Trucos de Salón
Cap. 34
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-¿Algo en su mente, Aang?
Aang se sobresaltó un poco. Iroh le sonreía desde el otro lado del camión, acariciando a Appa.
-Oh, eh...- balbuceó antes de soltar una risa nerviosa -Es sólo que... la última vez que estuvimos en la parte trasera de un camión juntos, tu sobrino me había secuestrado.
Iroh se rió entre dientes.
-Tienes razón, lo había olvidado.
Los dos de ellos se quedaron en silencio, Aang con el ceño fruncido en sus rodillas mientras el carro de Sokka pitaba a través de la ciudad. Iroh miró a Appa, que dejó escapar un quejido suave.
-Pero algo más te molesta- dijo Iroh.
Aang lo miró.
-Me han dicho que soy fácil para hablar.
El hombre mayor le sonreía con solemnidad, de esa manera que le recordaba a su gente… infundiéndole confianza. Aang suspiró.
-Tú eh... ¿sabes mucho sobre el mundo de los espíritus?- preguntó vacilante.
-Usted está hablando con la persona adecuada- sonrió Iroh -Hay leyendas entre la banda del Dragón que dicen que he estado en el mundo de los espíritus.
Aang parpadeó sorprendido.
-¿Es cierto?
Iroh se encogió de hombros.
-No sé. ¿Tú que crees?
Aang lo miró perplejo.
-Puedo ver que no voy a obtener una respuesta directa.
-Usted es sabio para alguien tan joven. Ahora, ¿que te está molestando?
-Bueno... supongo que, ya sabe… el Avatar, eh... quería liberar mi espíritu- dijo lentamente, haciendo girar su sombrero entre las manos -Olvidarme de... los apegos mundanos y esas cosas.
Hizo una pausa y levantó la vista. Al frente, Iroh estaba impasible, por lo que continuó.
-¿Cómo hago eso?
Iroh frunció el ceño.
-¿Puedo preguntar por qué deseas liberar tu espíritu?- preguntó con seriedad.
-Oh...
Aang suspiró, tratando de sonar casual.
-Para ganar el poder ilimitado del universo.
-Ah- fue la simple respuesta de Iroh.
Aang esperó en silencio mientras Iroh pensaba, lentamente rascando las orejas de Appa.
-¿Qué quieres decir con los apegos mundanos?
-Mira... de eso se trata- murmuró Aang -No estoy seguro.
-¿Así que esta fue la instrucción que recibiste de otra persona?
Aang se encogió de hombros.
-¿Usted que piensa?
-Que usted es un ser infinitamente poderoso- rió entre dientes -En este contexto, supongo que apego mundano… sería todo aquello que valoras y a quien sea que ames.
Aang se congeló.
-Alguien... ¿que ame?- repitió lentamente. Iroh asintió con la cabeza.
-Como el Avatar tienes un espíritu que puede controlar el poder y energía del universo, pero también está unido a tu cuerpo terrenal- continuó -Parece que a fin de permitir que el poder fluya, tú debes renunciar a lo que te une a este mundo.
-De ninguna manera- dijo Aang inmediatamente -¿Por qué habría de hacerlo? Yo…
Él miró hacia abajo, suspirando profundamente.
-No sé lo que debo hacer.
-Si usted me pregunta- dijo Iroh después de un largo silencio -Es un hombre sabio aquél que elige el amor por sobre el poder.
Aang lo miró, pareciendo miserable, incluso Appa se quejó con simpatía. En ese momento, el camión paró en seco.
-Bueno, fuera todos- llamó Sokka.
Aang y Iroh miró a su alrededor con sorpresa, ellos estaban en la acera en frente de la alcaldía. Los cuatro salieron del camión con Appa en la retaguardia.
-Iroh y yo vamos por Katara y Zuko- dijo Aang con firmeza -Sokka y Toph, vayan a buscar al alcalde.
-Entendido pies ligeros- dijo Toph rápidamente.
La chica cogió a Sokka por el codo y subió las escaleras del City Hall. Iroh miró a Aang pareciendo contrariado.
-¿Tienes un plan?
Aang asintió con la cabeza y se agachó, presionando las palmas de las manos contra el pavimento y cerrando los ojos. Todavía tenía problemas con lo que Toph llamada "vista de tierra"… pero había mejorado. Poco a poco.
-Vamos- murmuró para sí mismo -Vamos Katara, dime dónde estás...
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¿Señor alcalde?- llamaba Sokka.
Él y Toph corrían en las entrañas del edificio.
El lugar estaba oscuro y desierto.
-Esto es probablemente malo.
-Cállate ronquidos, estoy tratando de escuchar- espetó Toph.
Sokka se dio la vuelta, solo para encontrarla agachada en el suelo y con las palmas presionadas contra la piedra lisa. Ella frunció el ceño.
-Nadie. Todo el mundo se halla en las últimas habitaciones. Espera... dos personas están llegando en esta dirección.
Ella se puso de pie rápidamente y señaló una de las puertas que conducían fuera de la sala principal, ésta crujió momentos más tarde y dos chicas caminaron dentro. Una de ellas era alta y delgada, vestida con un traje negro. La otra era más baja y vestía un traje de color rosa chocante. Sokka y Toph las reconocieron al instante, pero algo más inquietaba a Sokka.
La cirquera estaba usando una chaqueta verde, abierta sobre su vestido, y había un alfiler de oro en la solapa con la forma de una serpiente de mar. Fue suficiente para reconocer la chaqueta.
-Hey- gritó –Cuando…
Pero antes de que pudiera decir otra palabra, la otra chica había desenfundado un par de pistolas y Toph tuvo que agarrarlo por los tirantes para sacarlo de la línea de fuego.
-La próxima vez no podré salvarte- gruñó ella, girando y golpeando un puño en la tierra que disparó dos pilares a través del piso.
Su ataque lanzó a las dos chicas hacia el otro extremo de la habitación. Sokka finalmente sacó su arma y estaba más que listo, cuando la puerta en la parte posterior de la sala se abrió de golpe. Todos se volvieron. Allí estaba Azula, junto a dos oficiales de la prohibición, remolcando a un alcalde mallugado y totalmente sometido. Azula le apuntó a la sien y sonrió.
-Esta lucha ha terminado- dijo.
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Katara frunció el ceño ligeramente mientras sacaba el tapón del frasco de vidrio pequeño. Ella miró a Zuko, quien a su vez la estaba mirando con curiosidad.
-¿Estás listo?- preguntó en tono más bien sombrío.
Zuko se encogió de hombros.
-Sí, supongo...
-No- dijo Katara con firmeza -Tienes que estar preparado. Completamente. Debes estar dispuesto a cambiar y seguir adelante con tu parte del trato.
-Estoy listo entonces, lo siento- respondió apresuradamente.
Katara ladeó la cabeza un poco.
-Wow. Estas legítimamente tratando de cambiar, ¿no?- dijo en voz baja.
Zuko suspiró.
-Nunca pensé que diría esto, pero sí. Mi tío piensa que hay una vida mejor para mí.
-Bueno, tu tío es un hombre sabio- dijo en voz baja –Quédate quieto y…
Ella fue interrumpida por la bodega siendo destrozada y por el estruendo que causaron las puertas al "abrirse". Tanto ella como Zuko se dieron la vuelta, sorprendidos.
-¿Katara?
Ella casi dejó caer el frasco debido al alivio que le producía reconocer esa voz.
-Aang- suspiró ella, sonriendo mientras corría a su encuentro -Me encontraste. Veniste por mí, sabía que lo harías.
Aang no parecía oírla, ya que estaba demasiado ocupado poniéndose firmemente entre ella y Zuko.
-¿Te lastimó?- preguntó oscuro.
-¿Qué?- Zuko se puso a la defensiva.
Pero a continuación, Iroh le había envuelto en un abrazo aplastante.
-Aang no- dijo Katara con angustia, Aang por fin la miró -Está bien, los dos estábamos presos. Hemos estado hablando.
Aang resopló y le lanzó otra mirada a Zuko.
-¿En serio?, ¿Encerrados aquí juntos y ustedes solo hablaron?
-¿Perdón?- siseó la chica -¿Qué es exactamente lo que estás diciendo?
Aang reaccionó por fin ante el tono de la chica y frunció el ceño al darse cuenta de lo que estaba diciendo. Al parecer sus celos habían crecido de 0 a 100 en menos de dos segundos y estaban haciendo que perdiera el control, por lo que decidió pararlos en seco. Era cierto que pedían a gritos liquidar a Zuko, pero esa impulsividad no estaba realmente justificada.
-Nada, olvídalo.
-No, de verdad Avatar- gritó Zuko, desenredándose a sí mismo del abrazo de su tío -¿Qué ibas a decir? ¿Crees que tu novia no es de confianza?
Aang gruñó, sintiendo como su ira ganaba terreno. Zuko parecía corresponder a ese sentimiento y los dos parecían a punto de enfrentarse entre sí, cuando Katara se interpuso entre ellos, poniendo una mano firme en el pecho de Aang.
-¿Sabes qué Zuko?, Yo no soy su novia- dijo con frialdad -Nunca he sido su novia. Ni siquiera estoy segura de que sigamos siendo amigos, después de la forma en que ha estado actuando.
-¿Eso es lo que quieres?- espetó Aang, alejándose de ella -Sabes, la próxima vez, creo que voy a dejarte tan a gusto en la bodega… lamento habértelo arruinado.
Luego se volvió hacia la salida, pero en vez de volver por las escaleras a la calle, creo un túnel en la pared más cercana y se marchó hacia la oscuridad. Katara rodó los ojos y se dispuso a seguirlo.
-Espera, ¿dónde diablos crees que vas?
Iroh y Zuko estaban inmóviles, parpadeando sorprendidos y en estado de shock. Luego Iroh se aclaró la garganta con incomodidad.
-Bueno, no puedo decir que esperaba eso- admitió con el ceño fruncido -¡Ay, amor de juventud!... Parece que han perdido su camino.
Zuko se encogió de hombros.
-Ese no es mi problema- murmuró.
Luego hizo una pausa y miró a su tío, sintiéndose avergonzado.
-Gracias por venir por mí.
Iroh le dio una palmada en el hombro.
-Eso es lo que la familia lo hace.
-Bueno, ¿no es dulce?
Cuatro pilares de tierra de repente se levantaron desde el suelo, encarcelando a Iroh donde estaba. Y caminando lentamente en las escaleras, no estaba otra que su hermana Azula, flanqueada por dos oficiales de Prohibición.
-¿Por qué no saludas tío?- dijo con una voz falsamente dulce, sonriendo mientras se le acercaba -Me preguntaba cuándo iba a verte.
Miró a su lado, notando el agujero gigante de la pared.
-Y has traído al Avatar, ¡Qué detalle!
-Cualquier cosa que pienses que estás haciendo, Azula, ya podrías darte por vencida- gruñó Zuko, interponiéndose entre ella y su tío.
Azula apenas rodó los ojos.
-Zuko, por favor, ¿alguna vez te tomas un momento para escucharte a ti mismo?- suspiró.
Ella le dirigió una mirada seria.
-¿Por qué crees que lo ataron y no a ti también?... Yo no te traje aquí para mantenerte fuera del camino, te traje aquí porque necesito tu ayuda.
Zuko se cruzó de brazos sobre el pecho, con el ceño fruncido.
-Una forma interesante de pedir ayuda.
Azula suspiró de nuevo.
-¿Estás seguro de haber escuchado educadamente?
Zuko se quedó en silencio y parpadeó un par de veces, confundido. Azula sonrió un poco.
-Me lo imaginaba. Entiendo por qué no confías en mí, hermano. La verdad, yo tampoco lo haría en este momento. Pero eso no depende realmente de mí.
Ella por fin lo miró, ofreciéndole una sonrisa. Y Zuko cayó en el embrujo hipnótico de sus ojos, planteándose poco a poco lo que le estaba ofreciendo.
-Esta es tu oportunidad, Zuko. Esta es tu oportunidad de redimirte.
-El tipo de redención que te ofrece, no es para ti Zuko- gritó Iroh.
Zuko salto, asustado. Casi se había olvidado que su tío estaba allí. Azula lo fulminó con la mirada.
-¿Por qué no dejar que él decida por sí mismo, tío?- dijo arrastrando las palabras antes de mirar a Zuko de nuevo -He planeado esto por meses Zuko. Justo ahora, la Banda se expande invadiendo Ba Sing Se. La hemos tomado por sorpresa, sin su policía informada, sin alcalde, sin sus mejores oficiales y sin avatar. Todo en nombre de nuestro padre.
Zuko tragó saliva.
-Pero no puedo hacer esta última parte sola. A cada momento el Avatar se aleja más y te necesito para detenerlo. Cuando lo derrotemos, tú tendrás todo de nuevo… tu lugar en la banda, el respeto de papá y su amor, todo.
-Zuko- dijo Iroh con urgencia -Has cambiado. Ya eres un mejor hombre. ¡Mira dentro de ti mismo y ve si es lo que realmente quieres!
Zuko estaba congelado en su lugar, entre su tío y su hermana, el dragón rojo y el dragón azul. Mirándolos a ambos con genuina preocupación y una mueca de dolor plasmada en su rostro. Azula se encogió de hombros.
-Eres libre para elegir.
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-Genial, ¡¿A donde demonios nos has traído?!
Aang frunció el ceño, mirando alrededor con los brazos cruzados sobre el pecho. El túnel se había desviado y los había llevado al parecer, a las líneas de agua de la ciudad. La palabra técnica se supone que sería alcantarillas, pero el agua que se movía lentamente a través de la profunda zanja dentro del túnel, no se parecía en lo más mínimo a las aguas residuales. Pequeño golpe de suerte.
-Yo no nos he llevado a ninguna parte- respondió debidamente -Yo solo he venido aquí y usted me siguió.
-¡Bien!- estalló Katara -Bien, entonces usted puede salir ya mismo de mi vida.
Aang, apenas la escuchó a pesar de que ella lo dijo fuerte y claro. Una mirada de pánico total cruzó su rostro, pero por suerte estaba de espaldas a ella. ¿Fuera de su vida?... ¿Para siempre?...
Su meditación se interrumpió, sin embargo, por la bola de fuego azul que entró en su línea de visión y explotó en el agua, muy cerca de donde estaban. Aang y Katara se dieron media vuelta. Azula los había alcanzado.
-¡Dios mío!, ¿estamos teniendo una pelea?- se burló, alzando las cejas y pareciendo divertida -Espero que no sea por mi causa.
-No te preocupes, no lo es.
Aang levantó una defensa de tierra alrededor de la chica que tenía a lado y contra todo pronóstico, decidió acceder a la peligrosa lucha con Azula. La tensión se incrementó una vez más por la aparición de otra persona. Zuko entró corriendo, deteniéndose a medio camino entre los dos combatientes. Todos los ojos estaban puestos en él, pero la mirada que más le llamó la atención fue la de Katara. Ella estaba mirándolo con intensidad y sus ojos se clavaban en él cuál si fueran hielo. Podía ver en esa mirada que no se había arrepentido. Ella estaba dispuesta a seguir adelante con su parte del trato, la pregunta ahora, era si él iba a seguir adelante con la suya.
El alcantarillado estaba quieto y en silencio durante uno de los más largos momentos en la vida de Zuko. Aang estaba tenso e irritado, por lo que se dispuso a enfrentarlo cuando Zuko finalmente se movió y disparó un látigo de fuego directamente hacia él. Azula sonrió. El maestro aire bloqueó con dificultad el ataque de Zuko, pues su hermana había elegido ese momento para correr en su dirección con una especie de daga de fuego amenazante, misma que no esquivó totalmente y le dejo una herida punzante en el brazo.
Zuko no sabía qué le incitaba a volver la vista hacia Katara, pero cuando lo hizo, vio una mirada asesina en sus ojos, una mirada fría y escalofriante que sin duda le advertía que su destino estaba sellado. Supo entonces que, novio o no, ella no se detendría ante nada para protegerlo.
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Sokka suspiró con fuerza, golpeando su cabeza contra la pared,
-Bueno, señor alcalde… yo diría que es bueno volver a verle, pero bajo las circunstancias actuales estoy seguro de que comprenderá, que en realidad no es.
El alcalde, sentado junto a Sokka en el suelo, se encogió de hombros.
-No te preocupes por eso.
-Toph… ¿sientes ya?- preguntó el joven.
Ella simplemente lo miró desde la puerta, donde tenía las dos manos presionadas. Había recuperado su movilidad y sensibilidad mucho antes que Sokka, pero no había comentado nada al respecto.
-Todos los oficiales están bloqueando cada entrada del edificio, y se mueven lejos de aquí por alguna especie de milagro.
En ese momento, Toph dio algunos rápidos golpes a la puerta de metal frente a ella y la envió hecha trizas hacia algún punto fuera del pasillo. Toph sonrió con orgullo.
-Algún tipo de milagro, Sokka- canturreó mientras se estiraba y salía andando más allá de la puerta abierta. Sokka y el alcalde intercambiaron una mirada de incredulidad antes de ponerse de pie y correr detrás de ella.
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Aang nunca había combatido realmente con Azula antes, y se hizo evidente de inmediato, que ella era lo bastante fuerte y veloz como para volverlo loco. No ayudaba que la mitad de su mente estuviera en Katara, preguntándose cómo le estaba yendo contra Zuko y deseando desesperadamente que ella no se lastimara.
Katara por otra parte, estaba completamente concentrada. Ella, como había demostrado muchas veces, era una luchadora profesional cuyo único objetivo era hacer caer a Zuko y permanecer libre. Su venganza personal contra él no era más que el combustible y verlo de rodillas la única motivación. Al menos así había sido los primeros minutos. Pero, mientras la ira de Katara cedía, ella combatía mejor.
-Tú excusa miserable de ser humano- gritó, arremetiendo con el agua -¡Dijiste que habías cambiado!
-He cambiado- ladró de vuelta.
-¡Sí!, te has convertido aún más en una pérdida de espacio, hijo de…
Zuko la interrumpió con un ataque especialmente explosivo y las llamas crecieron en torno a él.
-¡No te atrevas a hablar de mi madre!- rugió.
Ella le respondió sin esfuerzo, con una frialdad peligrosa en sus ojos.
-Yo iba a hablar de tu padre- gruñó, golpeándolo sin piedad un instante después.
Zuko fue arrojado al agua profunda, aturdido y semi congelado. Sería difícil para él salir de allí y Azula vio la situación de desventaja al instante. Para su suerte, segundos más tarde el campo de batalla fue rodeado por decenas de agentes Dai lee. Azula le sonrió a Aang con coquetería fingida.
-El juego se acabó- dijo en voz baja.
Aang miró desesperadamente a su alrededor, en busca de una salida. Katara estaba usando la técnica de pulpo para defenderse de la oleada de ataques con la que los agentes la mantenían atrapada. Parecía cansada… y tal vez se defendía por pura fuerza de voluntad. Aang supo que no había otra salida, no podía dejar que le hicieran daño. Él sacudió la cabeza, sintiéndose aturdido y acorralado.
-Hay demasiados- murmuró para sí mismo.
Él cerró los ojos y exhaló con los dientes apretados, dejándose caer al suelo y creando una pirámide de piedra a su alrededor. Se instaló en una postura meditativa y cerró los ojos más estrictamente, tratando de desbloquear todos sus chakras.
-Lo siento Katara…
Una luz blanca surgió desde un lado de la alcantarilla y Katara miró hacia allí, sorprendida. Todos tuvieron que protegerse los ojos con una mano. Allí, poco a poco elevándose en el aire, estaba Aang. Había entrado en el Estado Avatar por su cuenta, él lo controlaba y no al revés. Ella sintió una sonrisa formarse en su rostro, estaba tan asombrada y orgullosa...
El sonido de un rayo surcando el aire se hizo eco en la red de alcantarillado, el estruendo fue más fuerte que cualquier sonido que Katara hubiera oído nunca. Una segunda luz, más delgada y oscura contaminó la iluminación anterior, el choque de energía rasgó el silencio y se fue tan rápido como llegó.
Espíritus No, no... Por favor no. Katara no era consciente de nada más en el mundo, Aang caía inmóvil hacia el suelo.
-Aang…
No sabía cómo había llegado allí, pero de repente estaba debajo de él, tomándolo en sus brazos. Ella cayó de rodillas y lo contempló con horror, estaba pálido. No tenía pulso. Quiso llorar, gritar, hacer que él despertara y le dijera que todo estaba bien, pero antes de poder hacer nada, un sonido la alertó del peligro aun existente a su alrededor y ella levantó la vista.
Las paredes del alcantarillado estaban todas chorreando agua, los Dai Lee estaban tirados, fuera de combate y esparcidos a su izquierda y derecha. Ella debió haber hecho eso, pero no le importa. Ahora mismo lo más importante era que tanto Azula como Zuko se levantaban y Aang...
-Aang, No.
No puede estar muerto. No puede estar muerto. No él, por favor...
-¡Tienes que salir de aquí!
Katara miró al frente con sorpresa. Iroh estaba de pie frente a ella, lanzando puños de fuego y bloqueando ataques con sorprendente facilidad. Ella apenas pudo registrar lo que él quería que hiciera y justo entonces, la realidad la golpeó. Él viejo dragón del oeste estaba protegiéndola, de pie, entre ella y sus sobrinos. Katara salió de su aturdimiento momentáneamente para asentir con la cabeza y mirar hacia donde el viejo estaba señalando, una tapa de alcantarilla estaba directamente encima de ellos. Katara al fin lo entendió. Con una mano concentró toda el agua que le era posible y se envolvió a sí misma y al muchacho en sus brazos, luego los llevó a ambos hasta la calle donde aterrizaron completamente empapados. Ella miró a su alrededor, desorientada y cansada. Estaba a punto de levantarse y huir cuando vio el camión de Sokka al final de la calle.
-Sokka- exclamó con voz rota.
La cabeza de su hermano asomó por la ventana, él y Toph estaban esperando por ellos. Cuando los reconocieron ambos chicos bajaron del camión a toda prisa y corrieron a su encuentro.
-¡Sokka, ayuda!
Él llegó derrapando, seguido de Toph, pero ambos se quedaron congelados cuando se dieron cuenta del estado en que se encontraba Aang. El resto fue una imagen borrosa. No sabía cómo había llegado a la parte trasera del camión con Toph cubriendo su huida, pero lo siguiente de lo que fue consciente, es que ella estaba allí, con pálida figura de Aang a su lado. Una parte de su mente se accionó de modo casi automático, tenía que tratar de curarlo. Ella lo tomó en brazos mientras buscaba a tientas el frasco de cristal alrededor de su cuello, cuando lo encontró, quito el corcho y enderezó al joven con cierta dificultad. Dirigió el agua curativa a la cicatriz de su espalda, el lugar que Azula había elegido para acabar con su vida.
El agua de los espíritus brillaba con tanta intensidad como la propia luz del estado avatar, el color también era más oscuro y la pérdida de energía que Katara estaba experimentando al usar sus poderes sanativos, también era inusual. Pero a pesar de todo eso, cuando el agua terminó de evaporarse en la piel y el resplandor desapareció, Aang seguía en silencio. Katara, exhausta y sabiéndose enamorada de un hombre muerto, dejó escapar un sollozo que hizo brotar lágrimas de los ojos del alcalde, Sokka, e incluso Toph. Ella se derrumbó sobre sí misma, tirando de él más cerca en un abrazo desgarrador y llorando en su hombro ya de por sí empapado.
No. No. No.
En ese momento, Katara sintió una exhalación cerca de su oído y se quedó inmóvil, sin atreverse a creer en ello. Pero cuando se echó hacia atrás, el joven tenía el ceño ligeramente fruncido, evidentemente se esforzaba por abrir los ojos y lo consiguió, a duras penas. Su mirada se centró en ella por un segundo, sólo un momento para sonreírle. Ella le devolvió el gesto con lágrimas en los ojos, al tiempo que notaba cómo su pecho reiniciaba un lento sube y baja. Su respiración se estabilizaba.
Aun así, Katara se sintió débil cuando los tormentosos ojos del joven se cerraron de nuevo. Él tomó en una respiración que auguraba un sueño tranquilo y ella suspiró aliviada. Él estaba vivo. Aang estaba vivo. Katara lo tomó en sus brazos de nuevo y lo mantuvo así todo el camino de regreso a la casa de huéspedes.
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Gracias a todos por sus comentarios, por ustedes he tratado de actualizar rápidamente, ojala la espera valga la pena cada vez. Una abrazo.
