-¡AHHHH!

Un grito atroz despertó a Kratos de su dulce sueño. Era el grito de su hija Calíope. Rápidamente el ahora granjero subió las escaleras de su casa para abrir de forma algo violenta la puerta de la habitación de la chica y encontrándosela sobre la cama temblando mientras que su cuerpo sudaba y no paraba de temblar. Cabe resaltar que los ojos de la joven estaban empapados en lágrimas. El hombre de piel blanca se acercó lentamente a su infante y le acarició el hombro para hacer que se tranquilizase, cosa que más o menos logró.

-Hija mía, ¿qué es lo que pasa? ¿Qué te sucede?-Preguntó de forma tranquila el antiguo guerrero.

-Yo..Yo…He visto…-La muchacha no pudo terminar y se aferro al pecho de su padre para romper en llantos.

-Shhh, mi niña. Tranquila. ¿Has tenido una pesadilla, verdad?-Preguntó Kratos y el sonido parecido a un sí le hizo comenzar a acariciar el cabello castaño de su hija.-No te preocupes, no era real.

-¡No padre! ¡Ese es el problema! ¡Parecía demasiado real!-Dijo la chica alejándose de su padre para mirarle a la cara, mostrando que su rostros aún estaba empapado.

-¿Qué es lo que has visto en tu sueño, Calíope?-Preguntó el padre pero esta vez con un tono que marcaba curiosidad.

-He visto…-La chica hizo una pausa antes de soltarlo todo.-He visto el fin de mundo. He visto cómo todo el mundo ardía alrededor mío y cómo un montón de gente moría sin que yo pudiese hacer nada. Y en medio de todo ese caos, había…había alguien…Había alguien que me hacía mucho daño.-Terminó de contar la chica al mismo tiempo que se limpiaba la cara.

Kratos, quien había escuchado atentamente cada palabra que había salido de la boca de su hija, permanecía ahora con una expresión en rostro que mostraba sobretodo confusión y nerviosismo.

-Hija mía, dime. ¿Cómo era esa persona que te hacía daño?

-No lo sé estaba muy lejos pero tenía unas cosas atadas en sus manos que parecían cadenas y en los extremos había cosas tan grandes como rocas pero que a medida que avanzaba se veían muy afiladas.-Terminó de contar la castaña el relato de su sueño.

Los ojos de Kratos se pusieron tan blancos como su mismísima piel, pero consiguió detener esa reacción a tiempo para que su hija no sospechara de nada y mirarla otra vez con serenidad.

-Cariño, no te preocupes. Era solo un sueño.-El espartano comenzó a arropar a su hija para que volviese a quedarse dormida.-Y de hecho, las pesadillas tienen un beneficio inesperado. No te hacen más fuerte pero lo que sí hacen es prepararte para cuando esos sueños se hagan realidad. Cuando yo tenía tu edad, no dejaba de tener pesadillas con tu tío Deimos. Todas las noches veía en mis sueños cómo lo alejaban de mí una y otra vez.

-¿Alguna vez dejaste de tener pesadillas?-Preguntó Calíope haciendo que la voz de su padre se parase en seco.

-Sí. Cuando me volvía a encontrar con él.-Terminó Kratos dándole un beso en la frente a su hija-Duerme un poco, estarás bien.

El espartano dejó a su hija descansar otra vez y decidió salir afuera para ahora tranquilizar su mente. Mientras que Kratos observaba el inmenso páramo estrellado que adornaba las tierras en las que se alzaba su hogar, una serie de preguntas acosaban sus cabeza. ¿Serian iguales las visiones de su hija a las suyas que se terminarían haciendo realidad? ¿Otro mal volvería a castigar el mundo? Y lo más importante: ¿Sería él quien al final tuviese que acabar con ese mal?

…..

En una taberna de la ciudad de Trost el ambiente estaba muy animado, pero tampoco nada del otro mundo pues desde que ya habían pasado meses desde la reconquista del Muro María, los soldados ya no tenían permitido beber sin pagar.

Para continuar nuestra historia habrá que recalcar a todos soldados, una rubio y el otro pelirrojo, que se encontraban sentados en una mesa.

-Oye, aún no se sabe nada de la banda de los de exploración. ¿Cuánto tiempo ha pasado ya?-Preguntó el pelirrojo.

-Ni idea. Sea lo que sea lo que les haya pasado se lo merecen. Nadie debería salir así de lejos de los muros. Además los monstruos que les acompañaban también habrán muerto. Jaeger y los demás titanes.-Contestó el rubio con algo de desprecio. Acto seguido levantó su jarra de cerveza para que su amigo brindara con él.-Por el fin de la Legión de Reconocimiento.

-Ua. Oye pero no que la reina iba también con esos infelices. Sé que nunca a importado mucho ya que son los cuerpos militares los que mandan en estos muros.

-Tienes razón, en sí ella era tan solo una cara bonita. ¡Aunque bonito era todo lo que tenía esa rubia!-Carraspeó el rubio para después echarse a reír con su amigo.

-¡Y qué lo digas! ¡Lo que me hubiera divertido yo con esa carita linda! Una dios. ¡Una diosa!

-¡Nos ha jodido! Ella fue soldado al igual que nosotros. Si tan solo la hubiera conocido un año antes. Madre mía…¡Ese pequeño agujerito y esas tetitas! ¡Era como una gominola!

Antes de que aquellos dos indeseables continuaran diciendo barbaridades. Fueron a callados por la presencia de un azabache que vestía al igual que todo el mundo un uniforme pero que levantaba a cada paso que daba cierta aura oscura al igual que sus dos parientes.

Joel se acercó a la barra con un semblante serio y asesino pero a pesar de eso le solicitó a la mesera que atendía la barra un batido de chocolate con mucha amabilidad. La chica le dio un vaso grande y le dedicó una sonrisa debido al agradecimiento de este.

-Imagino que entonces él es el último Ackerman.-Habló el pelirrojo con un susurro a su amigo.

-Sí, pero eso es lo de menos. ¿Acaso no oyes lo que dicen de él? Dejo morir a todos sus compañeros en una misión.-Contestó el rubio en un tono un poco más alto que el de su amigo creyendo que el azabache no le iba a poder oírle.

Caso error pues Joel se levantó de la silla y de dirigió a los dos soldados con el vaso aún en la mano.

-Vosotros dos. ¿Tenéis algo que decirme?-Preguntó Joel con odio pues al igual que Levi no le gustaba que se metieran con él a sus espaldas.

-Para nada, Joel. No tenemos nada que hablar con un muerto viviente.

El joven levantó una ceja por el reciente comentario del rubio. El pelirrojo sabía que no podía dejar a su camarada solo al haber dicho tal insolencia pues decidió intervenir.

-Tu patético clan a perecido. Ahora es tu turno.

-Mi clan volverá de nuevo a la tierra, no os equivoquéis.-Contestó Joel conteniéndose las ganas de decirles a esos idiotas algo peor. O hacerles.

-¿Ah sí? ¿Y cómo se supone que vas a hacerlo? Solo eres un niñato.-Terminó el rubio creyendo que ya había dejado hecho polvo al muchacho.

-Tal vez podría usar a vuestras hermanas para restaurar mi clan y traer nuevos Ackerman. Seguro que ellas están más que dispuestas.

Los dos soldados terminaron con la boca abierta por el comentario de aquel muchacho. Joel, por su parte, volvió a sentarse en la barra para disfrutar. EN cambio, los dos infelices se levantaron.

-¿Qué es lo que nos has querido decir, cabrón de mierda?-Preguntó el rubio con mucha furia en su voz.

-He querido decir que tengáis cuidado. Que tengo mucha mala hostia, ¿sabéis? Los de mi familia comemos titanes y vomitamos fuego. Y por mi parte yo puedo volar el culo a una pulga de un tiro a doscientos metros. A sí que mejor volver a sentaros antes de que me levante otra vez pero esta vez será para algo más que para hablar.

-No creo que hables tanto cuando te hayamos arrancado los testículos y te los metamos por la boca, niñato maricón.-Agregó esta vez el pelirrojo.

Lo único que hizo Joel fue terminarse su batido de un trago u colocar una bola llena de monedas sobre el mostrador para luego dirigirse a la camarera que le había servido antes.-Cóbrese toda la bolsa, señorita. Creo que se acaba de declarar la guerra.

…..

Todos los miembros del Cuerpo de exploración se encontraban en la armería de Hefesto. Parecían bien solo que en aquel momento no llevaba ni sus uniformes ni su ropa normal. Llevaban puestas armaduras y ya armas de lo más peculiares. Armas olímpicas

-¿Y estás seguro de que funcionará?-Le preguntó Erwin a Hefesto mientras que este ponía en el muñón de su antiguo brazo algo parecido a la coraza brazal de una armadura.

-Bueno, esto es solo un prototipo. El de verdad estará mejor, será un traje entero. Pero no tendrías que tener problema en moverla.

Erwin se levantó y pudo comprobar que sus dedos, su mano y todo su brazo se movía a la par que él lo ordenaba. El rubio no podía dejar de maravillarse con la magia de aquel aparato mientras que Levi vestía un peto de metal y que iban acompañada de hombreras, brazales y rodilleras negras. El pelinegro sostenía con disgusto un casco entre sus manos. -No me pondré esta mierda. Ni hablar. Además llegamos hasta aquí sin nada de esto, ¿no?-Preguntó el Ackerman mayor mientras que agarraba una de sus espadas del caos y la blandía.

Mientras tanto en otro rincón se encontraba Eren, ya repuesto de sus heridas, caminando con su nueva armadura hasta que vio como Perceo ayudaba a Mikasa a ponerse lo que parecían unas medias de cuero. El castaño no hubiera intervenido de no ser porque después de eso Perceo se posicionó por detrás y le ayudó a la chica a amarrar bien su cinturón mientras que sus rostros se acercaban. Muy cerca, muy cerca. ¡Demasiado cerca!

-¡Eh! ¿Qué está pasando aquí?-Preguntó Eren con algo de descaro(Como de costumbre).

-Percy tan solo me está ayudando con una cosa.-Respondió Mikasa alertada de la actitud de su hermastro.

-Sí, sí pero…¿Cómo que Percy?-Preguntó ahora el castaño sin entender nada esta vez.

-Es un derivado amistoso de mi nombre que la señorita Mikasa me dijo. Es genial, ¿no crees, hermano?-Respondió Perceo con aquella sonrisa que a Eren le irritaba tanto.

El último suceso que ocurrió durante este cambio de vestuario sucedió cuando Armin se ponía su armadura. Era muy parecida a la de Eren solo que la suya combinaba los colores verde con detalles plateados. Al rubio le estaba costando mucho amarrase el cinturón al traje, por suerte cierta diosa angelical rubia se encontraba allí para ayudarle.

-¡Armin, déjame ayudarte!-Historia, quien seguía con su ropa normal, empezó al instante a crear el nudo correcto para el cinturón. Lo hizo con tanta soltura que el rubio no pudo evitar poner una cara de asombro.-No te sorprendas. Me he criado en una granja, ¿te olvidas?

-Sí lo sé. Pero es que no sé si está bien que una reina le haga esto a sus súbditos.-Dijo el erudito con algo de nerviosismo pues esta vez su amiga estaba más cerca que otras veces.

-Armin, sabes perfectamente que a ti, a Eren y a todos los demás no les veo como eso. ¡Por favor, nos conocemos desde hace años!-Exclamó la rubia esta vez como si estuviera regañando a Armin.

-Lo siento. Aprecio mucho que me veas como tu amigo.

-¿Amigo? Armin…-La chica se acercó un poco más, cerró sus preciosos ojos azules y le dio un beso en la mejilla a Armin.-Yo no tengo amigos. Yo tengo familia.

El joven estratega quedó en shock durante varios segundos. La belleza de su rostro. La hermosura de sus ojos. La escultura que era su cuerpo. Y la bondad que desprendía toda su alma y espíritu. Ella era una semidiosa al ser la hija de Zeus. Pero en verdad ella debería haber ascendido al Olimpo hace mucho tiempo.

-¡Armin, tú nariz!-Exclamó la chica asustada por lo que le estaba pasando al rubio.

Una cantidad de sangre bastante importante estaba ahora fluyendo afuera de la nariz de Armin.

Matias jd: Me alegro que lo de Zeus y Prometeo te haya gustado. Es un personaje que va a tener mucha importancia en la historia.