Titulo: El destino.
Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.
Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.
Nota:. Muchas gracias a todos por sus comentarios y ánimos y por seguir leyendo este fic. Aquí les dejo un nuevo capitulo. Por cierto, este cap tendrá intercalados pedazos de una canción que una vez me dedicaron y que desde entonces me parece realmente bonita. Se llama "Cuando lloras" como el capitulo de hoy :)
.
*Hijo de Taichi: Kaichi Yagami de ocho años.
*Hija de Hikari: Kazumi Yagami de nueve años
*Hijos de Yamato y Sora: Hanami y Ayako Ishida de ocho y cinco años.
*Hijo de Takeru: Reiki Takaishi de nueve años.
*Hija de Iori: Natsuki Hida de ocho años.
*Hijo de Daisuke: Kazuo Motomiya de ocho años.
*Hija de Koushiro: Emilyn Izumi de siete años.
*Hijos de Miyako y Ken: Keitaro y Kimiko Ichijouji de nueve y siete años.
*Hijo de Jou: Ryota Kido de cinco años.
*Hijo de Mimi: Yuhi Tachikawa de siete años.
Capitulo 15: Cuando lloras.
Cuando lloras,
se para el mundo,
y nunca se que decir…
Esa mañana Kazu no fue despertado tan temprano como solía despertarlo su madre para ir a la escuela. Aun así se levantó con todos los ánimos pues el día anterior su padre le había prometido llevarlo al campo a realizar un picnic con su madre y los Digimon y su padre jamás le había fallado antes por lo que estaba muy alegre.
-Chibimon ¿No viste donde guarde mis guantes para jugar de portero con papá? –cuestionó Kazuo.
-No sé, Kazu. –contestó su Digimon aún adormilado.
El niño decidió que no dejaría esa casa hasta encontrarlos para así poder tener todas sus cosas listas, él y Chibimon ya habían guardado todo lo que quería llevar en una maleta entre ellos un balón de futbol, sus galletas favoritas, dos aviones a control remoto, un videojuego portátil y un muñeco de acción. Todo lo necesario para no aburrirse ni un solo momento.
-Amor ¿Ya estás listo? –indagó Akane entrando al dormitorio de su único hijo.
-No mamá, pero ya casi. –contestó el pequeño.
-Es que le faltan sus guantes que le regalo su papá en su cumpleaños. –explicó Chibimon.
-Los buscas llegando, Kazuo que ya es tarde. –dijo con firmeza. –Así que ya.
-Pero mamá…
-Dije que ya.
Kazuo, indignado y refunfuñando por lo bajo, tuvo que obedecer a su progenitora y no sin antes haber recogido su maleta y echar un último vistazo en su armario por si a caso encontraba sus preciados guantes –como era de esperarse no los encontró. –salió de su habitación con su madre y Chibimon.
-Hasta que están listos. –habló Daisuke.
-Tu hijo se retrasó. –explicó Akane Motomiya. –Ya lo conoces.
Kazuo se quejó pero no recibió mucha atención de ninguno de sus dos padres.
-¡Ya vámonos! –pedía V-mon en el auto listo para partir.
-Ya vamos. –dijo su compañero. –No seas impaciente.
-Es que ya vi toda la comida que prepararon tú y Akane. –comentó el Digimon Azulado. –Luce deliciosa.
-¡Yo quiero comer! –exclamó Chibimon inquieto en los brazos de su compañero humano.
-Ya comeremos. –aseguró Daisuke. –Pero por si a caso ¡Yo pido una de las bolitas de arroz de Akane antes de que se las acaben!
-¡Oye! Es no es justo papá.
Akane rodó los ojos mientras subía al auto. Definitivamente vivía rodeada de glotones.
Cuando lloras,
me derrumbo
y no me sale fingir.
Ese día Hikari se había levantado con un dolor de cabeza muy agudo que le había impedido siquiera el pensar en ir a trabajar. Había llamado para avisar su falta y para pedir al transporte de la escuela pasar por su hija así quedándose completamente sola en casa ante su incapacidad frente a un grupo de niños de cinco años. Gatomon había decidido ir a un paseo con Patamon al Digimundo para darle un poco de paz. Paz que duró muy poco, por no decir nada, al escuchar el sonido inconfundible del timbre.
-TK, que sorpresa.
-Fui a levar a Rei a la escuela y Kazumi me dijo que te sentías un poco mal. –comentó el escritor besando su frente. –Quise pasar a ver como estabas.
-Sólo es un dolor de cabeza. –explicó Yagami. –Nada grave.
-Si quieres me marcho para que descanses. –ofreció él.
-No, por favor. –pidió Hikari. –Quédate conmigo.
La castaña lo dirigió hasta la sala donde ambos se instalaron, Hikari se sirvió un vaso de agua y le ofreció un a su novio quien al encontrarse sumamente nervioso lo aceptó sin chistar.
-Kari en realidad yo quería hablar contigo. –confesó el rubio. –De nosotros.
-¿Qué pasa?
-Bueno es que creo que ahora que lo de nosotros es formal no podemos seguir ignorando nuestros pasados. –respondió. –Quiero que me conozcas y conocerte como si no nos hubiéramos separado nunca.
-Lo entiendo. –soltó ella.
Takeru le explicó absolutamente todo. Como desde que ella lo dejo sin motivo aparente él no había soportado seguir a su lado pues le dolía verla y que ella solo lo viera como un amigo. Así decidió aceptar una beca que se consiguió su abuelo en Francia y dejar el país unos años. Le contó como al regresar ya con sus estudios conoció a Yoriho quien se convirtió en una buena amiga de inmediato y como poco a poco ella se enamoró de él. También cómo fue que cuando Rei cumplió cinco le diagnosticaron cáncer y murió poco después.
-Oh Takeru… -masculló Hikari abrazándolo.
-Me dolió muchísimo. –confesó secándose una lagrima. –Siempre me culpé el no amarla como se merecía. Ella era fabulosa, amable y divertida, recuerdo que siempre me hacia reír.
-No te culpes por eso. –le pidió su amada. –Sobre el corazón no se manda.
-Lo sé mi Kari. –respondió mas tranquilo. –Pero ahora que ya lo sabes todo… creo que estoy en mi derecho de conocer ese pasado que me quieres ocultar.
Hikari miró al techo pero luego asintió.
-Bien Takeru, creo que es tiempo de que escuches mi historia.
Cuando lloras
las horas
le dan la vuelta al reloj.
Sora acababa de llegar a la cafetería de la Avenida mientras se preguntaba si no había llegado demasiado temprano o en su defecto muy tarde. También venia reprendiéndose mentalmente pues hasta ese momento no había reflexionado el cómo iba a reconocer a la tal Minami si no tenía ni una mínima idea de cómo era aquella mujer.
Tres minutos después de Sora entró un mujer muy guapa. Se veía varios años menor que la pelirroja y tenía un espeso cabello negro como la noche. No sólo la atención de la señora Ishida se centró en ella si no que la mayoría de los que estaban ahí se giraron a observarla. La guapa mujer se sentó en la misma mesa que Sora quedando justo frente a ella.
-¿Señora Ishida? –cuestionó.
-Sí, soy yo. –afirmó la aludida. –¿Cómo supo reconocerme?
-No fue difícil. –confesó Minami. –Es demasiado parecida a su hijo más pequeño. –respondió con escalofríos recordando lo que lo había hecho pasar ese mocoso.
Si antes Sora tenía muchísimas interrogantes, ahora tenía el doble. Había preferido no decirle nada a Yamato ni a nadie para afrontar esa situación por su cuenta, quería saber quién era ella y que asunto tenía con su marido y no quería darle la oportunidad de ignorar el problema a Yamato como había hecho tantas veces. Es cierto que ahora su relación era mejor y debería haberle tenido más confianza pero Sora sentía que esto debía hacerlo ella.
Aun así empezaba a temerse muchas cosas. Para empezar ¿Cómo esa tal Minami conocía a Ayako?
-Bien ¿Qué desea usted de mi marido? –quiso saber Sora.
-Antes que nada quisiera decirle que si trato esto con usted es porque siento que es mi deber.
-Seguro, pero por favor explíquese.
-Bueno, hace aproximadamente dos meses yo fui novia de Yamato.
Entonces la esposa del nombrado Yamato comprendió varias cosas. Recordó el llamado de su hija mayor muy alterada porque su padre tenía novia y su sufrimiento al pasarse toda la noche llorando sobre su almohada al sentir aquel nudo enorme en la garganta que no la dejaba respirar. Ella era la causante de ese hoyo.
-Sí bueno. –hablo por fin la pelirroja. –Pero no me ha dicho que es lo que busca.
-Yo estoy embarazada.
Sora sintió que en ese preciso momento todo su mundo se venía abajo.
Cuando lloras
a solas
Me muerdes el corazón.
Esa mañana a Yuhi no lo despertó Mimi como solía hacer todos los días. Ese día el pequeño tuvo que levantarse solo, vestirse solo, comerse un paquete de cereales solo, pues su madre no había dado señales de vida como cada mañana cuando lo despertaba muy temprano, lo vestía, le preparaba el desayuno y luego se esperaba a que el transporte escolar pasara por su hijo para irse al trabajo con Palmon.
Cuando el niño se asomó en la habitación de su madre para decirle que ya estaba listo y que sólo esperaría que el transporte pasara para irse a la escuela pero lo que vio ahí lo dejo helado. Su madre lloraba a lagrima tendida sobre su cama y Palmon lloraba también al tratar de consolarla. La castaña estaba desecha. Sus ojos ya no tenían ni una chispa de aquella alegría y su sonrisa parecía sólo un lejano recuerdo.
Yuhi sintió su corazón apretujarse en su pecho al ver esa escena y supo que sólo había algo que un niño como él pudiera hacer. Tomó el celular de su madre sin permiso y marcó un numero de su propio teléfono esperando que su única esperanza respondiera del otro lado.
-¿Hola?
-Hola señor. –habló el hijo de Mimi. –Soy Yuhi Tachikawa.
-Oh Yuhi. –se sorprendió Koushiro. -¿Está todo bien? ¿Le pasó algo a Mimi?
-No le pasó nada pero definitivamente no está bien. –fue la respuesta del castaño. –Y es por usted.
Hubo una pausa en la que ninguno dijo nada hasta que Koushiro rompió aquel tenso silencio.
-Yo no quise…
-Escúcheme. –pidió Yuhi sin querer escuchar las disculpas de aquel hombre. –Cuando mi mamá estaba con usted era feliz porque se reía como nunca y sus ojitos no estaban tristes. Sólo vuelva a hacer que sea así.
-Yuhi yo…
-Por favor se lo ruego ella está muy mal. –repitió muy desesperado. En ocasiones como esta sentía que era él quien debía cuidar de Mimi y no viceversa.
Piensa en lo que piensas cuando lloras,
cuando me dices que no…
Con una enorme preocupación aquel hombre se dirigía a su casa después de una mañana muy atareada. Generalmente a esta hora apenas estaría a la mitad de su trabajo pero a Miyako la habían llamado del colegio donde estudiaba su hijo mayor para decir que éste había tenido una crisis asmática y que tenían que llevárselo a casa. Normalmente Miyako hubiera podido ir a recogerlo pero ese día ni siquiera había podido levantarse de la cama pues se sentía fatal así que el detective se vio obligado a tener aquella responsabilidad sobre los hombros.
Cuando llegó a su casa se sintió un poco mejor. Él y Keitaro llamaron a su mujer pero no escucharon respuesta.
-¿Miyako? –la volvió a llamar Ken un poco preocupado. Su hijo se adentró al baño.
-¡Aquí esta papá!
El hombre se aproximó hasta el lugar de donde había salido aquel grito por parte de su hijo y lo que vio lo asusto sinceramente. Ahí estaba su Miyako tirada en el suelo con el rostro escondido entre sus manos y sin poder dejar de temblar. Víctima de un llanto que a Ken lo puso en alerta total.
Ver a su esposa así lo destrozaba.
Piensa lo que quieras pero ahora…
Ese novio suyo no sabía dónde tenía la cabeza.
O eso pensaba Chizuru, mira que no dejarle las llaves de su casa justo cuando un día antes le había pedido que fuera a ver con detenimiento el lugar para ver si ella y Asumi se podían instalar ahí lo más pronto posible después de que ella había accedido vivir con él. Pensó un poco.
"Si tú fueras Taichi donde pondrías la copia de las llaves" se preguntaba a sí misma.
Bajo el tapete. Tan obvio que parecía ser del estilo de su novio. Bingo, como diría su amada hermana Miyako, abrió la puerta y se dispuso observar un poco la vivienda para ver si allí habría espacio suficiente para los cuatro sin poderlo evitar rio un poco ante el desorden de la sala y el cuarto de Kaichi.
Sin embargo el cuarto de Tai estaba un poco más ordenado. Chizuru lo observó con detenimiento. Se sentó en la cama y casi sin poder evitarlo miro hacia abajo y fue entonces cuando las vio. Dos papeles sobresalían de debajo del colchón y ella como a curiosa que era no iba a poder evitar husmear un poco. Lo que vio allí le quitó todas las ganas de volver a husmear algo en su vida.
Fotos. Dos fotos. Una de dos niños de doce años, un castaño y una pelirroja. Otra de una mujer pelirroja que respondía al nombre de Sora. Y ahí estaba la verdad que tanto había querido evitar. No pudo evitar ponerse a llorar amargamente.
Cuando lloras se tuerce el rumbo
y no tengo a donde ir.
Ken se hincó y le levantó el rostro inundado de lágrimas a Miyako con la esperanza de darle aunque sea un poco de consuelo. El y su hijo la ayudaron a incorporarse.
-Mami ¿Por qué lloras? –preguntó Keitaro preocupado. -¿Te sientes mal?
La mujer no respondió simplemente se abrazó con todas las fuerzas que tenia a Ken quien la tomó muy fuerte de la cintura tratando de reconfortarla.
-¿Qué te pasa, Miyako? –cuestionó el detective. –Por favor dime algo, sabes que me muero cuando te veo mal…
-Ken. –sollozó ella. –Te amo tanto.
Esa no había sido la respuesta que Ichijouji esperaba y comenzó a temer un poco más.
-Miya-chan, por favor ¿Qué te ocurre?
-Mi amor, estoy embarazada. –respondió con una alegría inmensa en la voz. –Seremos padres otra vez.
Esto definitivamente el detective Ken Ichijouji se lo esperaba mucho menos. La volvió a tomar de la cintura y la levantó en el aire besándola con cariño. Eufóricos por la noticia y agradecido con Dios por llenarlos de tantas bendiciones.
-¿Voy a tener un hermanito? –indagó Keitaro con ilusión.
-O hermanita.
-No mamá, es mejor hermanito. –replicó Keitaro. –Ya tengo suficiente con tener que cuidar a Kimi-chan de los hombres para tener que cuidar a otra más.
Los Ichijouji rieron. Todo era armonía.
Cuando lloras
yo me hundo y tardo en volver a salir.
-Hijo podrías quedarte quieto. –le pidió Akane a Kazuo por quinta vez. –Tú también, Chibimon.
Pero los dos infantes no hicieron mucho caso, preferían seguir cantando y disfrutando de su día libre en familia como para querer controlarse sólo porque su madre se los pedía.
-Kazu sé que estás entusiasmado. –hablo Daisuke. –Pero obedece a tu madre. –pidió conduciendo.
-Sí hijo, guarda tus energías para cuando lleguemos a… -pero algo la hizo parar en seco con los ojos abiertos del terror. -¡Daisuke cuidado!
Cuando menos lo había pensado un camión había derrapado y se había ido a estrellar directamente contra ellos.
Cuando lloras
las horas
le dan la vuelta al reloj.
Desde el lugar donde se encontraba Hanami había dado un salto repentinamente muy angustiada. Al girarse se había dado cuenta que ella no era la única en haber sentido aquel estremecimiento propio de una preocupación muy grande. Sin saber en qué momento o como había terminado sentada en el recreo junto a su hermano quien miraba a su mejor amigo Ryota asustado.
Hanami y Kaichi ni siquiera se habían insultado. Ambos estaban pálidos y miraban a los demás con los ojos bien abiertos, la rubia temía ponerse a llorar.
Emi se había dejado caer al suelo con lágrimas amenazando salir de sus ojos.
Kimiko se había sostenido con fuerza del brazo de Yuhi quien miraba al frente ensimismado.
Reiki y Kazumi aunque eran los más grandes también eran los más afectados. El primero se había sentado en el suelo agarrándose la cabeza con ambas manos y la castaña estaba limpiándose una lágrima mientras abrazaba por los hombros a su primo. Ninguno entendía de que se trataba pero no podían retomar la tranquilidad, ni siquiera se habían dado cuenta en que instante se habían reunido.
-T-Tengo muchas ganas d-de llorar. –balbuceo Hanami tomando la mano de su hermano.
-No eres la única. –señaló Ryota mientras los demás asentían.
-Quisiera irme a casa ya. –sollozó Emi aun con la mirada perdida. –Quiero irme ya…
Ninguno sabia en ese momento que todos sus temores se estaban volviendo realidad lentamente.
Cuando lloras
a solas
me muerdes el corazón.
Yamato no entendía que había pasado. Cuando llegó a casa no encontró a nadie y ahora justo en ese momento Sora había llegado hecha una furia sin siquiera dedicarle una mirada. Él y Gabumon no sabían que le había ocurrido, ni siquiera Biyomon comprendía en comportamiento de su amiga humana.
-Sora dime que tienes. –pidió el rubio pero ella no contestó. –Como esperas que nuestra relación funcione si no me dices que te molesta…
-¡Ese es el problema, Yamato! –exclamó furiosa. -¡Aquí ya no hay una relación, aquí no hay nada ya ni lo volverá a haber nunca! ¡Nunca! –bramó con lagrimas en los ojos.
-Pero Sora…
-¡Nunca, entiéndelo! –volvió a gritar. -¡Me pienso llevar a mis hijos y marcharme lejos de ti para siempre!
-Mamá…
Cuando Sora fue consciente de una tercera voz miró sobre su hombro encontrándose con la mirada de sus dos hijos, los dos pálidos, asustados y llenos de lágrimas. Ninguno dijo nada. Corrieron y se encerraron en el cuarto de la mayor. Sora se sentía la peor escoria del mundo y el sentimiento fue pero cuando Yamato la miró con los ojos fríos y entró al cuarto de los niños seguido por Gabumon. Sora corrió hasta su propia habitación ignorando los llamados de Biyomon. Sólo quería estar sola.
Quería estar sola y ponerse a llorar, sacar todo lo que sentía y lo mal que estaba.
Piensa en lo que piensas cuando lloras,
cuando me dices que no…
Cuando Taichi llegó a su casa con su hijo de la mano y con Agumon gritando el hambre que tenia tuvo que esforzarse para no perder la paciencia, ese día en el trabajo había sido especialmente difícil. Entró por la puerta y vio a su novia sentada en la sala con los ojos rojos de haber llorado.
-¿Podemos hablar?
Taichi asintió y decidió que el mejor lugar para hacerlo era definitivamente afuera sin ser espiados por su pequeño hijo de ocho años. Salieron y aunque Tai trató de tomarla de la mano ella no se dejó siquiera tocar por él.
-He visto como la miras. –dijo Chizuru. –He visto la cara que pones cuando la ves venir de la mano de otro y he visto esto. –añadió mostrándole las fotos. –No me queda dudas de que no soy yo a quien amas. –finalizó llorando amargamente.
-Chizuru no…
-No quiero que me expliques ni que lo niegues. –aseguró hipando por el llanto. –Lo veo todo en tus ojos.
-Pero déjame explicarte por favor. –rogó Taichi. –No me dejes así…
-Es lo mejor. –dijo con firmeza y le entregó las fotografías. –espero que seas muy feliz con ellas.
Dicho esto se marchó sin dejarlo decir absolutamente nada y dejándolo ahí con ese nudo en la garganta y esas ganas de llorar.
piensa lo que quieras pero ahora..
Matt abrazaba con toda la ternura que podía a sus hijos. La razón más grande que tenia para seguir vivo, aquellas personas que con solo sonreír le hacían sentir la dicha más grande del universo. Detestaba verlos así, llorando desconsolados sin poder hacer nada. Detestaba también el no saber porque ahora Sora no quería volver a saber nada de él.
-Papá no queremos irnos. –suplicó Hanami. –Por favor.
-Mami se volvió loca.
-Hijos les juro que no dejaré que los alejen de mí. –prometió besando sus coronillas. –Y tampoco dejaré que su madre se vaya así de fácil. La dejé una vez pero no dos. Voy a luchar.
-¿Enserio?
-Si, Ay. Voy a luchar, lo juro.
piensa en lo que piensas cuando lloras,
cuando me dices que no…
Ese día había sido particularmente duro para él. Dos Otamamon se habían herido jugando en un estanque y se habían puesto bastante enojados cuando Jyou había querido ayudarlos así que el médico había tenido que usar toda su paciencia para lograr atenderlos y sobrevivir en el intento. Lo único que deseaba era ir a la cafetería pues su hora de comer ya estaba corriendo y tenía un hambre de muerte.
Lamentablemente el hambre se esfumó al ver lo que pasaba. A Urgencias llegaban apurados los paramédicos conduciendo dos camillas. La primera llevaba a una mujer inconsciente que sangraba, la segunda tenía en ella a un niño pequeño también desmayado y la última llevaba a un hombre que causaba un alboroto.
-¡Mi hijo y mi esposa! ¡Ayúdenlos!
Jyou lo reconoció de inmediato por lo que corrió con el alma en un hilo hacia él.
-Daisuke, calma. –le pidió.
-¡Jyou! –exclamó al reconocerlo. -¡Que los salven! ¡Que los salven! –suplicó llorando desesperadamente
Al doctor se le encogió el alma y en ese momento tuvo ganas de echarse a llorar con su amigo.
piensa lo que quieras pero ahora la que llora soy yo…
Hikari dio otro suspiro mas preparándose para hablar. Cuando por fin estuvo lista miro a TK con los ojos rojos.
-Cuando tú y yo éramos novios yo no estaba bien. Fue una época en la que sinceramente no me reconocía a mí misma. Estaba enferma, Takeru. –recordó la castaña entre suspiros. –Depresión.
TK se estremeció pero la dejo seguir.
-En mi abismo no me sentía capaz de tener una relación contigo y por supuesto, no le dije a nadie lo que me pasaba. –relató la mujer. –No quería que se preocuparan por mí. Por eso terminé contigo.
Eso era tan propio de Kari, pensó Takeru. Asumir sola todos sus problemas para no preocupar a quienes amaba.
-Mientras intentaba superar la depresión conocí a alguien, un chico que como yo, estaba enfermo. Kyoske era su nombre. –relató la elegida de la Luz. –El me dijo que me amaba y yo le creí ingenuamente, un mes después descubrí que estaba embarazada.
Hizo una pausa, ella dio un sorbo a su vaso de agua pero TK estaba mudo y expectante.
-Sólo lo sabia Taichi y se decepcionó muchísimo, me abandonó aunque luego recapacitó y me dijo que tenía su apoyo. Lamentablemente Kyoske no quería ser padre, él también era un hombre desequilibrado, con muchos problemas, no justificó lo que me hizo con esto pero… al menos creo que tenía motivos para actuar así.
-¿Qué te hizo?
-Me convenció de ir al médico, según él par revisarme, cuando me dí cuenta de todo ya era tarde, el había hecho que abortara sin mi consentimiento. Quise morir.
-¿Qué? Pero Kari pudiste demandarlo o…
-No Takeru, yo le quería y él me convenció de que había sido lo mejor para ambos, que lo había hecho pensando en mí y en mi futuro. Le creí toda su basura porque yo necesitaba algo que me sacara de mi abismo. No podía salir sola. Tai jamás me lo perdonó, dice que fui una cobarde y tiene razón.
-No, mi Kari…
-Seguimos juntos y yo soporté de todo a su lado, todo porque creí que el lazo de casi haber tenido un hijo nos unía mas, incluso llego a golpearme y Tai quiso matarlo. En ese momento fue que mi hermano desapareció de mi vida demasiado decepcionado de mi para aguantarlo. Yo fui tonta, muy tonta pero años después, cuando volví a embarazarme de Kazumi y él se fue supe lo imbécil que había sido.
Takeru abrió la boca, impactado.
-Supe que atentó contra su vida y lo logró. –sollozó Kari. –Jamás le contaría eso a Kazumi. Ella fue quien me sacó de mi oscuridad, ella fue mi razón para curarme. ¿Cómo decirle que no fue lo mismo para su padre?
Hikari lloraba a lágrima tendida y Takeru se sintió un idiota por haber provocado aquello. La abrazó con todo su amor y ella siguió llorando en su hombro recordando todo lo que más le dolía.
-Te entiendo mi Kari. –dijo TK. –Perdón. No quise hacerte llorar.
-Está bien. –aseguró ella. –En algún momento debía sacarlo.
-No me cabe duda que eres la mujer más fuerte que conozco. –afirmó el rubio besando su mano. –Y te amo ahora más que nunca, más que siempre… con toda el alma.
Ella lo abrazó nuevamente.
-No soy fuerte, TK. –negó ella. –Si lo hubiera sido…
Él la calló con un beso.
-Kari ahora que sé esto y me doy cuenta el hombre que quiero ser para ti, quiero pedirte algo. –dijo Takeru. –Cásate conmigo.
Ella no respondió. Sólo se puso a llorar de alegría.
la que llora soy yo…
Koushiro había decidido que Yuhi tenía razón en algo y eso era que Mimi merecía ser feliz. Así que al menos si podía hacer algo para animarla lo haría. Al ver que nadie la abría la puerta se armó de valor y entró sin permiso. Escuchó el llanto de Mimi tan pronto se introdujo en la morada. Parecía que aquel triste sonido inundaba todo el lugar. El pelirrojo se acercó al lugar donde una castaña se desahogaba con todo su ser y lloraba abrazada a una almohada. Sola.
-Mimi…
Solo al verlo Mimi se lanzó a sus brazos desesperada, muerta de miedo y angustia. Se quería morir y no sabía qué hacer para ya no sentir aquel hueco en el corazón que le provocaba Koushiro. Pero simplemente verlo había bastado para olvidar todo y querer salir a flote. Si antes quería estar tan sola que incluso le pidió a Palmon marcharse ahora deseaba todo lo contrario.
-No te vayas. –rogó entre sollozos. –No me dejes…
-No me hagas esto. –pidió el pelirrojo dejándose vencer al llanto también, le dolía tanto alejarse de su amor.
-No me lo hagas tú a mí. –repuso la castaña. –Te amo ¿Bien? Te lo estoy diciendo te amo y no te quiero perder por nada.
Sin dejarlo tomar un respiro lo besó de lleno en los labios perdiéndose en otro mundo completamente distinto al que estaba hace un instante. Antes todo era oscuridad y dolor y ahora todo era gozo. Ese efecto producía Koushiro en ella.
-Solo pídeme que me quede, Mimi. –habló Izumi. –Que lo deje todo para que estemos juntos y lo haré.
-Quédate. –masculló aun con el rostro empapado.
-Te amo.
La besó de nuevo. Cargándola, haciéndola girar en el aire, besándola con pasión, amor y desenfreno. Olvidándose del mundo. Viviendo.
El que llora soy yo…
Natsuki acababa de llegar del colegio y sus dos padres afortunadamente estaba en casa con los Digimon. Últimamente papá trabajaba mucho y cuando no era él quien estaba ocupado era mamá con sus casos y pruebas la que no tenía tiempo por lo cual a la pequeña de ocho años le hacía mucha ilusión tenerlos en casa a los dos tan temprano.
-¿Hoy ya no tienen trabajo? –preguntaba la niña sonriendo.
-Ya no hija. –respondió Kenya.
-¿Pueden llevarnos al parque a mí y a Upamon? –pidió Nat.
-No veo por qué no, hija. –asintió Iori.
-¡Sí! –exclamaron felices Nat y su compañero digital.
-Sólo deja contestar esta llamada. –dijo el abogado. –puede ser importante.
-¡Pero que no sea de trabajo papi!
Iori se retiró un poco de su familia para atender el celular.
-¿Hola?... Ah hola, Jyou que sorpresa que llames… ¿Paso algo muy grave?...Claro yo les aviso, sólo dime que pasó que me estas preocupando…Dime que es una broma…No, es que no puede ser cierto…Bien, nos vemos ahí. Adiós.
Iori miró a sus dos mujeres culpable. La ida al parque tendría que suspenderse por ahora
Perdon por haber tardado tantísimo. no tengo perdón pero les he dejado un capitulo muy largo, muy dramático y dónde suceden muchas cosas. Ojala lo compense un poco.
