Asuka trataba de ignorarlo, de hacer a como que no ocurría nada, el hecho de que se sintiera tan observada. Y es que en efecto, sin si quiera estar manteniendo una conversación. Mari Makinami Illustrious no había dejado de mirar ni un solo segundo momento a la joven Shikinami, quien sólo dejaba salir su frustración cerrando los puños fuertemente contra la falda de su uniforme escolar; tratando de respirar tranquilamente, sin evidenciar su estado de nerviosismo, o al menos era lo que ella suponía, pues Mari podía percatarse perfectamente de que la pelirroja estaba nerviosa, incomoda, y eso le encantaba.
¿Que…? ¿Qué tanto miras, huh? — Murmuró Asuka sin atreverse a ver a la castaña, frunciendo el ceño en un vago intento por parecer ruda y más fuerte que la contraria.
A ti. — Respondió Mari, con obviedad y simpleza, tanta que Asuka se sintió más torpe aún.
…— La ojiazul apretó los labios aún con la mirada en su regazo, tratando de pensar rápidamente en una respuesta mordaz para la chica de gafas, pero lo mejor que pudo decir fue…— Idiota. — Concluyó mientras se ponía de pie.
Asuka hizo una búsqueda visual, tratando de dar con asientos libres cercanos, pero la mayoría estaban ocupados y los que se encontraban libres tenían de lado a un chico que le miraba de forma demasiado desagradable para su gusto. Después de todo Asuka era el sueño de todo chico, al menos visualmente hablando; porque tenía un genio que difícilmente alguien podría soportar o en el mejor de los casos dominar.
¿Se ha cansado de mí, majestad? — Asuka pudo escucho ese tono casi tan serio como burlón de tras suyo, y al mirar de reojo por encima de su hombro se encontró con la figura de Mari de pie también.
¿Uh? ¿Asuka… Mari-san? ¿Van a algún lado? — Preguntó Shinji que las notó desde el asiento de atrás, después de ignorar un poco el juego cariñoso con Kaworu.
Hemos decidido estirar un poco las piernas. — Pronunció Mari aprovechando de inmediato la oportunidad. — No se preocupen chicos, ustedes sigan en lo suyo.
Kaworu respondió a ello asintiendo con su habitual y serena sonrisa, mientras que Shinji le imitaba ligeramente más tímido que el otro. Sin embargo al ver esas respuestas tan de acuerdo con el comentario de Mari, que ciertamente era una mentira, Asuka resopló y dio un golpecito al suelo del vagón con el pie, para luego girarse dándole la espalda a los tres y empezar a caminar con prisa, deseando haber elegido ir a la escuela y no acompañarlos en este viaje que ni si quiera estaba segura de a donde los llevaba.
Mari no perdió tiempo, guiñó ambos ojos, sonriéndoles como despedida a los chicos y se dio la media vuelta también para seguir con un caminar más tranquilo a Asuka.
Entonces, le gusta más de lo que pensaba. — Murmuró Kaworu mientras las veía alejarse, entrecerrando un poco los parpados, en apariencia pensativa.
¿Eh? — Shinji desvió la vista hacía el joven de cabellos grisáceos y asintió suponiendo que entendía su comentario.
Creo que sí… Ni si quiera yo que vivo con Asuka soporto su mal genio en ocasiones. — Hizo una pequeña pausa sonriendo apenadamente. — A Mari-san debe gustarle realmente Asuka como para ser tan paciente. — Terminó por decir Shinji, convencido, pues nunca había visto a alguien ser tan persistente con su amiga.
"Yo no hablaba de Mari". — Respondió Kaworu, pero para sí mismo, en su mente, sin mover de nuevo los labios. Tan sólo giró el rostro a Shinji y le sonrió con dulzura y amabilidad. — ¿En qué estábamos, Shinji-kun?
Asuka había caminado demasiado rápido, tanto como para de cabina en cabina perder a Mari, pues había dejado de percibirla tras suyo, eso la hacía sentir aliviada, sin embargo molesta también. Se regañaba a si misma por sentirse 'bien' estando alejada de ella, eso significaba que su presencia le afectaba y no podía aceptarlo. ¿Cómo podría alguien fastidiar a la gran Asuka Shikinami Langley? ¡Era imposible!
Idiota, idiota cuatro ojos… — Murmuró mientras seguía apretando los puños, visualizando en su mente todas las sonrisas 'burlonas' que había podido captar de Mari desde que la conoció.
El lugar más escondido, un sitio en el bosque en el que nadie podría adentrarse a menos que su único deseo fuera la soledad. Envuelta entre delgados pero sumamente altos árboles, se encontraba una pequeña peliroja sollozando, luchando contra su propio llando para que las lágrimas no salieran, aunque su rostro expresaba enojo, sus rosadas mejillas estaban empapadas, mientras que su pequeño uniforme de explorador era humedecido por sus incesantes lágrimas.
La pequeña niña, de tan sólo seis años de edad lanzaba con fuerza piedras hacía el gran e inmenso lago que tenía frente suyo, apenas miraba una la recogía y usaba toda su capacidad física para lanzar aquellas rocas.
¡Tontos! ¡Idiotas! ¡Los odio! — La pequeña ojiazul se inclinó para tomar otra roca, una mucho más grande que las anteriores, más grande que sus pequeñas manos incluso.— Los… — Se acercó más a la orilla del lago, casi hasta que sus pies tocaran los últimos centímetros de tierra que delineaba el borde rumbo al agua. Los Odio… Los odio a tod-
Las intenciones de lanzar aquella pesada roca con todas sus fuerzas, se vieron desvanecidas por completo cuando sin quererlo, la pequeña Asuka resbaló gracias a la lodosa tierra del borde del lago, obligándola a caer con todo y roca en la profundidad del inmenso lago.
A unos metros, escondida tras un tronco robusto y oscuro, se encontraba una pequeña de la misma edad, cabellos castaños y gafas quizá un poco más grandes que su propio rostro. Cuando la niña castaña vio caer a la pelirroja, se alarmó de inmediato y sin pensar llamar a uno de los adultos a cargo del campamento ella misma, corrió hasta el lago, dejando en el camino su sombrero de exploradora que voló con el aire, su pequeña mochila e incluso sus lentes.
Pero la pequeña Mari paro en seco cuando estuvo frente al lago, sabía que era profundo por lo que los instructores del campamento habían dicho, sintió miedo. Pero armó un plan 'perfecto' se quitó el pañuelo rojo que estaba atado en su cuello como parte del uniforme de explorador, y lo uso para atarse rápidamente un pequeño muñeco de tela, lucía como un conejo, un perro tal vez, era una criatura amorfa. El compañero de aventuras de Mari.
Podemos hacerlo Chan.— Le habló al muñeco y sin pensarlo más se lanzó al agua.
Sin saber nadar, sin saber qué hacía, lo único que tenía claro es que iba a salvar a esa pequeña niña, a la que no se había atrevido a acercarse pues siempre veía como trataba a el resto de niños mal en el campamento, nunca la veía riendo o jugando, siempre la veía alejada del resto con cara de pocos amigos.
La había estado siguiendo cuando se dio cuenta de que sin el permiso de los prefectos, había salido de las cabañas. Aun cuando la vio llorar, insultándolos a todos, no se atrevió a acercarse, pero cuando la vio caer no lo dudo y corrió en su ayuda.
El agua era demasiado oscura para ver bien, y sin sus gafas era aún más difícil, había pasado casi un minuto desde que Asuka había caído, quien además yacía ya inconsciente con la piedra sobre su pequeño abdomen, provocando que su cuerpo bajara más y más. Mari podía verla descender, temió, pero no se atrevió a salir del agua, aun cuando el aire le faltaba, frunció el ceño con determinación y nado más aún, hacía abajo.
Cuando pensó que no podría seguir soportando más, pidió ayuda a su pequeño amigo, aquel que se había atado en el brazo.
No estaba segura de cómo, pero había conseguido salir del lago junto con la pequeña alemana, esforzándose al máximo por dejarla recostada sobre la orilla del lago, sentándose de rodillas a su lado, mirándola expectante, esperando a que despertará, a que abriera los ojos y la insultara por atreverse a tocarla, a interrumpirla.
Anda… — Dijo la infante castaña, mientras removía un poco el hombro de la pelirroja.— Vamos… abre los ojos… Dime algo feo… — Continuó pidiendo Mari mientras movía con mayor insistencia el hombro de Asuka, quien no parecía reaccionar.— ¡Vamos!
Mari insistía, moviendo el cuerpo de Asuka, sin saber cuándo sus ojos se habían puesto cristalinos y su garganta empezaba a sentirse apretaba, dejando que su suave e infantil voz se quebrara un poco.
La mitad inglesa no sabía qué hacer, tenía tanto miedo. Volteó a ver hacía su húmedo amigo de tela, rellenado con algodón. Suplicando con la mirada algo de su ayuda, y al verlo, recordó la clase de primeros auxilios que les habían dado a todos los niños el primer día del campamento. Sin dudarlo más puso las manos sobre el cuerpo de Asuka y empezó a presionar con ambas manos.
Golpéame, insúltame, grítame.- Pedía Mari en susurros mientras presionaba una y otra vez, hasta que de pronto, Asuka frunció el ceño y empezó a toser, dejando que algunos tragos de agua salieran de su pequeña boca, girando su cuerpo con molestia.
Mari quedó inmóvil mientras Asuka se incorporaba, apoyando las manos sobre la húmeda tierra y abriendo de poco en poco los ojos encontrándose con el rostro lloroso de Mari, quien mordía su labio inferior tratando de no romper en llanto, había vivido mucha presión para alguien de sólo seis años.
Entonces, sin previo aviso, la castaña se abalanzo a la pelirroja. Abrazándola con fuerza, tal como hace alguien que creía haber perdido a un ser querido. Asuka no lo entendía, su último recuerdo era haber luchado por volverse a la superficie del lago y ahora estaba empapada, a la orilla siendo abrazada por aquella niña, no lo entendía. No quería apartarla, se sentía bien estando cerca.
¡¿Pero qué te has creído?! ¡¿Por qué hiciste algo así de bobo?! — Gimoteaba Mari, tratando de sonar fuerte, tratando de reprender a Asuka, pero la voz frágil y quebrada de su llanto sólo desconcertaba a Asuka.
A diferencia del resto de niños, Asuka no había llegado al campamento Wille para divertirse, si no para liberar a sus padres de cuidarla, ninguno de los dos estaba interesado en hacerlo, después del divorcio ambos querían una vida más libre y la pequeña niña era un estorbo. No sentía que nadie se interesase por ella, y por ello mismo rechazaba a todos los niños y niñas que se le acercaban con temor a quererlos y que luego la dejaran tal y como habían hecho sus padres. Pero ahora… Aquella niña sin conocerla si quiera ¿Estaba llorando por ella? ¿Realmente se había preocupado por Asuka?
La joven Shikinami había caminado hasta el último vagón, con esperanzas de estar lo más alejada de aquellos tres, pero sobre todo de Mari. Aun así, seguía rodeada de gente, por lo que cuando vio una puertilla con el símbolo de sanitario, no dudo y tan sólo entro. Se dirigió hacia los lavamanos y apoyó las manos sobre la plataforma de estos, mirándose al espejo. Dejó salir un suspiró y abrió uno de los grifos, capturando un poco de agua entre sus manos y antes de que esta se le escapara usarla para refrescar su rostro, encorvándose un poco apartando la vista del espejo.
Así que, aquí estas, princesa. — En aquella silenciosa habitación se escuchó aquella voz que tanto irritaba a Asuka.
Mari había llegado donde ella, y no sólo eso, se había atrevido a cerrar la puerta del servicio con seguro, para que nadie más pudiera entrar.
Asuka de inmediato se irguió y volteó a ver a Mari quien empezaba a caminar lentamente hacía ella.
¿Qué haces aquí? ¿Es que no puedes dejarme a solas un rato? — Se impuso con presencia, tratando de no parecer frágil frente a la castaña.
¿Dejarte sola? Te expondría a muchos peligros. — Respondió tranquilamente la chica de gafas, sin detener su andar.
Soy… soy lo suficientemente mayor… Tengo 16 años ya. — Titubeó un poco y también retrocedió un par de pasos al ver que Mari no se detenía y seguía avanzando hacia ella.
Soy un par de meses mayor — Dijo Mari mientras detenía de pronto su paso. — Mi deber es cuidarte.
¿Y por eso… Me has encerrado en el baño… Pe…Pervertida? — Preguntó mientras miraba de reojo la puerta del baño.
Mari no respondió a eso, sólo volvió a caminar, alterando a Asuka, tanto que también ella retrocedió por inercia, hasta que su fina espalda fue a chocar con el frio muro. Dejandola sin escapatoria. La chica castaña llegó hasta estar frente suyo, apoyó las manos sobre la pared, encerrando a Asuka con los brazos y acercar el rostro al de Asuka casi hasta que sus narices rosaran.
¿Querer estar contigo…? ¿Me hace una pervertida? — Preguntó en un susurró la mayor de las dos.
Aquella pregunta, había dejado a Asuka sin habla, su corazón volvía a bombear con fuerza, con tanta que temía que Mari pudiera escuchar sus frenéticos latidos. De nuevo estaba atrapada y no estaba segura de como haría esta vez para escapar.
