|Trucos de Salón

Cap. 41

Al grito de guerra

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-Esto no puede seguir así- suspiró Bato con cansancio.

-No. Tienes razón, pero el asunto es que esto nos deja sin muchas opciones.

El tono con que Hakoda se dirigía a sus hombres era el mismo que usaba cuando atravesaban alguna situación grave, su voz denotaba el mismo cansancio que el semblante de todos los riversiders reunidos en el club, pero él además parecía haber envejecido y en su mirada había un leve rastro de resignación.

El lugar estaba lleno ese día. Dos de los más jóvenes reclutas habían llegado con noticias esa mañana y de inmediato se convocó una junta urgente. Aang, Katara, Sokka y Toph estaban sentados en la barra, todos con rostros serios y distintos niveles de malestar. Hakoda había acabado de leer en voz alta la peor noticia que cualquiera de ellos hubiese visto en primera plana, y después de un silencio sepulcral, tan sólo Bato se había atrevido a externar sus pensamientos.

-¿Qué vamos a hacer Hakoda?- continuó Bato -Nuestros hombres son cada vez menos, Ba Sing Se cayó sin remedio y ahora también se han apoderado de Omashu.

-No estaremos tranquilos ni en nuestra propia ciudad- intervino otro de los hombres.

-Con esto será aún más difícil movernos.

-Será casi imposible transportar las provisiones, los medicamentos y las municiones que necesitamos.

-La demanda creció debido a los refugiados, no podemos cubrir las necesidades de nuestro pueblo y además las de ellos…

-Y si no podemos salir también perderemos comunicación con la destilería norte.

-Y nuestros negocios en la ciudad, las bodegas, los clientes…

-Ya, ¡basta!

El silencio de hizo presente de inmediato. Hakoda no acostumbraba gritarle a nadie, a menos que hubiera una razón poderosa o estuviera cabreado, pero no parecía ser ninguno de esos casos.

-Nunca hemos estado lo bastante seguros en la ciudad de todos modos, y por el asunto de las pérdidas… no hay nada que podamos hacer por el momento.

La mayoría de los presentes bajó la cabeza con visible tristeza. Perder tanto en tan poco tiempo, en especial si aquello había costado gran trabajo y sacrificio, era una verdadera pena.

-Lo que debe preocuparnos del todo, es la cuestión del transporte y las comunicaciones. No podemos darnos el lujo de quedarnos aislados y esperar el momento en que nos caigan encima- sentenció, mirando a cada uno de sus hombres con severidad -Tenemos que seguir en pie, salir a las calles y hacer más de lo que hemos hecho hasta ahora.

Aquel discurso tenía como objetivo reprender la actitud que habían presentado sus hombres, pero a la vez, transmitía confianza, seguridad y una infinita empatía. Todos eran azotados por la misma tormenta, pero Hakoda estaba dejando en claro, que saldrían a pescar juntos.

-Puede que los riversiders seamos el último frente de batalla… pero me alegra que para ello, cuente con los mejores corredores y guerreros que hayan pisado esta tierra.

Hakoda compuso una sonrisa apenas perceptible, que estaba cargada de complicidad, pero fue suficiente para que todos en ese bar se pusieran de pie y cambiaran sus semblantes por uno totalmente distinto. La pena había quedado atrás y la determinación había llegado en su lugar. Hubo un estallido de exclamaciones, un "por la prohibición" que fue coreado por todos los presentes, e incluso Bato sonrió a su pesar palmeando el hombro de Hakoda en señal de apoyo, luego, fue él quien tomó la palabra mientras su líder iba a tomar asiento junto a los chicos.

-¡Ya escucharon!, ¡A trabajar!

El club se vació en tiempo récord y sólo Bato se quedó atrás.

-Eso fue impresionante papá.

-Creo que es la motivación que todos necesitábamos- confirmó Katara.

Hakoda se encogió de hombros un poco y se sirvió una copa de luz de luna. Su mirada se perdió en el líquido mientras los demás continuaban con la charla.

-¿Saben?, nunca pensé que se movieran tan rápido- comentaba Sokka con amargura -Supongo que los subestimé.

-Fue un golpe bien planeado- admitió Bato -Ya no se molestan en ser cuidadosos y tampoco en hacerlo creíble.

-Al menos ya no tiene caso preocuparnos por las elecciones- señaló Toph con ironía.

La noticia del nuevo nombramiento cubría los encabezados de casi todos los periódicos de la ciudad. El alcalde Kuei de Ba Sing Se, había dejado su puesto en manos de una -hasta entonces desconocida- allegada, para luego desaparecer misteriosamente de la propiedad donde vacacionaba. Hasta el momento no había noticias suyas y se especulaba que había sido secuestrado o asesinado. La nueva alcaldesa, Azula, había tomado posesión del cargo el día anterior e inmediatamente realizó numerosas modificaciones, incluyendo el despido de la mayoría de los funcionarios públicos (a quienes reemplazó con sus propios subordinados). El anuncio de que su hermano sería el alcalde provisional de Omashu, no era más que la cereza del pastel. Ya no era un secreto para nadie que las elecciones en puerta, tan solo serían simbólicas, pues estaba claro que los recién llegados continuarían en el cargo indefinidamente.

-Todavía no atacan las destilerías- aventuró Sokka pensativo -Debe haber una buena razón.

-No hay elemento sorpresa- murmuró Bato -Y de todos modos, no creo que tengan prisa.

-Ahora mismo están ocupados invadiendo las calles y apresando a todos los maestros tierra- señaló Katara con tono oscuro –Cuando terminen, vendrán por nosotros.

-Que controlen a los Dai Lee tampoco ayuda. No falta mucho para que todos nuestros aliados estén fuera de circulación... quedaremos en desventaja.

-¿Qué hay sobre la policía de Omashu?- inquirió Toph -Creí que teníamos aliados ahí.

-Así era- confirmó Bato -Pero los más confiables ya fueron encerrados. Y los que quedan no se atreverán a levantarse en contra de nadie, a menos que ofrezcamos alguna garantía… Y lo cierto es que no podemos.

Los chicos guardaron silencio un buen rato, consientes del peso en esas palabras. Incluso Toph parecía abatida.

-Tal vez sí podamos.

La intervención de Hakoda fue recibida con el más absoluto silencio. Ninguno de los presentes esperaba un comentario en ese punto de la conversación, pero por lo visto, el hombre iba a revelar los pensamientos que durante tanto tiempo había estado barajeando.

-He estado pensándolo mucho… y creo que es tiempo de hablar sobre ti- dijo mientras encaraba al muchacho a su izquierda.

-Estoy de acuerdo.

El joven hizo girar su asiento para quedar frente a frente con su interlocutor. Su postura era relajada, pero en su mirada asomaba la más absoluta determinación.

-¿Qué quieres hacer?

-Volver al juego.

-Aang- comenzó la chica a su lado, pero él la ignoró.

-Todos creen que estás muerto- le recordó Hakoda con solemnidad –Ni siquiera en la destilería norte se sabe que sobreviviste, solo nosotros- dijo, haciendo un gesto con la mano –Y sabes que eso te ha mantenido a salvo todo este tiempo… ¿seguro que quieres volver al radar?

-Sin duda.

-Sabes que tengo que preguntar- continuó Hakoda -¿Por qué?

-Me necesitan- contestó el chico con simpleza -Quiero ayudar a ganar esta guerra. Soy el avatar y sé que puedo hacerlo. No volveré a quedarme fuera cuando mi gente me necesita.

Hakoda, Sokka y Bato, asintieron enérgicamente con la cabeza en señal de aprobación, Toph se cruzó de brazos pero también le sonreía. Katara negó ligeramente con la cabeza, pero se limitó a reprimir un suspiro frustrado.

-Entonces está decidido. Usaremos el plan de Sokka.

El aludido se levantó de su asiento con porte altivo y una ruda expresión en el rostro.

-El día del sol negro no solo recuperaremos las ciudades, también haremos que el mundo sepa que el avatar ha regresado- finalizó con entusiasmo.

La conversación continuó durante un par de horas más, tiempo en el que acordaron los preparativos que faltaban por hacerse, el itinerario que debían seguir y otros pormenores que Bato se ofreció a resolver. Cuando él y Hakoda se fueron (éste último alegando que tenía algo que buscar), los chicos decidieron que lo mejor que podían hacer era tomar un descanso. Habían sido semanas extenuantes para todos desde que Aang y Katara habían descubierto la nueva política de los dragones, misma que consistía en fabricar sus propias armas y municiones. Era cierto que saboteaban un par de fábricas a la semana desde entonces, pero la situación se hacía cada vez más crítica, las bajas eran cada vez más sentidas e incluso los negocios principales comenzaban a ser insuficientes como fuente de ingresos.

Habían llegado al punto en el que Hakoda decidió suspender todas las actividades en la destilería para concentrarse en reforzar las protecciones de la zona y sus alrededores, dejando las tareas de aprovisionamiento y defensa en manos de sus cinco mejores equipos. Mismos que a partir de ese día, quedarían reducidos a cuatro.

-El gran Jefe quiere que nos concentremos en prepararnos para la invasión- señaló Toph de buen humor -Así que mañana empezaremos duplicando el tiempo de tus entrenamientos.

Aang compuso una mueca pero no se atrevió a replicar, haría todo lo posible por convertirse en maestro tierra antes del eclipse. Era lo menos que podía hacer para compensar su nulo control sobre el fuego. Cuando llegaron al pasillo que conectaba sus habitaciones, Sokka fue directo a la suya y casi pudieron oír cómo se estrellaba en la cama. Toph, que desde hacía un tiempo se quedaba en la habitación de Katara, se dirigió hacia allí, pero antes de entrar dirigió una mirada vacía al chico.

-Lo digo, para que no te resten ganas de tontear con tu novia afuera de la habitación donde planeo tratar de dormir.

Katara le lanzó una mirada irritada, pero Toph ya había desaparecido tras la puerta. Aang rodó los ojos pero agachó la cabeza con resignación.

-Si no fuera porque me asusta la clase de entrenamiento que me dará mañana… y porque realmente sí tenemos que descansar…

Lo que fuera que iba a decir después se perdió en los labios de la chica, que justo en ese momento, había decidido sabotear su capacidad de articular pensamientos coherentes con un beso.

-Nos quedaríamos aquí el resto del día- concluyó Katara con elocuencia, luego rió un poco y colocó una mano en la mejilla del joven, al tiempo que se mordía los labios con evidente indecisión -Será mejor que te vayas ya- murmuró -Descansa Sparky.

Y con eso, ella entró a su habitación, cerrando la puerta tras de sí.

-Y tú.

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Habían pasado unas semanas realmente inquietantes. Ahora, era el alcalde "provisional" de Omashu y sus habitantes le demostraban en cada acto su más "amable apoyo". Su tío seguía sin dignarse a hablar con él, Azula se mofaba de su situación en cada oportunidad, y la presión que sentía por parte de su padre, era mayor de la que recordaba. Tal vez ahora fuera tratado con respeto y honores, tal vez su padre hablaba de él como si fuera un héroe y estuviera realmente orgulloso, tal vez incluso disfrutaba de los lujos a los que estaba acostumbrado… pero algo no se sentía bien. Algo no acababa de acomodarse.

Seguramente era la incertidumbre. La ponzoñosa duda que no le permitía vivir en paz y hacía estragos en su estado de ánimo. Sin duda tenía que ser eso. O quizá la intranquilidad que le causaba su deuda, con cierta peligrosa maestra agua…

Tal vez incluso ambas.

Pero fuera cual fuera el caso, no podía soportarlo más. Por eso estaba ahí ahora. Deambulando por las calles más olvidadas del mundo, en una silenciosa noche de primavera.

Crac… Crac… Crac.

El sonido metálico se escuchaba a lo lejos, pero sin duda estaba acercándose. Zuko se levantó de inmediato y se acomodó la capucha pues no tenía intención de que lo viera nadie más que su interlocutor.

Crac. Crac. Crac.

El sonido se detuvo y apenas pudo distinguir entre las sombras la silueta de un hombre realmente grande. Se hallaba, como él, oculto bajo una túnica y permanecía en silencio. Zuko se preguntó si todo lo que había oído de él era cierto.

-Te retrasaste- dijo con su más grave voz -Espero que no suceda de nuevo.

El hombre no le contestó, pero se cruzó de brazos e hizo un gesto con la cabeza, que le dio a entender que continuara.

-El avatar está vivo- sentenció con dureza, pero el hombre no pareció sorprendido ni afectado por la noticia.

-Quiero que lo encuentres… y lo elimines.

El hombre por fin se movió. Descruzó los brazos y levantó el mentón para que Zuko pudiera verle el rostro por completo, en él se leía una muda afirmación. Zuko podía ver en ese rostro una evidente frialdad. No dudaba que ese hombre pudiera asesinar a un muchacho de 16 sin titubear, y por un momento, se sintió más tranquilo. La misión que dejaba en manos de ese desconocido casi podía darse por completada y él no tendría que volver a preocuparse por nada.

Sin embargo, le resultaba inquietante tener que volver a ver a ese sujeto. No tenía reparo alguno en pagar el servicio, pero era el tipo de persona que provocaba pesadillas en los niños. Incluso a él, le incomodaba su expresión violenta… O ese tercer ojo que había sido marcado con hierro ardiente en su piel y que lucía casi tan amenazante como lo era en verdad.

El mercenario le dio una última mirada antes de dar media vuelta y perderse en la oscuridad.

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El equipo se encontraba corriendo como pocas veces en su vida. Habían entrado a territorio enemigo para destruir una fábrica y conseguir provisiones, pero en algún momento se vieron sorprendidos y sobrepasados en número. Sokka lideraba la marcha, y detrás de él, sus amigos bloqueaban tantos ataques como podían.

-¡Izquierda!

Una cuadra. Dos cuadras. Y contando. Los chicos resistieron el ritmo tanto como pudieron y dieron tantas vueltas que incluso perdieron la cuenta, pero cuando al fin comenzaron a sentirse cansados, recurrieron a un cambio de estrategia.

-¡Sokka!- llamó su hermana.

-¡Lo sé! ¡Plan B!

-¡Ese ya lo usamos!- protestó Toph.

-¡Entonces el que sigue!

Se separaron, obligando a sus perseguidores a hacer lo mismo y llevándolos a través de distintos callejones, donde fue fácil perderlos. Cuando volvieron a reunirse, todos trataban de recuperar el aliento, pero no se detuvieron.

-¿Crees que lo han conseguido?- jadeó Aang.

-No sé- respondió Sokka -Pero les hemos comprado suficiente tiempo, ten confianza.

No se equivocaba. El otro grupo, liderado por Bato, había conseguido vaciar las bodegas de los dragones locales y gracias a la distracción que los chicos provocaron, en ese mismo momento las provisiones iban directo a la destilería.

El equipo siguió andando hacia la avenida principal, pero se detuvo abruptamente y se vio obligado a ocultarse detrás de un coche. Tres dragones montaban guardia al final de la calle, seguramente esperando que usaran esa vía de escape. Pero ellos ya no podían darse ese lujo. Estaban cansados, demasiado cerca de las altas quebradas, sus perseguidores aumentaban en número y no habían refuerzos lo suficientemente cerca. Si esos tres daban el pitazo…

-Sokka- murmuró su hermana con creciente nerviosismo.

El aludido miró en todas direcciones. Esa calle era especialmente larga, casi no había callejones y los edificios cercanos eran muy grandes y estaban amontonados. Algunos parecían habitados, pero la mayoría, o bien pertenecían a distintos negocios o eran las oficinas de alguna firma de abogados. No podrían allanar ninguno sin llamar la atención o empeorar las cosas.

-La puerta a la izquierda- señaló Aang.

En efecto, unos cuantos pasos al frente había una escalinata de piedra que conducía a una puerta de metal rojiza. Pero el hecho de que esa puerta conectara con el único edificio de la calle, cuya bodega parecía medir lo mismo que tres de las suyas, solo podía indicar que ese lugar estaría bien vigilado. Sokka echó un vistazo más hacia la calle principal y bufó al contar una docena de dragones. Tendrían que arriesgarse.

-Aang, distracción. Toph, la puerta.

Los chicos asintieron con la cabeza y se dispusieron a cumplir su tarea. Aang se arrodillo y colocó sus palmas en el frío asfalto, concentrándose al máximo en la tierra debajo de él y sintiendo sus vibraciones… éstas le condujeron hasta el lugar exacto. Dirigió toda su atención y poder hacia ese sitio hasta sentir una especie de retortijón en el estómago, de inmediato trato de abarcar el máximo espacio posible y envolverlo "mentalmente"… conectándolo… doblándolo según su voluntad.

Y la tierra comenzó a moverse.

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Tres malditas horas de persecución y no habían podido dar con los intrusos. El comandante había dicho que era preciso capturarlos, que de ello dependía un ascenso inmediato para todos… pero ni él ni sus compañeros podían entender el por qué. Sólo eran un grupo de jóvenes riversiders, tal vez incluso novatos. ¿Qué tanto alboroto…

La tierra bajo sus pies empezó a temblar, y lo primero pensó, fue que podría tratarse de uno de esos fenómenos naturales, tan populares. Pero cuando el comandante comenzó a gritar como loco y a enviar ataques hacia los techos e incendiar los negocios y coches cercanos con bolas de fuego… entendió que estaban bajo ataque. Algunos de los otros imitaron su ejemplo de inmediato y se inició un ataque a ciegas, pero Kenzo no tuvo tiempo de preguntarse si eran los maestros tierra que aún quedaban por la zona o si era el grupo de chicos que estaban buscando, porque en ese momento una llamarada pasó sobre su cabeza, asustándolo y chamuscándole un poco el pelo. Al momento siguiente el suelo bajo sus pies se levantó unos veinte metros, con ellos aún encima; el brusco movimiento los desequilibró e hizo caer a la mayoría, pero el ataque se detuvo y todos se quedaron en silencio, viéndose los unos a los otros con genuina incredulidad.

Él se atrevió a dar un mejor vistazo, pero a donde quiera que mirara, todo lo que había era un oscuro cielo. Kenzo no pudo evitar pensar en la ironía... en el pasado la gente creía que el mundo era plano, y si llegabas al borde, caerías irremediablemente. Luego se comprobó que eso no era verdad, pero justo ahora, todos podían ver el fin de "su mundo".

Uno de sus compañeros se acercó hasta el límite y de inmediato retrocedió con el rostro pálido.

-Alto… mucho… la tierra… se levantó.

-¿Qué demonios...

Pero el capitán no llegó a terminar la frase. Porque en ese instante el suelo vibró e inició un brusco descenso, obligándolos a todos, a aferrarse de cualquier modo al suelo que pretendía dejarlos atrás. Kenzo solo atinó a cerrar los ojos y suplicar mentalmente que la caída no los matara. Lo siguiente que supo, fue que la tierra había vuelto a su lugar original y todos sus compañeros estaban fuera de combate debido al impacto. Él mismo estaba a punto de dejarse arrastrar a la inconsciencia. Lo último que llegó a su mente antes de desmayarse, fue en el ridículo que iban a hacer: una docena de dragones derrotados y tirados a mitad de calle.

-Cual moscas estam… padas… en el… para… brisas… de… auto…

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Toph se movía rápido.

Tanto, que Sokka dudaba haber captado cada detalle. En cuanto Aang consiguió dejarlos fura de la vista de sus enemigos con esa impresionante técnica (aunque un poco exagerada en su opinión), ella corrió hasta la puerta de ese misterioso edificio y sometió el cerrojo a voluntad, con toda la autoridad que solo una maestra metal puede tener. El proceso duro tan solo un par de segundos. Ella saltó, la puerta se abrió y ellos la siguieron. Sokka miró atrás, justo a tiempo para ver como el pedazo de tierra que se había levantado de manera tan antinatural, regresaba a su lugar; levantado una nube de polvo y dejando un desastre de asfalto quebrado y dragones tirados. Aang los alcanzó en ese momento y cerró la puerta tras de sí, sumiéndolos a todos en una silenciosa oscuridad.

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-¿Dónde se supone que estamos?

Cuando sus ojos por fin se adaptaron a la iluminación del lugar, Katara no pudo evitar frotarse los ojos con incredulidad. Pero cuando su cerebro le confirmó que no estaba soñando y que de verdad estaba frente a un enorme sarcófago con todo y momia dentro, la incredulidad dio paso a la desorientación. Sobre todo al echar un vistazo a su alrededor, y distinguir las figuras de un par de sarcófagos más, un puñado de esculturas de los antiguos dioses egipcios, cajas repletas de vasijas y otras chácharas rotas, un reguero de polvo, papiros, telas… ¿y eso era un dinosaurio?

-Debe ser una broma- murmuró su hermano, en algún lugar a su izquierda.

-Genial- susurró Aang, al tiempo que llegaba a su lado y le tomaba la mano con suavidad –Siempre quise ir a Egipto.

-Alguien… -le oyó sisear a Toph.

Pero ninguno reaccionó lo suficientemente rápido.

Una luz la cegó momentáneamente, venía desde algún punto a la derecha, lejano y alto. La mano de Aang la estrechó con fuerza y lo sintió moverse hacia adelante, colocándose entre la luz y ella.

-¿Quién diablos son ustedes?

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Hola a todo el mundo! siguen ahí?... ewe

Regresé al mundo de los vivos a petición de quienes expresaron su agrado ante la idea de que terminara de publicar los capítulos. La mala noticia esq entre a trabajar y no podré actualizar tan rápido como al inicio, la buena sq parezco haber dado con un poco de inspiración, pues reedite los capítulos que ya tenía escritos y estos se volvieron más largos y obviamente, numerosos. Ojala que sea de su agrado. A diferencia de los anteriores.. bueno ya notarán ustedes mismos las diferencias xD

Un abrazote!