Como siempre me disculpo. Me ha sido imposible actualizar el martes, no he estado en casa, lo siento muchísimo supongo que estaríais esperando este cap, con ilusión. En compensación actualizaré este sábado el siguiente capítulo, pero para leer el final de la primera parte tendréis que esperar hasta el siguiente sábado, porque de nuevo se me hará imposible actualizar antes.

Como siempre muchas gracias a todas y: DENTRO CAP!


Conversaciones con los muertos.

Otro día de colegio había acabado.

"Por fin" Pensó Astoria una vez que cruzó la verja principal y el enorme jardín de su casa.

Entró en la casa, dispuesta a contar a su madrastra todo lo ocurrido en clase ese día, incluida su recién conseguida matrícula de honor. Cerró la puerta y se recostó en ella resoplando con cansancio. Para tener once años tenía demasiadas cosas en la cabeza, la habían adelantado tres cursos por lo que tenía que hacer tantos deberes como el resto de sus compañeros bastante más mayores que ella.

La joven castaña abrió la puerta del salón en medio de la oscuridad en la que estaba sumida toda la casa. Era raro que todas las ventanas siguieran bajadas su madre, Kylie solía abrirlas cuando ella se marchaba al colegio.

Tardó un poco en asimilar lo que vio. El terror la invadió todo el cuerpo… Todos estaban muertos…

Se quedó blanca. Rígida, no podía mover un solo hueso. El suelo habitualmente de madera marrón claro estaba cubierto por sangre, esta, también había salpicado las paredes y continuaba manando de los cadáveres de sus padres y las criadas.

El olor era horrible, helaba la sangre, la imagen era aún peor. Pero por alguna razón no apartaba la mirada, no quería hacerlo. Estaba en shock, su cerebro era incapaz de reaccionar, simplemente se sentía rígida, todos los músculos de su cuerpo estaban tensos…

— ¿As? ¿As?—Cuando despertó vio la cara de Theodore Nott muy cerca de la suya. Como en el recuerdo no podía moverse, estaba atontada. Permanecer tanto tiempo en ese trance en el que se encontraba la mayor parte del día le había hecho perder la realidad, ya no diferenciaba si los sueños y recuerdos eran eso, o eran su vida. Pero no, ella estaba encerrada. Presa de sus enemigos, enjaulada…

—Esta desorientada… Lleva un par de días con alucinaciones…—Dijo una de las médicas mientras la examinaba la vista.

— ¿Sabes que ve?—Preguntó Theo.

—El día de la muerte de sus padres. Lo ha repetido constantemente, se empeña en revivir ese momento una y otra vez. Quiero mantenerla despierta por eso… No quiero que se torture…

—Dará igual. Seguirá reviviendo ese momento. Son sus cadenas, sus cruces. As no disfruta matando, solo recrea el asesinato de sus padres una y otra vez, se empeña en hacer sentir a sus victimas lo que ellos sintieron…

—Aún así creo que es cruel que la mantengamos dormida todo el día…

—…Es peligrosa—Advirtió Theodore.

—No te preocupes Theo, no podrá escapar. Tenemos guardias, seguridad, agentes especiales… Nadie escaparía de aquí tan fácilmente…

Theodore decidió no insistir más. Ya lo había hecho, había dado su opinión. Pero ellos no conocían a Astoria, no tenían ni idea de cual era su historia…

Llevaba dos días sin comer ni beber agua. No había salido a la calle, no podía hacerlo. Había estado todo el tiempo abrazada al cadáver de su madre en un intento de proporcionarle calor. No podía marcharse, no podía siquiera ir a pedir ayuda. Estaba sola, sola en el mundo, ya nada importaba, nada…

Greengass…— Alguien la llamaba. Pero no iba a abrir los ojos. No iba a marcharse de casa, no pensaba hacerlo. Nadie la sacaría de allí—…He venido a hablar contigo.

El hombre no parecía sorprendido por lo que en esa sala había ocurrido. No se sentía repelido por el olor, se mostraba tan inhumano como ella.

No quiero hablar— A penas se la entendió. La voz no la salía, había llorado tanto que sentía como si sus cuerdas vocales se hubiesen quedado sin fuerza.

Pues entonces hablaré yo… Solo espero que me escuches…—Dijo el hombre. Ella no dijo nada, continuaba sin abrir los ojos, pero había algo que la decía, una intuición que la decía que ese hombre tenía algo que ofrecer—…Puedo ayudarte a encontrar al asesino de tus padres…

La castaña levantó la mirada, y un río de lágrimas retenida bañó su rostro. Se olvidó de todo su alrededor, ahora solo estaban ese hombre y ella.

Dejó de abrazar a su madre y se levantó algo entumida, dando la señal para que continuase.

Puedo ayudarte. Te ayudaré a vengarte, conseguirás lo que más ansias pequeña. Y cuando llegue la hora podrás matarle tu misma…

—…Yo no sé… Luchar…— Dijo inocentemente.

Ni te hace falta. Tienes tu propia fuerza, y esta nace de dentro. Tu rabia está en tu corazón, tu verdadera fuerza viene de tu interior. De la rabia, del rencor, de la venganza… Yo puedo enseñarte a encontrarte a ti misma—Dijo él arrodillándose para ponerse a la altura de la chica—…Eres poderosa…

Ella se mantuvo en silencio.

—…Pero quiero algo a cambio de mi ayuda.

Yo no tengo nada…

Quiero que trabajes para mí. Te quiero a mi lado. Quiero que seas mi favorita…

¿Tu favorita?

Necesito una nueva. La anterior me ha... ¿Cómo podría decirlo? Fallado, necesito una sustituta… Y creo que… Tu serás perfecta…—Ella sonrió tímidamente y miró al suelo mientras observaba a ese hombre de reojo—…Aún no me has dicho si aceptas.

La castaña levantó la mirada.

Puedes contar conmigo. Pero necesito saber tu nombre…

El hombre sonrió triunfante.

Tom. Tom Riddle…

...

...

Era jueves y última hora. Los alumnos estaban insoportables, pero ella ya se había acostumbrado, dejaba que hablasen, que gritasen, que fumaran, que comiesen chicles, ya obtendrían su merecido al día siguiente cuando recogiesen sus notas.

El sitio de Luccia continuaba vacio. La verdad es que tampoco la echaba demasiado de menos en clase, ya que como era la reina la chica hacía lo que le venia en gana. Scorpius no daba tanta guerra como su hermana, pero sus calificaciones eran de las más horribles de toda la clase, no estudiaba, ni hacía deberes, cosa Luccia si acostumbraba a hacer.

Varios aviones pasaban volando de un lado al otro de la clase. Pero Hermione directamente pasaba, era mejor así.

De repente sonó un móvil. Pero no era de ningún alumno, era el suyo.

Buscó en el bolso, hasta encontrarlos. Casi se ahoga al ver el nombre de Harry. Se dispuso a cogerlo pero se dio cuenta de la mirada confusa de sus alumnos.

— ¡Os dejo fumar en clase! ¿Qué más queréis? Al menos podré atender una llamada personal después de lo que os consiento…

Todos los alumnos sonrieron y no dijeron nada, sino que continuaron gritado como era la costumbre, mientras que Hermione salió de clase.

Apretó el botón de contestar algo nerviosa por lo que fuese a oír tras aquel aparato.

— ¿Si… Si?

—Hola Herms.

—H-hola…—Respondió ella.

— ¿Cómo estás?

Pregunta trampa. ¿Qué debía responder?

—Te echo de menos…—Dijo algo dudosa.

—Y si tanto me añoras ¿porque no te dignas a cuidar al menos nuestra relación?

—Lo siento…—Dijo ella con voz débil.

—Si pensabas no venir al menos podías haberme llamado, estuve dos horas esperándote. Y también te llamé al móvil…—Dijo Harry enfadado desde el otro lado del teléfono.

—Lo siento… Lo siento de verdad… Yo… Yo…

— ¡Me da igual Herms! ¡Me da igual! ¡Estoy harto de tus continuas escusas! ¡Ya tuvimos esta discusión hace un tiempo! ¡Ya ni siquiera me llamas!

— ¿Qué no te he llamado!—Gritó ella de repente hecha un mar de lágrimas—…¡Llevo haciéndolo toda la semana una y otra vez tuya y ahora me dices que no me molesto! ¿Sabes lo que estoy pasando! ¡No tienes ni idea! ¡No te haces un idea aproximada!

— ¡Pues claro que no, no lo sé! ¡No me cuentas nada! Y cuando estamos juntos siempre está ese maldito Malfoy oliendo por ahí detrás…

—No metas a Draco en esto…

—Lo dices como si él no tuviese nada que ver con nuestros problemas…

Hermione guardó silencio.

—Él no tiene nada que ver. Soy yo, Harry, no quiero echar la culpa a los demás cuando todo es mi culpa…

—Tienes razón… Eres tú. No quería decírtelo de esta forma, pero ya que te das cuenta pues…

—Algo ha cambiado. No soy la misma. Puedo serlo contigo, o cuando estoy con mamá o con Marie, pero no cuando estoy con él. Él me transforma… Y no tengo ni idea de porque…

—Yo si…—Dijo Harry llenándose de fuerza, tenía muchas ganas de decir eso—…Es por tu obsesión. Por tu obsesión de agradar a todo el mundo, quieres ser la mejor para todos, quieres estar con todo el mundo, ayudarlos a encontrar un camino mejor y por eso te hiciste profesora, pero no eres la madre del todo el mundo Hermione. Tu obsesión te hará perderte a ti misma, y no ha hecho más que comenzar. ¿Qué ocurre cuándo te encuentras con una persona a la que te es imposible agradar? ¿Qué te ocurre cuándo encuentras a una persona que no valora por lo que tanto has trabajado? Te mueres. Te machaca el alma. Te destruye. Entonces te transformas, sacas a otra persona que te sorprende hasta a ti misma… Eres así, no puedes negarlo. Y en el fondo, te gusta la oscuridad tanto como tu propia perfección, disfrutas siendo la chica de Draco tanto como disfrutas siendo la mía. Él no te cambia, tú eres así. Lo hacías en el colegio, en la universidad, con tus padres, con tu hermana… Sacabas las mejores notas, me elegiste a mí, un chico versado, de buena familia y con la cabeza bien amueblada como novio, ayudabas a Marie en su continua busca de noticias interesantes… Disfrutas ayudando a la gente, disfrutas agradando a los demás, pero te va a matar Hermione. Terminarás destruyendo todo por lo que has luchado por la simple gilipollez de querer saber que oculta Draco Malfoy detrás de su máscara…

—¿Eso es lo que piensas?

—Si—Respondió él.

— ¿Solo me has llamado para esto?—Harry no respondió—…Con que con esas vamos… No te preocupes por mí, puedo arreglármelas yo solita. Llámame si… Vuelves a París o si quieres hablar de algo… Estaré aquí… Esperando... Dispuesta a agradarte…—Seguidamente colgó el teléfono.

Mientras Harry. Que estaba en su piso de Londres tomó el cuaderno en el que había escrito los cinco estados del duelo.

NEGACIÓN, IRA, NEGOCIACION, DEPRESIÓN Y ACEPTACIÓN.

El primero ya estaba tachado, por lo que pasó al segundo. Ya solo quedaban tres, y si era así, su teoría sobre Draco y Hermione sería cierta.

...

...

La mañana había acabado. La mansión Malfoy estaba tranquila esperando la llegada de Marie, Draco y los demás Granger. Mientras Scorpius y Luccia mantenían una conversación en la habitación de ella.

—Mañana es la vuelta al instituto… ¿Estás preparada?—Preguntó Scorpius mientras sacaba un montón de libros de su mochila—…No he hecho absolutamente nada este trimestre, me van a quedar ocho por lo menos—Añadió.

— ¿Preparada?—Dijo Luccia sonriendo—… ¿Preparada para dejar de ser la reina y que Cormac me humille en público? No se puede estar preparada para eso…

—No dejarás de ser la reina. Nadie quiere a Lavender, han retrasado la votación hasta que volvieras por eso…

—Recuérdalo Scorp… Toda reina necesita su rey… Y yo no tengo.

— ¿Y William?

La chica dejó de peinarse un momento se giró y miró a su hermano que estaba sentado en la cama.

— ¿Llevo a mi…? No sé como denominarlo… Al hombre de treinta y dos años con el que me estoy enrollando y le presento como rey del instituto… Improbable…

—Si tienes razón. Seria un poco raro—Opinó el chico tumbándose de nuevo en la mullida cama de su hermana—…Recuerda que me debes cincuenta euros.

— ¿De que?

—Hace un par de meses o así apostamos. Yo aposté porque terminabas liándote con Will y tu que no. Me debes pasta…

—En realidad lo que dijiste fue que nos íbamos a acostar, y todavía no lo hemos hecho…

—Va, pero lo haréis… Ya verás…—Dijo él con una sonrisa pícara—…No te veo muy convencida con vuestra relación. Sois el uno para el otro, tenéis la vida resuelta…

—No es tan fácil Scorp…—Luccia dejó el cepillo convencida de que su pelo platino no tenía remedio ese día—…Hay cosas que nos separan. Él es experimentado, él si que tiene la vida resuelta, yo no… No podemos comenzar una relación como la de los demás. Me refiero a que lo queramos o no, la edad es una molestia. Las relaciones de los treintañeros no son como las de los adolescentes ¿Me entiendes ahora?

—Si… Además… ¿Has pensado…?

— ¿…En papá?—Continuó ella mientras se hacía una coleta frente al espejo—…Claro. Es una de las cosas que más le gusta repetir a William. Y no me extraña a mí también me preocupa…

—Le cortará la cabeza cuando se entere. Normal… Yo también lo haría…—Opinó Scorp mientras jugueteaba con uno de los peluches de su hermana.

— ¡Gracias!—Dijo la chica.

—Me refiero a que si mi mejor amigo de treinta y dos años se enrollara con mi hija de dieciséis, si, le cortaría la cabeza. Y los huevos de paso… ¿Por qué mentir?

La chica se giró.

— ¿Qué tal?

—Estás bien.

— ¿Solo bien?

Scorpius se incorporó.

— ¿Qué quieres que te diga?

—Estás fantástica, increíble, genial… Bueno da igual… Aún quedan cuatro horas a si que…

— ¿Te arreglas cuatro horas antes? Chicas…—Dijo el rubio negando la cabeza.

—Estoy nerviosa, Will estaba algo preocupado, se le notaba…—La chica se sentó en su cama al lado de Scorp—…El viernes de la semana pasada tuvimos una conversación. Y después de eso no volvió a sacar el tema…

—¿Sobre qué?

—Me hizo prometerle que pasase lo que pasase, si alguna vez intentaba hacerme daño, que me defendiera, con cualquier cosa, y que luego me marchara…

— ¿Por qué te haría prometer algo así?

—No lo sé…—Negó ella. Se quedó pensativa un momento, al igual que Scorp. De repente se giró y lo soltó todo de golpe—… ¿A ti no te ha dado siempre la sensación de que nos ocultan algo?

—Claro. Es más, creo que nos ocultan algo, estoy convencido de ello. ¿Si no de dónde viene esa obsesión de papá de tenernos siempre vigilados? Y sus continuas salidas misteriosas… Y también sospechó que Aimeé lo sabe…

—Y yo…

—…Y papá tampoco habla nunca de…—Scorpius reusó a sacar el tema. Era el tema más tabú en casa de los Malfoy.

—…De mamá—Acabó Luccia mientras se sentaban al lado de su hermano en la cama.

— ¿Nunca te has preguntado como era? ¿O a quien de nosotros dos se parecía? Quien era su familia… Que le gustaba hacer por las tardes…

Ambos chicos se quedaron serios y pensativos un par de minutos.

— ¿Sabes que?—Dijo Luccia con seriedad—…Me voy… Lo que tenga que pasar que pase…—Se levantó de la cama y abrazó a su hermano, este cerró los ojos y Lu hizo lo mismo—…Somos Malfoy pase lo que pase, lo superaremos, somos así ¿No? Una familia…

—Lo somos…

—Ahora ya si que si, me marcho—Dijo la chica tomando sus cosas—…Adiós…

—Adiós…

Quien iba a pensar que esa despedida, era realmente eso, una despedida…

...

...

Hermione se sentó en una de las silla de la sala de espera esperando a que su hermana apareciese, ya le habían dado el alta y se encontraba increíblemente mejor. De repente su corazón se aceleró al ver a Draco al fondo del pasillo. Era esa sensación de ahogo que se siente al encontrar a alguien que has insultado y que te ves obligado a hablar con él.

Nada les unía, pero ¿Por qué siempre se sentían como si estuviesen destinados a algo? Sus vidas eran completamente diferentes. Pero ambos contenían esa oscuridad que les unía, él había investigado en el alma de la chica y había visto su fuego, había visto la bestia que guardaba, había visto su maldad, la había desnudado delante de él, la chica más perfecta del mundo le había demostrado lo imperfecta que era, le había demostrado que podía traicionar a todo lo que amaba, sus principios, su novio, su hermana, e incluso todo lo que sus padres la habían enseñado a cerca de cómo debía comportarse. Él la había quitado la máscara, y para su sorpresa le había gustado lo que había visto, hasta darse cuenta de que no solo ella era una adicta a él, a su maldad, a su oscuridad… Si no que él mismo, Draco Malfoy, la necesitaba…

Draco se dio la vuelta.

"Menudo idiota" Pensó Hermione.

El rubio salió disparado por la puerta de salida. Verdaderamente estaba extasiado, era demasiado, demasiado… Él no podía sentirlo, la deseaba sin más, pero la deseaba tanto que la necesitaba…

Salió fuera y tomó aire fresco. Estaba vivo. Se sentía vivo. No debería estarlo, él debía haber muerto esa noche, debería haberse suicidado, eso era lo que pensó la noche en la que ella murió, suicidarse, esa era la única solución, él no era nada sin ella. Pero ahora estaba Hermione, y se sentía atado de nuevo… Atado a la vida, no quería morir sin besarla de nuevo, tenía miedo de continuar viviendo sabiendo que ella no volvería a abrazarle como ya había hecho, que no volvería a tocar su piel, que no volvería…

¿Todo había acabado? ¿Era ese su destino?

Cogió el coche que estaba en el aparcamiento y condujo a toda velocidad, tenía claro a donde iba…

Pasó por debajo de la torre Eiffel y cruzó uno de los puentes del río. Aparcó en el primer sitio que encontró de mala manera. Corrió por la acera hasta ponerse en el centró del puente. Todo el mundo podía verle, pero no le importaba. El aire le removía el cabello, el atardecer llegaba y el cielo estaba rosado iluminado por el sol que rosaba las nubes.

Gritó. Gritó y gritó hasta que sus cuerdas vocales ayudadas por el frío dejaron de trabajar. Estaba afónico. Varios peatones que pasaban por ahí le miraron extrañados y se apartaron de él.

El rubio se sentó en el suelo y sacó una pulsera plateada, muy sencilla, del bolsillo. Observó el nombre y sonrió desganado, besó la inscripción. No podía deshacerse de él, lo que había pensado era una auténtica estupidez, no podía deshacerse de ella, no podía olvidarla, viviría en él para siempre. Le torturaría eternamente…

¿Estás bien?—Preguntó Paris.

Draco levantó la mirada sorprendido. Estaba sentado en el suelo mientras se abrazaba las rodillas. Paris le observaba desde el fondo, desde los matorrales.

¿Qué haces aquí?

Ella caminó hacía delante sorteando los arbustos del jardín de la mansión Malfoy.

Solo quería verte... Veo que tus padres no se lo han tomado muy bien…—Opinó la chica a ver la heridas de la cara de Draco—… ¿Te pegan a menudo?

Nunca me han tocado… Discuto con mi padre a veces, es demasiado…

¿Duro?

Que va, si fuera duro no haría lo que me diese la gana…—Ambos rieron—…Esta es la primera vez que les veo tan cabreados… A los dos… Creo que… Les he decepcionado. Ahora lo único que esperan es que me comporte como un hombre. Cosa que mi padre se ha encargado de anotar que es imposible…—Se quedaron callados. La chica se sentó a su lado y apoyó la cabeza en el hombro de él—…Dios…—De repente Draco empezó a reír histéricamente.

¿Qué pasa?— Preguntó ella divertida al ver la reacción del rubio.

Es que… Es que… ¡Todavía no me lo creo! ¡Vamos a tener un bebé! ¡Es que me supera! A penas sé si puedo cuidar de mi mismo como para cuidar a alguien… Va a ser difícil…

Lo sé…

Lo único que me consuela es que nos tendremos el uno al otro ¿No?

¿A caso lo dudabas tonto?— Sonrió ella.

En absoluto. Nada podrá separarte de mí… Nada ¿Me oyes? Nada…—Ambos se besaron levemente pero la castaña paró a su novio un momento.

Por si algo lo hiciese…—La chica se sacó una pulsera plateada del bolsillo—…Quiero que la tengas… Si un día te ocurre algo, si crees que todo ha acabado, si no hay esperanza, apriétala fuerte… Y yo iré a ti…

Draco la tomó, la observó unos segundos y luego se la guardó en el bolsillo del abrigo.

Se levantó del suelo y miró el cielo. Si, ella estaba allí… Con él… Vivía en su interior… Ella era él… Ella era su corazón… Su vida… Su todo… Pero había llegado el momento de dejarla ir…

Entonces tomó la pulsera y miró su nombre "Paris" por última vez. Besó la escritura y seguidamente miró hacía delante, apretó fuerte con la mano, una brisa de aire de nuevo le removió el pelo…

—Gracias— Dijo en bajito—…Gracias por haberme hecho así. Gracias por darme a Scorpius y a Lu, gracias por el amor, por los momentos… Gracias por todo… Gracias por ser amiga, compañera… Gracias por ser mi amor, mi corazón, mi vida, mi orgullo, mi ser, mi alma, mi todo… Gracias simplemente por ser tú…

Tomó la joya y la lanzó lejos. Al río. Ella viviría en su corazón para siempre, pero era hora dejarla marchar.

A pesar del dolor, de la perdida, del desamor, del desengaño, a pesar de todo… El recuerdo sigue ahí, y no podemos borrarlo, la sensación, el sentimiento, sigue viviendo en nosotros, nos acompaña siempre, forma parte de lo que somos y de lo que seremos, los recuerdos, las experiencias, forman al hombre. Somos cada sentimiento, cada momento vivido, cada persona conocida, cada sitio por el que pasamos, cada sensación, cada amor, cada palabra, cada expresión, cada momento de fuerza, de debilidad, cada caída, cada tropiezo, cada renacer… Cada recuerdo…

Sonrió al cielo y tomó aire de nuevo. Seguía vivo, porque eso era lo que ella habría querido, no rendirse, no abandonarse, seguir… Hasta el final…

...

...

Blaise llamó a la puerta de la casa de Ginny, nervioso por verla. Como siempre. Ella abrió y sonrió.

—Hola— Dijo tímidamente al verle.

Ambos sonrieron al perderse en los ojos del otro.

—He… He venido a traerte esto…—El chico sacó una tarjeta blanca y se la entregó a la pelirroja.

— ¿Qué es?

—Una invitación. Mañana es Nochebuena y me gustaría que ya que ya solo trabajas mañana por la mañana para entregar las notas… Pues… Es que… Como las cosas no han ido bien entre nosotros últimamente pues… Quería… No sé… Que todo volviese a ser como al principio…

Ella miró con curiosidad la tarjetita.

—…Es para un baile que organiza mi familia. Estarán allí algunos de mis amigos, y mis familiares más cercanos. Ha sido un cambio de planes de última hora ya que este año pensábamos celebrar la navidad cada uno en nuestras casas pero al final… Hemos quedado en que se pasen por allí y que luego se vallan con sus respectivas familias…—Explicó—…Si no vas…Pues… Me lo tomaré como que no quieres nada, si vas pues…. Tal vez podamos arreglarlo… En cualquiera de los casos lo entenderé…

Ginny se quedó pensativa.

—Espérame en tu casa a las once… Allí estaré…

Zabini sonrió contento.

—Está bien… ¡Bien!— Dijo se marchó, con una sonrisa en la cara, como lo hacía siempre después de verla.

...

...

No podía permitirlo. Ya lo había decidido, tenía que acabar, definitivamente, tenía que acabar con eso. Ella corría peligro a su lado, ella no le conocía, no sabía hasta donde podía llegar, no sabía lo que era capaz de hacer. Él era William Dawson y desgraciadamente un asesino vivía en su interior…

Mientras conducía el coche sentía una presión bajo el pecho. No se encontraba bien, no quería hacer lo que iba a hacer, pero era lo mejor para ambos. Se ahorrarían sufrimientos por ambos lados. Cortar desde raíz, él y Lu no podían continuar con eso. Ella era la juventud, la pureza, la caridad, mientras él vivía en las sombras, ocultando al mundo lo que era en realidad.

Su pasado le atormentaba aún, no podía deshacerse de él, no era tan fácil. Y menos ahora que sabía que Astoria había vuelto, vivía con miedo a que ella apareciese, tenía miedo a recaer en su demencia. Ella era como una adicción, la había amado porque era la única persona que entendía el dolor tanto como él…

Pero ahora estaba Lu, y ella creía en él. Pero no le conocía lo suficiente, y dudaba que ella le amase tanto como para amar su parte buena como su parte mala.

Puso mucho empeño en aparcar su coche como era debido, inconscientemente quería retrasar la charla con Lu lo más posible, a veces incluso dudaba de su valor para hacerlo, pero era su deber. Debía separarla de él para evitar que algo malo pudiese sucederle a ella.

Salió del auto y cerró con un gran golpe. Se puso a caminar con la cabeza baja y las manos metidas en los bolsillos, como si quisiera evitar la mirada dulce de Lu cuando ambos se encontrasen.

Will llegó al lugar donde había quedado con Luccia y se sorprendió al notar que no había nadie. Hasta que de repente se percató de algo y un sudor frío le recorrió la frente…

No… No podía ser…

Toda la gente que pasaba a su alrededor se giró para mirar a Will que tenía la cara de un muerto viviente. Se había quedado blanco.

— ¿Está bien señor?— Preguntó una mujer rellenita de unos cincuenta años.

—Si… Si… Todo está bien…—Dijo él volteándose e intentando sonar natural. Seguidamente volvió a mirar a aquel poste de la luz. Tomó la nota inscrita y miró la foto de la joven Malfoy sonriente…

"¿Has visto ha esta chica?" Rezaban las letras escritas con sangre.

"Tom…" Arrugó el papel. Si Luccia estaba en las manos de cualquiera de los mortífagos de una cosa podía estar seguro… Su vida corría peligro…

[...]

— ¿Estás cómoda querida?— Preguntó Amelie mirando al asiento trasero de su coche.

Luccia forcejeó un poco. No podía moverse, la otra rubia la había atado los pies y las manos, y la había cerrado la boca con cinta aislante.

—No te esfuerces, aunque consiguieras desatarte jamás podrías escapar. ¿Cómo se siente la reina amordazada? Si, tu hermano me lo contó todo. ¡Qué error por mi parte no haberme presentado formalmente! Me llama Amelie…—La rubia tomó un cuchillo que sacó de la guantera del coche. Luccia abrió los ojos asustada y empezó a intentar moverse de nuevo. Empezó a llorar desesperadamente—… ¿Sabes? Sé que no viene al caso pero… Siempre quise ser cirujana plástica… ¿Cómo lo harán? No sé tendrán que practicar mucho para ser tan buenos y dejar a la gente tan guapa y esas cosas… Siempre quise practicar con alguien… Pero… Nunca tuve la ocasión…—Amelie se quedó callada un segundo—… ¡Hasta ahora! ¡Enhorabuena cariño! ¡Te ha tocado la lotería! ¿Por dónde debería comenzar? ¿Por tu sonrisa? ¿O tal vez por la nariz?...—Luccia intentaba gritar pero la cinta se lo impedía—… ¡Tranquila, tranquila! ¡Toda operación necesita su tiempo! Nosotras tenemos cosas que hacer… ¡Tenemos toda la noche y todo el día de mañana para divertirnos juntas! Me encantaría quedarme a jugar con tu bonita cara pero tengo encargos que hacer… ¡Mañana es viernes! Y el último día de clase ahora que me acuerdo… Es una lástima que no vayas a vivir lo suficiente como para recoger tus notas…

...

...

Astoria se removió en el suelo mullido en el que llevaba semanas… Ya veía claramente aunque aún le costaba moverse.

— ¿As? ¿As?

Levantó la mirada todo lo agresiva que pudo intentado ver quien era el que se dirigía hacía ella. Pero no vio a nadie… Estaba sola.

— ¿As?

La voz que le resultaba increíblemente familiar venia de todas partes. Se tapó la cabeza con las manos como intentando protegerse, pero seguía sonando en su cabeza.

— ¿As?— Cerró los ojos. Pero no gritó, hacía tiempo que no tenían esas reacciones. Normalmente habría ignorado las voces o se habría cabreado y se habría cargado todo lo que encontrase a su paso.

Abrió los ojos con miedo y vio la cara de alguien que se parecía increíblemente a ella.

—Hola hija.

La rubia se incorporó y se sentó en el suelo mullido. ¿Estaba en el cielo? ¿Había muerto? Podía moverse, perfectamente, era como si hubiese estado dormida días, semanas, casi meses… ¿Había renacido?

—Hola papá…—Dijo con lágrimas en los ojos.

—Te veo… Crecida…

—Es que… Ha pasado mucho tiempo…—La rubia rompió en llanto. Y levantó la mirada de nuevo. Su padre era prácticamente igual que ella, solo que en hombre. Antes de teñirse el pelo de amarillo ella era castaña, como su padre, ambos tenían los ojos felinos y color ámbar. Altos y de gran musculatura y fuerza. Era como verse reflejada en un espejo—Lo siento…—Dijo Astoria a su padre—…Lo siento de verdad. Os fallé… Os he fallado a todos.

El hombre se arrodilló.

— ¿De verdad crees que lo has hecho?—Ella asintió cual niña—…Te equivocas. Sigues aquí ¿No? ¿Crees que cualquiera habría continuado con la fuerza con la que tu lo has hecho? Nos viste, a todos, muertos… Habíamos muerto y tú estabas sola en le mundo. Tenías que cuidar de ti misma… Y lo conseguiste…

—No lo he hecho… Yo era una buena persona. Aprobaba los exámenes, era una buena hija, una buena amiga… Pero después de todo eso… —Se encogió de brazos—…Estoy como una puta cabra… Estoy loca…—Empezó a reír—… ¡Mírame! Estoy aquí hablando ¡Contigo! ¡Teniendo conversaciones con los muertos! Dios… ¡Joder!—Cayó de nuevo en el suelo mullido y empezó a reírse a carcajadas.

— ¿Se encuentra bien?— Preguntó una de las mujeres que habitualmente venían a observar su estado. La rubia paró de reír, y se tumbó en el suelo. La mujer morena de pelo liso se acercó y se arrodilló, pero antes de querer darse cuenta Astoria la había tomado por el cuello.

—Mejor que nunca— Respondió con una sonrisa. El cuello de la mujer crujió fuertemente sin que ella tuviese que hacer el menor esfuerzo—…Gracias por preguntar…

La dejó caer al suelo. Respiró profundamente mientras cerraba los ojos.

Se giró rápidamente y salió por la puerta de metal.

Recorrió el pasillo rápidamente, con seguridad. Su ropa blanca inmaculada sonaba según caminaba. Al final del corredor había una puerta, pudo observar desde la pequeña ventanilla que había dos guardias de seguridad. Abrió sin pensárselo dos segundos, no había tiempo para hacer planes, había que actuar.

Antes de que se dieran cuenta la rubia ya les había agarrado por el chaleco de seguridad a cada uno con una mano y les chocó las cabezas de tal forma que cayeron muertos al instante. Les dirigió una mirada audaz y empezó a correr. No tenía ni idea de adonde se dirigía, pero más le valía a nadie ponerse en su camino, respiraba seguridad y nerviosismo, cualquiera que hubiera pasado por su lado podía notarlo. Corrió, eligiendo las direcciones que su instinto anunciaba correctas. Porque eso era ella, puro instinto.

Supuso que se encontraba en un subterráneo al no haber ventanas; Eso la jodió profundamente, ya que estaba tan desesperada por salir que habría saltado desde un quinto piso.

Oyó los pasos de varios agentes que caminaban en su dirección. Pero imposible que nadie supiera lo que había pasado unos pisos más abajo, era muy improbable que hubieran encontrado a los muertos.

Esperó. El peso la subía y bajaba con rapidez debido a su sobreexcitación. Justo cuando giraron ella se abalanzó para no darles tiempo a pensar. Eran muchos, pero ella era una experta, su fuerza… Venía de dentro. Consiguió que todos cayeran al suelo desconcertados. Golpeó con los puños a todo aquel que se levantó, y pateó a todos los que permanecían en el suelo. Consiguió quitar un arma a uno de ellos.

—Me encantaría quedarme a jugar chicos pero tengo prisa— Dijo mientras daba una patada en el vientre a uno de ellos.

Corrió hasta el final del pasillo plateado por el brillo metálico y tomó el ascensor, no sin antes disparar a diestro y siniestro, en esto hirió a varias personas.

En esos momentos todo el edificio debía saber ya que ella andaba suelta, por lo que sería reducida a un saco de carne a tiros en cuanto llegara a otra planta.

Solo se le ocurría una cosa… Paró el ascensor y rompió el techo de este como pudo para salir por la salida de emergencias de este. Tomó el arma con la boca y trepó con toda la fuerza que la fue posible hasta llegar a los sistemas de ventilación.

Una vez allí tomó un poco de aire y recuperó fuerzas. Cuantas emociones fuertes… Pero aún tenía que salir de allí.

Se arrastró como un gusano por los túneles hasta llegar a la planta dos. Se había pasado en la subida pero la daba igual. Observó todo el movimiento de la sala llena de ordenadores y gente que iba y venía de las mesas de control.

Reconoció a un hombre que había visto el día que la trajeron allí. Era rubio y le había visto hablar con Theodore… Vio a Nott unas mesas más allá sentado en un ordenador al fondo de la sala, lo más retirado posible de las demás filas de ordenadores llenas de gente.

Supo que había subido varias al ver los grandes ventanales del fondo.

Ahí estaba su objetivo.

Solo tenía una oportunidad.

La adrenalina tensaba sus músculos y bañaba su cuerpo que casi había sustituido la sangre por esa sustancia excitante. Respiraba exageradamente, casi jadeaba.

Se dio la vuelta y se deshizo de la rendija de ventilación de una patada, y al instante salió y empezó a disparar a todo objetivo que veía.

Se sembró el caos.

Todo el mundo empezó a gritar mientras se cubría la cabeza y se tiraba al suelo.

Hirió mortalmente con su excelente puntería a tres personas e hirió gravemente a otras cuantas.

Los pocos asistentes que en ese momento tenían armas empezaron a disparar, pero ya era demasiado tarde. Astoria había escapado…

Unos arbustos de los jardines de la entrada frenaron su caída, que fue terriblemente dolorosa. Se refregó sus partes doloridas con la mano intentando calmarlas, pero cualquiera que la hubiese visto habría asegurado que esa chica era de acero. Sus ojos no mostraban dolor alguno a pesar de sentirse como si la hubiesen dado martillazos durante todo el cuerpo.

Pero era libre de nuevo.

"¡Libre, libre, libre!" La gritaba su cabeza.

Ahora solo tenía un objetivo a cumplir. La razón por la que había vuelto a París.

Tenía que encontrar a Amelie, fuera como fuera, se iba a vengar de esa zorra…


Espero que os haya gustado. A mí personalmente, no sé porqué, porque no es muy movido, pero me gusta mucho este capítulo, tiene algo especial para mí. No sé si será el título o qué jaja Pero me encanta. Como dije anteriormente HABRÁ ACTUALIZACIÓN ESTE VIERNES del penúltimo capítulo de la primera parte del fic. Como ya sabéis el fic consta de dos partes separadas por un suceso próximo que marcará especialmente a Draco y a Hermione. Para el primero por como afecta a la vida que lleva, y para la castaña por como lo afectará en lo más personal de su ser... Ya lo descubriréis. Espero que os haya gustado, escribo con el corazón de verdad.

Muchos besos a todos/as

Mónica.

¿REVIEW? :D