Trucos de Salón

Cap. 39

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-Uh, ¿Aang?

El aludido saltó un poco sorprendido cuando Katara le dio un golpecito en el hombro. Ella tenía el ceño fruncido.

-Estoy un poco confundida- admitió en voz baja. Aang suspiró.

-Sí, yo también.

La banda se había establecido y tocaba algo de música swing optimista, pero nadie bailaba. El total de estudiantes, todos todavía con sus uniformes, parecía contentarse con sólo estar de pie torpemente alrededor.

-Ni siquiera beben- murmuró Sokka -¿Qué pasa con esta gente?

Aang se encogió de hombros.

-Voy a ir a buscar a mis amigos y averiguaré lo que está pasando.

Y con eso, él desapareció entre la multitud. Katara sonrió un poco y Sokka la miró como si estuviera loca.

-¿Qué?

-Sus amigos- rió ella -No lo sé. Es algo lindo.

Sokka suspiró profundamente y se marchó.

-¡Hey Shoji! Ahí están.

Aang sonrió cuando encontró a un grupito de chicos que miraban a todos lados con un gesto de completa consternación. Incluso Shoji parecía bastante incómodo.

-¿Qué pasa? ¿Por qué no estás bailando con alguien?

-Eh… bueno- el chico arrugó la nariz con nerviosismo -Ninguno de nosotros ha estado en un baile antes.

Aang lo miró incrédulo.

-¿Qué?

OnJi se encogió de hombros y le sonrió con timidez.

-Es cierto. Quiero decir... nuestros hermanos y hermanas mayores tuvieron este tipo de cosas cuando tenían nuestra edad, pero todo ha cambiado desde entonces.

Aang resopló un poco aguantando la risa.

-No, no tanto. Vengan, les mostraré.

El joven se apresuró a llegar hasta el quiosco de música y detuvo a la banda con un gesto. Todos los ojos se volvieron hacia él.

-Buenas tardes chicos y chicas- dijo en voz alta, dirigiéndose a la multitud –Acabo de enterarme que ustedes nunca habían ido a ningún baile antes y me parece algo muy preocupante- le hizo una nueva seña a la banda y ésta se dispuso a tocar -Así que voy a enseñarles a bailar.

En seguida, la música comenzó de nuevo en un ritmo más armonioso y él se acercó a Onji con determinación. Aang no tenía otra intención que la de animar a la multitud, pero cierta otra chica, mostró signos de peligroso disgusto cuando él le tomó la mano y la arrastró consigo a la pista de baile. OnJi no opuso ninguna resistencia y el sonrojo que presentaron tanto ella, como las amigas que le empujaron hacia adelante mientras soltaban risitas tontas, no fue algo que ayudara mucho a Katara.

-Señorita... ¿cree que podría ayudarme por favor?- pidió Aang mientras conducía a Onji al centro del salón.

La chica se reunió con él delante de la multitud y ambos se regalaron una sonrisa, la de ella nerviosa. Aang tomó sus dos manos y comenzó a danzar en sintonía con la música.

-Todo lo que tienes que hacer es escuchar la música y seguirla... expresa lo que te hace sentir- explicó con una sonrisa -Intenta esto… es una rutina de baile popular en el reino tierra. Ahí como en muchos lugares, el jazz lo es todo.

OnJi imitaba sus movimientos con una sonrisa cada vez más brillante en la cara. Ella podía escuchar murmullos difusos a través de la multitud y no le disgustaba en absoluto la idea, después de todo, había quedado libre de Hide.

-¿Ven?, es fácil. Conozco varios pasos de baile originarios de todas partes... como el vuelo del fénix, popular en la capital del Fuego hace años- gritó a la audiencia mientras hacía gala de sus dotes de bailarín, luego se detuvo -Shoji, continúa por mí, ¿lo harías?

Aang emparejó a sus dos amigos y se trasladó a lo largo del salón, poniendo a la gente a bailar. Después de un breve periodo de tiempo la vergüenza comenzó a desaparecer y los chicos se echaban a reír mientras bailaban con alguna pareja. Pronto el suelo estuvo vivo. Todo el mundo riendo y hablando entre sí. Katara sonrió un poco. Sólo un poco.

-Tengo que admitir, que tiene su conjunto de habilidades- suspiró, sacudiendo la cabeza ligeramente.

-Y en serio- se rió Toph -Aprendo algo nuevo sobre él todos los días- la bandida hizo una pausa y luego añadió -Se veían muy bien juntos ¿no?

Aunque lo último lo murmuró con cautela, estaba burlándose abiertamente y lo peor del caso es que, antes de que Katara tuviera oportunidad de replicar, Sokka apareció a su lado con sigilo y se aclaró la garganta con torpeza. Ambas chicas lo miraron con sorpresa. Él parecía agitado.

-Um...

-Escúpelo Sokka- le sonrió su hermana. Él la miró y se volvió hacia Toph resueltamente.

-Eh... ¿quieres um... bailar o algo así?- murmuró.

Toph parpadeó varias veces. La boca de Katara hacía tiempo que se había abierto y se mantenía así, dándole un aspecto gracioso. Aang apareció junto a ella de un momento a otro y estaba a punto de decir algo, pero ella le hizo callar para que pudiera escuchar lo que diría Toph. Aang miró entre ellos confundido pero Katara tomó su mano y el chico decidió que se contentaba con esperar unos minutos.

-¿En serio?- fueron las primeras palabras de la boca de Toph.

Sokka, por supuesto que no había esperado esa respuesta, por lo que balbuceó durante unos segundos.

-Bueno... sí, en serio. ¿Quieres bailar conmigo?

Esta vez, la boca de Aang fue la que se abrió. Toph desvió la mirada con expresión contrariada.

-Sokka- empezó a decir en voz baja, pero éste le ofreció una mano.

-Es sólo un baile- dijo con una sonrisa, ella frunció el ceño y le tomó la mano.

-Nunca he bailado antes- admitió con desdén.

-Es fácil, sólo tienes que seguirme.

Aang y Katara, vieron a sus amigos perdiéndose entre la multitud. Sokka le tomó las manos (al igual que Aang había tomado las de OnJi) y comenzó a moverse, hablando todo el tiempo hasta que Toph pareció sentirse más cómoda y empezó a bailar con él.

-Bueno, ¿qué fue eso?- se rió Aang. Katara le sonrió, apretando su mano.

-¿Crees que van a ser un problema?- bromeó con suavidad.

-Oh, definitivamente- respondió Aang, inclinándose hacia ella y susurrando en su oído -Son malas para los negocios estas relaciones.

Katara rió y volvió la cabeza para apresar sus labios brevemente, luego se apartó, sin embargo el joven la detuvo y le robó otro beso, esta vez más lento y más dulce. Varias cabezas giraron en su dirección, acompañadas de unos pocos silbidos. Ambos los ignoraron con gracia y no pasó mucho tiempo para que los brazos de Katara se rindieran alrededor de su cuello y ella riera contra sus labios.

-¿Qué es tan gracioso?

-Oh nada- suspiró ella -Estamos teniendo una fiesta secreta, en un club abandonado, con un grupo de dragones… la mitad de ellos seguramente también son maestros fuego. Eso es todo- murmuró mientras dejaba caer unos pocos besos más.

-Viejo humor negro, ¿eh?

Aang clavó los dedos en sus caderas por un momento, obteniendo un chillido sorprendido de ella, que además la hizo ruborizarse. Él le sonrió con fingida inocencia.

-Eso sí fue gracioso.

Katara le dio un puñetazo en el hombro mientras ambos reían, luego ella apoyó la frente sobre el pecho del joven para resolver sus risitas.

-Hablando de problemas...

-¿Hum?

-Si la chica vuelve a llamar tu atención de ese modo… tendremos una nueva estatua de hielo en el jardín para ahuyentar futuras admiradoras- farfulló, aparentando ser casual. Aang sonrió sorprendido -Tu sabes… una de tamaño real y ridículamente parecida a ella.

El chico se debatió entre reír o preocuparse por OnJi.

-No puedo decir que me disgusta el que te sientas un poco celosa.

-No lo estoy, solo fue un comentario.

-Oh bueno, no te molestará entonces que baile con alguna otra chica... ya sabes, portarme como buen anfitrión.

Katara le dirigió una mirada airada.

-¿Quieres que este celosa, es eso?

-No quiero. Pero tal vez me gustas mucho cuando lo estas. Te hace ver aún más linda.

-No estaba bromeando del todo cuando mencioné mi intención de redecorar el jardín...

-Jaja, espíritus me encantas- ella le frunció el ceño con repentino desdén.

-Te encantará más cuando sea yo quien abra los bailes con cualquier...

Aang la hizo callar con un beso devastador, al que ella terminó correspondiendo con ganas.

-No puedo creer que de verdad estés inquieta.

-¿Tengo razones para estarlo?- inquirió con tranquilidad pero seriamente.

-Ninguna en absoluto. Pensé que ya lo había dejado claro pero... te amo. Muchísimo. Y no tengo ojos más que para ti. Y tal vez no me creas del todo ahora, pero eres mi vida entera y...

Ella no lo dejó continuar. Lo tenía planeado… pero no pudo resistir el repentino deseo de besarlo y de tenerlo más cerca. Solo para ella.

-Te creeré- susurró contra sus labios -Y... también te amo. Más de lo que ambos podríamos haber imaginado.

Él le sonrió con adoración y la atrajo tan cerca como era físicamente posible.

-Aun así- replicó entre susurros -Yo te amo más. Es cómo comparar un río con el mar entero.

Katara rodó los ojos exasperada, pero decidió no discutir. Algún día se daría cuenta de su error. Y mientras tanto… ella se contentó con besarlo nuevamente, olvidándose del lugar y momento en el que estaban. Salió de su burbuja cuando Aang se separó sin aliento y aflojó el agarre alrededor de su cintura.

-Katara- jadeó sonrojado -Tenemos que parar.

La joven abrió los ojos y también se sonrojó al notar la mayoría de las miradas puestas en su dirección. Ambos habían comenzado a ser demasiado apasionados para la ocasión. Katara comenzó a separarse levemente, pero antes de perder el coraje, se apoyó en los hombros del chico y apresó sus labios una última vez. Fue un beso breve y algo brusco, pues terminó mordiéndole el labio inferior antes de dejarlo libre. Ella quería convencerse de que sólo había sido por el capricho de dejar claros sus privilegios al resto de fanáticas no deseadas, pero una molesta voz interior le canturreaba otra cosa.

Aang por su parte, se encontró sumamente sorprendido, y cuando finalmente decidió que lo anterior no le disgustaba en lo más mínimo, fue incapaz de borrar la sonrisa idiota que se formó en su cara. Ella rió encantada y se alejó unos pasos, pero sin soltar su mano.

-Vamos- dijo él de pronto.

Katara lo miró inmediatamente y descubrió al chico sonriéndole de manera especial.

-Vamos a enseñarles a bailar, ¿quieres?

Ella le sonrió nerviosa. No le atraía ser aún más el centro de atención pero…

-Con mucho gusto.

Aang la llevó de la mano hasta un área abierta y se volvió hacia ella con una sonrisa pícara.

-Bueno, yo sé que puedes arreglártelas perfectamente con un vals pero… ¿puedes decir lo mismo de un tango?

Katara le devolvió una sonrisa indulgente.

-Con el mejor de ellos Sparky- dijo restándole importancia y dando un paso más cerca de él.

Aang tomó una de sus manos y llevó la otra hasta la parte baja de su espalda. Ella lo tomó del brazo con su mano libre y sonrió con desafío en sus ojos. Aang se echó a reír y se dirigió a la banda.

-¿Saben de algo un poco más rápido, señores?

Los músicos se detuvieron por un momento y con ello también los bailes en todo el salón. La multitud se volvió hacia el quiosco de música con creciente curiosidad. La banda comenzó a tocar de nuevo, esta vez mucho más rápido… y la pareja empezó a bailar.

Ninguno de los estudiantes había visto nunca antes el Tango. Después de todo, era un estilo casi exclusivo de las ciudades del reino tierra. Y era una cosa sorprendente de ver por primera vez (sobre todo porque ambos representantes lo dominaban tan bien). La pareja que bailaba en el centro del salón tenía secuestrada la atención de todos los presentes, sus pies nunca dejaban de moverse y ambos giraban en torno al espacio abierto en la pista de baile, de vez en cuando, se alejaban el uno del otro antes de encontrar sus manos otra vez.

Sokka, que había visto enfrentamientos similares de ese estilo antes, empezó a aplaudir con el ritmo de la música y poco después la multitud se apresuró a seguir su ejemplo. Toph nunca había "visto" algo parecido antes y no podía desaparecer la sonrisa de asombro de su cara. Las ovaciones y los aplausos se hacían más y más fuertes, fue entonces cuando el juego de piernas realmente comenzó.

Aang y Katara giraban tan rápido, que cualquiera podría perderse algún movimiento al parpadear. En algún momento habían añadido movimientos de agua y aire control, componiendo una complicada rutina hasta entonces desconocida. No habían necesitado meditarlo antes, tampoco hicieron falta palabras, tan sólo fue un acuerdo mutuo y silencioso entre paso y paso. Ambos jóvenes se movían alrededor del otro, tan rápido, que si no hubieran estado conectados por sus manos habrían salido volando.

El público se estaba volviendo loco, los chicos gritaban y animaban cada vez que la pareja hacía algo nuevo. Las mejillas de Katara estaban de color rosa y respiraba con dificultad, pero había un brillo salvaje en sus ojos y ella sonreía cada vez que cruzaba la mirada con su acompañante. Sokka y Toph rieron con entusiasmo, toda la atmósfera del club había cambiado y mientras los segundos transcurrían, más se cargaba el aire de energía.

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Pero no podía durar.

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Un disparo sonó desde algún lugar cerca de la entrada y la banda se detuvo abruptamente. Se desató una estampida cuando los estudiantes intentaron ponerse a cubierto, gritando y corriendo hacia cualquier lugar lejos del estruendoso sonido. Sokka tuvo que agarrar a Toph por la cintura y arrojarla encima de su hombro para evitar que ella usara su Tierra Control sobre aquel que había disparado el arma. Otro disparo retumbó por todo el salón y alguien gritó "¡Silencio!"…

Por supuesto, tuvo que pasar un breve momento antes de que éste finalmente se estableciera en la habitación, y otro más, para que todos los estudiantes fueran embalados en contra de la pared del fondo. Las únicas excepciones eran Aang y Katara, que no se había movido ni una pulgada del centro de la pista de baile. Los dos estaban plantados sin el más mínimo rastro de miedo en su postura y miraban al pequeño grupo de adultos que habían entrado en el club.

-¿Quiénes son?- susurró Toph.

Sokka que estaba agachado detrás de la barra, se asomó un momento con cautela.

-Es el Director de la escuela- respondió irritado -Y algunos policías. Oh hombre, estamos hasta el cuello de...

-Así que… Hide tenías razón- comenzó el director lentamente.

Fue entonces cuando Aang notó por primera vez, al joven que estaba de pie detrás de la comitiva, mismo que portaba una mirada de suficiencia en su rostro. El director dio un paso hacia Aang y él tomó la mano de Katara en la suya, tirando de ella a sus espaldas.

-Tú no eres de las Altas quebradas- declaró con desdén.

Aang se encogió de hombros restándole importancia.

-Supongo que me ha sorprendido.

Susurros y silbidos de sorpresa estallaron detrás de ellos. Katara no se movió. Ella estaba mirando al suelo, muy ocupada descifrando las letras que Aang dibujaba sobre la palma de su mano.

-¿Hay algo de malo en eso señor?

El director se burló escandalosamente mientras Katara se aclaraba la garganta para expresar que había recibido el mensaje. Salir hacia las bodegas. No había otra salida. Ella echó un vistazo a la barra y vio Sokka mirando por encima del mostrador, la chica señaló con los ojos hacia la puerta del sótano, él asintió con la cabeza casi imperceptiblemente y se agachó de nuevo.

-Veo lo que estás haciendo, sabes- dijo el director con altanería.

El hombre posó por primera vez sus ojos en Katara y mostró una chispa de interés, por lo que Aang la ocultó aún más con su cuerpo.

-Tratas de volverlos en mi contra. En contra de sus padres, en contra de su sociedad. Y a juzgar por la belleza de piel oscura a lado tuyo, yo diría que tenemos una basura de río para actualizar nuestra prisión y divertir a los carceleros. Por supuesto.

Más murmullos de los estudiantes. Katara vio apretar la mandíbula de Aang y entrelazó sus dedos con los suyos para tratar de mantenerlo calmado.

-Bueno… sólo tendremos que arrestarlos, supongo- el director suspiró como si eso le aburriera y le indicó algo a los agentes que lo escoltaban.

-No todavía- dijo Aang bruscamente, acallando a todos ellos. Incluso los agentes se congelaron en su lugar ante ese tono de voz -Tenemos un baile que terminar.

El avatar miró de nuevo a la banda.

-Señores, si son tan amables.

Los jóvenes músicos intercambiaron una mirada desconcertada antes de empezar a tocar. Aang arrastró a Katara para seguir el ritmo, pero sólo duró unos instantes en esta ocasión ya que una vez que se dieron la vuelta, él la empujó hasta la entrada de las bodegas y se volvió para enfrentar a la comitiva no deseada. Eso le dio tiempo a la chica de correr y también a la multitud (que se apresuró a seguir su ejemplo). Una nueva estampida se desató y mientras Aang mantenía ocupados a los oficiales, el salón se vació casi en su totalidad. Toph y Sokka iban hasta adelante, ella abría paso con sus poderes, creando un túnel de escape que los llevó desde el sótano hasta la acera frente a la vieja juguetería.

Cuando el lugar estuvo completamente evacuado, Aang envió una última ráfaga de aire a los oficiales y salió corriendo por la puerta del sótano. Hide, el director y los agentes intentaron seguirlo, pero para cuando llegaron al extremo opuesto del sótano, cualquiera que haya sido la vía de escape, ya se había cerrado.

-¡Vayan por ellos!- gritó el director encolerizado. Y todos se apresuraron a volver sus pasos hasta la entrada del lugar.

Toph y Sokka habían salido de su escondite justo a tiempo, pues todos los estudiantes se habían lanzado en una retirada sin mirar atrás, cubriendo su huida y a la vez sin reconocer a ninguno de ellos.

-¡Alto! ¡Deténganse!

Los gritos del director siguieron escuchándose a lo lejos, calle arriba, hasta por fin desaparecer. Aang detuvo un momento su huida y se volvió para ver a Shoji, quién estaba sonriéndole con complicidad. El chico le guiño un ojo y él le devolvió la sonrisa, luego aceleró al máximo su carrera para alcanzar a sus amigos.

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Para cuando todo el mundo por fin había dejado el As de Tréboles, Aang, Katara, Sokka y Toph estaban ya de camino a la destilería del Sur. Todo lo que dejaron atrás era un montón de chaquetas y chalecos de color rojo y negro en la calle.

-Como que te hace pensar en quienes eran en realidad, ¿no?- preguntó Shoji en voz baja, cuando su grupo de amigos pasaban la ropa desechada.

-Creo que sabemos lo suficiente- respondió Onji con una sonrisa ausente -Sólo querían pasar un buen rato.

El chisme estuvo en circulación dentro de los muros de la escuela durante varias semanas.

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Zuko había estado en casa durante semanas. Tenía todo lo que quería. Él y Mai estaban de nuevo juntos, su padre había restaurado su lugar en la banda y tenía todos los lujos y comodidades que eso conllevaba. Azula había anunciado que Zuko fue responsable de la muerte del Avatar, pero él sabía mejor…

Katara tenía ese frasco de agua. Y tanto si ella y el Avatar habían estado peleando o no, él sabía que la chica había utilizado esa agua para salvarle la vida. No sabía si había funcionado. Cuando él había mirado, el avatar parecía bastante más que muerto… pero la duda era suficiente para asegurarse de no permitirle ninguna paz. Eso se cernía sobre él otra vez, mientras estaba sentado en la barra del club privado de su padre, "el Palacio".

Mai estaba junto a él con la cabeza apoyada en su hombro y una bebida suave entre sus manos. Ella suspiró.

-Zuko, has estado bastante aburrido últimamente- dijo con voz apagada.

Él sonrió.

-Y así te tengo a ti- respondió.

Esa era la naturaleza de su relación. Se burlaban uno del otro y luego se encontraban en su aversión mutua de las cosas.

-Oh, ahí estás Zuko.

Los dos jóvenes echaron un vistazo a la puerta, con diferentes grados de irritación. Azula les estaba sonriendo irónicamente, como de costumbre.

-Necesito hablar un segundo- dijo ella, ignorando por completo la presencia de Mai.

-Más tarde- respondió Zuko -Estamos muy ocupados.

Los ojos Azula se endurecieron al instante.

-Mai… Ty Lee necesita ayuda para desenredarse la trenza.

La aludida dudó unos instantes antes de ponerse de pie.

-Suena importante- dijo con frialdad.

Azula no vio la chispa iracunda que Mai le envió mientras caminaba hacia la puerta.

-¿Qué quieres?- gruñó Zuko, al tiempo que le fruncía el ceño.

Azula se sentó junto a él sin más preámbulos.

-Estoy preocupada por ti Zuzu- dijo, sonando completamente falsa -Escuché que visitaste ayer al tío.

-Eso no es asunto tuyo- espetó él.

-Zuko, si la gente oye que has estado hablando con el traidor, podrías verte sometido a una investigación- dijo con la voz dura -Yo intercedí por ti Zuko. No traiciones esa confianza... estoy cuidándote tonto.

Y sin una palabra más, salió del lugar. Zuko apretó los dientes y encendió un cigarrillo. Había empezado a fumar otra vez ahora que Iroh no estaba para hacer comentarios al respecto.

Pensar en su tío le hizo revolver el estómago y empezó a mascar la colilla. La barra se vació lentamente a su alrededor mientras el sol se ponía y se acercaba la hora de las brujas. Para el momento en que estuvo solo en el bar, ya había acabado con medio paquete y el montón de cenizas se desbordaba en el pequeño cenicero. Todo el mundo se había ido y nadie había venido a buscarlo. Ahora era su oportunidad.

Zuko se movía lentamente y en silencio por los pasillos del Palacio, dirigiéndose discretamente hacia el sótano. No le gustaba quedarse a solas con sus pensamientos en un día como ese, porque a menudo lo devolvían a la noche en las alcantarillas de Ba Sing Se.

Todavía no sabía casi nada acerca de Katara. Sólo que ella era una poderosa maestra agua que había perdido a su madre por culpa de los Dragones y que se preocupaba más por el Avatar que por sí misma. Pero de alguna manera, en el corto tiempo que estuvieron encarcelados en la bodega, había ganado una enorme cantidad de respeto por esa joven. No necesariamente por su persona, pero se encontró valorando su opinión más de lo que debería.

Y esa mirada que le dió justo después de atacar al chico...

Había sido la más inquietante de sus pesadillas desde entonces. Algo de su respeto se convirtió en temor, aunque odiara admitirlo, su destino estaba sellado. Ella querría matarlo. No había forma de evitarlo y no podía dejar de ver detrás de sus cortinas antes de irse a dormir cada noche. Era sólo cuestión de tiempo antes de que se cruzaran de nuevo y Zuko sabía a ciencia cierta, que ella no le dejaría escapar ileso de aquel encuentro. Él la había convencido para confiar en él y la confianza era algo que la chica claramente valoraba. Él había ido y traicionado la misma casi al instante…

Pero lo que más le molestaba, era la punzada de pesar que sentía. Se preguntó si serían amigos ahora, si él hubiera hecho una elección diferente... Ella era un poco molesta, así que probablemente no. Pero al menos no tendría miedo que lo matara en sus sueños.

Toda reflexión fue interrumpida cuando llegó a la planta baja del Palacio.

Aquella era una prisión, para todos los efectos. Sólo un largo pasillo forrado con puertas de metal. Todas parecían iguales, pero Zuko sabía lo que andaba buscando.

-¿Tío?- preguntó en voz baja mientras entraba por la puerta.

Sentado y encorvado en una esquina se encontraba Iroh.

Pero no como Katara o Aang lo habían conocido. Estaba en el mismo traje que llevaba la noche que había salvado a los chicos, pero arrugada, hecha jirones y sucia. Tenía el pelo y la barba descuidada, pues ya había crecido bastante. Zuko se arrodilló delante de las rejas, tratando de llamar la atención de su tío.

-Tío por favor, habla conmigo- dijo en voz baja -Sé que no estás de acuerdo con esto pero era lo mejor… Mira donde estas por no seguirme.

El muchacho se estremeció y bajó la cabeza miserablemente.

-Necesito tu consejo. Creo que el Avatar aún está con vida y no sé qué hacer- el anciano permaneció en silencio, dándole la espalda y mirando a la pared -Por favor tío estoy muy confundido- continuó con humilde desesperación.

-Azula le dijo a papá que yo lo maté. Si él sigue vivo, yo quedaré como un idiota y cargaré con todo el deshonor de nuevo. Ella lo hizo a propósito, lo sé. ¡Necesito tu ayuda!

Sin embargo, Iroh no respondió. Ni siquiera se movió. Zuko apretó los dientes con rabia y se apartó bruscamente.

-¡Muy bien!- rugió, saltando sobre sus pies y destrozando una silla cercana con la fuerza sus puños envueltos en fuego -¡Por mí que te quedes aquí para siempre!

Zuko se marchó dando con un portazo, dejando un silencio terrible detrás de él. Incluso entonces, Iroh no se movió. Pero un par de lágrimas había conseguido escapar de sus cansados ojos.

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Tres días después de los acontecimientos ocurridos en el As de Tréboles, Katara y Aang se encontraban adormilados en el dormitorio de la chica. Él se hallaba reclinado contra la cabecera de la cama, mientras que ella lo usaba a él como almohada, cómodamente establecida entre sus piernas. No estaban haciendo en realidad otra cosa que estar juntos. Katara estaba leyendo un libro y Aang se encontraba descansando la cabeza sobre su hombro. Se habían estado sintiendo más y más a gusto con este tipo de intimidad después de las semanas transcurridas desde que habían decidido estar juntos. No siempre tenían que besarse, a veces era bueno el sólo sentarse juntos como ahora.

Aang suspiró mientras la veía tan concentrada y Katara levantó la vista de su libro.

-¿Estás bien Sparky?

-Sí, bien- respondió con voz adormilada -Sólo he estado teniendo un montón de ideas últimamente...

-¿Acerca de qué?

Él suspiró otra vez.

-Fuego Control.

Katara miró hacia él por encima de su hombro.

-¿Fuego Control? ¿Por qué?

Aang se encogió un poco de hombros.

-Bueno, yo ya he aprendido Aire y Agua Control... y estoy muy cerca de dominar la Tierra- suspiró por tercera vez -Todo lo que queda es Fuego Control.

-Sip, eso es la lógico para ti- él clavó los dedos en sus caderas y ella dejó escapar una risa -Bueno lo siento- dijo mientras calmaba sus risas -¿Por qué te preocupa eso?

-Porque ¿quién me va a enseñar a Fuego Control?... Todos los maestros que conocemos están locos.

Katara pensó en esto por unos momentos.

-Bueno... Toph es una locura, pero has aprendido Tierra Control de ella- señaló.

Él se echó a reír y ella sonrió satisfecha.

-No te preocupes demasiado por eso Sparky. Al universo pareces gustarle. Estoy segura de que va a enviar a alguien.

Aang sonrió con gratitud y luego se quedó en silencio. Katara empezó a leer de nuevo, pero después de un minuto se detuvo.

-Hey- dijo a la ligera.

-¿Mm?

-¿Qué piensas de Sokka y Toph?

Aang pensó en ello durante mucho tiempo.

-Realmente no lo vi venir. Para ser honesto- comenzó -Pero creo que tiene sentido. ¿Están... saliendo oficialmente o algo?

-De eso se trata… Toph me dijo que no. Lo único que quiere hacer con él es divertirse de vez en cuando.

-¿En serio?

-Si- su voz se fue apagando -Pero Sokka parece muy poco consciente de eso ¿no?

-Sí. Todavía le gusta Suki, pero creo que está empezando a gustarle Toph también.

-Él tiene bastante gusto por las niñas- resopló Katara con una sonrisa. Luego volvió la cabeza y lo miró a los ojos -Estoy preocupada por él.

Aang no sabía que decir, no tenía mucha experiencia en eso, pero de cualquier modo quería ayudarla. El joven redujo la distancia entre ellos para depositar un ligero beso en sus labios y luego le sonrió con ternura.

-Eres una buena hermana- dijo con seriedad -Pero él puede cuidar de sí mismo. No te preocupes demasiado.

Katara se dio la vuelta en sus brazos, olvidándose del libro por completo y colocó las manos a cada lado de su rostro.

-Sparky… ¿Qué haría yo sin ti?- suspiró dramáticamente.

Él dejo escapar una suave carcajada y luego apoyó su frente contra la de ella, encogiéndose de hombros con una expresión más seria.

-Yo me pregunto lo mismo todos los días, Cara de muñeca.

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