Shenanigans
"Una parvada de cuervos se llama crimen"
Real wild child
#3, As, Rematador, Azumane Asahi
Summary: Cuando todos se acobardan, Asahi muestra lo valiente que puede llegar a ser.
Las noches de invierno son realmente frías en Karasuno.
A todos les queda mejor una estación diferente. Suga en primavera, luce como un angel caído del cielo, y Daichi en otoño puede usar tanto verde y naranja como a su corazón le plazca. En verano, Nishinoya se llena de refrescos y helados, pantaloncillos y remeras ligeras, y Tanaka vuelve a cortar su cabello al ras, y se le puede ver usando lentes de sol y cantando la nueva canción del verano.
Asahi prefiere el invierno. Puede usar mangas largas, y llevar su cabello semi-suelto. Los suéteres que normalmente lleva ya no se sienten fuera de lugar, y asusta un poco menos a las personas cuando notan los estampados tiernos en sus bufandas. Además, puede beber tanto chocolate caliente como guste y nadie lo va a ver raro, porque es invierno.
Posiblemente lo único que no le gusta, es que las noches son más largas y oscuras. A él, que no le gusta caminar solo por las calles cuando está oscuro, el invierno lo obliga a llevar linternas.
—¿No se supone que los osos grizzly hibernan en invierno? —La voz de Daichi lo sacó de su ensueño, sobresaltándolo como de costumbre.
—¿Asahi, un grizzly? No inventes, obviamente es más un oso negro americano —y, como si hubiera sido invocado, Suga se unió a la fiesta—, si hasta tienen la misma altura.
—Estamos en Japón ¿por qué un americano? —Consciente de que la broma no iba a morir pronto, y pasando por alto olímpicamente el hecho de que le habían dicho que parecía un oso -otras personas habían dicho peores, eso seguro-, Asahi simplemente decidió seguirles el juego.
Celebraciones, y descanso, días más cortos y noches más frías. Bebidas calientes y abrazos más largos. Y la nieve, que siempre se acumulaba en su jardín y le hacía pasar un mal rato a su jardín. Pero, con todo y todo, seguía siendo su estación favorita.
Invierno, un fin de semana cualquiera, practicando todo el día con tranquilidad.
Ya claro. Eso habría querido yo.
Quien escuchó primero, fue Hinata, unos cuantos minutos antes que se desatara el desastre.
—Chicos ¿no escuchan algo extraño? —Distrayéndose de la práctica de recepciones, el pelinaranja volteó su mirada hacia la entrada del gimnasio, siendo así víctima de una espectacular rematada de Kageyama directo a la cara— ¡OYE! ¡ESA FUE A PROPÓSITO ¿VERDAD APESTOYAMA?!
—¡CONCÉNTRATE EN MEJORAR TUS ASQUEROSAS RECEPCIONES, IDIOTA! ¡LO QUE ESCUCHAS ES EL VIENTO! —Gritó el colocador de primer año, rematando otro balón en dirección a su compañero. Esta vez, Hinata lo recibió limpiamente.
—¡Si digo que escuché algo, obviamente es algo diferente al viento, Tontoyama!
—¡Usa mi nombre, idiota!
—¡Tú usa mi nombre, Vacageyama!
—¡Suficiente, ustedes dos! —Ukai gritó a los problemáticos usuales, silenciándolos efectivamente— Ahora que lo pienso, ya viene siendo tiempo de un descanso ¡Todos, 15 minutos! ¡No se enfríen!
—¡Sí señor! —Se escuchó por todo el gimnasio, y todos detuvieron lo que estaban haciendo.
Asahi había estado practicando sus recepciones contra los remates de Tanaka, todo mientras Nishinoya criticaba muy dura e incomprensiblemente su forma. "¡Te tienes que mover rápido, Asahi-san! ¡Así como, whoosh!" y "¡El balón debe hacer bop en tus antebrazos! ¡Eso suena más como zap!" eran los más repetidos. Juraba que intentaba comprender lo que whoosh, bop, zap, o cualquier elección de onomatopeya del día de Nishinoya fueran, pero estaba simplemente fuera de su alcance.
Con curiosidad, se acercó a las ventanas, tratando de escuchar el ruido extraño que Hinata había mencionado, pero entre que Nishinoya estaba siseando de dolor al estirar sus brazos, que Kageyama y Hinata no habían detenido cualquiera fuera su discusión ahora, y en general el ruido del gimnasio, difícilmente escuchaba algo que no fuera el viento.
—¿Te encuentras bien, Nishinoya? —Rindiéndose con el ruido misterioso, Asahi se acercó al líbero. El aludido dio un respingo y comenzó a reír, obviamente alarmado por haber sido descubierto.
—¡No es nada, Asahi-san! ¡Ya sabes lo que te digo, si no duele como el infierno es porque estás rematando muy blandito! ¡Más te vale dejarme los brazos molidos! —Exclamó de buen humor. Asahi no se lo terminaba de creer, pero sabía lo que pasaba cuando presionaba demasiado al líbero respecto a sus lesiones, y no era una escena que deseaba poner en público -o repetir, jamás en su vida, no por favor.
—Preferiría no lastimarte seriamente, si no te molesta —respondió en voz baja, rascándose la nuca por hábito. Nishinoya solo le sonrió más que antes, diciéndole ¡Está bien, está bien! ¡Eres tan miedoso como siempre! mientras le daba palmadas amistosas en el brazo.
Afuera había una tormenta. Si no conocieran tan bien su viejo gimnasio como lo hacían, los chicos del equipo en realidad se preocuparían de que el viento lo hiciera caer. Recordaba que en su primer año, no sabía si al techo le hacían mantenimiento regular, y todo el invierno estuvo convencido de que en algún momento la nieve lo haría caer.
Pero, no podía dejar de sentirse como si caminara al filo de una cuchilla. Escuchaba absolutamente todo.
El sonido de los zapatos chirriando contra el suelo de madera, los crujidos en el techo, las voces de sus compañeros. La red moviéndose ligeramente por el viento, el techo vibrando con la fuerza de la tormenta. Si prestaba más atención, escuchaba la fricción de las telas, el murmullo de las respiraciones, a Yamaguchi hablando con Tsukishima al otro lado del gimnasio, y el sonido metálico de los botes de basura chocando ligeramente entre ellos.
¿Exactamente, qué era lo que había escuchado Hinata?
¿Pasos? ¿Algo removiendo la basura? ¿Alguien removiendo la basura? ¿Quizás algún animalillo perdido, o alguien de otro club rondando por allí?... ¿O quizás un criminal?
—Asahi-san ¿Estás bie-
No era demasiado tarde, sin embargo, un velo de oscuridad ya los había cubierto -era una de las cosas del invierno que no le gustaba a Asahi. El viento aullaba ferozmente, y el ruido dentro del gimnasio era casi sofocante. Todos charlando y moviéndose. Las zapatillas rechinando contra el piso, el retumbar del cuero contra la madera y las voces por doquier.
Pero entonces, un sonido desconocido y atronador envolvió sus oídos, dejándolos a todos congelados en su lugar.
Lentamente, cada uno de los miembros del equipo comenzaron a girar su cabeza hacia la puerta derecha del gimnasio. Y Asahi sabía -lo sabía muy bien- que si Hinata no hubiera estado demasiado ocupado escondiéndose tras Kageyama, le habría estado gritando algo como "¿Lo ves? ¡Te dije que había escuchado algo raro antes!"
—Nadie salga —la orden de Ukai llegó a sus oídos. Innecesario que lo pidas, pensó Asahi, aferrándose a la camisa de Nishinoya como si fuera su salvavidas. No me estaré moviendo de aquí muy pronto.
—¡U-Ukai-kun! ¡Espere! —Corriendo, Takeda fue tras Ukai a descubrir el origen del ruido— ¡Chicos, no salgan hasta que el entrenador o yo regresemos! —Eso iba sin decirlo.
Dentro del gimnasio, ni un alma se movía.
Con el corazón en la garganta, incluso las respiraciones parecieron detenerse. Esto definitivamente no es bueno para mis nervios, se encontró pensando el as, aún escondido cobardemente tras Nishinoya. Solo mírenme, Noya no alcanza ni mi hombro, y aún así su primer instinto fue colocarse justo delante de mi.
No era justo. De vez en cuando, Asahi pensaba que debería hacer un esfuerzo más grande en intentar proteger a su equipo, y no al contrario. En cuidar de Nishinoya, y no que siempre lo tuvieran que cuidar a él. Siempre que lo arruinaba, el valiente líbero salía al rescate, a recoger su desastre, a enmendar lo que se había roto. ¿Y qué hacía él para pagárselo?
—¿Por qué tan callados? —Entonces, alzó la voz la deidad guardiana— No estarán asustados por algo de ruidito ¿verdad? —risas ligeras. Sorprendido, Asahi se soltó lentamente de la camisa de Nishinoya— Shouyou se da piñas contra los basureros que suenan así, como, todos los días.
—¡Ha-hace casi dos semanas que ya no ocurre! —Exclamó el pelinaranja, ahora lo suficientemente calmado como para no esconderse tras Kageyama.
—Seguramente es el gato que Kageyama asustó anteayer, que volvió con amigos para una revancha —las risas aumentaron un poco más—. Y si de verdad es un ladrón, con la caraculo que siempre trae igualmente se caga.
—¡Hey! —Rojo hasta las orejas, Kageyama no se unió a la risa general en el gimnasio.
Déjaselo a Nishinoya para que tenga más valor en un cabello que todo el equipo junto, pensó mientras veía al líbero correr y saltar, atormentando a todos para que se relajaran un poco y no estuvieran tan espantados por el ruido de los botes de basura. Yo les cuidaré las espaldas ¡así que siempre miren hacia adelante!
¿Qué hacía él para pagárselo?
Aquel pudo haber sido un día cualquiera.
En el momento en que sensei les dio luz verde, todos dejaron lo que estaban haciendo y corrieron al origen del ruido. Aparentemente, el miedo también se quedó regado en algún momento del gimnasio, después de que cierto líbero los calmara como si fueran niños pequeños. El efecto Nishinoya.
El entrenador estaba en la parte trasera del gimnasio, iluminando la zona con una linterna. Por lo que podían ver, el sitio era un caos. La basura estaba en el suelo, las bolsas estaban destrozadas y los contenedores, por todo el lugar. El ventarrón no ayudaba, y Asahi sintió cómo el frío se le calaba por los huesos. ¿El basural? Obra de un animal, afortunadamente.
—¡A que fue un oso! —Exclamó Tanaka, con las energías renovadas. Asahi recordó la conversación de esa mañana con cierta gracia. Seguramente Suga encontraría muy conveniente poder medir a un oso negro contra él.
—Posiblemente no fue más que un gato callejero —respondió Ennoshita, habiendo recuperado las fuerzas para hablar.
—Un gato gigante —secundó Suga, viendo la extensión del desastre—, de esos que no se asustan de Kageyama sino que lo atacan —por el rabillo del ojo, pudo ver al aludido sonrojarse nuevamente, y a Hinata a sus espaldas haciendo un esfuerzo descomunal por no reírse. Tsukishima y Yamaguchi por otro lado, no se molestaban en ocultarlo.
—Las huellas no son muy grandes —informó Takeda—, pero la comida sigue aquí, así que debe estar cerca, asustado por el ruido de los contenedores.
¿Cerca? Cerca podía significar, en los alrededores inmediatos, o a varios metros de distancia. Cerca podría ser aún dentro de los terrenos de la escuela. Al otro lado del gimnasio. Quizás incluso ya había entrado en-
—¡Lo encontré! —A un par de metros, entre los árboles donde Hinata y Kageyama solían dejar los balones atascados al practicar, Nishinoya señaló una bola de pelos pelirroja.
Al acercarse, encontraron un cuadrúpedo pequeño. Cola esponjosa, en posición de ataque y con una mirada feroz. Un zorro rojo les devolvió la mirada, y no lucía para nada contento con su llegada.
Igualmente, supongo, pensó Asahi. Es decir, él tampoco estaría nada tranquilo si de pronto un montón de desconocidos le rodearan.
Pero debían dejarlo solo. Después de todo, un animal salvaje asustado es tan peligroso como un humano, no importa su tamaño. No, sí que importa su tamaño, porque si fuera un oso inmenso, ya estarían corriendo al otro lado de la escuela. Sin embargo, como es pequeño y luce tierno...
—¡Hey, amiguito! ¿Tienes hambre? —Impulsivo. Simplón. Descuidado. El líbero avanzó antes que nadie tuviera la oportunidad de detenerlo. Jamás pensó que recordaría cada uno de los adjetivos con los que tanto describían a Nishinoya en un momento como ese. Pero dada la situación...— ¡Eres tan mono!
—¡NISHINOYA, CUIDADO! —Era la única forma en la que podía describir al chico que con una sonrisa, se había acercado a las fauces de un animal asustado.
Cuando era más niño, su abuela siempre le decía que sin importar que, no debía acercarse a un animal asustado. Sin importar el animal o el estado en el que se encontrara, si se acercaba, el más inofensivo cachorro y el más peligroso humano, habrían de arremeter en su contra.
Amenazado, asustado, acorralado. Cualquiera podía ser una buena excusa para sacar las garras y atacar a colmillo limpio. Sin importar cuan pequeña y tierna fuera una creatura, haría daño sin pensarlo dos veces.
Y, justo eso fue lo que le pasó a Nishinoya.
—¡Es que no entiendo, normalmente los animales no me ata- Diablos, cómo escuece! —Déjaselo a Nishinoya para que se acerque a una bestia asustada. No sabía cuándo dar marcha atrás, ni conocía peligro alguno. Asahi estaba convencido de que el chico podría ver a los ojos de la muerte e invitarle un helado, porque es que era así de lanzado.
—Nishinoya-kun, acercarse a un animal salvaje fue una tontería y debería estar agradecido de que sólo le mordió la mano —el joven líbero estaba siendo tratado por Shimizu -estando Yachi demasiado alterada para ayudar. Ante una herida, y estando el edificio de la preparatoria cerrado, las manager del equipo se las tuvieron que arreglar con los primeros auxilios. Takeda sensei ayudaba como podía leyendo las instrucciones en su celular -y a la vez sermoneando al imprudente líbero.
—¡Solo quería darle un bocado al animalito! ¡Seguro se estaba muriendo de hambre! —Explicó exhaustivamente, por enésima vez esa noche.
—Aún así, Nishinoya-kun, a pesar de que tus acciones fueran bien intencionadas, fueron imprudentes —sin embargo sensei no dio su brazo a torcer—. ¿Qué habríamos hecho si te hubieras lastimado seriamente, con el torneo intercolegial a la vuelta de la esquina? —Avergonzado, el líbero bajó la mirada, sin ningún argumento o réplica para contra-atacar eso último.
—No es perfecto, pero servirá hasta que alguien lo revise —finalmente, Shimizu terminó con los primeros auxilios, dejando a Nishinoya con una cara roja y una mano vendada—. Estamos contando con usted para la victoria, por favor no se lastime.
Todos en el equipo saben lo ridículamente genial que es Nishinoya, es algo que no se cuestiona, como que amanece y anochece. Imprudente, alocado e impulsivo, más valiente que todos los del equipo -¡no! Que toda la preparatoria.
Y aún así, pensó Asahi, mientras ayudaba a limpiar el gimnasio, te pones rojo y todo apenado cuando Kiyoko te habla.
—¡Asahi-san, los postes! —La voz de Hinata lo regresó al presente. Que seguía con los postes al hombro, tonteando sobre la sonrisa de Noya -otra vez. Podría jurar que Daichi y Suga estaban haciendo un esfuerzo sobrehumano para no reírse de él.
Las líneas telefónicas habían muerto gracias al vendaval y nadie en el equipo quería dejar que Hinata cruzara solo la montaña con tal clima, no después del susto que se llevaron todos al inicio del invierno. Finalmente, Kageyama se ofreció sin dar mucha más explicación que "mis padres tienen auto". Aún en la distancia, y por encima del viento, los escucharon discutir, mucho "Tontoyama" e "idiota" también. Entonces respiraron con calma, sabiendo que ambos estaban -más o menos- seguros.
—No llegues tarde mañana —le dijo Daichi, entregándole las llaves del gimnasio.
Sinceramente, no sabía qué le había picado, o por qué había sentido ese impulso. Ni siquiera podía ubicar exactamente dónde había iniciado ese alocado impulso.
Quizás cuando escuchó el terrorífico grito de Nishinoya, cuando el zorro arremetió en su contra y le clavó los colmillos en la mano, o quizás fue cuando el líbero se puso de pie, aguantando las lágrimas, mientras gritaba que no le pegaran al zorro. Quizás fue cuando vio al animal gruñir una última vez antes de esconderse en las sombras, y fuera de su alcance.
Cuando las líneas telefónicas fallaron y nadie pudo contactar a control animal, y Nishinoya finalmente admitió que intentar acercarse a un animal asustado había sido tonto, ya Asahi había tomado su decisión.
—Sigues por aquí ¿no es así? —Susurró al viento.
Una vez cada luna azul, o al menos así lo describían Suga y Daichi, Asahi era capaz de acumular la valentía suficiente para hacer algo. Es como si de pronto de poseyera un demonio, explicó Suga, das todo el puto miedo, cuando te pones todo valiente y decides hacer algo.
Últimamente, esos salvajes brotes de valor venían vinculados con el revoltoso de Nishinoya Yuu.
—Salimos en cuanto el basurero hizo ruido, lo cual posiblemente no te dejó tiempo para tomar la comida que buscabas en el contenedor —¿Por qué le hablaba a un animal? Asahi quería saberlo. Eso no detuvo su monólogo—. Nishinoya tiene razón, es invierno y debes tener hambre.
Entre los arbustos, algo sonó.
Pudo ser el viento.
O quizás no.
—¿Los zorros son del tipo que no comen comida si huele a humanos? —Se dijo más bien a si mismo, a la vez que dejaba comida y agua en el suelo. ¿Por qué hago esto? Preguntó por enésima vez desde que pidió la llave para cerrar— Supongo que lo sabré mañana.
Porque allí en su forma delicada de ser, que enfurecía a Daichi y Suga, tanto como hacía reír a Nishinoya y enternecía a su abuela, estaba grabado que los animales, al sentirse en peligro, recurrirán a atacar o huir.
Y la mayor parte del tiempo...
"Incluso si salvas el balón mil veces, si no puedo rematar, al final es inútil."
Escapar no es una opción.
Lo que inició como uno de sus raros y salvajes brotes de valentía, rápidamente -quizás demasiado- se volvió en una nueva rutina. Una muy extraña rutina.
—¿Cerrar el gimnasio? ¿De nuevo? —Daichi lo miró con sospecha— Normalmente entras en pánico porque crees que perderás la llave y traerás deshonra al equipo.
—¡Nunca lo he dicho de esa forma! —Pero no podía negar que no lo hubiera pensado.
Ahora tenía una fijación con querer cerrar el gimnasio, porque le daba tiempo de estar allí y dejarle comida al intruso peludo. Porque podía simplemente sentarse y decirle la primera tontera que se le ocurriese, como que tuvieron que regañar a Nishinoya para que se cambiara los vendajes, y el chico se rehusaba porque Kiyoko se las había puesto.
No sabía por qué lo hacía ni podía detenerse, por eso había ganado la calificación de salvaje brote de valor.
—¡Asahi-san! ¡Escucha, el otro día iba paseando en bici por el parque, entonces paso cerca de unos caramierda que trataban de subirle la falda a unas chicas, y yo se que no las conozco ni nada, pero es que me entró un coraje, así que me acerco y les grito-
Porque es que él obviamente no tiene suficiente con un solo chico salvaje.
—Si hubiera sabido que tenías tal apetito, habría dejado más comida —¿Por qué estaba hablándole a un animal, de nuevo? Asahi se lo seguía preguntando. Cada vez sonaba más como una pregunta vacía que como una verdadera preocupación— No comas tan rápido, te vas a poner mala —pero, tal y como le miró, estuvo seguro de que en realidad estaba siendo escuchado.
Asahi la había llamado Tormenta, porque la había conocido en un mal temporal. No sabía si en realidad le comprendía, pero cada vez que decía su nombre, parecía ponerse alerta. Tampoco sabía cómo es que Tormenta se había acostumbrado a él tan deprisa, y como no sabía la respuesta, tan solo culpó al instinto animal.
—¿Te han dicho que tienes un mal temperamento? —Le dijo a la zorra, mientras se atragantaba y regurgitaba la comida—, te dije que no comieras tan deprisa —y, la mirada feroz de su nueva amiga, fue suficiente para callarle—. Sa-sabes, yo traigo eso, no deberías hacerme el feo por decirte que no comas tan rápido.
En serio que deseaba poder decir que tal ocurrencia era cosa de una vez, sin embargo Asahi sospechaba que era una especie de imán animal. Suga diría que es por oler y ser tan peludo como uno. No es que le disgustara, pero incluso los animales peligrosos se le acercaban sin cuidado, como si fuera un amigo de toda la vida. Tormenta no era diferente.
—Sabes, me recuerdas a un amigo mío —porque, sinceramente ¿Cómo no podría?—. Cuando nos conocimos, todos los de su grado se asustaron al verme, y cuando rematé en su dirección, se congelaron. Pero él corrió a recibirlo como si lo hubiera hecho desde que nació... aunque la primera vez, se le fue de las manos.
Por supuesto que todo lo salvaje, lo incontenible e indomable estaba destinado a recordarle a Nishinoya. ¿Qué no lo hacía siempre? Cuando una lluvia inesperada caía y los truenos lo asustaban, cuando la tierra temblaba inesperadamente y cuando su jardín se llenaba de flores silvestres.
O quizás simplemente pensaba demasiado en Nishinoya.
—Ahora que lo pienso, nunca te he hablado de él ¿verdad? Le mordiste la mano la otra vez, pero se que lo hiciste porque se acercó demasiado y te asustó, tiene ese mal hábito —y, ya por costumbre suya, comenzó a rascarse la nuca, hábito que aparecía cada vez que se avergonzaba, pensaba en Nishinoya y se avergonzaba pensando en Nishinoya.
Tormenta se echó cerca, y Asahi sabía que estaba siendo escuchado.
Comenzó a hablarle, sobre la historia de un chico realmente salvaje, demás de impulsivo y simplón, que amaba los helados de soda y estaba pintado con moretones y sonrisas brillantes; que amaba los truenos y las tormentas tanto como odiaba estudiar y estarse callado.
Y Asahi amaba el invierno, pero también apreciaba mucho a ese niño hecho del sol del verano.
—¡Asahi-san! ¡Asahi-san! ¡Asahi-san! —El Asahi en cuestión ni siquiera había podido terminar de tomar el aire que había pedido en la práctica, cuando el líbero se le había acercado brincando— ¡Práctica extra! ¿por favor? ¡Es que, me bebí como diez energéticas, porque Ryu me dijo a que no hay huevos, y ahora no me estoy quieto!
"Hice esto y aquello porque alguien me dijo 'a que no hay huevos'" era la razón por la cual más de una vez Nishinoya hacía cosas como trepar un árbol hasta la copa, ir al gimnasio caminando de manos y usar el uniforme femenino, pensó Asahi mientras escuchaba a Tanaka y Nishinoya gritarse vulgaridades.
—Vale, igual tengo que cerrar —además, no podía simplemente decirle "no" a Nishinoya.
Cuando Nishinoya quiere práctica extra, el equipo reza plegarias a Tanaka y Asahi para que se queden con él. Que son los únicos lo suficientemente energéticos e idiotas y totalmente débiles por las sonrisas de victoria de Nishinoya para aceptar ese destino. Pero a Tanaka le estaba dando fiebre y para más colmo había competido contra Nishinoya en lo que fuera que les hubiera llevado a beberse tantas bebidas energéticas en tan poco tiempo.
Solo quedaba...
—¡Una más, Asahi-san! —Exclamó el líbero, poniéndose de pie por enésima vez.
—Llevas quince minutos diciendo eso, Nishinoya —suspiró, sintiendo cómo el agotamiento comenzaba a debilitar sus ataques—. Últimas diez ¿vale?
—¡Está bie- —y entonces, silencio.
A veces, recordaba Asahi, a Nishinoya le daba por estarse quieto durante períodos prolongados de tiempo, en momentos como el viaje después de un partido en el que les fue mal, o el día en que entregan las calificaciones de los exámenes de medio término.
—¿Nishinoya? —Preguntó, cuando el silencio del chico se prolongó y no dejó de apartar la mirada de la puerta.
—Asahi-san ¿estás viendo también ese animal en la puerta? —Al voltear hacia donde Nishinoya estaba viendo, se encontró con... Por supuesto, pensó mientras le regresaba la mirada a la zorrita que lo miraba desde la entrada. Que ambos son impacientes, y me vienen a buscar si no aparezco ¡Que son dos gotas de agua, lo he pillado!— ¡Eh, que ha entrado! Alto ¿No es el zorro de la otra vez? ¿Qué hace por aquí? ¿¡Po-po-por qué está caminando hacia mí?!
—Viene a buscar su cena.
—¡¿ME VA A COMER?!
No tengo suficiente con un solo chico salvaje, pensó mientras veía a Tormenta caminar entre las piernas de un muy asustado, muy confundido, Nishinoya Yuu.
Tomó un tiempo el calmar al líbero. No estoy asustado, le repitió como mil veces, a pesar de que le veía las manos temblar y no se acercaba ni medio paso a Tormenta, que salió del gimnasio una vez tuvo su comida. ¿Por qué puñetas el zorro de la otra vez está aquí?
Le tomó a Asahi toda la fuerza de voluntad que tenía el no reírse de la cara de estupefacción de Nishinoya, a medida que la historia avanzaba. Estás como una puta cabra, te hiciste amigo de una zorra, le dijo.
Pues mira.
—No tenías que gritar así.
—¡Que me ha saltado encima! ¡Como si fuéramos amigos de toda la vida! —Para ser justos, pensó Asahi mientras caminaba, le hablo tanto de ti que seguro siente que te conoce todos los cabellos de la cabeza— De todas formas ¿no se supone que es un animal salvaje?
—Le caigo bien —explicó sin complicarse. Nishinoya lo miró como si se hubiera vuelto loco. Quizás, no lo descartaba—. De los dos ¿quién bebió diez energéticas esta mañana, Nishinoya? No me mires como si hubiera perdido la cabeza.
—No, es que... ugh, cómo te lo explico —conscientemente, Asahi comenzó a caminar más lento, para no dejar atrás al líbero.
Las noches de invierno son realmente frías y oscuras en Karasuno, pero cuando camina a casa con Nishinoya justo a su lado, no le da tanto miedo.
—Normalmente eres un miedica, y te asustan mierdas como los truenos y la oscuridad —según Asahi, ese comentario no venía a cuento y Nishinoya se estaba pasando una catedral entera, y realmente no comprendía cómo funcionaba su mente. Pero no es como si no me dijera esto a diario, pensó, más curioso en saber cuál sería la conclusión de los pensamientos de su amigo que en por qué le estaban llamando cobarde por enésima vez del día—. Pero entonces cuando el equipo entero se caga encima, tu te envalentonas ¡Es como si estuviera poseído! ¡Súper genial, te digo!
Y por supuesto que esas noches frías donde lo único que quiere es volverse una momia de cobertores, beber chocolate caliente y usar sus suéteres feos, caminar junto a la reencarnación del verano le hace sentir de todo. Mariposas, pájaros, abejas, un par de estampidas. Asahi culpa a la adrenalina, pero sabe bien por qué le ocurren esas cosas.
—Te llevo en el lomo, anda móntate —porque es invierno, y hace frío y simplemente quiere una excusa para cargarlo.
—Estás de coña —pero aceptó, porque es Nishinoya y nunca desaprovecha la oportunidad de subirse a la espalda de alguien. Dice que es divertido, y Asahi no intenta comprenderlo.
Y piensa en sus palabras, y cómo se siente terriblemente feliz de saber que él lo cree valiente, a pesar de que esa valentía venga de su anormal imán animal -y no es algo que le revelará pronto. Simplemente le gusta, escuchar que Nishinoya piensa bien de él, pero de nuevo, casi todos en el equipo se sienten de la misma forma cuando alguien tan genial -terco, simplón, imprudente- les dice cosas como "eres súper cool" y "eres realmente valiente".
—¿De verdad crees que soy valiente?
—Una vez cada eclipse —ambos rieron. Cómo no—. Pero cuando lo eres, creo que eres realmente salvaje.
De nuevo, quizás solo piensa demasiado en Nishinoya.
Shenanigans
Ep3, Azumane Asahi
Tamarindo Amargo, la que se presenta tres semanas tarde con un café, responde a sus reviews:
LeoriHNB: El calentamiento global tiene la culpa de todo, no lo digo yo ¡lo dice la ciencia!
[PREVIEW]
La vida de un líbero gira alrededor de tirarse al suelo por la posibilidad de salvar un punto. Por el equipo, para que hagan el ataque que él no puede.
Tiene más moretones que piel, y lo sabe, y sabe cómo cuidarse solo, y está perfectamente bien muchísimas gracias.
—Nishinoya, tu-tu tobillo...
Yuu no quiere -no necesita, que se preocupen por él.
...
Ep4. Mecha corta
#4, Líbero, Nishinoya Yuu
Asahi es una princesa Disney, mírenme a la cara y díganme lo contrario -Att. Tamarindo Amargo
