Shenanigans
"Una parvada de cuervos se llama crimen"
Mecha corta
#4, Líbero, Nishinoya Yuu
Summary: El guardián que cuida del equipo... pero ¿quién cuida de él?
Quien diga que Nishinoya Yuu no es un genio en el vóleibol y la persona más genial en la tierra, debe prepararse para afrontar a un equipo entero totalmente listo para explicar por qué esta persona está equivocada, sea por las buenas o por las malas.
Es una realidad sencilla que todos aceptan dentro del equipo. Nishinoya es genial, punto. Carga con el futuro del equipo en sus hombros con una sonrisa, se tira al suelo, y rueda y salta por salvar un balón. Y, fuera de la cancha también, es genial -pero de una forma totalmente diferente. Ruidoso, te hace sonreír así no quieras hacerlo, y quiere hacerse amigo de todos, así diga que va a luchar contra el mundo entero. Posiblemente podría ver a los ojos de la muerte e invitarle un helado, porque es así de majo.
Ruidoso, calmado. Temperamental, paciente. Lo conocen como la ambivalencia fuera y dentro de la cancha.
Pero, donde sea que esté parado, Nishinoya siempre protegerá a sus amigos. Les cubrirá las espaldas, para que puedan mirar hacia adelante.
Yo cuidaré de ustedes...
Entre los gajes del oficio, Yuu puede mencionar que se lesiona demasiado, y que su mamá está harta de verlo con la ropa sucia y todo amoratado. No importa lo que le diga, no dejará de jugar muy pronto, después de todo ama el vóleibol más que cualquier otra cosa -excepto quizás, los helados de soda.
Pero, sabe que tiene que ser cuidadoso con su forma de juego, después de todo, el equipo tiene un solo líbero, y el resto del equipo con las recepciones es... regular tirando a mal, con excepción a Daichi.
A él le gusta hacer travesuras, es lo que respira. Tener que controlarse resulta ser un reto de titanes, pero se las arregla.
Por eso, cuando se lesiona, y ni siquiera es culpa suya, todo se le va de las manos. El temperamento, la paciencia, todo.
—Estás más feo que de costumbre ¿qué coño te pasó? —se le acercó Ryu todo sonrisas a la hora del almuerzo, esperando alguna historia épica de cómo había rescatado al gato callejero que ronda por los terrenos del colegio.
—No es tu puto problema.
Se había lesionado.
No era grave -un maldito esguince, pero aún así sabía que le iba a tirar la práctica por el suelo, y estaba hecho un culo, básicamente. Ni siquiera había sido su maldita culpa.
A ciertas personas -malditos payazos, opina el líbero, que les gusta hacer gracia de él. De otros. Ha sido así desde que tiene memoria, porque su estatura y actitud es imán para estos comentarios.
Lo empujan, y usan números y tamaño como ventaja. Que los golpes se camuflan entre el morado y azul de sus prácticas, y ya no recuerda cuáles son cuáles -igual tiene que ocuparse de todas. Y los profesores se hacen la vista gorda porque sus calificaciones son una mierda y es demasiado inquieto, pero si se defiende y les rompe la nariz, se mete en líos. No intimida a nadie como Ryu o Asahi, y los profes no lo aman como a Daichi, Suga y Chikara.
Ocurrió después de la práctica matutina. Le hicieron algo tan ridículo como la zancadilla en la escalera, y había caído redondito. Le molestaba haberse caído tan ridículamente frente a tantas personas y haberse doblado el tobillo para ponerle la guinda a la torta.
No tendría que descargar su ira en Ryu, pero nada le está saliendo bien, y cualquiera que entre al perímetro va a ser llevado por la explosión.
—¿Fue de nuevo el del equipo de basquetbol? ¡Apuesto a que fue de nuevo ese bastardo! ¡No te deja en paz desde lo de Yacchan! —No quería su pena. Su amigo tenía un corazón gigante, lo sabía, que intentaría defenderlo y se metería en problemas también. Algo así no valía una suspensión. No quería su ayuda, ni que se preocuparan por él.
—Dije que no es tu puto problema, puedo resolverlo yo solo —por supuesto que puede solo. Siempre ha podido solo. ¿Que Ryu se va a enojar? Pues mira, para lo que le importa. Puede irse a almorzar con Chikara, Hisashi y Kazuhito, porque él está perfectamente bien por su cuenta. Mejor que nunca de hecho.
—¡Entonces sí que ha sido el de basket! ¡El desgraciado! —maldito sea Chikara por haberle enseñado a leer entre líneas y maldito sea Ryu también por haber prestado atención por una vez en su vida. Maldito sea el mundo.
—¡Te he dicho que lo tengo controlado!
—¡Y una mierda! ¡La última vez que escuché eso salir de tu boca, apareciste a la práctica con la nariz rota y la camisa toda quemada! —Menuda novela te has montado Ryu, pensó con amargura, lo de la camisa quemada es pasarse tres pueblos, estaba apenitas chamuscada.
Quien diga que Nishinoya Yuu no es la persona más genial del mundo, sencillamente no lo conoce. Tiene una reputación -mala reputación dirían algunos, por buscarse peleas con sujetos que le doblan el tamaño y el peso. Daichi y Suga vivían preocupados -les iban a salir arrugas y canas prematuras, y a Asahi le tenían que esconder el 90% de sus hazañas para que no se pusiera a llorar de la angustia.
Le pedían que dejara de hacer eso, y Yuu les respondía que si tipos del tamaño de Tsukishima no buscan problemas con los de su especie, muy felizmente les fracturará las rodillas.
No puede quedarse quieto -no pueden pedirle que se quede quieto, viendo cómo le gritan mierdas a las chicas, cómo le pegan a otros chicos, cómo se hacen los valientes y pisotean a los que no pueden defenderse. Daichi una vez le dijo que le alegraba mucho que estuviera metido en un deporte, de lo contrario, seguro estaría en medio de protestas anarquistas. Yuu aún no sabe de qué piñas habla.
—Eso fue hace más de un año —murmuró, sin atreverse a revelar que le había doblado el tobillo la misma persona que le había roto la nariz.
—¡Más de un año mi nabo, Noya! —Yuu tragó en seco. Si Ryuu se saltaba el honorífico, era porque de verdad lo había cabreado— Deja que te ayude por una vez ¿no soy tu hermano? ¿No confías en mí?
Desgraciado, ah. Lo había acorralado -más bien, se había acorralado solito.
No es que Yuu no confiara en sus compañeros de equipo. Posiblemente les daría las llaves de su casa -y ellos seguramente la cuidarían mejor que él, siendo que por su cuenta siempre la está perdiendo en su mochila y de verdad debería considerar llevarlas al cuello o algo.
Pero las mierdas que le pasaban -el tormento de otros estudiantes, las burlas bajo el aliento que de alguna forma siempre lo alcanzaban, eso era suyo para resolver, de nadie más.
—Te lo diré... la próxima vez que ocurra —dijo de dientes para afuera. Por supuesto que no se doblegaría tan fácil -como su tobillo por ejemplo—, por supuesto que confío en ti, cabeza de rodilla.
—Vale, vale —y Ryu no lucía del todo convencido, como que el chico nunca le terminaba de creer cuando se trataba de cuidarse solo. Y Yuu no lo culpaba—, pasitos de bebé, supongo. Venga, que ya han pasado como cinco minutos del almuerzo y los chicos nos están esperando.
Y Yuu caminó a su lado, con una sonrisa más brillante que el sol, su risa como un aullido y tan salvaje como de costumbre.
Y si Ryu notó la forma en que evitaba poner peso en su pie derecho, no mostró señales de reconocerlo.
El conflicto -este en particular, había iniciado hacía unas semanas. De hecho, el mismo sujeto lo había estado atormentando desde el evento a finales de su primer año. El evento que incluía un jarrón roto y mucha gritería frente a la oficina del dean y a Asahi dándole la espalda -ese evento.
Yuu quiere mucho a las chicas y las respeta, porque uno respeta lo que quiere y teme. Si son más fuertes que él, no las subestima, y si son más débiles, las protege. Aunque sinceramente quisiera protegerlas a todas, pero sabe de antemano que pueden cuidarse solas -si es que Shimizu Kiyoko no es la prueba viviente de ello.
Yachi por otra parte, es la hermanita pequeña del equipo. Todos la quieren, es su Yacchan y ellos se batirían a golpes contra quien molestara a Yacchan.
Él quiere mucho a las chicas y desprecia desde el fondo de su alma a los "tipos majos". Esos que tus padres y profesores no paran de repetir lo buena gente que son, que deberías ser más como ellos.
Ahora no lo malentiendan, porque se lleva bien con los buenos tipos, los de verdad. Adora a Shouyou como a un hermano y Ryu podría ser su mellizo. Chikara, Hisashi y Kazuhito son muy buenos amigos, y respeta a Daichi y Suga de aquí a la luna. Está de más decir que a Asahi lo admira un montón. Incluso Kageyama, Tsukishima y Yamaguchi, con quienes no se llevaba de perlas al principio, al final se hicieron un huequito en su corazón.
Y así la lista se le hacía infinita.
Tenía un problema con los "tipos majos". Los que te saludan con una sonrisa que trae más veneno que una viuda negra, y te dan la mano mientras esperan apuñalarte. Los que son unos santurrones frente a las autoridades, pero cuando nadie los ve...
Sí, esa clase de personas.
Al menos Tsukishima es agrio frente a ti y a tus espaldas y por todas partes, maldita sea, qué tío más amargo, pensó mientras rebotaba un balón distraídamente, el sonido de la práctica al fondo de sus oídos.
Yuu los odia a rabiar. Así que cuando uno de ellos -el que siempre le daba la lata, para mejorarlo todo, se le acercó a Yachi, tuvo que meterse de cabeza hasta el fondo del barril.
La pequeña rubia -que sí, que Yuu podía llamarla pequeña, porque por una vez alguien era más bajo que él, le había mirado confundida. Un poco asustada. Muy asustada. Así que Yuu le explicó, bien alto para que el caramierda escuchara también, que ese no era un buen tipo.
Luego, su tobillo pasó. Yuu no tiene más luces que un pueblo de montaña, pero puede decir con seguridad que dos mas dos es cuatro, y no es tan gilipollas así como para no saber que esto y aquello estaban relacionados.
—¡Vale, reúnanse todos! —La voz del entrenador los alcanzó, y Yuu dejó de jugar con el balón.
Ya le había puesto hielo, lo había reposado por la mañana entera también. Solo tenía que sobrevivir el resto de la práctica.
No iba a pasar nada.
Todo estaría bien.
Yuu está convencido de que su vida tiene como guionista al peor comediante sobre la faz de la tierra, de esos que escriben "¿Qué podría salir mal?" y luego proceden a dar una explicación detallada de cómo todo, efectivamente, se va para la más absoluta mierda-
En fin.
Estaban jugando un tres contra tres -ya que el armador genio residente, el rascacielos rubio y Shouyou estaban en el campamento intensivo especial, no tenían miembros suficientes para un partido.
Mucho correr, mucho saltar, y al cabo de una hora estaba que quería llorar por el dolor en el maldito tobillo de mierda.
Sabía que Ryu lo estaba viendo, y que sospechaba algo -gracias al cielo que era más o menos tan tonto como él como para notarlo a la primera. Entonces, solo tenía que escapar de la mirada de Daichi y Suga.
—¡Yamaguchi, buen saque! —Allí venía otro flotante del demonio que todavía no sabía cómo salvar correctamente y se estaba alterando de nuevo.
Quien diga que Nishinoya Yuu no tiene un mal temperamento, sencillamente nunca se lo ha topado cuando no está de buen humor.
El líbero es temperamental y eso lo sabe el mundo entero -quizás es una de las cosas que tienen en común los líberos, que de tanto darse bruces contra el suelo, el carácter también se les estropea un poco.
—Maldición- ¡Cubran! —Lo recibió -al menos esta vez lo recibió. No era limpio. No era un maldito buen trabajo, pero estaba en el aire de nuevo.
Le dicen que tiene una mecha corta, y cuando se enciende, no pasa mucho antes de que explote y arrase con todo a su alrededor. Yuu sabe que es temperamental y que fuera de un juego, se enoja fácil, y es más volátil que la gasolina. Se lo han dicho bastante -hace un rato que le ha dejado de doler, quizás porque tanto tirarse al suelo, y rodar y lastimarse, la piel se le ha hecho más dura.
—¡Noya-san! —Ryu recibió el remate de Chikara limpiamente, y Yuu corrió a cubrirlo.
—¡Asahi-san, última! —Gritó mientras saltaba a armar la jugada.
Pasó a cámara lenta -y cuando recuerda las cosas de esa forma, Yuu sabe que la ha cagado en grande.
Saltó, ignorando el dolor que corrió de su tobillo a su columna, y suprimiendo el quejido. El balón se elevó -era de las mejores jugadas que había hecho, lo cual le frustraba un poco porque era un juego de práctica, pero se le pasó en cuanto vio la sonrisa de satisfacción de Asahi al rematar. El bloqueo de dos personas no le aguantaba una vela a la fuerza del as, y el punto acabó siendo de ellos.
Su lado ganó, pero no hubo ni una sola risa de victoria.
Yuu aterrizó mal, sobre su tobillo lastimado, y un grito atravesó el gimnasio con la intensidad de una cuchilla helada, dejándolos a todos pegados al suelo, con las piernas débiles y el corazón en la garganta.
Gritó, gritó, gritó -y no lo recuerda, en absoluto, pero tuvo que ser aterrador como para que a todos se les fuera la sangre del rostro.
Quería prender un cerillo y hacer estallar el mundo.
Quería que escaparan antes que su temperamento acabara por arrasarlos a ellos también.
Quería también que alguien le apagara la mecha.
La vida de un líbero gira alrededor de tirarse al suelo por la posibilidad de salvar un punto. Por el equipo, para que hagan el ataque que él no puede.
Tiene más moretones que piel, y lo sabe, y sabe cómo cuidarse solo, y está perfectamente bien muchísimas gracias.
—Nishinoya, tu-tu tobillo...
Yuu no quiere -no necesita, que se preocupen por él.
—No me mires así, Asahi-san, solo es una mala caída —respondió en ese tono suyo que gritaba "anda, rétame", así se estuviera aguantando las lágrimas. Nadie nunca tenía las agallas de contradecirlo cuando hablaba en ese tono y Yuu definitivamente no estaba esperando que Asahi fuera la primera persona en conseguirlo. Aún así, el as se le acercó, con los ojos aguados de preocupación— ¡Estoy bien!
Soy fuerte, se dijo mientras tropezaba para ponerse de pie, y su tobillo palpitaba de dolor. Soy fuerte y no necesito que nadie me cuide las espaldas a mí.
Soy fuerte.
Soy fuer-
—Nishinoya, ven a la banca —entonces la orden del entrenador le cayó encima como un balde de agua fría. Y de pronto, ya no era tan fuerte.
Los líberos son propensos a sacarse la lotería de las lesiones. Fracturas, esguinces, torceduras y dislocaciones. Los moretones están a la orden del día y los raspones aún más. Las lesiones que se hace dentro de la cancha, las lleva como trofeos. Las que se hace en aventuras, divirtiéndose o protegiendo a alguien, son todas las historias que su piel pueda acarrear.
Esas, resultado de su propia debilidad -de cuando los fuertes pisotean a los débiles, los grandes masacran a los pequeños, y él resulta ser ese pequeño débil, son manchas feas. Son cosas que quiere olvidar. Cuentos que nunca quiere contar.
—Ahora mismo puede que me odies —Ukai Keishin no es del tipo que consuela a los jugadores. Yuu no está seguro de que el entrenador sepa que eso es algo que exista -después de todo, jugó bajo el mandato del espartano Ikkei. El que le esté diciendo eso, para él al menos, prueba que luce realmente miserable—, pero no podemos tenerte lesionado para cuando lleguen las nacionales, o no sobreviviremos el primer día.
Y Yuu quería contradecirlo. Decirle que no estaba tan mal como lucía, o que el equipo estaría bien, o que lo dejara regresar al juego de una puñetera vez pero no podía, no podía y se estaba volviendo loco.
—Tres días de reposo, ordenes mías —¿Qué?—. En el hospital puede que solo te digan que reposes un día y le pongas hielo, yo te estoy diciendo tres, y le pediré al equipo que vigile eso, estoy seguro de que estarán felices de ayudar.
Estaba de pie.
No sabía cuándo se había puesto de pie pero lo estaba y estaba furioso porque solo era un maldito esguince de mierda.
—¡No me puede pedir que no venga a práctica por tres días! —Gritó iracundo, como si lo hubieran suspendido de nuevo y le hubieran torcido el otro tobillo.
—Sí puedo y lo estoy haciendo Nishinoya, tranquilízate —su bravata detuvo el juego en seco y ahora todos estaban mirando en su dirección. Porque Yuu, en toda su rebelde gloria, nunca había ido en contra de las órdenes directas del entrenador.
—¡Y una mierda!
—¡Hey!
—¡Noya! —Esa vez fue Daichi quien gritó, acercándose corriendo.
Práctica olvidada, el equipo estaba pasmado. Algunos incluso con miedo de moverse entre la tensa atmósfera. Muerta de los nervios, Yachi parecía quererse fusionar a la espalda de Shimizu, quien lucía cuanto menos sorprendida.
Y, quien diga que Nishinoya Yuu no era aterrador cuando estaba a un respiro de saltar a cortarle la yugular a alguien, sencillamente no sabía quién era.
—Noya, cálmate, estás reaccionando mal —Daichi le habló, listo para saltar en medio si tenía que evitar un mal movimiento viniendo de cualquiera de los dos lados. Yuu, escuchó ruido blanco.
—Noya, nunca te has puesto así por una lesión deportiva ¿no hay algo que nos quieras contar? —Probablemente Yuu debió reconocer que alguna -muchas tuercas se le estaban aflojando cuando la voz de Suga le enfermó, y todo lo que ese tono condescendiente representaba.
—Noya-san, diles lo del-
—¡¿Cierras la puta boca, Ryu?!
Casi lo pudo sentir -cómo el equipo entero dejó de respirar. Cómo todos -incluso el entrenador, dieron un paso atrás, asustados -¿De Yuu y su desproporcionada ira? ¿De Ryu y cómo iba a reaccionar? ¿El resultado en la mezcla de ambos? Quién sabe.
Lo vio antes de que ocurriera. Estaba en los ojos de su amigo, cómo le decía, me vas a agradecer esta, caramierda.
No se lo creía, quizás por eso abrió la boca antes que pudiera procesar la realidad, para prevenirlo de soltar media palabra. Pero Ryu le ganó.
—¡Un tío del equipo de basquetbol lleva semanas atormentando a Noya-san, hoy le ha hecho algo pero no quiere decir qué es, y por eso ha estado como una bestia! —Con el ceño fruncido, el rematador vociferó el problema, determinado a ayudar -y Yuu iba a matarlo en cuanto le pusiera las manos encima— Si vas a andar cabreado conmigo ¡Al menos ahora sí que tienes una maldita razón!
—¡Te voy a matar, eso es lo que voy a hacer! —Gritó mientras que Ryu se le ponía al frente con los brazos extendidos, en un símbolo universal de reto, de ven a intentarlo maldito enano ¿qué harás? ¿quebrarme las rodillas?. Entonces el líbero avanzó para arremeter en su contra, hacerle tragarse sus malditas palabras- —¡Este es mí maldito problema!
—¡Nishinoya! —Pero, un par de brazos lo despegaron del suelo, interrumpiendo efectivamente su ataque.
Peleó, y pataleó, y sabe que una o dos veces le pegó -conocía ya bien los brazos peludos de Asahi. No se doblegó. Y Yuu sabía que vendría preocupación, preguntas, y todo con lo que no podía lidiar hoy.
De pronto, se encontró arrepintiéndose de no haber tomado la orden de reposo del entrenador y haberse pirado a su casa antes que alguien notara que algo estaba en serio mal.
—¿Hay algo que nos quieras contar, Noya? —Repitió Suga en ese tono condescendiente de mierda, y quería pelear contra ellos, o huir, o hacer algo-
—... Ryu dice la verdad —pero, en su lugar, se rindió—. Unos tipos me han estado molestando por un tiempo.
—¿¡Es más de uno!? —Se mordió la lengua, recordando que Ryu solo sabía lo del incidente con Yachi. Bueno, ya que estoy siendo tan penoso, mejor terminar de hacerlo por completo.
—Son dos, ambos del equipo de basket —la atmósfera dentro del gimnasio estaba cada vez más oscura. Cada vez más fría. Yuu no estaba acostumbrado a esa clase de atención, no en la que él era alguna clase de víctima contando su historia de mierda—. Uno de ellos es el que estaba acosando a Yacchan.
Sus pies encontraron suelo nuevamente, pero él no quería mirar al frente. El suelo era un viejo conocido, pasaba la mitad del tiempo dándose de bruces contra él e impulsándose para saltar de nuevo. El suelo era una constante que no defraudaba al líbero. Estaba allí cuando tenía que deslizarse y jugársela toda por un punto.
Estaba allí también cuando lo empujaban y se reían. Solo el suelo, el suelo, el frío y nada más.
Cerró los ojos. Quería irse. No era lo suficientemente fuerte para seguir manteniendo la compostura y definitivamente no quería que lo vieran cuando se autodestruyera y se volviera a construir.
—¿Por qué no nos dijiste? ¿O a Take-chan? —La pregunta de Asahi -santo inocente Asahi, lo alcanzó. Abrió los ojos de pronto, sintiendo cómo la rabia se le acumulaba en el pecho otra vez. Y el as estaba allí, arrodillado justo frente a él, y Yuu se preguntó si se dejaría golpear si así se lo pidiera, porque la respuesta a esa pregunta era obvia— Nishinoya, nadie pensará menos de ti, te habríamos entendido.
Hay días donde está convencido de que Asahi es un santo y es demasiado bueno para su propio bien.
Hoy siente ganas de que explote junto con su temperamento, eso le haría muy feliz.
Yuu quería odiarlo. Golpearlo, gritarle, quemarlo también. Porque Asahi era fuerte, e intimidante y seguramente nadie nunca había tenido la santas pelotas de meterse con él y cómo coño tenía las agallas -el santo coraje de acercarse y decirle que lo entendía.
Hoy siente ganas de ser Asahi, solo por la satisfacción de ver el mundo por encima y no preocuparse por si es pisado.
—Estás de coña ¿verdad? ¿A quién puñetas le voy a contar que el vicepresidente de la clase y el futuro as del equipo de basket, me empujan por las escaleras? —preguntó entonces, con veneno en la voz, y podía ver cómo a Asahi se le escapaba el coraje con cada palabra que escupía. Pues bien—. A mi ¿Quién coño me va a creer una mierda, eh? ¡¿Quién?!
—¿Por qué no habrían de creerte? —¿Le estaban tomando el pelo? Le tenían que estar tomando el pelo, esa era la peor broma que había escuchado en diecisiete años. Solo porque ustedes confíen en mi, no significa que allá fuera, todos lo hagan también, no sean ridículos.
—No es tan sencillo, Azumane-san, Sawamura-san.
Tenía la boca abierta, y había pensado esas palabras exactas -bueno, no exactas, sonaba más como "no es así de fácil" y en un tono mucho más agresivo y grosero. El caso es que no fue él quien dijo eso.
Todos voltearon a ver a Yamaguchi.
—¿Yamaguchi? —Fue el susurro general del equipo.
—Yacchan me dijo lo del incidente, y uh... —silencioso. Suave. Contra su voluntad, Yuu se sintió como que se calmaba al escuchar la explicación de Yamaguchi -quizás era su voz— Básicamente es la palabra de Nishinoya-san en contra la de los otros dos, y ellos tienen la ventaja.
—Gracias —gruñó, agradeciendo a cada deidad que se le pasaba por la mente que había uno que entendía lo que ocurría, y que a diferencia de él, podía explicarlo sin perder la paciencia o tener ganas de golpearlos a todos.
—Son jugadores titulares en el segundo club más popular de la preparatoria, además de tener un mejor record académico y de comportamiento que Nishinoya-san -si-sin ofender, senpai —siguió explicando, encogiéndose cada vez más al darse cuenta de la cantidad de atención que estaba recibiendo. Aún así, continuó—. Si Nishinoya-san fuera a acusarlos, no le creerían, e incluso si lo hicieran, podrían escaparse con un castigo insignificante y, uh... eso sería peor para él...
Esa era la situación.
Él, el delincuente, contra ellos, los estudiantes modelo. Les tomó unos impresionantes 45 segundos en procesarlo todo y ver el predicamento.
No era de comprensión, o ego -bueno, quizás un poco su ego y orgullo estaban en la línea. No era tampoco falta de confianza.
Es que estaba solo en esta. Solo él, y el frío suelo.
Para cuando el equipo terminó de pasar el mal trago, Yuu ya estaba sentado en el suelo, sintiendo un tipo de cansancio diferente al que tenía cuando entrenaba. Delante de él, Asahi seguía arrodillado, mirando sus manos -como si tuviera miedo de mirar sus ojos, y seguir encontrando ira.
Entonces, un pensamiento intrusivo le invadió la cabeza, y lo dejó helado.
Yamaguchi entendía. Sus palabras no eran las de un espectador, eran las de alguien que como el, había estado en el frío y solitario suelo, a manos de alguien más grande y fuerte que él.
No quería saber cómo Yamaguchi lo sabía. De hecho, le daba algo de miedo preguntar. No era muy listo, pero algo en la forma en que se encogió y titubeó al hablar, en cómo volvió a su forma tímida de ser en un respiro, le decía bastante. Se preguntó también, cómo es que no notaba esa actitud cuando Tsukishima estaba cerca.
Se pregunto si alguien además de él lo había notado.
—Supongo que es suficiente por hoy —el entrenador habló finalmente, sonando exhausto, como si dijera yo no firmé para nada de esto. Yuu sintió un pinchazo de culpa, porque él era quien había prendido todo en fuego... simbólicamente—. No se atrevan a saltarse los estiramientos, y no olviden limpiar.
—Sí, señor —se escuchó la respuesta a media máquina en todo el gimnasio, estando todos más distraídos con sus propios pensamientos.
—El reposo de tres días sigue en pie, Nishinoya.
—Sí... —se mordió el labio, sintiendo vergüenza. Culpa. Pena. No había querido -está bien, eso era una mentira, sí que había querido destrozar todo, hacía unos momentos. Probablemente querría hacerlo de nuevo. Aún así, no se sentía bien— Lo siento.
—Ya olvídalo niño —respondió, como queriendo librarlo de la pena—. Saldremos de esta.
Acabó usando tobilleras, y retando a Ryu a correr a pata coja por la preparatoria -hasta que Shimizu los encontró y los regañó exhaustivamente. Yuu sonrió por el resto de la mañana
Siguiendo su amenaza al pie de la letra, el entrenador hizo que el equipo se turnase para vigilarlo. Que no hiciera alguna salvajada, ni pusiera peso en su tobillo, ni mucho menos se escapara a practicar a otra parte. Chikara y Ryu se volvieron su fiel sombra. Intentó escurrirse una vez, pero en cuanto Suga le dio una mirada de advertencia, se detuvo. Desechó ese y futuros intentos.
Sonrió, porque era fuerte. El guardián que cuida del equipo, y ellos confiaban en él. Sonrió también porque él confiaba en el equipo, y en que ellos cuidarían de él si lo necesitaba.
Y era inexplicable, el sentimiento de sujetar a alguien antes que cayera.
Pero también había algo de satisfactorio, en caer sabiendo que alguien iba a atraparle.
—Nishinoya —el aludido, levantó la cara del escritorio. La campana anunciando la hora del almuerzo todavía sonaba en sus oídos, y había estado pensando en los sandwiches de pollo que tenía en el bolso esperando por él.
En la puerta del aula, estaba Asahi, en esa pose medio encorvada suya que adoptaba cuando estaba frente a mucha gente. Se rascaba la nuca. Yuu casi quería reírse, pero tenía más curiosidad en saber por qué Asahi lo estaba buscando -normalmente era él quien iba a sacarlo de su salón, incluso le conocían las pisadas antes de llegar. Le llamaban "el kouhai favorito de Azumane", y Yuu no estaba a punto de contradecirlos, porque claro que era el favorito de Asahi -si no lo era, se sentiría traicionado.
—¿Asahi-san?
—Um... ¿Almuerzo? ¿En la terraza? —Yuu se preguntó cuánto tiempo pasó Asahi en acumular el coraje para pedirle eso.
—¡Claro que sí! —En su lugar, solo asintió y le siguió.
Hay algo en Asahi -algo que el líbero no puede ni siquiera comenzar a explicar, que lo tiene siguiéndolo día y noche. Un sentimiento diferente, de su necesidad de ver arder el mundo, de causar un desorden tan majestuoso y repentino como el golpe de un rayo seguido del retumbar de un trueno. Yuu es destructivo fuera de la cancha, pero quiere ver a Asahi sano y salvo y sonriendo. La deidad guardiana, es sobreprotector dentro del juego, pero quiere que el as destroce murallas a su paso, y encienda a todos con su espíritu.
—Hey —perdido en sus pensamientos, no notó que Asahi se había quedado parado en medio del pasillo, y chocó contra su amplia espalda. Estaba a punto de preguntar qué había ocurrido cuando...
—¿Sí? —El mismo cabrón que le había hecho torcerse el tobillo, apareció en su campo de visión— A-A-Azumane-senpai...
Hay algo en Asahi que simplemente lo tiene fascinado desde que lo conoció. Quizás es parte de su ambivalencia -el que le gustara tanto verlo cuando una valentía ajena se apoderaba de sus ojos, y de pronto se convirtiera en un guerrero histórico.
—Deja en paz a Nishinoya.
Quien lo conozca -que, para la angustia del nervioso as, es mucha gente, cree que Azumane Asahi es el mafioso local del Karasuno. Se rumorea que tiene más de veinte años, un gang y distribuye drogas. Solo los de su clase y el equipo conocen la verdad tras ese extraño rumor -y aún así, solo parece ir creciendo con cada día.
Yuu nunca lo había visto hacer uso de ese rumor a su favor -más tarde, preguntándole a Suga y Daichi, descubriría que era quizás producto de una de sus fugas de valentía espontánea. No era que le molestara.
—¿Eh?
—Me has escuchado, deja en paz a Nishinoya.
Y Yuu no disfrutaba el ver cómo alguien -los grandes, los fuertes, usaban el miedo para dominar a otros, a los débiles. Le parecía antideportivo, dentro y fuera de un gimnasio.
Pero esa persona no es débil, pensó mientras caminaba junto a Asahi, riendo mientras veía cómo toda la valentía que había acumulado para hacer eso -eso, lo que sea que hubiera sido, se desvanecía en el aire y dejaba a un sonrojado y nervioso adolescente atrás. Riendo también, de cómo el caramierda que tan valiente fingía ser, se había quedado helado con el valentón del as. Con Asahi, algo es diferente, tiene que serlo.
Quizás era porque había algo satisfactorio, en prenderle fuego al increíblemente dócil carácter de Azumane Asahi. En ver a alguien usualmente calmado y gentil, enfurecerse tanto. Así que se mantuvo cerca de esa flama -sabiendo bien, muy bien, que si caía, sería atrapado- mientras veía el mundo arder a su alrededor. A su lado, revoltoso como la brisa, luciendo una sonrisa más brillante que el sol.
Shenanigans
Ep4. Nishinoya Yuu.
Tamarindo Amargo, la que ignora su propio horario de publicación, responde a sus reviews:
Fresas Agrias: No puedo creerlo, apenas comentas mis historias y cuando lo haces, es medio review borrado KLAFKSJFLKASJFL
Yo quiero mucho a Noya, de vdd -Tamarindo Amargo.
