve?- preguntó con entusiasmo, apuntándolo fieramente -¡Appa lo mordió!
Y efectivamente, la marca de la mordedura todavía era visible en la pierna.
-He escuchado suficiente- dijo el alcalde en voz alta –Llévenselo.
Los chicos todavía podían oír a Long Feng gritando mientras era arrastrado lejos.
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La totalidad del Ayuntamiento parecía contento de tener el alcalde de vuelta… y él lo estaba disfrutando. Les dio la mano a los hijos de Hakoda y a sus cómplices frente a todo el mundo, como si fuera un evento oficial.
-Bueno, ahora sé la verdad- suspiró, sonriéndoles.
Los cuatro se miraron con diversión, pues para ser un alcalde, parecía bastante infantil.
-Ahora lo que necesito es un plan de acción. Y por eso los nombró… mis asesores oficiales en esta materia.
Decir que se sorprendieron era un eufemismo, aun más si se tomaba en cuenta que eran los delincuentes más buscados.
-Empezaremos a trabajar temprano en la mañana- declaró el alcalde -Lleguen aquí a las nueve en punto. Ahora vayan a descansar.
Y con eso, se alejó hacia las entrañas de la alcaldía.
-¿Nos acaba de convertir en burócratas?- preguntó Toph con incredulidad, después de un largo silencio.
-Yo... creo que sí- murmuró Aang, también perplejo.
Luego de unos momentos, los cuatro salieron de su estupor y negaron con la cabeza.
-Bueno, ya lo escucharon- intervino Sokka -Volvamos con Billie. Estoy agotado.
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-¿Billie?
La mujer se dio la vuelta y sonrió suavemente cuando vio a Katara subiendo por la escalera de incendios, ella siempre iba a su lugar secreto en el techo...
-Hola cariño- dijo, mientras señalaba un lugar a su lado -Toma asiento.
Katara sonrió y se sentó, tomando un momento para disfrutar de la noche.
-Siempre me ha encantado este lugar.
-Hmm- tarareaba ella pensativa, estudiando a Katara con intensidad -¿Qué hay en tu mente?
La joven miró hacia abajo, evadiendo su mirada.
-¿Qué te hace pensar que hay algo en mi mente?- preguntó en tono reservado.
-No puedes esconderme nada, señorita- dijo Billie con una sonrisa -Ahora dime que es lo que te molesta.
-Es Aang.
-Lo sabía- respondió Billie –Adelante.
Katara le lanzó una mirada penetrante.
-¿Qué quieres decir con que "lo sabías"?
Billie se carcajeo alegremente, ignorando la indignación de la chica frente a ella. Luego le envió una sonrisa conciliadora y se acomodó en su asiento.
-Cariño, sólo hay un joven que podría ponerte en este manojo de nervios.
Katara suspiró profundamente.
-Hmm, genial.
Ella comenzó a retorcer algunos mechones de cabello con su dedo índice, y en un reflejo inconsciente, mordió su labio inferior con nerviosismo. Un gesto que Billie pocas veces había visto.
-Supongo que se podría considerar un manojo de nervios.
-Sólo dime lo que está mal- dijo Billie con dulzura, tirando de ella en un abrazo maternal.
Katara suspiró, apoyando la cabeza sobre el hombro de la mujer.
-Yo no sé qué hacer- dijo en voz baja, con un conlficto evidente en su voz -Tuvimos una pelea.
-Curioso, pensé que las peleas estaban reservadas para los enamorados- se burló a la ligera. Katara sonrió miserablemente.
-Creo que si... Pero fue realmente mala, Billie. Echo de menos hablar con él.
-Entonces has algo al respecto- Katara la miró con asombro y ella sonrió suavemente -Vamos cariño, puedes resolver esto. Simplemente dejar de pensar de forma razonable y has lo que tu corazón te dice.
Katara parpadeó sorprendida.
-¿Deja de pensar razonablemente?
-¿Y por qué no?
Katara desvió la mirada al horizonte y no habló durante mucho tiempo. Cuando lo hizo, Billie tuvo que inclinarse más para oír.
-Tengo miedo…
Esta vez, fue Billie la que se sorprendió.
-¿Miedo? que disparatado, ¿cuando has estado alguna vez asustada?
Katara se mordió el labio y miró hacia otro lado.
-Me asusta, Billie. Nunca me he sentido de esta manera antes.
-Ah, ese tipo de miedo- suspiró.
Ella levantó la mano y la pasó por el cabello de Katara, cuál si de nuevo fuera aquella niña pequeña a la que se dedicaba a cuidar. La joven sonrió con nostalgia. Billie había estado ahí cuando su propia madre le había hecho tanta falta, era ella la única que sabía lo que Kya solía hacer para calmarla… y Katara agradecía fervorosamente, que hubiera retomado la labor que su madre dejó el día de su muerte; siempre se lo agradecería.
-Bueno, enamorarse por primera vez puede ser bastante aterrador.
Katara se puso rígida por la sorpresa, al tiempo que sus ojos se abrían como platos y le dedicaba a su mentora una mirada confusa.
-No estoy enamorada de él.
-Hmm... Oh por supuesto.
Billie rodó los ojos, sonriendo con indulgencia. Pero Katara no se dio cuenta.
-Entonces, ¿qué sientes por él?
Katara gimió y hundió la cara en el hombro de Billie.
-No sé- dijo con voz ahogada.
-Entonces… ¿no es muy posible que lo ames?
Katara no respondió durante mucho tiempo. Billie la dejó con sus pensamientos, mientras que con una mano le acariciaba el pelo y esperaba pacientemente su respuesta.
-Creo que...
Billie sonrió.
-Es posible, pero... pero muy poco probable.
Billie dejo escapar una risita y Katara no pudo evitar sonreír.
-Eres igual que tu madre- suspiró ella.
-¿Cómo?
-Tuve que torcerle el brazo para conseguir que admitiera que amaba a tu padre- contestó con franqueza, y un deje divertido en la voz.
Katara suspiró profundamente y se tomo una pausa (que ambas aprovecharon para disfrutar de la vista).
-Bueno, incluso si llegaras a obligarme a admitir algo que ni siquiera sé… ya no importa ahora. Creo que lo he arruinado todo- la joven hizo una pausa para tragar saliva -Pero no creo que me haya equivocado.
-Tenemos suficientes combates en nuestras vidas- dijo Billie en voz baja -Si él cuida de ti de la misma forma en que tú cuidas de él, nos encontraremos a mitad de camino- ella se volvió y le besó la parte superior de la cabeza -Alguien simplemente tiene que dar el primer paso.
-No sé si pueda-
-¿Por qué no?
Katara dejó escapar un gemido frustrado.
-Estoy jodida, Billie.
La mujer iba a comenzar de inmediato a discutir, pero Katara la detuvo.
-Es cierto, y lo sabes. Te amo Billie, pero no eres mi madre... Me has ayudado mucho y sé que va a seguir siendo de esa forma… pero aun así la perdí, y eso me hizo como soy. Yo soy... estoy muy dañada.
-Katara...
Billie suspiró con tristeza, pero Katara se limitó a sacudir la cabeza en una clara negación.
-Esto no es fácil para mí- dijo humildemente, mirando a sus pies -Acercarme a alguien… Sokka piensa que es más fácil para mí, pero no lo es. Nunca he estado tan cerca de alguien como lo estuve de Aang, y ahora... estamos así.
Ella exhaló lentamente, negando con la cabeza en medio de su debate interno.
-Yo solo... lo que necesito, es saber que no estoy loca. Necesito saber que hay alguien a quien puedo confiarle todo lo que soy.
Las dos se sentaron en silencio durante un rato. Después de un largo tiempo, Billie se volvió y tiró de Katara en un abrazo.
-Mi pequeña Katara- suspiró ella -Creo que lo que tienes que decidir ahora es si Aang es ese alguien o no.
Katara no respondió, se limitó a responder a su abrazo con fuerza. Refugiándose del mundo, de sus problemas, de sus emociones, de él. Billie era experta en hacerla sentir como una niña pequeña e indefensa de nuevo, pero al mismo tiempo, le brindaba seguridad… ese cariño maternal que le fue arrebatado sin ninguna consideración en el pasado. Y por eso le adoraba tanto.
-No sé por qué empezó esta pelea- seguía diciendo su segunda madre -Pero deduzco que lo culpas por algo…
La joven asintió ligeramente y ella continuó.
-Entiendo si quieres tomarte el tiempo para perdonar, es tu derecho- le aseguró -pero, no importa lo que te hizo, no puedes castigarlo por siempre querida.
-Tienes razón- suspiró Katara -Pero tal vez me lleve un poco más de tiempo.
-Yo no estoy apurándote- bromeó Billie -Y tengo la impresión de que él... bueno, me parece que está dispuesto a ser paciente contigo.
Katara asintió con la cabeza un poco y guardó silencio durante un rato. Billie no quería presionarla, pero podía sentir su lucha interna y eso le preocupó.
-¿Qué es?
La joven respiró fuerte y cerró los ojos mientras se acurrucaba en su abrazo.
-La echo de menos.
Billie asintió cabizbaja y tomó una respiración propia.
-Lo sé querida, lo sé...
Katara no respondió, pero Billie todavía podía sentir como se esforzaba por no retener su llanto.
-Puedes llorar pequeña.
-No- murmuró Katara en voz baja -No puedo.
-También la extraño- confesó Billie -El mundo parecía mucho más seguro cuando estaba ella.
-Sí... lo era.
-Pero sé que si estuviera aquí, nos daría una buena zurra por recordarla con este tipo de lágrimas… así que evitémosle un disgusto.
Katara asintió levemente y ambas cayeron en otro largo silencio. Cuando la chica finalmente se sintió lista para irse, Billie le sonrió de medio lado.
-Bueno, ahora que tenemos todo el material pesado fuera del camino, dime… ¿qué en la tierra podría hacer que ustedes se durmieran y levantaran temprano?
Katara rió con ganas.
-No creo que vayas a creerme.
Billie le sonrió pícaramente.
-Pruébame.
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-Buen día.
Katara se frotó los ojos al llegar a la parte inferior de las escaleras y encontró a los demás esperándola. Ella bostezó y estiró los brazos sobre su cabeza.
-Lo siento, supongo que me quedé dormida- murmuró.
Se había quedado la mitad de la noche hablando con Billie, después de todo. Sokka se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada.
-Todavía estamos a tiempo.
-Temprano querrás decir- se quejó Toph -Debemos llegar con una hora de retraso.
-¿Por qué?- preguntó confundido.
-No somos burócratas Ronquidos… somos gánsters, corredores y contrabandistas- señaló ella con orgullo -Creo que el alcalde raro tiene una impresión equivocada de nosotros.
-Probablemente- coincidió Aang. Él parecía cansado, pero nadie dijo nada al respecto -Pero aun así, tenemos que ayudarlo para que él nos ayude.
-Eso de hecho tiene sentido- acordó Sokka tras un largo silencio.
Se quitó el sombrero y se pasó una mano por el pelo distraídamente, mientras sus compañeros terminaban de desayunar.
-Ah al cuerno con esto, vamos de una vez. Permanecer aquí hablando, no va a ayudar a nadie…
El equipo llegó a la sala quince minutos después de la hora acordada. Ellos habrían estado allí antes, pero Toph se negó a salir del camión puntualmente, por lo que dieron unas vueltas alrededor del lugar. A pesar de todo, el alcalde parecía imperturbable cuando salió a recibirlos en el pasillo principal.
-Ah, ¡ahí están!- llamó con entusiasmo, les estrechó la mano a todos en medio de la recepción -Maravilloso, ¡vamos!
Él se volvió bruscamente y se dirigió hacia en interior del ayuntamiento, más específicamente, hacia una puerta situada detrás delas salas de junta. Los cuatro intercambiaron miradas desconcertadas antes de seguirlo. El alcalde estaba charlando con ellos, mientras caminaba rápidamente por un pasillo alfombrado llena de oficinas.
-Necesito que me digan todo. ¡Todo lo que me he perdido sobre este conflicto!... He estado atrasado de noticias durante casi tres años, ¿pueden creerlo?
Él se echó a reír y los chicos se miraron con desconcierto. El alcalde les hizo pasar a una sala de conferencias, donde una mujer vestida remilgadamente, estaba sentada frente a una máquina de escribir. Ella parecía un poco alarmada de verlos a los cuatro ingresar. Sobre todo cuando Toph se sentó y puso sus pies descalzos sobre la mesa. Aang, Katara y Sokka se colocaron a su lado, ambos chicos encorvados en su asiento y Katara apoyando los codos sobre la mesa. La mujer tragó saliva y miró dubitativa al alcalde.
-Muy bien chicos… esta es mi secretaria, Judy- anunció jovialmente -Judy, ellos son Aang, Katara, Sokka y Toph, mis nuevos consejeros.
Sokka asintió con la cabeza y se quitó el sombrero al igual que Aang, Katara le dio una pequeña cabezada y Toph eructó de nuevo.
-Un placer- dijo la sorprendida mujer, después de unos momentos.
El alcalde no parecía darse cuenta de nada, de modo que los cuatro, pasaron las siguientes dos horas repasando todo lo que podía ser importante para la causa. Sokka hizo sólo una mención de pasada sobre la muerte de su madre. Katara no violó el tema en absoluto, aunque Toph sintió que se tensaba cuando Sokka lo hizo. La historia de Aang era considerablemente más corta que la de los hijos de Hakoda, después de todo, no pasó gran cosa con él durante su año en ese sótano; pero aun así, ésta parecía tener mucho más peso para el alcalde.
Incluso la secretaria sorbió por la nariz y se enjugó los ojos cuando Aang habló sobre la masacre de su familia. Finalmente fue el turno de Toph. Ella tronó los nudillos, golpeó el puño sobre la mesa, señaló el alcalde y dijo con firmeza:
-Esa loca de Azula trató de robar mis ganancias, me arruinó el torneo, invadió mi ciudad y ahora está haciéndole un fraude electoral a la alcaldía. Eso no es correcto.
Toph no añadió nada más, y los otros tampoco lo hicieron.
-Muy bien, así que tenemos la información de fondo- dijo el alcalde al fin, dando una palmadita optimista -Ahora necesitamos un plan de acción… El camino más fácil sería hablar con su alcalde.
Sokka y Katara intercambiaron una mirada, pareciendo incómodos.
-¿Qué ocurre?
-Bueno...
-No tenemos exactamente, un alcalde.
-¿Cómo es eso posible?- preguntó el alcalde, realmente confuso.
-Él eh... dejó vacante el puesto hace tres años- respondió Sokka, haciendo girar los pulgares.
Aang y Toph dispararon miradas sospechosas en su dirección, pero el alcalde no parecía darse cuenta.
-Oh, está bien. Pero ¿por qué no se le ha sustituido? Eso debería haber sido atendido en unos meses, no tres años.
-Fue a causa de los Dragones- suspiró Katara -Ningún candidato ha durado mucho, y la única razón por la que el señor del fuego Ozai no ha puesto ya a alguien en esa oficina, es porque ha estado preparando a su hija para ello.
-Suena como una familia divertida- dijo el alcalde con una risa nerviosa.
-En absoluto- dijo Toph rotundamente -Casi ni le mencionamos a Zuko.
-El jefe Ozai es el peor- comentó Sokka -Se adueñó del liderazgo de la banda por alguna razón, y ahora está empeñado en secuestrar a Aang, por alguna razón.
El alcalde dejó escapar otra risa nerviosa.
-¿Hay alguien que no este tras ustedes, niños?
Ellos intercambiaron una mirada pensativa, luego Katara se encogió de hombros y tomó la palabra.
-No lo habíamos pensado pero ahora que lo dice... sólo usted.
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