¡Hola! ¿Cómo estáis? :D Espero que muy bien jiji y por fin conseguí que levantasen mi castigo y aquí estoy con un nuevo capítulo que estoy más que segura de que os encantará. Como habréis ido notando según nos adentramos en la trama esta se va volviendo más y más oscura, y este capítulo o iba a ser menos.
William Dawson sigue buscando a Astoria lo que les llevará a recordar momentos del pasado no muy agradables (si sois sensibles os recomiendo que paséis la parte del recuerdo de Will) Blaise sigue con su encaprichamiento, mientras Draco y Herms... ¡Menudo par! ¡La que preparan este capítulo no es poca! La cosa se van complicando más y más para todos, y la trama se va liando más y más hasta culminar con un hecho que marcará el fin de la primera parte... ¿Y por qué os cuento todo esto? Por eso exáctamente, la primera parte está a pocos capítulos de terminar.
Javileta: Responderé tu post mañana que se me ha hecho tarde (son las 22:50) y mañana tengo que levantarme prontito :D
Disfrutad mucho, este va dedicado a todas aquellas que seguís el fic. Un beso muy fuerte.
APUNTE: Espero que todas os enteraseis de la confusión que hubo con los dos capitulos anteriores, si tenéis alguna duda, review y contesto rápidamente a lo que queráis.
"Lo que sientes por él es real, pero no es poderoso. El verdadero amor traspasa la muerte"
XIV.Érika Debeux.
Draco se despertó esa mañana con el cuerpo como si le hubieran dado una paliza el día anterior. No había descansado lo suficiente, pero aún así apartó las sábanas y salió de la cama completamente desnudo. Se preguntó varias veces como había acabado su cuarto tan sumamente desordenado. Puso los pies en el suelo de moqueta granate y se dispuso a ordenarlo todo mientras meditaba sobre los acontecimientos ocurridos en los últimos días. La rebeldía de Scorpius, la constante tristeza de Lu, el supuesto amor entre Pansy y Theo, y su creciente deseo de Hermione. Esa chica le traía realmente de la cabeza. No podía tenerla, y cuando más se alejaban el uno del otro más la deseaba aún. En él se mezclaban las dos personas: El Draco que le decía que pensara con la cabeza y la alejara, y la fiera enjaulada deseosa de tomar el cuerpo de la mediana de las Granger.
Dio un golpe furioso a la cómoda de madera oscura a juego con su cama. ¡Dios! ¿Por qué la deseaba tanto? ¿Qué era lo que veía? ¡Ya ni siquiera era Paris! ¡Ella era otra persona! ¡Y no conseguía entender por más que lo daba vueltas que era lo que la hacía tan especial!
Tranquilizándose de su repentino ataque de furia se vistió rápidamente poniéndose unos pantalones y una camisa negra semiabrochada y salió de su cuarto aún chascando los dientes de rabia. ¡Por qué todo en esta puta vida le tenía que pasar a él! ¡Solo a él!
Estaba en verdad de muy mal humor, le dolía todo el cuerpo, había dormido sumamente mal, y para colmo el estúpido de Potter estaba en su mansión.
Ni siquiera se pasó por la cocina a desayunar, sino que tomó su abrigo largo y unos guantes negros y salió de su casa dando un gran portazo.
Llegó al hospital donde fue recibido con simpatía por los Granger los que tenían cara de no haber pegado ojo. El rubio insistió en que se marcharan a su mansión a descansar, y después de mucho hablar los terminó convenciendo.
Paso toda la mañana solo, sentado en una silla mientras tomaba la mano a Marie. Se sentía ignorado del mundo y más solo que nunca, por no tener ya no tenía ni a sus hijos; Will estaba demasiado ocupado en sus asuntos y Blaise últimamente estaba más que desaparecido y posiblemente ni supiera lo de Marie.
Cercana la tarde bajó a la cafetería y se sentó en una mesa a leer el periódico. La camarera le guiñó varias veces el ojo, pero él hizo caso omiso incluso cuando amenazó con ponerle sus enormes pechos sobre la cara. Tenía un mal día, definitivamente un día horrible que solo podrían levantar con dos cafés y un whisky. Bebida fuerte para emociones fuertes. Lo solía decir Blaise o tal vez Pansy... Llamó a la camarera dispuesto a pedir su segundo café del día, la joven se acercó contenta viendo que el hombre la llamaba, pero de repente la mirada del rubio se posó en la persona que acababa de atravesar la puerta... No podía ser.
— ¿Desea algo señor?— Dijo la encargada sonriendo mientras sostenía la libreta. Pero el rubio no contestó sino que se levantó de la mesa con la mirada fija en la mujer castaña que había entrado en la cafetería—… ¿Señor?— Insistió la joven, pero Draco caminó hacía la mujer anonado. Observó su pelo castaño, sus grandes rizos, sus enormes ojos similares a dos mariposas que aleteaban.
—Malfoy— Dijo ella mostrando una seductora voz femenina.
—Hola Debeux— El rubio parecía exhausto contemplando a esa mujer, que tantos años llevaba sin ver y que tanto le había ayudado en el pasado.
Ella era alta, casi tanto como él. Era de constitución delgada, piernas largas, caderas generosas y pecho poco abundante y firme. Los labios gruesos habían sido pintados cuidadosamente en un rosa natural, mientras los ojo estaban perfilados en negro.
— ¿Cómo te va?— Preguntó ella intentado romper el hielo.
—Bien… ¿Y a ti?— Dijo él aún tembloroso.
—Voy tirando…—Ella molesta se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros—…¿Y Lu y Scorp?
—Creciendo…—Draco decidió calmarse, condujo su mente a su habitual estado y continuó —… ¿Por qué has venido?—Dijo cortante.
—¡Vaya! Me esperaba otro recibimiento… Bien, seré rápida… El otro día llegué de trabajar a mi apartamento de Lyon y decidí meterme en la cama, cuando despierto tengo a tres tíos con un cuchillo a punto de degollarme el cuello y entonces me dije "¡Vamos Érika! ¡Ve a París a preguntarle a Malfoy! ¡Es él quien anda metido en estos líos de organizaciones secretas y…!
— ¿Mortífagos?—Preguntó él bajando la voz.
—Si. Vi su marca, el famoso tatuaje tan sádico del brazo…
Draco se pasó la mano por el pelo rubio como solía hacer normalmente cuando se frustraba.
—No tengo ni idea…
— ¿Qué! ¿He cogido un tren de Lyon hasta aquí para nada! ¿He tirado mi dinero?—Dijo irónica.
—No. No. Has hecho bien en contármelo. Es raro, Tom siempre pasa los asesinatos por Will o por Blaise, y ellos me lo habrían dicho si Riddle quería matarte. Y Pansy también, ella es la que se entera de todo…
—Pues muy fácil… O Will, Blaise y Pansy les importo una mierda, lo que dudo, o Tom traza planes a vuestras espaldas…
Draco se quedó pensativo un momento.
—Te contaré algo…
—Esta bien…
—Últimamente se rumorea de Riddle está tramando ago. Todos los ex miembros, o aquellos que tuvieron algo que ver con Tom o los mortífagos están muriendo. Hace unas semanas alguien asaltó la casa de Theodore Nott ¿Le recuerdas?
— ¿Un niñato bajito y muy flacucho? Si, lo recuerdo…
—Todos dicen que fue Astoria…
— ¿As ha vuelto?— Dijo la castaña sorprendida.
—Shhh…—Ordenó Draco—…Baja la voz. No tengo ni idea de si ha vuelto, pero si lo ha hecho ya seria la confirmación de que Tom actúa a nuestras espaldas y nuestras vidas estarían en serio peligro…
—Ese chico… Nott ¿Escapó?
—Si—Asintió Draco— ¡Hijo de puta!— Gritó haciendo que varios presentes se giraran—…¿Por qué tendrá tanta suerte?
—Si… ¡Fíjate! Nosotros estuvimos metidos en esto, tú continuas, Will continua, Blaise continua… Nunca nos pasó nada. Y fíjate mi hermana… Ella era inocente y mira… Pagó por nuestra estupidez…
Draco bajó la mirada unos segundos pero luego la levantó.
—Dirás que pagó por mí estupidez…
La mujer se dispuso a decir algo pero luego reusó, sabía que para Draco las palabras en el tema de Paris no eran suficientes, solo le rozó la mano con ternura.
—No te preocupes Érika. Estoy bien, de verdad. Va por días, unos mejores que otros. A veces me siento como si nada hubiese pasado y yo fuera feliz, pero luego veo a Lu ya Scorp, veo sus cicatrices y… Me derrumbo de nuevo; Y otros días… A penas puedo… Levantar la cabeza…
—Y hoy es uno de esos días…—El rubio asintió—…Draco. No fue culpa tuya. Sabes que yo no te guardo rencor. Tú la amabas, yo lo vi, cada día que pasabais juntos lo veía. La querías… Y te asustaste ¡Todo fue un accidente! Perdónate… Eres un hombre bueno al que la vida le ha hecho cosas malas. No mereces sufrir. Te conozco a ti, y conozco tu corazón. Lo siento… No debería haber venido…—Dijo ella con lágrimas en los ojos.
—No seas tonta, no ha sido ningún error. Te he echado de menos…
—E imaginar que había pensado en pasar con vosotros esta navidad…
Draco se puso serio.
—No creo que eso sea buena idea…
—Lo entiendo. Supongo que… Los niños tendrían preguntas…
—Espero que no sea de tu molestia.
— ¡No, no de verdad! Lo entiendo. Se que es difícil para ti, para mí también lo es…—La mujer ser giró con una sonrisa y dijo un simple "adiós", entre ellos bastaba eso, se conocían desde hacía demasiado tiempo…
Draco se lanzó sobre la cama de su novia con una sonrisa.
—¿Estamos solos? ¿Solos, solos, solos? ¿De verdad?
Una chica de cabello castaño y rizado entró en la habitación. Dejó la mochila llena de liblros del instituto en el suelo y se quedó mirando al rubio que había puesto las manos detrás de la cabeza y la miraba con ojos picaros.
—Si estamos solos… Y quita los pies de la cama…—La chica se apresuró y cerró un poco la persiana.
— ¡Hey, hey, hey! ¿Por qué cierras todo?
— ¡Los vecinos podrían vernos!
— ¿Y qué?
—Tengo una reputación ¿sabes? —Dijo ella con voz cansada.
— ¿A si? ¿Eres mi novia y tienes reputación? ¡Qué raro!
— ¿Tus anteriores novias no tenían? ¿No se parecían a mí?
— ¿Qué si tenían reputación? No… Salí con Astoria un tiempo. Creo que con eso te lo he dicho todo ¿No?—La chica asintió— A veces…. —Dijo él tomando un tono serio—…No sé como un chico como yo, ha acabado con alguien como tú…
— ¿tan aburrida, seria y friki?
—No… Increíble…
La chica sonrió y se abalanzó sobre él encima de la cama besándolo con dulcura. El rubio se aventuró a tocarle los pechos por encima de la camisa.
— ¡Espera! ¡Espera!
— ¿Qué ocurre?— Preguntó él molesto.
—Draco, debes saber que yo nunca… Ya sabes…
—Eh…Si… No te preocupes si no quieres… Esperaré…
— ¡No! Quiero hacerlo… Estoy preparada…
— ¡Paris si no quieres esperaré! Por ti lo haría…
—De verdad… Quiero hacerlo solo que… No sé… Como… Tengo miedo de hacer el ridículo… ¿Me enseñarías?—Dijo ella con una sonrisa nerviosa.
—¿Hacer el ridículo? ¿Enseñarte?—Bufó Draco—…¡Por dios! Mira, te diré algo: Todos piensan que las mejores en el sexo son las chicas guapas, las sexis, las que enseñan carne ¿Por qué? Las mujeres que enseñan menos tienen lo mismo debajo de la ropa que las que lo enseñan casi todo, y además las chicas listas como tú tienen una ventaja, sois sorprendentes. La mayoría de los hombres fantasean con el sexo de un modo agresivo, disfrutan al pensar en ser complacidos por una mujer que cumple todos sus deseos, pero luego nos damos cuenta de algo: El sexo está hecho para dos, si tu lo disfrutas, yo lo disfruto y si no…. Pues nada… Espero haberme explicado…
—Si…—Dijo Paris con una sonrisa—…Si lo has hecho…
—Además las mujeres también fantaseáis…
—Si lo hacemos…
— ¿Y tú que fantaseas?— Dijo Draco cerrando los ojos mientras se relajaba. Ella se acercó a sus labios.
— ¿De verdad quieres averiguarlo?
—Te dije que no tendría que enseñarte nada…— Se besaron como nunca lo habían hecho y empezaron a desnudarse mientras sus cuerpos se frotaban sensualmente. Draco se movió y se colocó encima de ella mientras la levantaba la camisa—…Te quiero…—La susurro al oído—…Te amo…
Ella le besó más apasionadamente mientras le quitaba la camiseta negra y descubría su perfecto cuerpo de piel blanca y tersa. La atraía muchísimo, era el único chico en la tierra que conseguía ponerla a cien.
Él la besaba el cuello y subía para besarla después detrás de la oreja. Ella gimió y empezó a jadear. No se atrevía a desabrocharle el pantalón, era demasiado tímida para ello, pero sin embargo sus braguitas totalmente húmedas le pedían lo contrario. Enlazó las piernas alrededor del cuerpo de él y se apegó al rubio mientras él la seguía besando.
Hicieron el amor. Él entró en ella con toda la suavidad que le fue posible, pero los nervios del chica la hicieron sentir el dolor a pesar de la calma del rubio. Abrió la boca, y seguidamente se mordió el labio mientras agarraba las sábanas de su cama intentado aliviar la presión de algún modo.
— ¿Te duele?—Preguntó él. Ella asintió nerviosa. Draco empezó con un suave vaivén mientras la miraba a los ojos y la daba algún que otro beso fugaz. Acarició el cuerpo de la chica el que le pareció el más suave y delicado que había tocado jamás.
No consiguieron llegar al orgasmo. Ambos estaban demasiado nerviosos, pero fue increíble. Solo la sensación que ella tenía cuando Draco la miraba a los ojos ya era increíble. Sus caricias, sus palabras, sentir su respiración en la cara, sus jadeos, suspiros, gemidos… Solo por eso ya había valido la pena…
[…]
Draco despertó un par de horas después. Se había quedado profundamente dormido después de hacer el amor. Abrió los ojos y se encontró con que estaba abrazado a Paris como si fuera un peluche por encima de la sábana blanca inmaculada con la que estaban envueltos. Ella al contrario que el rubio no dormía, sino que leía un libro en un idioma que no supo reconocer y que no era francés.
— ¿Qué hora es?— Preguntó él bostezando.
—Cerca de las cinco…—Dijo ella mirándolo con ternura.
— ¿Tanto he dormido?
—Unas tres horas, se ve que estabas muy cansado…
—Estaba medio muerto…—El chico se incorporó—… ¿Qué lees?
—Me lo ha dejado mi tía Laetitia, la madre de Blaise. Es una de las primeras óperas conservadas aunque está incompleta, es "Orfeo" de Claudio Monteverdi, está en italiano…
—Parece aburrida.
—Pues no lo es.-Dijo ella ofendida-... Más bien es… Romántica…—El rubio sonrió.
— ¿Me lees algo?— Pidió Draco.
—"Tu se' morta, mea vita…"
—Me refería a que me lo tradujeses…
—Perdona. Ahí va:
"Tú estás muerta, vida mía,
¿Y yo sin embargo respiro?
Tú te has alejado de mí
Para nunca más volver,
¿Y yo permanezco?
No, porque si los versos
Tienen algún poder,
Yo iré decidido
Al más profundo abismo
Y ablandaré el corazón
Del Rey de las sombras,
Yo te traeré
Para ver las estrellas de nuevo…"—La chica que se quedó callada y seguidamente cerró el libro.
— ¡Hey! ¿Por qué no sigues?
—Si tanta curiosidad tienes ¿Por qué no lo lees?
—Yo no leo.
— ¿Nunca?
—Nunca.
—Pues deberías.
—Recomiéndame algo…—Pidió él.
—"Romeo y Julieta"
— ¿Qué? ¡No pienso leer nada empalagoso!
—Tampoco lo son tanto… ¡Espera!—Dijo ella de repente, pero no la dio más tiempo a reaccionar, una chica muy parecida a Paris pero un par de años más mayor entró en la habitación y dio un chillido enorme al verles a ambos en la cama.
— ¿Q-Qué narices está pasando? ¿Qué hace él aquí! ¡Bueno, no sé para que pregunto si estáis desnudos metidos en la cama!
—Érika…—Dijo Paris intentado dar una explicación y calmando a su hermana mayor. Por otro lado Draco estaba más rojo que un tomate—… ¿No ibais a estar por ahí toda la tarde?
—Papá y mamá… Yo he decido venir antes… ¡Y mira con lo que me encuentro! ¡No es porque me parezca mal ni nada! ¡Es porque simplemente me he sorprendido!
—Se ve, no dejas de gritar…
La chica intentó calmarse pero volvió a la carga esta vez mirando a Draco y señalándole acusadoramente.
—¡La habrás tratado bien al menos no? ¡Mas te vale porque si no voy a matarte!
—Siempre intento tener cuidado—Dijo él hablando bajito, estaba muy ruborizado.
—¡Si! ¡Supongo Malfoy! ¡Habréis utilizado condón al menos! ¿No?
Draco miró a Paris asustado y ella a su hermana. ¡Mierda, mierda, mierda!
—Si, claro—Mintió la castaña—…¡Qué cosas!
Draco resopló aliviado cuando Érika salió de la habitación sin decir palabra, pero luego miró a Paris algo preocupado.
—¿Qué vamos a hacer? ¿Quieres que te acompañe al médico a por algo?
—No creo que de momento haya que preocuparse de mucho…—Respondió ella—…Además solo lo hemos hecho una vez…
—Pero me preocupa…
—Iré a una revisión dentro de tres semanas, mi madre pidió cita… No te preocupes…
Draco se tumbó pensativo un momento.
— ¿Te imaginas tener un bebé ahora?
Paris se quedó también algo pensativa, la idea le dio miedo y entendió la preocupación de Draco. No estaba preparada para criar un bebé, y si ella no lo estaba siendo mujer, estaba segura de que su novio menos aún. Sintió una breve presión en el estómago un momento provocado por la preocupación. ¿Si ella se quedara embarazada por x circunstancias Draco la ayudaría a criar al bebé o desaparecería de su vida espantado como hacían gran parte de los hombres? ¿Se casaría con ella o continuarían como estaban? Las múltiples dudas y el miedo a crecer le hacían sentirse absolutamente mal.
— ¿Te ocurre algo?—Preguntó él.
—Oh no. Estoy bien. Solo que… Estaba pensando en todas las consecuencias que puede traer no ponerse una maldita goma… Nada más…
—Si, yo también lo estaba pensando… No me veo como padre, no sé si… Estaría preparado…
—Yo tampoco… Pero todo cambia cuando lo eres ¿No?
—Supongo…—Ambos se quedaron callados un momento—…¡Bueno no creo que con dieciséis años uno tenga que plantearse esas cosas!
—Tienes razón, ya verás como en el fondo no es nada…
...
...
— ¡Señorita Luccia! ¡Señorita Luccia!— La rubia bajó las escaleras de la mansión en pijama ante la llamada de Florián—…El Señor Dawson está aquí… Quiere verla…
— ¿Ahora?—Gritó ella mientras la mujer la empujaba hacía el piso de arriba— ¡No estoy lista!
— ¡Pues vístase querida! Nunca es bueno hacer esperar a un hombre tan apuesto…
Luccia sonrió.
—Vaya tu también te has fijado…—Expresó sonriendo.
— ¿Quién no se fija en el Señor Dawson? ¡Me extraña que no haya sido cazado ya por otras mujeres! Tal vez la espere a usted Señorita Malfoy…
—En mis sueños— Suspiró la rubia terminando de subir las escaleras— Florián ¿Sabes si este año Will pasará las navidades con nosotros?
—Tengo entendido que si… Como casi todos los años Señorita…
— ¿De verdad crees que Will me espera a mí?
— ¿A quién si no querida? ¿Conoce usted a una joven más hermosa, distinguida, inteligente…?
—… ¡Dios me alagas! ¡William no se fijaría en mí en la vida!
— ¡Una nunca puede saber Señorita! Los hombres son… Impredecibles…— Ambas entraron en la habitación de Lu y Florián empezó a sacar ropa del armario de la chica mientras esta se cepillaba la larga melena rubia platino.
—Hablas como si tuvieras mucha experiencia…
La mujer enrojeció un momento pero luego rio.
—Tengo toda la experiencia que puede tener cualquier mujer… Se adquiere con el tiempo…—La mujer tomó un vestido negro y un chaleco de piel desgastada con unos botines del mismo color y se los entregó a la rubia que se maquillaba con precisión sus ojos azules oscuro con una sombra color noche.
—Will es…—Dijo parando un momento de pintarse la raya—…Increíble. ¡No sé que es! ¡No sé si son sus ojos verdes oscuros, no se si es su pelo negro, su piel suave…! ¡No sé que es! De verdad… Pero…—La chica paró en seco y miró a Florián—…Si te confieso algo… ¿Se lo dirás a alguien?
— ¡En absoluto Señorita Luccia!
—Me vuelve loca. Loca. Es que no sé es tan… Guapo, simpático ¡Dios lo tiene todo! ¡Es todo lo que una mujer puede soñar! Es como un príncipe… —La chica se puso la ropa que Florián había elegido para ella y se la puso.
—Esta muy hermosa… Ahora baje… Su hombre la está esperando…
Luccia sonrió y salió de su cuarto, dispuesta a encontrarse con el hombre al que quería desde que era pequeña…
[…]
— ¿Por qué has venido a buscarme?— Preguntó Luccia cuando ambos estaban ya en el coche—…Y no me digas que es porque tenías ganas de verme, quiero la verdad…
Will no contestó el silencio era incómodo pero no podía arriesgarse a decir la verdad, la verdad que ni él sabía en realidad.
— ¡Pasa de mí! ¡No me contestes!
—Es complicado Lu. Entiéndeme… Ambos sabemos por que es ¿Verdad? Entonces ¿Qué más quieres?
Luccia se quedó muda un momento, ¿Eso había sido una confesión?
—Quiero oírlo de tu boca.
—Vale… Yo te lo diré si tú me lo dices…
— ¿Qué quieres que te diga?
— ¡Joder Lu la verdad!
— ¡Tú ya la sabes desde hace mucho tiempo! ¿Qué más quieres?
—Quiero oírlo de tu boca…
La rubia se quedó callada, él la había pagado con la misma moneda. Él nunca le diría lo que sentía por ella, no por timidez, sino por miedo, tenía miedo de Draco y eso la fastidiaba. ¡Qué importan los demás cuando se trata del amor! Pero Will, a pesar de ser increíble era un hombre, y los hombres no entienden del amor…
—Eres increíble de verdad…
—Gracias— Respondió él. Estaba empezando a irritarse por la actitud de la rubia, no soportaba que le presionasen, le hacía perder el control.
—No lo decía en el buen sentido…
—Tranquila me he dado cuenta de ello.
—Hoy estás un poco borde ¿No?
—Tú me haces serlo…
— ¡Genial ahora es por mí culpa!— Dijo ella fastidiada.
—Te he venido a buscar para darte una sorpresa ¿Contenta?
— ¿Sorpresa?
—Tu cumpleaños es dentro de un par de semanas y pensé en regalarte algo…
¿Su cumpleaños? Después de todo lo ocurrido casi se había olvidado. El 24 de diciembre era su cumpleaños y el de Scorp y a penas quedaban dos semanas.
—Siento haberme puesto borde…
Will sonrió.
—Sabes que no hay problema… Yo siento haberme puesto serio, sé que no soy especialmente agradable cuando me pongo así… Perdona…
—No hay nada que perdonar…—Ambos quedaron en silencio mientras sonreían. Luccia se sentía algo avergonzada por lo que había dicho, ya que no sabía si lo que Will había dicho hablaba sobre lo que sentía por ella o por lo del regalo, pero se decantaba más bien por lo segundo ya que era imposible que él se hubiera fijado jamás en ella. Estaba ruborizada y sentía una vergüenza enorme—… ¿Cuál va a ser mi sorpresa?—Dijo intentado cambiar de tema.
—Si te lo dijera no sería una sorpresa…
— ¡Anda una pista!
—Es algo que quieres desde pequeña…
Luccia se quedó pensativa, no se la ocurría nada.
Llegaron a una calle algo apartada del centro.
—Espera aquí— Pidió Will mientras se bajaba del coche.
—Está bien—Dijo ella. El moreno dio la vuelta al auto y para sorpresa de ella la abrió la puerta y la tapó los ojos con la mano—… ¿Qué es?—Preguntó la rubia riendo ante la acción de William.
—Espera.
Lu caminó con los ojos tapados por la mano de Will. Él estaba tan cerca que podía oler el perfume de la joven Malfoy, olía demasiado bien, y el vestido negro la quedaba increíble. Le gustaba ver sus sonrisa, era blanca y perfecta, y por alguna razón le alegraba el corazón.
Entraron en la tienda y Will dio la orden a la asistenta que trajera el regalo que estaba a su nombre. La mujer rubia y bastante rellenita trajo una cesta de mimbre.
—¿Preparada para ver tu regalo Lu?
Ella asintió con una sonrisa más ampliada. William quitó las manos de los ojos de la chica y ella los abrió.
—¡Dios mío!
—¡Siempre quise un gato! ¿Cómo se llama?
—Como tu quieras…
—Napoleón… Se llamará Napoleón… ¡Dios!—Gritó tapándose la boca con las manos de la emoción—¡Gracias, gracias, gracias!—Se giró hacía William y le abrazó.
—Y algo más…—Dijo él manteniendo la calma, a pesar de que cada vez se sentía más conmovido por la emoción de Lu.
— ¿Más?— Él asintió.
—Me han invitado a una fiesta por Nochevieja, y tengo que llevar a alguien… ¿Te gustaría ser mi acompañante?
Luccia se quedó sin palabras.
—¿Yo? ¿Contigo? ¿Juntos? ¿Juntos, juntos, juntos?— Dijo ella alucinada.
—Si no quieres venir no hay problema…
—¿Estas loco? Siempre he querido ir a una de esas fuestas… E ir contigo seria… Simplemente genial… Acepto…—Dijo sonriendo—Por supuesto que acepto…
—¡Estupendo! Eso quiere decir que no he comprado el vestido para nada…
—¿Qué vestido?— Preguntó ella confusa.
—Este vestido— William hizo un gesto a la asistente y enseguida trajo un precioso vestido plateado con pedrería incrustada. Hacía tiempo que Luccia no veía algo tan hermoso.
—Dios Will no sé… No sé como darte las gracias…
—No lo hagas… No es ninguna molestia…
¿Cómo podía él ser tan increíble? Era todo con lo que podía soñar: Con él… William Dawson…
...
...
— ¡Ginny cielo llaman a la puerta!— Gritó Molly Weasley.
— ¡Ya voy, ya voy!— La pelirroja bajó corriendo las escaleras de su casa y cruzó el pequeño pasillo. Desde la entrada se podían ver las escaleras que subían al piso de arriba y a los lados las dos puertas que iban una a la cocina y la otra al salón más amplio y con un sofá azul en el que la Señora Weasley hacía punto. La pelirroja abrió la puerta animada.
—Ah, eres tú…—Dijo Ginny bajando su sonrisa—… ¿Qué quieres?
—He venido a hablar…—Blaise Zabini iba tan encorbatado como siempre, luciendo su aspecto impecable, perfecto hasta la saciedad. Su pelo engominado hacía atrás, blazer gris a juego con los pantalones y la corbata negra contrastaba con el aspecto natural de Ginny. Era eso lo que tanto le atraía de ella su naturalidad, su brillante sin artificios, su piel brillante y sedosa, sus ojos verdes con pintas miel, sus labios gruesos y jugosos…
— ¿Solo a eso? Yo no tengo nada que hablar contigo…—Se dispuso a cerrar la puerta pero él lo impidió.
—…Y a disculparme… Aunque si no quieres escucharme lo aceptaré, ya que será tu deseo, y tus deseos son más que órdenes para mí…
Ginny se quedó anonada un momento. Se derretía ante él, era superior a sus fuerzas, pero era una mujer fuerte.
—Si crees que con palabras cursis voy a volver a salir contigo lo llevas claro…
—Tal vez no me he explicado del todo bien…
—Lo hiciste, créeme, lo hiciste. Te acuestas conmigo, pasamos unos días increíbles pero no soy nada para ti ¿Qué te has creído que soy? ¿Tu puta?
Ella tenía razón, pero él sentía miedo al compromiso. La quería, con todo su corazón, y no soportaba el miedo a perderla, por eso había vuelto a buscarla, habría pasado de cualquier otra, pero le era imposible pensar que no iba a pasar más momentos con Ginny.
—Te echo de menos…
— ¿Si? ¿Hasta que punto?
Él pensó mucho lo que iba a decir, se estaba empezando a poner nervioso.
—Hasta el punto de que… Hasta el punto de que… ¡No sé! Es ilimitado… Cada parte de mí te echa de menos… Soy adicto a ti… O dios creo que me estoy pillando—Eso último lo dijo para si mismo, como si fuera un pensamiento en alto.
— ¿Si?
—Si…—Asintió él—…No vendría aquí si no te echara de menos. Te extraño…—Se acercó para besarla impulsivamente pero la pelirroja se apartó.
— ¡No te emociones chaval! Vamos a hacer algo ¿Ok?—El asintió—…Nada de sexo, ni besos, ni toqueteos… Pero podemos quedar para los próximos días si quieres…
Blaise sonrió abobado.
—Claro…—Solo quedar con la chica le ponía inmensamente feliz.
—Bien—Sonrió ella—…Te llamaré…—Seguidamente se despidieron y ella cerró la puerta. Se quedó apoyada en ella de espaldas con una sonrisa en la cara mientras se mordía el labio. Blaise bajó los tres peldaños del chalet de los Weasley con una sonrisa de oreja a oreja.
— ¿Ha ido bien señor?— Preguntó el chofer abriéndole la puerta de la limusina. El hombre asintió, ella le hacía sentirse como si tuviera dieciséis de nuevo.
...
...
William dejó a Luccia en casa después de comer juntos en un restaurante. Los sentimientos hacía la rubia empezaban a hacer mella en su uso de razón y notaba que ella se empezaba a dar cuenta a pesar de no aceptarlo. Había veces que ella hablaba, pero él estaba tan concentrado en observarla maravillado que no entendía lo que decía.
Iba solo en el coche, pero la soledad era algo que no le molestaba en absoluto, en el fondo él se sentía solo casi siempre excepto cuando estaba con Lu. Desde joven había aprendido a tomar la soledad como su mejor amiga.
Sus padres murieron cuando él era muy pequeño a si que se crió con su abuela, una mujer rica y autoritaria, pero también muy anciana.
En el colegio también solía estar solo, se sentía… Diferente. A él no le gustaba jugar al futbol, solía estar demasiado concentrado en los libros de la historia de la corte hispánica, de la cual, descendía su familia. Libros… Historias fantásticas… Era lo único que hacía. No tener amigos no era un problema para él, si alguien se acercaba a hablar no lo rechazaba, sino que lo atendía con la mayor cortesía que le era posible, como le había enseñado su abuela, cortés hasta el final. Era el favorito de todos los profesores, joven, educado y de gran talento no aparentaba ser un niño normal… Nadie estaba a su altura…
—¿Ese es?—Preguntó un chico de unos diecisiete señalando a un joven William Dawson de solo catorce—…¡Pues si que tiene pinta de pringado!—Opinó despectivamente.
— ¡Ni que lo digas Morgan! ¿A quién se le ocurre venir al instituto con camisa y corbata?—Rio un chico rubio con cara de tonto que había más atrás. Morgan, Jackson, Loen y Jonathan era el grupo de estudiantes mayores que se dedicaban a hacerle la vida imposible siempre que podían.
Acababan de salir de clase y se encontraban en los jardines de delante del instituto Hogwarts. Era su segundo año en el instituto pero le seguían haciendo las mismas novatadas y los mismos comentarios que el primer día. Como en el colegio, no le sobraban ni los amigos, ni las chicas a pesar de su brillanted y su ingenio. No era alguien precisamente interesante.
Decidió hacer oídos sordos a las críticas y pasó por delante del grupo de chicos que reían sin parar con cara de troles atontados.
— ¿Qué te ocurre Dawson?— Dijo Morgan, el líder del grupo levantándose del banco donde ahora se sentaban siempre Luccia, Hannah y las demás. El chico caminó hasta el joven Will con chulería—… ¿Sabes? Ahora hay una cosa que se llama moda…—Agarró a William por el cuello levantándolo un poco, el chico intentó deshacerse, pero Morgan era mucho más fuerte que él—…Como sigas así no te vas a echar novia en la vida…—Seguidamente miró a su grupo de amigotes que seguían riéndose como tontos—…Aunque pensándolo bien, me gusta tu corbata, Me la prestas ¿Verdad? A espera, no me acuerdo como se desataban…—Empezó a tirar de la prenda del chico, el que se retorcía sin parar debido al daño que le hacían en el cuello.
— ¡Morgan!— Una voz chillona y femenina resonó detrás de la cabeza del adolescente, y como por arte de magia las risas cesaron. El nombrado se dio la vuelta y casi tembló al ver a una chica que tenía cara de ser de la misma edad que William. Tenía el pelo largo, castaño oscuro, con unas ondas hermosas y de aspecto fuerte y saludable. La piel cetrina era resplandeciente, la más clara que Dawson había visto jamás. Los ojos eran afilados y felinos, con unas pestañas negras enormes, aunque lo que más resaltaba era el color de su iris, que era de un color ámbar casi amarillo—… ¡Suéltale ya!—El adolescente asustado dejó a Will en el suelo, y este empezó a toser, pero casi sentía diversión. ¡Era cómico ver a un grupo de chicos de diecisiete años casi aterrorizados por una cría de unos trece!
—Si. Si. Si…—Dijo Morgan. Seguidamente miró a sus compañeros y todos salieron corriendo, mirando hacía atrás de vez en cuando por si la joven les perseguía.
—Perdónales… Son idiotas…
La chica ayudó a William a levantarse y este tosió varias veces.
— ¿Cómo has…?
—…Eso es lo de menos. Aquí hay personas que me temen…
—Pues… No pareces muy agresiva…
La castaña sonrió y se encogió de hombros.
—Soy Astoria Greengass…—Dijo extendiendo el brazo.
—William Dawson…—Ambos se estrecharon las manos—… ¡Ah!—Gritó el moreno. Había sentido como si todos los huesos de su mano se fragmentasen, sintió el dolor más horrible de toda su vida—… ¡Pero que…?
—Lo siento…—Se disculpó ella inquieta—… ¿Te he hecho daño?
— ¿Estás de broma? ¡Casi me partes la mano por la mitad!
— ¡Lo siento es un problema que tengo! ¡De verdad que no ha sido mi intención lastimarte!
— ¿Eres super fuerte o algo así?
Ella asintió con una sonrisa.
—Algo así…
Algo se movió en su estómago al mirar a los ojos ámbar de ella. Se quedó prendado en su mirada, no podía soltarse y cuanto más lo intentaba más atrapado se encontraba, había caído en la tela de araña tejida por Astoria Greengass…
Sonrió al recordar esos momentos del pasado. La mano le estuvo doliendo una semana entera. A partir de ese día no volvió a sentirse solo, conoció a Draco el que por esos entonces era el novio de As, conoció a Blaise (por esos entonces ex novio de Greengass) Y a todos los que después serían sus amigos. Pero aún así solo una persona había conseguido llenarle por completo. Astoria. Era la única persona en el mundo que al igual que él podía estar en una sala de gente que la alababa y sentirse completamente sola. La soledad les unió más de los que ambos cabían esperar…
Pero ella se marchó, desapareció del día a la noche. Y ahora, que creía que Luccia había acaparado todo su lugar Astoria volvía. Sabía que había vuelto. Por eso llevaba varios días investigando hasta averiguar donde se alojaba, pero cuando fue a buscarla ella ya se había ido… Pansy y Nott sabían donde estaba, pero ellos no se lo dirían, por lo que tendría que buscar por otras fuentes… Seguro que uno de los nuevos "tesoros" de Riddle lo sabría.
Aparcó en una zona muy apartada del centro. Su porche contrastaba con la mala pinta de aquel lugar. La calle estaba desierta, excepto por algunos mendigos que le miraron con expresión seria.
Will cerró el coche y caminó por la hilera de casas pequeñas con aspecto de haber sido construidas hacía ya algunos años. Cruzó la verja de una de ellas, en la que ponía el número 12. Observó que las ventanas de ventilación del sótano estaban selladas y las ventanas tapadas con maderas en forma de x. Cualquiera que no supiese la verdad aseguraría que esa casa estaba deshabitada, pero como Will sabía, no era así.
Llamó como sus modales le exigían, pero estaba dispuesto a derribar la puerta si era necesario, además llevaba su revolver bien cerca de su mano por si la situación lo exigía. Pero no fue necesaria la violencia ya que Cedric abrió la puerta como si de un amigo se tratara.
— ¿Qué haces aquí Dawson?— Preguntó con una sonrisa entre maléfica y divertida— ¿Has venido a matarme o…?
— ¡Vasta de juegos Diggory! He venido a que me digas donde está ella…—El moreno lo empujó y lo puso contra la pared.
— ¿Quién? ¿No sé de qué me hablas?— Dijo riendo casi como si la situación y la seriedad de Will le divirtiesen.
—Voy a matarte como no me lo digas…
— ¿A matarme? ¿Tú? ¡Lo dudo!—Continuaba riéndose con burla—…Hace tiempo que eres un niño bueno William Dawson, ya no matas por placer… Solo cuando lo requiere Tom… ¡Tu no vas a matarme! —Will no contestó si no que continuó sosteniendo en el aire con fuerza al chico casi diez años más joven que él—… ¿Hace cuánto no disfrutas de la sangre Dawson? ¡Mírate! ¡Te han castrado! No eres ni la sombra de lo que eras…
—He cambiado…
— ¿Cambiar? ¡Ja! Eres un adicto… ¡Vamos! Ambos sabemos que lo estás deseando… La sangre… Nunca se aparta de la cabeza ¿Verdad? Deja huella… Y cuando crees que lo has olvidado el pasado vuelve hacía ti como un búmeran, que cuanto más lejos intentas lanzarlo más rápido vuelve y más fuerte es el golpe…—La mano de Will se apretaba por momentos contra el cuello de Cedric el que parecía disfrutar—…Vaya se te está empezando a caer la máscara de perfecto caballero Dawson… Muestras tu verdadero rostro…
Will parecía fuera de si. Estaba sobreexcitado. Daba la sensación de que las pupilas totalmente dilatadas se le iban a salir del iris verde, del que duras penas se veía nada ya que estaba recubierto por un color negro. Mantenía los dientes apretados y unas gotitas de sudor recorrieron su cara. Jadeaba. Parecía como si luchara entre sus temores personales y su propio instinto. Mientras Cedric reía…
—Eres un animal… Y siempre lo seguirás siendo…
De repente paró. Se dio la vuelta y se pasó la mano para la frente agitado. Había estado apunto de hacerlo, a solo unos momentos…
— ¡Débil!—Gritó Cedric pero sin que a penas se diese cuenta William se giró y le dio tal puñetazo en la cara que cayó al suelo—…¿A que ha venido eso?— El chico de pelo cobrizo se levantó y se limpió el labio lleno de sangre molesto.
—No he venido a matarte, he venido a que me digas donde está Astoria…
—Hace días que nadie la ve…
— ¡No me mientas!
— ¡No lo hago! ¡Es la verdad! Hasta Tom está preocupado…
Seguidamente William se giró y cerró la puerta de un golpe.
[15 años atrás…]
— ¿As?— Will entró en una casa de una fraternidad de la universidad. Había recibido un mensaje de Astoria diciéndole que fuera a buscarla allí, pero no entendía para que. ¿A quién le interesaban las fraternidades cuando se tenía diecisiete años? Caminó por la casa. No se oía ningún ruido, estaba todo totalmente a oscuras. A cualquiera se le hubieran puesto los pelos de punta, pero no a él, hacía tiempo que Astoria le había enseñado a no tener miedo, sino a utilizar la adrenalina para conseguir una fuerza sobre humana, como la que ella tenía por naturaleza.
Lo único que resonaba en la oscuridad era el sonido de sus pantalones de cuero a juego con su chupa negra. Hacía tiempo que había dejado su aspecto de niño bueno y lo había cambiado por lo que llevaba ahora, camisetas ajustadas y sin mangas, cazadoras de cuero o vaqueras, pantalones ajustados… Su abuela se asustaba cada vez que le veía así, pero algo en él había cambiado, ya no era el chico bueno de antes, ahora era otra persona, había descubierto la parte oscura de si mismo.
Al final del pasillo vio una luz. Era tenue, rojiza. Siguió hasta a ella y abrió la puerta. Se encontró con una estancia en la que había varios sofás, y una tele. Había como unas ocho personas, todas muertas, y al lado de cada una un charco de sangre enorme, y al fondo estaba Astoria, sentada en el suelo, en una esquina, abrazándose las rodillas mientras observaba la habitación..
— ¿Qué has hecho?— Preguntó el chico indiferente, sin expresar sentimiento en su habla.
La chica se levantó mostrando su curvilíneo y sensual cuerpo, apegado a su ropa negra la que resaltaba todas sus formas.
—¿No les reconoces?—Dijo con una sonrisa aniñada que no pegaba con sus ojos felinos y amarillos. Se apartó el pelo castaño ondulado de la cara y caminó hacía Will, que parecía inexpresivo. El moreno giró la cabeza y reconoció aquellos rostros, a pesar de llevar años sin verlos—…Lo he hecho por ti…—Sonrió ella.
Los cuerpos de Morgan, Jackson, Loen y Jonathan permanecían inertes en el suelo. Tenían el pecho destrozado, como si hubieran intentado arrancarles el corazón a zarpazos.
— ¿Y los demás?— Expresó él aún sin emitir movimiento facial.
—Oportunistas… Ni siquiera se percataron de que entré… Fue trabajo fácil…
De repente Will cambió su inexpresión por una sonrisa y soltó una gran carcajada, la agarró por la cintura y la besó.
—Eres alucinante…
—Gracias… —La chica removió la camisa blanca ajustada de él, deslizó los dedos por su cuello mientras él sonreía—…Sabía que serías mío William Dawson, desde el primer día que te vi…
— ¿Desde el primer momento?
—Por supuesto… ¿Qué queda de ti Will?—El seguía contemplándola con expresión fascinada—… ¿Sigues ahí dentro?—Dijo poniéndole la mano en el corazón.
—No—Negó él—…He cambiado…
—Pero sigues oliendo jodidamente bien…
— ¿Y eso te desagrada?—Dijo él sonriendo seductoramente. Ambos se comportaban como si la situación de la sala les fuera indiferente.
—Lo más mínimo, pequeño, lo más mínimo…—Ella le mordió la oreja y seguidamente el cuello—… ¿Me agradeces mi regalo? ¿Me recompensarás por ello?
—No lo dudes…—Él la siguió el juego y recorrió con la lengua el escote de la chica, ella soltó un leve gemido al que él respondió con caricias leves y placenteras.
—Vámonos, no quiero estar aquí, ver tanta sangre me repugna…—Pidió mientras Will la seguía besando.
—A mí me excita demasiado...—La empujó contra la pared y la besó con una pasión sobre humana mientras la desabrochaba el pantalón. Ella le agarró con fuerza impidiendo que llegará más allá, y le empujó contra la puerta de forma que calló fuera de la habitación—… ¿Quieres jugar?—Ella sonrió. Eso era una afirmación. El moreno que había caído se levantó—…Enséñame lo que sabes hacer…—La chica corrió hacía a él y le dio un par de puñetazos con cara de excitación—… ¿Eso es lo mejor que sabes hacer?— Gritó él mientras sonreía y ella le golpeaba.
—Deja de hablar… Me desconcentras…—La castaña le agarró del cuello y apretó con fuerza, Will se puso blanco por momentos, mientras Astoria disfrutaba de una manera sobrehumana, se podía notar el placer en su cara. Dawson la dio un puñetazo en la cara y ella se apartó de encima cayendo hacía un lado. William la tomó por los brazos y se los agarró poniéndose encima de ella.
— ¿Quién va a jugar ahora?
Astoria soltó una carcajada enorme. Will dejó de agarrarla un momento para desabrocharla los pantalones, mientras ella le arrancaba literalmente la camisa. Recorrió su musculoso cuerpo con las manos. El moreno la besó el cuello y seguidamente la mordió haciendo con un pequeño hilo de sangre bañara sus dientes. Ella gimió y gritó debido al placer.
Estaban a oscuras, en un pasillo de una fraternidad de la oscuridad, la excitación podía con ellos.
Will consiguió quitarla los pantalones al fin a pesar de que ella se revolvía sin parar y le mordió varias veces cuando se dio la vuelta. Ella le bajó la cremallera y tocó su ingle presionando su mano y masajeando. William estaba casi enloquecido la agarró del pelo y echó la cabeza de ella hacía atrás. Besó y mordió sus pechos mientras ella gemía de placer. La castaña le arañó toda la espalda cuando él la penetró.
—Te quiero—Susurró él entre gemidos lo que hizo sus palabras casi inentendibles. Dudó si ella le había oido pero le dio igual, ella nunca respondía cuando él la hablaba. Era normal en la gente como ellos, estaban solos a pesar de estar haciendo el amor. Esa era la condena de Astoria, ella lo decía siempre, estaría sola hasta el final, hasta la muerte…
...
...
Draco entró en casa sin decir absolutamente nada a nadie. Sino que subió hasta su estudio y se encerró. Había demasiado en su cabeza, demasiadas cosas queriendo salir. Este mundo podía con él. Tenía un día horrible, hacía tiempo que no se sentía tan mal, su último día de recaída había sido aquel en el que vino Hermione, aquel en el que Will y Blaise le trajeron una fotografía en la que estaba toda la pandilla reunida unos días después del nacimiento de sus hijos.
Se sentó en el escritorio después de cerrar las cortinas.
Hermione. Ella tenía la culpa de todo. No podía tocarla, pero la deseaba con todas sus fuerzas, era superior a él, era demasiado… La odiaba pero era pensar en ella y todo en él se volvía loco. ¿Qué narices le pasaba? El dolor era demasiado fuerte. Los recuerdos de Paris se mezclaban con sus últimas vivencias con Hermione. Se estaba volviendo loco.
Tomó un jarrón que le había regalado su madre un par de años atrás y lo tiró contra la pared rompiéndolo en mil pedazos. Gritó y rabió varias veces. Le superaba. Dio patadas contra el suelo y lanzó varios libros de la gran estantería que iba del techo al suelo. Gritó de nuevo. No podía mantener la calma, su instinto lo controlaba en ese momento. Nada podía calmarle, hasta que se le ocurrió algo. Paró en seco antes de lanzar otro libro más contra la pared. Si que había algo que podría ayudarlo, algo que mitigaría su dolor durante la noche. No era normal en él tomar ese tipo de sustancias, pero la situación lo requería, no podía resistirlo… Se sentía tan mal que seguramente estaría más cuerdo drogado que limpio.
Tomó su abrigo y salió de su amado estudio, que había quedado totalmente patas arriba…
— ¿Aún sigues aquí cariño?— Dijo la Señora Granger entre cansada y molesta.
—Te dije que no me marcharía hasta que volvieseis de hablar con el médico—Explicó ella levantándose de la silla donde llevaba sentada horas.
—Estás cansada. Márchate anda…
— ¿Qué te han dicho mamá? ¿Cómo está Marie?
—…Sal por ahí diviértete… No hace falta que esta noche duermas en la mansión… Rosalie se va con Luccia dormir a casa de una amiga…—Dijo la señora Granger.
—Mamá no pases de mí…—Insistió la castaña. Meredith resopló.
—Marie baja a planta esta noche cielo. Ve a casa, dúchate y sal por ahí… ¿Por qué no te vas con Harry? No le he visto muy contento en estos últimos días. Te echa de menos, parece como si estuvieras más… Distante…— Hermione se quedó callada ante las palabras de su madre y meditó un poco. Era verdad, en esas últimas semanas no había tenido tiempo para nada, ni para ella ni para los demás, había desatendido a los que quería… Y además debía una explicación a Ginny de su desaparición, ella ni siquiera sabía lo ocurrido con Marie.
—Mamá…—Dijo levantándose—…Creo que tienes razón, por primera vez en mi vida… Creo que merezco un descanso… Son buenas noticias…—Expresó con una sonrisa.
—Si… Lo son… Evoluciona positivamente. Tu hermana es muy fuerte…
—Lo sé…
— ¡Claro que lo sabías somos Grangers! —Dijo la mujer con alegría.
—Voy a llamar a Harry, ha alquilado una habitación en un hotel para hoy. Se pondrá contento, últimamente no hemos pasado mucho tiempo solos…
—Podéis ir a cenar…
— ¡Si eso sería genial!—Hermione se sentía como si hubiese recuperado la energía perdida de repente, ya ni siquiera se sentía cansada, y la idea de salir del hospital donde llevaba encerrada todo el día la agradaba de verdad.
Llamó a su novio, él también se mostró muy animado con la noticia, echaba demasiado de menos a Herms, en las últimas semanas a penas habían hablado.
Quedaron en que Harry la pasaría a recoger a las nueve a la puerta de su edificio, ya que Hermione tenía que ir a casa a cambiarse y darse una buena ducha antes de ir a cenar…
Se despidió de su madre y luego de su madre, les indicó varias veces que la llamasen si había cambios o si despertaba, y luego se marchó animada.
La noche era agradable ese día a comparación de las últimas, el cielo estaba totalmente envuelto en nubes que eran iluminadas por todas las luces de Paris que relucían brillantes en el cielo volviéndolo de un color cobrizo.
Bajó de su coche. Ya no se sentía tan animada, es más, el cansancio había vuelto casi más abrumador que antes.
Subió al piso en el ascensor. Como siempre los pasillos de su edificio estaban desiertos, no se veía un alma en ellos y estaba todo oscuro. Cuando llegó al último piso, miró el ático de al lado, que estaba sellado por una cinta amarilla formando una X. Theodore no había vuelto, no le había vuelto a ver, y le echaba de menos porque la parecía alguien excepcionalmente agradable.
Sacó la llave del bolso y abrió la puerta de su apartamento con aire despistado. Entró y cerró con calma. Resopló un momento y se puso a pensar en todo lo ocurrido durante los últimos días, y automáticamente se la vino a la cabeza la última vez que estuvo allí con Marie. Justo ahí, en la puerta, Draco la había confesado que se sentía atraído por ella… En ese instante escuchó un ruido y se giró instintivamente. Dio un saltó y un chillido.
— ¡Dios mío! ¿Cómo has entrado?— Gritó escandalizada.
—Por la ventana…
— ¡Estamos en un ático!
—Lo sé… Solo que… Quería verte…— Respondió Draco con una calma que no era habitual en él.
— ¿Estás bien? Pareces… Desorientado…—Dijo ella bajando el tono.
—No. No estoy bien. Siento como si algo me… Clavara puñaladas en el estómago constantemente—Señaló Draco haciendo el movimiento como si se insertara algo en el abdomen—…Y el dolor es… Lo más insoportable que he tenido que aguantar en mi vida…
— ¿Puedo ayudarte?— Preguntó ella preocupada—…No tienes muy buen aspecto… ¿Estás drogado?
—Esto me está matando…
—Draco estás horrible…
El hombre lucia desaliñado. Con la camisa y el pelo revuelto, la piel más pálida de lo normal. Además los ojos amenazaban con salirse de las órbitas.
Draco la miró apenado.
—…No es un dolor físico—Continuó— Es un dolor de la mente, un dolor del corazón… Hay cosas… Demasiadas cosas deseando salir a la vez… No puedo soportarlo… Me supera, no lo puedo controlar…
—Draco yo… Si puedo ayudarte…
—…Lo que deseo, tú nunca me lo darás…—La castaña quedó muda, no sabía que responder… ¿Qué estaba diciendo?—… ¿Sabes cual es la sensación? ¿Conoces el sufrimiento Granger?—El rubio la dio la espalda y abrió el balcón mientras se desabrochaba la camisa. Una fría corriente de aire fresco entró en el salón y removió el pelo de Hermione—… ¿Sabes que es el dolor? No me refiero a la sangre, me refiero a la mente. Te machaca, te mata lentamente, no puedes escapar, es la tortura constante, la sensación de saber que nunca obtendrás lo que deseas, por lo que soñar no sirve para nada… Una vez me dijiste que el hombre que no sueña, no es hombre… Aún lo recuerdo. Tal vez yo no lo sea… A lo mejor solo soy la sombra del que un día lo fue… ¿Esta es mi condena Señor?—Gritó de repente al cielo—… ¿Mirar eternamente algo que no puedo tocar? ¿Soñar con algo inalcanzable? ¿Querer volar sin tener alas?—Tomó aire y lo soltó y comenzó a hablar con más calma—…Lo aceptaré si esto es lo que merezco…
— ¿Draco que es lo que…?
— ¡…Esto no está bien! ¡Mis sentimientos son impuros y van en contra de la razón! ¡Yo no debería sentir esto! ¿Es acaso un castigo de Dios…?—Hermione se iba acercando lentamente—… ¡Sé que no he sido un hombre bueno! ¡Ni podré presumir jamás de mis actos! ¡Pero por favor, no me castigues así…!—La castaña suponía que el rubio tenía alucinaciones, tenía todos los síntomas, desorientación, confusión. Estaba algo asustada por las palabras de él, ¿A quién se refería? ¿A ella?—….Paris…—Dijo de repente bajando el tono—…Te echo de menos… Te juro que te sigo amando, te amaré para siempre, eternamente… Perdóname por sentir esto…—El rubio sintió como una mano le agarraba por el hombro y lo obligó a girarse lentamente—… ¿Paris?
La castaña negó.
—No. Hermione…—Dijo ella con una sonrisa. Se preguntaba quien era la mujer de la que hablaba, supuso que era un producto de su imaginación desbocada.
—Ah… Perdona…—El rubio recuperó un poco la compostura y parecía algo más lucido después de esa crisis—… ¿Has oído todo lo que…?
—Si—Afirmó ella.
— ¿Y que…? ¿Qué piensas…?—Ella no tenía palabras, se calló y negó varias veces.
—Tienes que aceptarlo Draco… Lo siento….
— ¿Qué lo sientes?—Dijo él riendo—… ¿Qué lo sientes? Tú no sabes lo que es sentir… No tienes ni idea…
—Tengo a Harry… Y está Marie…
—…Tu no sientes nada—Interrumpió él—…No sabes lo que es sentir de verdad…
—¿Y tú si?
—Si…—Asintió aún algo desorientado—…No sabes lo que es el deseo, no sabes lo que es la pasión, el placer… No sabes nada…
— ¿Crees que lo que siento por Harry no es real?—Preguntó ella ofendida.
—Es real, pero no es poderoso. El verdadero amor… Traspasa la muerte….
—Yo quiero a Harry…
—…Pero a mí me deseas…—Expresó Draco acercándose con la camisa desabrochada, rodeó a la castaña hasta quedar por su espalda. Ella tembló. Tenía miedo, estaba aterrorizada, pero a la vez la gustaba su cercanía. Nunca había sentido algo como eso. Era un vete, pero quédate—…Sé que me deseas…
—No te deseo…
—Si que lo haces… Si no lo hicieras me habrías mandado a la mierda hace mucho tiempo y le habrías contado todo lo que te dije la última vez a Marie…—Dijo las palabras lentamente, rozando la oreja de ella con los labios.
—No lo hice porque…
— ¿…Por que no querías hacerla daño? No depende de ti cariño, depende de mí…
— ¡Eres un cerdo! ¿Lo sabías?
—Pero te dejarías besar por mí...
— ¡No es verdad!
—Entonces párame…La dio un pequeño beso en el cuello, que se volvió húmedo por momentos. Sentía sus labios en el cuello, la hacía cosquillas, la hacía querer gemir. Se moría por gritar y caer al suelo rendida mientras se quitaba la ropa. Se puso tensa, era como si se le hubiese parado la respiración de repente, como si el corazón se le subiese a la boca. Él la acarició todo el cuerpo poniendo enfasis en sus pechos, primero por encima de la ropa, y luego metió las manos por el escote sin parar de besarla el cuello un momento. Rozó los pezones mientras la obligaba a inclinarse hacía un lado y adoptar una posición más cómoda. Seguidamente, sacando las manos de su camisa, bajó hasta el pantalón y esta vez introdujo solo una hasta llegar a su intimidad, que acarició hasta que estuvo húmeda.
—Draco por favor…—Pidió asustada.
—Dime que pare y lo haré…
—Draco…
—Dímelo…
—…Por favor…
—…Pararé si me lo pides…—Pero ella no lo hizo y él empezó a besarla el cuello con más fuerza hasta que un gemido de placer se le escapó a la chica de los labios labios.
—…Por favor…—Dijo ella por última vez cerrando los ojos mientras él la besaba y la empezaba a quitar la camisa. Unas lágrimas transparentes salieron de sus ojos y recorrieron su rostro. De repente, Draco paró en seco, se apartó de ella y dio una patada a la mesita de cristal rompiéndola en mil pedazos.
—No me pides que me valla porque me deseas…
—No…—Negó ella con lágrimas en sus ojos castaños. Solo tenía ganas de llorar ¿Por qué sentía todo eso? No era lógico, no tenía lógica ¿Por qué se sentía así?—…No te deseo…
— ¡Estás aburrida! ¡Y no aceptas la verdad porque tienes miedo a que cambie tu ya perfecta vida!
—Eres basura…—Escupió ella con odio.
— ¡Pero te gusta revolverte en ella! ¡Tu vida era perfecta hasta que llegué yo y cambié las reglas de juego! Conmigo no vale estudiarse un libro y aprendérselo de memoria, y eso te desconcierta pero te llama… Te atrae… Es un reto… Ya no es tan fácil ¿Verdad? Yo soy un problema matemático un poco más complicado… Ya no vale con la teoría…
— ¡Cállate!
— ¡Sabes que es la verdad Granger!— Dijo él señalándola—…A todos los aburre repetir la misma secuencia siempre, todos necesitamos la emoción, el peligro, el juego…
La estaba volviendo loca. Solo quería que la explotase la cabeza.
—Piénsalo pequeña… Tal vez tu vida tenga un poco más de sentido cuando te des cuenta de que te digo la verdad. Estás aburrida… Tu vida es tan perfecta que te envidio y me das pena a la vez…—Escupió Draco cual serpiente, seguidamente abrió la puerta y salió por ella, pero antes de marcharse se giró y dio su última palabra—…Si me necesitas… Para cualquier cosa… Mi puerta esta abierta…—Se marchó sin cerrar.
Hermione se sentó en el suelo nerviosa y pensativa. Con los brazos al rededor de las rodillas.
...
Draco cogió el ascensor. Las luces le cegaron, las percibía mucho más brillantes de lo que en realidad lo eran. Sintió un mareo fuerte y casi cae al suelo, pero consiguió sostenerse.
Se dispuso a tocar el botón del último piso, pero su sorpresa fue suprema al darse cuenta de que no veía los números lo más mínimo. Estaban borrosos. Fue a tocar el que más le parecía que era similar al cero, pero era como si su cerebro pensara una cosa y sus manos hiciesen otra.
Estaba desorientado, y el dolor no había desaparecido lo más mínimo, sino que casi se sentía peor, ya que le seguía doliendo igual, pero ahora sus pensamientos y sus acciones eran más lentas.
Dio varías teclas a la vez. Las puertas se cerraron con un sonido que le dañó los oídos y se llevó las manos a la cabeza, pero con eso lo único que consiguió fue confundir aún más a su cerebro y cuando se quiso dar cuenta estaba en el suelo del ascensor, y casi no se podía levantar.
Se agarró a la barra e hizo impulso hacía arriba, pero tuvo que hacer varios intentos ya que no coordinaba bien.
Se puso en pie, y lloró. Si, lloró. Había veces en las que lo hacía, tenía un don especial para echarlo todo a perder, para encapricharse con lo que no podía tener, con chicas que eran demasiado para él.
Se removió el cabello e intentó tranquilizarse. El ascensor paró en varios pisos que no eran el último debido a que había dado a muchos botones, pero esperó. Se sentía vacio cada vez que las puertas se abrían y se daba cuenta de que no había nadie al otro lado.
Sintió de nuevo varios mareos pero esta vez ya no cayó al suelo sino que se sostuvo como pudo a la barra.
Llegó al último piso. Y sintió como si sus pies se colocasen de nuevo en el suelo. La puerta del ascensor se abrió y casi le da un vuelco al corazón. Allí estaba ella. Hermione parecía tensa, de sus ojos caían múltiples lágrimas que bañaban su rostro, y mantenía los dientes apretados.
Draco se dispuso a hablar pero ella lo paró.
—No. No digas nada…—Pidió. Él hizo caso y esperó una reacción, pero ella no dijo nada, permanecía totalmente inmóvil mientras escudriñaba en su mirada—…Tal vez… Tú tengas lo que necesito… Tal vez… Sea verdad, y solo seas un problema un poco más complicado…
— ¿Estás confusa?
—N-No…—Dijo luchando contra si misma.
— ¿Qué sientes?—Ella le miró a los ojos, y por primera vez se quedó tan prendada que no podía soltarse, se había pegado, ya no podía escapar…
—Nada.
— ¿Segura?
La chica se quedó callada.
—Lo único que sé es que esto no puede seguir así… Draco, esto tiene que acabar…
Él suspiró y miró al suelo rendido.
—Lo sé… Todo esto es un punto y jodido error. Un maldito error…
—Tengo unos principios, unas reglas morales que debo seguir…—Expuso ella con seguridad. Mientras Draco miraba al suelo, había roto en contacto visual manteniéndose serio y distante—…Podríamos saltárnoslas…
Él levantó los ojos rápidamente y ella sintió como la miraba, podía notarlo, casi podía sentir cada parte de su cuerpo. Era verdad le deseaba, no le amaba, estaba segura de ello, pero era el único hombre que la había hecho temblar con una simple mirada, era la única persona de su vida que vivía el presente sin mirar los resultados del futuro. Ella quería… Tal vez solo necesitaba un cambio en su vida, era perfecta, nada cambiaría por una noche. A veces una tiene que aprender que tiene que despojarse de todo lo que se posee, pera saber que es la verdadera libertad.
—No hay mañana…—Dijo él—…Solo esta noche…—Entonces la tomó por la cintura y la besó. Ella lo recibió y puso sus manos tras el cuello del rubio y le apretó contra su cuerpo sintiendo su calor, su olor, cada uno de sus músculos. Sintió como él le apretaba el trasero y lo elevaba hacía arriba. La castaña puso sus piernas alrededor de la cintura del rubio y el entró en el ascensor con ella cogida sin dejar de besarse.
Hermione tocó el botón del último piso sin apenas pararse a mirar. Él la arrancó la camisa blanca descubriendo un sujetador sencillo del mismo color. Removió su pelo rizado, lo olió se impregnó de su perfume. Estaba hechizado, la necesitaba, la deseaba. La apretó contra su pelvis de forma que ella podía sentir su estado de excitación. Ella gimió cuando la besó el cuello y bajó hasta sus pechos y luego hasta su ombligo. Recorrió todo su cuerpo con la lengua hasta llegar a la boca y fundirse en un beso jugoso en el que se participaron también sus lenguas uniéndose y apartándose. Estaban en el infierno…
Las puertas se abrieron y ambos recorrieron el pasillo besándose y quitándose toda la ropa. El cuerpo de Draco estaba duro y tonificado, resultaba agradable sentir su calor sobre su piel, el rozamiento era exquisito, nada empalagoso, era perfecto.
Se tumbaron en la alfombra del salón. Las cortinas del balcón aún seguían abiertas y desde allí arriba podían ver todo París iluminado, un fondo perfecto para su noche de pasión.
Él se tendió sobre ella mientras se besaban. La quitó el sostén blanco y pudo ver sus pechos redondos y bellos, los acarició con delicadeza.
Draco se terminó de desnudar mientras Hermione pasaba sus manos por la espalda sintiendo cada forma de su piel. Si ese era el infierno quería saborearlo como era debido. Se besaban en la boca constantemente. El rubio la besó todo el cuerpo, la quitó los pantalones las braguitas ya mojadas y pasó la lengua por su intimidad; Hermione gritó, mientras le removía el pelo, y él besaba su clítoris.
Volvió a subir hasta su boca y la besó de nuevo con dulzura y suavidad. Luego la acarició el cuello y ella quedó maravillaba, era increíble como tocaba. Debería haber sido guitarrista, sabía utilizar las manos jodidamente bien.
Se miraron a los ojos de nuevo y Draco entendió al instante. Solo tuvo que entre abrir más la piernas y él entró con facilidad. Ambos jadearon un momento. Ni siquiera fue doloroso, sino que entró en ella con una facilidad increíble, luego salió y volvió a entrar. El vaivén era exquisito, y el placer que sentían les recorría todo el cuerpo, de los pies a la cabeza.
Le veía sobre ella, mirándola a los ojos, besándola, amándola. Sus ojos se clavaban en los de ella cada vez que entraba de nuevo y ambos gemían y mantenían la boca abierta mientras jadeaban.
—Hueles a fresas…—Le susurró él.
Ella arqueó la espalda cuando el orgasmo estaba próximo. Se fundieron en uno. Por unos momentos todo se nubló, y dejaron de ser Draco y Hermione. Era como si nada importase, como si no fueran quienes eran, como si se amaran…
Creo que este capítulo se merce un review ¿No? ¡Nos vemos la próxima semana! :D Espero que tengáis un gran finde y os deseo un feliz puente los que lo tengáis.
