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Hace un año y medio (Reconquista del muro María)

El infierno se había desatado. La batalla se estaba librando. Las calles se estaban manchando con la sangre de varios soldados. Algunos tenían la oportunidad de morir luchando contra los titanes, otros, por desgracia, morían por el fuego amigo que lanzaban desde lo alto de la muralla.

En lo alto del muro Rose, un muchacho azabache recorría la longitud del muro mientras cargaba a su espalda dos enormes mochilas. Este chico tenía el cabello tan largo que casi le tapaba los ojos pero que por detrás no tenía melena. Su mirada tenía un semblante serio que acompañaba a sus dos ojos negros. Por las dos espadas que tenía el blasón de su uniforme se notaba al instante que este joven era un recluta. El pobrecillo sudaba y respiraba con mucha dificultad, seguramente por el enorme calor que desprendían los titanes, tanto enemigos como aliados.

-¡¿Qué cono haces aquí?! ¡Vete a casa, niño! ¡Fuera! ¡Regresa al cuartel, insensato!-Oyó decir el chico a cuatro soldados que habían resultado heridos.

Después de depositar a la munición de la mochila a los artilleros, al pelinegro le agarraron por el brazo y de un momento a otro se encontró con la mirada asesina que se parecía un poco a él si no fuera por el corte de pelo y su corta estatura. Levi.

-¡Joel! ¿Qué hace él otra vez afuera? ¿Qué es lo que haces afuera? ¡Ve a cubrirte!-Le ordenó el comandante de los exploradores para luego dirigirse a su amigo Erwin quien estaba controlando el ataque.-¿Qué es lo que tenemos?

-Siete clases 8, once clases 15 y unos veinte clases 6.-Respondió el rubio.

Volviendo al muchacho de nombre Joel. El azabache estaba surcando el campo de artillería mientras se iba quedando sordo por el ruido de los cañones. Finalmente, llegó a la zona de reabastecimiento donde un grupo se estaba preparando. Allí Joel tendría que hacer su trabajo. ¿Luchar contra los titanes? No. Suministrar a los verdaderos soldados. De repente una mestiza asiática se acercó a él.

-Qué bueno que vienes a la fiesta, creí que ya te habrían llevado.-Dijo Mikasa mientras ayudaba a la escolta de unos heridos a zona segura.

-¿A quién? ¿A mí? Por favor, ya sabes que los de pelo negro no les gustamos. Además, ellos no sabrían qué hacer conmigo.-Respondió el chico concierta soltura pero sin cambiar la expresión de su cara.

En pocos segundos, Joel pudo ver cómo todos los amigos de Mikasa se iban directos a combatir. El chico sabía que su trabajo era mucho más guay. Mucho más que el suyo. Joel estaba a punto de saltar de la muralla para poder saltar a la acción, pero hubo cierta chica que le detuvo.

-¡Eh, eh, eh! ¿Adónde crees que vas, jovencito?

-Por favor Mikasa, déjame ir. Tengo que dejar mi huella en este sitio.

-No Joel, ya dejas bastantes huellas en los lugares equivocados.-Decía la mediana de los Ackerman mientras empujaba ligeramente al chaval hacia el otro lado.

-Venga, solo diez minutos. Mataré a un titán y mi vida mejorará infinitamente. Estoy harto de esta puta mierda.-Digo Joel indignado por su situación.

-Esta mierda, como tú me dices, es lo mejor que hemos podido hacer por ti. Tendrías que estar agradecido por esto, te recuerdo que aún te quedan unos seis meses de entrenamiento. Te prometo que tu día llegará, Joel. Pronto estarás ahí afuera peleando contra ellos. Pero me temo que hoy no.-Le sentenció Mikasa antes de que ella también saltara para poder unirse a Eren en la lucha.

El muchacho se quedó mirando el páramo de la guerra contra aquellos seres. El pobre chico se tendría que pasar el resto de la reconquista haciendo eso. Joel también lo sabía. Un día iba a salir porque matar titanes lo era todo en ese mundo. Y cómo podría ignorar la única vida que ha conocido la humanidad.

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Jean en verdad necesitaba relajarse. Tanto ver a Eren intentar matarse le había dejado agotado. Hacía ya un día que había encontrado lo que parecía ser una piscina de aguas termales. Sí, a Jean le encantaba el agua, de alguna forma lo que le había relajado desde que era un niño pequeño era un buen baño.

Al entrar en la enorme sala hecha de mármol un olor inundó sus sentidos. Era un olor inconfundible pero al mismo tiempo era muy extraño. De repente, el vapor nubló los sentidos del castaño y se encontró andando sin control de sus actos hacia la bañera más cercana a él. Y entonces lo vio. Una figura femenina castaña que estaba completamente desnuda y cuyos atributos eran camuflados por la distorsión del agua. Esa fémina poseía una potente melena marrón rojizo que se fusionaba con las ondas del agua y era rodeada por algunas nubes de jabón que se habían formado. En verdad, aquella visión angelical haría que cualquier hombre perdiese la cabeza.

-¡JEAN!-El grito de Sasha hizo que Jean volviese de una vez a sus pensamientos.

-¿Qué? Sas…Digo Chica Patat…No. Me refiero a…¿Qué es lo que estás haciendo tú aquí?-Preguntó el castaño entre tanto balbuceo.

-Pues me sentía tensa después de lo de Eren y entonces encontré esto y…Bueno, supongo que tú y yo hemos tenido la misma idea, ¿no?-Preguntó finalmente la arquera con una sonrisa.

-P-Pe-Pero…S-Se supone que debería…haber piscinas separadas.-Dijo el chico tratando de ocultar su sonrojo.

-Eso mismo pensé yo así que por si acaso revisé el lugar por si había una sala igual pero no encontré. Imagino que la gente que está aquí arriba no verán la diferencia entre hombre.-Afirmó la chica con una ligera risa.-Oye, si te quieres meter, hazlo, por mí no hay ningún problema.

El muchacho hizo una pausa durante un minuto. No había ningún problema ni inconveniente. Ella estaba de a cuerdo con que es tuvieran los dos en la misma bañera. ¿Cuál problema había? Tal vez que era su amiga, la chica patata, etc.

Supongo que Jean pasará el resto de su vida sin saber cómo reunió la fuerza mental necesaria como para meterse en la misma bañera con Sasha. El castaño tenía que admitir que la chica se veía realmente adorable en aquella escena. De alguna manera se le vino a la cabeza el día en que la conoció, hace ya seis años. El día en el que prácticamente le plantó cara al instructor y eso le costó estar corriendo hasta el anochecer. A Jean Sasha le empezó a parecer rara e interesante desde aquel día. Puede…

-¡HEY, CHICOS! ¡Bomba va!-Gritó Connie antes de tirarse como una piedra en la bañera.

Jean y Sasha terminaron con sus cabezas empapadas en un segundo. Como siempre, Connie siendo tan oprtuno.

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El grupo de exploradores estaba reunido alrededor de una fogata intercambiando historias mientras comían algo envueltos en el furor de la noche y las estrellas. Lo más raro era que todo el mundo le estaba prestando atención a Perceo, quien aún estaba envuelto en sus vendajes al igual que su hermano Eren.

-Sí, tenía diez años y era mi primer naufragio. Estaba atrapado en una isla sin nada más que mi escudo de Escorpión. Era una isla normal y corriente pero lo que pasaba era que estaba ubicada en un lugar entre los cielos y la tierra. Fue por esa razón que El Minotauro me encontró y me empezó a perseguir. Pude sobrevivir un rato gracias a que tuve que nadar hacia una isla que estaba algo más alejada. Creí que no saldría de esa pero entonces de alguna forma el monstruo empezó a hundirse en el agua.

-¿Y se acabó? ¿Ya está? ¡Qué aburriemiento!-Exclamó Hangie.

-Tranquila señorita, no se apure porque mi historia con esa criatura no ha acabado.-Contestó el castaño haciendo que la investigadora se ruborizara.- De alguna forma debió escapar porque dos años más tarde el minotauro volvió a encontrarme y me persiguió por la jungla. Me abrí paso con la espada por la densa maleza más rápido que un felino, pero aún así esa cosa me pisaba los talones. De alguna forma los dos terminamos en la cima de un volcán, yo sabía que no tenía posibilidad contra él en el cuerpo a cuerpo por lo que decidí empezar a dar vueltas marearle para finalmente tirarle al volcán.

-¿Y entonces acabó todo?-Preguntó esta vez Armin.

-No. Yo sabía que ese bicho tenía que seguir vivo por lo que cuando cumplí los dieciséis años decidí que esa vez le obligaría a venir a mí.-Empezó a contar el semidiós el capítulo final de su historia.-Así que monté un puñado de trampas y esperé a la bestia. Y cuando estuvo preparado, embistió contra mí. Entonces corrí como el viento pero por desgracia las trampas fallaron. Cuando el minotauro ya me tenía entre sus manos solo me quedó rezar porque alguien me ayudara. Los dioses debieron oírme porque cuando me desperté pude ver en la nieve un puñado de sangre y uno de los cuernos de la bestia.

Todos se quedaron asombrados por el final de la historia de Perceo, aunque su hermano tenía algo que preguntar.

-¿Pero no recuerdas ver a nadie? ¿Nadie que te ayudara?

-No. Me desmaye. Aunque quién sabe, puede que algún día me vuelva a encontrar con él. Haría honor al nombre de Teseo si consigo derrotarlo. Aunque si él no fue capaz, poco podré hacer yo.

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Levi estaba observando el horizonte que aquel extraño monte le dejaba ver. A un lado, Mikasa estaba sentada en una silla con una expresión de preocupación en su cara, pero esta vez no tenía nada que ver con Eren. En la mesa estab el libro que posteriormente había estudiado Levi, aquel con el guerrero blanco y rojo, que usaba las mismas espadas que ahora usaba el pelinegro y que tenía el mismo tatuaje rojo que él.

Levi, lo había hecho. Se lo había contado a Mikasa. A pesar de que con el tiempo lo habían ido aceptando, el hecho de que en ese momento tuvieran que contar como una familia seguía siendo extraño. Pero al menos ya se había cumplido una tarea. Absolutamente toda la historia del clan Ackerman ya estaba recopilada. De principio a fin. Todo empezaba con Kratos y terminada con ellos.

-¿Y qué hacemos ahora?-Preguntó la chica mientras se incorporaba.

-No lo sé. Es decir…¿Este es nuestro destino? ¿Convertirnos es seres llenos de odio que solo pueden llevar venganza allá donde van?-Contestó el líder de los exploradores con una intensidad en su voz que no había sido oída antes.

Si lo que habían leído era cierto, el poder que tenía en su interior el clan Ackerman terminaría por destruir el mundo. Ese era el destino de todo aquel descendiente de Kratos, destruir todo aquello que se amaba y acabar consumiéndote en tu propio odio.

Levi agarró una de sus Espadas del Caos y se miró la mancha roja de su párpado en el metal. Fue entonces cuando se dio cuenta. Si el tatuaje o estaba completo puede que las cosas aún no estuvieran escritas.

-Tenemos que cambiar Mikasa.-Le señaló Levi a la mestiza.-Tenemos que ser mejores. Mejorarnos.

-¿Y cómo se te ocurre que haremos eso?-Todos los Ackerman llevamos un poco de esa "Furia" como tú dices. Y la hemos sacado en más de una ocasión.

-¡Sí! Pero solo en caso en el que queríamos venganza por algún ser querido. Tal vez, podemos enfocar ese poder en otra dirección. Para hacer que los Ackerman limpiemos nuestro nombre de una buena vez. ¿Qué dices, niña? ¿Estás conmigo?

La muchacha azabache se incorporó y miró fijamente al patriarca de su clan.

-Intentare hacer eso que tú dices, yo tampoco quiero eso. No puedo ser eso. Pero si queremos que esto salga bien…Tenemos que contar con todos los Ackerman.

-¡Oh, no! Él no. No puede ser.

-Enano, escúchame. Puede que a ti aún te cueste entenderlo pero es así. Joel es uno de nosotros. Es el último descendiente del clan y posiblemente los sea durante una muy larga temporada. Le necesitamo.

RenKouen: Muchas gracias por comentar, espero que este nuevo capítulo sea de tu agrado. Yo también lo pasé mal en la muerte de Armin pero recuerda que es un manga y que la muerte no se confirma de forma oficial hasta que se clava el último clavo del ataúd. Los dioses no odiaban en sí a los semidioses es solo que les cabreaba el tener que tenerlos a todos en regla y hacer que no se corrompieran con sus propios poderes.

Mafias jd: Me alegra mucho el conocer otro fan de God of War, espero que te guste el capítulo y que sigas comentando. La verdad es que Kratos comete un error al alejar a su hija del peligro, ya que en sí la está atrayendo más. Un ejemple sería el tráiler del nuevo GoW nórdico.