Como siempre gracias a todas. A Javileta en especial que como siempre me deja un pedazo de comentario increible y que no he tenido tiempo de responder estos días, y responderé este finde. Un beso muy grande a todas y que disfrutéis con este capitulo en el que la cosa se pone caliente y la trama comienza a complicarse...
Todos contra los Malfoy.
La mañana del domingo llegó increíblemente luminosa para sorpresa de todos. Si no quedaran enormes charcos en el suelo parecería que el día anterior no había habido tormenta. El sol brillaba con fuerza lo que daba un aspecto de día primaveral.
Blaise Zabini abrió los ojos cegado por la luz. Sintió como si varios martillos empezaran a golpearle la cabeza. Estaba en su cama, al menos eso lo tenía claro, pues por la ventana más cercana podía ver todos los terrenos de su magnífica mansión, pistas de tenis, campos de golf, enormes jardines florados, fuentes…
Se removió en su cama y hundió la nariz en la almohada. Si estaba en casa solo podía significar una cosa, que a noche no consiguió cita, pues siempre que lo hacía terminaba en casa de una desconocida, no en su propia cama. Al fin,después de media hora dando vueltas con un gran dolor de cabeza decidió levantarse. Se sorprendió a si mismo al ver que estaba completamente desnudo y empezó a sospechar. La cabeza le daba vueltas y los ojos no se le posaban donde quería, pero al fin consiguió mirar hacía un lado, y casi da un salto al ver una cabellera pelirroja y ondulada. ¿Qué hacía esa chica en su cama? ¿Cómo había llegado hasta ahí? Y lo peor de todo ¿Quién era? Normalmente no solía preguntarse esas cosas ya que al ir a la casa de las chicas, se levantaba pronto y luego desaparecía antes de que la chica se levantase, ¡Pero esa vez estaba en su cama!
Caminó dando tumbos hasta llegar a la puerta del baño y entrar. Tenía que hablar con Draco, tal vez este supiera algo sobre ella.
...
Ginny se despertó pero no tenía ganas de pensar. Lo único que quería hacer era dormir, dormir y dormir. Se sentía como salida de una larga pesadilla, como si hubiera resucitado y ahora estuviese en la vida después de la muerte.
Cuando tuvo fuerza suficiente como para abrir los ojos, se dio cuenta de que no estaba en su habitación, en su cutre y pequeña estancia que ocupaba desde hacía ya años. No, esa sala era enorme, al igual que la cama en la que se encontraba, parecía como decorada para un rey. Chimenea, tele de plasma enorme con un PlayStation debajo, armario empotrado de cinco puertas, sofás, estanterías… El dueño de todo eso debía ser jodidamente rico e importante. Miró por la ventana y observó. Campos de golf, jardines, fuentes… Todo exquisitamente colocado y cuidado.
¿Cómo había acabado allí? Lo último que recordaba era decir a Fleur que se animara y quitase esa cara de caballo… Y ahora, de repente, estaba en una cama desconocida, en un lugar desconocido. Suponía que habría llegado con alguien, con algún chico, y que estaba en su casa, ¿Pero dónde estaba él? Vio que sus pantalones estaban en el suelo, los cogió y tomó su móvil. Tal vez Hermione supiera lo que había pasado esa noche…
...
Draco no cogía el teléfono. Dios sabía como había acabado la noche para él. Aunque conociendo al rubio no habría bebido mucho.
Blaise se miró al espejo. Su pelo, normalmente bien engominado estaba totalmente revuelto y despeinado, fuera quien fuera la chica con la que se había acostado, había hecho un buen trabajo.
Tenía algo de resaca, pero aún así para todo lo que había bebido era poco. Esa chica había conseguido quitarle todos los males del cuerpo.
Debía aceptar que estaba algo asustado. A su edad, era la primera vez que se levantaba con una mujer, ya que siempre solía desaparecer antes. Él era un chico de pocos compromisos. Siempre había sido alocado y vividor, poco amigo de la seriedad o todo lo que tuviera que ver con ella. De sus amigos siempre había sido el que se metía en líos, de los que luego su familia, gracias a su fortuna e influencias solía sacarle. Era bueno ser un Zabini.
Cuando era adolescente preparó unas cuantas, de esas que no se le olvidan a las madres en la vida. Una vez al salir del instituto en vez de volver a su casa, decidió irse al aeropuerto con Astoria, y ambos tomaron un avión a Hawái. Sus familias les estuvieron buscando por todo París durante tres días, hasta que se les ocurrió llamar.
El hombre empezó a reír mientras recordaba ese suceso. Y más aún pensando en Astoria, esa chica si que estaba loca, loca de verdad. Lo apropiado para Dawson, no le extrañaba nada que se empezaran a acostar juntos, eran como tal para cual, aunque ella siempre le dio mil vueltas en todo. No era tan raro que As se acostase con Williaml, ella se había acostado con todos incluyendo a Draco y a él mismo. El único que no lo consiguió fue Nott, pero en su opinión era porque Theo siempre fue como el más niño de los tres, el más delgaducho y bajito, nunca fue tan hombre como lo eran los demás.
Blaise se metió en la ducha y dejó que las gotitas de agua le limpiaran entero, lo necesitaba, se sintió mucho más relajado después de enjabonarse y frotarse bien fuerte con la esponja, se sentía sucio de verdad.
...
Ginny esperó y esperó. Hermione no le cogía el teléfono, como siempre se le habría dejado en casa o en el bolso. Resopló y se tumbó de nuevo en la cama ¿Qué podía hacer? Solo esperar estaba claro. Sintió movimiento en el baño y supuso que "el chico" estaría ahí dentro. Se puso nerviosa solo de pensarlo.
Al cabo de unos diez minutos sintió como los pasos del hombre que había dentro del baño empezaron a acercarse a la puerta. Se sintió más estúpida que nunca al pensar que ni siquiera sabía el nombre de la persona que iba a cruzar la puerta, verdaderamente era algo muy estúpido. Y lo peor... ¿Y si era feo? ¿Y si era un viejo con la polla rugosa? Y peor aún... ¿Y si si tenía más ganas de marcha?
Cuando esta se abrió apareció un hombre alto y bastante delgado, con el pelo liso y castaño oscuro totalmente engominado hacia atrás. Sus ojos eran bastante rasgados y afilados. Apenas estaba cubierto con una toalla de color blanco inmaculado, y las gotas de agua aún le resbalaban por la piel.
Ambos se quedaron mirando unos segundos, como intentando pensar que hacer o como reaccionar.
Los ojos marrones de él se quedaron clavados en los verdes azulados de ella. Verdaderamente se gustaron, no eran como se imaginaban, y lo peor de todo era que ninguno de los dos se acordaba de la cara del otro.
Continuaron mirándose durante unos segundos más hasta que Ginny soltó una carcajada enorme, que siguió la de Zabini. Ambos empezaron a reír, no sabían porque lo hacían, pero empezaron a reír histéricamente, esa situación les parecía verdaderamente estúpida.
—No sé...—Dijo ella entre carcajadas—…Ni siquiera sé por donde empezar—Se envolvió en la sábana mientras reía más y más. Él apenas podía decir nada, estaba llorando de la risa, se acercó a la cama y extendió la mano.
—Me… Me llamo Blaise Zabini…
—Ginny…—Dijo ella removiéndose histéricamente—…Ginny Weasley…
...
...
Draco vomitó varias veces. Había pasado así toda la noche. Se encontraba en el baño, acababa de sentarse, la cabeza le daba demasiadas vueltas como para levantarse, y si lo hacía seguramente devolvería de nuevo.
—Me parece increíble que sigas haciendo estas cosas— Dijo Marie cuando entró en el baño con un montón de toallas y le limpió la cara.
— ¿El qué?— Dijo el rubio apoyando la cabeza en la pared.
—Emborrachándote hasta estos límites. ¡Dios deberías ver de qué color estás!
—No bebí tanto, es solo que lo hice demasiado rápido…
—Aún así me parece increíble. Tienes treinta y dos años, y dos hijos adolescentes, ¡Tendrías que darles ejemplo!
—Ya lo hago, soy un buen padre.
—Un padre excelente, cariño. Pero no un buen ejemplo. Mírate, no vas a poder levantarte de ahí en un buen rato…— Dijo la chica mientras le seguía acicalando el rostro.
—Pues tengo que hacerlo, tengo que hacer muchas cosas hoy, tengo mucho trabajo y…—El rubio cerró los ojos con cansancio y se pasó la mano por la cabeza removiendo su pelo.
—…No tienes nada que hacer. Es domingo…
—Tengo que llamar a Will, a Blaise…
—Que llamen ellos.
—No…
— ¡Vamos Draco si te levantas te vas a marear como mínimo! ¡Estás hecho un debilucho! ¡Mírate! ¡Das dos tragos y estás que no te puedes mover! Y da gracias a que Hermione te trajo anoche a casa… Porque si no, ¡dios sabe donde habrías acabado!
—No tengo porque dar las gracias a tu hermana…— Dijo Draco mientras intentaba ponerse de pie.
—Lo sé… Lo sé… No os caéis bien… Algo me ha contado…
— ¿A si?— Dijo él sorprendido. La miró con intriga ¿Qué la habría contado Granger? Esperaba que no más de lo necesario...
—Si… Pero parecía algo confusa cuando hablamos esta mañana, no sé que la pasaba, era como si… Bueno da igual… Solo anda un poco mal porque vuestra relación no es la que debería ser. Está disgustada…
— ¡Ahora será culpa mía!— Se quejó Draco.
—No te he dicho nada. Pero pon algo de tu parte…
El rubio puso los ojos en blanco mientras al fin conseguía ponerse de pie. Caminó balanceándose hasta la puerta y desapareció tras ella. En realidad no tenía nada que hacer, pero lo único que le apetecía en ese momento era estar lejos de Marie, ya que cada día que pasaba la convivencia con ella se le hacía más y más difícil.
...
...
— ¡Harry! Dios no sabes cuanto de he echado de menos— Dijo la castaña besando en los labios su novio. Ambos se encontraban en el aeropuerto, el que era iluminado por el sol del medio día que brillaba con fuerza.
Fueron a buscar la maleta de él y seguidamente al coche.
—Cuéntame ¿Cómo te va? ¿Y Marie?— Preguntó él mientras metía su equipaje en el maletero del coche con ayuda de Hermione.
—Está bien… ¿Dios, que llevas aquí? ¿Piedras?... Yo también estoy bien.
— ¿En serio? ¿Y esa pierna?— Dijo el moreno mirando la venda que cubría el pie de la chica. Ella se lo miró. No había mencionado ni una palabra de Draco a Harry, ni una, no quería adelantar acontecimientos, tal vez ellos se cayeran bien y todo.
—No es nada. Es el novio de mi hermana…
—Creía que era un hombre, no un perro ¿Te ha mordido?— Ironizó Harry.
— No tiene ninguna gracia. Y si, en realidad es un hombre, y un perro al mismo tiempo, has acertado en las dos cosas cariño…—Dijo ella con una sonrisa. Ambos entraron en el coche.
— ¿Tendré recompensa por ello?— El chico sonrió y ella le besó en los labios brevemente.
—En cuanto lleguemos a casa…
Recorrieron las calles en coche. La casa de Hermione estaba apenas a una hora del aeropuerto.
—Cuéntame más cosas sobre el nuevo novio de Marie…
Hermione miró a Harry mientras conducía.
— ¿Por qué quieres saber de él? ¿Tanto te interesa?
— ¿Tanto te molesta hablarme de él?— Dijo él. Hermione sonrió.
—No, en absoluto…—Mintió. En realidad de lo último que le apetecía hablar con Harry era de Draco Malfoy. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué era un cerdo egocéntrico que había intentado aprovecharse de ella en varias ocasiones? No. Definitivamente no le diría eso, pues Harry le mataría—…Es… Amable…
— ¿Si? Pues no pareces muy convencida…—Dijo el moreno cruzándose de brazos.
— ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me encanta y me cae super bien? ¿Qué es la persona más agradable que conozco?
—Vaya. ¿Tan majo es? ¿Debería estar celoso?
— ¡Ja! ¡Para nada! ¡Ya ni siquiera captas las ironías Harry! ¡En realidad es un idiota, estúpido, cerdo, aprovechado, y un gilipollas…! ¿Quieres que siga?
—Vale, vale…—Calmó él—…Lo he pillado no hace falta que grites…
—… ¡Y encima se cree guapísimo, super inteligente y que está buenísimo!
— ¿Y lo está?
Ella se quedó pensando.
—Es… Atractivo… —Dijo arrugando la nariz—… ¡Pero nada más! ¡Y sus hijos son unos demonios!—Añadió gritando.
—Ah… Que tiene hijos…
— ¡Si! ¡Los tiene! ¡Y atento! ¡Tienen dieciséis años y les doy clase! ¡No te imaginas las que tengo que pasar…!
—Si me imagino…— Dijo Harry mientras miraba por la ventana.
—Me estoy volviendo loca Harry…— Expresó ella poniendo los ojos como platos—…Me estreso demasiado…
—Tú siempre te estresas con todo…
—No lo hago…
—Si que lo haces… Relájate… Mira la vida desde otro punto de vista…
— ¡Menudos consejos que me das!
Pasaron el resto del día juntos. No fueron a visitar a Marie y a Draco, preferían estar solos en lo que se asentaban y se contaban todas las novedades desde la última vez que se vieron.
...
...
—Muchas gracias por la ropa— Dijo Ginny a Blaise mientras acababa de vestirse—…Me parece increíble que solo hayamos encontrado los pantalones…
— ¿Enserio te parece increíble?— Preguntó él con una sonrisa en la cara.
—En realidad… No…— Ambos rieron de nuevo. La chica terminó de colocarse sus pantalones y el top coral que Blaise le había dejado.
—Y…—Dijo él intentando encontrar palabras para decir. La chica levantó la mirada y por segunda vez, Blaise se quedó prendado de ella. Era la primera vez que le pasaba eso, era la primera vez que las hormigas recorrían todo su cuerpo, como si le picaran y no pudiese rascarse, era un dulce picor, una dulce y desagradable sensación que le hacía sentirse tan cómodo con incómodo.
—¿Si?— Animó a continuar la pelirroja.
—Esto… Perdona me había quedado mirando tus ojos, por cierto son preciosos…
Ginny esbozó una sonrisa.
—Gracias— Dijo sin dejar de sonreír.
—Bueno… Lo que quería decirte es que… ¿Qué vamos a hacer?
— ¿Qué vamos a hacer de que?
—Bueno… Nos hemos acostado ¿No? —Ginny dejó de sonreír— Quiero decirte que si vamos a seguir o…
—Ni siquiera te conozco— Argumentó ella.
Él se quedó unos segundos sin palabras pero luego continuó.
—Ya, esto… Perdona… Pero no sé tal vez querrías…
—Eihh— Dijo ella tranquilizando la situación y dándole un golpecito en el hombro—…Que no te conozca no significa que no quiera conocerte…
Blaise sonrió. En verdad se sentía como un niño, era la primera vez que se sentía así con alguien, con Ginny se le hacía imposible mantener ese comportamiento irónico. Se le ocurrió que tal vez eran sus ojos o su sonrisa, pero con ella, todo era diferente, y eso que apenas la conocía…
—Pero iremos despacio ¿Vale?…
—No hay problema… Me parece bien— Aprobó él—…Nada de prisas, ni velocidades…
—Estupendo… Ahora… ¿Me llevarías a la puerta?
—Claro, vamos…—La pareja cruzó el gran cuarto y se dirigió a la entrada de la habitación, pero cuando Blaise abrió se sorprendió al ver que alguien había allí esperando.
Holly tenía apenas trece años, era la hermana pequeña de Blaise. Tenía una piel porcelana, los ojos castaños y profundos, el pelo cobrizo recogido en un moño alto. Era delgada y de aspecto afable y enérgico. Tenía un montón de pecas y una sonrisa constante en su cara.
Ella y su hermano se quedaron mirando, luego miraron a Ginny y luego se miraron entre ellos.
La preadolescente se llevó las manos a la boca y dio un chillido histérico.
— ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Dios mío!— Gritó dando saltitos.
—Holly por favor…— Suplicó Blaise.
— ¡Dios mío! ¡Dios mío!— La chica salió corriendo pasillo adelante— ¡Mamá, mamá!
Ginny miró a Blaise confusa, pero este solo quería que le tragase la tierra.
—Lo siento… Eh… ¿Cuál era tu nombre?
—Ginny
—Lo siento Ginny… Es mi hermana, Holly, tiene trece años y… Bueno… Déjame decirte que mi familia es un poco…
No le dio tiempo a acabar la frase, pues una mujer de pelo largo y color cobre apareció por el pasillo seguida de Holly. Laetitia era la madre de Blaise, era muy joven para la edad de su hijo. Se conservaba muy bien, era delgada y de cuerpo escultural. En lo único que se parecía a Blaise era en su facciones finas y afiladas, en lo demás era igual a su hija Holly, ambas de ojos grandes, oscuros y redondos.
Se acercó a Ginny y la miró de arriba abajo. La chica se sintió algo intimidada por la reacción de la mujer.
— ¿Dónde la tenías escondida?— Preguntó la mujer recorriéndola con la mirada.
Blaise no contestó. La única persona por la que sentía verdadero respeto era por su madre, ella le había criado sola, y era la última persona a la que se le ocurriría vacilar.
—Si tienes novia al menos podrías habérnoslo dicho. Es guapa, y parece simpática…— Opinó Holly mientras miraba a Ginny. La chica se sentía algo descolocada, lo último que esperaba encontrarse en este mundo era ser juzgada por una niña de trece años.
— ¿Cómo te llamas cariño?— Preguntó Laetitia a la pelirroja.
—Ginny… Ginny Weasley…
—Dime Ginny… ¿Te apetecería pasar el día con nosotros? Los Zabini estamos muy unidos a nuestras tradiciones familiares. A pesar de que mi hijo las rompa constantemente…— Dijo mirando maléficamente a Blaise—…Puedes hacer lo que quieras, comer lo quieras… Tenemos balneario, spa, piscina, pistas de tenis, o puedes jugar al golf. Nosotros vamos a pasar el día allí con mi familia, hacemos una especie de picnic familiar…
La pelirroja miró a Blaise y él se encogió de hombros dándola a entender que podía hacer lo que quisiese, tanto quedarse como no.
—Estaré encantada de quedarme señora Zabini….
—Llámame Laetitia…—La mujer se alejó pasillo adelante seguida de su hija, pero justo antes de cruzar la esquina se giró y dijo algo más—…Pero un consejo, si vas a venir con nosotros más te vale que te cambies…—La chica fue a contestar algo pero la mujer la interrumpió—…Tranquila, tranquila. Te dejaré ropa. ¿Qué prefieres? ¿Chanel? ¿Tal vez Dior? ¿Givenchy? Holly dila a la criada que traiga mis perlas. Y trae a Margaery, hay que hacerle un buen recogido a esta chica. Veo flores en el pelo, o tal vez bucles ¿Puede que un tocado? Vas a estar estupenda…
Cuando al fin se quedaron solos Ginny miró a Blaise algo sorprendida.
— ¿Cuánto dinero tienes?
El chico empezó a reír.
—Mucho. Créeme.
—Te creo. Pero… Más o menos ¿Cuánto dinero puede tener una familia que hace picnics con perlas y vestidos de Dior…?
...
...
Luccia se despertó con sobresalto y los ojos muy hinchados. No sabía en que momento se había quedado dormida, no lo recordaba, aunque si sabía con claridad donde estaba, en el salón de la mansión de William. Ambos estaban tumbados en el sofá, uno encima del otro, Lu arriba y Will abajo. Podía sentir su respiración, y los latidos de su corazón. Él le transmitía una seguridad increíble, se habría quedado contemplándolo dormir para siempre.
Él no tardó en despertarse también y se ruborizó al ver en la forma en al que ambos había dormido; Demasiado cerca para su gusto, al estar tan apegados, su propio cuerpo le había hecho pasar malas jugadas durante la noche, al menos la chica no parecía haberlo notado, y no se había despertado. Un par de veces estuvo tentado de ir al baño a calmarse, y otra no pudo evitar bajar la mano y metersela entre los pantalones para aplacar lo que tenía entre las piernas, aunque no había servido de mucho.
—Buenos días— Dijo ella.
—Hola— Ambos se sonrieron, y Lu se apartó de encima del moreno.
Se sentaron en el sofá y Luccia se cubrió con la manta marrón con la que ambos habían estado tapados.
— ¿Cómo estás?— Preguntó él incorporándose.
—No muy bien, la verdad… Pero gracias… No sé lo que habría hecho esta noche sin ti…— Will esbozó una pequeña sonrisa.
—Te las habrías arreglado, siempre lo haces…
—No sin ti, te lo debo…
—Sabes que no…— Entonces él levantó la mano y apartó todo el largo pelo rubio platino de la cara de Lu y la sostuvo entre sus manos, mientras la acariciaba—…No me debes nada, de verdad, estamos totalmente en paz— Seguidamente la soltó y estuvieron callados durante un rato.
—Voy a preparar el desayuno…— Dijo Will levantándose. Aún llevaba puesto la ropa del día anterior, la camisa azul y lo pantalones negros. Luccia se levantó con él y justo cuando Will se disponía a salir por la puerta esta le paró y le giró. El moreno se quedó un poco rayado cuando ella le empezó a desabrochar los botones de su camisa.
— ¿Q-Qué, qué haces?— Preguntó él.
—Tendrás que cambiarte de ropa ¿No? ¡Vamos Will! No seas sucio… Tu siempre estás impecable…— Dijo ella con picardía. Will se dejó hacer hasta que la chica le sacó la camisa.
—No irás a quitarme también los pantalones ¿No?
—Si te dejas— La rubia se encogió de hombros y William soltó una carcajada.
—Puedo hacerlo yo…
—...Si necesitas alguna ayuda yo me ofrezco…— Dijo Lu con una sonrisa pícara—…Por cierto Will me preguntaba si…—La chica cambió su tono a uno más serio—…Si podría quedarme aquí hoy, y… Esta semana también.
—Por mí, sabes que no me importa, pero ¿Qué diría tu padre?
— ¡Es que no quiero volver a casa! ¿Cómo le miro a la cara después de lo que he hecho? No me siento bien, estoy avergonzada… Y además no quiero hablar con Scorpius aún, ni enfrentarme a sus preguntas. Y menos aún ir al instituto…
Will resopló y se quedó pensativo, a él no le importaba lo más mínimo que se quedase con él, el verdadero problema era Draco, ¿Cómo decirle que su hija se quería quedar en su casa unos de días? No sospecharía nada raro, el rubio confiaba en él, pero aún así le daba mucho corte decírselo.
—Por favor Will… Hazlo por mí…
—Es que tu padre…—Dijo él intentado razonar.
— ¡Qué más da! ¡Me portaré bien! ¡Y sé cocinar! ¡Puedo cocina para ambos!
— ¡Oye si te quedas aquí no pienso dejar que cocines, serías mi invitada y uno no hace cocinar a los invitados!
— ¡No voy a comer tu comida! ¡Por si no te lo había dicho nunca, es un asco! ¡Una auténtica mierda!
Will empezó a reír, le divertía infinitamente ver a Luccia quejándose como una niña refunfuñona, verdaderamente le hacía mucha gracia.
El resto del día pasó rápido para todos. Draco consintió sin pega alguna que Luccia se quedara unos días en casa de Will, aunque hizo un montón de preguntas por medio.
Hermione se pasó toda la tarde con Harry, mientras que Draco y Marie también estuvieron juntos, aunque con su habitual frialdad sobre todo por parte del rubio.
Ginny conoció a toda la familia de Blaise, su deseo de ir despacio se había hecho pedazos, pues todos los Zabini les trataban como si ya fueran una pareja normal ¡Incluso la tía de Blaise le preguntó que si habían pensado en boda! Ese día llegó tarde a casa, de lo que se alegró ya que no tuvo que responder a las numerosas preguntas a las que le habrían sometido su madre, Tonks y Ron.
El lunes llegó demasiado pronto, el finde había sido demasiado corto para todos. Draco se levantó pronto ese día, quería llegar pronto al trabajo, y de paso no tener que hablar con Marie, a quien dejó en la cama.
Hermione al igual que Draco dejó a su pareja dormida y salió para ir al instituto. Para su alegría, la clase estaba bastante calmada, se notaba que había sido un gran fin de semana para todos. Agradeció esto ya que era el primer día que iba a dar clases después de que le machacasen el pie. Los alumnos estuvieron callados toda la hora. Se portaron tan bien que ni siquiera les riñó por no haber hecho los deberes. Le extrañó considerablemente no ver a Luccia Malfoy en la primera fila con los pies sobre la mesa y haciendo pompas de chicle.
Atrás del todo se sentaba Scorpius Malfoy. Ese día pasaba de dar guerra, estaba demasiado deseoso de hablar con su hermana como para pensar en otra cosa, y además estaba ocupando la mayor parte de su tiempo en odiar a McLaggen. Mantenía la silla inclinada hacía atrás, haciendo equilibrios mientras recostaba la cabeza en la pared y ponía los pies sobre la mesa, no tenía ganas de escuchar la charla de Hermione ni lo más mínimo. Apenas miró cuando la chica le estampó en la mesa un examen con un enorme cero. Él pasaba de los estudios, al contrario que su hermana Lu que tenía las mejores notas del instituto, el rubio se consideraba superior a esas cosas.
Las chicas que estaban a su lado empezaron a hablar y a reír por lo bajo cuando recogieron la nota que estaba recorriendo la clase. Scorp sentía curiosidad por saber. Las chicas pasaron la nota a los amigos de Scorpius y estos a él mismo.
Scorpius recogió la nota que le pasaron sus amigos. No sabía quién la había escrito pero llegó hasta él. Abrió el folio arrugado y enfureció al leer lo que leyó.
"Parece que el reinado de Luccia Malfoy está llegando a su fin. ¿Candidatas al puesto? Cormac McLaggen"
Hizo un rebujo el papel y lo guardó en su mochila. Se oyeron varias risitas ante esta reacción.
El timbre toco a los cinco minutos. Scorpius salió disparado. No quería toparse con McLaggen ni sus compinches, no le apetecía lo más mínimo.
Se dirigió al pasillo de taquillas el único sitio donde uno podía estar verdaderamente agusto ya que como la mayoría estaban concentrados en buscar en el fondo de esos malditos armarios nadie se percataba de quien pasaba.
Justo cuando se disponía a abrir la suya (la que estaba al lado de uno de los otakus más frikis de todo el instituto por cierto) vio como una melena rubia y rizada llegaba escondida tras una montaña de libros a punto de caerse.
"Jamie" Pensó. El chico se acercó lo más rápido posible y sostuvo los libros de la chica antes de que cayeran.
—Muchas gracias yo…—La joven McLaggen no se percató de quien la había ayudado hasta ese momento—…Ah… Eres tú…—Dijo con despreció.
Scorp ignoró esa reacción.
—No te vi el otro día en la fiesta…
—Pues yo a ti si…—Expresó la chica con seriedad mientras abría la puerta de su taquilla.
— ¿A si?—Dijo él sorprendido— ¿Cómo no te pasaste a saludar?
—Estabas ocupado—La rubia tomó los libros que sostenía Scorpius y los fue metiendo uno por uno—…Me temo que no soy quien como para meterme en medio…
El rubio no terminaba de pillar a que se refería.
— ¿De que me estás hablando?
Ella cerró de un golpazo la puerta haciendo que varios de los que pasaban por allí dieran un salto, seguidamente se giró y se cruzó de brazos para mirar al chico.
—Hablo… De la bailarina y de ti…
El joven Malfoy palideció por momentos.
—Amelie y yo no…
— ¿No que? ¿No estuvisteis calentándoos mutuamente? ¿Te llevó a su camerino?
—De verdad Jamie que no…—Dijo él cortado, verdaderamente se estaba rayando mucho, lo último que esperaba era que la chica le saltase con todo eso.
— ¿Cuánto la pagaste?— Preguntó ella con dureza— ¿Cincuenta? ¿Cien?
Scorpius empezó a sentirse algo herido.
—No la pagué nada, por si no lo sabías puedo gustar a alguien sin necesidad de que haya dinero por medio…
Ella se cruzó de brazos, miró despectivamente al chico y seguidamente pasó de largo, pero él la agarró e impidió que se marchase.
— ¿Pero a ti que narices te pasa?
— ¿A mí? —Dijo la rubia señalándose— ¡Di mejor que te pasa a ti!
Scorpius se quedó callado, no sabía a que se debía esa reacción. No entendía a las chicas, de verdad que no lo hacía, a veces podían llegar a ser incomprensibles. Se quedó observando como ella se marchaba con andares enfadados, y como siempre se quedó eclipsado…
Unos minutos después, mientras caminaba hacía la salida del instituto seguido por un grupo de chicas de primer curso que reían locamente mientras lo señalaban recibió un mensaje de su hermana en el móvil
"Tengo que contarte algo, ¿Quedamos para tomar en brunch en casa de Will? Estoy sola, él está trabajando" Él respondió afirmativamente. A la salida tomó un taxi mientras mandaba otro mensaje a su padre diciéndole que iba a casa de Dawson a ver a Lu, y que Aimeé no le pasara a buscar. Con Draco era siempre igual, tenía que saber donde estaban sus hijos en todo momento, sino se ponía histérico.
Cuando hubo llegado cruzó el caminito de piedra que guiaba hasta la puerta principal. Por las grandes ventanas de la cocina se podía ver a Luccia preparando algún tipo de batido extraño en la licuadora.
Sonrió al ver la imagen de la rubia vestida con una camisa azul de Will.
Llegó hasta la puerta principal la que estaba debajo de un porche de tres columnas y tocó el timbre. La joven Malfoy abrió la puerta a los pocos segundos.
—No te he visto llegar, pasa…— Dijo dejando paso a su hermano. Cerró la puerta tras él y le quitó su famosa cazadora de cuero negro para dejarla en la percha más cercana. Ambos se dirigieron al comedor. Este era menos sinuoso que el de la mansión Malfoy, ya que por las ventanas entraba un montón de luz y el amueblado era menos oscuro.
Ambos se sentaron en la mesa, donde la rubia ya había preparado unas tostadas, batidos y mermeladas de varios sabores.
— ¿De qué quieres hablarme?— Preguntó. No sería él quien sacara la conversación de lo ocurrido el día de la fiesta con Cormac, incluso prefería no saberlo, pues ya daba por hecho que la cosa no había salido nada bien.
—Es… Es sobre McLaggen…—Dijo evitando decir su nombre.
—Lu, casi me culpo más a mí mismo de lo ocurrido que a ti, si yo le hubiera machacado la cabeza antes, tal vez nada de esto habría pasado…— Ambos se miraron y sonrieron.
—…Esto va en serio…—Dijo la rubia volviendo a poner tono serio en la conversación—…Tengo que disculparme contigo y con Hannah, yo os llamé mentirosos… No quería creeros, no quería hacerlo, es la verdad, en mi interior yo sabía que todo lo que me decíais era verdad, pero… No quería… De verdad que no quise creerlo… Lo siento. Ahora os he decepcionado a todos. A ti, a papá… Y aunque Will se esfuerce en intentar comprenderme y portarse bien conmigo sé que para él eso no ha sido fácil…
— ¿Will sabe esto?— Preguntó el rubio incrédulo.
—Si…
— ¿Y cómo se lo contaste?
—No lo hice, él lo… Intuyó, por así decirlo…
— ¿Y qué hizo cuándo se enteró?
Luccia resopló mientras recordaba.
—Enfadarse y marcharse, nada más. Se enfadó mucho conmigo, dijo que Cormac no me merecía y que le parecía increíble que no se hubiera enamorado de una persona tan increíble como yo…
Ambos se quedaron callados. Ni siquiera Luccia se había parado a pensar como sonaban esas palabras.
— ¿Crees que está…?—Dijo Scorpius dudoso.
— ¿…Enamorado de mí? ¡No!
— ¡Pero, y si lo está!
— ¡Eso es imposible! ¡Es estúpido! Él no se enamoraría de mí, además aunque lo estuviera es amigo de papá, nunca le haría eso. Los chicos siempre ponéis la amistad por encima del amor, nunca os acostaríais con la hija de vuestro mejor amigo…
—Te equivocas… El amor es el amor… Pero por una parte tienes razón, imagínate que empiezas a salir con Will y papá se enterase… Seguramente le cortaría los…
— ¡Si, si…! Yo también lo he pensado…—Interrumpió ella antes de que su hermano dijera una barbaridad.
Ambos se quedaron callados durante un rato y empezaron a comer tostadas. Luccia permanecía en silencio, pero Scorpius se daba cuenta de que aún le quedaban cosas por decir, conocía a su hermana demasiado bien. Supuso que se sentía mal por lo de Cormac y él intentó ayudarla.
—Lu yo…
—No tienes porque disculparte Scorp… —Interrumpió ella de repente—…Soy yo quien debe hacerlo. Yo solo… He hecho algo malo…
El chico decidió escucharla. Ella le contó todo acerca de lo sucedido la noche de la fiesta con Jamie. Como había decidido vengarse de él, contándole a la chica toda la verdad, y como ella se había marchado llorando a casa.
Eso le explicó muchas cosas, entre otras el comportamiento de Jai esa misma mañana. El chico estaba totalmente sumido en sus pensamientos, apenas escuchaba como su hermana hablaba, simplemente se recostaba sobre los codos que había puesto sobre la mesa mientras ella le contaba.
—Creo que te quiere…
El rubio miró a su hermana de repente.
— ¿A si?
Ella asintió.
—Te quiere y tu la quieres es simple ¿No?
Scorpius sonrió.
—No, sea lo que sea no es simple, ni sencillo, ni fácil. ¡Ella es…!
—…La hermana de Cormac McLaggen ¿Y qué?—Era la primera vez nombraba su nombre en tres días, ni siquiera le dolió hacerlo, ni lo pensó. Y le dio igual, por primera vez había mencionado su nombre sin sentirse asquerosa por lo que había hecho con él.
El rubio empezó a reflexionar mientras se cruzaba de brazos. ¿Y qué? ¿Qué más le daba que fuera la hermana de Cormac? Él no le tenía el más mínimo miedo.
—Ve y díselo… Ella merece saberlo…
— ¿Cuándo…?
—…El miércoles por la noche es el único día que puedes ir a verla. Hoy lunes tiene violín, no llega a casa hasta las nueve.
El chico sonrió, y se levantó de la silla con más fuerza que nunca.
— ¿Crees que me dirá que también me quiere?—Preguntó infantilmente.
— ¿Quién no lo haría? Yo lo hago… ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero!…—Gritó levantándose de la silla escandalosamente y abrazándolo dando un salto—…Eres un tonto Scorpius Malfoy...
—Gracias hermanita… Gracias…
—Ahora vete… No hagas esperar a papá, se pondrá histérico si llegas muy tarde…
...
...
El miércoles llegó antes de lo esperado para casi todos. Ese mismo día Hermione se dirigió a la mansión Malfoy junto a Harry, el que por cierto, por alguna razón tenía muchas ganas de conocer a Draco sobre todo para saber porque le caía tan mal a la castaña.
Llegaron sobre la hora de la cena. Aimeé les abrió la puerta y miró Harry con desaprobación. Al moreno le divirtió la situación, pero a Granger no le hizo la menor gracia.
—Pasen a la sala de estar. Ala izquierda última puerta a la derecha…—Dijo la criada mientras se llevaba los abrigos de los invitados.
—Es muy señorial…—Dijo Harry en un susurro a su novia.
—En realidad es una estirada, y ser un estirado no es ser señorial—Aclaró Hermione. El chico no dijo nada, conocía demasiado bien a su novia como para llevarle la contraria, y no le apetecía tener una discusión en ese momento, se estaba divirtiendo demasiado.
Cruzaron el vestíbulo y recorrieron el ala izquierda hasta llegar a la puerta que la mujer les había indicado.
Dentro de la sala de estar estaba Draco que escribía concentrado ignorando a una habladora Marie. La pareja dejo de hacer lo que hacía en ese momento en cuanto la puerta de la estancía se abrió.
— ¡Harry! Cuanto me alegro de verte— Dijo la hermana mayor dando dos besos a su cuñado.
Draco se levantó y se dispuso a saludar.
Los dos varones se miraron de arriba abajo, pero con actitudes distintas. Mientras Harry parecía divertirse con la situación, Draco mantenía el porte serio y asqueado.
— ¡Deja que te presente a mi novio!—Exclamó la joven acercando al rubio—…Draco, te presento a Harry Potter…
El Malfoy extendió la mano con seriedad y poco ánimo. Harry captó esto, pero no pensaba cambiar su gesto.
—Es un placer—Dijo Harry, pero no obtuvo respuesta. El rubio lanzó una mirada a Hermione pero esta la esquivó al instante, no quería volver a encontrarse con sus ojos, en verdad no quería, le daba terror hacerlo, no podía rendirse ante la mirada de él.
Draco captó al instante el gesto de Hermione y seguidamente se dirigió a Harry.
—Lo mismo digo. Es un placer tener a un ingeniero en mi casa… ¿Te apetece comer algo?—Harry sonrió encantado, mientras Hermione miró con enfado a Draco, sabía perfectamente que este se comportaba con amabilidad con Harry solo para fastidiarla, estaba más que segura de eso.
—Si, por favor, la verdad es que estoy muerto de hambre…—Agradeció el moreno.
—Iré a preparar algo— Expuso Marie desapareciendo de la habitación.
— ¿A si? ¿Es que Hermione no cocina? Por favor siéntate— Invitó el rubio. Harry se sentó y se puso a observar la sala con admiración.
—No, no suele cocinar nunca. En realidad lo suelo hacer yo, a ella no se le da bien…
— ¡Vaya!—Exclamó Draco de repente— Osea que hay algo que a la señorita Granger no se le da bien hacer… —Dijo mientras la miraba. Ella se limitó a cruzarse de brazos y enfurruñarse—…Increíble.
— ¿Por qué dices eso?— Preguntó Harry con curiosidad.
—Hermione Granger suele alardear de saberlo todo y de tener todas las respuestas… ¿No es verdad?
— ¡No lo hago!— Dijo ella indignada.
—Si, si que lo haces…—Contradijo Draco—…Es una mujer…
—…Vaya me parece increíble que te hayas fijado en eso…—Agregó Hermione con ironía…
—… Inteligente, guapa…—Expuso el rubio bajando un poco el tono en la última palabra—… ¡Pero no sabe cocinar! ¡Ya no eres perfecta!
— ¡En ningún momento dije que lo fuera!
—No hace falta que lo digas, ya lo piensas por ti misma… Por cierto ¡Que descortesía la mía! ¿Quieres sentarte?— La actuación de Draco la estaba empezando a sacar de sus casillas de verdad.
— ¡Si, quiero hacerlo!— Gritó.
— ¿Pues a qué esperas?
La castaña tomó se sentó en el sofá rojo junto a Harry y puso la mano de él alrededor del cuello de su novio.
—Lo peor de Hermione es que se cree que lo sabe todo…—Opinó Draco. Harry empezaba a olerse algo, no sabía el que, pero estaba empezando a sentir porque el rubio y su novia se llevaban tan mal.
— ¿Acaso eres más inteligente?
—Si en algunas cosas. He tenido que criar solo a mis dos hijos, de eso se aprende, créeme…
— ¿En serio?— Dijo Harry ya en un tono menos amable— Que valiente…
—No quise que me ayudase nadie, ni siquiera mis padres…
—Y…—Dijo Harry pensativo—… ¿Dónde estaba su madre?
Draco lanzó una mirada fría a Hermione y esta se heló por completo sintió un cosquilleo helado, una serpiente que le subía y le estrujaba el esófago.
—Eso… No es de tu incumbencia— Expresó el rubio sin dejar de mirar a Hermione.
Ella no podía soportarlo, no podía aguantar esa peligrosidad que se reflejaba en los ojos de él, era demasiado, demasiado dura, fría, insostenible. Era demasiado confusa y contenía demasiado dolor, era como una máscara que no dejaba ver el interior, como si sus ojos azules grisáceo encerraran algo, un gran secreto de un oscuro pasado…
— ¿Sabéis?— Dijo Harry levantándose del sofá y estirando su camisa—…Voy a la cocina a ayudar a Marie…
Hermione agarró a su novio de la mano.
—Harry… Por favor, no me dejes sola con él…—Expresó en un susurro.
El moreno se marchó ignorando la súplica de suplica de su novia.
Hermione y Draco se quedaron solos. El rubio esbozó una sonrisa triunfante mientras se levantaba del sofá y se dirigía a la ventana más cercana.
La castaña mantuvo el silencio, no sería ella quien lo rompería. Harry cerró la puerta y ambos se quedaron totalmente aislados de los demás.
...
...
Scorpius caminó por las oscuras y desiertas calles de París. A pesar de no ser tarde no se veía un alma.
El chico se había escapado. A veces lo hacía a pesar de que su padre no le dejase salir por la noche, le tocaba las narices ¿Qué podía ser tan peligroso? Aún no lo entendía. Y si en verdad había algo que temer ¿Por qué no se lo contaba y punto? ¿Para que tanto secreto? Había veces en las que no entendía a su padre, era un auténtico misterio.
Caminó aún más. Giró varias calles y luego tomó el metro. No le gustaba hacerlo. Odiaba el metro de París, que para sorpresa de muchos estaba viejo y sucio. Después de media hora apretujado entre gente que iba y venía (era increíble la poca gente que había en la calle y la cantidad que había en el metro) salió por la boca y se topó con un gran plaza. Estaba rodeado de calzadas y en el centro de estas, justo en frente de él estaba la estatua de "La republique" con su gran majestuosidad. Por allí estaba la casa de los McLaggen, aunque en un barrio algo más retirado y elegante por supuesto, la que la plaza de "La republica" era un barrio principalmente transitado por turistas de clase media.
Después de media hora al fin llegó a su destino. El barrio donde vivían los McLaggen era bastante menos elegante que el de los Malfoy. Abundaban las casas bajas y chalets de lujo, mientras que la zona donde vivían los rubios la mayoría de los hogares eran grandes mansiones con grandes jardines propios y mucho más.
Llegó a al casa donde vivía el ex de su hermana. Esta era grande, de al menos tres pisos y una buhardilla. Estaba rodeada por un pequeño jardincito y un muro de piedra de imitación antigua. Desde lejos miró por todas las ventanas que le fue posible hasta encontrar a Jamie. La chica se encontraba en la segunda planta, en su habitación, a penas se veía su pelo dorado y rizado.
A Scorpius solo se le ocurrió lo típico, lo que todos hacen. Tomó unas piedrecitas y empezó a tirarlas a la ventana de la rubia hasta que esta se percató de que alguien la llamaba. Su cabeza salió con preocupación fuera de la casa, miró a Scorpius y puso los ojos en blanco, a pesar de sentirse agradada con su presencia intentó disimularlo lo más posible.
— ¿Qué quieres?— Preguntó cortantemente y cruzándose de brazos.
Scorpius tragó saliva.
— ¿Puedes bajar?— La chica resopló—Será solo un segundo…
Ella cerró la ventana y pocos segundos después estaba fuera. Llevaba puesto un camisón largo de raso blanco y una batita de seda del mismo color. Sus rizos perfectos caían por la cara desigualmente dándole un aspecto muy juvenil.
Él se la quedó mirando embobado, como siempre lo hacía.
—Estoy esperando…— Dijo ella aún cruzada de brazos.
—Eh… ¡Si! ¡Lo siento! ¡Lo siento! Es que a veces…
—A veces ¿Qué?
—Es solo que me gusta mirarte…—Dios que mal le habían sonado esas palabras, estaba demasiado nervioso, no le daba tiempo a pensar. No sabía como lo hacían en las películas.
— ¿A si?— Dijo ella asintiendo y ruborizándose considerablemente.
—Si… Bueno no… Bueno si. La verdad es que si. Me gusta mirarte, observarte durante horas y horas…
Ella continuó escuchando.
—…Y podría hacerlo eternamente… ¿Sabes Jamie? Creo que no he sido lo suficientemente sincero contigo…—La chica levantó la mirada con ojos brillantes.
— ¿Si?—Dijo ella animando a continuar.
—Si. Creo que desde el principio, no lo he sido. Ha sido culpa mía, debería haber sido más claro y…—Se pasó la mano por el flequillo, le daba vergüenza, mucha vergüenza, era demasiado superior a él.
—Creo que es mejor que te des prisa, como te vean mis hermanos aquí conmigo…
—… ¡Si! ¡Si! Tienes razón, tienes toda la razón…—Su corazón se estaba empezando a agitar, al igual que su respiración, no estaba relajado ni lo más mínimo—…¿Sabes? Yo… Yo…
— ¿Si?— Dijo ella de nuevo—…Scorp, sé más claro… No te sigo…
El respiró profundamente, tenía que calmarse.
—Yo siempre… Desde el principio… Me gustas—La chica se quedó de piedra, no hizo ninguna reacción. Si embargo Scorpius continuó, ya había empezado, no podía parar—…Siempre me has gustado. Eres guapísima, e increíble…
—Continua…—Dijo ella acercándose y mirándolo con ojos brillantes.
—…Eres todo lo que siempre he querido. Te preguntarás, como un chico como yo puede ser tan… Tímido e inseguro en estos casos… Yo lo soy. Lu tenía razón, soy un cobarde. Pero perdóname por no atreverme, por favor…
—Sigue…—La rubia se acercaba tímida y lentamente sin que él a penas se diese cuenta y estuviera más atento a sus propios pensamientos que a los movimientos de la chica.
—Jaime…—Dijo él bajando el rostro—…Siento no haber sido más sincero. Ha sido mi culpa yo solo se que… que te…
— ¿Si?
Cuando volvió a subir la vista tenía a Jamie apenas a unos milímetros de él. La miró a los ojos por última vez, seguidamente cerró los párpados y dejó que sus labios se juntaran tímidamente con los de ella. Fue el mejor beso de su vida. Fue leve, jugoso, sus lenguas se juntaron tímidamente un par de veces, mientras los labios carnosos de ella saboreaban los suyos con lentitud.
Cuando se separaron, él tomó el rostro de ella entre sus manos y ambos sonrieron.
—Dios mío— Dijo la rubia riendo y llevándose las manos a la boca— Dios mío— Dijo de nuevo. Él empezó a reír también y la abrazó hundiendo su nariz en su pelo rizado, oliendo su perfume floral.
—Te quiero— La dijo al oído— Te quiero…
Ambos cerraron los ojos y se sumieron en su abrazo unos minutos. Seguidamente el rubio abrió los ojos y su corazón se aceleró. Cormac acababa de salir de la casa y observaba la escena con sus ojos negros totalmente enloquecidos.
Scorpius apartó a Jamie del medio y miró desafiantemente a Cormac. Ambos parecían dos felinos enloquecidos. El joven McLaggen se acercó rápidamente.
—Cormac no te acerques a él…—Advirtió Jamie—…Cormac, por favor…— El joven no escuchó y cuando estuvo suficientemente cerca dio un puñetazo tal a Malfoy que este cayó al suelo con un hilo de sangre saliendo por la nariz. El rubio no se defendió, no pensaba hacerlo.
— ¡Déjale en paz!—Gritó Jamie mientras agarraba por detrás a su hermano— ¡Él no te ha hecho nada!
Pero no escuchaba.
— ¡Cómo vuelvas a tocar a mi hermana te juro que te mato!— Gritó McLaggen mientras daba una patada en la tripa a Scorpius.
— ¡Yo al menos estoy a gusto sabiendo que no volverás a tocar a la mía!— Scorpius miró desafiante a McLaggen desde el suelo, ni siquiera rindiéndose perdía ese gesto característicamente señorial que todos los Malfoy poseían. Valiente hasta el final.
—La toqué bien el otro día créeme…— Chuleó Cormac—… ¿Te dio mi mensaje?
—Te voy a partir la cara…—Enfureció de verdad. Y cual serpiente que ataca sin ser vista se levantó y tiró al suelo al otro chico sin esfuerzo. Le dejó la cara destrozada, le dio tantos puñetazos que podría haberle matado, y podría haber seguido si no oyera a Jamie gritar incansablemente.
Se apartó de encima y miró a la rubia.
—Adviértele que como vuelva a acercarse a mí, o a Luccia, le daré la paliza de su vida…—Parecía enloquecido. Verdaderamente recordaba a Draco, con esos ojos desafiantes y fuera de si que miraban penetrantemente como si fueran balas.
— ¿Qué pasa ahí fuera?— Scorpius resopló y la respiración de Jamie se aceleró al ver a sus otros cuatro hermanos mayores saliendo de la casa. Todos eran iguales, parecían réplicas unos de otros. Todos rubios dorados con ojos negros, al igual que Cormac y Jamie.
Primero miraron a Cormac sangrando en el suelo y con la cara como un tomate inflado. Luego a Jamie y después a Scorpius.
— ¡Malfoy!— Gritó Carl el mayor de todos los McLaggen.
Al rubio se le cayó el cielo encima. La cosa no podía ir a peor en ese momento.
Todos los chicos se le echaron encima en unos segundos. Le agarraron los pies y las manos.
—¡Davies déjale! ¡Qué le vais a hacer! ¡Dejadle!— Gritó la rubia desesperada mientras pegaba sus hermanos por la espalda— ¡Qué le vais a hacer!— Los chicos inmovilizaron a Scorpius. No podía moverse ni un poquito, le tenían sujetos tanto manos como pies, estaba perdido.
— ¡Lárgate Jamie!— Gritó Cormac levantándose del suelo y dirigiéndose hacía Scorpius que lo miró aún desafiante—…Bien… Veamos que valiente eres ahora Malfoy… Bienvenido al infierno…
— ¡Por dios!—Dijo Scorpius con chulería— Esto… ¿El infierno—El chico empezó a reír escandalosamente— Esto parece más el paraíso… Es el sueño de todo hombre— Todos los McLaggen se miraron entre si—…Estar rodeado de un montón de nenas. Sin moverte de pies a cabeza… El sueño erótico de cualquier hombre— Seguidamente empezó a reír escandalosamente provocando así a todos los chicos.
—Creo que esta noche te la estás buscando Malfoy…
— ¡El infierno! ¡Ja!— Gritó el rubio sin escuchar— Te aseguro que allí es donde te pudrirás tú amigo… Estarás eternamente condenado… Y espero ser yo quien te envíe allí…
—No deberías haber dicho eso…
...
...
Theodore echó azúcar en su café y lo removió con una cucharilla. Como siempre mantenía las persianas bajadas para evitar que entrara alguna luz. Se acercó al ordenador y dejó descargándose algunos programas de bloqueo y de inspección. Le parecía increíble lo difícil que le estaba resultando entrar en los archivos de la organización de Tom, estaban increíblemente bien protegidos, todo. Llevaba semanas intentando descargarse algunos ficheros y justo cuando estaba cerca de encontrar la solución esta desaparecía misteriosamente.
Al menos podía consolarse pensando en G79.
Tomó su teléfono móvil y llamó a Pansy. La voz de la morena le respondió.
—Soy Nott.
— ¿Has averiguado algo?
—No mucho, solo pillé el registro de las llamadas de algunos móviles… Como tu bien sabes cada miembro de la organización tiene su móvil oficial propio ¿No?
—Si…
—Pues se me ocurrió algo, me descargué, con mucho esfuerzo por cierto, unos cuantos ficheros con números de teléfono… Y adivina a quien encontré…
Pansy resopló.
— ¿A nuestro asesino?
—Si… G79 tiene una vida telefónica muy activa…
— ¿A dónde quieres llegar?
—Le he pinchado el teléfono.
— ¿Entonces sabes dónde está en cada momento?— Preguntó Pansy entusiasmada desde el otro lado del teléfono mientras Nott tomaba café en el salón de su piso.
—Si… En estos días ha pasado varias veces por la casa de Will. No dentro, pero si por fuera, a los alrededores…
— ¿Crees que…?
—No tengo ni idea…
— ¿Y dónde está ahora mismo nuestro asesino?
—Voy a ver…—Theo se acercó al ordenador y puso en marcha el programa de rastreamiento que el mismo había conseguido—…Mierda…—Exclamó de repente mientras miraba el mapa de la ciudad.
— ¿Theo? ¿Qué ocurre? ¿Theo?
Cortó el móvil, y se giró cuando de una patada, la puerta de su piso se vino abajo.
— ¿Un último deseo antes de morir Nott?
El chico se limitó a sonreír.
—Dios, sabía que eras tú…
—Tú tan inteligente como siempre…
—No hace falta ser muy inteligente como para darse cuenta… Has pasado por casa de Will varias veces… Tan obsesiva como siempre… Y tan brillante y resplandeciente, por cierto… ¿Dónde está tu pelo castaño? Ese rubio pollo te queda fatal…
—Hablas demasiado— Dijo ella sosteniendo la pistola con fuerza.
—Y tú piensas demasiado poco…—Respondió él desafiante.
La mujer se acercó y le agarró del cuello. Le sorprendió su fuerza, era increíblemente fuerte, además de ser mucho más alta que el delgaducho de Nott. Le miró con ojos enloquecidos. Disfrutaba con ello, sentía placer en lo que hacía.
—No deberías haber venido— Dijo Nott con una sonrisa.
— ¿A si?— Respondió ella con voz de bebé— ¿Y qué vas a hacer? ¿Matarme? No estás en condiciones de hacerlo…
Él rio como pudo, le estaba empezando a faltar aire.
—No. Pero voy a ganarte…
...
...
— ¿Ese pavo es tu novio?— Exclamó Draco de repente.
— ¿Tienes algún problema con ello Malfoy?—Hermione le miró y se cruzó de brazos.
—No, en absoluto. Pero déjame decirte algo… —Dijo acercándose con chulería—…Una mujer como tú merece un hombre, un hombre de verdad.
— ¿Lo dice el mismo que me llamó niña estúpida e inmadura?
El rubio se quedó callado.
—Ah… Claro… Ahora no dices nada…
Draco caminó rápido y se sentó de nuevo en el sofá enfrente de Hermione, ambos estaban separados por una mesita de café de piedra blanca y madera oscura.
— ¿Sabes cuál es tú verdadero problema…?
— ¡No! Yo no tengo ningún problema, en realidad eres tú quien lo tiene…—Draco calló y esperó a que ella continuase con la faz seria—…Cuando yo vine aquí estaba dispuesta a conocerte, a que tuviéramos una buena relación, una relación de familia que es lo que somos ahora, tú estás en mi familia. Pero por alguna razón que no comprendo me odias o…—Dijo intentando explicarse con claridad—…Simplemente no te caigo bien, o yo que sé que razón… No entiendo que es lo que te molesta de mí, pues la razón que me das, la de que no soy una niña inmadura, no creo que sea suficiente…—Draco mantenía la mirada perdida mientras ella hablaba—…Como para odiarme tanto como parece que me odias. O si por el contrarío no me odias sino que… Te atraigo, en el sentido que sea, por favor te pido de nuevo, que me lo digas porque así las cosas serán menos complicadas.
Hermione esperó a obtener respuesta del rubio pero él se dedicó a mirarla con indiferencia. La castaña resopló y se dispuso a levantarse para marcharse.
—Yo no te odio…—Hermione se quedó de espaldas a él escuchando y esperando a que continuase. Él se levantó y fue caminando lentamente hacía ella—…Puede que… A veces pueda llegar a ser un cabrón, un autentico e insoportable cabrón. Pero… Como actual cuñado tuyo que soy ahora mismo, te pido perdón…—La chica sonrió sin que él le viera, mientras el rubio se seguía acercando—…No me disculpo por mi forma de ser, me disculpo por ser un cabrón que se siente atraído por ti en todos los sentidos…
La chica casi se desmayó. De verdad que casi cayó al suelo redonda. Fue como si se le cortase la respiración.
—…La otra noche, no me atreví a decírtelo. Algo raro en mí porque no me esfuerzo en ocultar mis sentimientos a los demás…—Mintió el rubio—…Me siento culpable por sentir por ti lo que no siento por Marie…
—Dios mío— Dijo la castaña llevándose las manos a la boca, mientras sus ojos humedecían.
—…Pero quiero a Marie… —Siguió acercándose. Ella seguía de espaldas escuchando y casi llorando. ¿Cómo podía ser? ¿Qué veía en ella? Marie, que se esforzaba incansablemente en que él la quisiese no recibía en absoluto lo que se merecía a cambio. Y sin embargo ella, que en un principio le intentó tratar como a un hermano y que luego le despreció, recibía aquello por su parte—…La quiero. Pero no es nada comparado a la atracción que siento por ti… No te quiero. Ni siquiera me pareces guapa, me caes mal… En realidad muy mal. Pero me atraes, me atrae tu forma de pensar, tu forma de actuar, lo que haces, como miras, como te mueves…—Dijo acariciando con un dedo el hombro de la chica. Ella se estremeció y soltó un resoplido de placer, mientras él pasaba la mano por su cuello. Era increíble como tocaba, verdaderamente sabía hacerlo, sentía cosquillas por todo su cuello y espalda mientras él la recorría con la mano. Las lágrimas empezaron a resbalar por su rostro, mientras Draco la abrazaba por detrás y rozaba levemente su cuello con los labios. El rubio empezó a acariciar todo su cuerpo, desde los pechos hasta las piernas pasando por su intimidad. Él sabía como hacerlo, sabía como hacer que ella se olvidase del mundo y dejase de pensar en todo.
—Sabes cual es la única solución ¿No?—Dijo ella mientras el rubio la besaba por detrás de la oreja.
— ¿Cuál?— Preguntó mientras pasaba su lengua por el cuello. Hermione se separó de Draco, se deshizo de él y se colocó enfrente suyo.
—La única solución es… Que me mires y…—Las lágrimas caían por todo su rostro culpable—…Me digas quien soy…
Draco la observó. Se sentía avergonzado, humillado, enfadado, habían herido su ego masculino. Casi lo había olvidado. Siempre era la mujer quien decidía hasta donde podían llegar, era ella quien decidía, donde, como y si iba a pasar… Le había dejado con un gran calentón, pero ya se le había pasado, ahora solo se sentía malhumorado.
La observó durante unos segundos: Su pelo rizado, la forma de su cara, de su cuerpo, sus labios gruesos, y por último sus ojos, esos grandes ojos marrones que tan habitualmente le recordaban lo que le pasó a Paris. De nuevo volvió el horror ante si mismo, el horror de lo que había hecho tiempo atrás, y como siempre le entraron ganas huir. Se acordó de sus hijos, los que a pesar de haber crecido al lado de un padre que les amaba más que a cualquier cosa, habían crecido sin el amor de una madre. La observó, y como siempre le dolió. Le atraían sus curvas, su seguridad, su inteligencia, le atraía el deseo de ser dueño de una mujer que poseía todo eso…
—Dime, ¿Quién soy?—Repitió la chica llorando.
—Hermione Granger— Dijo y las palabras le dolieron más que su propia alma. Ella no volvería, Paris no volvería jamás, no volvería a verla, ni a tocarla, ni a decirla que la amaba. Y la única mujer por la que sentía algo de atracción le rechazaba, en verdad era muy desgraciado, se sentía solo, verdaderamente solo, detrás de su máscara, detrás de sus ojos azules grisáceos solo se escondía eso, soledad, ese era el verdadero rostro de Draco Malfoy. Frío, solo, helado para siempre. Condenado a caminar desnudo en un eterno desierto polar, sin abrigo, sin manta, solo durmiendo en una cama de piedra helada. Se sentía horriblemente desgraciado. Esa era su condena, y se la merecía por lo que había hecho en el pasado, por todas las muertes, la sangre, los errores…
—Exacto—Dijo ella llorando aún más—…Soy Hermione Granger. Hermana de Anne Marie Granger… —La chica miró al suelo y luego le fundió con su mirada fogosa mirándolo a los ojos—…No puedo… —Sollozó—…No puedo estar contigo… No puedo estar con alguien que… No me ama… Tú no me quieres, ves algo en mí pero no es amor. Es deseo, posesión. No soy tu medicina, no voy a curar lo que quiera que te pase por la cabeza…
El hombre miró al suelo, no dijo nada, se negaba, era demasiado orgulloso como para hacerlo, prefería callar y dejar que su ego masculino se calmase solo, mientras ignoraba las palabras de Hermione. Quería golpear la mesa, dar una patada a algo, quería sentir dolor, un dolor que calmase la marea de sentimientos que se le pasaban por al cabeza. Rechazo, soledad, vergüenza… Iba a explotar en cualquier momento.
—Por favor di algo…—Suplicó ella.
Él se dio la vuelta y la miró, y como ya le había pasado varias veces sintió miedo hacía esa mirada maligna, enloquecida y desquiciada. Pero decidió ser valiente e intentar sentirse indiferente incluso cuando él se acercó y colocó sus labios cerca de la oreja de ella.
—Quiero que te largues ahora mismo de mi casa ¿Entendido?
Ella le miró suplicante pero él no cedió.
—Draco por favor…
— ¡Lárgate! ¡Vamos!
En ese momento el móvil de la castaña sonó, la chica olvidó por un segundo lo que estaba pasando y sacó su teléfono. Draco no hizo nada, solo evitó mirarla concentrándose en la ventana.
— ¿Si?— Respondió con la voz aún llorosa.
— ¿Hermione?— La voz de Ginny Weasley salía desde el otro lado del teléfono, parecía estar rodeada por un ambiente ruidoso, se oían voces, gritos y gente yendo de aquí para allá.
— ¿Ginny? ¿Dónde estás?
—En tu casa, bueno, en realidad frente al edificio de tu casa, hay fuego en la casa de al lado, han venido los bomberos y… Por cierto ¿Te pasa algo?
— ¿A mí?— Dijo la chica limpiándose las lágrimas e intentando cambiar el sonido de su voz para que sonase despreocupado—…Nada, pero… ¿Qué ocurre? ¿Fuego? ¿Dónde?
—En la casa de tu vecino, ese que me dijiste que era tan guapo y amable…
— ¿En la casa de Theo?— Draco levantó la cabeza al oír ese nombre—…Voy para allá. La castaña colgó el teléfono.
—Me marcho…— Dijo la chica sin mirar al rubio.
—Déjame acompañarte— Hermione paró en seco.
—Draco recuerda lo que te acabo de decir…
—…Lo hago por Theodore, si está ardiendo en el infierno quiero ser el primero en enterarme, no seas egocéntrica.
Hermione se giró y le miró a los ojos.
—Está bien. Haz lo que quieras, pero Harry viene conmigo y sé que no le soportas…
—Dios ¿Tanto se nota?— Dijo el rubio. Hermione no le hizo caso, y ambos salieron juntos de la habitación, pensando en lo que acababa de ocurrir entre ellos.
...
...
Scorpius se quedó en el suelo. Le dolía todo el cuerpo, y sentía como si la cara se le hubiera multiplicado por dos.
— ¿Scorp? ¿Scorp estás bien?— El chico abrió los ojos como pudo, pero sentía como si dos bultos enormes le oprimieran los párpados. Vio a Jamie que al parece le apartaba el pelo de su cara.
Se sentía mal. No había nada que no le doliese, como si le hubieran arrancado toda la piel del cuerpo, era demasiado dolor como para poder soportarlo. Se sentía idiota e impotente, no había podido hacer nada, no había podido defenderse mientras todos los McLaggen se le echaban encima.
—Lárgate Jai— Dijo con voz ronca. El chico se dio la vuelta e intentó levantarse con la ayuda de ella.
—Tengo que entrar en casa— Dijo ella con pena.
—Lárgate…
—No quiero dejarte aquí…
— ¡Vete!
—Scorp…
— ¡Vete! ¿Acaso eres estúpida?—La chica se quedó callada ante esas palabras, entendía que se encontraba mal, herido pero aún así esas palabras la dolieron— Vete de aquí y déjame solo. ¿Es lo que quieren tus hermanos no? ¡Tu familia! ¡Tú eres una McLaggen! ¡Y yo un Malfoy!
—Sabes que me da igual…
—… ¡Pero a mí no!— Gritó él mientras las lágrimas caían de sus ojos doloridos—…¡No puedes estar conmigo! ¡Vete de aquí! ¡Prefiero estar solo!—Jamie empezó a llorar considerablemente.
— ¡Pero tú me…!
— ¡…Es mejor para ti! —Interrumpió él— ¡Mírame! ¡Soy un Malfoy! ¿Vale? ¡Un Malfoy! ¡Un perdedor para toda tu familia! ¡Escoria! ¡Basura! ¡Soy el carbón y tú el diamante!— Dijo mientras se daba la vuelta.
—El carbón y el diamante son el mismo elemento… —Expresó ella con dulzura mientras ponía su mano en el hombro de él, pero el chico apartó su mano cortantemente, y ella se sintió muy dolida.
—Acéptalo Jamie…—Las lágrimas empezaron a caer por el rostro de la chica—…No quiero estar contigo—Mintió el rubio. Pero era mejor así Jai no tendría problemas con sus padres ni con sus hermanos. Era mejor así. La chica entró en su casa llorando mirando un par de veces hacía atrás, pero el rubio no cedió.
Tomó su teléfono móvil a que se le cayó la carcasa debido a los numerosos golpes que había recibido, pero al menos funcionaba, sacó de su pantalón una tarjeta blanca y llamó al teléfono que había apuntado en ella.
—Soy Scorpius Malfoy… Voy para allá ¿Te importa…?—Ella sería su única medicina esa noche.
...
...
Tonks se acercó a los bomberos. El fuego se había apagado ya, pero el caos seguía reinando entre los vecinos y gente expectante que pasaba por allí.
— ¿Hay algún muerto? Es por si hay que llamar al forense y dar parte y demás…— El bombero se quitó el casco y dejó ver un rostro algo demacrado, pero muy atractivo para su gusto. Tenía algunas canas en su pelo castaño claro y sus ojos eran azules oscuro.
— ¿Eso no debería preguntármelo tu superior?— Dijo el hombre con una voz grave y masculina.
— ¿Cómo sabe que…?
—Eres muy joven…—El hombre miró la tarjetita que colgaba de la chaqueta de pana negra de la chica—…Nymphadora.
—Tonks por favor.
—Esta bien, eres demasiado joven como para no tener un superior Tonks.
Ella sonrió.
—Si, tengo un superior. Pero no está…—Dijo ella con cansancio y un aire de superioridad—…A si que si es tan amable deme el informe a mí, a no ser que esté molesto porque sea una mujer policía y encima joven… Verdad señor…—Esta vez fue ella quien miró la tarjetita que el hombre llevaba en el traje de color rojo—…Remus Lupin…
—No me molesta en absoluto créeme.
—Mejor, eso nos ahorrará horas de conversación estúpida… ¿Qué decía? A si… Por favor el informe…
El hombre se quedó algo desconcertado.
—Está bien, le daré mi informe…
— ¡Estupendo!
En ese momento un grupo de personas capitaneado por Hermione, Marie, Harry y Draco se acercaron y con una Ginny expectante justo detrás.
— ¿La policía?—Tonks asintió ante las palabras de Draco y este estiró la mano para estrechársela—…Draco Malfoy…
—Oh si sé quien es usted diseñó los planos de la nueva comisaría…—Draco se quedó sorprendido de que le conociera, pero no era lo que más le interesaba en ese momento.
— ¿Qué ha pasado aquí?
—Bien… Mi amigo este bombero tan simpático de aquí estaba a punto de darme su informe.
Todos se giraron y miraron al hombre que se ruborizó algo ante esto.
—Esto… No han encontrado ningún cadáver. Pero la puerta del apartamento había sido derribada con fuerza…—Draco giró un momento la cabeza y se sorprendió con lo que vio, había un coche aparcado cerca de allí, consiguió ver una melena negra oscura y más tarde la cabeza de Pansy Parkinson asomó expectante, pero seguidamente le coche y su conductora desaparecieron—…Sea lo que sea lo que haya pasado ahí dentro, no ha sido nada bueno…
...
...
BONUS FINAL DEL CAPITULO:
Scorpius llamó a la puerta blanca y cutre del apartamento 5B y esperó a que le alguien le abriera. Después de un minuto esperando oyó ruido en el interior y seguidamente un chica rubia, y muy blanca le abrió la puerta.
—Hola Amelie— Dijo con seriedad.
Ella sonrió seductoramente, ni siquiera le preguntó por los golpes de su cara, ella sabía como tratar a los hombres, y unas de sus reglas era nunca andar en sus heridas, nunca hablar de sentimientos, así era más fácil.
— ¿A qué has venido?— Preguntó con una sonrisa picante.
Él miró al suelo, pero seguidamente la miró a ella aún sin quitar la seriedad de su cara.
— ¿Qué…? ¿Qué haces por cien pavos?
Ella sonrió y le introdujo dentro de su apartamento mientras le bajaba la cremallera del pantalón y se ponía de rodillas.
Esa noche iba a ser muy larga…
...
...
Theodore caminó por el largo pasillo con un montón de hielos sobre la única herida que tenía en la cabeza. La estancia era alargada y estaba iluminada artificialmente.
—Bienvenido Theo…—La voz sonó profunda desde el interior. Caminó un poco más hasta poder ver el rostro de la persona que le hablaba.
—Hola Moody… ¿Cómo estás?
El hombre le miró de arriba abajo.
—Has crecido—Dijo ignorando la pregunta del hombre. Él sonrió—…Has hecho bien en llamarme, solo no la habrías sacado de allí…
—Pansy insistió en que no debíamos involucrar a nadie más en nuestra investigación.
— ¿Investigación?— Theo se arrepintió de haber hablado—…Nott ¿Qué está pasando?—El castaño resopló mientras se colocaba su gabardina de color verde botella.
—Pansy cree que hay una conspiración dentro de "Los mortífagos" Cree que Riddle está tramando algo, algo grande…
— ¿Algo cómo qué? Casi gobierna el país por lo bajo, mueve hilos, compañías enteras están bajo su poder sin que nadie lo sepa…
—Tal vez ese "casi" ya no sea suficiente…—Ambos hombres se miraron y seguidamente se giraron ante la gran cristalera que había tras ellos. Desde allí podían ver una gran habitación de altos techos, estaba totalmente acolchada y en el medio se podía ver el cuerpo de una mujer que parecía drogada—…Creo que muchos tenemos razones para temer por nuestras vidas Alastor. Yo era la siguiente víctima, pero la pregunta es… ¿Quién va detrás de mí?—Ambos continuaron callados durante unos minutos observando el cuerpo de la mujer quien había atacado a Nott apenas una hora atrás y quien movía la cabeza como intentando volver en si—Sé que ahora trabajas en la policía Moody, pero no la metas en esto, no quiero que ella muera…
—Ha matado a mucha gente…
—No te imaginas a cuanta… No te haces una idea aproximada créeme. ¿Has oído hablar de William Dawson?
—Algo oí en mis últimos días con los mortífagos antes de conseguir salir, decían que era una auténtica máquina de matar…
—Pues no era el único… Ella y Dawson iban juntos, eran peligrosos incluso para Tom, estaban fuera de si, eran como animales, incontrolables, actuaban por instinto y oscuridad… Actuaban juntos, eran inseparables, estaban obsesionados el uno con el otro…
— ¿Y dónde está él?—Preguntó Moody.
—Se rehabilitó… Ella sin embargo…—Ambos la miraron de nuevo y esta vez Theo notó como los ojos color miel de ella se posaban en los suyos—…Lo siento As…—Dijo apenado.
Ella lo miró y esbozó una sonrisa sicópata.
—No podrás retenerme aquí eternamente…
Espero que les halla gustado ¿Review?
