Saludos de nuevo a toda la gente de Fanfiction. Acabo de terminar mis exámenes y he decidido que tenía que volver a la historia. Pues aquí tenéis el nuevo capítulo del fanfic, espero que lo disfrutéis.
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En el inmenso salín dorado con cromo se encontraba el rey del Olimpo, sentado como siempre en su bien forjado trono de oro, cortesía de Hefesto. De repente, las grandes puertas se abrieron y se pudo ver a una hermosa mujer que no debía de sobrepasar los veinte años e iba vestida con ropajes verdes claros y una armadura de plata.
-Padre, tengo que decirte algo.-Dijo de forma seria la mujer.
-¿Qué es lo que ocurre ahora, Atenea?-Preguntó el barbudo alvino.
-La mujer mortal en la que depositaste tu semilla. Va a tener descendencia. ¿Qué debemos hacer?-Preguntó la diosa.
-Lo mismo de siempre. Concededme unos minutos con ella, en los que le explicaré que ese niño es en realidad el de un Dios olímpico.
La mujer guardó un silencio incómodo.
-Padre. Esa mujer va a tener dos mellizos. Para uno de ellos ya han dictaminado que se convertirá en un semidios con mucho poder, pero el otro…Tiene…el poder…de Ares y de un titán.
El dios del rayo se quedó asombrado por el reciente descubrimiento, en verdad no se esperaba aquello.
-No puede ser. Lo del titán me lo veía venir, pero lo de Ares…Se suponía que los poderes de un dios no se podían heredar a partir de los hermanos. No tengo ni idea. La sangre de un titán combinada con la mitad del poder de un dios puede llegar a volver a ese chico invencible. El último que llegó a conseguir ese poder fue Kratos. A Zeus se le hizo un nudo en el estómago cuando pronunció aquel nombre.-Por cierto, ¿alguna novedad con los hijos de ese bastardo?
-Ninguna por ahora, padre. Los supervivientes del clan al que pertenecían siguen como la última vez. ¿Cómo debemos proceder con el otro asunto?
-Quiero que me traigáis al semidios normal. Si ese semititán se vuelve un problema algún día puede que un mortal entrenado por un dios sea el único que le pueda hacerle frente. Por eso le necesito desde niño, tendrá que venir al Olimpo.
-Así se hará, padre. Ahora, ¿podemos hablar sobre el otro asunto que nos concierne a ti y a mí.-Preguntó la mujer de forma impaciente.
-¿Realmente sigues queriendo ir al mundo mortal, Atenea?
-Sí, es lo que deseo desde hace mucho tiempo, tener un hijo. Cuando veo a Hefesto con Pandora, veo la verdadera felicidad. Es algo que quiero experimentar, pues no tuve la opción de vivir eso durante mi infancia. He mantenido una virginidad constante y el amor ha sido uno de mis controles más débiles. Pero deseo ser madre. Quiero tener a alguien a quién cuidar.
En esta ocasión fue el barbudo quién mantuvo un silencio incómodo durante unos momentos.
-De acuerdo. Si ese es tu deseo, lo aceptaré. Podrás bajar al mundo mortal, enamorarte y tener un hijo con el escogido. No me opondré.
-Padre. Gracias.
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DE VUELTA A LA ACTUALIDAD
Las llamas que Eren expulsaba por su cuerpo sorprendieron a todo el estadio, pues esperaban ver a un titán pero no a un reencarnación del mismísimo Ares luchando contra Perceo. Zeus se sorprendió, pues ya había predicho aquel despertar de poder desde hacía dieciocho años. El resultado de la batalla resolvería quién conseguiría un lugar en la próxima gran guerra. Mientras tanto en la zona en la que estaba el cuerpo de exploración, todos se sorprendía ante aquella fuerza. Parecía que el cuerpo humano de Eren hubiera llegado al grado dos de4l titán, lo cual ya era extraño pero el hecho de que en sus manos se hiciera una espada de fuego hizo que los exploradores se quedaran sin habla.
De vuelta en la arena, Perceo se había alejado un poco de Eren. Con sus heridas y la fuerza que su hermano había recuperado, el combate directo no era una opción. Por otra parte, Eren no podía explicar lo que en ese momento pasaba o le pasaba. Lo único que sentía era que en ese instante él tenía el poder como para cambiarlo todo y muchas más ganas de pelear.
-Hermano…-Dijo Perceo al borde dela desesperación pues la auténtica pesadilla de un guerrero era encontrarse entre la espada y la pared. Mientras tanto Eren, veía todo lo de su alrededor. Veía a la gente, que le vitoreaba y le decía que luchara. Ese era el otro poder de un dios de la guerra, todo lo que ves lo odias.
-¿Hermano?-Dijo el chico en llamas pero esta vez con la voz de Eren quién de su otra mano se formó un enorme martillo que tenía la forma de la cabeza de uno de los lobos que tenía en sus hombreras y tenía la boca abierta y a través de ella se veía una luz como la de las llamas de Eren. Sangre y fuego. Eso es lo que sentía hacia todos los espectadores del espacio.
-Por favor, no los lastimes. Ellos no tienen la culpa de nada.-Afirmó el chico de cabello más corto, quién se había quitado la capa azul marina para poder arrancar un pedazo y ponerlo alrededor de su herida.
-No les voy a lastimar, te lastimaré a ti. Y quiero que TODOS lo vean. Y quiero que nuestro padre vea lo que se siente cuando te arrebatan a alguien que amas.
La batalla volvió a comenzar. Esta vez la última. Perceo cogió su espada dorada de fuego azul y su tridente acuático para poder hacer frente a las armas de Eren. Los golpes consecutivos del tridente terminaron haciendo que Eren perdiera su martillo recién adquirido. La batalla ahora solo se distinguía a las espadas. Esta vez la tutela parecía tenerla Eren pues en el momento en el que perdió su martillo pudo hacer que su hermano se desconcentrara y le permitiera un hueco que el chico titán aprovecho para arrancar la armadura del brazo y dejárselo malherido de una única estocada. En verdad era increíble lo fuerte que era ahora.
Perceo, aún sabiendo que podía rendirse, siguió luchando al sacar dos cuchillos que tenía en los costados y quitándole la armadura a Eren de los dos costados. Eren decidió agarrar a su hermano de los brazos pero entonces el otro castaño aprovecho para asestarle un fuerte cabezazo. Eren pudo volver rápidamente a la pelea y agarró a Perceo para poder lanzarle contra la pared de piedra, un golpe mucho más fuerte que cuando estaba en forma de titán.
-Ríndete de una jodida vez.
De la pared Perceo salió arrastrándose con sus dos piernas y mirando de forma desafiante a su hermano Eren.
-¡Ya sé que no puedo vencerte! ¡Sé lo que te pasó y lo que le pasó a tu madre! ¡NO SOY RIVAL PARA TI! No quiero que creas que no sé cómo te sientes. Tú por lo menos tuviste una familia en la Tierra, yo aquí me sentido como un apestado. ¡POR SO QUIERO QUE DEJES DE INTENTAR DE HACER QUE ME RINDA! ¡Eres mi hermano, Eren! ¡Y ES EL VÍNCULO ENTRE HERMANOS LO QUE UNA VEZ DERROTÓ A LOS TITANES!
Eren se acercó con decisión hacia su hermano. Perceo le miró de la misma forma. Parecía que los dos hermanos por fin habían coincidido en algo.
El muchacho de pelo un poco más largo ralentizó su paso. Lento, lento, lento…Hasta que se desplomó contra el suelo mientras que sus llamas se extinguían y su armadura se esfumaba mientras que los espectadores se asombraban de lo que acababa de pasar.
Zeus se levantó de su asiento de oro y se dirigió hacia toda la gente del estadio.
-El dios titán ha sido derrotado. Mi hijo, el semidiós Perceo es el ganador de el duelo.
Yo(o tú): ¿Qué problema hay con el ArminxAnnie? La verdad es que esta pareja a mí me gusta mucho porque, no es por ponerme sentimental, los polos opuestos se atraen. Aunque yo no haya encontrado ni a uno opuesto o igual. Gracias por comentar.
