En el interior de la armería, Hefesto y Levi continuaban con su charla que parecía que estaba a punto de acabar.

-¿Lo entiendes ahora? ¿Entiendes ahora lo importante que eres, Levi?

-Sí, pero…No me esperaba esto. Y sinceramente, no me creo capaz.

-Tú piensa en el destino. Puede que haya hecho de las suyas al querer mantenerte vivo durante tanto tiempo.-El herrero sostenía unas espadas que tenían un aspecto muy pequeño y ligero pero lo compensaban con el grosor del metal.-Creo que deberías tenerlas tú, o más bien debes tenerlas.

-Y dime, si todo lo que me has dicho es cierto, ¿qué será de mis dos hermanos? De Isabel y Farlan.

El herrero formó una sonrisa en su demacrado rostro.

-Ellos te estarás observando y cuidando desde el otro lado, junto con tu padre.

-¿Y cómo sé que no eres tú el que me está engañando ahora mismo? Si es verdad lo que dices, esto es un juego que en parte se juega con mentiras y engaños. ¿Cómo sé que tú no eres otro jugador?-Le preguntó con decisión Levi al herrero, quien se puso de pie y le miro con una mira penetrante.

-Te doy mi palabra, el honor que me queda…y si eso no fuera suficiente, podrás quitarme la vida si te complace. Pero me temo que respecto a ti, no te queda más que tener algo de esperanza.-Sentenció Hefesto.

-La esperanza es para el débil, anciano.-Cuando el mejor soldado de la humanidad terminó aquella frase el herrero soltó una pequeña risa.-¿Qué te parece tan gracioso?

-Nada, tan solo pensaba en que eso es exactamente lo mismo que me hubiera dicho tu padre.

-¿Me dirás quién es mi padre?

-Con el tiempo Levi, con el tiempo. Por ahora te tengo que llevar con tus amigos. Trata de mantener las distancias con Zeus y vigila bien a ese chico.

El guerrero se levantó junto con el anciano e iba a colocarse sus dos nuevas armas a la cintura pero en ese momento Hefesto le detuvo.

-Mejor déjame a mí.-El herrero se puso detrás del chico y amarró parte de las cadenas a sus antebrazos y el resto lo dejó para que las espadas terminaran en la espalda.-Primero tienes que familiarizarte con las espadas del caos, pronto sentirás que forman parte de tu cuerpo. Pero no te preocupes te las puedes quitar cuando lo necesites.

-Gracias, Hefesto.-Dijo el guerrero mientras le extendía la mano a aquel hombre, quien aceptó gustoso.

-No hay de que, es lo que creo que decís los mortales, ¿no?

Entre lo que caminaban a través de los enormes pasillos, Levi miró al suelo durante un momento y pudo observar un dibujo. En aquella imagen parecia encontrarse Zeus, según la descripción que le había dado el herrero.

-¿Qué significa esto?-Preguntó el azabache al agacharse para poder ver mejor el dibujo.

-Eso aparecío hace bastante tiempo. Se trata de un hombre mortal luchando contra el propio Zeus. Muchos dicen que es una imagen del futuro.

…..

No muy lejos de ese lugar se encontraba nuestro joven rubio se seguía encontrando en aquella biblioteca gigante acompañado de aquella mujer.

La mente analítica de Armin había hecho ya estragos al escanear a esa dama. Se trataba de una mujer que debía rondar los veinticinco años de edad. Estaba bien dotada referente a lo que era el cuerpo y el físico. Poseía unos ojos negros que brillaban casi tanto como su cabello que estaba atado con una trenza. Iba vestida por una especie de armadura plateada en la parte superior del cuerpo y acompañado de una túnica verde que estaba sujeta por el hombro derecho.

Ahora, el muchacho tenía averiguar cosas del lugar en el que se encontraba. Fue en ese momento en el que recordó que estaba en un archivo de libros. Lo único que tenía hacer es buscar archivos de historia. Historia de titanes.

En una sola hora supo donde estaba, qué eran los titanes y qué era un dios.

Se encontraba en el Olimpo que era el hogar de los dioses olímpicos, los principales dioses del panteón griego, presididos por Zeus. Los griegos creían que en él había construido mansiones de cristal en las que moraban los dioses. Los titanes eran una raza de poderosos dioses que gobernaron durante la legendaria edad de oro. Los titanes estaban relacionados con diversos conceptos primordiales, algunos de los cuales simplemente se extrapolaban de sus nombres: el océano y la fructífera tierra, el Sol y la Luna, la memoria y la ley natural. Los doce titanes de la primera generación fueron liderados por el más joven, Cronos, quien derrocó a su padre Urano a instancia de su madre, Gea. Los titanes precedieron a los doce dioses olímpicos, quienes, guiados por Zeus, terminaron derrocándolos en la titanomaquia que fue la guerra de los titanes. La mayoría de ellos fueron entonces encarcelados en el Tártaro, la región más profunda del inframundo. Los dioses olímpicos son los principales dioses del panteón griego, que moraban en la cima del monte Olimpo. Hubo, en diferentes épocas, catorce dioses diferentes reconocidos como olímpicos, aunque nunca más de doce a la vez. De ahí que a veces se haga referencia a ellos como los doce olímpicos, también conocidos como Dodekatheon.

Cuando el chico terminó de leer, cerró el libro y miró de nuevo a la mujer quién le miraba con una visión tranquila y serena.

-¿Te puedo hacer una pregunta?-Inició Atenea.

-S-Sí, se-señora…

-Eres un erudito y tienes una mente tan brillante como para estatr entre los mejores filósofos de este lugar. Pero sigues siendo un soldado. Ahora, cuál crees que es el único fin para un soldado?

El rubio esperó un momento antes de responder. Si en verdad estaba delante de la diosa de la sabiduría Armin tendría que mediar las palabras.

-Para un guerrero la única conclusión verdadera es la muerte. Pero eso no implica que uno tenga que temer a la muerte porque eso sería menospreciar la vida. Un soldado sabe que no puede vencer al peligro aunque hay momentos en que los que puede evitar que los demás tengan miedo. Que aquellos que han quedado en el camino puedan encontrar esperanza en su sacrificio. Que aquellos que lo conocieron bien hablen de su firme lealtad, de sus firmes convicciones y cuando llegó el momento de su voluntad definitiva, abordarlo todo.

La mujer quedó bastante sorprendida por la respuesta del chico.

-Ven conmigo creo que ya es hora que busquemos a tus amigos.

…..

Respecto a nuestro grupo de viajeros. Eren y los demás ya habían encontrado al resto del escuadrón. Ahora tocaba la parte más dura y difícil, explicar toda la historia. Podemos decir que no se lo tomaron muy en serio.

-Eren, ¿te diste muy fuerte en la cabeza cuando te desmayaste?-Preguntó Mikasa mientras le acariciaba la cabeza a su hermano.

-He oído muchas mierdas en lo que llevo de vida pero tengo que decir que esta se lleva la palma.-Bromeó Connie mientras se rascaba la nuca.

-Pues yo me lo creo.-Habló el comandante Erwin, al que todos prestaron atención de inmediato.-En los libros de mi padre se hablaba de que en tiempos pasado hubo una religión en la que se hablaba de dioses extraordinarios cuyos padres fueron seres parecidos a los titanes.

-¿Y cómo me puedes explicar que esos dioses nos quieran a nosotros?-Preguntó ansiosa Hanji.

-Quizá somos especiales. Pensadlo bien, ellos son cinco chicos que se pueden convertir en titanes, sin contar a Annie. Y respecto a nosotros, no somos muy normales, yo perdí un brazo y he podido sobrevivir el suficiente tiempo como para ver nuestro territorio reconquistado. Puede que desde un principio, todos estuviéramos destinados a acabar aquí.

Eren se quedó pasmado al escuchar esas últimas palabras. Era posible que eso fuera cierto. La invasión del muro, la muerte de su madre, sus extraños poderes...Fue en el momento en el que Erwin terminó su frase en el que una enorme puerta, que hasta el momento habían pensado que era una pared, se abrió. Cuando todos los presentes empuñaron sus armas se pudo ver la silueta de un muchacho. Cuando se pudo ver mejor a aquel sujeto todos quedaron anonadados. Ese chico era exacto a Eren. Exacto. Las únicas diferencias que tenían era que el chico tenía ojos azules, el cabellos un poco más largo y que portaba una armadura azul con detalles dorados. El chico se acercó hacia Eren y cuando estaban los dos cara a cara…Lo abrazó.

-Doy gracias, doy muchas gracias. Padre, me dijo que nunca nos podríamos conocer. Estoy feliz de que por una vez se haya equivocado. Porque por fin…por fin puedo ver a mi hermano. ¡Qué feliz soy! Al fin me alegro de llamarme Perceo.-Decía aquel muchacho mientras abrazaba a su supuesto hermano y soltaba alguna que otra lágrima.