El plan.

Scorpius observó el adosado con el número cinco con curiosidad. No podía negar que estaba un poco nervioso. Pero a la vez sabía que hacía lo correcto, y sabía que ella le acogería con los brazos abiertos.

La mañana era increíblemente fría, aunque era mejor que la noche, la que había pasado en la calle solo. Se sintió como un vagabundo, ya que había dormido en un banco muerto del frío, encogido y tiritando sin parar.

Se apresuró y cruzó el caminito de hielo que atravesaba el jardincito del chalet. Llamó a la puerta un poco indeciso una vez, pero lo volvió a hacer ya que no se oía movimiento en el interior.

Al fin se escuchó como unos pasos acelerados se acercaban a la puerta y al final la abrían para descubrir a un hombre que le escudriñó con sus ojos azules cielo. Este era más bien de estatura media tirando a baja para ser un varón, al igual que Scorpius era delgadito y falto de músculos.

Le miró con cara de sorpresa y Scorpius se sintió sorprendido ante esta reacción ya que no había visto a ese hombre en su vida.

—Perdone… ¿Está Pan… Digo la Señorita Parkinson en casa?

—Si… Un momento…—Respondió el hombre de piel blanquecina y pelo castaño muy oscuro. La morena apareció unos momentos después con su pelo por el hombro, liso y muy negro.

— ¿Scorp?—Dijo en un tono de sorpresa con su voz increíblemente femenina. Miró sorprendida al rubio, este sonrió, casi había olvidado los ojos saltones y negros de Pansy, los que eran verdaderamente atractivos a su gusto y en esos momentos entendió que es lo que vio su padre en ella.

—Hola Pans…

— ¿Qué haces aquí? Quiero decir… ¡Dios mío estás helado!

Era verdad. Tiritaba, y se sentía enfermo, seguramente producto del frío que había pasado esa noche.

—Mi padre…

—… ¡Déjalo ya me lo contarás dentro!—La chica apartó a Theodore, agarró a Scorpius y le introdujo en casa quitándole la cazadora y cerrando de golpe la puerta tras él.

Nott tenía cara de no saber que ocurría y la mujer lo notó, pero estaba demasiado ocupada por aquel al que consideraba como un hijo para ella. Cubrió con una manta térmica al rubio y le condujo hasta la cocina de muebles color beis donde, sin dejarle respirar, le sentó en una de las sillas que había alrededor de una gran mesa familiar, y se dispuso a prepararle un té muy caliente.

—Dudo mucho que tu padre te haya echado de casa…—Dijo la chica mientras preparaba la tetera.

—No lo ha hecho… Me he ido yo…

Pansy se giró con cara de enfado y se apoyó en la encimera.

— ¿Puedo saber el por qué?—El chico negó con la cabeza—…Está bien… ¿Y a qué has venido aquí?

Scorpius se sintió molesto ante el tono de "madre enfadada" de Pansy, y Theo vio el momento oportuno para irrumpir en la conversación.

—Bueno Pans…—Dijo en tono despreocupado quitando importancia a la situación—…No tiene porque contártelo en este instante… Además creo que este hombre, al que tengo que recalcar que no conozco, está algo enfermo. Démosle un tiempo para que entre el calor, se mejore y descanse… Y después ya hablaremos…

— ¡Me parece bien!—Exclamó el rubio mirando a Theo y luego a Pansy la que miró a su amante con cara de pocos amigos. Seguidamente el rubio se levantó y Nott le guió al salón donde le sentó en el sofá y le encendió en la tele para luego volver a la cocina.

Pansy no se había movido de la cocina, permanecía apoyada en la encimera con cara de enfado. Theo se quedó mirando a la chica y seguidamente replicó:

—¡Es solo un crio!

—Un crio que se ha escapado de su casa…

—¡Vamos Pans! ¡Tampoco es para tanto!

—Es el hijo de Malfoy…—Dijo la morena secamente. Theo se quedó cortado, miró un momento hacía un lado confuso y seguidamente se apoyó en el marco de la puerta con una mano.

—¡Ya decía yo que me sonaba su cara!— Exclamó chascando los dedos de las manos.

—No sé que habrá pasado con Draco, pero no puede quedarse aquí…

Nott resopló.

—Deja que se quede…

—¡¿Qué?! ¡Pero si odias a Malfoy! ¿Por qué quieres que su hijo se quedé aquí?

—¿En serio quieres la razón?

—Si es buena, si. Si es una estupidez, prefiero no oírla.

—Esta bien… Nunca creí que llegaría a decir esto… Draco era una grandísima persona hasta que los hechos hicieran que se perdiese a si mismo… Si este chico…

—…Scorpius…

—…Si Scorpius se queda con él, seguramente le ocurra lo mismo… Parece que le gustas bastante, que confía mucho en ti, sino no hubiese venido… Tal vez solo quiera la madre que nunca tuvo… La que evitaría que se perdiese…

Pansy se quedó pensativa un momento.

— ¿En serio es por eso?

—Bueno… Parece un buen chico…

—Si te parece bien que se quede pues…

— ¡Sabía que te convencería! ¡Lo sabía!—Dijo Nott dando palmadas.

[...]

—¿Se han marchado ya?—Preguntó Hermione una vez que Draco cerró la puerta principal. El rubio se giró un momento para mirarla. Ella observaba desde detrás de la puerta de la cocina con los ojos hinchados y expresión exhausta—Ha sido… Duro…

—Lo sé…—Dijo Draco—…Pero de eso se trata la vida ¿No? Eso es lo que la hace jodidamente buena y terriblemente dura a la vez. Podemos elegir y cargar con las consecuencias, tanto si son buenas como si son malas… Esa es nuestra condena, y nuestra salvación… Nos pasamos media vida obsesionados con la libertad, y cuando la obtenemos, queremos que alguien nos diga que hacer. Porque si alguien elige que hacer por nosotros todo es mucho más fácil ¿No? Él carga con las culpas de todo, pero cuando elige uno mismo, el peso cae contra nosotros… Creo que es la vida quien nos hace elegir, somos la consecuencia de todo lo que hemos vivido, somos como la vida nos ha hecho…

—Yo sin embargo no comparto esa opinión. Creo que cada uno de nosotros somos dueños de nuestro propio destino. Como tú has dicho podemos elegir… Uno elige quien quiere ser… Sin importar lo que hayas vivido…

— ¿Cómo te sientes?—Preguntó acariciándola el rostro. Ella no se apartó.

—No sé… Parte de mí… Desearía haberse marchado…—La chica se sentó en el pie de la escalera y Draco se arrodilló a su lado.

— ¿Y la otra parte?

Ella alzó una sonrisa triste.

—Quiero quedarme aquí… Eso es lo que quiero hacer… Ya se lo dije a mi madre… Nada, ni nadie conseguirá sacarme de esta ciudad. ¿Cuál es el plan?—Draco se quedó callado—…Genial, no hay ningún plan…

—¡No! Si, si, si tengo un plan…—Se apresuró el rubio—…Solo que aún tengo que ultimar los detalles…

La noche llegó a la mansión Malfoy después de un larguísimo día en el que prácticamente ninguno de los integrantes de la casa salió al exterior. Draco pasó la mayor parte de su tiempo encerrado en su despacho intentando contactar con Blaise y Will para contarles lo ocurrido la noche anterior, pero ninguno parecía estar disponible en ese momento, ni en el resto del día tampoco.

Draco se apoyó en su sillón giratorio. Estaba cansado, muy cansado, no había conseguido dormir aún, pero poco a poco sus ojos se fueron cerrando, hasta caer en un sueño profundo.

[...]

[...]

— ¿Puedo pasar?—Preguntó Hermione asomándose a la puerta. Lu soltó el libro que sostenía entre las manos e invitó a la castaña a sentarse a su lado.

Los recuerdos llegaron como una ola a la cabeza de Hermione. La biblioteca, el lugar, donde por primera vez Draco se acercó a ella de forma peligrosa. Eludió esos pensamientos mientras se sentaba en el cómodo sofá al lado de la joven de los Malfoy, que ya se había puesto el pijama azul que tanto la gustaba.

—Solo quería saber si te encontrabas bien…

— ¿Por qué no iba a estarlo?— Respondió fríamente la rubia. Hermione vio un halo de Draco en ella. La llamaba la atención lo fríos que podían llegar a ser los Malfoy con aquellos que no eran sus amigos, aquellos que no les conocieran de verdad seguramente pensarían que eran gente totalmente superficial y poco apasionada. Pero ese no era el caso de Hermione. Para ella ni Lu ni Scorp tenían aún esa máscara impenetrable que lucía Draco. Ellos aún lucían la transparencia de la adolescencia. En ellos se veía el reflejo de una buena vida, sin falta de nada, simplemente descolocada, desordenada hasta la saciedad.

—Bueno… Tu hermano se ha ido…

—Tu hermana también se ha ido…—Cortó Lu volviendo a poner la mirada en su libro.

—Si…

—¿Entonces que haces aquí? ¿No deberías estar llorando?

—¿La soledad da motivos para llorar?

Luccia se removió molesta en el sofá.

—¿A qué has venido?

—Pensé que querrías algo de compañía…

—¿Tuya? ¿Precisamente de ti?

Hermione se encogió de hombros.

—¿Por qué no?

—Tú no eres mi madre. No tienes porque preocuparte por mí.

—Tu padre…

—Me da igual que te acuestes con él…—Respondió la adolescente cortantemente. Esas palabras molestaron y removieron a Hermione—…Muchas más lo han hecho antes… Y no por eso tienen que preocuparse por mí, ni que ser mi madre. Al fin y al cabo todas se terminan marchando… No te molestes de verdad… Deja de perder el tiempo. Preocúpate de ti misma. Te estoy haciendo un favor en serio…

—Lu…

—…Ya he dicho todo lo que tenía que decir.

—Está bien. Pues ahora déjame decirte a mí. Nadie está bien solo… Y por mucho que te empeñes, es así. Te lo digo por experiencia…

— ¿Experiencia?—Dijo la rubia cerrando el libro y mirando a Hermione penetrantemente—… ¿Tu has estado realmente sola alguna vez? Hermione yo… Nunca he tenido madre, y a la que consideraba así se marchó, y no va a volver. A mi no me hables de soledades…

—… ¿Por qué se fue Pansy?

—Por lo mismo por lo que se van todas, por lo mismo por lo que Marie se ha ido, y por lo mismo por lo que te irás tú… Mi padre no puede vivir con nadie… Estar con él es como estar sola. Clemence su última mujer dejó a mi padre por un tío que daba un asco mortal ¿La razón? Con papá siempre estaba sola, pero con Mark hay sitio para ella…—Hermione pensó las palabras de la rubia detenidamente y seguidamente se recostó en el sofá—…Te estoy haciendo un favor al contarte todo esto créeme. Y si no te lo crees solo tienes que verte: Te has quedado. Lo has dejado todo por él, y sin embargo aquí estás, conmigo, y él como siempre encerrado en su despacho. En su mundo solo hay dos cosas, lo que sea que se le pase por la cabeza y él…

—Él es… Diferente…

—Es el misterio lo que le ven todas. Todas quieren saber que oculta en su interior. Es su atractivo. El caso es que todas se cansan de buscar el porqué de ese comportamiento, porque tal vez no haya ninguna razón, a lo mejor es que él es así y punto…

—Tiene que haber alguna razón—Dijo Hermione casi para sí misma

—No creo que la haya… Sinceramente…

Hermione se dispuso a decir algo pero fue interrumpida por la puerta que se abría. Por unos segundos esperó ver a Draco, para demostrar a Lu que se equivocaba, que el rubio, en el fondo se preocupaba de ellas, pero esa ilusión se hizo trizas al ver a Florián entrar con una bandeja llena de pastas y un té.

—Buenas noche señoritas…—Dijo con su habitual sonrisa y su fuertísimo acento francés.

—Buenas noches—Respondió Hermione. Sin embargo Luccia ni se inmutó, simplemente se dedicó a jugar con su rubia melena.

Florián recorrió la sala con su jovial faz y se dispuso a dejar los pastelitos en la mesita de café que había delante de la ventana, pero no consiguió llegar… Se oyó el sonido de un cristal roto, y a los pocos segundos el cuerpo de la mujer calló muerto al instante sin dar tiempo a Hermione o a Luccia a actuar…

Draco escuchó el grito de Luccia. Inmediatamente dejó todo su trabajo y corrió lo más rápido que pudo hacía la biblioteca. Se temía lo peor.

La puerta de madera oscura estaba entre abierta y una luz tenue se filtraba haciendo resaltar más la oscuridad del pasillo. Entró en la sala sin aliento alguno. A penas le dio tiempo a ver lo que había pasado pero inmediatamente, al ver de pie a Luccia se echó sobre ella y la lanzó al suelo.

—¡Échate al suelo Hermione!

La castaña reaccionó rápidamente y se tumbó también. Seguidamente Draco la tomó de la mano fuertemente.

Ella miró asustada al hombre, que con su otro brazo acariciaba el pelo rubio de su hija que lloraba mientras se tapaba la boca con la mano.

Pasaron en esa posición la siguiente media hora. Hasta que al fin, el rubio se levantó y cerró todas las persianas y las puertas, mientras las dos chicas aún permanecían en el suelo.

—¿Qué ha pasado?—Dijo en tono nervioso.

Hermione se levantó aún asustada. Luccia se apoyó en el sofá sin hablar ni decir nada.

—Estábamos… Lu y yo estábamos hablando y de repente…

—¡Qué!

—De repente un cristal se rompió y ella calló al suelo…

—¿Quién?

—Ella…—Hermione levantó en dedo casi con miedo y con una gran tiritona. Draco, rápidamente apartó un montón de sillas y seguidamente vio el cuerpo de la que había sido su criada.

Se agachó un momento y estuvo unos minutos en el suelo y seguidamente se levantó horrorizado. Algo en su cuerpo le pedía dar un enorme puñetazo en la pared, o arrancarse la cabeza o algo.

Esa sensación recorrió su cuerpo inundándole y cabreándole más, subió las escaleras dejando a Hermione algo atónita ante tal reacción. Seguidamente el rubio abrió la puerta de su despacho y se encerró dentro.

Volcó la mayoría de sus muebles, lanzó libros y más libros para saciar ese ataque de rabia. Dio la vuelta a la mesa y seguidamente dio un golpe tan fuerte con le pie que se rompió un dedo. Gritó. Pero no por fuera, sino por dentro.

Se tumbó en el suelo aguantándose el dolor y miró el techo con curiosidad. Nunca se había fijado tanto en los detalles de aquella sala circular de su mansión.

Florián había muerto…

Estaba confuso hasta la saciedad. La situación era demasiado peligrosa. Quería que Hermione marchase, pero a la vez no lo quería. Saber que una parte de ella se quería marchar le mataba por dentro, porque en el fondo de su corazón, sabía a la perfección que esa parte de ella nunca sería suya, su corazón nunca sería completamente para él… Ella estaría mucho mejor sin él… Lejos de París…

¿Pero que decía? ¿Qué estaba pensando? ¿Para que quería él el corazón de Hermione? Definitivamente para nada… Nada importaba en ese momento…

Lu debía marcharse también por supuesto. Pero ella no tenía familia, no tenía nadie con quien quedarse…

Se levantó con el pie dolorido y se dirigió a uno de los pocos muebles de madera oscura que aún no estaban hechos cachos por la moqueta roja. Abrió una puertecita pequeña, sacó una botella polvorienta de ron. Llevaba diez años guardándola para una ocasión especial…

"Soy idiota" Seguidamente abrió el corcho con la boca y echó un gran trago que le dejo la garganta algo fogosa. Después vino el siguiente, trago, luego el siguiente, que fue seguido de unos cuantos más.

Así pasó la siguiente media hora. La cabeza empezó a pesarle, mientras que las piernas, por el contrario le resultaban mucho más ligeras, como si no fuesen lo suficientemente fuerte como para sujetar el resto de su cuerpo. Cayó al suelo notando como esa sucia sensación se iba de su cabeza y dejaba de pensar poco a poco. Quería quedarse quieto, pero algo le pedía que se moviese.

— ¿Este es tu plan?—La voz chillona de la castaña resonó en sus oídos. No tenía ni idea de cuando había entrado, el caso era que allí estaba—… ¿Permanecer tumbado en el suelo de una habitación destrozada mientras bebes ron!

—Es un buen plan…—Dijo Draco sorprendiéndose de que su voz sonaba casi convencida.

—No, no lo es… Luccia está en el pasillo llorando…

—Ah…—Fue lo único que alcanzó a decir Draco. Mientras Hermione estaba al borde de la desesperación.

—Draco ¿No piensas hacer nada? ¿En serio?

El rubio levantó un poco la cabeza.

—Todo esto es una mierda…

— ¡Qué agudo!

—No sé que hacer… Esto me supera… —Malfoy hizo un intento por levantarse, y lo consiguió con mucho esfuerzo apoyándose en el escritorio totalmente volcado—… Scorp… Se ha ido… Se ha ido… Porque me odia… Tú eres una infeliz, no quieres estar aquí, pero tampoco quieres irte porque no sabes lo que quieres, ni siquiera sabes porqué te has quedado… ¡Y me jode!

— ¿Te jode que me haya quedado?

—Yo no he dicho eso…

—¿Entonces que es lo que te fastidia?

—Que no haya razón para que te hayas quedado. No te quedas por nada, ni por nadie…

—¿Por nadie?

—¡Si, no te quedas por nadie!

—¿Por quién querrías que me…?—La castaña no continuó al resultar demasiado obvia la respuesta—…Draco. Lu está ahí fuera, llorando… Si no fueras idiota, no la estarías haciendo esto…

El rubio se quedó pensativo un momento y agarró la botella de ron, la observó con atención y luego exclamó:

—No era tan bueno…—Seguidamente la arrojó al suelo rompiéndola y dejando que el líquido resbalara pegajosamente por sus muebles. Seguidamente se giró hacía Hermione—…Dila a Lu que quiero que se marche…

—¡Qué? Draco estás borracho…

—Lo digo en serio… De verdad… Ya no estamos seguros aquí. Ninguno estamos seguros aquí… Tú y yo también no vamos…—Draco cogió una de sus cazadoras que estaban colgadas en la percha, se la puso y se dispuso a caminar por el pasillo haciendo eses.

—¿Pero a dónde?—Dijo Hermione siguiéndole con nerviosismo.

—A casa de una amiga…

—¿De una amiga? Pero…

—Ella nos acogerá bien… Se llama Érika. Pero antes necesito hacerla una llamada… Ambos debemos aclarar bastantes cosas…

—Y Lu y Aimeé vienen con nosotros…

Draco negó.

—Solo vamos tú y yo. Me encargaré de que ellas vayan a un lugar seguro de París a pasar el resto de las vacaciones de navidad. Seguro y apartado, lejos de todo aquel que pueda hacerla daño…—Seguidamente y haber sido siquiera consciente de ello lo tenía frente a ella, sintió como sus manos la sujetaban los brazos, y cuando quiso darse cuenta la estaba besando. La boca le sabía a alcohol, y no era precisamente dulce, pero eran los labios de él y solo por eso ya eran deliciosos.

La arrancó la camisa gris, sencilla, y la quitó el sujetador, y a no tardar ya la estaba besando los pechos, y luego la boca de nuevo y luego los pechos y ella gemía y no podía evitarlo. Las manos de Draco removían su pelo y ella movía la cabeza al compas, y sentía como se perdía a sí misma, y todo daba vueltas y se sentía caer y desfallecer.

—Luccia... Ella... Está abajo...—Dijo con la respiración entrecortada.

Él la besó el cuello.

—Va a ser menos de un minuto—Respondió él. La levantó, y la sentó sobre la mesa del despacho donde bajó lo justo los pantalones y la ropa interior de ella para introducir dos dedos y luego tres. Ella, sentada, le echó las manos al cuello y empezó a besarle el cuello a pesar de que los gemidos a penas le permitiesen hacerlo. Y cuando ya estaba a punto de llegar al orgasmo, Draco la tendió sobre la mesa y la observó un momento.

Estaba ahí, era suya, y aunque no lo aceptase se había quedado por él y lo sabía. Porque estaba ahí con la camisa abierta, los pechos fuera y las piernas tan extendidas como le era posible esperando a que él la penetrase, la follase, la hiciese el amor o lo que quiera que Hermione Granger esperase de él...

Se sintió mal por ese pensamiento porque ella nunca había sido eso, en ningún momento lo fue. Nunca fue su objeto sexual, sí su objeto de deseo pero nunca fue un juguete. Él la deseaba tanto como ella a él, y eso lo tenían claro, lo de los sentimientos no tanto pero eso sí.

El rubio se bajó la cremallera de los pantalones se bajó la ropa interior y masajeó su miembro mirándola hasta que estuvo listo, se tendió sobre ella y entró con suavidad. La mesa no era el lugar más cómodo pero en ese momento era perfecto. Ella llegó al orgasmo rápidamente, mientras él tardó un poquito más, justo cuando iba a llegar sacó el miembro de su interior y terminó con las manos... El semen cayó sobre la mesa, blanco sobre marrón oscuro, difícil de disimular. Draco soltó un gemido, y Hermione lo rodeó con los brazos mirándolo a los ojos y besándolo muy levemente en los labios.

—Nada me sacará de París...


Bueno ¿Qué os han parecido los capítulos? :) Espero que os hayan gustado, han sido relajaditos, y nos falta que aparezcan muchos de vuestros personajes favoritos que ya adelanto estarán próximamente ya que el próximo capítulo se llama nada más y nada menos que "William Dawson" Uno de los personajes más queridos del fic.

Actualizaré mañana (espero) y si no el viernes (si me surge algo ya que suelo estar muy ocupada últimamente)

Muchos besos.

Mónica.