18 AÑOS ANTES…

Los doce dioses y diosas más importantes de la antigua Grecia, llamados dioses del Olimpo, pertenecían a la misma grande y pendenciera familia. Menospreciaban a los anticuados dioses menores sobre los que gobernaban, pero aún menospreciaban más a los mortales. Los dioses del Olimpo vivían todos juntos en un enorme palacio erigido entre las nubes, en la cima del monte Olimpo, la cumbre más alta de Grecia. Grandes muros, demasiado empinados para poder ser escalados, protegían el palacio. Los albañiles de los dioses del Olimpo, cíclopes gigantes con un solo ojo, los habían construido imitando los palacios reales de la Tierra. En el ala meridional, detrás de la sala del consejo, y mirando hacia las famosas ciudades griegas de Atenas, Tebas, Esparta, Corinto, Argos y Micenas, estaban los aposentos privados del rey Zeus, el dios padre, y de la reina Hera, la diosa madre.
El ala septentrional del palacio, que miraba a través del valle de Tempe hasta los montes agrestes de Macedonia, albergaba la cocina, la sala de banquetes, la armería, los talleres y las habitaciones de los siervos. En el centro, se abría un patio cuadrado al aire libre, con un claustro, y habitaciones privadas a cada lado, que pertenecían a los otros cinco dioses y las otras cinco diosas del Olimpo.

Más allá de la cocina y de las habitaciones de los siervos, se encontraban las cabañas de los dioses menores, los cobertizos para los carros, los establos para los caballos, las casetas para los perros y una especie de zoo, donde los dioses del Olimpo guardaban sus animales sagrados. Entre éstos, había un oso, un león, un pavo real, un águila, tigres, ciervos, una vaca, una grulla, serpientes, un jabalí, toros blancos, un gato salvaje, ratones, cisnes, garzas, una lechuza, una tortuga y un estanque lleno de peces. En la sala del consejo, los dioses del Olimpo se reunían de vez en cuando para tratar asuntos relacionados con los mortales, como por ejemplo a qué ejército de la Tierra se le debería permitir ganar una guerra o si se debería castigar a tal rey o a tal reina que se hubieran comportado con soberbia y de forma reprobable. Pero casi siempre estaban demasiado metidos en sus propias disputas y pleitos como para ocuparse de asuntos relativos a los mortales.

Pero antes de poder ver eso se tenía que subir por unas escaleras del mismo mármol que el del resto del palacio. En ellas, se encontraba una mujer vestida con harapos y que cubría su joven rostro con una capucha. La mujer tenía una mochila a la espalda y entre sus brazos tenía un bulto que estaba cubierto con una manta marrón y emitía diversos sonidos. Cuando la mujer se alzó un poco se pudo ver que en realidad era la diosa Atenea la que vestía esos harapos y que lo que estaba cubierto con una manta era un bebé con unos preciosos ojos azules que sin duda abría heredado de su madre.

La castaña no pudo evitar sonreír al ver cómo su hijo jugaba con sus propios dedos y al no poder resistirse le dio un beso en la frente.

-Sí sigues haciendo eso con él, no podrá despegarse de ti cuando ya sea un hombre.-Habló una voz desde atrás de Atenea.

La mujer se dio la vuelta pudo ver a un hombre que no debía sobrepasar los veinte años y que portaba el uniforme de un soldado del mundo mortal, además de las armas. Este sujeta tenía un bebé entre sus brazos, solo que este infante tenía los ojos marrones.

-¿En serio, Apolo? Te vas al mundo mortal poco más de un año, vuelves con un bebé, ¿y ya te crees lo bastante maduro como para darme consejos sobre mi propio hijo?

-Hey, yo tengo una niña. Lo mío es distinto.-Dijo el soldado soltando una sonrisa burlona.

Los dos dioses dejaron de burlarse entre ellos y se dedicaron de forma sonrisa mutua un saludo.

-Dime tú, Atenea. ¿Cómo te lo has pasado ahí abajo entre los humanos?

-Hice todo lo que quería hacer. He vivido una vida tranquila, he amado que también me ha amado a mí y me he llevado un tesoro que protegeré eternamente.-Dijo la diosa mientras abrazaba a su bebé.

-Yo la conocí a ella en el cuerpo militar. Es perfecta y nuestra hija también. Hemos tenido una vida entera en apenas un año. Eso sí que es vivir. Espero que podamos enseñarle esta misma lección a nuestros hijos.-Dijo el soldado.

Los dos castaños dejaron de hablar por un momento y vieron que hacia atrás una figura de barba negra que empuñaba un tridente estaba llegando a las escaleras. A este pudieron reconocerle al instante. Su tío. El dios de los mares y de los océanos. Poseidon.

-Parece que nosotros dos no hemos sido los únicos que se han dejado caer por ahí abajo.-Dijo con burla Apolo al ver que su tío tenía su tridente guardado en su funda y que al igual que ellos, tenía un infante entre sus brazos.

-No te burles de mí, arquero. A diferencia de vosotros dos, yo me he pasado dos años en el mundo mortal. Y tengo que decir…que sin duda estos han sido los dos mejores años de mi vida.-Esbozo una sonrisa el hermano de Zeus.-Me ha encantado esta tierra, ojalá me hubiera podido quedar algo más de tiempo.

-¿Acaso no nos vas a presentar a nuestro primo nuevo?-Preguntó Atenea mientras que acariciaba la cabeza del infante del mar.

-Por supuesto, os presento al siguiente gobernante de Atlantis y a mi sucesor.-Contestó el Dios del mar mientras que abrazaba a su hijo y le daba un beso en la frente.

Los tres familiares se sonrieron mutuamente y decidieron subir hasta sus escaleras. Cuando llegaron a la cima se encontraron con el mismísimo dios Zeus que al juzgar por su pose parecía que les estaba negando el paso al palacio.

-¿Ocurre algo hermano?-Preguntó el pelinegro con algo de nerviosismo por lo que sujetó con un poco de fuerza su tridente.

-Hermano, hijos…He consultado los astros. Las últimas señales han dictaminado una orden. Vuestros hijos…no se pueden quedar aquí. Deben volver al mundo mortal.

Los tres dioses se quedaron estupefactos ante la declaración del rey del Olimpo. En verdad, no podía ser cierto.

-¿Qué nos estás diciendo? ¿Que no podemos estar con nuestros hijos? ¿Qué porque unos cuantos símbolos se alineen TENEMOS QUE ALEJARNOS DE UNOS NIÑOS A LOS QUE NOSOTROS LES HEMOS DADO LA VIDA? ¡¿ESO NOS ESTAS DICENDO, PADRE?!-Gritó Apolo lleno de cólera.

-Cuida tu tono conmigo, hijo. Recuerda que yo no digo las leyes, tan solo hago que se cumplan. No hagas esto más difícil y coloca a tu hijo aquí.-Dijo Zeus señalando una cesta de madera.

-Si los mandamos ahí abajo, lo más seguro que morirán. La humanidad ha decidido aislarse del mundo y aterrorizada por los titanes. Es una sentencia de muerte clara.-Dijo Atenea mientras dejaba escapar algunas lágrimas.

El castaño adoptó una expresión de incredulidad mientras que blandía una de las espadas de su equipo. La pobre Atenea se apartó un poco mientras seguía abrazando a su hijo. Sin embargo, Poseidon se mantuvo firme hasta que miró a su pequeño Tritón a sus ojos negros y este le sonrió.

-Apolo, Atenea. Dejadlo ya. Sabéis tan bien como yo que aquí no hay nada más que discutir. Los hilos ya están tejidos y el destino se escribió hace mucho tiempo. Apolo, si luchas contra tu padre es seguro que morirás y tu hija terminará igual, si obedeces es posible que puedas proteger a tu niña. Atenea, tu eres mucho más lista que yo y que tu padre, sabes lo que tienes que hacer, lo que tenemos que hacer.

Poseidon avanzó hacia la cesta y le sonrió a su hijo pues esta sería la última vez que lo viera.

-Una última cosa, hermano.-El dios del mar, le entregó su tridente. Tómalo, úsalo y si mi hijo sobrevive y demuestra ser digno…entrégaselo.

En la sala de curanderas, una serie de jovencitas les curaban a los dos hermanos que habían salido de la arena de combate. Las chicas les curaban las heridas de todas las partes del cuerpo mientras que se reían y hacían unas cuantas insinuaciones. Perceo tenía un brazo y hombro rotos aparte de que el ligamento de su pierna estaba dañado. Por su parte Eren tenía el físico perfectamente pero el cansancio y el dolor que tenía después de la titanificazión no se lo quitaba nadie. Finalmente cuando las curanderas se fueron y dejaron a Eren y a Perceo solos.

-¿Cómo te encuentras, Eren?-Preguntó el castaño largo.

-Agotado, dolorido y tengo hambre. No me sentía así desde la última vez que luche contra Annie. Ella es…

-Ella es el Titán hembra, sí. Os vi luchar. Ella era buena pero tú eres…brutal.

Eren intentó esbozar una sonrisa en su rostro.

-Oye, tú eres…Un semidiós. ¿Qué es esto exactamente?

-El término semidiós se usa para describir la figura mitológica que es descendiente de un dios y un mortal. Parte de la naturaleza dual de los héroes griegos que dio lugar al concepto de semidiós es la doble paternidad que intervenía en su procreación, un tema recurrente, pues actuaban un mortal y una deidad. En efecto, la madre mortal del héroe puede yacer con ambos padres en la misma noche, o ser visitada secretamente por un dios. Según se creía en la antigüedad, la semilla de la deidad, simbolizando el cielo, se mezclaba en el útero, simbolizando la madre tierra, y los hijos poseían parte de las cualidades divinas, como fortaleza y energía extraordinarias, poder cruzar el umbral de la vida y la muerte y regresar sin daño, o hacer de intermediarios tras la muerte, entre dioses y hombres. Zeus fue el padre de muchos héroes, como resultado de sus devaneos amorosos. A estos héroes, tras la muerte se les concedían honores, especialmente entre aquellos griegos que reclamaban ser descendientes suyos, y que esperaban obtener protección y patronazgo de algún dios por su intercesión.

-Vaya, en verdad hablas como Armin.-Soltó una pequeña risa Eren antes de que volviera a retorcerse a causa del dolor.

-¿Puedo hacerte yo ahora una pregunta?-Preguntó Perceo mientras se incorporaba.

-Adelante, no te cortes.

-¿Quiénes eran nuestros padres? Ya sé cómo fueron sus vidas y de la forma que terminó cada una pero lo que quiero saber es cómo era realmente ellos.

-Nuestro padre fue una buena persona que se preocupaba mucho por la gente, en el pasado curó una pandemia, lo que es agradecido por muchos, sobre todo por un antiguo amigo nuestro Hannes. También se mostró tranquilo, relajado y de pocas palabras, aún cuando su nuestra le pidió que me hiciera cambiar de parecer respecto a una decisión que yo había tomado, este lo tomó todo con calma, tomando la situación como algo no tan grave. Cometió errores pero a pesar de todo eso yo jamás dejé de quererle. Nuestra madre se llamaba Carla y era una mujer hacendosa y entregada a su familia, igualmente era una madre cariñosa que siempre velaba por el bienestar de sus hijos, al punto en que no quería verme a mí formando parte de la Legión de Reconocimiento porque consideraba este oficio demasiado peligroso para él. Incluso sacrificó su vida para que yo y Mikasa pudieran escapar del titán que los asechaba. En mis sueños aún la sigo viendo.

El castaño largo se quitó las lágrimas que empezaron a salir de sus ojos y miró de nuevo a su hermano.

-Eren, esto es lo más difícil a lo que me he enfrentado jamás. Sé quién eres, Eren Jaeger. Mi hermano. Cuando era un niño juré que algún día te encontraría y te protegería. Pero la crueldad de los dioses no se paró. La vida no es como uno espera. Me hubiera gustado que hubiéramos crecido juntos y que nos sintiéramos orgullosos de cada paso que diera cada uno. Ser una familia. Pero en cambio de eso, me enteré tarde de la muerte de nuestra madre. Ahora que nos hemos encontrado sé que nunca tendré tu aceptación y que yo nunca me perdonaré por no haber hecho nada y haberme quedado aquí. Lo siento, hermano.

Eren se levantó de la cama a duras penas y se puso enfrente de Perceo para estrechar su mano.

-Antes no es que no pudiera confiar en ti, es que no quería. Pero ahora sé que te necesito porque he llegado hasta aquí. Hasta un monte en el que habitan dioses. Ahora, tengo que cumplir la promesa que hice.

Perceo aceptó la oferta de su hermano pero en vez de estrecharle la mano le abrazó. Eren decidió no quejarse y resignarse. Puede que fuera cierto lo que decía Perceo, sería otra vez que el vínculo entre hermanos lo que haría que los titanes volvieran a sucumbir.

RenKouen: Me alegro de que te haya gustado la pelea de Eren contra Perceo. La intención de Perceo es que él sepa encontrar tanto lo bueno como lo malo de su hermano. Es bueno que por ahora el que haya puesto a Annie con Armin no te desagrade. Siento haber tardado tanto pero los exámenes no me han dejado continuar.