Titulo: El destino.
Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.
Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.
Nota:. De verdad no tengo perdón de dios ni de ustedes por lo muchisimo que tardé en volver a esta página. Enserio no sé que me ocurrió, de pronto ya no tenía el interés, las ganas y el tiempo de poder escribir y leer, sin embargo hace exactamente una semana más o menos (o lo que es lo mismo, el 1ero de Agosto) vi la fecha y lo que pensé automaticamente fue: Digimon. Me sentí tan nostalgica y tan mal por haber dejado este proyecto botado que aquí estoy, intentando enmendarme.
Bueno, si alguien aún recuerda este fic, muchas gracias por leer a pesar de lo que he tardado en actualizar. Quizá muchos perdieron el hilo de la historia pero sugiero volver a leer, al menos superficialmente, algunos capitulos, sobre todo porque lo estoy editando (corrigiendo errores de dedo y otras cosas, nada de vital importancia) así que ya saben.
Ahora por fin, a leer.
*Hijo de Taichi Kaichi Yagami de ocho años.
*Hija de Hikari: Kazumi Yagami de nueve años
*Hijos de Yamato y Sora: Hanami y Ayako Ishida de ocho y cinco años.
*Hijo de Takeru: Reiki Takaishi de nueve años.
*Hija de Iori: Natsuki Hida de ocho años.
*Hijo de Daisuke: Kazuo Motomiya de ocho años.
*Hija de Koushiro: Emilyn Izumi de siete años.
*Hijos de Miyako y Ken: Keitaro y Kimiko Ichijouji de nueve y siete años.
*Hijo de Jou: Ryota Kido de cinco años.
*Hijo de Mimi: Yuhi Tachikawa de siete años.
Capitulo 12: Realidades innegables.
-¡Feliz cumpleaños Mimi!
-¡Happy Birthday mom!
Mimi abrió los ojos cuando escuchó el grito eufórico inconfundible de su único hijo y la exclamación de Palmon, había olvidado por un instante que ese día era su cumpleaños, aun así Yuhi no lo había hecho y se la había lanzado abrazándola y dándole una tarjeta. Afortunadamente ahora podía decir que su vida estaba mucho más completa, había pasado el tiempo rápidamente y ahora recordaba como si hubiera sido ayer el día que su amigo Koushiro y ella pasearon por aquel Centro Comercial cuando en realidad había sido hace aproximadamente dos meses.
-¿Tú la hiciste, cielo? –cuestionó la castaña mirando enternecida la tarjeta que le daba su pequeño.
-Si mami, Kimi-chan me ayudó. –comentó el niño. -¿Te gustó?
-Es preciosa, cielo. –dijo la mujer. –Muchas gracias.
-Yo te hice el desayuno Mimi. –le dijo su compañera digital.
-Oh vaya Palmon que considerada. –alagó la mujer. –Muchas gracias a ambos.
Cuando por fin se espabiló ayudó a su hijo a escoger la ropa que usaría esa tarde, todos sus amigos habían organizado una comida y Daisuke ofreció cerrar uno de sus restaurantes para ellos. Mimi un poco azorada había accedido ante la perspectiva de una gran fiesta con toda la gente que la quería. Ella, Yuhi, Palmon y Tanemon desayunaron entre comentarios alegres de parte de todos y el pequeño tuvo que admitir que desde que su madre había vuelto a verse con sus antiguos amigos su semblante era más feliz y hacía semanas que no la escuchaba llorar y eso lo ponía muy alegre.
Se ducharon y se vistieron para salir a la calle ya que Mimi había prometido llevar a su pequeño al cine y por el hecho de ser su cumpleaños ella escogería la película la cual Yuhi estaba seguro terminaría siendo una romántica que a él le aburriría muchísimo, pero todo fuera por su mamá…
Puede que casi nunca se llevaran bien y que él la encontrara muy inmadura pero la quería muchísimo, después de todo ella y Tanemon eran todo lo que el niño tenía en esta vida. Palmon y Tanemon se quedaron en casa y quedaron de verse con sus compañeros en el restaurante de Motomiya para darles más privacidad a la cumpleañera y su hijo; llegaron al cine y al final escogieron una comedia que los convenció a ambos, entonces Mimi miró su celular el cual sonaba insistentemente.
-Hijo ve a comprar tus palomitas en lo que yo contesto. –pidió la mujer. –No tardare.
-Ok mamá. –respondió Yuhi tomando el dinero que su mom le ofrecía.
Mimi respondió el celular.
-¿Hola?
-Hola Mimi. –saludó una voz que la hizo estremecerse hasta la medula. –Que gusto escucharte.
La castaña tuvo que sostenerse de una columna para no perder el equilibrio ¿Qué hacia el llamándole y más en estos momentos en los que se hallaba tan bien? Tenía a sus amigos, hace semanas que ella y Yuhi no peleaban y además estaba Koushiro con el que se frecuentaba cada vez más.
-¿Qué quieres Michael?
-Parece que estás ocupada. –dijo la voz del hombre que tanto la había hecho sufrir al engañarla. –Mimi sólo quería hablar con Yuhi…
-No será necesario pues él no está aquí ahora.
-Mimi, no me niegues a mi hijo.
-¡Serás idiota! –exclamó furiosa. –Tú renunciaste a él y te recuerdo que fue porque estabas comprometido ¿O es que ya lo olvidaste?
-Mimi se que cometí un gran error pero le he contado a Annette lo de Yuhi y ella quiere conocerlo.
-¿Annette es tu esposa? Aquella por la que rechazaste a tu sangre. –dijo fríamente.
-No seas tan dura conmigo.
-Lo siento pero no tengo intención de seguir esta conversación estúpida. –concluyó Mimi. –Como tú mismo dijiste, estoy ocupada…
-¡Yuhi está en su derecho de verme!
-Él te ha visto, nunca le he ocultado tu existencia, Michael. –replicó Mimi.
-Sólo le he visto tres veces en toda su vida, Mimi. –dijo el americano. –Y eso era porque mi esposa no sabía nada pero ahora ella lo sabe y está de acuerdo con que lo incluyamos más en mi vida. Incluso darle mi apellido.
-¡Pero a mí no me interesa que ahora la sangre te esté llamando! –bramó la mujer sin importarle atraer miradas curiosas. –Olvídalo Michael…
-Él tiene una hermana, acaba de cumplir cinco. –comentó el hombre. –Nicole, Annette y yo estamos en Japón y…
-¿Qué demonios vienes a hacer aquí? –cuestionó sintiendo una impotencia terrible.
-Annette quería conocer Japón. –contestó Michael. –Así que quiero ver a mi hijo…
-Vete al demonio. –espetó la elegida de la Pureza colgando el celular.
Cuando colgó la mujer sintió rabia y deseos de patear todo lo que se le presentaba en frente, tenía unas ganas de echarse a llorar como no las había tenido en meses. Hace tanto que no se sentía tan desdichada y por más que quisiera aparentar que todo estaba bien sabía que no podría mantenerse de pie.
-Ya compré las palomitas, mamá. –dijo Yuhi acercándose con las rosetas de maíz. -¿Estás bien? –preguntó notando el semblante ausente de Mimi.
-Claro cielo. –contestó ella. –Entremos.
Y con todo el dolor del mundo fingió una pequeña y débil sonrisa, sonreír nunca había sido tan difícil como en ese momento cuando más ganas tenia de soltar una y mil lagrimas. Apagó su celular, no quería más sorpresas desagradables.
…
El rubio estacionó su auto justo a la entrada de la casa de Hikari Yagami. Se giró hacia su primogénito quien divertido miraba las gotas de lluvia que caían por la ventana, hace unos instantes que había comenzado a llover y al niño rubio le encantaba eso, Tokomon lo imitaba como queriendo adivinar que de entretenido tenia ver caer un montón de agua del cielo.
-Espérame en el auto hijo. –pidió Takeru. –Patamon te lo encargó.
-¡Si TK!
-No papá. –se quejó Rei. –Yo me quiero bajar también.
-Ni hablar, hijito. –negó el rubio. –No me voy a tardar solo iré a ver si Kari y Kazumi están listas. –explicó.
-No es justo. –replicó su hijo. –Quiero ir.
-Quédate. –ordenó el escritor y a Reiki no le quedó más que obedecer.
Takeru bajó de su auto y subió por las escaleras hasta el piso donde habitaba la mujer de su vida y su única hija. Al llegar tocó suavemente la puerta y esperó pacientemente a que le abrieran, ya era común para el pasarse por ese departamento y más cuando Kazumi era invitada a casa de algún amiguito y él y Kari podían pasar un rato juntos y solos, la verdad entre ellos las cosas estaban mejor que nunca. Se querían con locura y eso era demasiado obvio para cualquiera que les observara por más de diez segundos.
-Hola guapo. –murmuró la voz conocida de Hikari sonriéndole.
-Hola preciosa. ¿No me invitas a pasar? –pregunto guiñándole un ojo.
-Ya vamos tarde, Takeru. –le hizo ver Kari. –En otra ocasión te invito a pasar con mucho gusto.
El rubio suspiró abatido.
-Si no hay de otra. –Kari sonrió ante la comprensión de su amado. - ¿Y Kazumi?
-Se termina de vestir, Salamon y Gatomon están con ella. –respondió Yagami.
-¿Eso quiere decir que estamos solitos en la entrada? –preguntó traviesamente tomándola de la cintura.
-Takeru. –reprendió ella con paciencia. –Ahora no…
-No entiendo porque te niegas a que todos lo sepan. –espetó el hombre. –Yo quiero decirle al mundo que por fin después de tantos años estoy con la mujer que amo.
-Y yo también lo deseo, mi Takeru. –añadió Kari. –Quizás tienes razón y ya es tiempo de que se sepa pero aun no estoy muy segura…
-¿Qué más da mi Kari? –indagó él. –Que lo sepa el mundo que lo que siento por ti no cambiaria nunca.
Ella sonrió ampliamente.
-Parece que estas muy profundo el día de hoy. –comentó la educadora. -¿Inspiración?
-¿Cómo no estar inspirado si te tengo a mi lado?
Hikari se derritió ante las palabras dulces de Takeru y su mirada llena de cariño y amor. Entrelazó sus brazos por detrás del cuello del hombre y lo besó en los labios lentamente y con un poco de temor.
Lo que ninguno de los dos sabia era que la escena era observada por un rubio que se había escabullido al ver que su padre tardaba demasiado en volver y se empezaba a aburrir. Reiki casi se va de espaldas al ver a su padre besándose con la madre de su mejor amiga. Prefirió correr del lugar y no delatar su presencia.
..
-¡¿Qué?!
La mayoría de los que estaban en el cine se giraron a mirar al emisor de aquel grito ensordecedor. Al salir de la película Mimi había pedido a su hijo sentarse un momento a conversar en la fuente de sodas del lugar y le había comentado la mayoría de la conversación que había tenido con Michael.
-A mí no me interesa ver a ese hombre, mamá. –afirmó el niño firmemente golpeando la mesa.
-Lo sé hijito. Sólo sentía que tenía que serte sincera y decírtelo, perdón si te molesté. –se disculpó la castaña.
-Da igual mamá porque lo que dad haga nos tiene sin cuidado ¿Verdad? –preguntó con la mirada fija en su madre. -¿Verdad que no nos importa?
-No hijo. –contestó Mimi, ambos sabían que estaba mintiendo. Se notaba que les importaba y mucho. –Hay algo más. El dijo que estaba en Japón.
-¿Qué? ¿Pero qué demonios hace aquí?
-Hijo cálmate. –le rogó Tachikawa. –Vino de paseo. Y hay algo mas, él dijo que tienes una media hermana.
-¿Una hermana? –se llevó una gran sorpresa. –Ese hombre ahora aparece ¡Me dice que quiere verme, que está aquí en Japan, y que tengo una hermana! ¿Desde cuándo no lo veo mama? Desde que cumplí cinco me parece.
-Calma Yuhi.
-Es que no tiene perdón. Claro que no quiero verlo pero saber que tengo una media hermana…
-Yo sabía que eso no te lo tomarías tan a la ligera. –le reconoció Mimi. –Hijo, se hace tarde ¿Quieres que terminemos de hablar de esto en casa?
-Sí. –accedió el muchachito. –Pero algo si te digo mamá, jamás viviré con él ¡Yo vivo contigo!
Mimi le sonrió tristemente a su único hijo, ella tampoco quería separarse de él y eso era lo único que le importaba en ese momento. Le abrazó sin importarle que él se removiera un poco molesto entre sus brazos y se prometió a si misma ser el doble de fuerte por él. Se lo merecía.
…
La gente poco a poco se iba reuniendo en el establecimiento de Motomiya quien estaba muy entusiasmado de hacer aunque sea una pequeña celebración, él y su esposa Akane eran de las personas que amaban tener cualquier detalle para celebrar.
-Zetsu si quieres puedes irte. –ofreció su tío. –Nos las podremos apañar bien nosotros.
-Eh… -el joven titubeo. –No tío está bien. Me quedo. –dijo.
-¿Seguro? Tal vez preferirías irte a pasear. Tu madre me comentó que tienes novia…
Esto provocó en el joven un sonrojo inmediato y una mirada nerviosa. Esa era exactamente la razón por la que quería quedarse, Asumi-chan estaría en la celebración y quería verla. Akane se acercó a los dos con el pequeño Kazuo de la mano.
-Daisuke, no molestes a Zetsu. –le reclamó Akane.
-Déjalo tía. –habló el joven. –No es su culpa que mi madre sea tan entrometida…
-Eso es cierto mi hermana habla hasta por los codos, yo no sé como tu padre la aguanta. –se rió Daisuke.
-¿Entonces tienes novia, primo? –cuestionó Kazu sorprendido. –Así serás más creído de lo que ya eres.
-Tu cállate enano.
Poco a poco el restaurante de los Motomiya fue llenándose de amigos y Digimon que llegaban para dar lugar a la pequeña reunión que harían por el cumpleaños de Mimi. Los primeros en llegar fueron TK, Kari, sus hijos y sus Digimon, los adultos llegaron un poco preocupados por la cara de fantasma que había llevado Rei todo el camino. Luego les siguieron Taichi, Chizuru su ahora novia, su hijo y la hija de la mujer también con sus Digimon. Luego habían llegado Koushiro, Emi con Tentomon y Motimon. Después llegaron los Ichijouji y los Hida y por ultimo había llegado los Kido.
Habían acondicionado el lugar solo acomodando tres mesas largas para todos. En una mesa estaban los adultos y la mayoría de los Digimon, en otra estaban sus hijos y sus compañeros digitales y la última era ocupada por algunos Digimon que se habían quedado sin lugar y por Asumi que se había puesto a conversar alegremente con Zetsu.
Koushiro y Jou se habían puesto a charlar sobre el trabajo del segundo y cómo había curado a un Seadramon herido mientras que Gomamon y Tentomon bromeaban sobre sus compañeros humanos. Miyako se había acercado discretamente hacia Kari aprovechando que su marido y Daisuke estaban enfrascados en su conversación. Todos se daban cuenta que la relación de los elegidos de la Luz y la Esperanza había cambiado y aunque no se hubiera confirmado todos tenían sus sospechas y Miyako quería confirmarlas, lamentablemente la castaña estaba enfrascada en una conversación con TK y los Hida.
En ese momento los Ishida llegaron tomados de la mano y con sus dos hijos siguiéndoles el paso. Hace poco que habían decidido volver a estar juntos formalmente y habían cancelado los papeles del divorcio. Para todos había sido muy gratificante saber que volvían a ser pareja, en especial para Takeru que estaba feliz por su hermano. O bueno para casi todos…
Taichi no podía evitar sentir aquella sensación extraña en el pecho al verla sonreírle de esa forma al rubio. Sabía que tuvo su oportunidad hace muchos años e incluso volvió a tenerla ahora al verla separada y las dejó escapar sólo por mantenerse al margen de ese amor que el tanto había deseado que fuera para él. No podía evitar sentir ese remolino en el pecho, no estaba seguro de lo que sentía por Sora pero si estaba seguro que era muy especial.
Chizuru era mujer y no era nada tonta, se daba cuenta de la forma en la que su novio miraba a aquella mujer pelirroja y no podía evitar sentirse perdida…
-¿Tai estás bien? –indagó mirando su vista extraviada.
-Sí, linda. –afirmó el moreno. -¿Nos sentamos con tu hermana?
Chizuru supo que Tai había querido cambiar el tema rápidamente pero no dijo nada, lo prefería mas así…
Minutos más tarde llego Palmon con Tanemon y en menos de cinco minutos llegaron Mimi con su hijo ambos con un rostro que no se veía para nada como de celebración, al contrario, parecía que se dirigían a un funeral en lugar de una fiesta de cumpleaños. Sus amigos felicitaron a Mimi muy calurosamente, en especial las chicas y claro Jou que siempre fue muy cercano a ella y por supuesto Koushiro quien la adoraba. Aun así para ninguno paso desapercibo aquella sombra en sus ojos que hace mucho que no tenia, en especial para Izumi quien ya se había acostumbrado a verla sonriente y feliz.
-¿Pasó algo, Mimi? –indagó Sora muy preocupada.
-Hijo ve a sentarte con tus amigos. –pidió la mujer. Yuhi asintió muy desganado.
Todos prestaron atención a lo que fuera a decir su amiga, en especial Palmon que estaba muy angustiada pues cuando la había visto ella se encontraba muy bien.
-Michael me llamó, dice que está en Japón y que ahora quiere ocuparse de Yuhi. –explicó con los ojos llorosos.
-Eso es terrible. –dijo Miyako. –Ese hombre es un desobligado ¿Y qué se cree? ¿Qué todo gira en torno a él?
-Estoy de acuerdo contigo. –concordó Takeru mirando a la mujer con lástima.
-¿Qué vas a hacer, Mimi? –preguntó Palmon a sabiendas de cómo le dolía a su amiga hablar de eso.
-Por supuesto que no quisiera que él se acercara ni a mí ni a Yuhi. –respondió sin poder retener las lágrimas. –Pero eso depende de él y de lo que quiera hacer.
-Claro, debes respetar su decisión. –opinó Hikari.
-Si es tu hijo y se parece a ti seguro decidirá lo mejor. –le dio ánimos Biyomon.
-Y escoja lo que escoja tiene que verte ahí a su lado. –aseguró Koushiro. –Fuerte.
-Lo intento de verdad. –soltó llorando. –Y además viene diciendo que Yuhi tiene una hermana y que ella y su esposa quieren conocerlo…
-Eso es tan grotesco. –opinó Akane Motomiya. –Eh perdónenme que me meta pero como yo veo la situación el está usando ese argumento para justificar todo.
-Tienes toda la razón. –la apoyó Yamato. –Eso es de cobardes.
-Supongo que sí pero si mi hijo quisiera frecuentar más a Michael o quizás vivir con él un tiempo no hay nada que yo pudiera hacer…está en su derecho de saber más de su padre. –dijo muy abatida. –Yo querría hacerlo.
-Vamos Mimi. –habló Miyako. –Es tu cumpleaños, deja tus preocupaciones para después. –pidió animada.
-Miyako tiene razón, Mimi. –afirmó Iori. –No hay nada que no pueda esperar.
-Si, no te agobies por asuntos como esos ahora. –dijo Taichi.
-Gracias. –agradeció Tachikawa llorando de nuevo, esta vez de alegría al poder contar con amigos tan buenos.
Todos le infundieron su apoyo a la cumpleañera y cuando los dueños del lugar sirvieron la comida no tardaron en degustarla con muchos más ánimos que hace un rato, Mimi se había animado bastante, mas con la ayuda de su amiga Miyako que le sonreía incansablemente y con las dulces palabras de Sora, también la había ayudado que Koushiro sujetara su mano con fuerza dándole valentía.
Pero la paz no duró casi nada pues después de comer los infantes no tardaron en comenzar a dar molestias a sus padres con la idea en la cabeza de ir a jugar al parque de enfrente.
-Hijo pero no pueden ir solos. –le negó Miza Kido a su pequeño Ryota.
-No te preocupes Miza, yo iré con él. –prometió Gomamon. –Bukamon y yo lo cuidaremos.
-No sé, Gomamon… -la mujer no se veía muy convencida.
-Ándale mami. –suplico Ryo. –Es que todos van a ir…
Los Digimon se habían ofrecido a llevarlos y cuidarlos mientras los adultos terminaban de comer y charlar sobre sus cosas, además de que los dos jóvenes del lugar, Asumi y Zetsu, también habían dicho que los mantendrían vigilados así que ninguno se negó.
-Cuídate mucho hijito. –le pidió Sora a su pequeño. –No querrás volver a tener que usar yeso.
-¡No mami ya no quiero! –exclamó Ayako.
-Bueno entonces no hagas locuras. –intervino Yamato. –Te lo encargamos, Hanami a ti también Tsunomon.
Los aludidos afirmaron en voz alta y fue así como todos los niños animados –excepto Yuhi que iba más por presión de Kimi que por ganas. –partieron al parque. Kazu, Keitaro y Kai llevaban un balón de futbol entusiasmados con practicar un rato.
Al llegar al parque cada uno se vio haciendo lo que quería. Hanami, Yokomon, Natsuki, Upamon, Ayako, Tsunomon, Ryota, Bukamon y Kazumi con Salamon se habían sentado en el suelo a ver a los demás y a platicar. Por su parte los tres futbolistas estrellas buscaban un buen lugar para llevar a cabo su partido seguidos por Minomon, Koromon y Chibimon. Reiki y Emilyn habían conseguido una pelota de baloncesto por parte de unos chicos mayores que se las habían prestado y aunque al principio la pelirroja se quedaba sin habla al estar frente al rubio había logrado emitir palabra y ofrecerse a jugar con el con Tokomon y Motimon de espectadores.
Mientras Kimiko, Poromon, Yuhi y Tanemon habían ido a los columpios, los dos adolescentes se habían sentado en una banca después de comprar unos helados y los Digimon mas grandes observaban desde una distancia prudente. Agumon discutía algo con Biyomon y Gabumon mientras que Gatomon y Patamon estaba enfrascados en una conversación que parecía muy seria pero que solo ellos sabían de que se trataba.
-En enserio Kimi. –repitió el castaño. –Por favor déjame solito con Tanemon un rato. –rogó mirando el suelo.
-Pero no quiero que te quedes solo. –alegó la peli lila. –Además no quiero ir para allá, está Kazu y me da vergüenza.
-Kimiko, por favor. –volvió a decir Tachikawa. –Vete con Emi-chan o con tu prima Asumi o no sé. Enserio quiero estar solo.
-Yuhi no estés triste. –pidió Tanemon muy frustrada al no poder animar a su compañero.
-Deberías hacerle caso, Kimi. –le comentó Poromon a la hija menor de los Ichijouji. –Se ve que de veras quiere estar solito un rato.
La niña suspiró molesta.
-Está bien. –aceptó con sus ojitos azules preocupados. –Pero no estés triste Yuhi-chan por favor.
Dicho esto salió corriendo para unirse a Tokomon y Motimon como espectadora del juego de baloncesto entre Rei y Emi que era más bien ver quién podía meter la pelota en la canasta más veces. Emi iba ganando.
-¿Por qué estas tan distraído Rei? –indagó Tokomon mirando al rubio con suspicacia.
Pero el pálido niño tenía la mente en otro lado que no era aquel lindo parque y tampoco era la dulce pelirroja que le estaba dando una paliza. Mientras tanto Kai parecía haber encontrado el lugar perfecto para su partido ¿Cómo no lo noto antes?
-Aléjate de aquí, Yagami. –ordenó Hanami mirando las intenciones del moreno. –Nos vas a dar un pelotazo.
-Oye pero si esta es una cancha. –alegó el niño ofendido. –Es para jugar no para sentarse.
-¡No me importa! Llegamos primero. –dijo firmemente la rubia.
-Pero nosotros queremos jugar, Ishida. –replicó molesto. –Y ustedes se pueden sentar en cualquier otro lado.
-¡No!
-No te enojes, Hanami-chan. –le dijo su Yokomon mirando como la niña perdía la paciencia.
-Eh… Hanami, ¿No pueden irse más para donde está el pastito? –preguntó Kazuo titubeante. No estaba del todo animado desde que había visto a su primo de la mano de su amor platónico y niñera de su mejor amigo, Asumi.
-Pero…
-Ya no seas testarudo primo y vete a jugar a otro lado. –le pidió Kazumi a Kaichi.
-Pero prima…
-Anda vámonos a jugar allá Kai. –secundó Keitaro sonrojado después de mirar a Kazumi. –Has caso.
-O nosotros vayamos a las banquitas, hermanita. –sugirió Ay.
-O a donde están los más grandes. –agregó Ryo.
-¡No! –negaron tanto Kai como Hanami muy decididos.
-Eh… -Natsuki un poco intimidada por la pelea se había puesto de pie con Upamon en sus brazos. –Hanami yo iré por allá…
Su mejor amiga la ignoró completamente porque estaba muy ocupada fulminando a Kaichi con la mirada. La castaña caminó con su Digimon amarillo que iba tarareando una de esas canciones que su madre cantaba cuando horneaba sus deliciosos pasteles. Así la pequeña de ocho años llego hasta los columpios donde un castaño se mecía mirando el suelo sin ningún tipo de emoción.
-¡Anímate, Yuhi! –exclamaba Tanemon. -¡Anímate!
La castaña se sentó alado del niño sin decir ni una sola palabra y el la miró con sorpresa. Yuhi no recordaba haber tenido nunca una conversación con ella pero la recordaba bien, su madre una vez los había invitado a merendar y era la única entre sus amigos en tener aquellos profundos ojos verdes, lo sabía porque el siempre había dicho que era el color más lindo de todos.
-Deberías escuchar a tu Digimon. –opinó sonrojada. – A-Anímate. –tartamudeo tímidamente.
-¿Debería?
-Claro. –afirmó Nat. –No sé qué te esté molestando pero nada puede ser tan malo…
-Quizás tengas razón. Nada puede ser tan malo ¿No?
-Claro que no. –apoyó Natsuki Hida.
-¡Eso, ya te animaste! –gritaba Tanemon entusiasta.
-Si supongo que si…
Yuhi sonrió un poco analizando aquello. Nada puede ser tan malo ¿Conocer un poco más a fondo a su padre podía no ser tan malo? ¿Y enterarse de aquella hermana?
A unos metros de ahí Reiki se había excusado diciendo que estaba cansado y la pelirroja llamada Emi que si lo estaba en realidad no tardo en ir a sentarse con Kimiko a las bancas donde su amiga la había estado observando, así el rubio pudo escabullirse y llegar con quien verdaderamente necesitaba hacerlo. Notó como su prima Hana-chan discutía a viva voz con Kaichi pero no le dio importancia, Hanami tenía ese carácter. Tomó del brazo a Kazumi y la jaló sin importarle nada más.
-¡Oye! –se quejó ella. -¿Qué te pasa?
-T-Tengo que decirte algo. –balbuceó muy alterado y de los nervios.
-¿Qué es? –quiso saber curiosamente.
-Es sobre nuestros padres…
-¿Qué pasa con ellos, Takaishi? –se desesperó. –Sólo habla.
-Pues… ¿Ves que son así muy amigos?
-Claro, se llevan increíble y todo gracias a nosotros que los juntamos. –recordó con alegría. -¡Aun no puedo creer que conozco a TK Takaishi mi gran héroe!
-¡Kazumi! –la llamó aun mas alterado. –Ese no es el punto. Nuestros padres no son amigos.
La castaña se llevó una sorpresa al escuchar esto.
-No digas tonter…
-¡Los vi besarse!
Eso sí que había sido inesperado. ¿Besarse? Ella no quería que su madre se besara con nadie. No le gustaba la idea de que tuviera novio.
..
La noche había llegado muy rápido para todos, los niños habían llegado ya hace un rato, acompañados de los Digimon. Ayako y Ryota se habían dormido en brazos de sus madres y todos los Digimon bebes también lo habían hecho en brazos de sus padres, o sea los Digimon más grandes. Ya era hora de irse y todos estaban consientes así que se fueron despidiendo poco a poco para partir.
-Mimi ¿No quieres ir a tomar una copa? –preguntó Koushiro un poco avergonzado. –Sigue siendo tu cumpleaños y no me gustaría que te deprimieras ni un solo momento en el.
La castaña se asombró bastante, esas actitudes no eran propias del Izumi que ella recordaba y aun así le encantaban.
-Pero Yuhi…
-Por el no te agobies. –intervino Miyako que había escuchado todo. –Se puede quedar a dormir en casa. No habrá ningún problema.
-¿Segura?
-Por supuesto Mimi. –respondió Ken. –Tu hijo será bienvenido.
-Perfecto. –soltó el pelirrojo. –Entonces sólo llevo a Emi a casa de Meyami y…
-Nosotros la pasamos a dejar, Koushiro. –ofreció Sora. –Después de todo yo sé donde vive Meyami Hanae ya que le vendí uno de mis modelos hace no mucho.
-Y por nosotros no se preocupen. –añadió Tentomon señalándose a él y a Palmon. –Que nos vamos al mundo digital.
La mujer terminó aceptando la propuesta después de ver como todos sus amigos se habían puesto muy de acuerdo para no dejarles ningún obstáculo y subió al auto de Izumi dirigiéndose a su departamento donde tomarían una copa y charlarían de sus vidas. Cuando llegaron Mimi sonrió y miro el departamento de su amigo, se notaba que ahí vivía un soltero y claro que se notaba también que era padre pues el lugar no se salvaba de un par de muñecas tiradas en el suelo.
El pelirrojo le sirvió una copa y él se sirvió otra, se pusieron a charlar de muchas cosas, pero evitaron tocar los temas duros. Hablaron sobre la relación que tenían Hikari y Takeru y que trataban de ocultar pero era demasiado obvia, comentaron la reconciliación de Matt y Sora y sobre como esto los había alegrado mucho a ambos, también de que la novia de Tai era muy guapa y que había resultado una coincidencia que fuera hermana de Miyako.
Contaron anécdotas divertidas de sus hijos y de sus Digimon, recordaron los viejos tiempos en el Digimundo, rememoraron aquellos días cuando comenzaron su noviazgo y para la medianoche ambos estaban exhaustos y muertos.
-Que tarde es. –dejo salir Mimi un poco angustiada.
-Quédate aquí, total vivo yo solo y tu hijo está con Miyako. –ofreció Koushiro.
-¿De verdad? –pregunto ilusionada. –Podría dormir en el sofá o…
-Quédate en la habitación que usa Emi cuando viene.
Mimi se despertó cuando sintió los rayos del sol colarse por una ventana propia de la habitación donde se hallaba. No era su cómoda cama, era ajena. De pronto recordó que era obvio que no fuese su cama si tampoco se encontraba en su casa, se hallaba en la residencia de Koushiro, su antiguo novio y amigo. Salió de la habitación rumbo al baño y después buscaría a su amigo para agradecerle dejar pasar la noche ahí. Al abrir la puerta vio Koushiro que miraba ensimismado un monitor.
-¿Trabajando tan temprano? –preguntó Tachikawa asombrada.
-Eh pues si algo así…-explico el hombre- Creo que mi curiosidad no me dejaba estar tranquilo.
Tras las palabras del pelirrojo Mimi sonrió anchamente, la gente no cambiaba con facilidad y el pelirrojo no era la excepción.
-¿Descubriste algo nuevo? –indagó ella arrastrando una silla y poniéndola a su lado.
-Son cosas del trabajo que aun no comprendo muy bien. ¡Es tan frustrante!
-Entiendo el sentimiento de impotencia, Koushiro…
Él le pasó su brazo por los hombros y ella recargo su cabeza en el varonil pecho de Izumi, su respiración extrañamente lograba tranquilizarla mucho más que mil discursos. Ella alzó el rostro y se encontró con esos ojos negros que escondían tantos misterios, a Mimi no le gustaban las incógnitas pues era impaciente, aun así le era imposible no perderse entre todas las interrogantes que Koushiro significaba.
Él la observó intranquilo, tenerla tan cerca lo ponía nervioso y al mismo tiempo feliz. No sabía el motivo pero sentía una dicha enorme al poder verla a los ojos. Se acercaron torpemente y él cerró sus ojos por un instante pero Mimi no lo hizo.
-Koushiro no, –dijo muy apenada
-¿Eh? Lo siento mucho Mimi yo… -se disculpaba el avergonzado hombre.
-No es nada de eso –se apresuró a alegar la mujer –Es que estoy horrible. Recién levantada y ni me he dado un baño, no quiero que nuestro primer beso sea así.
El pelirrojo enrojeció hasta las orejas al oír eso. ¿Primer beso? ¿Es que ella planeaba que habría más? Porque él esperaba que sí.
-Nunca podrías estar horrible, ni aunque te lo propusieras –aseguró el antiguo elegido del Conocimiento y ella sólo sonrió tímidamente.
Volvieron a acortar la distancia y esta vez no hubo excusa que los negara a besarse con aquella dulzura infinita, sus labios parecían amoldarse a la perfección y no había mayor satisfacción que aquella que sentían en ese momento.
GRACIAS POR LEER!
He aquí el capitulo por el que les hice esperar tantísimo. Tenemos Mishiro, tenemos Takari, tenemos a Michael y sus repentinas ganas de ser padre, tenemos a los niños y sus niñerias, tenemos a la pareja de adolescentes de Zetsu y Azumi (vaya mal primo, robandole la novia a Kazu) y tenemos a Natsuki que de vez en cuando se decide a hablar un poco. Espero que les haya gustado y MIL GRACIAS POR TODAVÍA LEER.
Besos
