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Kratos conoce a su esposa Lysandra
El joven soldado espartano de apenas veinte años de edad se encontraba sentado en una mesa de la taberna que había encontrado. Kratos podía notar como todos los ojos estaban puestos en él. Él sabía perfectamente que la poca privacidad era uno de los sacrificios de ser él. Todo el mundo sabría quien era aunque se dejase el pelo largo y no tuviera ese tatuaje rojo.
Su fama se debía a la más reciente de sus batallas. Siendo solo un soldado raso, fue enviado a formar parte de un pelotón que realizaría un reconocimientos en el territorio persa. Resultó que aquella zona estaba rodeada por varios mercenarios del emperador por lo que la misión se canceló. Sin embargo, el capitán a cargo de la tropa parecía querer más medallas o algo así por lo que decidió proseguir; aquello fue lo último que pensó aquel capitán cuando un guerrero persa le cortó el brazo de un solo corte. Kratos sabía que solo había una posibilidad para sus compañeros de salir con vida, que él mismo hiciera de cebo para los persas. El espartano fue directo hacia sus enemigos, podría decirse que se armó la buena cuando el guerrero se topó con aquellos malditos. El pensamiento del resto de la tropa era claro: Kratos ha muerto y ahora nos toca a nosotros. Pero para sorpresa para ellos lo siguiente que vieron entre las arenas fue a Kratos rodeado de treinta y dos persas y lleno de sangre. Fue alabado por toda Esparta, varias mujeres vieron otra vez a sus maridos por eso. Porque a Kratos no le interesaba el vivir, sino el que ellos lo hicieran.
Pero basta ya de hablar de batallas y carnicerías. Hoy Kratos no era un guerrero, no. Hoy tan solo era un hombre. Un hombre que intentaba ganarse el amor de una mujer que había encontrado cautivadora.
Lysandra se sentó en aquella misma mesa mientras traía una jarra llena de vino y unos vasos. Se pasaron varias horas hablando y bebiendo, tiempo que utilizó el espartano para saber más acerca de su acompañante. Poca cosa, una chica granjera que había tenido la suerte de poder trabajar como tabernera en vez de cómo ramera. A pesar de eso, Kratos pudo notar que Lysandra había bebido más que él. Si las cosas seguían así el espartano sabía que terminaría haciendo algo de lo que se podría arrepentir en un futuro próximo. Sujetó la muñeca de la castaña antes de que volviera a agarrar el vaso.
-No creo que debiera seguir bebiendo, mi señora.
-¿Qué es lo que le ocurre soldado, acaso tiene miedo de lo que pueda pasar?
Kratos no respondió sino que mantuvo su semblante igual de serio que siempre.
-Puedo notar por su mirada…que queréis protegerme de algo, Kratos. Pero no me lo quiere decir…porque creo que usted tiene miedo de cómo le pueda mirar después. Digamé de qué y porqué o agarraré el vaso.
Ante aquella amenaza Kratos decidió responder, prefería haber intentado y perdido que no haberlo intentado nunca. El espartano tomo aliento y se preparó para decir la verdad.
-He hecho daño a gente, Lysandra. Y seguiré haciéndole daño a gente posiblemente hasta que ya no sea capaz de hacerlo. Muchos soldados vuelven de la guerra estando dementes porque no han podido aguantar lo que han visto, pero yo lo aguanto. Y no solo eso, sino que me encanta hacerlo. Y en el fondo adoro que la gente me respete por ser bueno en lo que hago. Te seré sincero toda la vida y por eso te digo que posiblemente justifique las atrocidades que hago por el honor o la patria…Pero realmente es porque disfruto haciéndolo.- Kratos hizo una pausa antes que terminar con su declaración.- Así que ya sabes lo que soy. Un monstruo.
Cualquiera pensaría que la joven hubiera agarrado la jarra y se la hubiera tirado o hubiera huido despavorida. Pero en vez de eso, puso una de sus manos sobre la mejilla del espartano.
-Te equivocas. Hay mucho más en ti de lo que crees. No solo dolor e ira. También está el bien en ti, lo he visto. Y cuando puedas acceder a él…poseerás una fuerza que no tendrá rival.
Los dos se quedaron allí durante algún tiempo y después se fueron a la residencia del espartano. Aunque Kratos supiera lo que pasaría durante los años siguientes, no cambiaría aquella noche por nada. No había nada de lo que arrepentirse. Aún.
…
Joel recibe la primera lección de Mikasa
El joven Joel se encontraba en su habitación realizando una tarea que a él le parecía productiva.
-Joel…¿Por qué arreglas esas botas?-Preguntó su prima Mikasa que acababa de entrar por la puerta.
Joel apenas había conocido a su prima desde hace tres meses pero ya sentía como que podía hablarle de todo.
-Las estoy arreglando para poder venderlas. Nos vendrá bien el dinero.
Mikasa se acercó al pequeño con una sonrisa poco vista en el rostro y le sentó junto con ella en la cama. Había algo que necesitaba hablar con él.
-Tengo que decirte una cosa. Ya te he dije que las cosas iban a mejorar, y así va a ser.-La mestiza hizo una pausa antes de continuar.-Últimamente he estado algo distraído y no me he preocupado lo suficiente por ti.
-Ya sé que tú siempre están muy ocupada, pero no importa. Lo entiendo.
-Sí, pero nunca debería estarlo tanto como para no tener tiempo para ti. Pero ahora las cosas van a cambiar.
-Prima, soy mayor y entiendo que hay veces en las que las cosas no salen como uno quiere y…
Mikasa acalló de forma rápida a Joel para que no continuara.
-Eso es precisamente lo que no quiero que pienses, Joel. Los imposibles a veces se cumplen.
Eso a otros, porque a mí…
Antes de que el azabache pudiera continuar, Mikasa les quitó las botas de las manos.
-No las van a vender, no quiero que olvides que las cosas dependen de nosotros. Aunque muchas veces pensemos que no…se pueden cambiar.- Mikasa hizo una pausa antes de continuar y aprovechó para devolverle las botas a Joel.-Nada es imposible.
-¿Y cómo puedo saber que eso es verdad?
La chica puso su mano sobre la cabellera del joven y sonrió.
-Lo imposible siempre nos sucede a los Ackerman.
…
Actualidad…
Nos encontramos en lo más alto de una montaña que ya habíamos visto antes, en una el la que dos pilares de piedra agarraban las cadenas con las que se sujetaban a un hombre de aproximadamente veinticinco años magullado con manchas de sangre en el estómago.
El joven parecía estar muy cansado y su mirada estaba cerrada debido a eso. Pero a pesar de aquello, Prometeo fue capaz de levantar su cabeza y mirar al frente. Vio la figura de una mujer castaña, de ojos verdes y piel clara con las proporciones y las curvas que iban más allá a las de una diosa. Sus brazos y cuello estaban libres pero el resto de su cuerpo estaba tapado con un vestido de hojas verdes. La mujer se hallaba delante de un montón de piedras.
-Es curioso como son las cosas en las montañas. Todo fluye hacia abajo. La gente que vive en los muros piensa de forma distinta ya que viven en una llanura. Una vez yo intente tomar partido en eso. Una vez que llovió más de la cuenta desvié el agua hacia el este. Los habitantes de aquella granja me lo agradecieron durante el mes entero. Los niños bailaban por mí para decirme que era una heroína. Pero en mi egoísmo no pude notar que al desviar el torrente había condenado a la granja de al lado. Mientras los niños bailaban, los caballos se ahogaban. En mis sueños aún los oía gemir de dolor.
-¿Alguna vez dejaste de tener pesadillas?-Preguntó Prometeo sin saber de si le contestaría.
-Sí. Cuando conocí a tu hermano. Él me hizo creer que había bondad en el mundo. Él era mi mundo.-La mujer paró.-Te echo de menos.
-Y yo a ti, Gaia.
…
Yo: Te agradezco que hayas seguido durante tanto tiempo mis trabajos y espero que sigas haciéndolo y comentando.
Matíasjd: Muchas gracias por aceptar la invitación a mi escuadrón suicida, las cosas se van a poner divertidas de ahora en adelante. Lo que me gustaría que hicieres si puedes es que te hicieras una cuenta para poder hablar conmigo ya que en los reviews me gustaría que te limitases a opinar sobre el fic y siguieras como mi lector ya que lo estás haciendo genial. Espero tu respuestas, tú y yo vamos a hacer cosas maravillosas.
