No, no, no, si quieres venir con nosotros no traigas a Asuka-chan, ella es muy mala, no nos agrada. — Dijo una pequeña de cabellos rubios con un acento especialmente austriaco, hacía Mari.

Se equivocan, ella es muy divertida, siempre que jugamos… ¡Nos reímos mucho! — Respondió la pequeña de gafas, incluso añadiendo ademanes de sorpresa y gran magnitud al hablar para convencer a los otros niños.

Lo siento Mari-chan. — Negó la rubia y se dio la vuelta sujetando mejor los tirantes de su mochila de acampar. — Vamos chicos. — Le habló al resto de niños que miraban con algo de lastima a Mari, pero al final siguieron el andar de la rubia desapareciendo entre la oscuridad que la noche le otorgaba al bosque.

Asuka estaba de pie, escondida tras uno de los árboles, había oído todo, ahora mismo abrazaba el muñeco que Mari le había obsequiado para que no se sintiera sola cuando no estuvieran juntas. Abrazaba a ese pequeño muñeco de tela llamado Chan, con todas sus fuerzas, mientras con la cabeza gacha cerraba los ojos tratando no llorar.

Los niños del campamento habían planeado adentrarse en el bosque a escondidas, sin la autorización de los adultos y hacer una gran hoguera, donde contarían historias tenebrosas y comerían algunos malvaviscos. Mari creyó que eso sonaba muy divertido y si Asuka y ella pudieran ir juntas sería fantástico, ahora que había descubierto que Asuka era tan diferente a como todos la veían.

Sin embargo, sus compañeros habían rechazado la propuesta de Mari de llevar a Asuka, aunque a todos les agradaba la castaña, no compartían la misma emoción por la pequeña mitad alemana.

La pequeña de gafas sólo pudo suspirar y agachar la cabeza, Asuka y ella habían preparado todo para unirse a ellos, incluso habían recolectado algo de leña por la tarde, habían empacado malvaviscos y pensado en las historias más espeluznantes para contar a sus compañeros. No sabría cómo decirle que no se unirían a ellos. Sin embargo ya pensaría en algo. Mari se dio la vuelta y empezó a caminar de nuevo rumbo a las cabañas, pero entonces pudo escuchar un par de sollozos y al seguirlos se encontró con Asuka.

Prin… Princesa ¿Estabas a aquí todo el tiempo? — Preguntó Mari con sorpresa y algo de preocupación.

… — Asuka sólo pudo asentir, mientras usaba las mangas de su chaqueta para limpiarse las lágrimas de los ojos.

Mari no tardo nada y corrió para quedar frente a la pelirroja y tomarle por los hombros, mirándola con una sonrisa que le costaba dibujar, debido al llanto de la contraria.

No lo entiendo, pero ¿Por qué es que lloras? — Preguntó la castaña como si no hubiera razones para estar triste.

Lo… Lo siento, e… es mi culpa — Dijo Asuka hipando, luchando por dejar de llorar.

Es que… ¿A caso no lo ves? — Preguntó Mari ampliando tan sólo un poco más su sonrisa, pues feliz, enojada o incluso triste Asuka no dejaba de parecerle una niña de la realeza. — Princesa tonta. — Dijo en un susurró la pequeña castaña y de forma repentina se empujo para abrazar a la pelirroja.

Asuka quedó paralizada, aunque sus mejillas seguían húmedas y sus ojos cristalinos, un rubor rojizo se había aparecido sobre sus tiernas mejillas. Sus manos quedaron suspendidas en el aire como si no supiera donde ponerlas. Mientras que Mari sin problema envolvía el pequeño cuerpo de la mitad alemana con sus cortos brazos.

Esto no quiere decir que no vayamos a hacer todo lo que planeamos para esta noche. — Murmuró Mari en un tono lúdico al oído de Asuka.

¿Q…que quieres decir? — Preguntó la pequeña ojiazul con la voz algo cortada por el previo llanto.

Lo haremos, y será mejor aún ¿Sabes por qué? — Mari se alejó un poco para poder ver el rostro de Asuka y le dedicó una sonrisa sincera y bastante emocionada.

¿Por… Por qué? — La pelirroja no lo entendía, no tenía idea de porque Mari parecía tan feliz aun cuando habían rechazado que las dos acompañasen al resto de sus compañeros en la salida secreta.

Por qué sólo estaremos tu y yo, princesa. — Respondió la castaña con bastante simpleza y alegría contenida.

Esa respuesta hizo que el rostro consternado de Asuka, quisiera llenarse de lágrimas de nuevo y no de tristeza, sabía que no era así. No se sentía triste, estaba segura de que no le había dolido lo que Mari había dicho, sino todo lo contrario. Pero entonces ¿Por qué sus ganas de llorar? No lo entendía, aun así, todo lo que su pequeño cuerpo quería hacer era abrazar con todas sus fuerzas a la pequeña Illustrious, y así lo hizo. Bajo la luz de la luna llena, ocultas entre aquellos altos y delgados árboles, esas dos pequeñas tuvieron el abrazo más significativo de sus cortas vidas; y además una de ellas había descubierto que no sólo el dolor y la tristeza producían el llanto. También era posible llorar y estar feliz.

¿Chicas? — Volvió a preguntar la voz de Kaoru.

¿No están ahí? — Se escuchó la voz de Shinji tras la puerta también.

Creo que no, deberemos buscar al otro lado del tren. — Dijo Kaoru, para luego dejar sonar sus pasos alejarse y los de Shinji seguirle casi al instante.

Asuka y Mari habían ignorado por completo el llamado de los chicos, Asuka no era capaz de alzar la voz y Mari de abandonar su tarea.

Princesa… No sé qué hacer, cada vez… — Entreabrió los ojos y dedicó una especial mirada al abdomen plano y pálido de Asuka. — Cada vez estas más caliente… Quizá debamos buscar un médico… — Murmuró Mari mientras subía una de sus manos frías hasta dar con el vientre de Asuka y dibujar pequeñas caricias circulares sobre su piel.

N…No… No, Y…Yo no quie… Yo no quiero un… Un…. Un médico. — Respondió Asuka como su voz se lo permitía, sintiendo un montón de vibraciones corporales que nacían a partir de los dedos fríos de Mari sobre su tibia piel.

Eso significa que ¿Quieres que yo sea tu médico? — Respondió la castaña, mientras alzaba la vista hacía el rostro avergonzado de Asuka, poniéndose de pie lentamente hasta que sus rostros quedaran a la misma altura. — No me importaría cuidar de ti princesa, lo haría sin importar el tiempo que tardes en sanar.

Aquellas palabras obligaron a Asuka a abrir los ojos y mirar con sorpresa a Mari, sin desvanecer ni un solo segundo aquel intenso carmín que coloreaba de vergüenza su rostro. Se atrevió a mirar los ojos de la joven Illustrious, tratando de buscar el juego, la broma, la burla; pero no había nada de ello, no podía hallarle defecto a esa mirada.

La pelirroja tragó largo, y temblorosamente alzo sus manos a una velocidad bastante moderada, sus dedos llegaron hasta tocar el rojo armazón de las gafas ajenas. Y muy cuidadosamente haló de sus anteojos con intención de apartarlos del rostro de Mari. Cuando los quitó completamente pudo volverse en el tiempo, ver a esa pequeña niña alegre, que con sus bromas y juegos conseguía llenar de alegría su corazón, rompiendo cada capa de hielo que la pequeña Asuka había armado.

Te recuerdo… — Murmuró Asuka, frunciendo un poco el ceño, como si le costara decir esas palabras, en su voz se notaba que no le era tan sencillo. — Yo… Te recuerdo… Te recuerdo cuatro oj…

Y así, antes de que Asuka pudiera culminar con su dialogo, antes de que pudiera terminar de hablar, Mari no lo había podido evitar. Ver a la ojiazul, enrojecida, a medio vestir, avergonzada y con esa temperatura corporal tan contagiable; simplemente no lo pudo evitar, sus instintos fueron más rápidos que su razón y sin preocuparse por nada más que no fueran los labios de la joven Shikinami; la beso.

El cuerpo de la más joven se alteró inmediatamente, cada uno de sus músculos se tensaron, se espalda se pegó completamente a la fría pared, y sus ojos se abrieron ligeramente más de lo habitual. Su primer impulso fue tratar de empujar a Mari, no dejarla, no continuar, pero los labios de Mari se movían con extrema suavidad contra los suyos, rogando por ser correspondidos, por lo que sin poder si quiera dejar que su mente eligiera cual era la mejor respuesta… Los ojos de Asuka se cerraron lentamente, sus músculos lucharon por destensarse y deshacer la rigidez de su cuerpo, mientras que tratando de imitar a Mari, sus labios se movían con lentitud y una torpeza e inexperiencia que encantaron a la joven Illustrious.

Ninguna de las dos estaba segura de sí había pasado un minuto o un segundo, el tiempo parecía haber perdido razón apenas sus labios se rosaron. No oían nada que no fuesen los latidos de la contraria chocar contra su propio pecho, sus respiraciones contenidas, chocando una con otra en aquel beso, no había otro sonido. No lo había hasta que…

Un ligero temblor se hizo de la cabina del tren, acompañado del sonido estruendoso de una campana que anunciaba que el tren frenaba y estaba por arribar, habían llegado a su destino. Aquello hizo a Asuka regresar a la realidad y apartarse de los labios de Mari, empujarla y en seguida darse la vuelta, dándole la espalda a la castaña. Su respiración estaba agitada, su corazón latía más rápido de lo que podía imaginar era posible, haciendo que su semidesnudo pecho subiera y bajara. Se miró así misma casi desnuda por manos de la chica castaña, y cerró los ojos con vergüenza y enojo.

Asuka quería maldecir, pero antes de hacerlo, sintió como las manos de mari de nuevo se aparecían sobre ella, haciéndola tiritar ligeramente. Para su desgracia o fortuna, esta vez la joven Illustrious se ocupaba de poner en el sitio debido su ropa, acomodando la camisa de Asuka, su uniforme e incluso el corbatín, todo desde atrás, mirando por encima del hombro de Asuka para asegurarse de no cometer ningún error, dejando impecable la apariencia de la ropa de la menor.

Princesa… ¿Podrías devolverme las gafas antes de salir? — Preguntó tras ella con un tono suave de amabilidad.

Tú… — Tragó largo mientras miraba los anteojos rojos sobre sus manos. — ¿No puedes ver nada sin ellas, verdad?

Naturalmente, es mejor si las llevo puestas. — Asintió Mari con una tranquila sonrisa esperando recibir de vuelta aquel objeto.

Has necesitado anteojos desde pequeña… — Susurró Asuka mientras continuaba con la mirada fija en las gafas.

¿Ah? ¿Cómo sabes eso? — Preguntó Mari confundida.

Y como si esa pregunta hecha por la castaña hubiese significado el peor de los insultos para la pelirroja; Asuka apretujó las gafas y las dejó caer al suelo con enojo. Se giró para ver a Mari con una furia superior a la de los vestidores, o a la de los asientos.

¡Idiota cuatro ojos! — Fue todo lo que se escuchó antes del sonido de un fuerte golpe, propinado por Asuka hacía Mari.

La pelirroja salió del servicio, enfurecida, caminando rápido y fuerte; dejando de pie junto a los lavamanos a Mari, con la mejilla derecha rojiza como resultado de la bofetada que Asuka le propinó. El rostro de Mari demostraba confusión, no podía entender el comportamiento de Asuka y Asuka no podía entender el de Mari.

Después del campamento Wille, ninguna de las dos se volvió a ver hasta que cumplieron la edad de 16 años, Asuka pudo identificar a Mari en seguida, supo que era ella, las gafas, esa sonrisa audaz, el color azulado y verdoso en sus ojos. Sabía que era ella, la misma niña del campamento Wille pero, por alguna razón Mari no parecía tener idea de quien era Asuka y eso entristeció a la mitad alemana, y como estaba acostumbrada el hecho de sentirse débil por algo o por alguien, producía en Asuka que el mecanismo de defensa que tenía como protagónica a la furia y al enojo apareciera.

¿Cómo podía Mari no recordarla, cuando Asuka le recordaba tan bien?

¡Un parque de diversiones! — Exclamó Shinji muy emocionado mientras miraba al frente el montón de gente ir y venir riendo, la música, los colores, los juegos mecánicos, las tiendas, y atracciones dignas de todo sitio de entretenimiento.

Me alegra que te guste Shinji-Kun. — Asintió Kaoru, para luego voltear a ver a Asuka y preguntarle. — ¿Te gusta a ti, Shikinami-san?

Sólo quisiera estar en la escuela. — Asuka sólo se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.

Pero Asuka, mira todo eso… Es tan… woa… — Trato de animarla Shinji, pero una vez más la mirada del castaño se había perdido en el esplendor que irradiaba el parque.

Shinji…— Volteó a ver al chico la pelirroja y apretó los labios con algo de desagrado. — Vayamos juntos.

Lo siento Shikinami-san, pero me gustaría disfrutar el sitio con Shinji-kun, si no te molesta. — Kaoru tomó al joven Ikari de la mano, les sonrió a las chicas y se despidió con la mano libre para luego empezar a caminar y perderse entre el mar de gente.

Idiotas. — Murmuró Asuka, miró de reojo a Mari y suspiró molesta empezando a caminar, tratando de ignorar a la chica de gafas.

Oh… Princesa, espérame… — Dijo Mari, quien al notar que Asuka se alejaba empezó a seguirle el paso, temiendo que se perdiera.