Bueno es miércoles por la mañana no martes. ¡Espero que me perdonen! Este es un capítulo largo largo y... ¡Estoy segura de que os encantará! No os digo mucho más porque estoy bastante ajetreada y tengo que ir a hacer la comida y mi habitación a si que como siempre: DENTRO CAP!
Debilidades.
El día había amanecido lluvioso y congelador, pero había gente a la que el tiempo le traía sin cuidado, nada podía cambiar la cara de felicidad de Ginny Weasley, y por supuesto el causante de todo esto era nada más y nada menos que Blaise Zabini. ¡Él había ido a su casa! ¡Había dejado su orgullo masculino a un lado y había ido a decirla que le perdonase! ¡Tenía que ser un sueño! ¡Un maldito sueño!
Se sentó en el sofá con su pijama gris con una manta por encima y un té en la mano. Definitivamente ese era un día genial.
Entonces, cuando su felicidad no podía estar más colmada, llamaron a la puerta. Se preguntó quien seria, ya que a esas horas de la mañana era imposible que nadie quisiera ir a verla, y las personas de su familia estaban casi todos trabajando.
Se levantó cruzó el salón y el pasillo hasta abrir la puerta. La imagen que vio la dejó más que impresionada, era Hermione, con el pelo totalmente empapado por la lluvia, pero su cara parecía más bañada por las lágrimas que por el agua. Tenía el pelo revuelto y chorreando, se notaba que ni siquiera se había peinado; Los restos de raya del ojo negra caían por su rostro haciendo líneas verticales. Simplemente llevaba un abrigo marrón que cubría su pijama.
Sin duda había pasado algo verdaderamente urgente para que Hermione ni siquiera se hubiese vestido para ir a verla.
—He hecho algo malo…—Dijo la castaña casi sorprendida de oír su voz por primera vez en todo el día.
—Pasa cielo— Invitó Ginny preocupada—…¿Qué ha ocurrido?—Ayudó a la chica a quitarse el abrigo y lo colgó en una percha, seguidamente ambas pasaron al salón—…¡Estás empapada!
—He venido andando hasta tu casa…
— ¿Y sin paraguas? ¡Estás loca!
—No tenía ganas de tomar el coche…—Ginny miró de nuevo a su amiga, verdaderamente tenía que haber ocurrido algo malo, presentaba un aspecto verdaderamente horrible.
—Cuéntame…—Pidió la pelirroja sentándose.
—No sé… No sé por donde… Esto es complicado…—La chica pasó las manos por la cara y se limpió la cara.
—Tranquilízate cariño por favor… ¿Qué ha pasado? ¿Tiene que ver con Harry o…?
—Es Draco…
Ginny paró en seco y asimiló algo la respuesta.
— ¿Malfoy? Vale, ahí me has pillado… ¿Qué ocurrió?
—Vino a mi casa anoche… Y estaba mal, estaba drogado y empezó a decir cosas, como que sentía algo que no quería sentir, que le mataba por dentro pero no podía pararlo… Y…
— ¿Y?
— ¡Dios no puedo! ¡No puedo! ¡Por qué tiene que haberse fijado en mí! ¡No lo entiendo! ¡él lo ha jodido todo! ¡Todo!—La castaña se desmoronó y empezó a llorar, y mientras Ginny empezaba a asustarse de verdad.
— ¿Qué has hecho?
—No, por favor, no…
—Te has… ¿Te has acostado con él verdad?—La chica no contestó, no dijo nada solo paró en seco y sostuvo la mirada en los ojos de la pelirroja—…Oh dios mío… Lo has hecho…
—Estaba mal, yo estaba mal. Me hizo pensar, siempre he sido una buena chica, toda mi vida… Y…
— ¿A noche se te cruzaron los cables y decidiste hacer una locura?—Hermione asintió—…Todo lo que hacemos tiene consecuencias Herms… ¿No te paraste a pensarlo?
—No pensé en nada. Tenía la mente en blanco, Bajé estaba en el ascensor y lo besé y…
— ¡Espera, espera, espera! ¿Lo besaste tú?—La castaña asintió de nuevo—… ¡Dios mío no conocía esa faceta tuya!
—No estoy para bromas Ginny, esto es muy serio. ¡Cómo voy a mirar ahora a Marie! Encima ahora que está en el hospital, y cuando despierte… ¡Soy una zorra!
— ¿Marie está en el hospital? ¿Desde cuándo?
—Es una larga historia… La dispararon y… Ha estado muy grave y… ¡Dios mío di plantón a Harry!—Dijo llevándose las manos a la cabeza.
— ¡Encima habías quedado con Harry! ¡Dios!
— ¡Esto es todo culpa de Malfoy! ¿Qué tendrá? Cuando estoy con él es como si consiguiera que el resto no importase, que todo diese exactamente igual…
— ¿Le quieres?
Hermione se quedó pensativa un momento y se sorprendió a si misma con esta acción. Ya hasta se lo pensaba ¡Por dios era estúpida!
—No le quiero… Es solo que… Hay algo… Pero no es amor… Lo que siento por él no tiene nada que ver con el amor…—Al fin había conseguido dejar de llorar, pero seguía sintiéndose un asco, una basura, un producto de deshecho.
—Lo siento. Me gustaría poder ayudarte, de verdad, pero compréndelo es…
—…Difícil. Lo sé…
—Herms… A veces todos cometemos locuras… Pero luego está lo difícil, asumir las consecuencias de nuestros actos… Entiendo que sea tentador, ver como otras personas cometen errores y parece que luego no se arrepienten y se les ve tan felices; No como nosotras, siempre sufriendo e intentando hacer lo correcto cuando hay otros que ni siquiera se preocupan por ello…
—Es por eso… Simplemente decidí… Seguir a lo que yo quería…—De nuevo se sorprendió a si misma, su subconsciente la traicionaba ¿Era lo que ella quería?
—…Pero después de la noche desgraciadamente llega la mañana…
—Fui estúpida… ¿Qué voy a hacer? ¡Dios mío Harry! ¡Es que está Harry! ¡Y Marie está en el hospital y yo acostándome con su novio…! ¿Qué voy a hacer?
Ginny se quedó pensativa un momento.
— ¿Vas a decírselo?
—No lo sé. Es que tengo miedo… Me da miedo… Estoy aterrorizada… ¿Cómo la voy a mirar a la cara?—De nuevo las lágrimas brotaron por sus ojos. En un momento de desesperación tomó su móvil y empezó a llamar, pero nadie contestaba—…Vamos Harry por favor coge el teléfono…—Hermione dio a la rellamada por tercera vez. ¿Cómo se había podido olvidar de él tan fácilmente esa noche? Ginny la miró con cara apenada y la frenó.
—Herms… Déjalo ya…—Dijo intentando calmarla. La castaña se llevó las manos a la cara.
—Dios… La he cagado…—Empezó a llorar desesperada y abrazó a la pelirroja—…No me digas que no pasa nada, no me perdones… Por favor… —Se refregó las lágrimas—…Dios estoy muy mal…
— ¿Quieres pasar el día aquí en mi casa?
—Si. No quiero… Volver a mi piso.
— ¿Le has dejado allí?—La castaña asintió—…Pues entonces quédate aquí. Voy a estar todo el día en casa. Aunque tengo mucho trabajo, la época de exámenes se acerca.
—Yo ni siquiera he comenzado… Con todos estos líos… El lunes tendré que ponerme las pilas con…
—…A las nueve me marcho…—Saltó la pelirroja de momento.
— ¿Pero no ibas a estar aquí todo el día?
—Si… Pero esta noche me marcho… He… Quedado con alguien… Han pasado muchas cosas en este tiempo que llevamos sin hablar, no te lo he contado antes porque… Me parecía injusto, estabas mal y quería escucharte…
—Entonces ponme al día… Tenemos mañana y tarde…
...
Hermione se despertó desnuda en la cama. Su ropa estaba por todas partes, pero no era la única... No estaba sola. De repente todos los recuerdos de la noche anterior vinieron como una ola invisible que golpea contra el acantilado. ¿Había sido un sueño? Lo parecían. La chica de sus sueños no era ella. Había perdido el control, se había lanzado en sus brazos, había tomado la iniciativa y lo demás había sido un "a la mierda todo". Esa no era ella. Había sido un sueño.
Se removió en las sábanas, tenía el cuerpo dolorido, como si hubiese corrido siete maratones ida y vuelta; pero además sentía unas extrañas cosquillas entre las piernas, y sabía perfectamente a que se debían, eran los estragos de una larga noche de sexo.
Giró sobre si misma y vio un par de preservativos en la papelera de su habitación, y tan pronto como se persuadió de eso extendió la mano hacía un lado y ahí estaba él. Había ocurrido. Aún dormía. La dolía todo, todo completamente. En un acto reflejo de huir salió desnuda de la cama, y cerró la puerta del baño con tal estruendo que despertó a Draco.
El rubio se pasó las manos por la cara.
"Joder menuda noche" Si ha Hermione le dolía todo a él mucho más. El efecto de las pastillas que se tomó había desaparecido por completo y ahora solo quedaba un infernal dolor de cabeza, de mente, de todo. Se incorporó y buscó su ropa entre el desastre, pero cuando ya la tuvo toda en sus manos, la lanzó de nuevo al suelo y tumbó de nuevo en la cama con los brazos y las piernas extendidas. "Puta vida" Pensó. Y en ese momento se le ocurrió algo. Por la noche, su miembro viril le había pedido una tregua a pesar de que él insistiese e insistiese en que no. Después de hacerlo varias veces había terminado como solía empezar, con los dedos y la lengua. A ella no pareció importarle, pero a él no le pareció bien.
Tal vez ahora...
Se levantó de la cama, tan desnudo como Hermione lo había hecho minutos atrás, caminó hacía el baño y abrió la puerta con sigilo. El plato de ducha era pequeño, pero cabían los dos si se apretaban un poco. Todos esos pensamientos que estaba teniendo hicieron reír a Draco; la chica advirtió en ese momento su presencia con un brinco de susto.
—Tranquila—Dijo Draco acercándose con su sonrisa más tentadora. Pero ella no tenía ganas de reír. Y él comprendió. Nada había cambiado. Había sido sexo de una sola noche, y ahí acababa la cosa, por el día Marie, Harry, los Granger parecía que recobraban vida. Pero por la noche habían muerto. Eso por supuesto no se lo diría a Hermione, no quería dañarla más.
Abrió la mampara y se metió dentro. Hermione se giró para no mirarlo y continuó con su labor ignorándolo.
—¿Ni siquiera vas a dignarte a mirarme?—Preguntó el rubio molesto—No hay nada que no hayas visto ya.
Los nervios empezaron a tomar el cuerpo de Hermione y no podría ignorarlos mucho tiempo. Draco le puso una mano en el hombro y ella tembló molesta, pero al final lo permitió, como también dejó que la fuese abrazando poco a poco hasta que la besó levemente el cuello húmedo y caliente, y fue subiendo y subiendo, hasta convertirse en un liviano y cálido beso, que luego se convirtió en fuego hasta que Draco lo interrumpió.
—No voy a dejarte ir tan fácilmente, Hermione Granger. Tenlo muy presente...—Recorrió su cuerpo con las manos y ella tembló, y cuando Draco entendió que estaba lista introdujo un dedo, y luego otro; la chica gimió de placer.
Todo la decía que debía pararle pero llegados a ese punto no podía. El "esto tiene que acabarse" ya eran solo palabras, y de nuevo Marie, Harry y los Granger fueron cenizas.
Draco sonrió mientras la daba pequeños besitos en la cara, mientras con los dedos hacían el trabajo. La respiración de la chica se aceleraba y justo cuando estaba cerca de alcanzar el punto, el rubio paró, y se masajeó el miembro. Pero para su sorpresa ella se giró. Su pelo rizado se había transformado en una manta suave, lisa y mojada; tenía las pestañas con millones de gotitas, y por sus labios entreabiertos se escapaba el vaho. Lo miró fijamente a los ojos, si n miedo y como la noche anterior, lo tomó por el cuello y lo besó rápidamente sin darle un momento a respirar o a comprender que ocurría. Al fin, Draco la tomó de las nalgas y empezó a reír mientras la removía el pelo, la presionaba los pechos y finalmente bajaba hasta la intimidad pasando por el vientre. De nuevo se concentró allí, pasó la punta de la lengua por aquel lugar húmedo y no prohibido para él para finalmente besarlo, pero se vio obligado a parar porque creyó no aguantar mucho más. Se puso en pie y separó las piernas de la chica, tomó su miembro y lo introdujo con suavidad, aunque a ella le resultó incómodo igual, aún así fue mucho más fácil que todas las veces que lo hicieron la noche anterior.
Ninguno de los dos aguantó mucho tiempo, primero fue ella y luego pocos minutos después se corrió él haciendo que el semen bajara por los muslos de la chica como una pequeña cascada blanca que bajaba desde la vagina hasta perderse en el agua.
Draco tomó la esponja que había sostenido ella anteriormente y limpió de fluidos toda la zona íntima de ella hasta llegar a los pies; enjabonó de nuevo y frotó con delicadeza el resto del cuerpo. Hermione parecía sumida en un sueño del que no quería, pero debía despertar. Hizo lo debido y le lavó también a él. No tenía ganas de sonreír, pero no pudo evitar hacerlo cuando él tuvo que inclinarse para que ella le lavase el pelo. Y los dos terminaron riendo en carcajadas sin sentido, que al final derivaron en un silencio que... De nuevo. Les devolvía a la realidad.
Las lágrimas y la culpabilidad volvieron a la chica y se manifestaron en sus lágrimas.
—Hermione...—Dijo Draco preocupado. Y su nombre nunca le había sonado tan claro y verdadero. Porque esa era ella. Hermione, Hermione Granger. No otra persona. La elevó el rostro y se inclinó para besarla en un acto sincero, mucho más sincero de lo que él se había propuesto; un beso que no era solo deseo. Pero ella le frenó de lleno. Puso ambas manos en el pecho de él y lo empujó levemente.
—Tengo que irme...—Y entre lágrimas salió de la ducha. Dejándole ahí, solo, como siempre.
—¡Yo debo ir a ver a Marie!—Gritó antes de que ella se marchara.
Nada podría haberla dañado más en ese momento que esas palabras; gritó y lloró. ¿Adónde podía ir ahora? ¿Qué podía hacer? Solo quería esconderse, y que nadie la encontrase jamás.
Draco salió de la ducha con una toalla blanca que cubría lo que tenía entre las piernas y caía hasta las rodillas.
—¡Espera!—Pidió antes de que ella atravesase la puerta. La castaña se giró con pesadez, no quería mirarlo.
—Lo siento mucho Draco...—Se acercó lentamente y él cerró los ojos esperando el beso, pero los labios de la chica se posaron en su cara—...Lo siento. Yo... No quería esto...—Y seguidamente salió de su propio piso cerrando la puerta con pesadez y echándose a llorar más fuerte aún. Esperaba que Ginny la entendiese, que la ayudase, aunque en esos momentos no estaba segura de poder confiar en nadie.
..
..
—Hola cielo…—Dijo Meredith al ver los ojos castaños de su hija abiertos—…Bienvenida al mundo de nuevo…—Dijo mientras la acariciaba el pelo.
Marie se sentía entumecida y a penas se acordaba de nada intentó sonreír pero no tuvo fuerzas para ella, era como si estuviese adormilada, como si hubiese dormido durante días. El relax era total.
—Mira quien ha venido a verte…—La castaña miró hacía un lado y vio a Draco y a Luccia la que estaba sonriente de felicidad, mientras el rubio se mostraba extrañamente serio.
Esbozó una pequeña sonrisa que a penas lo fue al verlos. Draco ni siquiera se inmutó, lo ocurrido aquella noche aún seguía presente en su mente.
¿Qué le había hecho ella? Le había quemado, había sido demasiado; Nunca creyó que le fuera a marcar tanto… Siempre creyó que la mediana de las Granger solo era un capricho y lo único que había conseguido era grabarse su nombre a fuego en la piel. No se le salía de la cabeza. Se estaba convirtiendo en su debilidad. ¡Estaba enfermo! ¡Infectado! ¡Infectado de ella! ¿Qué le había hecho? Tenía su perfume en su nariz, su sabor en los labios, el tacto de su piel en las manos, aún podía sentir sus jadeos en los oídos, tenía sus ojos en los suyos… Aún tenía un puñal clavado en el corazón. ¿Por qué le daba la sensación de que había caído en una trampa? Había olido su miel, y había sido tan iluso de creer que podría escapar una vez que había bebido de ella; La miel es demasiado dulce y pegajosa, ahora sus alas se habían pegado, ya no podía escapar…
Se acercó a la cama de Marie con Luccia delante y ambos se aproximaron. Se sentía inseguro, no sabía como actuar. A pesar de que su amor con Marie no era real para él sentía cierto vínculo emocional, ella no tenía la culpa de nada, era inocente; Se sentía mal por ella, era buena persona… Pero ponía en peligro los planes futuros de Tom, y por eso tenía que mantenerla vigilada. Hasta que Riddle diera la orden… Después de eso tendría vía libre, podría seguir con su vida como quisiese. Había pensado en mudarse a Italia o a algún país del este con Scorpius y Lu, un sitio donde poder empezar de nuevo, donde nadie le conociese y pudiera vivir en paz. Si, verdaderamente ese era un sueño, que cada día se acercaba más…
— ¿Cómo estás cariño?—La pasó la mano por el pelo y de nuevo Hermione se le vino a la cabeza. Ese pelo…
Ella simplemente parpadeó, pero el rubio entendió.
— ¿Se va a poner bien?—Preguntó Luccia. A pesar de que Marie no la caía especialmente bien, casi la echaba de menos.
—El médico ha dicho que si. Que muy pronto podrá volver a casa, tal vez para Navidad. Por cierto Draco me preguntaban si podríamos quedarnos aquí hasta entonces…—Pidió el señor Granger.
—Por supuesto no hay problema. Incluso quédense más tiempo si quieren, pasen aquí la navidad, en mi casa a sitio de sobra…
—La única que se vuelve a Londres es Rosalie, tiene que acabar los exámenes y luego ya podrá venir…
—Si Luccia también tendrá que volver… ¿Verdad Lu?
La rubia no dijo nada. En realidad aún no quería volver. Se había acostumbrado a esa rutina, y el hecho de volver a tomar su cargo como reina o el hecho de cederle el trono a Lavender, la abrumaba demasiado.
— ¿Lu?
—Ahora mismo estoy haciendo los exámenes por internet… Había pensado en ir a recoger las notas el último día y punto…
—Ya hemos hablado de esto…—Dijo Draco adoptando un tono serio.
—Lo sé pero… No quiero volver de verdad… Solo quiero ir el último día de este trimestre, aclarar las cosas, volver a ser reina y ya está…
— ¿La reina?—Preguntó la señora Granger extrañada.
—Cosas del instituto Hogwarts…—Aclaró Draco. El rubio se quedó pensativo, sabía que hiciese lo que hiciese la joven Malfoy iba a hacerlo que le diese la gana—…Está bien… Pero más te vale continuar con tu media o si no… Nos las veremos…
El silencio se prolongó hasta que la rubia decidió cambiar de tema por completo para deshelar la situación.
—Esta noche me iré con Will— Dijo con una sonrisa
— ¿Si? ¿A dónde?
—Al baloncesto me lo ofreció después de que tú no pudieses ir…
—Sabes que puedes ir… Pero volved pronto…—Exigió el rubio.
—Lo intentaremos—Dijo la rubia guiñando un ojos. Draco sonrió. Si Lu estaba con Will no tenía de nada de que preocuparse… Solo de Scorpius…
..
...
Pansy sintió como golpeaban la puerta de su chalet con fuerza. No iba a abrir. Estaba en la cama con un sueño tremendo. Definitivamente no iba a levantarse.
De nuevo aporrearon con más fuerza aún. Alguien se había propuesto joderla, eso estaba claro. Esperó un par de minutos haber si no volvían a llamar pero volvieron a hacerlo.
Se levantó con desgana en medio de la oscuridad y encendió la luz de su mesilla de noche. Resopló cabreada mientras se ponía las zapatillas y caminaba hacía la puerta dispuesta a machacar a quien fuera que la estaba despertando.
Abrió la puerta y la luz del medio día la cegó profundamente, esta fue seguida de un soplo de aire frío precedente al ya casi entrado invierno. Cuando consiguió adaptarse vio a Theodore Nott con sus grandes ojos azul cielo fijos en ella.
—Vaya has vuelto—Dijo Pansy cruzándose de brazos.
—He pensado en lo que dijiste… Y… Creo que tienes razón… Debo olvidar el pasado, necesito… Necesito madurar…
—Lo importante es reconocerlo…—Dijo la morena con una sonrisa cansada—…Me has despertado ¿Sabes?
— ¿Si? Lo siento, lo siento de veras…
—No importa… No creí que fueras tú…
— ¿Dudabas de que fuera a venir?
Pansy sonrió.
—En realidad no. ¿Quieres pasar?— Invitó la morena.
— ¿La reina del instituto me invita a su casa?...—Rio él—… ¿A alguien como Theodore Nott? ¿Al pringado de Theo? Si, creo que aceptaré, no todos los días alguien como Pansy Parkinson te invita a su casa…
—Adulador…
—Siempre estuve flipadísimo por ti…—Dijo él mientras ella cerraba la puerta y le conducía al final del pasillo hasta el salón, el que tenía todas las ventanas bajadas debido al sueño de Pansy.
—Ya lo sabía. En realidad todo el mundo lo sabía…
—Era obvio…—Dijo él mientras observaba una urna de barro que Pansy tenía expuesta—…Más que obvio.
— ¿Te puedo hacer una pregunta?
—Dime…
— ¿Qué pasó?
— ¿Qué pasó de que?— Preguntó Theo.
—El día en el que te echaron del grupo Astoria y los demás… ¿Qué pasó en realidad? No creo que Draco te odie solo porque estuvieses por mí…—Theo se quedó pensativo unos momentos y luego resopló—…El otro día me dijiste que Will intentó asesinarte… ¿Es cierto?
—Si… Creía que sabías porque ocurrió todo.
—Sé cosas. Pero me temo que no todo. De las chicas Astoria era la única que se enteraba de todo…
—Es muy difícil Pans… Me pediste que olvidase el pasado… Pero lo que tengo grabado en mi memoria no es tan fácil de olvidar…
Hacía días que nadie la veía. En el instituto no se hablaba de otra cosa. La policía había interrogado a todos los alumnos, uno por uno. Desde los más allegados a los menos, desde los amigos hasta los enemigos… Nadie sabía nada. No había pistas. No había nada, solo un papel blanco y vacio. No había historia…
Él no podía permitir que eso ocurriese. No podía dejar que su memoria se perdiera en el tiempo. Ella era su amiga, siempre lo había sido, la mejor. Paris era una de las pocas chicas del instituto que no le trataban como un bicho raro.
La había visto… Muerta… Las imágenes aún estaban en su cabeza. Un joven Theo se pasó la mano llena de sudor frío por la cara y se retiró el cabello. Draco Malfoy pagaría por lo que había hecho…
Se levantó de su escritorio. Se sentía con una fuerza nueva, nacida de la rabia… Del odio… No le creerían… Le daba igual, él sabía la verdad y con eso bastaba, era cuestión de tiempo el que todos supiesen la verdad… ¿En qué se quedaría el rey Draco Malfoy después de haber asesinado a su novia? ¿Aún gritarían las chicas cuando fuera camino a la cárcel? El hombre no es más que hombre, y el crimen de un rey, no es más que el crimen de un hombre.
El patio del instituto estaba abarrotado de gente. La policía acababa de marcharse y todo el mundo comentaba el tema de moda. La reciente desaparición de Paris Debeux.
Astoria comentaba con una acalorada Érika todo lo ocurrido los últimas veces que estuvieron con su amiga y hermana respectivamente. Will y Blaise escuchaban atentamente, mientras Draco parecía, pálido, exhausto como si un ser maligno le hubiese adsorbido el alma. Como si estuviese ausente, como aislado del mundo…
Theodore atravesó la puerta de forja y recorrió el patio con la mirada hasta fijarla en Draco. Le percibió tranquilo. Entonces él, Nott, en su furia, envuelto en su propio odio comenzó a gritar:
— ¡Fue él…!—Gritó Theodore en medio del patio del instituto lleno de gente mientras señalaba a Draco. Este último estaba histérico, fuera de si. Todo el mundo miraba con caras de curiosidad—… ¡Todo es por tu culpa!
—Cállate—Ordenó Draco casi como si las palabras le dolieran mientras se levantaba del famoso banco de piedra.
— ¡No! ¡Todo es por tu culpa! ¡Ella no ha desaparecido! ¡Está muerta!
Todo el mundo se miró aterrorizado y los murmullos empezaron a sonar. Astoria, Will, Blaise y Pansy parecían exhaustos, miraban a Draco que parecía rabioso apretaba los dientes con todas sus fuerzas, mientras Theo lloraba y le acusaba. Astoria dio un par de pasos adelante y se atrevió a entrometerse poniendo la mano encima del hombro de Nott.
— ¿Te das cuenta de la gravedad de esta acusación Theo?
— ¡Cállate! ¡Déjame en paz! ¡Está muerta! ¡Él la mató! ¡Lo sé, lo he visto! ¡He visto como los secuaces Tom se llevaba su cadáver!
— ¡Eres un hijo de puta!—Gritó Draco, como si se desmoronase.
—Lo he visto…—Aseguró Theo.
—No es verdad…—Negó Draco—… ¡No es verdad! ¡Todo es una sucia mentira!—Seguidamente le golpeó. Astoria sujetó a Draco con toda su fuerza y consiguió pararle a pesar de que el parecía enloquecido.
Theo se limpió el hilo de sangre que corría por su boca. Astoria lanzó una mirada placentera a Will que observaba todo desde lejos.
—As… Yo lo vi…—Dijo en un susurro.
— ¡No es verdad!— Gritó Draco de nuevo—… ¿Cómo iba yo ha hacerlo? ¡Yo la quería! ¡La quiero! ¡La quiero más que a nada! ¡Más que a todo!
—Draco… —Se dirigió Astoria con suavidad intentando calmarlo—… ¿Qué ocurrió la otra noche?
— ¡No pasó nada! ¡Nada! ¡Estuve toda la noche solo en casa!
— ¡No estabas en casa estabas de misión para Tom!—Gritó Theo.
Seguidamente el resto de miembros del grupo se acercaron y formaron un corro alrededor de Nott y de él, hablando en susurros para que nadie se enterase, aún así el espectáculo que había preparado Theodore Nott alrededor de ellos no era poco.
—Cinco policías murieron la otra noche Draco… —Expuso Blaise. El rubio empezaba a ponerse nervioso, parecía como si se estuviese perdiendo a si mismo—…La policía no a encontrado pruebas, todo rastro ha sido borrado… Algo así solo podría haber sido hecho por Riddle. Y a él no le importa que sus secuaces vayan a la cárcel a no ser que hagan un pacto con él…
—Tom siempre quiere algo por sus favores… Y él ha borrado todas las pista de lo que hiciste…
—Yo no he matado a nadie…—Aclaró Draco.
— ¿Estás seguro amigo?—Preguntó Will entrando en la conversación.
—No maté a nadie…
Todo se quedó en silencio y los amigos se miraron entre ellos.
— ¿Entonces dónde está París?—Preguntó Astoria—…¿Por qué nadie sabe de ella?
—Yo no sé nada…—El grupo de amigos intercambió miradas entre ellos. De Will a Blaise, de Blaise a Astoria y de esta a Pansy. Draco lloraba y lloraba, estaba fuera de sí. Al final todos lo abrazaron.
Theo se levantó y se abalanzó sobre el rubio.
— ¡Eres un mentiroso!— Acusó mientras intentaba empujarlo.
—Y tú un ciego. Deja de alucinar… Nosotros… Nunca seremos tus amigos… Deja de intentar malmeterlos a todos con tus mentiras Nott—Dijo Draco con una sonrisa.
—Lo perderás todo Malfoy. Acuérdate de lo que te digo… No has hecho un buen trato con Tom… Si, lo sé todo… Algún día todos sabrán lo que ocurrió de verdad… Igual que lo sé yo…
—Y ese día llegó…—Dijo Theo.
— ¿Pero que pasó con Will?— Insistió Pansy.
—Draco quería librarse de mí. Pues sabía que yo decía la verdad, y que lo sabía todo… Entonces sobreexcitó a Will y le envió a matarme…
Pansy se quedó callada. Eso sí que no se lo esperaba.
—Draco no tuvo la culpa de lo que ocurrió con Paris, además él no la mató. Él es una buena persona, y la amaba. Todo fue un accidente…
—Tu le dejaste por eso.
— ¡Le dejé porque me mintió! Me jodió profundamente. Estábamos casados, éramos muy felices y aún así no fue capaz de contarme lo que ocurrió de verdad. Le habría perdonado… Lo habría hecho.
—No lo dudo…
— ¿Tú que habrías hecho en su lugar?
—No lo sé… Es… Difícil…
—Solo sé que… Él no se lo perdonará nunca… Vivirá en su mente para siempre… Para seguir adelante tendrá que perdonarse a si mismo, y no lo hará… Su corazón no le permitirá hacerlo… Jodió su vida por un maldito error…
—Algún día lo superará… Ya lo verás…
—Es un buen hombre se lo merece…
..
...
Luccia entró en casa después de todo el día. Estaba reventada, pero tenía que arreglarse para salir con Will, algo que la apetecía más que nada.
—Buenas noches Señorita Luccia…—Saludó Aimeé mientras quitaba el abrigo a la joven—…¿El señor sigue en el hospital?
—Si… Pasará la noche allí…
—Está bien…—Dijo la mujer en un tono más serio que lo habitual.
— ¿Ocurre algo Aimeé?
—En absoluto Señorita…
—Te noto algo tensa… Bueno más que de costumbre… No sé si me explico del todo…
Aimeé intentó disimular sus sentimientos en su arrugada y serio faz pero fue imposible engañar a Luccia.
—Es por el otro Señor Malfoy…
— ¿Scorp?
La mujer asintió.
—Está arriba en su habitación… —Luccia resopló y subió con pesadez las escaleras de mármol de la mansión—…Señorita Lu, ha insistido en que nadie le moleste…
— ¿A caso yo no soy nadie?—Gritó.
¿Qué habría preparado Scorpius esta vez? Desde que había roto con Jamie no hacía más que deprimirse de aquí para allá. Y ahora andaba metido en cualquier cosa. La preocupaba, sentía que algo malo iba a pasar si seguía así. Pero ella no lo permitiría, era una Malfoy, y los Malfoy no se rinden con facilidad.
Entró en la habitación de su hermano y casi la da un pasmo. Estaba tumbado sobre la cama, con la mirada perdida y con aspecto claramente drogado.
Él levantó la cabeza como pudo y centró su mirada en Lu.
— ¿Qué haces aquí?—Dijo con voz quebrada y balbuceando.
— ¿Tu que crees?
— ¿Joderme la fiesta?
—Aquí no hay ninguna fiesta… Solamente estamos tú y yo.
—Por si no lo sabías hermana, algunos podemos montarnos fiestas solos y en casa, no necesitamos a nadie…
—Ya te veo… Solo y colocado… Si… ¡Es una gran fiesta!
—No estoy colocado…
— ¡No!—Dijo la chica adoptando un tono irónico— ¡Puedes sostener la mirada y todo! ¡Y te levantas y mueves como si nada! ¡Casi ni se te cae la baba!
El chico intentó levantarse, pero sentía una terrible pesadez en las piernas y cayó rendido sobre la cama hecha de nuevo.
—Lo que yo te decía…—Dijo ella.
—Déjame en paz…
— ¡Estás dejado de la mano de dios! Das pena… De verdad… ¡Eres un estúpido! Mal le parecía a papá que no estudiases… Pero esto… No te reconozco, no sé quien eres…
— ¡Lárgate!— Dijo él despectivamente.
— ¡No voy ha hacerlo! Este no eres tú. Ya ni siquiera hablamos Scorp… Ni siquiera conozco a mi propio hermano…
— ¿Entonces que haces aquí?
—Intentar ver lo que queda de él… Y no hay nada…
— ¿Ves? Ya te lo dije el otro día… He… Cambiado…
—No en realidad… Es la misma mierda… El mismo cuento de siempre…—Scorpius miró a su hermana con curiosidad mientras esta hablaba—…Sigues siendo un debilucho, un cobarde, un don nadie…
— ¿A si?
— ¡Si!—Gritó ella.
—Ahora soy un hombre…
— ¡Ya claro! ¡No puedes tirar tu vida por la borda así como quien no quiere la cosa!—Gritó la joven Malfoy a su hermano.
— ¿Y qué más te da a ti?
— ¡No me da igual! ¡A mí si que me importas Scorp! ¡A mí, a papá…! Hay mucha gente a la que le importas…
—No le importo a nadie…—Dijo él bajando el tono.
—Te quiero… Sé que no soy la persona que te gustaría que te lo dijese, pero es la verdad… Un hombre de verdad afrontaría la situación, saldría adelante… Solo los cobardes hacen lo que tu estás haciendo… Te crees débil pero eres fuerte… Deja de hacer el gilipollas… Muchos te lo agradeceríamos.
— ¿Qué tengo que responder a todo eso?— Preguntó él consiguiendo incorporarse y con una sonrisa débil.
—Nada, no digas nada…—Seguidamente ambos se abrazaron.
—Lo estoy pasando mal ¿Sabes?
—Si. Sé lo que se siente… Conozco tan bien como tú a los McLaggen, créeme.
—Te creo…
—Piénsatelo ¿Vale? Piensa si todo esta mierda vale la pena… ¿Lo harás?
Scorpius asintió y seguidamente su hermana cerró la puerta.
—Va a ser el mejor partido de la historia—Dijo Will emocionado mientras aparcaba el coche con Luccia de copiloto, la que le miraba divertida—…Dios estoy emocionado…
—Ya te veo…—Expresó ella con una sonrisa.
— ¿Sabes lo que me costó conseguir unas malditas entradas? Se las tuve que comprar a un amigo por el doble del precio original. Es una pena que tu padre no pueda venir…
Luccia se sintió algo molesta.
—Entiendo que no quieras venir conmigo… Soy una chica, adolescente y aburrida…
—No quería decir eso…
—Da igual… Es la verdad… Salgamos…—La chica abrió la puerta y un golpe de aire frio la hizo estremecerse. Cogió su abrigo largo y negro de la parte trasera y se lo puso.
Por supuesto que Will no quería ir con ella. Él era William, William Dawson, y ella… Simplemente Luccia Malfoy, hacía tiempo que los Malfoy habían perdido toda su gloria anterior, ya no eran una familia de renombre como lo eran actualmente los Zabini. Y a pesar de todo por sus venas corría sangre de esa poderosa familia, tenía entendido que su madre era prima de Blaise, o eso creía.
William cogió sus cosas y cerró el coche.
Ambos caminaron entre los coches del aparcamiento camino del estadio. La gente se amontonaba en los alrededores, desde admiradores que habían sido incapaces de conseguir una entrada, hasta los vips que entraban por las puertas reservadas y que habían pagado un dineral por ir a la final.
El silencio entre ambos era algo molesto. Luccia no soportaba estar con una persona sin hablar, era una de esas cosas que la ponían especialmente nerviosa. Mientras, Will se mantenía sereno, por mucho que Lu se empeñase en que su presencia le incomodaba, no lo hacía, le gustaba estar con ella, si no, seguramente pasaría.
Entraron y se sentaron en sus gradas correspondientes. Will pagó perritos calientes para ambos y bebidas, además de comprar a Luccia una gorra de su equipo. Aún quedaba media hora para que todo comenzase… Solo tenían que esperar. Pero el ambiente era fantástico, la gente gritaba emocionada, la música sonaba, y pronto las animadoras saldrían a bailar. Luccia las admiraba considerablemente, a ella la seria imposible estirarse de esa forma.
Decididamente seria una gran noche.
Mientras fuera empezó a llover, y la tormenta se hizo con la ciudad.
...
...
— ¿Puedo pasar?—Dijo Tonks desde el otro lado de la puerta.
—Claro—Expresó Moody sin dejar de escribir papeles en su escritorio. La chica, que acababa de ponerse unos reflejos rosados en su pelo negro entró en el despacho de su jefe y cerró la puerta tras ella. Era tarde, y tenía que volver a casa de su tía Molly Weasley.
—Recibí tu mensaje al acabar el turno…
— ¿Un día duro?
La chica resopló y dejó su bolso negro encima del sofá verde que había al lado de un mueble lleno de clasificadores de casos policiales.
—Últimamente todos los días son duros… Muertes inexplicables, gente que no habla, criminales que desaparecen… Si definitivamente son días muy duros… ¿Por cierto que querías?
—Eres la mejor Tonks… La mejor…
—Me siento alagada—Dijo ella con soltura.
—Solo digo la verdad…—El hombre metió todos los informes en una carpeta y los guardó en un cajón de su escritorio color grisáceo. Seguidamente se levantó y miró por la ventana—…Y solo a los mejores les propongo lo que estoy a punto de proponerte a ti…—La chica escuchaba con atención mientras el sonido de la lluvia reciente caía sobre las calles de París—…Hay algo que debes saber… Algo grande esta a punto de suceder, y si dejamos que ocurra será el final de la Francia que conocemos… Y se extiende… Como la espuma… Crece… Nunca creí que su poder se extendiera hasta Polonia…
— ¿De que estás hablando?
—Las numerosas muertes… Las olas de delincuencia… Se extienden por Europa… Tiene bajo su poder a la mayoría de las grandes familias de Francia…
— ¿Quién?
El hombre se giró y seguidamente caminó con calma hasta la chica que parecía confusa. Se arrodilló ante ella.
—No todo es obra de las casualidades Nymphadora… Puede que una larga lista de casualidades se conviertan en la historia perfecta, en la tapadera perfecta… Pero eso no nos engaña a los mejores como tú o como yo… ¿Verdad?—Ella negó—…Hace tiempo un grupo de amigos se unieron. Sus propósitos eran, los propósitos de cualquier adolescente: Dinero… Diversión… Pero la vida no es esa Tonks, tú lo sabes tan bien como yo. Quien iba a decir que conseguirían tanto dinero y poder. Eran dioses, poderosos como nadie, respetados en el mundo… Pero el poder… Corrompe, nunca es suficiente, siempre se quiere más…
—… ¿Hasta donde quieres llegar Alastor?
—Tom Riddle nació en Alemania hace ya unas cuantas décadas. Su madre de origen judío trabajaba como criada en una mansión que pertenecía a una de las familias más poderosas de Europa. El racismo continuaba incluso después de Hitler querida… No les trataban… Precisamente como humanos. Tom era… Un chico extremadamente inteligente, brillante, tanto que el maestro convenció a su madre de que le dejase marcharse a Francia a estudiar en un colegio de jóvenes talentos… Allí conoció a las personas que marcarían toda su vida, Albus Dumbledore y Gellert Grindelwald, chicos tan absolutamente brillantes y pobres como él.
— ¿Son ellos? ¿Ellos son los chicos de la historia? ¿Los que se unieron?
—Si. Pero Tom quería más… Hacía tiempo que su familia ya había muerto, y él era un joven de unos veinte años acomodado en una gran mansión del sur de París. Tenía dinero, fama y poder. Pero su venganza no había sido cumplida. Una noche viajó a Alemania en secreto, y mató a todos los que fueron sus antiguos amos…—Seguidamente el hombre dejó de hablar.
— ¿Y ya está? ¿Eso fue todo lo que pasó?
—No… La policía encontró los cadáveres, y rápidamente Riddle fue declarado el asesino. El mundo entero se quedó en ascuas. ¿Thomas? ¿El hombre con más clase de todo París era un asesino? Era demasiado estúpido, no tenía sentido, pero así era… Dumbledore, Gellert y Tom se reunieron por última vez en París hacía el año 1968. El primero fundó un instituto, Hogwarts, supongo que lo conocerás, es el más famoso de la ciudad y de toda Francia. Gellert se marchó a Irlanda y Tom desapareció…
— ¿No fue a la cárcel?— Gritó Tonks escandalizada.
— ¡Qué va! Y aún vive mejor que nadie créeme. Y es poderoso, más de lo que crees. Puede que no salga en la tele, ni en las revistas, y seguramente nunca hayas oído hablar de él… Pero él está ahí… Sus mortífagos están por todas partes… Políticos… Banqueros… Gente ordinaria…
— ¿Mortífagos?
—Son sus seguidores. Él tiene la culpa de todo lo que está ocurriendo Tonks… Él ha vuelto, y planea algo… Vuelve dispuesto a recuperar todo su poder perdido… Ha venido para quedarse…
La chica miró al suelo y luego levantó la mirada hacía Moody que de nuevo volvía a mirar por la ventana de su despacho.
— ¿Para que me has hecho venir?
—Para pedirte algo…—La chica se quedó callada y escuchó a su jefe con atención—…Somos pocos los que sabemos la verdad Nymphadora. Dumbledore me autorizó para que te lo contara y te aliaras a la causa, le dije que eras buena, la mejor…
— ¿Qué quieren de mí?
—Que te unas a la Orden del Fénix… Una sociedad secreta, creada por Albus en secreto para derrotar a los Mortífagos de Tom, somos casi tan poderosos como ellos… Pero solo casi… Y temo que eso no sea suficiente…
...
...
El arbitró pitó el descanso del medio. El partido estaba de lo más interesante, ya que los dos equipos eran prácticamente igual de buenos. Luccia y Will se lo estaban pasando en grande, más que lo que ninguno de los dos creyó jamás que lo harían. Las cosas mejoraban por momentos.
— ¿Quieres una cerveza?— Ofreció el moreno.
— ¡Soy menor…!—Gritó ella ya que a penas se oían por los gritos de la multitud.
— ¡Va por una no pasa nada!— La pasó un vaso enorme de plástico a la rubia y está lo probó con algo de asco, definitivamente no era su bebida alcohólica favorita, la espuma la asqueaba.
— ¡La cosa se pone interesante!
— ¡Ni que lo digas! ¡Mira ahí salen las animadoras de nuevo!— Un grupo de veinteañeras salió a la pista y realizando saltos imposibles y pirámides casi sobrehumanas. El público enloquecía al verlas, verdaderamente eran guapísimas. Luccia notó la cara embobada de Will y no podía negar que la fastidiaba considerablemente.
—No son mujeres de verdad—Comentó mientras se cruzaba de brazos. Su admiración por las admiradoras desapareció por momentos, y ahora no podía parar de pensar críticas hacía ellas.
— ¡Qué dices! ¡Son mujeres en toda regla! ¡Míralas!—Dijo Will sin dejar de observarlas lascivamente.
—Si lo dices por las tetas, son operadas…
—No, no lo son…
— ¡Si, lo son! ¡Es imposible que esos satélites sean naturales!
—Lo que tú digas…—Entonces el baile terminó y las chicas volvieron a sus banquillos de nuevo. Will dio un gran sorbo a su cerveza y Luccia lo imitó, aunque la dio tanto asco que luego apartó su vaso y lo puso bajo su asiento.
Entonces apareció un tipo gordo en medio de la pista vistiendo la camiseta de uno de los equipos del enfrentamiento, era una especie de animador del público, un calienta masas.
— ¡Estáis listos chicos?— Gritó con toda su fuerza. Todo el público gritó a la vez animados—… ¡Ha llegado la hora de la Kiss Cam!—Todo el mundo empezó a gritar y una pantalla gigante apareció del techó y bajó hasta medio campo.
— ¿La Kiss Cam?—Preguntó Luccia extrañada.
— ¡Es una cámara que graba los mejores besos de las parejas! ¡Y estos son aplaudidos por el público!—Explicó Will.
Primero aparecieron una pareja de aspecto tímido que se besaron con muy poca pasión por lo que fueron abucheados por el público. Luego una pareja de avanzada edad, que se lo pensaron un poco antes de besarse. Después vino el beso apasionadísimo de dos chicos gays y el público se emocionó tanto que hubo gente que se levantó de su asiento.
— ¡Dios son de película!—Comentó Luccia mientras aplaudía.
La euforia se podía respirar. Los gritos de la gente, la música, los aplausos, los besos. Podía sentirlo, era como una ola de felicidad dentro de si misma.
Seguidamente apareció una pareja de unos veinte años pero el chico tenía el aspecto de una seta, pero al final gracias a la insistencia de la chica terminaron dándose un beso bastante dulce.
—Me encanta la Kiss, me encanta…—Dijo William como para si mismo.
El recorrido de pareja duró un poco más. Algunas hicieron llorar de lástima por sus penosos besos al público, mientras que otros se ganaron los aplausos con valentía.
El tiempo pasaba y a penas quedaban un par de minutos para que el partido continuase.
Daba tiempo a algunas parejas más y Luccia estaba deseando verlas, casi se podría aficionar a eso.
Fueron unos besos increíbles, el primero de una pareja que tenían aspecto de emos pero que dejó boquiabiertos a más de uno. Y luego fueron los gays de nuevo, y otra vez se ganaron los aplausos del público.
Luccia miraba con interés la cámara, tenía ganas de saber quien serían los siguientes.
Y de repente el mundo se paró.
Era ella. Su cara estaba ahí, y todo el mundo podía verla.
— ¡Ehi eres tú!—La gritó el chico que estaba sentado al lado de ella.
— ¿Qué?—Preguntó horrorizada. Eso no podía estar pasando, era ella, ella, ella ¡Ella! Era el momento más aterrorizador de su vida. Confusa buscó la mirada de Will, pero este parecía tan confuso como ella.
Ambos estaban en la pantalla mientras todo el mundo les animaba y gritaba.
Ella volvió a mirar a la cámara con horror mientras sentía como dejaba de oír los gritos de los demás y los nervios la aprisionaban, casi sentía ganas e vomitar. Buscó de nuevo la mirada de Will con la boca abierta, no creía que eso pudiera estar pasando ¿Qué podía hacer?
Dawson respondió a su mirada con la misma cara de alucine.
— ¡Vamos!— Gritaba la gente riendo. El estruendo era enorme, pero ninguno de los dos parecía lo suficiente consciente como para oírlo— ¡Queremos ese beso!
El público parecía enloquecido por ver ese beso, todos lo pedían a gritos. Pero Luccia estaba estática, pasmada, no era capaz de hacer un solo movimiento mientras Dawson la miraba.
No pensaban, les era imposible.
—Will…—Articulo ella en tono de súplica.
Él dejó de mirarla y dirigió sus ojos verdes oscuro a la pista, la rubia pensó por un momento que William no haría nada, pero el se giró de repente, más rápido de lo que había llegado a pensar, no la dio tiempo ni siquiera a observar lo que estaba pasando. Solo pudo oír tres palabras que él dijo:
—A la mierda…—Y seguidamente la agarró de la mano y la besó. No la dio tiempo a pensarlo. El beso era rápido, jugoso, jodidamente bueno. Sus labios resbalaban con facilidad en el beso de él. Se sorprendió, estaba pasando de verdad, no podía pensar, no podía moverse, ¡Él la estaba besando de verdad! Los gritos de público desaparecieron por completo, era como si estuviesen solos, como si no hubiese nadie más que ellos dos.
Se sorprendió al sentir la mano del moreno sobre su pelo, este empujó la cabeza de ella hacia delante obligándola a profundizar el beso y a apegarse aún más.
La sensación era prácticamente indescriptible. No hay palabras suficientes para describir la mezcla de pasión, felicidad, euforia… Eran demasiados sentimientos, demasiada emoción, demasiado todo… Era simplemente genial.
Will pasó su lengua por la de Luccia y la rozó con la de ella sintiendo su húmeda suavidad, era más que delicioso.
Se separaron. De repente el mundo cambió al abrir los ojos, volvieron a oír los gritos de la gente, en ese momento mucho más fuertes. La gran mayoría aplaudía y se habían levantado de sus asientos, hasta las animadoras parecían emocionadas.
— ¡Eso si que es pasión señoras y señores! ¡Eso si que es amor!— Gritó el animador.
Pero Luccia y Will continuaban mirándose a los ojos. Ella podía sentir la calidez de la mano de él que permanecía quieta en su blanco rostro y lo acariciaba con suavidad. Pero algo había cambiado en su rostro, y Lu lo notó.
El moreno se levantó y se colocó la corbata, ya no parecía tan eufórico.
— ¡William!—Gritó ella levantándose cuando él desaparecía entre la multitud que aún aplaudía. Subió las escaleras y se marchó…
Fuera llovía. Luccia corrió por el aparcamiento detrás el hombre. Estaba helada, se había dejado el abrigo en las gradas al haber salido corriendo detrás de William, el que caminaba más adelante.
— ¡Will espera!—Gritó ella—…¡Espera por favor!—Pero el moreno parecía demasiado sumido en sus pensamientos, abrió el coche con las llaves a distancia y las luces de este brillaron en la oscuridad—…¡Vas a dejarme aquí sola?
—Tu padre puede venir a recogerte…—Dijo él por primera vez.
— ¡No! ¡No puede! ¡Está en el hospital con Marie!
—Pues que venga Blaise…
— ¡Lleva varios días sin coger el teléfono!
Dawson resopló pero abrió la puerta del coche sin remordimientos.
— ¡Vas a dejarme aquí?— Repitió ella escandalizaba mientras cubría su cuerpo helado como podía. William no contestó—… ¡Tienes el valor de dejarme aquí?
—Cállate… —Pidió él con seriedad.
— ¡Eres un cerdo! ¡Eres como todos los demás! ¡Un hombre! ¡Solo un hombre! ¡Como todos los demás!— Gritó—… ¡Das tanto asco y tanta pena como el resto! ¡Eres tan cabrón como los demás!—Entonces encolerizada, agarró a William por el cuello del abrigo, lo sacó del coche con todas sus fuerzas y cerró la puerta. Ambos estaban empapados—… ¡Te arrepientes? ¡Te arrepientes ahora? ¡Has sido tú quien me ha besado! ¡Has sido tú! ¡Nada más que tú! ¡Y ahora te arrepientes?—Le empujó contra el coche pero Will no hizo nada, ni siquiera la miró—…¡Me has utilizado! ¡No eres mejor que el maldito Cormac! ¡Te arrepientes? ¡Pues si te arrepientes de haberme besado lárgate! ¡Será la mejor, William! ¡Vete! ¡Desaparece de mi vista! ¡Desaparece de mi vida! ¡Lárgate! ¡No creo que la mierda esté muy lejos de tu casa! —Las lágrimas resbalaban por el rostro empapado de la chica que parecía fuera de si—… ¡Te arrepientes!
Y paró. Will permanecía apoyado en el coche, como si las palabras y el llanto de ella no hicieran mella en él. Y entonces ella comenzó a gritar y a empujarlo de nuevo.
— ¡Das asco! ¡Repugnancia! ¡Si tanto asco te doy que ahora te arrepientes ¿Porque me has besado? ¡Por qué lo has hecho? ¡Por qué eres como los demás! ¡Solo buscas el placer y la humillación de las chicas que están locas por ti! ¡Por qué…—Lo empujó una vez—…lo has…—De nuevo—…HECHO!—Pero antes de volver a reaccionar de nuevo Will la atrapó entre sus brazos y cuando quiso darse cuenta él la volvió a besar, y esta vez lo hizo mejor que la anterior. La tocó el rostro mojado por la lluvia, el pelo, la abrazó contra él de forma que ella podía sentirle, podía olerle. Ambos estaban mojados por la lluvia, y tenían un frío terrible, pero daba igual, podía acabarse el mundo en ese momento.
Se separaron con pesadez y ser miraron a los ojos.
—Porque te quiero…—Ella se quedó muda, era lo último que esperaba oír de los labios de William Dawson—…Sé que esto no está bien, eras la hija de mi mejor amigo, eres mucho más joven que yo, eres un error… Pero te quiero… ¡Y no puedo evitarlo Luccia…! Estoy locamente enamorado de ti… ¿Crees que me arrepiento de haberte besado? En absoluto. Hace mucho tiempo que quería hacerlo. Si me largaba es porque es un error… ¡Joder eres la hija de Draco! ¡Pero te quiero y…! —El hombre a penas podía llegar a explicarse—… ¡…No puedo evitarlo! ¡No puedo! Te amo… Con locura… Y es irrefrenable… Imparable… Inhumano…
...
...
La tormenta no se pasaba aún, y Hermione entró congelada en el hospital. Había intentado retrasar ese momento el mayor tiempo posible, pero se había quedado sin escusas, Ginny se había marchado de casa, y Marie había despertado. Esa mañana había apagado el móvil para evitar que su madre comunicase con ella y la incitase a ir a hospital a ver a su hermana. Tampoco había pasado por casa, no quería hacerlo, los recuerdos estaban aún demasiado recientes. Su ropa estaría por todas partes, todo estaría desordenado, la cama deshecha…
Subió hasta la planta donde estaba su hermana. Las paredes de las habitaciones eran de cristal de forma que las enfermeras y médicos pudieran ver todo lo que pasaba en el interior para evitar incidentes. La castaña observó con atención el que Draco no estuviese dentro, y la sorprendió al ver que no, se habría marchado, ya que era tarde.
—Hola princesa…—La chica se giró y casi la da algo al ver al rubio. Este vestía una cazadora de piel, con pantalones beis y camisa de cuadros, estaba muy atractivo.
Un flash de recuerdos volvieron a su mente, los besos, las miradas, su desnudez… Todo. Aún estaba en su mente.
—…No me llames así—Dijo ella girándose sumisa para evitar mirarlo. Observó de nuevo a su familia, Marie ya reía y todo con las palabras de sus padres—…No puedo entrar ahí dentro…—Expresó ella como para si misma mientras miraba desde fuera a sus parientes junto a ya una activa Marie.
—Vamos… Nadie tiene porque saber lo nuestro…
—Entre nosotros no hay nada, Draco— Expresó de forma cortante y aclaratoria. Draco se acercó por detrás de forma que ella podía sentir su aliento en la oreja, y susurró:
—No pensabas eso la otra noche…
— ¡Cállate!—Dijo ella empujándole hacía atrás—… Ni siquiera eres consciente de lo que significa todo esto para mí… He roto… Todo… Todo lo que soy… ¿Qué me has hecho?
—Ahora será culpa mía ¿No?—Dijo sintiéndose acusado.
—¡Haces que pierda la cabeza! ¡Qué me olvide de quien soy!
— ¿Y eso es malo?
—Tal vez para ti, que te avergüenzas de quien eres. Pero yo... Soy perfecta, tengo la vida perfecta, el novio perfecto, el trabajo perfecto… Lo dice todo el mundo. ¡Todo encaja menos tú!
—Lo siento cariño—Dijo él haciéndose la víctima.
— ¡Das asco!
—Siento de verdad no encajar en tu puzle pero yo soy así. Tendrás que vivir con ello…—Ella no dijo nada, sino que sus ojos se llenaron de lágrimas. No había nada que decir, él tenía razón, tenía que vivir con el error cometido, ya no había nada que hacer, era impotente. Draco se sintió algo extraño, era la primera vez que ella se callaba ante sus intimidaciones; La castaña casi estaba llorando—…Ehi…—Susurró mientras ponía sus manos sobre los hombros de ella—…Tu secreto está a salvo conmigo… No diré nada…—Tampoco le convenían hacerlo.
—No es por eso… Es… Lo he traicionado todo. No sé… No sé en que me he convertido… No sé que ha cambiado…
— ¿Crees que hay algo diferente?— Preguntó él curioso. Ella aún le daba la espalda y continuaba mirando el interior de la habitación refugiada en las sobras del pasillo.
Tal vez ella sintiese algo. Eso complicaba las cosas y las hacía más fáciles a la vez. Podría acostarse con ella cuando quisiese, pero seguro que Hermione quería más. Pero eso era imposible, ella era demasiado recta, era demasiado buena para él, una mujer así, tan perfecta, no podía fijarse en alguien con una vida tan desastrosa como era la suya. Era prácticamente imposible.
— ¡No lo sé! No sé si soy yo… O eres tú…—La chica se giró y le miró a los ojos grises por primera vez desde la noche anterior. Y de nuevo vio su transparencia y su oscuridad, él la escudriñaba el rostro—…Me estás haciendo plantearme y hacer cosas de las que jamás me creí capaz. Siempre pensé que sería feliz ejerciendo mi profesión, que estaría con Harry que es simplemente genial, que no traicionaría a lo que soy… Pero tú… Apareciste y ahora… —Dijo encogiéndose de hombros—…Ya no sé si prefiero el blanco o el negro. Has hecho que descubriese mi propia oscuridad… Y tengo miedo de no saber parar. He traicionado a mi hermana, a mi familia, a Harry, a todo lo que me importa… Si, hay algo diferente… Y eres tú… Quiero que te marches de mi vida…—Draco se quedó mudo, casi podía sentir el odio de los ojos de ella—…Yo soy la misma de siempre, mi vida es la misma que antes. Excepto porque tú estás en ella… Márchate de mi vida… No vuelvas… Lo de anoche no volverá a repetirse, créeme…
Draco sonrió y miró hacía abajo entre ofendido e irónico.
— ¿Crees que desapareceré sin más?
—Sé que no. Eres tan cerdo que seguirás con Marie después de haberte acostado conmigo, sé que no la vas a abandonar…
—No me refiero a eso…—Ella puso cara interrogativa—… ¿Crees que me olvidarás tan fácilmente? Dices que lo de anoche se a acabado, que no volverá a repetirse… Pero solo fue el principio…—Hermione escuchaba con atención las palabras del rubio—…Has caído en la trampa. Niña del frío cielo, acabas de probar el calor del infierno conmigo, y te has quemado… Las heridas enfriarán y sanarán… Pero volverás a helarte… Y volverás al infierno… A quemarte en sus llamas… Hasta volverte cenizas…
Ella le miró desafiante.
—Vete… Te lo pido formalmente… Deja que recupere mi vida.
Draco apretó los labios mientras movía el pie nervioso, lanzó una mirada desafiante a Hermione e hizo un gesto obsceno cuando se marchó.
La castaña sopló aliviada. Pero en su interior sentía dolor, vacio… Sentía frío, había vuelto al paraíso… Pero con las llagas del infierno…
...
...
Scorpius también se había empapado, pero le daba igual, había algo que tenía que hacer.
Llamó a la puerta de color blanco. Desde el portal podía escuchar la música de la fiesta de drogas que Amelie se estaría dando en aquel momento. Después de esperar como cinco minutos al fin le abrió. De nuevo el hedor de aquel sitio se le hundió en la nariz. Era asqueroso.
—Hola cielo—Dijo Amelie con una sonrisa pícara al ver a Scorp, pero este no sonrió—…Vaya no parece que estés de humor… Bueno da igual—Dijo ella lanzándose, pero él rubio la paró.
—No, solo he venido a hablar… Esto no puede… No puedo más…—Ella se limitó a dejar que hablase, con cara de pocos amigos—…Esto tiene que acabarse…
— ¿Por qué? ¿Es que a caso no te diviertes?— Preguntó la rubia ofendida.
—Si. ¡Claro que me he divertido contigo! Pero… Yo no soy así… Hay gente a la que le importo y que también necesitan mi ayuda, me necesitan… Y ellos si que me quieren de verdad…
—Ah—Dijo ella arrugando la nariz—… ¿Y para que has venido entonces?
—Quería decírtelo.
—Podías habértelo ahorrado ¿Me da igual sabes? No eres el único…—Intentó herir ella. Pero Scorpius ya la conocía lo suficiente y era un caballero, sabía como actuar.
—Aún así… Soy noble, no quería marcharme sin más… Y aunque tú no… Yo si que te voy a echar de menos… Adiós Amelie…
Ella lo miró seria. Acaba de quedarse sin su as en la manga, ya no tenía bajo su poder al hijo de los Malfoy, había perdido una gran baza.
El joven Malfoy sonrió y dijo adiós con la mano. Ella cerró la puerta de un portazo sin ocultar su enfado.
Pero no le sentó mal, Lu tenía razón, tal vez solo tenía que volver a ser el mismo de nuevo y todo lo malo, se iría sin más…
...
...
Hermione llegó a casa tarde esa noche. Las cosas con Marie habían ido mejor de lo que ella pensaba que irían, pero claro, olvidaba que su hermana no sabía nada.
Volvió a acordarse de Harry, le había llamado varias veces a lo largo del día, pero no cogía el teléfono. Temía que hubiese visto a Draco subir hasta su piso, o que les hubiese oído, definitivamente no se encontraba bien.
Entró en el piso y se enfrentó de nuevo a los recuerdos. Cerró los ojos y respiró profundamente, tenía que calmarse un poco.
En ese momento una luz se iluminó en el suelo, justo al lado del mueble de la cocina, y reconoció el sonido de una alerta de mensaje. Miró en su bolso, su móvil no era ya que le llevaba consigo. Supuso que se trataba del de Draco, a lo mejor se le había olvidado allí.
Se apresuró y tomó el móvil del rubio.
¿Debía abrir el mensaje? No. Definitivamente, no. Pero algo en su interior la decía que lo hiciese, y no podía resistirse.
Dio a la tecla de "Aceptar" y el mensaje de voz se abrió mostrando una voz femenina.
"Hola Draco soy Pansy… Supongo que William te ha contado lo mío con Theodore y que estarás enfadado. Lo entiendo, de verdad, pero no es por eso por lo que te llamo… Will me dijo que habían disparado a Marie y que creías que se trataba de algo que había tramado Tom, también me dijo que le habías mandado un mensaje para que se pusiera en contacto contigo. Pues bien, él me dijo que te dijera esto, sinceramente, no tengo ni idea de lo que quiere, sino sabes que te lo advertiría, aún así, por favor, ten cuidado: Mandará a un secuaz sobre las once de la noche el día 24 de diciembre a los almacenes, ve solo.
Por favor, ten mucho cuidado…"
Hermione cerró le móvil de repente.
¿Draco sabía quien había disparado a Marie y sabía por qué? ¿Quién narices era Tom? ¿Acaso no era Pansy su famosa y desaparecida primera esposa? ¿Ella sabía donde estaba Theodore?
— ¿En qué andas metido Malfoy?— Se preguntó para si misma.
Solo había una forma de averiguarlo… El día 24 seguiría a Draco Malfoy… Tal vez así lograra comprenderle…
Bueno las cosas se van calentado ¿Verdad? La primera parte del fic está llegando a su fin.
¿Qué os ha parecido como avanzan Draco y Herms? Sé que muy lentamente pero los dos empiezan a darse cuenta de cosas. Y... ¿Will y Lu? A más de una dije que terminaríais amando esta pareja jaja.
Dejad review por favor aunque sea cortito siempre lo agradezco de corazón.
