Como siempre: Gracias, gracias, gracias, por los reviews por todos. Hoy me he propuesto actualizar a buena hora española (15:30) y no las tantas de la madrugada como hago otras veces. Aún no he respondido vuestros últimos reviews lo haré luego porque ahora estoy bastante cansada.
Bueno este es un capitulo de transición como yo los llamó, vamos que como todos los primeros son relajados, de presentación de los diferentes personajes y sus respectivas historias para ir adentrándonos poco a poco.
No me enrollo más... ¡DENTRO CAP!
No es oro todo lo que reluce.
— ¡Scorp por favor perdóname, no ha sido culpa mía!
— ¡Lárgate!— Gritó a su hermana desde el interior de su cuarto. Luccia aporreaba la puerta desesperadamente.
— ¡De verdad que lo siento! ¡Perdóname! ¡Perdóname! ¡Perdóname!— Dijo ella poniendo voz de bebé.
— ¿Eres sorda? ¡Qué te vayas! ¡Déjame en paz!
— ¡Yo no tengo la culpa de que te hayan expulsado una semana por tu pelea con Cormac! Además es sábado ¿No vas a salir…?
— ¡…Vete! ¡Vete! ¡Vete! ¡Vete! ¡Veteeee!— Estaba enfurecido. En el fondo no culpaba a su hermana, sabía que el auténtico causante de todo era el cerdo de McLaggen, pero aún así estaba resentido con Lu. ¿Por qué no se daba cuenta de cómo era su novio?
La chica se cansó y decidió bajar a la cocina, la cual estaba menos ajetreada que de costumbre. El desayuno estaba servido, con varias jarras de zumo de diferentes frutas, tostadas con mermeladas… Justamente en ese momento Florián sacaba una tarta de queso cubierta de fresa.
— ¿Le apetece un trozo señorita?— Ofreció la mujer con su simpatía habitual.
—Si, por favor— Al instante la rubia, que aún llevaba puesto su pijama color rosa, tenía un trozo de pastel encima de su plato.
— ¿Sirope de fresa?
La chica asintió y tomó una cuchara para llenarla de su salsa favorita.
— ¿Bajará el señor Scorpius a desayunar?
—Lo dudo…—Dijo Luccia mientras engullía tarta sin parar—…Le han expulsado…—Florián miró a la chica teatralmente.
— ¡Pobre señor! ¿Saber el señor Draco que Scorpius está…?
— ¡…No por supuesto que no lo sabe! Y tú no se lo dirás...— Dijo la chica con complicidad
—Sabe que puede confiar en mí señorita Luccia.
—Si mi padre se enterara de esto probablemente mataría a Scorp y a Cormac…
— ¿Por qué iba yo a querer matar a McLaggen?— Draco irrumpió en la cocina, se le veía recuperado. Llevaba puesto los pantalones del chándal, pero no llevaba la camiseta. La toalla que llevaba alrededor del cuello y el pelo mojado indicaban que acababa de ducharse. Abrió la nevera, tomó una botella de leche y bebió.
— ¿Dónde está Scorp?— Preguntó Draco mientras ponía la botella encima de la mesa donde Lu desayunaba.
—Está en su habitación, está enfadado conmigo, no bajará.
— ¿Y eso?
—Cosas de hermanos papi— Dijo la chica encogiéndose de hombros.
— ¿Está Marie en casa? Cuando me levanté, no estaba en la cama.
—Se marchó esta mañana, cada día está más emocionada, dice que su investigación acerca de la organización esa está llegando a un momento crítico. Espero que tenga éxito sinceramente, antes cada vez que se acercaba a algo siempre fracasaba—Draco esbozó una sonrisa ante las palabras de su hija— ¿De qué te ríes papá? ¿Tú no sabrás...?
El rubio se atragantó con el zumo que bebía.
— ¿Por qué iba yo a saber nada?— Dijo mientras mordía una tostada— Florián ¿Has visto mi móvil?
—Si señor, está ahí, en la encimera.
El rubio se levantó de la silla donde desayunaba y vio que tenía un mensaje de William.
"Tenemos que hablar, me debes una explicación. Sabes de qué hablo. Att: Will"
Draco respondió rápidamente.
"¿Quedamos para comer? Me encuentro mejor, gracias por ayudarme ayer, tenía un mal día "
Seguidamente el rubio envió un mensaje urgente a un número desconocido.
"Salid de allí sino queréis que cierta dama les tienda una trampa. Idiotas tenéis a Marie Granger bajo vuestro culo"
—Me marcho he quedado con Will— Dijo Draco guardándose el móvil en el bolsillo.
— ¿Con Will?— Preguntó Luccia emocionada.
—Si, al parece quiere hablar conmigo de algo importante.
— ¡Dale recuerdos de mi parte!— Gritó la chica cuando su padre salió por la puerta de la cocina.
...
...
Draco se sentó en la mesa del restaurante. William aún no había llegado, por lo que pidió algo de beber. Cuando la camarera se lo trajo sonrió al rubio seductoramente, y este le devolvió la misma acción. Minutos después apareció Will, que iba tan elegante como de costumbre con un blazer negro y una corbata del mismo color. Se sentó en la mesa sin saludar y tomó la carta.
— ¿A qué viene tanto misterio?— Preguntó Malfoy mientras observaba el menú.
—No lo sé amigo, dímelo tú— Respondió William.
—Yo no soy misterioso.
—Ya, claro—Ironizó el moreno— Bueno, retomando la conversación que dejamos ayer a medias. Tío ¿Qué te pasa?
—Como te dije, no me pasa nada, estoy perfectamente…—William miró a Draco con fastidio—… ¡Vale puede que lo de la fotografía me hiciera recordar el pasado! Pero no hay nada más, estoy bien.
— ¿Estás seguro que es sólo por la fotografía?
Draco reflexionó un poco, decididamente no le iba a contar la verdad. No tenía porqué saberlo.
—Si, totalmente seguro.
—No me mientas…
— ¿Por qué iba a mentirte? ¡Estoy bien! No hay nada más… Estoy mejor imposible…
— ¡Menos mal! ¡Por un segundo pensé que tenía algo que ver con una tal Hermione…
Draco, bajó la carta y le dedicó una larga y seria mirada.
— ¿Qué?— Dijo creyendo haber oído mal.
—Hermione. Esa chica que vi el otro día entrando en tu mansión, estoy seguro de que ella no tiene nada que ver…— Dijo sarcástico.
Draco miró a su amigo penetrantemente, pero no dijo nada.
—Fuiste un poco idiota pensado que lo dejaríamos pasar, y más aún pensando que no la vería.
—Si, fui idiota.
—Te entiendo, de verdad, dentro de lo que se puede entender lo que te está pasando. Que una mujer sea idéntica al amor de tu vida al que no ves desde hace dieciséis años es muy fuerte— Draco continuó callado y dejó hablar a su amigo— Te juro que cuando la vi entrar pensé que me había vuelto loco ¡No podía estar pasando! ¡Tenía que ser una alucinación como mínimo! Fue muy raro. ¡Es qué son iguales!— Dijo el moreno como intentando explicarse.
—No son iguales— Replicó Draco seriamente—…Los ojos de Paris eran verdes, y los de Granger marrones…
—Espera un momento, no había caído ¿Granger? Me dijo su apellido pero no lo presté atención ¿Granger? ¿Es familia de Marie?— Casi se cae de la silla, tantas sorpresas de golpe podían con él.
—Si, es su hermana— Aclaró el rubio.
—Te das cuenta de que esto es un problema ¿Verdad?
—Tendría que ser muy tonto como para no darme cuenta. No es solo un problema. Yo lo denominaría "problemón de cojones"
— ¿Y qué vas a hacer?
— ¿Qué voy a hacer de qué?
— ¿Caer o resistirte a la tentación? Es una decisión difícil ¿Lo has pensado?
—Resistir. Por supuesto.
— ¿Y podrás?
—Confío en mi juicio William, tener algo con Hermione seria entre otras cosas, arriesgado, tanto para mí como para mis hijos. Ten en cuenta que actualmente mi misión es estar lo más cerca de Marie posible, y liarme con su hermana no creo que me ayude a permanecer a su lado.
—Pero es una gran tentación, es como tener a tu ideal delante de ti y no poder tocarlo.
—Lo sé…—Dijo el rubio pensativo—…Pero lo superaré, no te preocupes, lo haré, no dudo de ello—Malfoy cerró la carta y llamó a la camarera de antes para que tomara nota.
—Esto solo lo sé yo ¿No?
— ¡Por supuesto! ¡Y nadie más debe saberlo! ¡Ni una palabra a Pansy o a Blaise! Imagínate que piensan que es una broma pesada de Riddle y se les va al olla y…
—…Si, sé de lo que serían capaces de hacer…—Cortó William—…Pero mejor que se enteren por tu parte que como me he enterado yo.
—Aún así, prefiero arriesgarme, una metedura de pata de Zabini y todo se iría a la mierda.
—No juegues con fuego Draco, un mal movimiento y tendrás la soga al cuello. Un mal movimiento, y jaque mate.
—Llevo tantos años como tú en esto, Will. Sé como jugar mis cartas.
—Y no dudo de ello amigo. Pero recuerda que hasta a Zabini le cuesta mirarte a la cara después de lo que pasó esa noche, Paris era su prima, sufrió mucho.
Draco bajó la mirada un segundo, pero se la devolvió al moreno enseguida.
—No culpo a Zabini por no perdonarme, tiene derecho a guardarme todo el rencor que quiera. Y menos aún culpo a Pansy, tuvo toda la razón de enfadarse y pedirme el divorcio cuando se enteró de todo, la mentí, fue mi culpa y de nadie más. Y Astoria… Ella apreciaba mucho a Paris… Aquí solo hay un culpable, y ese, para mi eterna tortura… Soy yo.
— ¡…Pero tú tampoco!
En ese momento la camarera de larga melena rubia se acercó interrumpiendo la conversación de ambos. Habló en un tono seductor.
— ¿Desean algo?
...
...
— ¡No Cormac! ¡No sigas, no quiero hacerlo ahora!— Luccia se apartó de encima de su novio, que yacía sobre la cama con el pelo revuelto y la camisa desabrochada.
— ¿Pero qué te ocurre?— Dijo bastante rayado—…¡Siempre que llegamos hasta este punto te rajas!
La chica se pasó la mano por la cara apartando su larguísimo pelo platino.
—Mi hermano no me habla.
— ¡Por dios! ¡No seas idiota! ¡Ahora dime que no quieres hacer el amor conmigo porque tu hermanito no te habla!
Luccia resopló.
—No es eso es que…
—Haber, cuéntame tus escusas…
—Es que… Quiero que especial y… había pensado que el día de tu fiesta tal vez…— Dijo sonriendo. Pero Cormac no parecía divertirse.
— ¿Y crees que tú padre te dejará salir hasta tarde?
—No me deja, pero le dije que dormiría en casa de Hannah, mentí, para estar contigo esa noche…
Cualquiera chica en esa situación esperaría que su chico la entendiese y apoyase, pero McLaggen no era ese tipo de chico, él era un mal criado que siempre conseguía lo que quería, y se enfurruñaba hasta límites increíbles cuando no lo hacía.
—Lárgate, vamos.
— ¡No puedes echarme de tu casa! ¡Soy tu novia!
—Vamos…—El rubio la tomó por el brazo y la sacó de la habitación, cuando la chica estuvo fuera cerró la puerta con estruendo dejando a Luccia fuera. El sonido de la puerta al cerrarse le hizo un daño increíble, como si la estuvieran clavando agujas en el corazón, a veces Cormac le hacía sentirse como si fuera una verdadera basura, un verdadero desperdicio.
"Idiota" Pensó, pero no se lo decía a él, sino a sí misma por ser incapaz de negarle nunca nada, por estar ciega, por quererle y no poder decirle nada por miedo a su rechazo. Realmente era una tonta y una estúpida, y sino lo era, se estaba comportando como tal.
La chica cruzó la casa de los McLaggen sumida en sus pensamientos. La familia de Cormac era muy numerosa, doce primos, cinco hermanos mayores y Jamie la hermana menor. Ella había heredado la brillantez y la inteligencia de la familia de su madre, entre otras cosas porque fue criada por sus abuelos Albus y Minerva. No se parecía en nada a sus hermanos mayores, solo en el físico, ya que al igual que la mayoría en su familia era rubia cobriza con los ojos oscuros, nariz pequeña y puntiaguda y muchas pecas. No era muy popular, es más era como la friki de la clase, la niña inteligente que nadie miraría jamás, pero nadie se metía con ella por miedo a sus hermanos y primos. Jamie era un par de años menor que Luccia y Scorpius, iba a segundo y tenía catorce años.
—Hola Lu— Saludó Jamie cuando se cruzó con la joven Malfoy justo cuando esta se decidía a salir por la puerta acristalada de la calle.
— ¡Bon jour! ¿Cómo te va pequeña?
—Cansada, llevo toda la tarde estudiando, exámenes…
—Ya. Lo entiendo, estudiar es duro, sobre todo en los días tan soleados como este ¿No vas a salir? Es sábado y hace estupendo…
—No creo. No hay… mucha gente que quiera salir conmigo… —Luccia no dijo nada. Sentía mucha lástima por la hermana pequeña de Cormac, realmente era una chica muy mona, y agradable, no entendía porqué no tenía compañeros—… ¿Sabes Lu? A veces te envidio…—Saltó de repente haciendo despertar a Luccia.
—Jamie no tienes porque…
—… ¿Cómo que no? ¿Quién no te envidiaría a ti? Eres guapísima, tienes un pelo precioso, eres popular, tienes muchos amigos, todos los chicos están locos por ti, eres una Malfoy… Eres… Eres… ¡Eres perfecta!
—No. No lo soy… Solo soy Luccia. No tengo nada más…
— ¡Hay gente a los que les vasta con eso!
—Pero no a todos…—Dijo mientras pensaba en Cormac, para él, ella siempre iba en segundo lugar, nunca era importante lo que a ella le incomodaba o lo que pensaba.
—Tu vida es perfecta, me gustaría ser como tú.
Luccia se agachó un poco y miró a Jamie que la miraba con tristeza.
—Jamie mi vida puede ser muchas cosas, pero no es perfecta. Yo… Yo…—Dijo intentando contenerse—… Yo nunca conocí a mi madre…—Miró al suelo mientras decía esas palabras, definitivamente se encontraba tan triste con la forma en que Cormac la trataba, que lo único que quería era desahogarse de todo con alguien—…Mi padre nunca nos habló de ella ¡Nunca! No sabemos, si desapareció o… si está muerta, no sabemos nada. Lo único que sé de ella es que era prima de Zabini el amigo de mi padre, por lo demás… Ni siquiera sé su nombre…—Era como si toda la rabia de su corazón le hiciera querer explotar. Quería arrancarse el pelo de la cabeza, quería mandarlo todo a la mierda, estaba enrabietada. No sabía porqué la ocurría eso, pero siempre que estaba triste se ponía a pensar en su madre—…A si que no me digas que mi vida es perfecta porque no lo es ¿Me entiendes? No lo es…—Jamie la miraba casi horrorizada, definitivamente Luccia se encontraba mal, casi estaba llorando—…Si me disculpas me tengo que ir…
— ¿Por qué?— La joven McLaggen la agarró del brazo, era la primera vez que la veía en ese estado. Luccia siempre había sido la reina, la chica guapa y fabulosa que llevaba una vida perfecta, la que nunca lloraba ni perdía los nervios, y verla en ese estado, le hacía ver a una simple mortal más, le hacía ver que no es oro todo lo que reluce.
—Tu hermano quiere que me vaya.
— ¿Y tú siempre haces lo que él quiere?
—Casi siempre. O… Prácticamente siempre…
—Pues no deberías. Quédate por favor.
—No, me voy, pero antes de irme déjame decirte algo. No deberías pensar jamás que eres fea, o que no le gustas a nadie, porque no es así…
— ¿Por qué lo dices?— Preguntó la joven con interés.
—No soy quien para contartelo. Él lo hará, algún día, cuando tenga el valor suficiente. Es joven, y es un chico, dale tiempo…
—Ya…—Alcanzó a decir la chica pensativa ante las palabras de Luccia.
—Me marcho, si me disculpas. Ha sido una conversación agradable…
—Lo mismo digo.
Cuando Luccia estuvo fuera la puerta de la casa de los McLaggen se cerró despacio.
...
La noche había llegado. El cielo estaba plagado de estrellas cegadas tan solo por las luces de París. Hermione acababa de llegar a la mansión y se preparaba la cena con media luz en la vacía cocina. Los platos de la comida anterior continuaban puestos unos encima de otros en la pila, esperando a que al día siguiente Florián los fregase con su habilidad habitual.
Luccia y Scorpius ya dormían en sus respectivas habitaciones. Marie había vuelto muy disgustada del trabajo quejándose de que siempre que se acercaba a la organización a la que investigaba, esta desaparecía misteriosamente, sospechaba que alguien tenía que dar el chivatazo, pero no creía que ninguno de sus compañeros de trabajo fuera el espía.
Puso aceite a calentar en un sartén de color negro. Abrió el frigorífico e investigó, en realidad no sabía que quería tomar ya que no tenía mucha hambre. Había pasado casi todo el día con Ginny Weasley viendo la ciudad y comentando sobre alumnos y profesores. Ginevra podía llegar a ser muy cotilla cuando se lo proponía, ¡Lo sabía todo de todos! Hermione opinaba que la chica debía haber sido psicóloga o algo, ya que tenía creados esquemas que analizaban el comportamiento y el carácter de la mitad de los alumnos y profesores de la escuela. Ella decía que lo hacía porque se aburría pero Hermione opinaba que eso más que nada era talento, no podía llamarse de otra forma.
Cogió un huevo, no le apetecía realmente nada más. En realidad odiaba cocinar, le resultaba especialmente aburrido y era de las pocas cosas que le hacían ponerse vaga. Prefería no comer a tener que cocinar, por eso, cuando estaba en su piso de Londres era Harry en que se encargaba de ir a comprar y de preparar el alimento.
Rompió la cáscara y dejó que el interior callera sobre el aceite y empezara a freírse.
En ese instante alguien irrumpió en la cocina y ella se sobresaltó, era Draco. Él pareció también sorprendido al verla, pero luego volvió a su habitual seriedad y se sentó en una de las sillas.
— ¿Aún despierta?
La castaña asintió.
—Tienes una capacidad especial para aparecer de la nada ¿Lo sabías? Creía que estabas en la cama. Cuando hablé con Marie me dijo que ya estabas durmiendo cuando llegó ella…— Dijo la castaña mirando al rubio que estaba vestido.
—Salí un rato, a dar una vuelta…
— ¿A las dos de la mañana?
Draco arrugó el rostro.
—No tengo porque darte explicaciones…
Hermione se sorprendió ante esa salida de tono, pero decidió callarse, no contestarlo y seguir haciendo su cena, mientras daba la espalda al rubio.
Esto molestó a Draco, no le gustaba que le dieran la espalda es más, lo odiaba, le hacía sentirse desplazado y eso le desagradaba considerablemente. Ahí sentado cogió el móvil y empezó a mandar mensajes, de vez en cuando levantaba la vista y se sorprendía dándose cuenta de que no podía evitar mirar a Hermione de espaldas. La conversación de esa mañana con Will se le vino a la cabeza "¿Resistir? ¿O caer?" ¡Cómo era tan estúpido! ¿Realmente pensaba que podría soportarlo? Él era fuerte sí, pero eso no significaba que no fuera un hombre, y como todo hombre tenía su talón de Aquiles, su debilidad, y su debilidad era Paris, siempre lo había sido, y ver a Hermione era verla a ella. Realmente la deseaba, desde el día en que la vio, sentía deseo, quería poseerla, hacerla suya para siempre… Pero Hermione no era Paris, no era la mujer de su vida, no era la madre de sus hijos ni la persona a la que más amaba en el mundo… Hermione para él era simplemente la persona que le estaba haciendo sufrir lo que hacía tiempo que no sufría. Era casi irónico… Él que era quien era, que había matado innumerables veces, que había cometido verdaderas atrocidades, que había asesinado a inocentes… ¿Cómo podía hacer una simple chica que no tenía mala intención, hacerle sentir tan asqueroso? Cada vez que miraba a Hermione recordaba todo lo ocurrido, y se sentía una mierda, una asquerosidad, sucio y contaminado… Ella no tenía la culpa y lo sabía, pero le guardaba rencor por la forma en la que le hacía sentirse. Quería matarla, verdaderamente eso es lo que quería, esa sería la única forma de mermar aquel sufrimiento, y lo tenía muy fácil, era mujer, era joven, estaba distraída… No podía ser más fácil para él… La tenía a un par de pasos, si se levantaba con sigilo podría agarrarla del cuello y estrangularla sin que a penas ella se diese cuenta, si lo hacía bien, nadie más tenía porque enterarse, y la darían por desaparecida, como pasaba con todos.
Hermione sintió como Draco se levantaba de la silla con sigilo, no sabía porque, pero todos sus sentidos se agudizaron y los pelos se le erizaron, se sentía en peligro. La adrenalina llenaba su cuerpo de pies a cabeza, el corazón le latía con fuerza y estaba a punto de desmayarse.
Oyó como el rubio daba un par de pasos sigilosos hacía adelante, y sintió como levantaba el brazo y sus dedos casi rozaban con su cuello. Respiró profundamente, era como si el demonio en persona estuviera a punto de besarla, así se sentía, era un terror dulce porque, sabía que detrás de ella estaba Draco y que él no iba a hacerla daño, pero luego estaba el lado que le aterrorizaba, el lado del rubio misterioso que la miraba con una mezcla de sorpresa, de deseo y a veces de miedo… Como si él tuviera miedo de hacerla daño o de que la hicieran daño. Draco Malfoy era todo misterio.
La agarró del cuello. Sintió como la mano de él, que estaba fría, la apretaba dulcemente la yugular. Era como si la estuviera matando y besando a la vez, realmente era una sensación extraña. Despertó de aquel somnífero en la que él la había inducido como por arte de magia. Él era Draco, ¡Draco! El novio de su hermana y la estaba acariciando dulcemente el cuello, ¿Y que hacía ella? Dejarse.
— ¿Qué estás haciendo?— Dijo girándose de repente.
—Veo como cocinas…
Hermione no supo como contestar, solo se dedicó a apartar la mano de él de su cuello con delicadeza.
—…Y veo que eres malísima ¿Me permites ayudarte?
—Si tú quieres…— Draco tomó la mano de Hermione y la puso sobre el mango de la sartén, luego tomó la otra y cogió una de las cucharas de madera que Florián utilizaba siempre para cocinar. Cualquiera que hubiera entrado en ese momento habría pensado mal sin duda, ya que la sensación que daba, era la de que el rubio abrazaba a Hermione por detrás, pero él simplemente la estaba enseñando como debía colocarse para cocinar.
Ella sentía como el cuerpo de él presionaba sobre el suyo y le hacía chocarse con la encimera. El contacto le era agradable ya que él era un hombre atractivo y que olía jodidamente bien, pero le era desagradable por la cercanía que él empleaba. ¿Qué quería? ¿Qué tramaba? ¿Cuál eran sus planes? No lo sabía, solo reconocía que ella tampoco estaba haciendo nada por resistirse…
Bueno y aquí terminó el último capitulo de la semana. Espero que os haya gustado mucho, que dejéis reviews que los agradezco muchísimo, pues para todo, para decirme si os gusta, si no, hacerme una crítica... Lo que queráis pero me encantan los reviews aunque sean muy cortitos.
Nos vemos el martes.
Mónica.
