Trucos de Salón
Cap. 36
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-¡Aang!
-¡Aang, ¿dónde estás?!
El As parpadeó confundido, sacudiendo la niebla de su cabeza. No sabía cuanto tiempo había pasado desde que abandonó la destilería, pero era el suficiente para dejarlo con un dolor grave; tampoco estaba seguro de donde había terminado… Había estado caminando directamente hacia el Palacio de Ozai (el club personal de los dragones) y no le parecía posible perderse, pero en algún lugar había comenzado a llover. Además sus heridas parecían aullar con cada movimiento, como si fuera su propia manera de protestar.
Cada parte de él estaba fuera de combate, incluso en su interior, y por si fuera poco, ahora no tenía idea de dónde estaba. Podría jurar que había escuchado su nombre, aunque...
-¡Aang por favor, ¿Dónde estás?!
Era Katara.
Espíritus, sonaba asustada. Probablemente había usado a Appa para rastrearlo... Sí. Allí estaba él, ladrando mientras llegaba a la esquina del callejón donde estaba refugiado. O más bien tirado… Hombre, hacía demasiado frío y había sido un completo idiota... ¿Cómo pudo olvidarse del olfato de Appa?
-¡Aang!
Katara acababa de doblar la esquina del callejón y Toph le pisaba los talones. Él no podía ver muy bien por todo eso de la lluvia… y le dolía la cabeza… y estando en esas, también le empezaba a ser difícil concentrarse.
Pero entonces, Katara estuvo de rodillas junto a él, con los brazos alrededor de su cuello y su cara presionada contra el mismo. A esto si podría acostumbrarse. Era tan cálida y suave... como sumergirse en un baño caliente. Se atrevió a inhalar lentamente, pero aun no podía pensar con claridad. Lo siguiente que supo, es que estaba montado en el camión de Sokka y escuchaba a Toph darle instrucciones en el asiento delantero. Luego de eso, nada. Se quedó allí temblando, sin ser consciente de nada hasta que despertó en su cama. Era como el día anterior, no sabía cómo había llegado hasta allí, pero estaba en pijama de nuevo y con vendas frescas encima. ¿Cuánto tiempo había estado dormido esta vez?
Se incorporó bruscamente y el dolor se disparó por toda su espalda.
-Lento, lento. Acabas de despertar
Aang levantó la mirada con sorpresa. Allí, a su lado como siempre, estaba Katara. No podía haber dormido mucho tiempo ya que sus ropas todavía estaban húmedas por la lluvia. Ella mantenía el ceño fruncido sobre él y Aang se atrevió a suspirar.
-¿Por qué?- dijo bruscamente.
Él bajó la mirada, frunciéndole el ceño a sus manos.
-¿Por qué te fuiste, Aang? ¿Por qué haces esto?
-Yo no creo que pueda seguir así- disparó, después de un largo momento -¡Todas esas personas sufren lesiones y bajas en esta estúpida guerra!... y al parecer soy el único que puede detenerlo y no quiero que toda esa gente pierda la vida por mi culpa... pero resulta que también soy un inútil y todo lo que puedo hacer es entregarme y esperar que eso les motive lo suficiente para detener su...
Katara bufó molesta, frunciéndole el ceño todavía más.
-No seas ridículo.
-¡No estoy siendo ridículo!- le espetó, poniéndose bruscamente en pie a pesar del dolor punzante de su espalda -¡Yo no quería esto!... yo no pedí ser un Avatar, no quería que toda mi familia y amigos murieran mientras yo estaba escondido como cobarde en un sótano. Tampoco quería que atacaran las destilerías o que mataran a tu madre y tantas personas más sólo por no haber sido capaz de estar ahí... Y no quiero que nadie te lastime… especialmente a ti.
-¿Especialmente a mi?- repitió incrédula, mientras también se ponía de pie.
Él comenzó a marearse.
-Si crees que no soy perfectamente capaz de cuidar de mí misma, entonces no me conoces en absoluto.
-¡Sabes que no es lo que quise decir!- gritó ofuscado, dándole la espalda.
Ella dio un paso atrás, no esperaba que él reaccionara con tanta fuerza. Aang se quedó mirándola fijamente, respirando con dificultad mientras ella volvía a sentarse en el marco de la ventana y apartaba la mirada de él. El chico dejó escapar un suspiro de frustración y se dirigió hacia la puerta, corriendo una mano por su cabello húmedo. ¿Cómo había permitido que esto sucediera?
-Estoy cansada, Aang- murmuró la chica.
Él se detuvo y volvió toda su atención en ella. Katara no lo miró.
-¿Tú no?- él enarcó una ceja con recelo.
-¿Cansado?
Ella suspiró y tiró de sus rodillas hasta la barbilla, de repente sintiéndose muy pequeña.
-Estoy cansada de estar enojada contigo.
Aang no dijo nada, pero ella lo vio ponerse rígido en su visión periférica.
-Estoy cansada de que me faltes cuando estás tan cerca. Hubo un largo momento de silencio, antes de que él finalmente se atreviera a romperlo.
-Yo no empecé esto- dijo con voz monótona -Tú solo malinterpretaste algo que dije y comenzaste a odiarme.
-Nunca te odié- señaló con desgano -Te lo dije. Nada de lo que puedas hacer jamás haría que yo te odiara.
Aang tragó saliva.
-Katara...
-¿Esto es todo culpa mía?
Aang se congeló en su lugar. Su voz nunca había sonado así antes… era como el hielo desquebrajándose.
-¿Es mi culpa que nosotros estemos así?
Aang dejó escapar un profundo suspiro y se sentó a su lado. Podía mirarla de reojo, pero los ojos de la joven estaban cerrados. Él tuvo que contener un sobresalto cuando la luna detrás de la ventana, se atrevió a reflejarse en los dos senderos de plata que corrían por sus mejillas. Su reacción inmediata fue de llegar hasta ella, envolverla en sus brazos y suplicarle mil veces que lo perdonara. Pero no lo hizo. Se retuvo en su lugar y se odiaba por ello.
-No- murmuró, bajando la cabeza -Tengo mi parte de culpa.
Él la miró de nuevo. Sus ojos estaban abiertos, pero miraban fijamente hacia adelante.
-Lo siento Katara.
Finalmente ella lo miró. Él nunca la había visto de esa manera, pareciendo tan miserable. Y su pecho colapsó dolorosamente ante esa vista, que hasta donde sabía, era obra suya.
-Por favor perdóname.
Un instante después, unos brazos estaban ajustados a su cintura y ella tenía la cara enterrada en su pecho desnudo; Aang podía sentirla respirando profunda e irregularmente, además sus lágrimas le mojaban las vendas y la piel. A él le tomó una fracción de segundo acogerla en sus brazos, un instante para tirar de ella lo más cerca que pudo, para enterrar su nariz entre su cabello y besar la parte superior de la cabeza una y otra vez, mientras le suplicaba perdón con el más desesperado arrepentimiento y aspiraba con cada beso el perfume del que había sido privado.
-Lo siento mucho Aang- le interrumpió ella -Te he extrañado tanto.
Su respiración era corta y desigual debido al esfuerzo de retener su llanto. A él se le rompió el corazón ante semejante escena, pero guardó silencio y sólo atinó a abrazarla con más fuerza.
-Yo... pensé que te había perdido.
Aang sabía que no sólo estaba hablando de ahora. Ella estaba hablando sobre su muerte en aquella alcantarilla. Ella estaba hablando de él, corriendo mientras aún estaba tan ridículamente débil. Estaba hablando de esa estúpida pelea que por fin había terminado.
-Shh- la hizo callar suavemente, deleitándose con su calor -Esta bien ahora.
-No, no lo esta- murmuró, negando con la cabeza sobre su pecho -No estamos bien.
Katara tomó un respiro pesado, pero no lo soltó, se mantuvo cerca y él no tenía ninguna intención de dejarla ir tampoco.
-No podemos volver a las cosas como estaban. No después de esto. No podemos... no podemos pretender que esto nunca ocurrió.
Aang se encogió sobre sí mismo, muy consciente del peso de sus palabras. Ella sintió cómo el corazón debajo de su mejilla, latía con más fuerza.
-Aang, hemos sido terribles uno con otro...
-Lo siento- dijo con un tono agonizante.
-Shh... Tú no tienes que pedir disculpas. Yo me asusté. Y ahora es cómo... cómo si supiera…
Ella luchó para encontrar las palabras adecuadas.
-¿Cómo si supieras lo que siento por ti?
-No- murmuró en voz muy baja -Sólo sé que has pensado en ello demasiado.
Aang suspiró profundamente.
-¿Quieres saber qué es lo que siento por ti?- preguntó suavemente.
Katara no respondió hasta después de varios momentos.
-¿De verdad lo sabes con seguridad?
Aang no respondió, pero ella sabía que él estaba pensando en ello.
-Aang...
Murmuró, tragando saliva. El joven le dirigió una mirada expectante.
-Hay algo que necesitas saber de mí. En este momento. Antes que digas nada…
Ella lo soltó y se apartó, enjugándose los ojos. Aang le ofreció una débil sonrisa. Katara cerró los ojos y suspiró.
-Tú me dijiste una vez... que los dos estamos perdidos, los dos estamos un poco asustados... y un poco heridos- Aang asintió con la cabeza -Bueno, yo... yo lo estoy más de lo que piensas. Más de lo que nadie piensa. Estoy muy mal... no solo se trata de Sokka paranoico que me impide una relación. Soy yo.
Él frunció el ceño, pareciendo confundido. Pero ella desvió la mirada.
-No puedo... no sé cómo amar a alguien. Me cerré a eso después de lo de mi madre y ahora… no sé cómo abrirme de nuevo.
-Katara…
Ella negó con la cabeza.
-Así que antes de que cualquier cosa pase, quiero que pienses en cómo te sientes por mí- dijo con voz temblorosa -Quiero que sepas que cualquier tipo de relación conmigo va a ser lenta. Necesitas ser paciente y... no esperes demasiado de mí.
Aang la miró encandilado.
-Quiere decir... ¿Qué en realidad estás dispuesta a intentarlo?- preguntó incrédulo.
Katara suspiró y miró hacia abajo.
-Es que... ambos sabemos que no podemos volver atrás- murmuró -Así que lo único que queda es seguir adelante y tratar con el futuro.
Aang cruzó sus brazos sobre el pecho y enarcó una ceja.
-No quiero esto si lo estás haciendo por necesidad... no deseo que te sientas obligada a ello, yo… prometo no volver a ir por ahí como idiota buscapleitos pero no quiero esto si tú tampoco- dijo con firmeza -¿Quieres ser mi novia o no?
Katara parpadeó sorprendida. El término "novia" había entrado en la conversación tan de repente, que no sabía muy bien cómo reaccionar. Ella se vio sometida por su mirada interrogante durante un largo momento, antes de que finalmente dejara escapar un gemido de frustración.
-Maldita sea Sparky, claro que sí- le espetó.
Y él parecía estar a punto de regalarle una sonrisa, pero ella levantó una mano para detenerlo.
-Pero esa no es la cuestión- Aang frunció el ceño, pero asintió con la cabeza para que ella continuara -La pregunta es si todavía quieres esto… incluso después de lo que acabo de decirte, después de todo lo que acabamos de pasar. Quiero decir... todo esto empezó porque tenía miedo de tener una relación real contigo, en primer lugar.
Aang se acercó un par de pasos a ella con exagerada lentitud, sosteniéndole la mirada con intención y conteniendo un amago de sonrisa.
-Incluso después de todo eso… todavía siento lo mismo por ti- le aseguró, tomando entre sus manos las suyas.
Katara le devolvió la sonrisa, un tanto nerviosa, y reprimió el suspiro de alivio que demandaba por salir.
-¿Está bien?
-Bien.
Aang sonrió satisfecho y beso sus manos.
-Y debería… ¿robarte un beso o algo así?
Katara tragó saliva y agachó la mirada con brusquedad, lo que causó una respuesta inmediata en el chico, cuyos ojos se abrieron arrepentidos y sus manos se levantaron en un gesto conciliador
-Espera era broma, lo juro. Demasiado rápido, lo entiendo… y no importa- dijo a toda prisa -Podemos esperar.
Katara lo miró con seriedad.
-¿En serio?
Aang sonrió suavemente y conectó su mirada con la de ella, con la esperanza de que encontrara la verdad en sus palabras.
-Por supuesto que sí, el tiempo que necesites- él llevó una mano hasta su rostro y lo acunó con ternura, pero con una expresión seria que la atrapó por completo -Toma todo el tiempo del mundo si así lo quieres, tan solo déjame esperar contigo.
Katara sonrió complacida y salió de su trance.
-Ya Sparky, eso... fue una prueba- dijo, mientras lo tomaba por la parte posterior del cuello y lo arrastraba hasta la altura de los ojos -Y acabas de aprobar.
El primer pensamiento que corrió frenéticamente por su mente, mientras lo apresaba, se resumía en dos palabras: Al fin.
Al fin lo estaba besando. Siete años... y sabían mucho mejor ahora. A pesar de que no había conseguido gran parte de muestra en ese rápido beso a los nueve. No. Ahora se trataba de un beso real y era exactamente el tipo de beso que quería de él. Vagamente registró el hecho de que Aang había envuelto sus brazos alrededor de ella y que la besaba ferozmente de vuelta. Pero el pensamiento racional fue rápidamente dejado atrás.
Él la atrajo hacia sí todo lo cerca que era posible… Por fin, por fin. Aang se apartó de la chica con reticencia. Sus ojos se abrieron y ella parpadeó varias veces, tomando una respiración para estabilizarse. Él la miró por un momento, compartieron una sonrisa y luego fue él quien apresó su boca. Aquel beso fue más corto, más suave, más lento. Aang trataba de hacerlo bien para ella, y estaba funcionando; Katara cerró los ojos, suspirando en su boca. Era perfecto, el gusto, ese sentimiento... perfecto.
-Hey- exhaló ella cuando finalmente se separaron para respirar.
La joven sacudió la cabeza, algo aturdida y abrió los ojos, para mirarlo como si la hubiera deslumbrado. Katara sonrió y él rió sin aliento
-Eso fue realmente algo, ¿eh?
-Cara de muñeca, he estado soñando con eso durante mucho tiempo- suspiró, apoyando la frente contra la de ella -Y ahora que por fin estamos aquí, juntos… estoy perdiendo el hilo de todo lo espectacular que iba a decirte.
Katara rió feliz y le rozó la nariz con la suya.
-No espero nada espectacular- murmuró ella, exhalando un suspiro un poco abrumado –Solo a ti. Esto es más que suficiente.
-¿Esto?-
Preguntó él en voz baja, dejando caer un suave beso en la frente de la chica. Su corazón se agitó como un pájaro bajo su pecho y ella sintió que se ruborizaba.
-Esto- confirmó -Simplemente... estar cerca de ti. Como nadie más- ella cerró los ojos y escondió la cara en su cuello -Simplemente no estoy acostumbrada, es todo.
Aang sonrió comprensivamente y quitó un mechón de cabello que le cubría la cara.
-Para eso estoy aquí- murmuró con devoción, antes de besarla de nuevo.
Y hasta el día de su muerte, Katara nunca olvidaría ese beso. Fue algo totalmente inesperado y extraordinario. Un beso para construir una vida encima (aunque no se daría cuenta de eso hasta mucho más tarde, por supuesto). En ese momento, estaba tratando con todas sus fuerzas que su cerebro hilara pensamientos coherentes de nuevo… pero la boca de Aang sobre la suya lo estaba volviendo una tarea extremadamente difícil.
Un roce más… y todo pensamiento se fue. No había nada en el mundo, sólo ellos. Allí mismo, en ese momento. Sin pensar, sólo sentir. Sus labios, su lengua, sus dedos, sus manos… la ausencia de pensamiento dejó la puerta abierta para que sus inhibiciones escaparan. Habían esperado mucho tiempo para eso, acumulando pasajes a un punto sin retorno. Todo se aceleraba, cada punto de contacto entre ellos ganaba temperatura. Cada vez que sus labios se separaban, recuperaba el aliento, pero aun así odiaba esa distancia. Él tenía las manos en su pelo, en sus brazos, recorrían su espalda y su cintura haciendo que la sensación de deseo se apoderara de ella.
Katara se había alejado demasiado de su cerebro, siendo solo consciente de la electricidad en su contacto y el ruido que hacía mientras succionaba su labio inferior. Aang la atrajo hacia su regazo, acelerando de paso su corazón, luego la boca del joven se trasladó a su cuello. Ella inclinó la cabeza un poco hacia atrás y se quedó inmóvil, aspirando fuertemente a esta nueva sensación… ¿Por qué parecía conocerla tan bien?... Aang succionaba cada parte sensible de su piel y sus dedos excavaban delicadamente entre su cabello, llevándola a perderse poco a poco en el mundo de los sentidos. Luego, sus manos se deslizaron hasta su camisa. No podía entender cómo es que las suyas propias ya habían recorrido el pecho desnudo del chico (y sin provocarle ningún dolor). Los suaves dedos de él se posaron sobre su espalda desnuda, y las campanas de alarma finalmente resonaron en la cabeza de Katara. Si no paraban justo ahora, podría ser muy tarde.
-Aang...
No pudo continuar porque se quedó sin aliento. Él la hizo callar con un beso rápido y cálido, pero tan pronto como sus labios abandonaron los suyos jadeó su nombre por segunda vez y él se detuvo, respirando con dificultad. Ambos se sentaron allí, jadeando, con las manos de él todavía debajo de su camisa, las de ella todavía aferradas a su cuello… y sus labios aun tentadoramente cerca.
-Aang- jadeó, sin aliento.
Ella deslizó sus manos por los brazos hasta sus codos y lo empujó suavemente, separando sus manos de la piel en su espalda.
-Debemos... debemos parar.
Él parpadeó confundido un par de veces, pero cuando en sus ojos amaneció por fin el entendimiento, la miró horrorizado y al mismo tiempo ya tenía sus manos fuera de ella.
-¡Oh diablos!... lo siento mucho- dijo atropelladamente -No fue mi intención... quiero decir… no sé… pero me descontrolé... oh Katara, lo siento tanto… soy un imbécil.
Katara dejó escapar una risa ligera, tomando su rostro entre las manos y atrayéndolo hacia ella.
-Está bien- murmuró, con los pulgares acariciando sus mejillas mientras colocaba suaves besos en sus labios -No lo sientas. Esa ha sido la sanación de toda una vida. Me siento mucho mejor, ¿tú no?
-Sí- confesó en voz baja, y ella sonrió -No tienes ni idea.
Él se lamió los labios y sonrió encantado.
-Tengo que decirlo, el sabor es increíble. Aún mejor de lo que imaginaba… aún mejor que hace siete años.
Ella le lanzó una mirada orgullosa y le guiñó el ojo, luego volvió la cabeza hacia su hombro y respiró hondo.
-Mi camisa huele a ti.
-¿Eso es algo bueno?
-Mm- afirmó en voz baja, enterrando la cara en su cuello -Debo irme, alguien vendrá a ver cómo estamos.
-¿Y?
Katara rió entre dientes y sus labios le hicieron cosquillas en el cuello, en respuesta, los suyos se curvaron en una sonrisa. Sentirla tan cerca, bajo la protección de su abrazo y sabiéndola feliz… como siempre debió haber sido… lo llenó de paz e hizo que un suspiro de satisfacción se escapara de su pecho.
-Bueno, si Sokka viene… yo probablemente no debería estar en tu regazo.
-Pero se ajusta muy bien- lloriqueó tiernamente.
-...
Ella suspiró derrotada.
-Bueno, sólo unos minutos más.
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-¡Katara!
La joven maestra gimió y se tapó los oídos.
-Que gritos, ¿Qué pasó con el sueño?
Pero al parecer, el sueño no era una opción para ella, porque de pronto estaba siendo transportada a sus pies. Ella reaccionó inmediatamente, agarrando con brusquedad la muñeca de quien osaba ponerle las manos encima y cuando se despertó por completo, ya tenía el brazo de Sokka trenzado a su espalda. Ella miró a su alrededor, confundida. Aang estaba sentado, muy erguido, en su asiento de la ventana y pareciendo avergonzado. Al fin lo recordó. Oh sí, ella había dormido allí anoche. Miró en dirección a la puerta y vio a Toph apoyada contra el marco, luchando por contener la risa.
-¡Katara, ya!- gritó su hermano.
Ella lo soltó de mala gana y él se alejó rápidamente, frotándose el adolorido brazo.
-¿Qué demonios?... ¡Sokka!- espetó Katara -Bonita manera de despertarme, gracias.
-¡Qué diablos, es correcto!- replicó él -¿Crees que me gusta despertarme y ver que durmieron aquí juntos?, ¿eh?
-¿Y cómo es que eso, exactamente, es parte de tu negocio?- dijo entre dientes, dando un paso amenazador hacia él.
Sokka también dio uno, pero en dirección contraria.
-Cualquier chico que está tan cerca de mi hermana, es mi negocio inmediato.
-Sí bueno, pues vas a tener que lidiar con eso de ahora en adelante- gritó Katara sin pensar.
Un silencio abrumador siguió a sus palabras. Las cejas de Toph se habían disparado, los ojos de Sokka parecían querer salir de sus cuencas… y Katara no quería dar la vuelta y ver la reacción de Aang.
-¿Qué se supone que significa eso?
Le preguntó Sokka, con voz extrañamente tranquila. Katara apretó la mandíbula y entrecerró los ojos. Ella por casualidad dio una mirada atrás, hacia Aang. Él miraba la escena completamente desconcertado, luego capto su mirada, la dulcificó y se encogió de hombros. Sólo entonces ella se volvió hacia Sokka.
-Aang… Aang y yo estamos... saliendo- ella miró hacia atrás de nuevo y aunque el chico parecía presa de pánico, no se movió de su sitio.
Luego se adelantó y se plantó entre ambos hermanos, su postura era delatadoramente protectora. Y Sokka parecía más enojado cada segundo, por lo que Katara levantó una mano y tiró la precaución al viento.
-Mira, no pasó nada.
-¿Por qué hubiera pasado algo?- preguntó Sokka con voz estridente.
Toph soltó un bufido de risa, pero no dijo nada en defensa de sus amigos. La situación le divertía en sobremanera y había estado esperando la bomba desde hacía ya un tiempo, por lo que se limitó a disfrutar el drama.
-¡Sólo fue un beso!- estalló Katara -Eso es todo, fue...
Ella miró hacia Aang por tercera vez. Él parecía un poco preocupado de repente y fue entonces, que se dio cuenta de que estaba hablando sin pensar. Claro que había sido más que un simple beso. Por lo menos para ella.
-No, eso no fue todo.
Katara sonrió y todos parpadearon sorprendidos. Ella enfrentó resueltamente a su hermano, quien se encogió un poco ante su mirada.
-Somos novios. A partir de anoche estamos juntos... ¿Y sabes qué?- ella rió y empujó Sokka en el pecho -No hay nada que puedas hacer o decir, que pueda cambiar eso. ¿Qué te parece?
Sokka no dijo nada. Siguió mirando a Katara y a su ahora cuñado, alternativamente, componiendo una tristeza fingida en el rostro. Katara lo miraba en silencio, con los puños apretados a los costados. Finalmente, Sokka suspiró y se encogió de hombros.
-Está bien.
Katara estaba atónita.
-¿Está bien?- repitió con incredulidad -¿Eso es todo?
-Sí- dijo Sokka simplemente -Eso es todo.
Toph parecía que se iba a desmayar y Katara oyó claramente, a Aang cayendo detrás de ella.
-Simplemente... no hagan nada estúpido.
Y con eso, él salió de la habitación. Toph parecía clavada en el suelo, pero momentos después y también sin decir palabra, salió de la habitación a toda prisa. Cuando estuvo segura de que era en serio, Katara miró por encima del hombro. Aang estaba levantándose del suelo y tenía una expresión perpleja. Él se sacudió los pantalones cuando se puso de pie y la miró inseguro.
-Bueno- dijo, sonando un poco abrumado –Si eso es cierto… fue mejor de lo que pensaba.
Katara sonrió y en un arrebato de pura euforia, le tomó la cara entre sus manos, tirando de él más cerca. Aang tuvo que cogerla por la cintura para mantener el equilibrio.
-¿Sabes?- le susurró, sonriendo -Creo que esto está funcionando mejor que bien.
Ella no le dio la oportunidad de responder.
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