Titulo: El destino.
Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.
Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.
Nota:. ¡Hola a todos los que leen! Perdon por el retraso pero he estado ocupadisima, al parecer un examen al mes no es suficiente para mis profesores u.u En fin, gracias por los comentarios del capitulo pasado y como me hicieron la petición en un comentario aquí les dejo los nombres de los hijos de cada quien (mis disculpas por no haberlo hecho antes, soy tan distraída que da pena) Por cierto, para los amantes del Sorato creo que este capitulo les gustara especialmente:)
*Hijo de Taichi Kaichi Yagami de ocho años.
*Hija de Hikari: Kazumi Yagami de nueve años
*Hijos de Yamato y Sora: Hanami y Ayako Ishida de ocho y cinco años.
*Hijo de Takeru: Reiki Takaishi de nueve años.
*Hija de Iori: Natsuki Hida de ocho años.
*Hijo de Daisuke: Kazuo Motomiya de ocho años.
*Hija de Koushiro: Emilyn Izumi de siete años.
*Hijos de Miyako y Ken: Keitaro y Kimiko Ichijouji de nueve y siete años.
*Hijo de Jou: Ryota Kido de cinco años.
*Hijo de Mimi: Yuhi Tachikawa de siete años.
Capitulo 11: Sinceridad.
Por fin domingo. La gente adora los domingos por muchos motivos en particular, el primero de ellos es que no hay trabajo para los adultos que arduamente desempeñan su vocación para llevar el pan a la mesa, claro que si no hay trabajo tampoco hay mas ocupación que atender a sus hijos, llevarlos a comer, al parque o al cine, la cual es la razón principal de que los infantes adoren ese día de la semana en especial.
Para Sora significaba una cosa: hora de volver a Shinjuku.
-¿Por qué andas tan feliz Biyomon? –preguntó la pelirroja pícaramente. –Quizás sea porque viste a Gabumon ayer.
-No me molestes Sora. –pidió el ave rosada un poco avergonzada de que su compañera se diera cuenta de su alegría. -¿Hoy nos regresamos? –preguntó la Digimon.
-Sip, en la noche. –respondió la mujer. –Así que mejor démonos prisa para terminar estas compras que quiero preparar un buen postre para la noche.
-¿Estas emocionada por cenar con Matt y los niños? –indagó Biyomon.
-Un poco, hace muchos años que no cenamos los cuatro juntos y como Ay insistió tanto…
-Ni te hagas que tú también lo deseabas. –aseguró Biyomon metiendo a la canasta de las compras la azúcar.
-Prepararemos tarta de manzana, la favorita de Hanami…
-Siempre cambias el tema, Sora. –se quejó Biyomon al verse ignorada nuevamente por su compañera humana. –Ni siquiera ayer cuando fuimos a casa de Tai y Agumon logramos sacarte algo y eso que éramos tres contra una.
-…Y puedo llevar unas galletas, seguro que Yamato no les compra galletas a los niños…
Biyomon suspiró, esa mujer era un caso perdido.
…
En el parque dos hombre conversaban animadamente mientras veían como sus pequeños más el primogénito de los Ichijouji jugaban un divertido partido de futbol con sus Digimon quienes solo saltaban por el campo tras la pelota y les daban porras a sus compañeros, los tres eran bastante buenos y aunque Keitaro fuera un año mayor Kazu y Kai lo igualaban a la perfección y esto hacia el partido bastante interesante de observar para los dos adultos quienes eran dos morenos portadores del valor.
-Entonces hoy vuelves a salir con Chizuru… -comentó Daisuke. –Parece que se está poniendo serio el asunto. –dijo con picardía.
-No es tan serio tampoco. –replicó Taichi. –Sólo llevamos saliendo un mes más o menos. –aseguró avergonzado.
-Pero yo te veía muy entusiasmado con ella ¿Qué pasó? –preguntó.
-Es que… -el hombre hizo una pausa y tomó aire. –Creo que ver a Sora me afectó más de lo que pensé.
Daisuke resopló y Taichi bajó la cabeza un poco apenado al darse cuenta que seguía pensando en la pelirroja bastante más de lo que debería al ser simplemente su gran amiga de la infancia.
-No lo intentes Tai. –pidió Motomiya. –Con Sora sería todo más complicado, desde jóvenes tú sabias que su corazón pertenecía a Yamato y lo aceptaste.
-Pero nunca lo superé del todo.
-Quizás ya sea tiempo. –sugirió Daisuke. –Quizás sea Chizuru quien te ayudará a hacerlo, deberías darle una oportunidad.
Taichi no quería admitir que su amigo había madurado quizás más que él pero sabía que era verdad y que Daisuke podía tener mucha razón cuando quería.
-Es verdad yo no debería estar pensando esto. –admitió Yagami. –Sora está muerta por Yamato aún y eso se nota. Él jamás podría olvidarle y de eso también estoy seguro, esos dos están destinados a estar juntos. –suspiró.
-Así deben ser las cosas, amigo. Casi como Takeru y Hikari. –recordó Motomiya al acordarse como el día anterior habían aparecido en casa de Jou ambos tomados de la mano y como rápidamente se sonrojaron y se separaron.
-Lo de ellos es aparte. –dijo el hermano de la castaña. –Y en caso de que ellos decidan estar juntos ese Takaishi tendría que demostrarme que no dañará a mi hermana, ella ya no merece sufrir más.
Taichi suspiró invadido por los malos recuerdos y sacudió su cabeza como tratando de no pensar en aquello que había destruido su familia. Sin embargo Daisuke se dio cuenta inmediatamente de que pasaba algo, las muchas veces había notado como al hablar de Kari, Taichi se ponía tenso y como ella se negaba a contar detalles de su vida. Quizás era cierto eso de que la curiosidad mató al gato pero Daisuke prefería ser un gato muerto a un gato ignorante.
-¿Qué pasó con Kari que la hizo sufrir tanto Tai? –indagó nervioso de recibir maldiciones de su más grande inspiración.
-Mi hermana se fue por un camino al cual nunca debió haberse dirigido… -dijo el hombre. –Primero empezó a verse como ese hombre que no le hacía ningún bien pero por alguna razón Hikari no se podía alejar de él. Él le desgracio la vida para siempre…
Daisuke asintió sabiendo que no iba a conseguir que Taichi le contara nada más.
-Mejor vayamos a comer algo a mi restaurante que después tenemos que llevarle a su niño a Ichijouji. –propuso Dai. –Y esa Yolei nos mata si no se lo llevamos alimentado.
..
Una castaña llevaba cargando varias bolsas mientras miraba los demás aparadores. Ir de compras siempre la había animado y ahora que tenía un hijo comprarle muchas cosas a él también le era muy estimulante y claro a Yuhi le encantaba que su madre le consintiera y le comprara siempre lo mejor. Al ver que nada mas le llamaba la atención de los aparadores decidió que era momento de retirarse. Su hijo estaba en casa de los Hida donde la amable Kenya que había resultado ser una admiradora de su programa invitó a Yuhi, Kimi, Emi, Hanami, Ay, Rei y Kazumi a degustar un pastel de moras que había hecho. Afortunadamente todos los niños se habían hecho muy amigos con el paso de los días e incluyendo el hecho de que los adultos se veían cada que tenían oportunidad.
Incluso el día anterior ella, Miyako, Ken, Daisuke, Hikari y Takeru habían ido a visitar a Jou a su casa y Mimi recordó de pronto la enorme sorpresa que se llevaron todos al ver a los elegidos de la Luz y Esperanza llegar de la mano, claro que estos dos se separaron inmediatamente rojos de la vergüenza.
-¿Disculpe le ayudo a llevar las bolsas a su auto? –preguntó con amabilidad un hombre.
-No gracias. –respondió Mimi sonriendo un poco. –Puedo sola. –aseguró dirigiéndose a la salida.
Mimi detestaba que los hombres se le acercaran con motivos tontos e intentaran lanzarle miradas atrevidas o comentarios insinuantes. Estaba harta de todo aquello, ella no quería saber más de hombre había cerrado su corazón al dolor hace muchos años y sólo había una persona que ella estaba segura podría romper esa barrera y estaba parada en este momento frente a ella.
-¿Koushiro? –preguntó al verlo entrando al centro comercial.
El aludido se giró para verla asombrándose mucho. Se acercó y la saludó con cortesía y sonriéndole.
-Mimi que gusto verte.
-Sí. Al parecer una vez que te reencuentras con alguien es cuando más casualmente te lo encuentras. –observó la castaña.
-Así es. –dijo Koushiro. - ¿Qué hacías aquí?
-Pues estaba de compras. –admitió sonriendo ampliamente. –A Yuhi y a mí nos hacía falta un poco de ropa. –agregó mirando sus siete bolsas. -¿Y tú?
-Pues mañana es cumpleaños de mi ex esposa y quería comprarle un regalo. –comentó el pelirrojo. –Siempre nos hemos tratado como amigos.
Mimi le miró con ternura y asintió. Se notaba que hablar de la mujer con la que estuvo casado no le dolía en lo mas mínimo como a ella, Koushiro lo había superado y helo ahí fuerte y decidido como siempre.
-¡Pues yo te ayudo! –se ofreció Tachikawa.
-¿De veras lo harías?
-Claro. –accedió. –Sólo ayúdame a llevar todo esto a mi auto y nos pondremos a buscar algo bueno para esa mujer.
Koushiro asintió con la cabeza y tomo las bolsas en sus brazos observando como Mimi salía por delante de él. No pudo evitar suspirar al mirarla tan fijamente, era preciosa y el jamás había podido olvidar como era probar esos labios con sabor a miel con los cuales había soñado por tantos años. Dejaron todas las compras de la mujer en su automóvil y se concentraron en comprar el regalo de cumpleaños que había llevado a Izumi aquella tarde al Centro comercial.
Después de un par de horas donde Mimi negaba a comprar cualquier cosa y aseguraba que para hacer una buena compra antes se tenían que analizar todas las opciones la mujer había llevado al investigador a todas las tiendas femeninas del establecimiento haciendo así que Koushiro rogara un descanso. Al final le compraron una gargantilla muy bonita que Mimi sabía que a cualquier mujer le fascinaría y más si tenía buen gusto como de seguro lo tenía la modelo Meyami Hanae.
-¿Comemos algo? –ofreció Mimi. –Se ve que estás cansado. Es que no estás acostumbrado a estas cosas…
-Claro, ya había olvidado lo que es ir contigo de compras. –se lamento el pelirrojo. –No lo hacía desde esa vez que buscamos un regalo de despedida para Matt y Sora.
-Es verdad, pero no seas delicado. –pidió Mimi muy divertida. –Si hasta acabamos rápido.
-Pobre de Yuhi, seguro es él quien te tiene que acompañar siempre.
-Oh si a mi hijo le fascina venir de compras. –replicó Tachikawa. –Mira comamos ahí. –dijo señalando una cafetería.
-Bueno. –accedió el de ojos negros.
Los dos llegaron a la cafetería y se sentaron, Mimi feliz y Koushiro exhausto aunque no por eso menos alegre de estar en compañía de la mujer que tenía delante. Ordenaron comida y un par de gaseosas mientras recordaban viejos tiempos.
-Claro que lo recuerdo. –decía Mimi. –Eras un grosero y un desconsiderado conmigo en esos tiempos. –se quejó ella cruzándose de brazos. -¡Siempre me ignorabas!
El se sonrojó ligeramente y dio un sorbo a su refresco de limón.
-Perdón Mimi pero en ese entonces yo estaba más ocupado en intentar descifrar todos esos misterios que nos envolvían. –dijo Koushiro.
-No te disculpes. –pidió ella. –Si no lo hubieras hecho probablemente yo no me hubiera propuesto tan fervientemente conseguir que me prestaras atención y no me hubiera enamorado de ti.
Koushiro se sorprendió de la naturalidad con la que había dicho eso y se apenó un poco pero no por eso dejo de sonreír.
-Entonces me alegro de haberte ignorado.
-Oye tampoco es que estuviera bien que lo hicieras. –alegó Mimi falsamente ofendida.
-Bueno pero tuvo sus beneficios. –aseguró Izumi. –Unos muy buenos.
Mimi asintió contenta de poder hablar de eso con su querido Koushiro. El por su parte no podía quitarle la vista de encima, de verdad que tenerla ahí, comiendo y riendo a su lado era todo lo que había pedido por años y ahora que pasaba sentía como si fuera un sueño. Cuando la veía sonreír como en ese momento aquella sombra en sus ojos que vio cuando se reencontraron parecía nunca haber existido.
..
Taichi golpeó la puerta del departamento donde sabia que vivían Chizuru y Asumi en compañía de sus Digimon Terriermon y Gummymon. En menos de cinco segundos la puerta era abierta por una Asumi muy bien arreglada y muy sonriente.
-¡Oh es usted! –exclamó un poco decepcionada, al parecer esperaba a alguien. Tai se rió.
-Si soy yo, Asumi. ¿Ya está lista tu madre? –preguntó.
-Sí, no ha de tardar.
-¿Puedo preguntar a quien esperabas? –cuestionó Taichi.
-Eh… no era nadie. –dijo sonrojada. –Sólo un amigo, no lo tome en cuenta.
-Dos cosas. –habló el castaño. –Por favor no me hables de usted, llámame Taichi. –le pidió con una sonrisa que a la muchacha le inspiraba confianza. –Y dos. ¿Un amigo?
-Si Taichi. –dijo aun muy avergonzada. –Sólo es un amigo…
En ese momento Chizuru salió de la habitación muy guapa y arreglada bastante casual, aun así Taichi la encontraba bastante atractiva y se lo hizo saber de inmediato ganándose un enrojecimiento de parte de la hermana de Miyako.
-¿Y Kaichi? –preguntó Asumi.
-Se quedó con mi hermana. –respondió Taichi. -Ella y un amigo que se llama Takeru lo cuidan en mi casa.
-Ah, me lo saludas mucho. –pidió la rubia con una enorme sonrisa, el embajador le afirmó.
Así Tai y Chizuru salieron del departamento y justo en la puerta se encontraron con un chico aproximadamente de la edad de Asumi, con el cabello café rojizo muy parado y los ojos marrones, una sonrisa picara. Taichi lo reconoció inmediatamente.
-Eh con permiso. –habló el joven.
-¿Tú no eres el sobrino de Daisuke? –preguntó Yagami.
-Sí. –afirmó Zetsuko. –Soy amigo de Asumi.
-Ya veo. –habló Taichi observándolo detenidamente. –Con permiso.
-Hasta luego, Zetsuko. –se despidió Chizuru saliendo del brazo de Yagami. –No es la primera vez que viene a ver a Asumi. –comentó cuando hubieron subido al auto del embajador.
Esto provocó que Tai se pusiera un poco celoso pues le tenía mucho aprecio a la niñera de su hijo e hija de la mujer a la que estaba pretendiendo. Sin pensarlo más los dos adultos llegaron al cine donde tendrían su salida esa tarde, Yagami había invitado a Chizuru a ver una película de ciencia ficción que tenía muy buenas críticas y ella había accedido encantada. Las entradas y las palomitas corrieron por cuenta del moreno. Adoraba salir con Chizuru, su compañía era muy agradable pues tenían muchas cosas en común, además de que ella era una persona muy comprensiva e inteligente. La reportera también estaba encantada con la personalidad divertida y alegre de Taichi.
El principio de la tan recomendada película dio inicio pero antes de que los créditos acabaran Taichi habló.
-Chizuru. –la llamó-
-Mm. –balbuceó ella mirando la pantalla y comiendo palomitas.
-Me gustas mucho. –dijo simplemente y esto provocó que la mujer se atragantara con su bocado.
Una vez que después de tomarse toda la soda de un trago y haber superado ese incidente con las palomitas Chizuru miro al hombre con detenimiento tratando de adivinar si no estaba mintiéndole.
-Tú también me gustas, Tai.
El hombre sólo pudo atinar a sonreír antes de besarla en los labios.
..
Ajenos a esta situación estaban dos adultos que miraban como un niño de ocho años, sobrino de la mujer jugaba alegremente con su Koromon y el Agumon de su padre en su habitación, TK y Kari observaban la escena desde la puerta con ternura.
-Cuando quiere se porta muy bien. –observó Hikari sonriendo.
-Si. –afirmó el rubio. –Se parece muchísimo a tu hermano, es una suerte que no sea tan activo como él.
-Ni te creas. –negó la castaña. –Conmigo se porta muy bien pero lo he visto con Tai, es un remolino que no para más.
-Nada que ver con tu hija. –recordó Takaishi. –Es muy atenta y calmada. No como mi Rei que es alborotado e inquieto.
-Sí supongo que el eso salió a mí. –se jactó ella riendo. –Es una gran sorpresa que se lleven tan bien ¿No crees?
-Sí, si lo creo. –respondió Takeru. –Reiki mismo me dijo que Kazumi es como su hermana.
Hikari ante esa idea no pudo evitar soltar una carcajada. ¿Es que sus propios hijos presentían que entre sus padres siempre hubo mucho más que una amistad? Takeru también rió con ella y la abrazó por los hombros besando su coronilla.
-No sé cómo pude estar vivo tanto tiempo sin ti a mi lado. –murmuró TK es su oído.
Ella le sonrió más ampliamente y se retiraron de la puerta del cuarto de Kaichi para poder besarse en los labios con cariño. Sencillamente cada beso era como si fuera el primero, dulce, romántico y con tantos sentimientos encontrados.
-Me gustaría poder decírselo a todo el mundo, mi Kari. –masculló el escritor.
-Sabes que a mí también. –dijo ella. –Pero no sería bueno que lo supieran todos cuando apenas estamos volviendo a intentarlo. Menos sería bueno que lo supieran nuestros hijos, no sabemos cómo lo tomaran…
-Rei te tiene mucho aprecio y lo sabes. –confesó TK. –Y creo que Kazumi también me lo tiene a mi ¿No?
-Sabes que sí, TK. –contestó Hikari. –Pero aun así no quiero que se ilusionen y luego que esto no funcione.
-Por mi estoy seguro que funcionará. –dijo firmemente. -¿Es que tú no lo estás?
Hikari resopló. Desearía que Takeru la entendiera y comprendiera sus motivos, no es que dudara de su nueva relación pero es que no quería imponerles a su hija y a su hermano esa situación y luego que como todo lo que había tenido alguna vez esto se esfumara.
-Por supuesto que lo deseo. –replicó la castaña. –Te quiero conmigo por sobre todo, Takeru. –aseguró mirándolo fijamente.
Ante esa mirada por parte de Hikari, Takeru supo que no podía estarle mintiendo, se veía en sus ojos que estaba siendo sincera y que también deseaba con todas sus fuerzas estar a su lado.
-Vamos a esperar lo que haga falta. –concluyó el rubio cediendo ante los deseos de su novia. –Hasta que tú lo consideres buena idea.
Yagami se sorprendió un poco por el repentino cambio de actitud del hombre pero no pudo estar más contenta de que Takeru por fin accediera a su petición por mas inmadura que esta sonase. Pasó sus brazos por el cuello de Takeru y le volvió a besar, completamente feliz.
..
Ayako Ishida había terminado cediendo ante la presión de su hermana mayor y ahora dejaba que Hanami le decorara con todo lo que ella quisiese su yeso color azul así que su hermana estaba concentrada en hacer con aquel marcador rojo una obra de arte con flores de todos los tipos que se le ocurrieran mientras tanto el padre de ambos niños andaba nervioso por la cocina preparando la cena.
-¿Qué harás de cenar, papi? –cuestionó Hanami cuando hubo terminado de decorar el yeso de Ay.
-Comida italiana, la favorita de tu madre. –respondió el rubio apurado. –Gabumon pásame la pimienta.
-Eh Yamato la tienes en la mano. –replicó el compañero digital de Matt.
-Claro… -dijo el hombre como si siempre hubiera sabido que estaba ahí.
-¿Por qué tío Yamato esta tan alterado? –pregunto Yokomon a Hanami.
-Porque hoy viene a cenar mi madre. –contestó la rubia. –Y a papá todavía le gusta.
Ajeno a eso Yamato intentaba no quemar la pasta y dejar las albóndigas bien cocinadas pero sin embargo los nervios de tener a su familia reunida nuevamente lo habían vuelto más torpe de lo habitual y todos se daban cuenta de eso, incluso Ay y Tsunomon que a pesar de ser los más jóvenes sabían que el hombre atravesada por una crisis nerviosa.
-Demonios olvide preparar el postre. –se quejó Ishida golpeando la mesa y llevándose un gran dolor al recordar lo dura que esta era. –Sora seguro me mata.
-Eh Matt… -lo llamó su Digimon que tenía a un Tsunomon dormido en brazos.
-Podría pedir algo por teléfono o correr, comprar algo y decir que yo lo prepare…
-Yamato. –volvió a llamarlo Gabumon.
-¡Rayos! Pero Sora me conoce perfecto sabrá que no lo prepare yo. ¡Ya se! Kenya siempre prepara todo tipo de postres, seguro tiene alguno que me regale o…
-¡YAMATO!
-¿Qué quieres Gabumon? No ves que estoy en un momento cumbre. –se quejó el rubio jalándose los cabellos.
-Es que Sora y Biyomon dijeron que ellas traerían el postre. –le recordó su mejor amigo un tanto intimidado y calmando a Tsunomon que gracias a los gritos se había despertado.
-Ah sí… -masculló entre dientes aliviado. -¿Entonces a qué hora llegaba Sora?
Ayako sonriente se aproximó a su padre y lo abrazó.
-Mami ya no tarda en venir ¡Yo quiero que me acueste y me cuente un cuento!
El padre se enterneció ante la emoción de su hijo más pequeño y le beso el cabello pelirrojo, Hanami no tardo en unirse al abrazo reclamando también un poco de atención de su progenitor. Gabumon sonrió mirando la escena y se llevo a acostar a los Digimon bebes que ya se habían vuelto a dormir.
-Si hijo pero recuerda que no se quedará mucho porque se regresa a Shinjuku más noche. –les comentó Yamato abatido.
En eso el timbre sonó y Yamato se soltó de los niños para ir a abrirle a Sora Takenouchi antes Ishida. La vio ahí parada muy guapa con el rostro ligeramente maquillado como solía traerlo, eso le encantaba al hombre de Sora que siempre se veía natural y así era preciosa. Biyomon también estaba ahí sosteniendo una charola y una bolsa de galletas e inmediatamente ella y Gabumon se saludaron.
-¡Mami! –exclamaron los hijos de ambos y Sora los abrazó gustosa.
-Que gusto que vinieras, Sora. –saludó Yamato besándola en la mejilla.
-Gracias por invitarme.
Biyomon y Gabumon reían ante la actitud de sus compañeros humanos, tantos años viviendo juntos y ahora se trataban tan educadamente como si no hubieran sido compañeros por casi toda su vida.
-Nosotros nos iremos al Digimundo. –comentó el ave rosada dejando el postre que ella y Sora habían horneado y la bolsa de galletas.
-¿Se van? –indagó Hanami confundida.
-Si, creemos que es mejor que cenen los cuatro solos. –respondió Gabumon.
Cuando los dos digitales se hubieron ido la antigua familia feliz se sentó en la mesa para degustar la cena que Matt había preparado tan forzosamente para ellos. La conversación no se hizo esperar, y menos por parte de los niños que le contaban entusiasmados a su madre todo lo que habían hecho desde que la vieron por última vez y no dejaban pasar ni un detalle.
Yamato ya no estaba tan nervioso, eso solo era como en los viejos tiempos, pasar tiempo juntos, reírse de las ocurrencias de sus hijos, escuchar como Yamato les platica de sus situaciones en el trabajo y que Sora alague los dotes culinarios del hombre. Los cuatro se conocían tan bien que a pesar de que habían pasado años desde la última vez que estuvieron los cuatro reunidos en una mesa parecía como si hubiera sido ayer. Sin embargo el tiempo pasó y Sora sabía que tenía que llamar a Biyomon y marcharse…
-¡No mami! –se quejaron los dos pequeños.
-No te vayas hoy. –propuso Hanami. –Tú dijiste que con tu trabajo podías quedarte y mandar los dibujos que haces por correo.
-Si hija pero…
-¡Por favor! –rogó Ayako. –Es más mami, quédate a dormir aquí hoy y si quieres mañana te vas. –pidió el pelirrojo.
Sora se sorprendió bastante de escuchar como sus hijos se habían puesto de acuerdo para hacerle aquella proposición, miró al rubio que se veía tan asombrado como ella.
-Por mí no habría problema. –dijo Yamato. –Puedo dormir en el sofá. –sugirió sonrojado.
-Pero que diría tu novia de eso… -masculló Takenouchi recordando aquello que le venía quemando la cabeza desde que su hija mayor se lo comentó.
Los niños se carcajearon y Yamato también sonrió sintiendo un poco de esos celos que tanto había extrañado en la mujer de la que estaba enamorado.
-Sora yo ya no salgo con esa mujer. –explicó Yamato. –Tus adorables hijos se encargaron de ahuyentarla. ¿O no, Hanami?
La rubia se llevo una enorme sorpresa al verse acusada por su padre.
-¡Ey yo no hice nada! –se quejó la aludida.
-Seguramente. –dijo Sora sarcásticamente. –Hanami tendremos que hablar… lo lamento mucho, Matt.
-Oh no te lamentes, ella y yo no teníamos casi nada en común.
-¡Yo no fui! Ay ideó todo yo ni siquiera sabía. –les relató Hanami ignorando los comentarios de su padre...
-¿Yo? –preguntó el niño inocentemente.
Los adultos no le creyeron ni una palabra a su rubia hija pero prefirieron olvidar el tema y continuaron su plática después de que Sora muy avergonzada accediera a quedarse esa noche con su familia, Ay siguió contándoles todo lo que hacía en la escuela, con su querida maestra Kari y su buen amigo Ryota.
-Y…y entonces les dije que mi papi si era astronauta y… y… -el pequeño Ay cabeceo. Sus ojitos se le cerraban a causa del sueño.
-Me parece que alguien quiere dormir. –se rió Sora. –Ven mi niño te voy a acostar.
-No mami yo voy. –dijo Hana-chan. –Yo también ya tengo mucho sueño. –La rubia bostezó.
Los dos niños besaron a sus padres y se fueron a la habitación del mas chiquito de ellos, Sora y Matt al encontrarse solos se dieron cuenta que sus hijos eran más listos de lo que ellos creían.
-Nunca llegan al postre. –se quejó Sora. –Y yo que prepare la preferida de Hanami.
-¿Tarta de manzana?
-Sí. –afirmó la mujer. –Debía saber que caerían muertos antes.
-Entonces supongo que tendremos que comerla nosotros. –comentó el astronauta partiendo dos pedazos de tarta.
Cuando Yamato la probó le aseguró a Sora lo deliciosa que estaba.
-Había extrañado pasar tiempo junto. –confesó Sora. –Los cuatro.
-Yo había extrañado pasar tiempo contigo. –admitió Yamato apenado, aun así el conocía perfectamente a la mujer y sabia que ella también lo extrañaba.
-Yamato… creo que será mejor que…
-No Sora, no vas a evitar esto. –ordenó Ishida. –Yo se que por mucho tiempo fui yo quien quise actuar indiferente y evitar los problemas que teníamos pero ya no.
-Ya es un poco tarde para eso, Yamato. –comentó la mujer.
-Nunca es tarde cuando hay amor de por medio. –alegó el aludido. –Y aunque sé que debí haberte dicho todo esto antes yo aun siento amor por ti.
Sora no contestó simplemente le miró fijamente con una pequeña sonrisita en el rostro, Yamato adivinó que estaba escogiendo las palabras correctas para explicar lo que sentía en ese momento…
-Yo también siento eso. –reconoció Takenouchi. –Pero entiende que es muy difícil.
-¿Difícil? Sora estamos juntos desde que tenemos catorce. Creo que podemos luchar por esto. –opinó el rubio.
-¿Por qué hasta ahora, Yamato? –quiso saber un poco molesta. -¿Por qué no me dijiste todo esto hace un año o hace dos? ¿Por qué ahora?
-Porque en tan poco tiempo ha pasado tanto que me he dado cuenta lo difícil que me era vivir sin ustedes. –afirmó con voz fuerte y clara. –No los dejaré ir. –se dijo muy decidido. –Sora te amo.
La pelirroja no dijo nada y escondió la cara entre sus dos manos dejando salir aquellas lágrimas que había estado tratando de ocultar desde que había visto a Yamato en casa de los Ichijouji, las lágrimas que la acosaban cada noche al voltearse en su cama y verla vacía sin aquel hombre que por tantos años amaneció junto a ella. Yamato no quería verla llorar así que la abrazó dejando que esta mojara su hombro con lágrimas saladas.
-Yo también te amo, Yamato… pero no quiero hacerte daño. Tampoco quiero que tú me lastimes ni que nuestros hijos sufran.
-Todo eso se arreglará solo si confías en mí.
-Yamato… -suspiró acercando su rostro al del hombre.
..
En esos mismos instantes en la habitación de Ay los dos hermanos Ishida estaban asomados en la puerta observando atentamente la escena que se desarrollaba frente a ellos, sus padre hablaban de manera muy sincera y ellos estaban muy concentrados en tratar de escuchar lo que hablaban.
-Ojala hablaran más fuerte. –comentó Hanami.
-Shhh cállate hermana, no escucho. –le ordenó su hermano menor.
-Oye háblame con más respeto, mocoso. –le espetó la rubia. –No puedo creer que nuestros padres no vean el tipo de demonio que eres. –se lamentó.
-No soy ningún demonio.
-Ay fue a ti a quien se le ocurrió esta cena. –replicó Hana. –Y fuiste tú quien quiso distraer a mamá hasta que fuera tarde y pedirle que se quedara a dormir. Y fingiste tener sueño y… ¡Y sólo tienes cinco!
Ay sonrió maliciosamente. Su cerebro había sido privilegiado con aquellas malévolas ideas que lo había sacado de más de un apuro en varias ocasiones.
-¡Mira, hermanita! –exclamó el pelirrojo. –Se abrazaron. –dijo mirando como los dos se abrazaban mientras Sora lloraba.
-Que romántico. –musitó Hana. –Mira ahora están volviendo a hablar. –miró con interés.
-Hermanita ¡Se van a besar!
-Cállate o nos van a ver. –le pidió en silencio. –Es cierto… ¡Se están besando!
Los dos niños se abrazaron muy conformes y satisfechos al ver a sus padres ponerse en plan romántico, sentían esperanzas y deseos grandes de que su familia volviera a ser lo que solía ser antes, volver a vivir juntos, unidos y tener ese lazo que por tantos años los había hecho sentir seguros.
-Se siguen besando. –dijo ensoñadoramente la niña.
-Y de qué manera. –agregó Ay al notar la pasión con la que sus padres se besaban. –Deben de extrañarse mucho, hermanita.
-Sip. –afirmó la rubia. –Mira que no respirar nadita para besarse así. ¡Qué lindos!
-Wow van los dos a la habitación de papi. –señaló el pelirrojo.
-Seguro se van a poner a hablar de todo y se vas a arreglar. –comentó Hanami.
-¿Deberíamos ir? –preguntó Ay.
-¡No! No podemos interrumpirlos. –negó la niña. –Seguro tendrán una plática muy larga ahí en el cuarto.
-Sí. Es que nuestros papis se aman.
-Así es Ay, ellos se aman.
Nota Final: Bieno espero que les haya gustado:) No tengo mucho que agregar salvo que gracias por leer y por aún recordar este fic. ¡Besos!
