Hola, queridos lectores. Después de mucho, he decidido retomar esta corta historia.

¡Gracias por todos los comentarios!


Aun en la distancia

III.

En su infancia, Meiko había sido una niña enérgica y con un espíritu aventurero, la que aprovechaba el mínimo descuido de su madre para adentrarse en el bosque y jugar hasta el atardecer. Sin embargo, al crecer se había vuelto una chica introvertida y con problemas para socializar.

Las responsabilidades, los cambios físicos y problemas de la adolescencia se hacían presentes. Además, la naturaleza violenta de Meicoomon la obligaban a permanecer encerrada para controlarla.

Meiko estaba acostumbrada a estar sola, hasta que ocurrieron los incidentes en Odaiba.

—Por cierto, Meiko —su madre la nombró durante la cena. Ese día se encontraban solas—, ¿has hablado con tus amigos en Tokio?

—Hoy no he recibido mensaje de ellos.

La señora Mochizuki se había percatado de que, desde hacia varios meses, eran los chicos quienes se comunicaban con su hija; pero, no había visto en Meiko la iniciativa para hablar, y eso la preocupaba.

—Estás mal —la reprendió, por lo que Meiko volteó a verla con sorpresa—. Si tampoco muestras interés, pensarán que ya no quieres hablar con ellos.

—Pero... por Mei-chan...

A pesar del tiempo, aun sentía vergüenza por lo sucedido.

—Son buenos chicos, seguro que no están molestos ni nada parecido. No pierdes nada con un saludo.

Una vez que estuvo en su habitación, cuando sus dedos se posaron sobre las teclas del ordenador, sintió que el corazón se le saldría del pecho. Siempre había sido tímida. Rápidamente hizo memoria, no recordaba la última vez que había enviado un mensaje a un amigo.

Tras un hondo respiro, decidió apagar la luz de la habitación, era un poco tarde y no quería molestarlos.

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Tras los eventos ocurridos, y a sabiendas de que, cuando comenzaran la universidad pasarían menos tiempo juntos, al menos cada fin de semana, los chicos se reunían para conversar. Cuando Takeru, el último en llegar, apareció, sonreía tan brillantemente que captó la atención de los demás.

—Meiko-san me envió un mensaje —dijo antes de que preguntaran.

Todos lo observaron con sorpresa, pero la primera en reaccionar fue Mimi.

—¡¿Por qué a Takeru-kun y no a mí?!

—Calma, calma —Sora sonrió nerviosa.

—¿Meiko-san, eh? —Hikari observó a su amigo con una sonrisa pícara, pero, enseguida, su teléfono comenzó a sonar—. Ah... —pronunció cuando lo vio.

—¿Qué sucede? —Taichi preguntó curioso.

—Meiko-san me envió una fotografía de un perro —respondió, enseñando la imagen. Un pequeño Shiba Inu.

—¿Tiene un perro? —Joe preguntó—, ¿no es preocupante? Tal vez es demasiado pronto.

—Dice que lo encontró cerca del bosque.

—¡¿Por qué a Hikari-chan y no a mí?! —Mimi volvió a gritar.

De inmediato, uno a uno, los teléfonos comenzaron a sonar.

—¡A mí me acaba de recomendar un buen libro de medicina! —el Superior comentó emocionado.

—A mí me está enterando de algunos avances en la investigación de su padre, él también quiere conocer la identidad de Huckmon y del hombre misterioso —Koushiro comentó más serio.

—Dice que las canciones del álbum de Knife of Day son buenas —Yamato sonrió animado.

—¡A mí me está pidiendo opinión sobre ropa! Tal vez irá a una cita —Mimi canturreó emocionada—. "Es demasiado largo" —se apresuró a responder.

—Dice que lamenta no habernos hablado por un tiempo, pero que intentará enviarnos mensajes con más frecuencia —Sora leyó su mensaje, comprendiéndola—. Taichi, ¿qué te escribió a ti?

El moreno pegó un brinquito cuando las miradas de todos se clavaron en él, se sentía como un ratón acorralado. Carraspeó, incómodo.

—Nada —y desvió la mirada.

—Eso es porque alguien tardó demasiado en hablarle también —Yamato se burló.

—Cállate.

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Meiko quitó los dedos de las teclas, un poco confundida, un poco nerviosa. Debía admitir que, además de una inmensa gratitud y felicidad, algunas cosquillas habían aparecido en su estómago con una sencilla llamada en Navidad. Por eso, no sabía cómo comenzar.

Después de pensarlo con detenimiento, había encontrado algo de qué hablar con los demás. Pero con él, sentía que debía ser algo diferente.

—Yagami-san... no, es muy formal... Taichi-kun... no, es demasiado familiar... Yagami-kun —escribió por fin y después se detuvo—, ¿cómo estás? ¿Cómo está Agumon?

Un suspiro salió de sus labios, ¿por qué estaba siendo difícil?

La puerta de su habitación se abrió, dejando pasar a su madre que llevaba un plato con postre.

—Estás escribiendo —le sonrió—, ¿para quién?

—Para Yagami-kun.

—Ah, el hijo de Yuuko-san —la mujer mayor asintió—, que muchacho tan guapo, ¿verdad?

—¡Mamá!

Meiko tenía las mejillas tan rojas y una expresión única, que su madre comenzó a reír.

—¡Acabo de tener una gran idea! Para las vacaciones de verano invítalo a venir con los demás. Tú también quieres verlos, ¿no?

—Pero, ¿y papá?

—No te preocupes por él, yo me encargo —le guiñó un ojo—. Aprovecha e invítalo a él primero.

Cuando su madre salió de la habitación, Meiko se quedó con expresión pensativa. Realmente deseaba volver a verlos.

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Taichi se dejó caer en la cama apenas regresó a casa; entre las clases regulares, las particulares y el entrenamiento de soccer, se sentía exhausto. Además, las burlas de sus amigos por haber sido ignorado por la chica, lo tenían molesto también. Después, se preocupó, ¿estaría enojada con él?

Cuando consideraba seriamente la opción de irse a dormir sin cenar, su teléfono comenzó a sonar. En cuanto vio el nombre de Meiko, se levantó de golpe, un poco incrédulo.

—Yagami-kun... Agumon... —murmuraba mientras leía.

"He escuchado de Sora-san que asistes a clases particulares, espero que lo estés haciendo bien. Por cierto, mi madre envía saludos a la tuya. Durante las vacaciones de verano me gustaría que vinieran a Tottori a visitarme. Es decir, si no es una molestia y aun desean verme. También te deseo suerte en tu próximo partido".

Cuando Hikari se asomó a la habitación y vio a su hermano, tirado en la cama, balanceando los pies con emoción, mientras sus dedos chocaban con las teclas del teléfono, supo que no debía interrumpir.

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Cuando el teléfono de Meiko sonó de vuelta, esta pegó un brinco, asustada, y el aparato salió volando. En la pantalla aparecía un mensaje nuevo, con el nombre de Taichi. Su corazón latió un poco más a prisa, estaba emocionada y a la vez, nerviosa por qué habría dicho.

"Esa Sora... las clases son pesadas, pero el entrenamiento va bien, seguro ganamos el partido. Agumon está bien, tiene hambre como siempre. Seguro que todos queremos ir a verte".

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Al día siguiente, durante el descanso de la escuela, Taichi aprovechó para presumir su mensaje. Yamato acercó el rostro, leyendo un par de veces sin creérselo.

—Eres al único al que le mencionó ir a Tottori —comentó.

—¿En serio?

—¡¿Por qué te invitó a ti y no a mí?! —Mimi lo miró enfurruñada.

—¡Pero aquí dice que a todos! —replicó apenado.

—Tal vez se le pasó decirnos a los demás —Sora se puso pensativa—, ¿tal vez?

De pronto todos voltearon a ver al moreno con sospecha, quien nuevamente se sintió como un ratón acorralado.