¿Qué? Cómo es que nadie pudo haberlos visto… — Murmuró Misato molesta, mientras se levantaba de golpe de su escritorio.

Seguramente te dijeron a donde irían, pero no fuiste capaz de prestarles atención. — Respondió una mujer rubia y de cejas pronunciadas, la profesora Ritsuko Akagi.

¿Qué dices? — Resopló Misato, dejando el ceño fruncido mientras miraba a la rubia. — Es obvio que decidieron ponerse románticos y tener una cita juntos.

Ante el comentario de Misato, Ritsuko tan sólo pudo reír muy delicadamente, cubriendo su boca con el dorso de la mano derecha para no extender su carcajada. Misato sólo le miró con extrañeza e infló un poco las mejillas como si de una niña pequeña se tratara.

¿Qué resulta tan gracioso? — Preguntó la mujer de cabellos oscuros a la contraria.

Dudo mucho que Shinji y Asuka se vean de ese modo. — Continuó Ritsuko mientras ordenaba algunos papeles sentada en su propio escritorio.

Se nota que no sabes nada de adolescentes, Shinji y Asuka son dos jóvenes en pleno desarrollo sus hormonas empiezan a brotar por ahí, buscando compañía del sexo opuesto. — Dijo Misato en un tono bastante filosófico.

Quizá… Algo de lo que hayas dicho tenga sentido, pero no la última parte, lo aseguro. — Mencionó la rubia tranquila, dando un sorbo a su taza de café.

¿Qué? ¿A qué te refieres?— Misato ladeó el rostro y miró confundida a Ritsuko.

Asuka siempre ha rechazado a todos los chicos que la pretenden, a sus dieciséis años, no la hemos visto saliendo con ningún muchacho ¿O no? — Continuó explicando Ritsuko con un aire desinteresado pero seguro.

Estas diciendo que a Asuka… ¿No le gustan los hombres? — Misato se acercó al escritorio de Ritsuko, mirando a la misma con los ojos a medio cerrar y los brazos cruzados.

Es una posibilidad. — Dijo Ritsuko con simpleza mientras continuaba con sus tareas.

Bueno eso… — La mujer de cabellos oscuros quedó pensativa, pues las palabras de Ritsuko tenían algo de cierto.

Asuka siempre rechazaba a sus pretendientes, sin importar que tan apuestos o listos fuesen, sin importar el número de regalos ostentosos que le ofrecieran, siempre terminaba en lo mismo, con la pelirroja diciendo que cada uno de ellos no era más que un idiota que no se acercaba si quiera a su nivel. Asuka siempre había sido orgullosa, así que Misato lo notaba natural, pero la mayoría de chicos de su edad ya se mostraban interesados en alguien.

Asuka no tiene que portarse romántica con nadie para significar que le interesa un muchacho, ella no es así. — Continuó Misato tratando de refutar la idea de Ritsuko.

No, Asuka jamás se portaría de ese modo, lo sabemos… — Ritsuko se quitó las gafas de lectura y junto ambas manos sobre el escritorio, alzando la vista para mirar a Misato. — Asuka no haría cartas de amor, compraría obsequios o tarjetas… Para demostrar su interés, ella… Ella más bien… — Ritsuko sonrió y desvió la mirada hacía la ventana de la oficina de profesores. — Ella más bien se alteraría mucho cuando nombrasen el nombre de la persona por la que está interesada, se molestaría mucho si la relacionaran con esa persona de cualquier modo, hablaría un montón de esa persona, pero nada positivo… Y sobre todo, trataría de mostrar a toda costa que ella es mejor que esa persona.

Cuando Ritsuko terminó de hablar, se colocó las gafas nuevamente, devolvió la vista a los documentos que estaban frente a ella y continuó con sus tareas como si nada, mientras que Misato había quedado de pie frente a ella con un montón de ideas rondándole la cabeza, las palabras de la mujer rubia de pronto encajaban en la convivencia con Asuka. Pero sólo terminó por negar con la cabeza y darle la espalda a Ritsuko.

Mientras tanto en otro sitio parecido, donde el escudo de la institución no era protagonizado por la letra N, sino por la J. Una joven de cabellos cortos y azulados, mirada carmín y piel tan blanca como la misma nieve se encontraba lista para salir antes del horario de fin de clase.

Bueno, es verdad Ayanami-san; Nagisa y Makinami me pidieron el día, se los di… Pero se supone que es un secreto. — Le dijo Kaji a la chica de también aproximadamente 16 años de edad.

No le diré a nadie, permítame ir también. — Respondió con un tono muy suave y casi frío de voz, la chica de pálida piel.

Pero, ni si quiera sabes dónde han ido… — Respondió Kaji metiendo las manos a los bolsillos de su pantalón.

¿Usted lo sabe? — Preguntó la joven de mirada escarlata.

Por supuesto, fueron al parque de diversiones del centro, pe…— Antes de que siguiera hablando, fue interrumpido.

Déjeme ir. — Insistió la joven, incluso poniéndose de pie abandonando el asiento que Kaji le había ofrecido previamente.

Pero… Se supone que soy orientador, no puedo dejar q…— De nuevo, la chica interrumpió.

Déjeme ir y prometo no decirle a nadie. —

Ah… — Suspiró el hombre mayor y asintió. — Puedes irte… Te prepararé un justificante médico, sólo aguarda unos minutos, no quiero meternos en problemas.

La chica sólo asintió, sujeto con ambas manos el mango de su maletín, apretándolo un poco, mientras miraba a la ventana de la sala, Kaji ya se había puesto a escribir el documento, apenas lo tuviera correría e iría a donde el mayor le había mencionado.

Makinami-san… — Un inaudible susurró salió de los labios de la chica de cabellos azules mientras dejaba la mirada perdida al horizonte tras el cristal.

Desde la hora de entrada a clases, un tiempo considerable había pasado, Shinji y Kaoru se habían perdido en la magia y diversión que ofrecía aquel parque, mirando todo sin estar seguros de que atracción querrían probar primero. Mientras que Asuka sólo caminaba y caminaba esperando perderse de Mari, pero la segunda sin importar que tan hábil o escurridiza tratará de ser la pelirroja, terminaba por encontrarla y seguirle el paso.

Princesa, vamos… ¿No tienes que ir tan rápido o sí? — Dijo Mari mientras seguía caminando tras ella.

Pero por supuesto, Asuka no pretendía voltear a mirarla si quiera, estaba muy molesta y cada vez que fallaba en perderse de la castaña se enojaba aún más. Perdió la paciencia y no hizo más que voltearse de pronto, apretar los puños y fruncir su ceño con una muy evidente molestia.

¡Deja de seguirme! — Exclamó con fuerza, para su sorpresa Mari ya no estaba tras suyo, en cambio un montón de personas la miraron extrañados por el repentino grito hacía sabia nadie quien. — Y… Y.. ¡Y ustedes que miran! — Respondió Asuka más molesta aún, dándose la vuelta de nueva cuenta, acelerando más su paso, sólo quería irse de ahí, una vez encontrará a Shinji se iría con él sin importar si Kaoru estaba de acuerdo o no.

Pero mientras más caminaba la joven Shikinami, más se veía perdida, era un sitio bastante grande, pero no quería tener que preguntar o pedir ayuda para dar con la salida pues no se iría sin Shinji.

Sin embargo, de pronto un grupo de chicos que lucían algunos años mayor a ella empezaron a seguirle, hablándole desde atrás, halagándola. Asuka los ignoró y trato de acelerar el paso hasta que uno se atrevió a tomarle por el hombro con poca delicadeza para detenerla. La chica ojiazul se detuvo instantáneamente y volteó a ver con enojo al grupo de chicos.

Eres más bonita de lo que creíamos, ¿Por qué no nos acompañas? — Preguntó el chico que la había tomado del hombro, tratando de atraerla a ellos. Pero Asuka de un golpe apartó la mano de aquel.

Basuras. — Fue todo lo que respondió, se dio la vuelta y siguió caminando, o al menos eso pretendía, pero en seguida sintió como ahora tomaban una de sus muñecas.

Que niña tan mal educada, parece que necesita que le enseñen una lección. — Se escuchó la voz del hombre con cierta burla al ver que aunque la pelirroja trataba de soltarse no podía hacerlo por la evidente diferencia de fuerzas.

¡Déjame, pedazo de imbécil! — Exclamó Asuka al tiempo que alzaba una de sus rodillas para golpear con fuerza la entrepierna de aquel muchacho.

Por supuesto aquel doloroso golpe hizo que el chico la soltara enseguida, pero también logró que él y el resto se enfurecieran. Al ver sus expresiones, Asuka maldijo en un susurró, se giró y empezó a correr tras haber escuchado el grito del joven herido "¡Atrápenla!"

Asuka corría lo más rápido posible, pero sentía que los chicos pisaban sus talones, el aire se le acababa, y esos hombres inmaduros no parecían tener intenciones de detenerse. El sudor formado en sus sienes hacía que sus cabellos se pegasen ligeramente a su piel, empezaban a flaquearle las piernas y entonces, para su fortuna. De pronto escuchó un par de bultos caer al suelo y sonidos de queja que pertenecían a esas mismas voces que la habían estado fastidiando.

El sonido y el dejar de escuchar los pasos apresurados tras ella, la hicieron detenerse y girarse tan sólo un poco. Encontrándose así con aquellos muchachos tirados en el suelo, uno sobre el otro, con expresiones de dolor en su rostro que les había dejado tremendo tropezón, un tumulto mirando la aparatosa escena, pero mejor que ver a esos chicos derrotados frente a ella, fue que a un lado estaba Mari con la pierna apuntando tras los jóvenes, les había puesto el pie en medio de su carrera y así obligarlos a caer. Su expresión por el contrario no era el de una niña haciendo travesuras, sino al contrario parecía estar molesta de algún modo. Llevaba en sus manos dos bebidas, se acercó a Asuka con esa expresión de reproche en su rostro, le hizo tomar una de las bebidas y en seguida sacó un pañuelo del interior de su saco.

¿Lo ves princesa? Por eso es que es tan peligrosa que andes sola. — Como si de su hermana mayor se tratase, Mari le reprendió mientras con el pañuelo empezaba a secar el sudor de Asuka, procurando que su uniforme estuviese en excelentes condiciones, arreglando el flequillo de su cabello y pequeños detalles en ella. — Bebe eso, debes estar cansada. — Le dijo con esa misma expresión de enojo, por haberla preocupado. La castaña tomó de la cintura a la pelirroja y como si nada hubiera pasado empezó a irse con ella, dejando a aquellos chicos tratando de levantarse.

Princesa, si alguien te molesta, debes llamarme y yo arreglaré; pero sobre todo, no debes alejarte de mí y así estarás segura.

La mitad alemana no tenía palabras ciertas, debía agradecerle, pero obviamente no haría eso, podría apartarla y ofenderla como siempre lo hacía, pero acababa de ayudarla. Acababa de 'salvarla' sin si quiera sudar una gota, había traído incluso algo de beber, se había preocupado por limpiarle el sudor y arreglarle el uniforme. ¿Cómo podría ser grosera si Mari le mostraba un lado así de tierno?

Dime, ¿Estas bien? ¿Te lastimaste? — Le preguntó la chica de gafas a la ojiazul, mientras examinaba su cuerpo esperando no encontrarle ningún desperfecto.

E…Estoy bien. — Dijo con algo de recelo, muy bajito, como si no quisiera ser escuchada siendo 'amable' o más bien no siendo grosera.

Hm. — Respondió Mari no muy convencida, apartando la mirada de Asuka y alzarla hacía el frente, alzando las cejas emocionada al ver a unos metros de distancia la gran rueda de la fortuna. — Oh… ¡Vamos ahí!

Mari sujeto de la mano a Asuka y empezó a correr apresurada hasta aquel lugar, andando entre la gente, tomadas de la mano, corriendo como si de nuevo fueran pequeñas niñas en busca de una aventura que no necesitaba tener más protagónicos que el de su acompañante y el propio.

Princesa… ¿Cuál es tu lugar favorito? — Preguntó una pequeña castaña mientras, buscaba la mano de la pequeña niña de ojos azules.

Hm… El cielo. — Respondió la más pequeña de ambas, mientras miraba hacia arriba, justamente aquel cielo estrellado adornando por el brillo especial que ofrecía la luna llena.

¿El cielo? Jo, yo iba a decir que una dulcería… ¿Por qué el cielo? — Desvió su mirada hacía su pequeña amiga con una expresión curiosa.

Desde ahí… Creo que se podría ver todo, me gustaría estar ahí. — Dijo en un tono bajo mientras su mirada se perdía arriba.

Bien, pues un día te llevaré y veremos todo desde ahí juntas. — Asintió Mari decidida, apretando con más fuerza la mano de Asuka.

Ambas habían salido solas a acampar, ahora se encontraban recostadas sobre una manta por fuera de su casa de campaña, con el fuego de la chimenea a su lado, la madera crujiendo ante las brasas del fuego y el cielo cubriéndolas con toda su inmensidad; con sus pequeños dedos entrelazados una mano con la otra.

Cuando menos se dio cuenta, Mari ya estaba sentada frente a ella, ambas cautivas en una de las cabinas de la noria. Con la luz naranja del atardecer filtrándose en los cristales de aquel cubo que colgaba de la inmensa rueda, que de poco en poco empezaba a moverse, subiéndolas con una lentitud completamente agradable, hipnotizante para Asuka. Podía ver el fondo tras la castaña cambiar, de personas a otras atracciones, edificios y de pronto, tan sólo el cielo tras ella. Y de nuevo veía en ese emocionado rostro que se asomaba por la ventana y saludaba a la gente de por debajo, a la niña de coletas y gafas que la había hecho pasar la mejor época de su vida.

Naciste en Inglaterra… ¿Verdad? — Preguntó Asuka en un tono serio, mientras apoyaba sus manos sobre el regazo, mirando fija a Mari.

¿Uhm? — La voz de Asuka hizo que Mari dejará su torpe tarea de tratar de hacer señas a las personas de abajo y voltearse a verla. — Así es… Debiste saberlo por mi apellido. Aunque Langley tampoco es muy común en Japón y ese acento tuyo es muy tierno.

… — Asuka no respondió nada, sólo pudo desviar la mirada hacía la ventana también y susurrar muy vagamente "Cuatro ojos, idiota".

Princesa… ¿Por qué eres tan poco amig… — Mari no pudo concluir su pregunta, Asuka le robó la palabra.

¿Por qué demonios me llamas princesa, ah? — Asuka no fue capaz de voltear a Mari, tan sólo apretó fuerte los puños sintiendo ese calor molesto hacerle en las mejillas.

Te lo he dicho antes ya… — Cuidadosamente Mari se levantó de su asiento; apoyó una rodilla sobre el suelo, y las manos las apoyó sobre el asiento a los costados de Asuka. — ¿Será que lo has olvidado? — Murmuró la castaña buscando ahora las manos de la pelirroja y entrelazar sus dedos con los de ella.

¡No! — Volteó Asuka en seguida a verla, sin saber por qué esas palabras habían tocado fibras sensibles en su interior, consiguiendo que sus ojos se miraran cristalinos. — Yo no lo he olvidado, yo… Yo lo recuerdo todo. — Dijo con la voz a medio cortar, frágil, apretando el agarre en las manos de Mari. — Pero tú… Tú estúpida cuatro ojos, pareces no saber nada…

Pero si yo no lo olvidado princesa… Mi princesa… — Enfatizo la propiedad al final, mientras se erguía un poco más, consiguiendo que su rostro y el de Asuka quedasen a la altura, apuntando con su boca la ajena, a nada de tener contacto labial…