Cerca de la entrada de la casa se podía ver como una joven de ya una edad que rondaba los dieciséis años se concentraba en la tarea que tenía entre manos. La joven Calíope parecía estar bastante entretenida en jugar y crear movimiento imaginario con aquellas figuras, aunque con la infancia que había tenido, aquellos trozos de madera tallados eran más atractivos e interesantes de lo que uno se imaginaría.
Cuando estabas sola, incluso un simple muñeco podía reflejar al más noble guerrero de Esparta y una sencilla muñeca a la más bella princesa que esperaba a su héroe.
-Chica…
Todo era posible por medio de una imaginación adecuada.
-¡Chica!-Oyó como la voz de su padre se oía por segunda vez, con más fuerza que la anterior. A su padre no le gustaba repetir las cosas y aunque ella sabía que no habría consecuencia alguna trataba de obedecer siempre.
A regañadientes, la castaña se levanto del suelo y se dispuso a entrar en la cabaña. Una vez dentro pudo ver a duras penas la silueta de su padre que se encontraba a un lado tapado por la oscuridad de la casa.
-Coge ese cuchillo. Hoy te va a hacer falta.-Habló con su típico tono fuerte Kratos mientras observaba como su hija agarraba el cuchillo y comprobaba su filo.
-¿Para qué me va a hacer falta, padre?-Cuestionó la chica.
-Una prueba. Si estás preparada para unirte al ejercito de la humanidad, imagino que sabrás cazar, ¿no?-Habló el mayor mientras su voz se iba acercando cada vez más a su hija.
-Sí, claro que sé.-Afirmó la chica con mucha seguridad a pesar de que estaba muerta de miedo por el tipo de prueba que su padre tendría para ella.
-Pues enséñame lo que sabes.- Kratos salió de la oscuridad y finalmente se pudo comprobar todo su humanidad o lo que le quedaba de ella. La cicatriz sobre su estómago aún permanecía, siendo el recuerdo de la batalla de su vida. Su atuendo había cambiado considerablemente, aunque aún conservaba su falda de combate espartana su falda había sido heredada por Calíope y la adquisición de unas botas y pantalones acompañados de una hombrera de cuero reafirmaba de forma notable su cuerpo que permanecía con el horrible recuerdo en su piel pero que al parecer había adquirido más anchura. Su rostro era lo que más había cambiado, la perilla que una vez tuvo había sido sustituida por una potente barba azabache aunque el restro de sus facciones había permanecido igual entre ellas la cicatriz en su ojo derecho y el tatuaje que empezaba en el izquierdo y que poco a poco recorría todo su cuerpo.-Tengo hambre. Aliméntanos. Hoy cazarás ciervo.
Calíope agarró a duras penas el arco que su padre le lanzó a continuación. Al tiempo que salían de la casa la castaña agarró la alhambra de flechas y se la colocó en la espalda junto con el arco.
-De acuerdo, ¿por dónde cazaremos?
-Eres tú la que caza.-Respondió Kratos mientras él se colocaba en la espalda una imponente hacha de empuñadura rojiza.
-¿Sur?-Preguntó la chica mientras su padre le lanzaba una mirada que cuestionaba si eso era una pregunta o una afirmación.-Sur.
Padre e hija salieron de su hogar para adentrarse en el interior del bosque que lo rodeaba. Al tiempo que hacían eso pudieron comprobar el paisaje nevado que les rodeaba. Sin duda alguna el invierno había llegado y el bosque en el que vivían sabía perfectamente cómo expresarlo. Calíope no tardó en encontrar las huellas de lo que parecía ser un ciervo. La tarea de cazar no solo consistía en la habilidad con el arma sino también en ser un buen rastreador. Si se podía diferenciar una cosa de la otra, la tarea se volvía muchísimo más fácil.
Al final podría considerarse que fue el ciervo les encontró a ellos ya que al mismo tiempo que la castaña buscaba por un pequeño riachuelo e enorme animal de gran cornamenta y pelaje blanco apareció y salió corriendo.
-¡Padre, ahí está! ¡Vamos!-Exclamó la chica a medida que echaba a correr.
-Más lento, chico.-Afirmó Kratos mientras le seguían la pista al ciervo.-Tienes que pensar, no solo reaccionar. Sé fría y ten un plan.
Calíope no pareció hacerle caso a su padre ya que solo fue cuestión de segundo en que volvió a encontrarse con el ciervo y lanzó una flecha de su arco de inmediato a pesar de que Kratos la dijo que esperara.
El ciervo no tardó en dar se cuenta en el peligro en el que estaba y a pesar de la flecha que tenía clavada en su pierna echó a correr como si no hubiera un mañana.
Kratos de inmediato le quitó con fuerza el arco a Calíope y la miró con una expresión de ira en su rostro.
-¡¿Qué estás haciendo?! ¡Ahora tendrá la guardia alta y estará alerta! ¡Solo dispara…!-El espartano trató de tranquilizarse y respirar profundamente.-Solo dispara, cuando te diga que lo hagas.
-Sí padre, lo siento mucho.
-No lo sientas. Sé mejor. Encuéntralo.-Ordenó el padre mientras le negaba a su hija el arco.-Encuéntralo.
La muchacha no tuvo tiempo de ponerse a pensar en cómo convencerle a su padre que le devolviera el arma después de peligro que se les avecinaba.
Cuando Calíope echó a correr oyó al poco rato un enorme estruendo que sacudió al suelo. Cuando la s castaña se dio la vuelta pudo observar que la distancia entre su padre y ella era tapada por un enorme de ser de características humanas, sin órganos sexuales, con una expresión en su rostro de ninguna conciencia o inteligencia y unos ojos puestos en Kratos. La chica sabía perfectamente lo que era aquella criatura.
-Un…titán…-Tartamudeó la chica al adquirir entendimiento de en qué peligro estaban ella y su padre.-¡Mi arco!
-¡No! ¡Aún no estás preparada! ¡Quédate atrás!-Ordenó el espartano mientras desenfundaba su hacha y se preparaba para el combate con aquella criatura.
El titán únicamente lanzó un ataque con uno de sus brazos para que colisionara en el guerrero de ceniza pero fue la sorpresa para el monstruo que su brazo no había alcanzado el objetivo ya que nunca llegó a llevar a cabo el ataque. El hacha de Kratos adquirió una aura azul y fue cubierta por una especie de capa de hielo sólido. El arma fue lanzada contra el brazo del titán una vez que este lo alzo. La bestia no pudo reaccionar una vez que el espartano dio un saltó directo hacia su cara y su arma regresó a sus manos como si fuera un boomerang para luego cortar a la bestia a la mitad desde el inicio de la cabeza hasta el estómago.
Una vez que el titán fue considerado por muerto, Kratos se dirigió hacia su hija y comprobó que estuviera a salvo. La muchacha salió de su escondite y miró a su padre de una pieza y al monstruo derrotado atrás suyo. Calíope sentía la necesidad de decirle algo a su padre pero Kratos únicamente le dio un alto con su mano y miró hacia abajo.
-Tu ciervo se está escapando. La prueba aún continua.
Sin mediar más palabras, los dos volvieron a su cacería. Durante el tiempo en el que tuvieron que volver a rastrear al ciervo al espartano le fue necesario pensar si realmente su hija estaba preparada. Ella nunca había matado una mosca en su vida y desde luego no a un titán. Kratos sabía que los chicos en los muros eran a veces sacrificados como ganado durante las peleas con los titanes y que no muchos era capaces de sobrevivir a pesar de la experiencia o entrenamiento de combate que pudieran tener. ¿Realmente estaría bien esperar que Calíope estuviera entre esos pocos? ¿O acaso no estaba bien el hecho de que al estar con la humanidad ella conocería a sus hermanos?
Kraots cortó su pensamiento cuando su hija encontró un punto elevado perfecto y preparaba su arco ya de vuelto para acertarle un tiro de gracia al animal.
-Espera a mi señal.-Dijo el espartano mientras su hija colocaba la flecha.-Relájate. No pienses en él como en un animal. Es solo un objetivo, aclara tu mente. Exhala…y suelta.
El silbido de la flecha inundó el silencio de bosque una vez que el animal cayo moribundo sobre el suelo de un cercano precipicio. Padre e hija se acercaron al pobre animal que yacía desangrándose en la nieve. Calíope sacó su cuchillo teniendo en mente lo que tenía que hacer: Acabar lo que había empezado.
La muchacha acercó su cuchillo al cuello del ciervo y con toda la fuerza de voluntad que tenía lo sostuvo con sus dos manos y empezó a hundirlo en la carne. La chica se detuvo cuando el animal se estremeció de dolor pero fue gracias a su padre que agarró sus manos para terminar de hundirlo en el cuello del ciervo y acabar con su agonía.
Calíope miró a su padre y él también la miró. Lo había hecho, la prueba estaba superada.
-Ahora estás preparada.
-¿Preparada para qué?
-Un nuevo comienzo.-Sentenció el espartano mientras él y su hija se dedicaban a ver el paisaje. Los árboles, los ríos, el prado congelado. Y más allá, donde casi las montañas heladas ya no dejaban ver…Los muros.
Matas jd: Espero que este capítulo también te guste y tranquilo yo también me llevé la misma sorpresa que tú al saber la verdadera historia de Cronos. Bueno la de Cronos y la de los otros dioses en general. Es bueno tener a un jugador de God of War aquí comentando.
