Trucos de Salón

Cap. 33

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-¡Señor alcalde!- gritó Katara cuando irrumpió en el Ayuntamiento a toda prisa.

-Señor donde...

Ella se detuvo en seco justo al centro de la sala principal. El lugar estaba completamente vacío.

-Tengo un mal presentimiento sobre esto- susurró.

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-Aang, dentro de ti se mantiene dormido un gran poder- dijo Pathik solemnemente.

Los dos estaban sentados con las piernas cruzadas en el suelo delante de la fuente, Aang estaba poco a poco, tomando conciencia de la cantidad de vida alrededor. Había mariposas revoloteando cerca del techo de cristal, lirones comiendo bayas de los arbustos cercanos, colibríes zumbando sobre las flores, ardillas voladoras y lagartijas saltando de rama en rama...

-¿Aang? ¿Estás escuchando?

Aang parpadeó y volvió a mirar a Pathik.

-Oh, lo siento- se disculpó tímidamente -Estoy prestando atención. Adelante.

Pathik le sonrió.

-Está bien. ¿Supongo que no has oído hablar de los chakras?

Aang lo miró extrañado.

-¿Qué es un chaka?

-Hm... Tal vez deberíamos probar un enfoque diferente- murmuró Pathik -Recuérdame. ¿Qué año es este?

-Uh... 1927- Aang respondió lentamente, cada vez más confundido.

-Sí, sí por supuesto- rió entre dientes -Tienes dieciséis, ¿correcto?

-Diecisiete dentro de un par de meses...

-Supongo que los chicos de dieciséis, hacen las mismas cosas que siempre han hecho- murmuró Pathik pensativo, rascándose la barbilla con barba.

-¿Qué quieres decir?- preguntó un poco a la defensiva.

Pathik rió de nuevo.

-Se meten en problemas, toman, se enamoran- dijo, encogiéndose de hombros.

Aang frunció el ceño, pero no encontró respuesta razonable. Después de todo, tenía razón.

-¿Y?

-Háblame al respecto- dijo Pathik, encogiéndose de hombros -Háblame de ti, de tu vida. Dime lo que quieras.

Aang mantuvo el ceño fruncido, pero Pathik sólo le sonrió.

-Soy un oyente muy bueno.

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-La última vez que vi a Billie, estaba en la casa de huéspedes- dijo Sokka, sentado en la parte trasera del camión de su padre -¿Por qué la estás buscando?

-Sólo le echamos un ojo a la familia- respondió Bato con una sonrisa -Nos enteramos que había algunos problemas por aquí.

-Ya veo- suspiró Sokka, mirando por el callejón al lado de la Casa de Chatter, mientras el camión se detenía.

Él frunció el ceño.

-Que diablos...

-Sokka, ¿a dónde vas?- le gritó Hakoda a su hijo, mientras éste saltaba a la acera y echaba a correr por el callejón.

-Creo que Toph está en problemas- gritó de vuelta, doblando la esquina a toda velocidad.

-¿Toph? ¡Toph! ¡¿dónde estás?!- los ojos de Sokka cayeron sobre lo que había visto desde el camión.

Alguien yacía tendido en el suelo entre un montón de grava. Sólo Toph le pudo haber causado esto a alguien sin la audiencia de la policía. Miró a su alrededor en el callejón, viendo que otro hombre era estrellado contra la pared, destrozando las rocas. Él desdichado dejó escapar un gemido, pero no tuvo tiempo de reincorporarse porque Sokka se acercó y lo agarró por el cuello.

-¿Dónde está ella?- gruñó.

El hombre sólo se quejó una y otra vez, incapaz de articular palabra. Sokka lo miró exasperado. Había un contenedor de basura metálico incrustado en la pared, con un enorme agujero perforado desde el interior. Sokka parpadeó sorprendido.

-Qué podría...

-¿Sokka?

El aludido se dio vuelta, sorprendido.

-¡Toph!- gritó con emoción, corriendo hacia adelante y atrapando a la chica en un abrazo monstruoso -¡Estoy tan contento de que estés bien!

La colocó de nuevo sobre sus pies, sólo para encontrarla mirándolo como si estuviera loco.

-Um- empezó, levantando una ceja.

Sokka se sonrojó y tiró del sombrero más abajo sobre sus ojos.

-Quiero decir- murmuró, aclarándose la garganta -Estoy contento de que no estás en problemas. Ya sabes, no me siento con ganas de matar a nadie en este momento.

Toph rodó los ojos.

-Vaya, gracias.

-Y yo que pensaba que los caballeros estaban extintos- se burló su padre, mientras él y Bato se unían a ellos en el callejón.

Sokka y Toph se ruborizaron miserablemente y los hombres dejaron escapar una carcajada. Luego Hakoda vio a los dos hombres en su estado actual de pérdida del conocimiento y el contenedor destrozado.

-¿Qué rayos pasó aquí?

-Te lo explicaré más adelante- dijo Toph a la carrera, corriendo hacia la calle -Tenemos que encontrar a Aang y Katara.

-¿Qué? ¿Por qué?- le preguntó Sokka, corriendo detrás de ella.

-Si estos idiotas me encontraron a mí, alguien peor podría encontrarlos a ellos.

-Niños, adelántense- dijo Hakoda -Bato y yo tenemos que ir a ver a Billie.

-Gracias papá- gritó Sokka al doblar la esquina y salió corriendo hacia su nueva Susan.

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Katara parpadeó sorprendida cuando notó las puertas de una bodega por encima de su cabeza. No sabía cuánto tiempo había estado allí, ni sabía exactamente dónde estaba. Lo único de lo que estaba segura, era de que Azula y sus compinches habían estado esperando por ella en el Ayuntamiento y que fue superada en número lamentablemente.

-¿Y ahora qué?- preguntó (sin moverse del sillón que había formado con cajas polvorientas) cuando escuchó los seguros de la puerta moviéndose -¿Vienes por más insultos Azula? ¿O tal vez sólo necesitas una de estas cajas?

-Incorrecto.

Oyó la voz venenosa de la chica desde la parte superior de la escalera.

-Acabas de conseguir un compañero de celda.

Momentos después, nada más y nada menos que Zuko aterrizó de rodillas, cerca suyo y a los pies de la escalera. Las puertas se cerraron de golpe detrás de él.

-Oh, genial- Katara suspiró frustrada -Como si esto no fuera ya muy tonto.

-¿Qué estás haciendo aquí?- le preguntó oscuro, poniéndose de pie y lanzándole una mirada iracunda.

-Oh, tú sabes, pensé que encerrarme en un sótano durante un tiempo sería divertido- ella le frunció el ceño -¿Qué crees que estoy haciendo aquí idiota?

-Así que te atrapó también- murmuró, mirando alrededor.

El piso era de tierra, las paredes de ladrillo y estaba lleno de cajas, frascos y rocas. Una linterna antigua colgaba de la puerta, proporcionándoles muy poca luz.

-Vaya, ¿qué te hace decir eso?- ella rodó los ojos con fastidio.

-¿Siempre estás tan difícil o es sólo cuando estoy aquí?- escupió Zuko, sentado en el suelo, contra la pared frente a ella y con el ceño fruncido.

-Lo siento, no puedo comentar sobre eso- respondió ella a la ligera -Tengo esta política en la que no respondo a preguntas tontas, hechas por matones como tú.

-Oh, ¿tratar de secuestrar a tu novio me hace un idiota?- cuestionó con sarcasmo.

-Cállate- le espetó Katara, de repente sentada en su silla y mirándolo fieramente.

Zuko se sorprendió sobre manera, sintiendo incluso un atisbo de miedo al mirar el odio en sus ojos.

-Yo no tengo que explicarte nada. Ni siquiera tengo que hablarte. Puedes ser su prisionero, pero todos son iguales.

-¿Quién? ¿Mi familia?

-Los Dragones- susurró ella -No les importa nada, solo ustedes mismos. Yo en cambio, me preocupo por la gente. Me preocupo por él. ¿Y tu crees que sólo puedes ir y llevártelo lejos para reparar tu estúpido orgullo herido?

La joven apretó los puños y cerró los ojos, visiblemente ofuscada. Zuko se quedó en silencio.

-No tienes idea de cómo tú y tu gente me han afectado. A mí especialmente- ella apretó los dientes y se alejó de él -Los Dragones me quitaron a mi madre.

Un silencio cayó entre ellos. Ninguno dijo una palabra ni movió un músculo hasta mucho rato después.

-Eso es- empezó él en voz muy baja -algo que tenemos en común.

Katara se puso rígida, pero no respondió. Acaba de asimilarlo y lo miró con desconcierto. Zuko volvió la mirada hacia sus pies.

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Aang sintió que había estado hablando durante horas. Nunca había hablado mucho acerca de su vida. Pero una vez que empezó, él simplemente no pudo parar. Pathik parecía satisfecho por este resultado. Antes de darse cuenta, le estaba diciendo todo sobre ese extraño sentimiento, sus miedos, sus remordimientos, sus deseos. Y cada frase volvía hacia el mismo tema.

-Ella es perfecta- exclamó frustrado, a la mitad de su perorata que por sexta o séptima vez relataba su pelea con Katara.

-Ella es todo, absolutamente todo para mí. No hay una sola cosa de ella que quisiera cambiar. ¡Y ahora me odia!... No entiendo lo que hice mal, y así… ¡¿cómo se supone que puedo arreglarlo?!

Aang dejó escapar un suspiro antes de continuar.

-Es ridículo. Estoy enamorado de ella. ¿No es eso lo más ridículo que has escuchado?

Por primera vez, Pathik lo interrumpió.

-¿El hecho de que estés enamorado de ella?- preguntó en tono divertido -¿Es eso lo que es tan ridículo?

-No... Por supuesto que no. Sería ridículo si no lo estuviera. ¿He mencionado que es perfecta?- el viejo gurú sonrió divertido.

-No, lo que es ridículo es cuan enamorado estoy de ella. Quiero decir, solo tengo dieciséis por el amor de Dios. Se supone que debo preocuparme por cosas estúpidas como coches y armas de fuego y alcohol, al igual que Sokka. ¡Pero no!, tengo que ir y caer rendido como un loco, quiero decir... ¡ella es como una tormenta!, te golpea y te protege y te hace volar… todo de repente… y luego estas atrapado justo en medio del diluvio y... estoy empapado y me estoy ahogando, pero no quiero volver a no estarlo, ¿entiendes?

Finalmente dejó de hablar, dejando escapar un largo suspiro.

-Wow- dijo sin aliento -Estoy cansado. Eso fue agotador.

-¿Crees que la apertura del espíritu no cansa?

Pathik reía entre dientes.

-¿Mi espíritu?- repitió el chico, ahogando un bostezo.

-Tu espíritu es lo que te distingue, Aang- dijo Pathik sabiamente -Es lo que te hace ser el Avatar. Cada espíritu es eterno, pero el tuyo se mantiene aquí en la Tierra, en lugar de pasar al mundo de los espíritus… Aun así, todavía sigue unido a ti en esta vida, así que puede ser abrumado por problemas mundanos. Para controlar el Estado Avatar, el espíritu debe ser libre.

-¿Libre de problemas mundanos?- dijo Aang lentamente, bostezando de nuevo- ¿Qué significa eso exactamente?

-Eso es algo que tú y tu Katara deben aprender juntos- respondió Pathik, sonriendo.

Aang se lo quedó mirando con el ceño fruncido.

-¿Mi Katara?- repitió y luego se detuvo, tirando una sonrisa en sus labios -Mi Katara. Me gusta cómo suena eso. Mi Katara.

-Debe tener cuidado con esas inclinaciones posesivas, Aang- advirtió Pathik en voz baja -Ámala, pero no la tengas por un objeto del cuál eres dueño.

Aang dejó escapar un resoplido de risa.

-¿Dueño de ella?, por favor- se burló para sus adentros -Eso es como decir que voy a apoderarme del océano o algo así. Es imposible.

Pathik sonrió, pareciendo contento.

-Estoy impresionado. Tu espíritu está en mejores condiciones de lo que pensaba…

Pero luego, el hombre frunció el ceño pareciendo consternado.

-Entonces, ¿qué es lo que te impide controlarlo?

-Pensé que se suponía que ibas a decirme eso- dijo Aang a través de un tercer bostezo.

Pathik negó con la cabeza, divertido.

-Puedo ver que estoy perdiendo tu atención, así que vamos a intentar algo más relajado ahora que resultó. Quiero que medites, Aang. Medita en el Estado Avatar. Encuentra la fuente de tus dificultades con él.

-Meditar suena bien.

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El silencio estaba empezando a molestar a Katara. Le gustaba la calma tanto como la persona de la que venía, pero un Zuko ceñudo desde la esquina no estaba ayudando a nadie.

-Mira, no tomes esto como un cumplido o algo- comenzó abruptamente -Pero salvo la esquizofrénica de tu hermana, no tengo nadie con quien hablar más que tú.

Ella lo miró y él le ofreció una sonrisa burlona a regañadientes, luego suspiró con seriedad.

-Zuko, ¿qué estás haciendo aquí?

Él frunció el ceño.

-¿Te refieres a la bodega? Pensé que habíamos hablado de esto.

-Me refiero a Ba Sing Se- replicó ella, haciendo caso omiso de la evasión -No nos seguiste hasta aquí… ¿verdad?

-No- suspiró él -Mi tío decidió que debíamos salir de Omashu por un tiempo. Tratamos de permanecer fuera del radar de Azula… pero al parecer, ella ya estaba aquí por tu novio.

El pecho de Katara se estrujó incómodamente cuando se refirió a Aang como su novio. Zuko no tenía idea de lo mal que estaba su relación en este momento, ni sabía que nunca habían estado realmente juntos, pero se las arregló para hacer daño. Y curiosamente, ella no culpaba a Zuko. No importaba lo fácil que hubiera sido eso.

-¿Dónde está?... Tu tío, quiero decir.

Zuko se encogió de hombros.

-Buscándome, si yo tuviera que adivinar. Quería hacer frente a Azula solo, así que le dije que se fuera. Pero ella como de costumbre, no estaba interesada. Los funcionarios de la prohibición son un dolor de cabeza real.

Katara asintió a regañadientes. Él la miró con ironía.

-Así que… ¿el Avatar va a venir a rescatarte?, porque se está poniendo muy peligroso por aquí.

Katara pensó en ello. Deseaba que su respuesta hubiera sido un 'sí' instantáneo, pero no fue así. ¿Aang vendría por ella, después de todo lo que había sucedido?

-Sí, va a venir- dijo en voz baja, sonriendo.

Y no miserablemente

-Él me encontrará. Yo sé que lo hará.

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-¡Katara!

Pathik saltó sorprendido, cuando Aang se puso en pie.

-Aang, ¿qué pasa?

-Katara, creo que está en problemas- respondió él con voz alterada.

Se pasó una mano nerviosa por el pelo y se esforzó por regular los desesperados latidos de su corazón.

-Yo... la vi. En mi cabeza. La escuché.

-¿Tuviste una visión?

-Sí, ¡exactamente!, Ella está encerrada en algún lugar con Zuko… ¡Podría estar en peligro!- gritó por encima del hombro, mientras corría hacia la salida.

Appa salió del laberinto de plantas y corrió junto a él. Ladraba con ansiedad, como si entendiera las palabras de su dueño. Pathik corrió tras ambos.

-Aang, ¡no! Si te vas ahora, ya no podrás controlar el Estado Avatar.

Aang se detuvo en la puerta y miró hacia atrás.

-No me importa, tengo que salvarla- dijo en voz baja, cerrando la puerta detrás de él.

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El camión de Sokka rugía en su marcha por la ciudad, mientras que él estiraba el cuello por la ventana.

-¿Los ves?- llamó con urgencia.

Toph rodó los ojos.

-Sí Sokka, los veo.

-Oh cierto, lo siento.

-¡Sokka! ¡Toph!

El camión se paró en seco. Aang y Appa derrapaban por la calle hacia ellos. Ambos chicos saltaron a la acera y miraron al chico de ojos grises con preocupación.

-¿Estás bien?- preguntó Toph con firmeza.

-Estoy bien, pero Katara está en problemas- jadeó Aang, con las manos sobre las rodillas mientras trataba de recobrar el aliento -Conocí a un gurú y él me estaba ayudando a meditar y tuve una visión.

Sokka y Toph se le quedaron mirando con otro tipo preocupación. Él levantó la mirada y les frunció el ceño.

-Lo digo en serio- exclamó, frustrado -Katara está encerrada en algún lugar con Zuko.

-¿Has visto dónde?

Los tres de ellos se volvieron, sorprendidos. Aang y Sokka cayeron en posiciones defensivas al ver quien caminaba hacia ellos, pero Toph solo sonrió.

-Te recuerdo- dijo amablemente, dando un paso adelante y estrechándole la mano -¿Qué estás haciendo en Ba Sing?

-Toph, ¿conoces a este tipo?- siseó Sokka.

Toph le frunció el ceño.

-Uh, algo así. Nos encontramos en la calle una vez...

-Toph, este es el Tío Iroh- dijo Aang, con un tono de advertencia en su voz -Literalmente es el tío de Zuko.

Toph se detuvo, con las cejas levantadas.

-Oh… Honestamente no puedo decir que lo imaginara.

Iroh levantó las manos en un gesto conciliador.

-Por favor, no estoy aquí para iniciar problemas- dijo seriamente -Creo que podemos ayudarnos unos a otros.

Aang y Sokka se relajaron un poco, aunque con cautela.

-Tú dijiste que tenías una visión de Zuko. ¿Has visto dónde está?

-Ellos estaban en un sótano… no estoy seguro- respondió Aang.

Iroh frunció el ceño.

-Así que ahí es donde los llevó.

-¿Quién y a donde?- rompió Sokka.

-Azula- suspiró Iroh -Zuko y yo hemos estado aquí por un corto tiempo… para evitarla de hecho. Simplemente manejábamos una tienda de té, pero ella se enteró de que estábamos aquí de alguna manera y fuimos detenidos. Nos llevaron a la alcaldía y yo me las arreglé para crear una oportunidad de escape, pero Zuko se quedó atrás.

-Así que están en el Ayuntamiento- dijo Aang rápidamente -Vamos entonces.

-Espera espera, espera- lo cortó Sokka en voz alta -¿Cómo? ¿qué?... ¡¿Lo estás dejando que venir con nosotros?!, no creo…

Estaba diciendo, al tiempo que hacía un gesto violentamente hacia Iroh, pero Aang acababa de dibujar un aspecto sorprendentemente imponente, que lo hizo callar.

-Tengo que salvarla- sentenció Aang.

Su tono era bajo pero demandante. Finalmente les lanzó una mirada apremiante antes de subir a la parte trasera del camión, con su perro pisándole los talones. Toph se encogió de hombros y caminó hacia el asiento del pasajero. Iroh siguió a Aang en la parte posterior y Sokka, refunfuñando para sí mismo todo el tiempo, se subió en el asiento del conductor y se puso al volante.

-Ese chico tiene un mal genio- murmuró.

Toph sonrió con orgullo.

-Él sólo quiere que Katara esté a salvo, lo sabes- señaló -Y teniendo en cuenta la forma en que esos dos han estado… me gustaría darle al chico un respiro.

Sokka farfulló por un momento. Claramente, él no había estado esperando una respuesta real de Toph.

-Sí, bueno…

Hizo un intento de volver a escena, pero ambos sabían que no tenía ninguno. Así que sólo frunció el ceño.

-Mierda.

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Katara frunció el ceño, mirando como Zuko dibujaba patrones en la tierra con el dedo.

-Sabes... probablemente podría curarla- dijo en voz baja.

Él la miró intensamente.

-La cicatriz, quiero decir.

Los ojos del chico se agrandaron con sorpresa, pero ella solo se encogió de hombros.

-Yo sé que es algo importante para ti, y no has tratado de hacerme daño ni una vez en todo el tiempo que hemos estado aquí...

-El tío me ha llevado con curanderos antes- la interrumpió en voz baja -Esta no es una cicatriz normal.

Katara lo miró astutamente por largo rato. Ella suspiró y sacudió la cabeza, llegando hasta la parte delantera de su camisa y sacando un frasco de cristal pequeño, atado a una cadena de plata alrededor de su cuello.

-Nunca he dicho a nadie sobre esto- dijo humildemente -Cuando llegué a dominar el Agua Control, mi profesor me dio esto… Fue obsequiado por los espíritus desde el origen en la Destilería del Norte. ¿Lo recuerdas?

Él asintió con la cabeza.

-No es agua común. Se supone que tiene las propiedades curativas más poderosas del mundo. En las manos de una maestra agua, podría ser suficiente.

-¿Harías eso por mí?- preguntó dubitativo.

El ceño Katara se endureció.

-Puedes empezar de nuevo sin esa cicatriz- dijo con firmeza -Puedes dejar de preocuparte por tu orgullo y podrás dejar de perseguir a Aang.

La comprensión amaneció sobre el rostro de Zuko, aunque no estaba seguro de por qué.

-Yo no quiero que lo lastimes nunca más. Así que si hago esto por ti, tienes que hacer eso por mí.

Zuko asintió con la cabeza.

-Ya entiendo. No lo estás haciendo por mí, lo estás haciendo por él- dijo en voz baja.

Ella se encogió de hombros y para su gran sorpresa, sonrió un poco.

-En ese caso, seguro.

Katara inclinó la cabeza hacia un lado, confundida.

-Espera, ¿me dejarás hacerlo porque no lo hago por ti?

-Bueno, sí- respondió Zuko, como si fuera obvio -Sería raro si lo hicieras por mí.

Katara se encogió de hombros.

-Vamos a ver...

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