-Si quieres la verdad te la diré aunque te duela. Nada, no tenía nada de especial. La elegí a ella como pude haber elegido a la madre de alguno de tus amigos y conocidos. Y no vuelvas a intentar fantasear con que eres un sujeto de autoridad, Eren. Aunque estés donde estés tienes que saber que aún sigues siendo un peón débil en este juego. Mi juego.

Eren creó su propio nudo en la garganta. En verdad quería acordarse de todos los muertos de aquel sujeto. Quería gritar y enfurecerse. Incluso se le había pasado por la cabeza la idea de convertirse en titán y ver lo que ese anciano podía hacer contra él.

Por suerte, nuestra hermosa diosa puso una mano en el hombro del chico. Tal vez fueran los preciosos ojos azules de la chica pero Eren lo pudo recordar en ese momento. Con la emoción de las últimas horas no había tenido tiempo de pensar en ello. Aquel viaje no era por él, ni por su madre, ni por su padre. Era por la humanidad. Por todas esas vidas que se habían dado para reconquistar el muro María.

El castaño se dio la vuelta y se dirigió a la salida de ese lugar. La prioridad en ese momento era encontrar a sus amigos, luego saber cómo demonios les contaban toda la historia y por último intentar manejar la reacción que tendrían cada uno de ellos.

…..

El equipo de exploración había seguido investigando el resto del palacio hasta que hallaron una puerta que conducía a lo que parecía ser una armería, la cuál era bastante grande por lo que todos acabaron desperdigados. En aquella sala había un montón de objetos que escapaban al entendimiento de incluso la propia Hanji. A Levi le pasaba lo contrario pues parecía que el mejor soldado de la humanidad guardaba algún tipo de conexión con aquella armas. Entre los objetos habían unos enormes guanteletes con cabeza de león, unos garfios morados, un vellocino dorado para el brazo derecho, un escudo que iba acompañado de una lanza y unas espadas pequeñas pero gruesas que estaban sujetas con unas cadenas.

Lo que llamó más la atención del capitán fue una espada de empuñadura dorada que estaba enterrada en una piedra y su hija medía aproximadamente un metro y veinte. Levi no pudo evitar la tentación y agarró la empuñadura del arma. Era increíble que a pesar de tener ese tamaño el soldado fuera capaz de deslizar la hoja a través de la piedra y sostenerla como si fuera la espada de su propio equipo de maniobras.

-¿Te crees lo suficiente mente digno como para sostener La Espada del Olimpo?-Habló una voz desde detrás del capitán.

Rápidamente el hombre empuño el arma hacia la dirección de donde había salido esa voz. Allí se encontró con un hombre de apariencia atlética que sostenía un martillo en su mano y tenía una barba castaña bastante poblada.

-¿Quién eres? ¿De dónde mierda has salido tú?

-Respecto a quién soy, mi nombre es Hefesto y este es mi taller por lo que tengo que preguntarte: ¿Qué mierda haces tú aquí?

Levi no dejó de apuntar la espada hacia el sujeto y mantenía su semblante serio de siempre.

-Tengo una idea, ¿qué tal si dejas la espada dónde la encontraste antes de que su dueño vuelva y te golpeé el trasero o peor que te lo golpeé yo?

Levi volvió a dejar esa espada dónde la encontró y se dirigió hacia Hefesto quién soltó su martillo y empezó a toquetear al hombre buscando algún que otro detalle.

-¿Qué coño haces? ¿Qué estás buscando?

-Pues estoy buscando tu tatuaje. Tu padre me dijo que tendrías uno.

Rápidamente Levi le dio un empujón al herrero quién se limitó a seguir mirando al soldado que esta vez tenía una mirada que expresaba algo que nunca habíamos visto antes en él. Duda.

-¿De qué estás hablando? ¿Acaso sabes quién soy yo, viejo?

-Sí, llevo mucho tiempo observándote. A ti y a los de tu clan, de los que tengo que decir que estáis a la altura de vuestra herencia.-El barbudo observó que el soldado parecía estar incluso preocupado por lo que acababa de decir el herrero.- Vale, ahora creo que vas a ser tú quién me pates el trasero a mí si no empiezo a hablar, ¿no?

El mejor soldado de la humanidad asintió.

-Bien, pues siéntate donde puedas porque tengo una buena historia que contar y voy a tardar mucho tiempo en explicarlo todo.

…..

Eren decidió separarse del resto de sus compañeros y así empezar una búsqueda más ampliada pues tenía que haber algo que ese barbudo de Zeus no quería que viesen, se esforzó mucho en tenerlos aislados.

El muchacho entró en una habitación que estaba llenada por un aura azul marino y en la que se podía oler un aroma de dulce que solo podía oler en alguna que otras chicas a las que conocía. Pero eso no fue lo que le sorprendió al castaño. Oh no. Esa sala estaba llena de…¡Mujeres! ¡Mujeres desnudas!

Varias de esas féminas no tenían que tener una edad de entre veinte y veinticinco años. Había de todo: Rubias, morenas, pelirrojas, pelinegras, albinas… Y no solo eso, sino que sus cuerpos parecían tener toda clase de gormas esculturales. Como si su mismo creador hubiese pensado en más de una forma para poder crearlas. El muchacho empezó a dar pasos hacia atrás pero en cuanto su mano empezó a tocar la pared se dio cuenta de que la puerta por la que había entrado había desaparecido.

El chico podía ser un niño pero ya estaba en la edad en la que un chico empezaba a ver a las mujeres de otra forma. Como algo más.

-¿Es el Dios titán?-Insinuó una de las mujeres al percatarse de la presencia del muchacho, quién se puso recto como un palo y empezó a sudar a causa del nerviosismo.

Una mujer que tenía los pechos al descubierto se puso de pie y se dirigió hacia Eren.

-¡Oh! Los dioses nos ayudan. Loado sea Eros, nos ha enviado un campeón.-Dijo la misma mujer mientras acariciaba la cara de Eren y bajaba lentamente hasta tocar su pecho que estaba cubierto por su camisa.-Ven campeón, muéstrame tu fuerza.

-¡No, a mí!-Exclamó otra joven que se agarró del brazo del castaño y lo acariciaba con sus senos.-Yo sabré dar calor a un viajero cansado como tú.

Eren no dijo nada y se limitó a quedarse callado mientras que las dos chicas empezaban a dar vueltas alrededor de él. El castaño trató de tranquilizarse y mirar a su alrededor. Una mujer que estaba tumbada le dedicó una seductora sonrisa al joven. Otra pelirroja se relamió los labios mientras que este la saludaba y por último pudo ver algo que nunca había visto ni se había imaginado, dos mueres besándose la una a la otra. Para el pobre chico esto era demasiado. A pesar de haber visto un montón de monstruosidades, haber participado en mil batallas y cometer la mayor violencia explícita…seguía siendo un virgen

Una mujer que hasta entonces había permanecido oculta hasta ese momento se acercó lentamente hacia el chico. La fémina era pelinegra y tenía el cabello corto y sedoso.

-Ellas no valen nada. Ven conmigo y disfrutarás el mayor de los placeres.

Eren no hizo nada y se dejó guiar por la mujer hasta sus aposentos y de camino ahí pudo ver que la única ropa que llevaba era una fajín de color rojo que extrañamente se parecía a una bufanda. Una bufanda como la de…

...

-Eren, ¡Eren!, ¡EREN!...

El muchacho se despertó debido a los gritos y ligeros golpes que su hermana le había dado. Cuando abrió los ojos la pudo ver a ella sola tumbada en el suelo, mirándole con esos orbes negros.

-Te he encontrado aquí tendido en el suelo. Me asusté porque por un momento te pusiste recto como una tabla y creo que hasta tu propio corazón se paró. ¿Te encuentras bien?-Le preguntó la asiática mientras le ayudaba a incorporarse.

-Sí, sí…Tengo una historia que contarte y es increíble.

Antes de soltar todas y cada una de las palabras que se habían dicho en presencia de aquel supuesto dio, Eren comprobó aquel bulto que tenía en los pantalones. Puede que aquello hubiera sudo un sueño pero se había sentido muy real.

Guest: Amigo te agradezco que le hayas dado una oportunidad a mi fanfic. Sé lo que es que dañen la historia principal con un mal fanfic porque antes de ser escritor fui lector. Espero que sigas comentando y dejando reviews. Aunque seas nuevo en Fanfiction puedes estar al tanto del desarrollo de la historia por mi fanfic.