La pelinegra se encontraba paseando a través de un extenso campo de hierba mientras que dejaba que el brillante sol inundara su cuerpo y que el viento hiciera bailar su cabello que ahora estaba más largo. Por fin Mikasa lo había conseguido. Tras haber visto la muerte tan de cerca y después de haber sufrido mil pérdidas, lo había conseguido. La verdadera felicidad, la que pocos llegamos a disfrutar en nuestra vida.
En cuanto la chica, ahora mujer, se dedicó a entrar en aquella pequeña cabaña, sintió nostalgia pero no por recordar aquellos tiempos en los que tenía que dormir con un ojo abierto para poder proteger a su ahora marido. Sintió nostalgia porque era en esa misma casa donde ella pudo compartir algunos momentos de felicidad con sus padres.
-Mira ya llegó tu mamá.-Dijo un Eren que tendría que tener ya unos treinta años y que estaba arrodillado frente a una cunita.
El castaño se levantó y fue a saludar a su esposa con un beso en los labios, el cual la mestiza aceptó gustosa para luego abrazar a su esposo.
-Te quiero, Eren.-Dijo la mujer con ojos llorosos.
La mujer siguió abrazando a su marido y fue junto con él hacia la cunita. En su interior había un precioso niño que se dedicaba a jugar con las mantas que cubrían el colchón. Aquél niño era la mezcla perfecta entre Eren y Mikasa ya que tenía la piel como su madre, los ojos de su padre y su color de pelo era una combinación de la cuál salía un color negro claro.
-¿Cómo puede ser que tuviéramos un hijo tan perfecto?-Preguntó la pelinegra a Eren sin dejar de mirar a su bebé.
-Tal vez porque nunca lo tuvimos.
Al mismo instante de oír esa respuesta por parte de su marido, Mikasa se dio la vuelta para ver a Eren. Pero su esposo ya no estaba ahí, sino un hombre que portaba una armadura roja con detalles dorados y que tenía tres cabezas de lobo en cada hombrera. Parecía que no, pero era Eren. Estaba cubierto de sangre y tenía signos de haber estado combatiendo durante mucho tiempo, por no decir de la miraba muerta que portaba. Ya no había nada de lo anterior. Ni la cabaña, ni la cuna, ni el campo verde…ni el bebé. Estaban en medio de un inmenso campo de batalla, con miles de cuerpos de titán y humanos. Un infierno en la tierra.
Despierta, despierta, despierta…
La muchacha se despertó de lo que parecía ser un sueño. Aunque se había visto muy real.
Era extraño. Ella había soñado muchas más de esas situaciones con Eren. Que se casaban, que tenían un hijo, que hacían el amor… No era nada malo ya que en la realidad ella siempre trataba de alejar ese tipo de pensamientos pues con el paso de los años ella se había hecho a la idea de que el castaño nunca llegaría a verla con esos ojos. Pero en este sueño, la manera de despertar era distinta ya que parecía como si alguien o algo la hubiera forzado.
La puerta de la habitación empezó a sonar y cuando se abrió se pudo ver a aquel otro joven que se parecía tanto a Eren. Esta vez Perceo llevaba unas ropas más normales puesto que tenía una camisa y unos pantalones muy parecidos a los que usaban ellos.
-He oído algo y pensé que le podría haber pasado algo, señorita.-Dijo de forma amable el chico.
-No, no. Era tan solo una pesadilla.
-Ah sí, yo tenía muchas de esas cuando era un niño. Bueno, y ahora aún tengo alguna que otra.-El chico empezó a reír algo nervioso.
-Perceo, estas sudando y sigues teniendo una espada en el costado. Eres encantador pero no creo que hayas venido hasta aquí solo para ver cómo estoy. ¿Qué es lo que quieres?
El chico castaño empuñó su espada para luego ponerla en sus manos. Perceo adoptó una mirada seria y le entregó la espada a la chica.
-Dejadme serviros, mi señora. Mi padre ha estado contándome historias sobre mi hermano. Yo quiero tener una buena relación con mi hermano y vos le hacéis muy feliz y por eso siempre vais a ocupar un lugar en mi corazón. Pero el poder serviros es mi forma de pagar la deuda por haber protegido a Eren desde que erais niños, por no hablar del enorme honor que sería el hacerlo.
El muchacho era todo un manojo de nervios en ese momento. Las manos le temblaban y parecía muy nervioso.
-Perceo, necesito saber una cosa. ¿Eres igual de malo luchando que hablando?-Preguntó Mikasa tranquilamente al chico.
-No, no para nada. Entonces, ¿eso es un sí?
-Sí, aceptaré que me ayudes. Pero quiero que sepas que esto no tiene que ser una deuda. Para mí por lo menos, tú eres tan familia mía como lo es Eren.-Dijo la chica mientras que le devolvía la espada de vuelta al castaño, quién ya se había relajado un poco.
Perceo no pudo resistir las ganas y se abalanzó sobre Mikasa para poder abrazarla, a lo que ella reaccionó sorprendida.
-Gracias, gracias…-Decía el chico entre sollozos y enterraba la nariz en en pelo de la mestiza.
…..
Levi miraba alrededor de la biblioteca para ver si aparecía alguien. Era raro que un lugar tan grande no tuviera ningún tipo de protección.
-¡Capitán! Creo que tengo algo.-Decía Armin emocionado mientras sostenía un libro.-Mire esta imagen.
Levi inspeccionó dicha imagen. Se trababa de la imagen de un hombre de un guerrero. El rasgo externo más característico de aquel guerrero era su tez color blanco ceniza. Parecía que era de tez trigueña o moreno. Otros rasgos incluían una cicatriz que cruzaba su ojo derecho y un gran tatuaje rojo, que comenzaba en el ojo izquierdo y terminaba en el hombro izquierdo. ¿Era eso lo que tenía Levi? ¿Un tatuaje?
-¿Quién es él? Dímelo, quiero saberlo todo.-Sentenció Levi al rubio.
-Eh, sí señor. Al parecer, un oráculo presagió que la caída del Olimpo no la provocaría la venganza de los Titanes, encarcelados tras la Gran Guerra, sino un guerrero marcado con sed de venganza. Los dioses olímpicos creyeron que este guerrero sería un niño Deimos que era el hermano de otro que se llamaba Kratos, debido a su extraña marca de nacimiento. Ares, en consecuencia, interrumpió la formación de Deimos y Kratos durante su niñez en una tierra que se llamaba Esparta y secuestró a Deimos. Kratos intentó detener a Ares, pero el dios olímpico lo apartó de un golpe y le dejó una cicatriz en el ojo. Deimos, arrastrado hasta los Dominios de la Muerte, fue encarcelado y torturado durante muchos años por Tánatos, el dios de la muerte. Kratos, que creía muerto a Deimos, se marcó con un tatuaje rojo que era idéntico a la marca de nacimiento de su hermano, en su honor. Con el tiempo, Kratos logró convertirse en el capitán más joven del ejército de Esparta, pero mostró una gran sed de poder a pesar de que las únicas personas capaces y lo suficientemente valientes para contener su ira eran su esposa y su hija. En cierta lucha, Kratos y su ejército combatieron contra una legión de Bárbaros. Sin embargo estos enemigos era más de lo que Kratos podía manejar y pronto parecía que sería su final. Ante la derrota total a manos de una horda de bárbaros, pidió ayuda al dios olímpico Ares y éste le otorgó las Espadas del Caos, con las que consigue aniquilar a sus enemigos, pero a cambio, se comprometió de por vida a ser su sirviente. Sin pensarlo, siguió al dios de la guerra y acabó con la vida de cientos de personas en su nombre. Después de ser engañado por Ares para asesinar a su mujer Lysandra y a su hija Calíope en un templo dedicado a Atenea, sus ansias de matar desaparecieron y renunció a continuar al servicio del dios de la guerra, sintiéndose profundamente arrepentido por el asesinato que ha cometido. Mientras el templo arde, el oráculo de la aldea maldijo a Kratos y lo condeno a llevar "la marca de su terrible acto"; las cenizas de su familia. Las cenizas cubrieron la piel de Kratos de un color blanco tiza, por lo que se ganó el título de "Fantasma de Esparta". Al haber roto el pacto de sangre con un Dios, Kratos fue hecho prisionero por unas entidades conocidas como Las furias, las cuales castigaron a Kratos por su acto de desobediencia al encarcelarlo en la prisión construida sobre la espalda de Egeón el Hecatónquiro. Kratos consiguió escapar pero las furias comenzaron a perseguir a Kratos lanzándole numerosas ilusiones que le recordarían su doloroso pasado. Orkos, hijo de las Furias y Ares, al descubrir que Ares conspiraba para apoderarse del Olimpo, buscó la ayuda de Kratos para detener la conspiración al acudir al templo de Delfos el Oráculo. A pesar de que los gemelos Castor y Polux intentaron detener al espartano para poder encontrarse con el Oráculo, Aletheia logró revelarle a Kratos antes de morir, su propósito. Advirtiéndole que la única manera de romper el hechizo de las Furias era encontrando los Ojos de la Verdad. Luego de alcanzar dicho elemento, las furias descubrieron a Orkos, quien ayudaba a Kratos e intentaba avisarle de la presencia de sus madres, y tomaron como prisionero al espartano, quien más adelante rompería sus cadenas, logrando escapar. Las furias le ofrecieron vivir en una ilusión en la que su hija y esposa estarían vivas junto con él, pero Kratos prefiere vivir la verdad por lo cual combate y asesina a las hermanas. Al regresar a su casa en Esparta, Orkos le avisa que no se liberó del pacto con Ares, ya que las furias lo habían convertido a él en el guardián de los pactos de sangre, por lo que le pide a Kratos asesinarlo. A pesar de poner resistencia, entiende que es lo mejor y le da al hijo de las furias una muerte honorable, como había pedido. Sin embargo, al romperse el lazo con el dios de la guerra, las visiones sobre su pasado, sobre los asesinatos a inocentes y a su familia y sobre sus brutales técnicas en el campo de batalla se volvieron algo cotidiano. Decidió quemar su casa y dejar Esparta para redimirse por su pasado, sirviendo a los dioses en busca de que éstos eliminaran las visiones que lo atormentaban. Diez años pasaron desde que Kratos decidió volverse campeón de los Dioses en un esfuerzo por borrar de su mente aquellos terribles recuerdos que lo atormentan. A pesar de haber prometido servir a los demás dioses para así recibir el perdón y el alivio por las pesadillas de sus acciones pasadas, Kratos se muestraba claramente desafiante. Se opone a ayudar a los dioses cuando Helios fue secuestrado y los abandona abiertamente cuando la diosa Perséfone le da la oportunidad de reencontrarse con su hija. Sin embargo, se ve forzado a revocar su decisión cuando Perséfone utiliza al Titán Atlas en un intento por destruir el mundo y, en consecuencia, a Calíope. Sabiendo que con esta intervención salvaría a Calíope, pero que la separaría de él para siempre, Kratos, resentido, aniquiló a Perséfone, encarcelando a Atlas y liberando a Helios. Cuando Kratos se cansó de servir a los dioses y se reveló contra la diosa Atenea, la diosa le hizo saber que si acaba con el destructor Ares, los dioses perdonarán sus pecados. Kratos aceptó de nuevo ayudar a los dioses, movido por el egoísmo. Tras encontrar la Caja de Pandora la cual se encontraba en un templo erigido sobre la espalda del Titán Cronos, Kratos absorbió el poder de su interior y consigue finalmente cumplir su objetivo. A pesar de haberse liberado de la influencia de Ares y de las Espadas del Caos, Kratos no se sintió liberado de las pesadillas que le atormentaban. Atenea le reveló que nadie, ni siquiera los Dioses, podrían olvidar las atrocidades que cometió en el pasado. Kratos, insatisfecho y desesperado, intentó suicidarse, pero Atenea lo salvó y lo guío hacia el Olimpo. Allí le otorga las Espadas de Atenea y pasa a ser el nuevo dios de la guerra, obteniendo los poderes de Ares. Todavía atormentado por las visiones de su mortal pasado, Kratos, en contra del consejo que le daba Atenea, se embarca en una búsqueda por encontrar a su madre, Calisto. Se dirige hacia el templo de Poseidón, en la ciudad de La Atlántida. Kratos consigue finalmente encontrarla y ésta le dice que su hermano Deimos seguía vivo y que debía rescatarlo. También le quiere revelar la identidad de su padre, pero antes es convertida, en contra de su voluntad, en una criatura a la que Kratos se ve forzado a aniquilar. Cuando Kratos acabó con ella, Calisto no tiene fuerzas para decir quién era su padre y murió en los brazos de Kratos. Kratos buscó desesperadamente a su hermano y eso lo lleva a los dominios de la muerte, pero en el camino ve a todos sus hermanos espartanos muertos por Erinias que era la hija de Tánatos pero después Kratos la mató. Cuando entra a los dominios de la muerte encuentra a su hermano muy débil por las torturas a las que ha sido sometido. Deimos se enoja con Kratos porque no lo rescató cuando lo secuestraron y al final se unen para matar a Tánatos; aunque éste termina matando a Deimos y finalmente Kratos llevado por la furia, termina con Tánatos. Y ahí es cuando finalmente, Kratos se convierte totalmente en un Dios al no tener ya ningún lazo con los mortales como nosotros. Después de estos sucesos, Kratos ya todo un Dios de la Guerra, se vuelve mucho más cruel y despiadado de lo que Ares fuera en su momento. Al ser invocado por un guerrero espartano, Kratos se va a la ciudad de Rodas para ayudar a sus ejércitos espartanos a vencer al ejército de la ciudad; pero Zeus lo termina traicionando, robándole los poderes divinos y clavándole la Espada del Olimpo. Cuando Kratos caía al Inframundo, fue rescatado por la Titán Gaia. Desterrada al Tártaro con los otros Titanes supervivientes después de la Primera Gran Guerra, Gaia y sus hermanos querían matar a Zeus. Poseído por la ira ante la traición de Zeus, Kratos accede a ayudar a los Titanes y estos le dicen que debe encontrar a las Hermanas Del Destino, que tienen el poder de devolverle al momento en el que Zeus lo traicionó. Kratos se volvió totalmente decidido y sangriento. En su lucha por alcanzar su objetivo daño a un Titán, mató sin pensárselo a varios héroes y deliberadamente sacrifió a a dos académicos. Kratos terminó matando a las tres Hermanas Del Destino cuando éstas se le oponen y acto seguido se dispone a asesinar al rey de los dioses en un último enfrentamiento. Por desgracia, Zeus fue salvado por la intervención de Atenea.
Después de que Armin terminara ese capítulo final de la historia de aquel brutal guerrero, Levi se sentó para asimilarlo todo. Ya lo entendía todo. La mancha roja en su ojo, las espadas, su piel…Todo encajaba.
-¿Le ocurre algo, capitán-Preguntó Armin sin entender nada.
-Ya lo entiendo, niño. Yo soy el hijo de Kratos. Y estoy condenado a repetir su historia.-Dijo Levi de forma angustiada.
-P-Pero, ¿cómo puede saber usted eso? Ni siquiera sabemos lo que pasó al final con este personaje.
-Cierto, no lo sabemos. Pero mira a tu alrededor, nada ha cambiado en absoluto. Hombres que caen del cielo, dioses que lanzan rayos, inocentes que pierden la vida…Así es como empieza. La ira, la furia que vuelve al bueno…cruel.
RenKouhen: Me alegro que te haya ilusionado tanto este capítulo y espero que todas tus dudas queden resueltas en este nueva actualización. Me gusta que hayas tenido tan buena acción de Perceo y aque tengo mucho que hacer con este personaje. Una vez más te agradezco todo el apoyo que me das. Eres una chica increíble y espero que continúes viendo.
