Titulo: El destino.

Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.

Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.

Nota:. Espero que disfruten del nuevo capitulo y gracias porque aún hay gente que lee esta historia :)

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*Hijo de Taichi Kaichi Yagami de ocho años.

*Hija de Hikari: Kazumi Yagami de nueve años

*Hijos de Yamato y Sora: Hanami y Ayako Ishida de ocho y cinco años.

*Hijo de Takeru: Reiki Takaishi de nueve años.

*Hija de Iori: Natsuki Hida de ocho años.

*Hijo de Daisuke: Kazuo Motomiya de ocho años.

*Hija de Koushiro: Emilyn Izumi de siete años.

*Hijos de Miyako y Ken: Keitaro y Kimiko Ichijouji de nueve y siete años.

*Hijo de Jou: Ryota Kido de cinco años.

*Hijo de Mimi: Yuhi Tachikawa de siete años.


Capitulo 13: Conversaciones pendientes.

Cuando los labios de Mimi y Koushiro se separaron sus rostros ardían y sus miradas se encontraron por unos instantes que para ambos parecieron mágicos. Los castaños ojos de Mimi se habían perdido en los del pelirrojo mientras él no sabía que decir, es más no quería decir nada para no romper aquella burbuja que los había envuelto a ambos.

-Mimi… -susurró su nombre de forma lenta como si quisiera poder alargarlo lo más posible. -Tú sabes que yo…

Mimi no lo dejó terminar, se lanzó a sus brazos y lo abrazó escondiendo su cabeza en el pecho del hombre dejando que el acariciara su cabello. No quería hablar ni dar explicaciones, tampoco quería oírlas, sólo quería estar así…junto a Koushiro sintiéndose segura, protegida y querida. No quería pensar en nada porque cuando comenzara a pensar se daría cuenta de que estaba muerta de miedo.

-¿Por qué estás llorando?

Cuando Tachikawa se tocó la mejilla se dio cuenta que el hombre tenía razón. Sus mejillas estaban empapadas de lágrimas y ella ni siquiera lo había notado, era comprensible pues estas lágrimas solo reflejaban lo confundida que estaba y el terror que tenia a volver a equivocarse…

-Mimi. –volvió a llamarla Koushiro pero ella no respondió y siguió recostada en su pecho. –Mimi, escúchame.

Al no ver respuesta por parte de la castaña Koushiro comenzó a desesperarse. Él quería hablar de lo sucedido, quería dar y recibir una explicación. Por su parte él sabía muy bien lo que sentía y lo que quería pero también creía necesario saber lo que sentía Mimi.

-Mimi entiendo que estés confundida. –habló Izumi. –Pero yo no lo estoy. Te quiero y no tengo miedo de decírtelo.

El pelirrojo sintió a Mimi temblar en sus brazos y adivinó que estaba llorando más intensamente. La abrazó con más fuerza y esperó a que se le pasara el llanto, nunca había entendido muy bien lo que pasaba por la cabeza de Tachikawa pero ahora estaba más confuso que nunca.

-No me digas eso, por favor. –pidió ella entre sollozos separándose del cuerpo del hombre para mirarlo a la cara.

-Mimi, lo siento pero me veo en la necesidad de ser sincero contigo. –alegó Koushiro ligeramente molesto. –Porque quiero que tú lo seas conmigo.

-Pero es que yo no puedo…

-¿Qué no puedes? –preguntó alzando una ceja. -¿No puedes qué? ¿Mentirme o ser sincera conmigo y de paso contigo misma?

Mimi se puso de pie y se limpió las lágrimas con el rostro lleno de frustración.

-Tú no entiendes…

-Tienes razón. –dijo el pelirrojo. –No te entiendo.

-He sufrido muchísimo, Koushiro. –le recordó la mujer. –Y no quiero volver a sufrir. Me prometí no volver a enamorarme. ¡No quiero volver a pasar por lo mismo! Estoy cansada, ya no quisiera saber nada de hombres…

-¿Por qué no pensaste todo eso antes de besarme? –indagó mirándola con insistencia.

-Pues… -hizo una pausa. No sabía que responder.

-Yo te diré porque. –aseguró Koushiro. –Porque no estabas pensando sino sintiendo.

-Es que cuando estoy contigo no pienso en nada en especifico. –admitió Mimi. –Es como si estuviéramos los dos solos en el mundo.

-Así me siento yo también. –le apoyó el de ojos negros. –Es porque nos queremos Mimi y nunca lo hemos dejado de hacer.

Los ojos de Mimi se volvieron cristalinos nuevamente y se tapó el rostro con una mano echándose a llorar una vez más. No quería enfrentar todos sus temores, tenía miedo de volver a salir lastimada y aun así ella misma sabía que con Koushiro eso era imposible

-Será mejor que me vaya. –opinó la castaña mirando al suelo.

-Huye. –dijo Koushiro. –No admitas que también me quieres y sigue sin querer enfrentar tus temores. –habló muy herido y con la mirada fija en los ojos de Mimi. –Así nunca serás feliz.

Ella ya no quería escuchar mas por lo que entró a la habitación, tomó sus cosas y salió por la puerta aun sollozando y temblando ligeramente dejando solo al pelirrojo quien se tomó la cabeza con fuerza demasiado enojado como para poder volver a trabajar así que se dispuso tomar una ducha para despejarse un rato y luego llamar a Taichi para contarle lo sucedido. Sentía que tenía que desahogarse con alguien o iba a explotar.

Cuando apenas iba a entrar al baño para bañarse el teléfono comenzó a sonar, el hombre se aproximó a responder un poco irritado aun con las palabras y el llanto de Mimi en su cabeza.

-¿Hola?...-habló mientras escuchaba la respuesta por la línea. –Sí, él habla… ¿Qué dice?

Esa mañana Hikari estaba muy extrañada con el comportamiento de su hija. Desde el día anterior se había dado cuenta de que ella y Reiki tenían una actitud muy rara, ambos cuchicheaban y los miraban a ella y a Takeru como si fueran dos extraños, aún así cuando volvieron a casa la niña iba pálida y con la mirada muy fija en algún punto sin prestar atención a nada más, Hikari lo atribuyó al sueño pero esa mañana su comportamiento raro continuaba.

No le hablaba a menos que fuera estrictamente necesario y de vez en cuando sus comentarios eran sarcásticos o cargados de un tinte de enfado que la mujer reconocía muy bien. Esa era la misma forma en la que Taichi la trataba hace años. Con decepción y molestia, Hikari no quería que su hija estuviera actuando así con ella.

-Gatomon ¿Tú también has notado lo rara que está Kazumi? –preguntó Yagami a su compañera. –La veo muy extraña…

-Si yo también lo noté. –afirmó Gatomon. –Quise hablar con Salamon de eso pero dice que no sabe nada.

-Quizás deba hablar con ella. –comentó Kari. –Parece enojada.

-Es una buena idea. –secundó la gata digital.

-Por cierto, no creas que no vi ayer como andabas muy juntita con Patamon. –se burló la educadora con gracia. –Que mala eres por no contarme nada de eso.

Gatomon se puso muy nerviosa y cambio el tema rápidamente recordándole que era buena idea hablar con Kazumi antes de tener que irse a la escuela. Hikari asintió y entró al cuarto de su hija donde la niña estaba sentada cruzada de piernas en la cama con Salamon frente a ella. Ya estaba arreglada para ir a la primaria. Cuando vio a su madre palideció un poco pero no cambió su semblante.

-Hija ¿Podemos hablar? –pidió la mujer un poco nerviosa.

-No sé mamá. –admitió Kazumi. –Se nos puede hacer tarde, con eso de que la escuela está muy lejos…

-Vamos bien de tiempo. –replicó Kari. –Tal vez sería buena idea mudarnos más cerca…

-¿Con Takeru?

Tras la pregunta de Kazumi la castaña la miró con los ojos bien abiertos temiéndose lo peor. Se acercó dos pasos a la cama donde Kazumi y Salamon estaban. El pequeño Digimon adivinó la tensión de la escena por lo que prefirió dejar a las humanas solas.

-¿Qué acabas de decir? –indagó Hikari.

-¿Qué si te quieres ir a vivir con él? –repitió Kazumi. –Porque pues… Es tu novio ¿No?

Kari se sentó en la cama a sabiendas de que ya no podría seguir mintiéndole a su única hija ya que había adivinado la verdad.

-¿Cómo supiste eso?

-No importa. –aseguró la niña. -¿Es verdad?

Hikari suspiró derrotada. No quedaba caso seguir encubriendo la verdad.

-Sí, Kazumi. –afirmó tensa. –Estamos saliendo y estoy muy enamorada de él…

Kazumi se paró de la cama sin dejar que su madre dijera nada más y se dispuso a salir del cuarto pero Hikari la tomó del brazo evitando así que huyera.

-¿Por qué te molesta tanto? Creí que él te agradaba. Incluso lo admirabas.

-Sí mamá yo no dije que no me agrade. –se quejó Kazumi. –Pero no me agrada que sean novios. ¡No quiero!

-Pero explícame hija. –rogó Hikari. -¿Por qué no?

-¡Porque no!

-No te pongas de terca, Kazumi. –le ordenó su madre. –Sólo dame una razón lógica para que no quieras que Takeru y yo seamos novios.

-Me gusta mi familia como está. –respondió la pequeña. –No quiero cambios.

-A veces los cambios son buenos. –alegó Yagami.

-¡No lo son! –negó Kazumi. –No quiero que nada cambie y no quiero que tú estés con él.

-Kazumi…

-Ya no quiero hablar, vámonos. –pidió tomando su mochila y saliendo de la habitación.

A Hikari no le quedo más que resignarse porque era verdad que ya iban tarde. Salió con Kazumi quien no le dirigía la palabra. Al llegar a la escuela ésta se fue a su salón sin siquiera despedirse y Hikari se quedó en la entrada. Vio llegar a Takeru junto con su hijo, su novio llevaba una mirada muy ofuscada y el pequeño Reiki iba cruzado de brazos.

Cuando entraron Hikari saludó al niño y al no obtener respuesta y verlo marcharse velozmente adivinó que Takeru acababa de pasar por lo mismo que ella con su única hija.

-Ya lo sabe ¿No es así? –quiso saber Hikari un poco entristecida.

-Sí. –respondió el escritor. –Tenías razón, no se lo ha tomado nada bien.

-Kazumi tampoco. –comentó la castaña. –Y yo que la tomaba por una niña madura. Se ha comportado muy mal al respecto.

-Debo irme se me hace muy tarde. –explicó TK. –Hablaremos más tarde, te quiero.

-Y yo a ti.

Dicho esto se abrazaron y el la besó en la mejilla dándose así la media vuelta. Había tenido que ir a la editorial a comentar con su editor unos últimos detalles de su libro que saldría próximamente, este narraría las segundas aventuras que vivieron y sería la segunda parte de su éxito que ya estaba en todas las librerías.

Lamentablemente no se pudo concentrar ni un ápice y prefirió volver a casa antes, no tenía ganas de estar solo en casa así que subió a ver a su hermano y su cuñada pero al encontrarlos en plan acaramelado se dio cuenta que ahí sobraba. Estaba verdaderamente feliz de que Sora y Yamato estuvieran juntos nuevamente pues él sabía cómo era que su hermano amaba a esa mujer y al verlos juntos nadie dudaría que estaban hechos para estar juntos.

Llamó a su otro amigo que vivía en ese edificio y al confirmarle que se hallaba en casa decidió que era él a quien podía ir a visitar.

-Gracias por recibirme, Iori. ¿No tienes trabajo? –cuestionó el rubio.

-Tenía un caso pero ya he acabado de analizarlo y tengo un poco de tiempo libre. –respondió el abogado. –Al contrario de mi esposa, estará fuera todo el día y Armadillomon salió de paseo al mundo digital con Wormon y Hawkmon.

-Ya veo. –dijo Takeru.

-Dime ¿Qué te está molestando, TK?

-¿Tanto se me nota?

-Es quizás que te conozco bien, compañero.

Takeru le relató brevemente lo que había sucedido que lo tenía tan desanimado, claro que primeramente Hida se alegró muchísimo de saber que su amigo y Hikari estaban juntos, aunque la mayoría lo intuía simplemente saberlo de la boca de Takeru era muy satisfactorio.

-Creo que lo que pasa es muy obvio. –opinó Iori. –Kazumi y Reiki son hijos únicos acostumbrados a estar solos con sus padres y pues deben sentir que toda esa atención que solo estaba en ellos ahora tendrá que ser compartida.

-No le encuentro sentido. –se quejó el rubio. –Rei y Kazumi se quieren mucho y a mi hijo le agrada Hikari..

-No es cuestión de que se agraden. Es como un niño pequeño que tiene un caramelo…

TK alzó una ceja mirando con suspicacia a su interlocutor ¿Estaba Iori dándole un ejemplo propio para niños de la edad de su hijo?

-No me mires así. –pidió el de ojos verdes. –Sólo trato de hacerte entender un poco.

TK resopló.

–Bueno, sigue con tu ejemplo de los caramelos. –le concedió rendido.

-Como decía. Es como un niño con un caramelo. Este caramelo es sólo suyo y es el último que el niño tiene y de repente se ve en la necesidad de compartirlo con otras dos personas…

-Yo no quiero que…

-Déjame acabar. –le cortó Hida. –Este asunto es igual para Rei y Kazumi. Es como si fueras su ultimo caramelo o sea lo único que él tiene y al ser niños tan jóvenes a los nueve años esto se acentúa aún más.

Takeru se quedó pensativo unos instantes.

-Tienes razón. –admitió sorprendido. -¿Qué debería hacer? Intenté hablar con Reiki y…

-Quizás podrías tratar de hablar con Kazumi y dejar que Hikari intente con Rei. –propuso el abogado. –Tal vez funcione.

-Sí. Tal vez…

Las clases habían pasado volando y los niños ya habían salido y sólo esperaban que sus padres los recogieran para poder irse a sus casas y olvidarse de la escuela un rato.

-Agh Kimiko, la ropa de tu hermano me queda muy grande y además no me gusta. –hablaba Yuhi mostrando la ropa que había tenido que usar y que pertenecía a Keitaro.

-Deja de quejarte. –le pidió su amiga riendo.

-Eh Kimiko, es Yuhi. –replico Emi burlona. –Quejarse es la mayoría de lo que él hace.

La hija de los Ichijouji se rió y el castaño la fulminó con la mirada cuando un sonido los interrumpió.

-Oh es mi móvil. –dijo él. Las otras dos lo miraron aun divertidas. -¿Qué?

-Nada. –contestaron al unísono cuestionándose el por qué la madre de Yuhi le habría comprado un móvil si el pequeño tenía apenas siete.

El hijo de Mimi respondió y no tardó en reconocer la voz de su madre por la línea.

-Hijo no podre ir a recogerte. –se disculpó Mimi. –Estoy algo ocupada en estos momentos. -¿Podrías pedirle a Miyako o a Sora que te traigan?

-Claro mamá. –accedió Yuhi. –Eh ¿Estás bien? –cuestionó.

Él conocía a su madre perfectamente y sabía que aquel tono sólo lo usaba cuando no se sentía especialmente bien.

-Perfecta cielo, te veo más tarde. –respondió su madre y de inmediato colgó.

Yuhi se giró hacia sus amigas para pedirle a Kimiko el favor de llevarlo a casa pero cuando se dio la vuelta se dio cuenta de un pequeño detalle. Ellas ya no estaban ahí.

-Par de desconsideradas. –masculló entre dientes caminando hacia la salida para buscar a sus dos amigas.

Al llegar se dio cuenta que no estaban tampoco allí por lo que decidió asomarse a la acera para ver si alguna se había marchado. Cuando lo hizo no pudo ver el rostro familiar de Kimiko, ni siquiera el de Emi. En ese instante alguien le tocó el hombro y Yuhi se giró esperando encontrarse a sus desaparecidas amigas.

-¿Yuhi?

El niño arqueó una ceja ¿Quién se suponía que era él?

-Soy tu padre.

Oh.

Su padre.

¡Su padre!

El niño retrocedió dos pasos como temiéndole y Michael, un apuesto hombre de cabello rubio y ojos azules le sonrió tratando de infundirle confianza, aún así para Yuhi ese señor no era alguien seguro.

-¿Qué quiere? –indagó con desconfianza.

-Sólo quiero que demos un paseo… -pidió Michael. –Te lo suplico no te quitaré mucho tiempo.

Yuhi miró sobre su hombro como ninguna profesora se había fijado en él, ni siquiera pudo divisar a alguno de sus amigos por lo que de inmediato terminó recordando las palabras de Natsuki Hida "Nada puede ser tan malo"

-Está bien, vamos.

..

Cuando Takeru llegó a la escuela estaba más nervioso de lo que lo había estado en años. Ni siquiera cuando se atrevió a confesarle a Kari sus sentimientos se sentía tan nervioso. ¡Ni cuando se casó con Yori! Ni siquiera cuando su hijo nació.

En todos esos sucesos había estado confiado y casi seguro de cómo resultarían las cosas pero ahora simplemente no tenía idea de cómo podía resultar aquello, principalmente porque él no conocía a Kazumi lo suficiente como para saber cómo reaccionaría. Sabía que era muy similar a Hikari en algunos aspectos pero sin duda se notaba que eran muy distintas en otros.

Así que cuando por fin estuvo frente a ella y la miró a los ojos, esos ojos que tan parecidos eran a los de su madre por un segundo se arrepintió, pensó en volver por donde vino con su hijo y dejar todo por la paz. Después de todo ¿Algún día lo tendrían que aceptar no? Pero cuando levantó la vista y miró el rostro angustiado de su Kari se dijo a si mismo que al menos tenía que intentarlo.

-Kazumi. ¿Podemos hablar un momento?

Tanto Rei como Hikari se llevaron una enorme sorpresa al escuchar las palabras del rubio pero sin duda la más confundida y asombrada fue Kazumi quien no pudo evitar abrir la boca azorada. Hikari que adivinó lo que su querido planeaba tuvo que armarse de valor al igual que el hombre y enfrentar aquello.

-Ve hija. –indicó la mujer. –Rei si me esperas un segundo nosotros también podríamos hablar ¿Te parece?

Los dos niños se miraron sin saber que planeaban sus padres.

-Eh…pero… -titubeo Kazumi.

-Sólo será un segundo. –insistió Takeru. –No te quitaré mucho tiempo.

-De acuerdo. –accedió la castaña derrotada.

Takeru le sonrió agradecido al ver que la niña entendía un poco la situación y no había querido hacer aquel momento más duro para todos. TK la condujo hasta la acera y decidieron caminar un rato por la calle.

-¿Así que ya sabes lo que pasó?

-Claro que lo sé. –contestó velozmente. –Tú y mi mamá son novios y nos lo habían estado ocultando. –agregó molesta.

-No fue con mala intención. –replicó TK. –Tu madre creía que no estaban listos para entenderlo y parece que tuvo mucha razón.

-Esto no es por mí. –le indicó Kazumi. –Así que no me quiera echar la culpa…

-¿Entonces sí te gusta la idea de que seamos novios? –quiso saber.

-No.

-Vaya, veo que lo dices con mucha firmeza. –observó TK. -¿Por qué?

Kazumi miró al cielo muy incómoda. La situación no le agradaba en lo más mínimo, ella no quería que su madre se alejara de ella, temía quedarse sola y le molestaba que Takeru Takaishi quisiera entenderla, estaba asustada.

-No sé, señor Takaishi.

-Llámame Takeru. –le pidió el escritor. –Sólo eso te pido de favor.

-Está bien, Takeru. –aceptó aun con incomodidad.

-Kazumi entiendo muy bien que tengas miedo de que te quite a tu madre pero debes entenderme, yo la amo y lo he hecho desde niños. –comenzó TK sincerándose con ella. –Ya la perdí una vez y no quiero volver a hacerlo.

-Entiendo. –aseguró. –Pero entiende tú también, ella…

-Yo sé que es lo único que tienes, Kazumi. –intervino el hombre. –Entiendo porque Rei es también lo único que tengo y se como me sentiría si pensara que alguien me lo quitara pero debes saber que yo no pretendo eso..

-¿Y qué pretendes?

-Cuidarla y amarla. –contestó inmediatamente. –Y a ti también si me lo permitieras…

Kazumi no dijo nada y siguió caminando con la vista perdida en el parque, decidió que sentarse le vendría bien por lo que sin siquiera pedir la opinión de TK se sentó a la sombra de un gran árbol, al rubio no le quedó más que seguirla e imitarla sentándose a su lado mirándola, tratando de descifrar aquella mirada perdida.

-¿Temes que la hiera? –indagó Takaishi.

-No. –contestó Yagami. –Sé que no lo harías, pero…

-Pero… -la animó a continuar.

-Pero no puedo dejar de pensar que ella se alejará de mí y que habrá cambios. No me gustan los cambios. –finalizó abrazándose a sí misma.

-Kazumi. –la llamó el hombre. -¿Tienes miedo de tener una familia? –preguntó tratando de adivinar sus pensamientos.

Ella giró su rostro para mirarlo inmediatamente cuando dijo esas palabras. ¿Cómo había podido describir lo que tanto temía?

-Desde que nací solo hemos sido mamá y yo. –dijo Kazumi. –Solas. Nunca conocí al abuelo y la abuela vive en una casa para viejitos y casi nunca la vemos. Tío Taichi sólo nos visitaba en mi cumpleaños y el de mamá… a veces ni siquiera lo veía para Navidad y antes de este año a mi primo Kai tampoco lo veía casi nunca…

Takeru escuchaba muy atento las palabras de la niña de nueve años que había decidido sincerarse con él, sabía que si la oía con mucha atención y entendía sus palabras podría tratar de hacerle comprender lo que era lo mejor.

-Entonces sólo estábamos nosotras dos con Gatomon y Salamon. –continuó mirando al frente. –Siempre sé lo que mamá va a hacer y cómo va a reaccionar, nos conocemos perfectamente y tenemos una vida hecha, Takeru. Desde siempre.

-Lo entiendo.

-Entonces ella se enamora de ti. –soltó una sonrisa triste. –Y todo cambiará. Los cambios me asustan pero más me asusta no saber cómo actuar con una familia completa, no saber qué hacer al llegar a casa y ver a alguien más además de mamá.

-No debe asustarte eso, Kazumi. –le dijo Takeru. –Eres la hija de la mujer que amo y por lo tanto ya te quiero y te aceptaré seas como seas. –ella le miró con los ojos cristalinos. –Y hagas lo que hagas tú ya eres mi familia.

-¿Pero y si hago algo malo?

-No dejarás de ser como una hija para mí aunque lo hicieras. –respondió con sus ojos azules fijos en el rostro lloroso de Kazumi. –De eso puedes estar segura.

Sin dejarla decir nada más Takeru la abrazó y dejó que mojara su camiseta con un par de lagrimas que soltó, silenciosas y solitarias como sus vidas hasta ahora antes de decidir dejar todo atrás y ser una familia. Antes de llegar a ese momento donde los dos ya sentían aquel aprecio el uno por el otro.

-Al menos deberías darle una oportunidad a la familia que podríamos ser. –susurró TK.

Kazumi sólo asintió en silencio.

-¿Ese no es el hijo de Mimi? –se preguntó Takeru mirando hacia donde se veía un pequeño niño castaño con un hombre rubio.

-Sip. Es Yuhi. –respondió Kazumi.

Takeru recordó lo que les había confesado su amiga el día anterior sobre el padre de Yuhi que había querido entablar contacto con él y entonces entendió. Aquel hombre debía ser Michael y el niño había decidido contactar con él después de todo.

..

Hikari había tratado de que el niño dijera algo pero por más que intentaba era imposible que hablara. Ella quiso saber cómo actuar pero lamentablemente no tenía ni la más mínima idea de que decir o que hacer.

-¿Vamos a caminar?

Rei siguió en silencio haciéndola desesperar.

-O vamos al parque ¿Te parece?

Hikari ya estaba perdiendo la paciencia pero sabía que todo eso debía ser muy difícil para el niño.

-Mejor por un helado. –decidió finalmente.

-De acuerdo. –dijo finalmente el niño rubio.

La mujer trató de hacer plática en el camino a la heladería contándole como su hermano Taichi cuando eran niños solía llevarla a comer helado cuando estaba triste o decaída y como siempre funcionaba para levantarle el ánimo. Funcionó y Reiki decidió participar en la conversación comentando que su sabor favorito era el de vainilla pero que su padre lo detestaba.

-A tu papá le gusta el de pistache. –dijo Hikari sonriendo ante los recuerdos. –O en su defecto también le gusta el de fresa pero su favorito es sin duda el de pistache.

-Sip, es cierto. –concedió Rei. –Una vez se comió dos él solito.

-¿De verdad? –preguntó Kari. –Que glotón.

-Lo sé. –dijo el niño. –Ni a Patamon le quiso dar.

Los dos se sonrieron.

-¿Cuál es tu sabor favorito, Hikari? –preguntó Reiki.

-El de vainilla, también. –respondió la mujer. –A Kazumi le gusta el de chocolate.

-Ya llegamos. –dijo el niño señalando la heladería.

-Siéntate, iré a pedir los helados. –dijo la educadora. -¿Dos de vainilla?

Reiki asintió y se sentó en una mesa mientras la mujer se encaminaba a pedir los helados. Suspiró. El motivo por el cual la novia de su padre quería hablar con él era demasiado obvio pero aun así no sabía cómo reaccionar o que decir. Lo mejor sería ser totalmente sincero. La mujer de cabello y ojos cafés llego a la mesa con dos conos de helado de vainilla y le entregó uno al joven Takaishi.

-Gracias. –dijo el probándolo. –Que rico.

-Lo sé, los helados de aquí son los mejores. A estos venía con Tai. –comentó probando el suyo. -¿Podríamos hablar de lo que te molesta, Rei?

El niño lo pensó un poco pero al final asintió con la cabeza antes de volver a probar el helado de su sabor favorito. Hikari se acomodó en su lugar.

-¿Tanto te desagrada que tu papá y yo seamos novios? –cuestionó Yagami. –Porque no lo entiendo, si es por mí…

-No eres tú, Hikari. –negó el rubio. –Tú me caes muy bien.

Ella se sintió halagada por las palabras del hijo de su gran amor y lo animó a continuar explicando que era aquello que lo molestaba tanto.

-Es que mi padre me mintió. –dijo muy ofendido. –No me molesta que tú y él salgan, me enoja más el hecho de que no me lo haya dicho y yo haya tenido que enterarme.

-Rei entiéndelo. –pidió la mujer. –No queríamos involucrarlos hasta saber que esto funcionaria.

-Pero es que antes mi padre y yo nos contábamos todito, Kari. –recordó el de ojos azules. –Y ahora…

-Me echo la culpa de eso, Reiki. –dijo Hika. –Yo le pedí a TK mantenerlo en secreto por un tiempo, es mi culpa en realidad.

-Pero eso no quita que él me haya mentido y no es la primera vez. –comenta el niño. –Antes él no tenía secretos conmigo ni yo con él.

-Tu padre no es ningún mentiroso. –aseguró la castaña dulcemente. –Seguro tendrá sus motivos para no decirte algunas cosas.

-Hace poco lo escuche gritarle al tío Yamato que nunca estuvo enamorado de mi mamá. –relató Reiki Takaishi un poco enfadado. –Él me dijo muchas cosas buenas de ella pero… ahí me di cuenta que él nunca la amó así y quizá fue por ti.

Hikari se estremeció al escuchar las palabras de aquel niño, ella realmente había creído que Takeru amaba a la mujer que fue su esposa pero Reiki decía lo contrario y lo peor le echaba la culpa de eso a ella. Sintió que su corazón se estrujaba.

-Rei yo… -titubeó un poco. –No te negaré que tu padre y yo nos queremos desde hace muchísimo pero si él te dijo que la quería es porque así era.

-Probablemente, pero lo que me enoja tanto es que no me diga las cosas. –confesó apretando los puños. –Yo no tengo secretos con él. Y lo de mi madre creo que ya lo comprendí. Él la quería pero no de la misma forma que te quiere a ti…

-Si esa mujer fue tu madre y se parece un poco a ti estoy segura que fue una persona maravillosa que desea desde el cielo que tú y Takeru sean muy felices. –habló irradiando luz.

-Sí. –afirmó el niño. –No pienses que soy un niño grosero que no te quiere Kari, yo te quiero mucho y me caes bien pero simplemente me enojó que mi papá me ocultara algo otra vez.

-Te entiendo. –aseguró ella. –A mí tampoco me gustaría que me ocultaran cosas. Y créeme que hablaré con TK y le diré como te sientes.

-Gracias, Hikari. –dijo Reiki sonriéndole y dando un bocado final a su helado.

-¿Nos vamos? –preguntó ella devolviéndole la sonrisa.

-Sí. Vámonos…

...

Michael le había ofrecido al pequeño Yuhi llevarlo a dar un paseo al parque y el niño no se negó a pesar de estar muy nervioso por encontrarse con nada más y nada menos que con su padre, el hombre que le dio la vida y que nunca se preocupo por él. Nunca hasta ahora que de pronto había querido conocer de su vida y acercarse.

-Eres muy parecido a tu madre. –comentó Michael. -¿Cómo está ella?

-Bien. –contestó secamente el niño. –Eh señor no sé si sea buena idea que yo esté aquí.

-No me llames señor que soy tu padre. –alegó el hombre sonriendo. –Y no te preocupes que en un momento te llevaré con tu madre.

-Ok. –dijo Yuhi queriendo evitar llamarlo de cualquier modo. -¿Cómo supo donde estaba?

-Investigué un poco. –admitió el rubio. -¿Cómo te va en la escuela? ¿Tienes amigos?

Yuhi miró al suelo. No sabía cómo actuar frente a aquel que era su padre pero que sin embargo no había visto desde que tenía cinco y de repente reaparecía queriendo formar parte de su vida y le venía a preguntar algo tan común y corriente como que tal le iba en la escuela. Eso definitivamente no era muy normal que digamos.

-Me va bien y sí tengo amigos. –respondió Yuhi. –Kimiko y Emi son las mejores pero también tengo más. Aunque a algunos sólo les guste ensuciarse con el asqueroso futbol.

Michael se rió ante el comentario de su hijo.

-Definitivamente sí eres muy parecido a Mimi…

-Eh sí.

-Yuhi no quiero que estés nervioso conmigo sólo quisiera poco a poco acercarme a ti. –dijo Michael viendo la intimidación del niño.

-Es que no entiendo como se pudo desaparecer y ahora querer que todo sea tan normal. Definitivamente eso no se puede…

-Hijo yo siempre pensé en ti y me arrepiento muchísimo de cómo actué con tu madre. –explicó el americano. –Pero yo tenía otras obligaciones y en esos tiempos yo no supe cómo afrontarlas y fui muy cobarde pero créeme que te quiero y jamás deje de lamentar haberme alejado de ti como lo hice.

-Seguro… -soltó sin creer mucho en las palabras de su progenitor.

-Debes creerme porque estoy siendo sincero. –le rogó Michael Conner. –Ahora he decidido que no puedo vivir sin saber de ti, de cómo estás, de si eres feliz… así que le confesé todo a mi esposa y aunque al principio fue duro ella lo aceptó y entendió como me siento, incluso quiere conocerte.

-Ya veo. –analizó sin mirar a su padre.

-También tienes una hermana, su nombre es Nicole. –le dijo el hombre. –Es muy pequeña para entender todo pero también quiere conocerte.

-¿Quiere conocerme? –indagó sorprendido.

-Claro. Mira tengo aquí su foto. –comentó Michael.

Yuhi miró como su padre sacaba de su cartera la foto de una niña muy linda de aproximadamente cuatro o cinco años. Era rubia con el cabello en bucles y tenía los ojos verdes por lo cual era una total hermosura. Yuhi se emocionó muchísimo al verla.

-Si tú quieres podrías conocerla.

-Claro que quiero. –respondió con una gran sonrisa.

En ese momento el pequeño niño supo que su perdición había llegado. El auto de su madre se había aparcado justo frente al parque y de él bajaba una furiosa castaña que casi parecía histérica. Se aproximó a ellos y vio como su padre retrocedía sabiendo la que le esperaba.

Mimi simplemente se plantó frente a ellos y con todas sus fuerzas soltó una bofetada en el rostro de Michael quien la miró por una fracción de segundo con dolor y arrepentimiento pero Mimi estaba fuera de sí.

-¡Nunca, escúchame bien, nunca, te acerques de nuevo a nosotros! –bramó furiosa. -¡Eres un completo imbécil!

Y dicho esto tomó a Yuhi del brazo sin ningún tipo de delicadeza y lo subió al auto. El pequeño sabía que estaba metido en un gran aprieto porque nunca en su vida había visto a su mamá tan enojada, incluso grandes lágrimas surcaban su rostro desfigurado por la molestia. No dijo absolutamente nada en todo el camino y Yuhi tampoco emitió palabra alguna hasta llegar a casa. Mimi se bajó aun alterada y volvió a tomar a Yuhi del brazo.

Cuando estuvieron dentro de su vivienda Mimi repitió su acción y abofeteó a su pequeño hijo quien se tocó la mejilla que su madre le había dejado colorada con lágrimas en los ojos.

-Eres un desconsiderado y un irresponsable. –soltó furiosa. –No puedo creer que me hicieras esto. –dijo con lagrimas en los ojos.

Abrazó a su hijo posesivamente, había estado tan preocupada cuando no lo veía llegar y había llamado a todos sus amigos y al ver que ninguno tenía noticias de él decidió ir a la escuela a ver qué había ocurrido. Su hijo ya no estaba ahí por lo que nerviosa y alterada llamó a Hikari que afortunadamente estaba con Takeru, que había sido el único que había visto a Yuhi en el parque momentos atrás.

-No vuelvas a hacerme esto, Yuhi. –le rogó llorando. –Fue horrible no saber dónde estabas.

-Lo sé mamá sólo quería hablar con mi padre y…

-Yo entiendo que quisieras hacerlo pero la forma en la que lo hiciste ¡Jamás vuelvas a actuar de aquel modo! Y ese Michael… Se comportó como un crío pero créeme que no se lo perdonaré, con actitudes así no lo dejaré acercarse a ti.

-Pero…

-Ya hablaremos de esto, ahora a tu cuarto. –ordenó Mimi. –Necesito tranquilizarme.

Yuhi no tuvo otra que obedecer y encerrarse en su habitación donde Tanemon y Palmon lo esperaban ansiosas de saber que había pasado para que Mimi se pusiera de aquel modo. La madre se tiró al sofá agotada emocionalmente. Sentía aún preocupación y angustia además de un enorme coraje, tomó su celular para llamar a sus amigos e informarles que ya había encontrado a su hijo y ahorrarles la preocupación. El timbre sonó y la mujer rogó que no fuera Michael porque le volvería a partir la cara si era necesario. Pero no se trataba del americano…

-Koushiro. –se sorprendió al verlo ahí.

-Vine a hablar contigo. –dijo el hombre que se veía nervioso.

-Mira se que te debo una plática pero acabo de tener el peor momento de mi vida y…

-Mimi sólo déjame hablar. –pidió el pelirrojo.

-De verdad otro día, Kou. –rogó muy tensa. –Ahora no tengo cabeza para…

-Mimi, me voy a Kyoto y no pienso volver esta vez.

La mujer dejó caer el teléfono al suelo y por poco cae ella también de no haber sido porque se sostuvo de un mueble. Esto debía ser una broma ¿Qué clase de mala suerte tenia ella?


Muchas gracias por leer! :3 Espero que este capitulo les haya gustado, tenemos a una Mimi alterada, triste, histérica, enojada y sorprendida, vaya que le ha pasado de todo en el capitulo nah?

Han sido pocos los niños que han salido hoy pero me parecía importante que Hikari y Takeru tuvieran esas conversaciones con sus hijos y además también era necesario una confrontación Yuhi-Michael, quien intenta componer sus errores de una manera..amm..no muy buena, diría yo. Pero al menos lo intenta.

Koushiro se nos vaaaa! ¿Hará algo Mimi para detenerlo o le dejará ir otra vez? Eso lo sabremos muy pronto.

Sólo para avisarles que este fic ya esta en su recta final y que le faltan exactamente tres capitulos más para que termine así que esperenlos pronto.

Gracias de nuevo por leer y más aún si comentan! :D

Besos!